Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2006

Cliz envenenado

Azmi Bishara
Al Ahram Weekly

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


El Cliz Envenenado

Israel celebr el saque de honor en la copa del mundo matando a toda una familia en Gaza y desde entonces, desde el comienzo de la temporada, no se ha permitido un respiro en sus sistemticos bombardeos y asesinatos de palestinos.

As es, esta es la poca en que parece que la gente pierde automticamente un poco la cabeza. Incluso si eres un poco displicente, tienes que disimular que ests entusiasmado para que no parezca que ests fuera de onda. Si ests en poltica, no quieres que te consideren un estirado que es indiferente ante los temas que le interesan a la gente. Pero si eres un fan, entonces tienes que ir como loco. Tienes que ser salvaje en el sentido socialmente aceptado, desde luego, cuando la gente sonre y dice con mezcla de admiracin y broma, Se le fue la olla!

Si la gente normal se siente contenta colocando la bandera nacional en la antena de su coche, el autntico fan del ftbol debe pintar todo su coche con los colores de la bandera nacional, pintarse la cara asimismo con esos colores y desfilar ante la familia en una demostracin de que nos lo estamos jugamos todo.

Un juego propio de granujillas de calle se ha convertido en un carnaval internacional de consumismo. Un suceso internacional relativamente modesto ha devenido una industria global que depende de la ligereza, frivolidad y evidente parlisis mental, un pretexto para escapar de los incordios de la vida. Una nueva religin consumista barre el mundo y sus rituales se practican en las plazas pblicas. La mayora de sus emblemas y talismanes

-banderas, mscaras y bufandas- se hacen, por supuesto, en China. El frenes consumista, el deseo de no ser menos que los dems, el miedo a desmarcarse de la multitud, han metido a gente que nunca haba estado interesada en el ftbol en el crculo de un gritero histrico que semeja como si alguien se hubiera cado de un edificio.

Pero el mundialismo no es una religin tan universal como pudiera parecer. A pesar de la exhibicin omnipresente de sus adornadas banderas en lo alto de los tejados, en ventanas y quioscos, la gente no la ha sustituido por su bandera nacional, contrariamente a los alegatos de algunos economistas polticos que estn haciendo votos por un culto al consumismo universal a partir de una identidad humana transnacional. En su lugar, las banderas, bufandas y mscaras son slo deshechos consumistas que sirven para contaminar cualquier medio ambiente. Ninguna vacacin est completa ya sin petardos, artilugios y baratijas para las que la gente vaca sus bolsillos a fin de ganar popularidad. Mientras tanto, cualquier nocin de sentimiento supranacional queda desmentida cuando las muchedumbres se separan y se juntan detrs de banderas diferentes sobre la base de clculos de parroquia, y cuando los polticos locales suben a bordo de un viaje barato repartiendo regalitos y premios a sus compaeros de viaje a cambio de apoyos.

El juego de los pobres ya no es para los pobres. Se ha convertido en una empresa de mil millones de dlares que se financia mediante publicidad, que es inmensamente rentable, y que los pobres, ahora, tienen que pagar para poder ver. Los ritos y rituales del mundialismo son lricos. Las sesiones de las audiencias colectivas son inofensivas e incluso reconfortantes, hasta que el partido se termina y quienes celebran la victoria empiezan a desfilar por las calles haciendo sonar las bocinas de los coches en medio de la noche.

Y como si todo ese ruido y conmocin no fuera suficiente para distraer la atencin del enorme crimen que tipifica la naturaleza misma de la ocupacin, las disensiones internas palestinas tuvieron que estallar. No es difcil ver cmo la situacin podra incendiarse espontneamente fuera de todo control, cmo dos facciones rivales se atacan la una a la otra instando a mucha buena gente a la violencia y cmo los denominados activistas de una de las partes crean situaciones que fuerzan a sus dirigentes a emprender acciones que obligan a los activistas de la otra a responder. Tales son las voltiles dinmicas del ghetto el desgarro de la miseria, los campos (o ciudades) sumidos en la pobreza en que viven los palestinos.

