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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2006

Asignaturas pendientes tras el alto el fuego

Ramon Zallo
Hermes



La declaracin de alto el fuego permanente de ETA ha abierto definitivamente una nueva etapa en varios sentidos: supone el inicio de un complicado proceso hacia la paz; y tiene la virtud de destapar, procesos ms profundos, en tanto que las violencias haban constituido de hecho un tapn para la maduracin y la decisin de nuestra sociedad en varios temas.

Eso no quiere decir que en condiciones de violencia, nada se poda cambiar, porque no es as. Durante 40 aos no hemos parado de vivir y de hacer cambios. Adems tampoco es verdad que ahora todo sea posible. La manida frase de con la violencia no hay nada que hablar, y sin violencia todo es planteable en la sociedad democrtica contiene un hecho y una falsedad. El hecho es que algunos, con la excusa de la violencia, no han querido hablar de casi nada en los ltimos 15 aos (casualmente desde 1992 en que ETA entrara en declive irreversible); y la falsedad es que tampoco hoy se puede plantear todo, puesto que hay temas que no se quieren poner en la agenda pblica.

No solo hay miedo a la violencia. Tambin lo hay a una sociedad democrtica decidiendo por si misma. Tenemos un Estado enfermo de intolerancia y de nacionalismo excluyente slo cabe el suyo- y unas opiniones pblicas muy mal educadas, porque no se depur el sistema poltico a su debido tiempo.

Ciertamente con el gobierno socialista no estamos igual que con el PP, y despus del alto el fuego, estamos mucho mejor que hace unos meses. Ha cambiado una parte de las cosas. Zapatero ha facilitado el aterrizaje de ETA, pero tambin nos espera, en nombre del Estado comn, con un enorme cepillo de cuchillas de guillotina para todo lo que no tenga encaje literal en la Constitucin, o con leyes orgnicas, o con simples leyes, o con puras conveniencias de las elites de poder de Espaa. Su sonrisa benevolente esconde un enroque en el concepto de la Espaa autonmica no federal y utilizar la excusa de la presin del PP para justificarlo.

El alto el fuego es un importante paso

El alto el fuego como inicio del fin de la violencia de ETA es un gran paso como hecho en si, como oportunidad y por sus efectos.

a) Supone, de hecho, un alivio al librarnos de un dolor colectivo permanente, liberndoles de la angustia a los amenazados y eliminando la restriccin de la libertad de movimientos y de opcin poltica a muchos conciudadanos.

b) Es tambin una oportunidad para la humanizacin de los conflictos, atrapados en la razn de Estado, y para vernos a nosotros mismos chequeando tanto nuestro estado de salud en valores morales como nuestro estado de salud democrtico.

Es tambin una oportunidad para darle unos buenos puntos de sutura a esta democracia venida a menos, con leyes de excepcin, tribunales polticos y justicia discriminatoria que hacen del sistema judicial mismo un baluarte de obstculos para el avance colectivo en nombre de leyes que se convierten en muros virtuales para no avanzar.

Y, al parecer, es condicin necesaria para mover temas estancados como el bienestar colectivo y de muchos colectivos sociales, enriqueciendo la vida poltica. Podremos empezar a pensar ms sobre muchos problemas estratgicos (infraestructuras, deslocalizacin de empresas, vivienda para nuestros jvenes, pensiones...) que no han estado en la agenda democrtica aunque las minoras de poder econmico o poltico, ante el despiste general, s tomaban decisiones por todos y se creaban territorios de impunidad en algunos temas. Hemos estado tantas personas tan entretenidas en lograr la paz, con un derroche de energas que hubieran sido tan tiles para tantos temas y causas!

c) El cese de la actividad de ETA ya est teniendo distintos efectos:

-Deja de ampliarse la lista de vctimas y podr arroparse socialmente la memoria de muertos, heridos y familiares con la pura solidaridad hacia personas vctimas de una historia injusta, en una etapa de plomo.

