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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2006

Cronopiando
Diario ntimo de Jack el Destripador/5

Koldo/Jos Mercader


Yo s que casi todos los seres humanos aman, sobre todas las cosas, a sus mams. Pero hay excepciones y yo soy una de ellas. Podra decir que mi mam tambin fue siempre una excepcin, que me castigaba de pequeo cada vez que me sorprenda destripando las muecas de mi hermana, que me dejaba sin postre si me encontraba despanzurrando los gatos del barrio y que me ech de casa cuando, teniendo yo 35 aos, me hice pasar por cirujano en un clebre bufete de abogados londinense y, en apenas una hora, oper de apendicitis a 32 licenciados.

Reconozco que el rencor hacia mi madre me ha acompaado desde entonces y que por vengarme de todas las afrentas recibidas habra hecho lo indecible.

Hasta que por fin tuve la gran idea. El plan era perfecto, no poda fallar. Llam a mi madre a Londres pretextando que apenas me quedaban unas horas de vida y que antes de que el cncer y el sida me consumieran, deseaba pedirle perdn por todos los agravios de que la hiciera objeto.

Por si acaso mi arrepentimiento no le pareciera suficiente razn, le dije tambin que la haba nombrado mi heredera universal y que para hacerse cargo de tan extraordinaria fortuna, debera venir a Repblica Dominicana inmediatamente. Le d la direccin de mi casa advirtindole que le dejaba las llaves debajo del felpudo de la puerta, ya que me encontraba interno en el pabelln de desahuciados de un hospital local.

Horas ms tarde recib la confirmacin de su visita para el da siguiente y puse en prctica la segunda parte de mi plan.

Reun todas las pruebas que me involucraban en cerca de un centenar de destripamientos y horas despus de que mi madre llegara, las envi a la Polica, con mi nombre, direccin y nmero de telfono.

Cuando la polica lleg a la casa detuvo a mi madre, como tiene por norma y costumbre en la Repblica Dominicana a pesar del cacareado modernismo y de la mentada democracia, con intencin de forzar mi entrega cuando yo supiera que la pobre anciana se haba convertido en un rehn de la Polica. Esperaba la Polica que yo, conmovido, aceptara canjear su libertad por mi entrega.

Desde entonces, y ya han pasado tres meses, mi madre sigue presa en una inmunda celda, a pan y agua, mientras yo me asoleo en una linda playa de las Bahamas, a la espera de que la vieja pase a mejor vida y sea yo quien la herede.






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