Israel comete sus crmenes el bombardeo indiscriminado de zonas residenciales que mata a familias enteras, el bloqueo econmico que intenta romper la voluntad de la gente y trata de obligarles a lamentar el da en que votaron por los candidatos equivocados, los actos arbitrarios de castigos colectivos brutales y la violencia vengativa perpetrada contra civiles en los ghettos. Israel cre esos ghettos; cre el entorno urbano, social y econmico que llev a sus habitantes a elegir las opciones polticas por las que Israel les castiga ahora.

Gaza no siempre fue as. Hubo un tiempo en que era una agradable e incluso relativamente opulenta ciudad costera. Sin embargo, despus de 1948, se convirti en un enorme campo de refugiados, hacia el que huyeron los habitantes de la mayora de las ciudades palestinas situadas en el sur de la costa. Tras la ocupacin de 1967, las autoridades israeles ayudaron a que se transformara de campo de refugiados en conglomerado de barrios bajos marginales. Sus habitantes se convirtieron en una fuerza laboral barata para el rea de Gush Dan, en los alrededores de Tel Aviv, y fueron aprovechados tambin como consumidores de productos israeles. Cualquier actividad econmica independiente o semi-independiente que hubiera existido antes fue eliminada en el proceso de reestructuracin y aclimatacin de esos barrios a una vida de dependencia total de la demanda y abastecimiento del mercado laboral de Israel. Al mismo tiempo, sin una autoridad central alrededor que pudiera desarrollar actividades de planificacin, las condiciones de vida se deterioraron an ms bajo dos factores de presin que atenazaban la ciudad: expansin y masificacin descontrolada. Gaza, que ha proporcionado gran cantidad de militantes de base al movimiento de liberacin nacional palestino, se transform en un enorme campamento con una nica puerta que podra ser cerrada de un portazo durante una Intifada. Gaza, debido a su geografa, ha facilitado los castigos colectivos y el haberse convertido en la mayor prisin del mundo.

Una inmensa colonia penal, una coleccin de suburbios excesivamente masificados, un pozo negro de pobreza y frustracin listo para explotar en cualquier momento porque no hay un atisbo de esperanza eso es Gaza. Est ah, frente a nosotros, cualquiera lo puede analizar o diagnosticar. Por eso, Israel, sobre todo Israel, no tiene derecho a juzgar o quejarse sobre cmo se comportan los habitantes de Gaza. Israel es la maldicin de Gaza; hizo de Gaza lo que Gaza es actualmente.

Y ahora, Israel quiere hacer lo mismo con el resto de los territorios ocupados. No quiere que existan ms Hebrn, Nablus, los suburbios de Jerusalem Abu Dis, Al Izriya, al-Ram, y as las zonas de alrededor del muro de separacin van siendo transformadas en racimos de mini-Gazas. Israel quiere a los palestinos en una situacin que tiene su base en planes elaborados hace tiempo y que estn llevndose a la prctica en estos momentos. El desenganche unilateral de Gaza fue slo la fase primera de esos planes, la primera vuelta atrs en lo que cre. Poco importa que los misiles Qassam acten como perdigones en el trasero israel. Desde el desenganche, se le ha recordado a Israel que no puede convertir Gaza en una prisin y volver la espalda sin que al menos le piquen a cambio. Gaza quiere probar que Israel no puede sencillamente lavarse las manos de sus problemas en Gaza mientras deja los problemas de Gaza sin resolver.

A la par que su desenganche de Gaza, Israel continu la construccin del brutal muro de separacin que serpentea a travs de Cisjordania y alrededor de Jerusaln. El objetivo de este muro es diseccionar Cisjordania en trozos, cada uno de los cuales sufrir el mismo destino que Gaza: entradas que pueden ser cerradas de golpe, superpoblacin, horizontes negados de desarrollo.