-Permite que se desbloquee la situacin de presos y familiares, y que desaparezca el sentido de puro castigo que nunca debi tener la poltica penitenciaria, y se reconsideren situaciones de crcel que, sin demrito para la justicia, cambien el orden de ideas que haba hasta ahora. Se debera poner en un primer plano la reintegracin general y particular -aunque nunca sern iguales desde la aplicacin de la justicia los hechos de sangre y los de opinin o colaboracin- mientras pasan a un plano ms secundario la prevencin de riesgos que podan derivarse de excarcelaciones y el papel reparador de la pena.

-Traslada a los agentes sociales y polticos la gestin de los procesos, haciendo posible que todas las corrientes puedan ser legales, y que debates y alianzas antes imposibles -ya sean acuerdos estratgicos o acuerdos puntuales- puedan darse entre distintos.

-La vida poltica deja de estar bajo la sospecha de que unas u otras posiciones favorecan la estrategia de ETA, o al contrario, bajo la certeza de que la presencia de ETA era una excusa para el inmovilismo. La nica fuerza poltica que echa de menos a ETA es el PP, le necesita para vivir. De forma pattica, y hasta el colmo del ridculo, el PP le ha echado de menos hasta en el 11-M de Madrid.

En suma, se han abierto dos procesos. Uno relativo al conflicto particular de la Izquierda Abertzale oficial con el Estado como aparato; y otro relativo al conflicto de Euskadi respecto al modo de encaje en un mismo Estado como marco poltico. Son dos temas bien distintos, aunque haya relacin entre ambos.

El primero, el relativo al proceso de paz, bsicamente ha de versar sobre la desmilitarizacin del conflicto de la Izquierda Abertzale oficial con el sistema poltico nacido de la Transicin. Hay que recordar que Euskadi no estaba en guerra con Espaa, aunque s en conflicto. Fue ETA quien opt por luchar contra el rgimen surgido de la Transicin con medios armados. Por eso, bsicamente, el proceso de paz es tres cosas al mismo tiempo: la digestin colectiva de las secuelas de las violencias de estas ltimas dcadas (fin de la violencia, humanizacin, reparacin y reconocimiento de la memoria de las vctimas, acercamiento y reinsercin de presos y exilados, restablecimiento de reglas, medidas de gracia), la renuncia a la violencia armada y la integracin de la lucha de la Izquierda Abertzale oficial por el cambio del sistema en el marco de unas reglas del juego poltico propias de una democracia representativa y de una democracia participativa alimentada desde una sociedad civil activa).

El segundo, el relativo al marco poltico, hay ahora mejores condiciones para abordar el desencaje de Euskadi en el sistema poltico del Estado Espaol (y que estaba bloqueado virtualmente por el conflicto armado de la Izquierda Abertzale oficial con el Estado). Pasamos as de una larga fase de excepcin democrtica, con quiebra de las reglas ms elementales y donde todo vala -matar o crear dolor por una causa, suspender la democracia en defensa del Estado autoritario, negarse a cualquier cambio del sistema- a otra fase, de puesta en valor de los derechos colectivos nacionales y de las libertades pblicas y de posibilidad mediante negociacin de una reforma democrtica del sistema de organizacin del Estado.

El resultado final siempre ser mejor que el inmediato pasado, aunque visto lo ocurrido con Catalunya lo mismo se cierra con una decepcin. Esperemos que nadie en Euskal Herria haga el lamentable papel de un Artur Mas que, por intereses de corto alcance, se prest encantado al abrazo de oso de Zapatero.

Razones para el proceso de paz

Habr quien por los efectos positivos del alto el fuego quiera dar las gracias a ETA. No nos equivoquemos. Huyamos del sndrome de Estocolmo. Cuando, tras 30 aos seguidos, a uno le dejan de dar martillazos en los pies la sensacin ser de alivio pero no puede ser de agradecimiento por todo el dao causado y tanto horror, intil en resultados y de coste gigantesco e irrecuperable en vidas y valores.

El alto el fuego no se produce por una conversin de ETA a la causa de la paz como Saulo camino de Damasco sino porque no tena ms remedio. Lo que s hay que agradecer son los buenos oficios de tanta gente para lograrlo: algunos partidos y sindicatos, movimientos sociales, intermediarios y, especialmente, algunos dirigentes de la Izquierda Abertzale que han sabido reconducir la situacin con visin y paciencia.

El motivo para el alto el fuego ha sido mltiple; un autntico rosario de factores desfavorables que no le dejaban a ETA espacio ni para la duda. Solo podan dudar del cundo hacerlo.

Esos factores que han desembocado en el alto el fuego probablemente sean:

- La unnime presin social para que lo dejen. Toda la sociedad era desafecta pero tambin, salvo el PP, estaba dispuesta generosamente a ponerle un paracadas para su reinsercin poltica en la izquierda abertzale.

- Le estaban destrozando a la Izquierda Abertzale oficial como corriente. ETA era desde hace aos el mayor estorbo para la construccin de una necesaria izquierda abertzale con un proyecto para el pas y capacidad de gestin. Su ilegalizacin inducida se ha traducido en una crisis profunda del lugar social del conjunto de la corriente.

-El horror por los atentados jihadistas de Madrid en el 11 de marzo del 2004 no dejaba espacio al atentado convencional que, en caso de muertes, podra producir una gran indignacin colectiva.

-La represin y el sistema de informacin han ido minando seriamente a ETA, aqu y en el Estado francs, y ha daado a la ilegalizada Batasuna con dificultad para actuar y con su expulsin de las instituciones.

-La incapacidad para hacer ya dao poltico al sistema. Es decir, ETA tena y tiene capacidad de seguir atentando y de presionar, pero no de obtener resultados positivos si volviera actuar; bien al contrario, como si de un boomerang se tratara, polticamente seran ella misma y la corriente de la que se reclama las primeras vctimas polticas.

- Cada da que pasaba, el horizonte era cada vez mas desfavorable y sin salida; y la presencia de un nuevo Gobierno socialista, de talante ms abierto al dilogo poltico, la ocasin esperada.

Todo esto ha favorecido esa deriva. Por lo tanto, no tienen razn quienes busquen una causa nica, y menos si la quieren encontrar solo en la poltica antidemocrtica del Estado con acoso y derribo de la Izquierda Abertzale oficial y que, sin duda, ha influido.

Podemos estar aliviados pero no agradecidos ni confiados en ETA. Irreversible e irrevisable son dos cosas a matizar. Esa suma de razones hacen irreversible el proceso hacia el fin de la violencia en la medida que empujemos todos, generando pista de aterrizaje pero achicando el espacio hasta hacer imposible cualquier vuelta atrs; pero la decisin del alto el fuego es revisable puesto que no nace de una conviccin estratgica definitiva, est vinculada a que la contraparte haga sus deberes y que stos sean interpretados como satisfactorios por ETA. Y por ah cabe preocuparse.

En la entrevista a ETA en GARA publicada en mayo persiste una visin militarizada sobre los ltimos 30 aos, puesto que aun no han adaptado sus razonamientos a un marco de reglas argumentales democrticas y les costar aos llegar a ello.

Pero ETA sigue mezclando, en buena parte, proceso de paz con el proceso de normalizacin o el de construccin nacional, al condicionar el proceso de paz a un proceso de pasos en correspondencia del Gobierno de Espaa en dos terrenos que son, sin embargo, distintos: el terreno de los presos y de la actitud de los aparatos de Estado por un lado, y el terreno del proceso democrtico que permita debatir la autodeterminacin y la territorialidad de otro. Distinguir entre lo uno y lo otro parece fundamental, central.

Ciertamente, se entiende perfectamente que una organizacin armada no derrotada condicione la permanencia de su organizacin al trato que se les de a sus militantes encarcelados. Y nadie entenderamos que el Gobierno Socialista no hiciera lo que tenga que hacer al respecto para que ese tema se canalice, dadas las facilidades que ha obtenido con un acto unilateral de ETA. Y si Zapatero no moviera ficha se lo exigiremos colectivamente. Dmonos cuenta que este alto el fuego no es el producto de una derrota militar, ni de una disolucin, ni de un armisticio, ni de una renuncia definitiva a volver a actuar. Y ah no hay engao.