Aunque esto es lo que Israel tiene reservado para Cisjordania, preferira ms que todo transcurriera bajo la apariencia de un convenio de liquidacin. Es por eso por lo que est buscando una parte fiable para actuar como guardia, carcelero y superintendente de los mnimos medios de subsistencia. Esa parte ser llamada gobierno y la prisin servir para supervisar lo que se denominar estado. Pero, con acuerdo o sin acuerdo, Israel est determinado a crear esos ghettos largndose a continuacin. Algunos polticos palestinos estn intentando sacar partido de este dilema y declaran que esperan cambiar los planes israeles entrando en negociaciones para alcanzar un acuerdo con Israel. Mejor algo que nada, dicen. Mejor regatear para conseguir el mejor acuerdo posible que dejar que Israel imponga unilateralmente una solucin. Esta actitud no llevar a una situacin mejor; es ms, es una receta para la derrota porque deja en manos de Israel, en ltima instancia, el control de la poltica interna palestina, tan vulnerable ante la voltil dinmica generada por la pobreza.

Ponerse en contra del gobierno palestino alegando que deberan hacerse concesiones, como la de reconocer a Israel a cambio de comida, es una va peligrosa. Europa ha prometido levantar el bloqueo si esas concesiones se producen pronto, pero no han tratado de asegurar concesiones recprocas por parte de Israel. Hacer recriminaciones al gobierno palestino, en vez de mantenerse junto a l en un frente unificado contra el bloqueo, equivale a levantar bandera blanca. Defender que los palestinos tienen que alcanzar un acuerdo con Israel antes de que ste siga impetuosamente con sus propios planes, supone capitular ante estos planes.

Esto sita la disputa palestinos contra palestinos en un punto completamente diferente. El juego ahora estriba en que quienquiera mostrar que puede firmar un acuerdo con Israel, o conseguir que Israel negocie, debe eliminar los obstculos del camino, i.e. el gobierno palestino popularmente elegido. Esta posicin entra en contradiccin con todo el fundamento de las elecciones democrticas y el principio de soberana y el de autonoma en la toma de decisiones. Pero eso es de lo que trata precisamente la creciente campaa alrededor del referndum a partir del denominado documento de los presos, un intento de llevarse los beneficios del bloqueo internacional contra el pueblo palestino presentando un partido cualificado para negociar con Israel, una vez que todos los elementos encontrados en el camino desde Arafat hasta el gobierno elegido- hayan sido eliminados. Obviamente, ese partido estar preparado para ser flexible, es decir, para aceptar las condiciones israeles.

El documento de los presos es un excelente esfuerzo conceptual y deberan tenerse en cuenta sus fundamentos. Sin embargo, la asamblea de detenidos polticos que lo elabor, importante como es, no puede sustituir a las organizaciones e instituciones polticas. De qu sirven todas esas organizaciones polticas comprometidas en un dilogo si no se les concede ningn derecho para modificar ese documento? Los individuos que estn tratando dicho documento como si fuera de su propiedad privada no estn interesados en l como una contribucin al debate poltico sino como una herramienta para conseguir sus propios planes. No lo consideran precisamente un documento sagrado. Al contrario, lo han reducido a un arma a blandir contra los adversarios polticos en casa, en lugar de abordarlo cmo una base posible para una agenda contra el enemigo real, que era presumiblemente el objetivo perseguido por quienes elaboraron el documento. Por esta razn estn ahora divididos los palestinos. Pero estn divididos sobre la consideracin del referndum como estratagema poltica, no sobre el documento mismo.

Si quienes presionan para que se celebre un referndum apoyaran la sustancia del documento, seguramente estaran de acuerdo, si alguno de los participantes en el dilogo as se lo pidiera, en renunciar al acuerdo de Ginebra ya que ste entra en conflicto con el documento de los presos acerca del derecho al retorno. Tambin podran considerar la renuncia a la Hoja de Ruta, o al menos a albergar diversas reservas contra ella, en tanto que la Hoja de Ruta insiste en que la AP tiene que desmantelar la infraestructura del terrorismo. Es ms, dudo que estuvieran dispuestos a hacerlo. La consistencia no es algo que les interese. Y menos an les preocupan los principios contenidos en el documento de los presos, principios que ya han puesto en peligro. Lo que les importa es conseguir que Hamas tambin se comprometa a conformarse con el documento reconociendo a Israel a cambio de nada y admitiendo su legitimidad internacional.