Es lo que es. Lo que estamos viviendo no es un armisticio (entrega de armas como producto de una derrota) sino a un acto unilateral de ETA, ms o menos convenido en su anuncio, y hecho en condiciones no de derrota pero s de gran e irreversible debilidad poltica. Por eso no cabe definir la situacin con el lenguaje militar de vencedores y vencidos, o de victoria y derrota, aunque s puede hablarse de estrategias largamente ensayadas y fracasadas en todas sus variantes, especialmente desde el inicio de los 90, y que no llevaban sino a un pozo sin fondo.

En cambio, a estas alturas, ya nadie entiende que ETA se crea que puede poner condiciones polticas a lo que se derive de una mesa de partidos y de las instituciones electas. Es esta parte, refirindose a un proceso democrtico que permita debatir la autodeterminacin y la territorialidad la que ya no pueden ni deben tutelar, una vez devuelta la palabra a la sociedad y a sus representantes, y ya termine bien, mal o regular. Si podemos decidir sobre lo ms -derecho y capacidad de decidir sobre nuestro futuro- con ms razn podremos decidir sin tutelas sobre lo menos, y es que tenemos derecho a que nadie nos salve de las propias decisiones, gusten o no gusten, nos equivoquemos o no, ya sea sobre el carcter democrtico del proceso, ya sea sobre los resultados. La poltica que atae al futuro del pas, del cmo, ya se ocupan y ocuparn los ciudadanos de Euskadi, a travs de sus representantes, la lucha democrtica entre proyectos, el peso de cada cual y la vigilancia colectiva.

En esta cuestin hay que ser tajantes. En el plano estrictamente poltico ETA no tiene ninguna funcin, la tienen y mucho la Izquierda Abertzale oficial y el resto del sistema de partidos, y la tienen las instituciones representativas y la sociedad.

En la ltima entrevista hacan una lectura triunfalista. Decan que la situacin de expectativa actual es fruto de su lucha y la de la Izquierda Abertzale oficial. Es una lectura equivocada prfopia de la burbuja en la que han vivido: porque la alegra colectiva no es de homenaje a su presencia -tenida como una desgracia- sino de alivio por su ausencia. Igualmente si las fuerzas polticas con responsabilidad estn asumiendo compromisos no es porque hayan llegado a la conclusin de que ETA tena razn, sino para hacerle ms llevadero el aterrizaje desde el infierno en el que estaban y para que sus ltimos coletazos no generen ms situaciones irreversibles. O sea puente de plata para un digno abandono.

Hay, con todo, un avance en el texto. Antao condicionaban los procesos a que se resolvieran satisfactoriamente para la Izquierda Abertzale, los temas de autodeterminacin y territorialidad. En el ltimo comunicado se da un paso al condicionar la continuidad del alto el fuego no a la autodeterminacin y la territorialidad como reivindicaciones o como resultados, sino a que haya un proceso democrtico eso s vigilado y definible como satisfactorio por ETA misma- que los aborde e independientemente de cuales sean su resultados, incluso aunque sean negativos para sus tesis. Es un cambio interesante pero, de todas formas, siguen guardndose el as de homologar lo que es procedimiento autnticamente democrtico o no, con lo que sigue siendo inaceptable.

Con ello se dan un ticket a si mismos para una marcha atrs o bien para una vuelta a la lucha armada o para el grave riesgo de que un sector interno quiera volver a darse la ensima prrroga, echando la culpa a los dems por no haber estado a la altura de la necesaria democracia.

El alto el fuero y sus enemigos

El proceso tiene enemigos que quieren hacer descarrilar el proceso, al menos tal y como se ha planteado. Y ah hay diversas figuras:

El Inquisidor. Exige que se disuelvan, se rindan. No hay nada que dialogar. Muerto el perro se acabara la rabia. Necesitan vencedores y vencidos. Humillar, reprimir, mantener las normas de excepcin que deslegitiman al propio Estado de Derecho. Llamarn precio a cualquier gesto. Exigirn lo imposible como la entrega inmediata de las armas. Es la direccin del PP. Estn ciegos de ira y aterrorizados. Necesitan a ETA como herramienta contra el cambio y para arruinar a Zapatero pero, sobre todo, y desde un patriotismo espaol muy nacionalista (Estado mononacional) para boicotear la consolidacin de las naciones vasca, catalana, gallega y las fuerzas e ideologas que las promueven.