Pero la legitimidad internacional, ciertamente de la forma en que est siendo explicitada, es un concepto muy nebuloso. Por ejemplo, parece cubrir cada decisin que toma el Cuarteto. Por otro lado, el derecho internacional tiene un fundamento concreto. Todas las partes palestinas tendran derecho a insistir en que se respete el derecho internacional y pedir el cumplimiento de la resolucin 194 de Naciones Unidas, que establece el derecho al retorno de los palestinos, el fallo del Tribunal Internacional de Justicia sobre el muro de separacin y otras innumerables resoluciones de Naciones Unidas que apoyan los derechos de los palestinos.

Cualquier participante en el dilogo inter-palestino que sea sincero en su deseo de formular una estrategia comn debera utilizar argumentos racionales para persuadir a los otros participantes de su punto de vista, y oponerse a utilizar el bloqueo como pretexto para hacerle tragar sus opiniones a los otros. Una estrategia comn es un medio para promover el bienestar comn mediante la unidad lograda alrededor de una serie de principios consensuados. A esa estrategia no puede llegarse o sustentarse mediante coaccin. El propio concepto de gobierno de unidad nacional impone no slo un techo en la libertad de accin de sus miembros constituyentes sino un suelo por debajo del cual no deberan hundirse.

En las circunstancias actuales, Hamas no puede dirigir un gobierno sin un programa. Pero este programa no puede basarse en una ficcin. Fatah no debera tratar de obligar a Hamas a adherirse a los acuerdos de Oslo como si estuvieran en vigor. Hace tiempo que las cartas de garanta de Bush a Sharon y el plan de desenganche unilateral de Sharon anularon Oslo. Todo lo que queda de Oslo es la Autoridad Palestina, y esta Autoridad envi su propio pasado a la historia tan pronto como Hamas decidi tomar parte en las elecciones legislativas.

En cuanto a Hamas, nada le obliga a reconocer retroactivamente ese pasado. Hamas tiene todo el derecho a rechazar Oslo y su lgica. Pero Hamas no tiene derecho a dirigir la Autoridad Palestina sin una plataforma poltica que promueva la unidad nacional. Hamas no gan las elecciones legislativas de manera tan abrumadora como para ignorar a todos sus rivales en trminos de reparto de votos gan quiz el 44% de los mismos. Ni tampoco Fatah, que obtuvo el 43% de los votos, sali tan malparado como para esconderse. Pero las elecciones no se realizaron sobre una base proporcional que arrojara unos resultados por los que uno de los partidos pudiera aduearse del parlamento y le diera derecho a crear un gobierno aunque fuera un gobierno de unidad nacional- y elegir un primer ministro.

Si las partes que intervienen en el dilogo pudieran llegar a consensuar una estrategia comn, lo que sera factible si son sinceras en su intencin de formar un gobierno de unidad nacional, entonces ser posible acordar a tal fin una agenda poltica. Un consenso palestino servir como base poderosa desde la que moverse en el frente internacional, contra el muro de separacin, contra el plan Olmert y contra el bloqueo econmico, mientras que en el frente domstico servir para mantener la resistencia contra la ocupacin segn los medios y objetivos acordados.

No creo que el referndum tenga lugar. Las facciones palestinas tienen slo dos posibilidades de accin ante ellas: que lleguen a un acuerdo o que lleguen a las manos antes de que se celebre el referndum. En cualquiera de los casos, no habr referndum. Naturalmente, uno confa en que lleguen a un acuerdo. Tienen que llegar a un acuerdo. Toda esta historia alrededor del referndum no es precisamente un juego en el cual apoyamos a uno de los equipos adversarios mientras luchan para ganar la copa del mundo. Se trata de muy diferentes formas de eliminacin y, a la larga, la nica copa a alcanzar est llena de veneno.

Texto original en ingls:
http://weekly.ahram.org.eg/2006/801/op2.htm

El Cliz Envenenado


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