El Vengador. Alguna asociacin de vctimas. Exige solo ms castigo. Los gestos de distensin o pacificacin seran una traicin a la memoria de sus vctimas. Exigen arrepentimiento, condicionar los procesos y la agenda. Necesitan matar simblicamente a ETA y obtener consuelo no en la Justicia sino en el dolor ajeno.

El Taimado. Hay sectores del PSOE que estn callados y que quieren lo mismo que el PP en ese plano aunque por distinta va. Desde el antinacionalismo miran ms en trminos de clculo electoral ante el PP, pero mediante inaccin y demoras, apostaran por no mover demasiado las fichas en ninguno de los temas planteados (presos, legalizacin, sumarios..), en la confianza de una muerte dulce de ETA atrapada en su propia lgica y parando adems a los nacionalismos. No necesitan vencedores y vencidos instantneos pero s al final del camino.

El Fantico. El sector hiperradical y fundamentalista abertzale que confunde mtodos y fines y entiende el comunicado de ETA como el inicio de un proceso liquidacionista. Espera de los errores del enemigo espaol la excusa para una reconsideracin y un escenario de vuelta atrs. En caso de no producirse, podran actuar como incontrolados, poniendo palos en las ruedas e, incluso, con el tiempo, propugnar agnicas escisiones. Necesitan la guerra interminable.

Algunas diferencias con Lizarra

El alto el fuego actual tiene algunas diferencias con el proceso de Lizarra y que, se diga lo que se diga, fue un primer ensayo general del que todos aprendimos, pero fue psimamente gestionado y, al final, con un resultado fallido que ha costado cinco aos rebobinar.

En el acuerdo de Lizarra, proceso de paz y de construccin nacional fueron, de hecho, lo mismo aunque en la definicin no lo eran. Se introdujo poco a poco la lgica perversa de que si se haca construccin nacional en el sentido y ritmos que quera ETA por ejemplo con aquella propuesta inaceptable de una Asamblea Nacional Constituyente para toda Euskal Herria y que haca desaparecer a todas las instituciones electas- la paz estaba asegurada porque era su consecuencia. Esa lgica perversa, que nos maniataba a todos de pies y manos, arruin el Acuerdo, y fue tambin un instrumento para intentar cambiar hegemonas en el interior de los nacionalismos.

ETA revent el acuerdo de Lizarra, resultando nuevas vctimas, entre ellas Fernando Buesa. Pero tambin la Izquierda Abertzale fue la vctima poltica, pasando a la soledad ms absoluta, mientras que el Lehendakari consegua salir a flote en las elecciones del 2001 y fracasaba la operacin de la pinza entre Redondo y Mayor Oreja.

Hoy, felizmente, se distingue entre proceso de paz y el proceso de normalizacin o de construccin nacional, al menos en las estructuras que lo abordan, aunque otra cosa sea en las intenciones de alguno de los agentes. Para el proceso de paz hay y habr un dilogo Estado-ETA. El Gobierno Zapatero y ETA son los agentes de un acuerdo de paz, sin que ah deban abordar temas polticos. Eso es tambin distinto a la pretensin que tuvo ETA con el PP en la anterior tregua, en la que vistas las actas del encuentro entre la cpula de ETA y los enviados de Aznar, ETA quiso que aquella fuera una mesa para todo. Hay ah un cambio. Ahora habra otra mesa aparte, formada por todos los partidos vascos, para el desbloqueo de la poltica de fondo y que debe empezar a reunirse cuanto antes para que nada se pare.

Asimismo en Lizarra los partidos nacionalistas e IU-EB se comprometieron en una determinada direccin y el premio era que ETA bajara del monte al valle, aunque con la incertidumbre de si se quedaba o no. La tregua era indefinida, o sea finita. Lo malo es que ETA no confiaba en los procesos sociales y polticos, vigilaba los rebaos, guardndose la facultad de volver en la temporada siguiente al monte si sus expectativas no se cumplan, como ocurri un ao y pico despus. La impaciencia es mala consejera. La de Lizarra era una tregua condicionada (no una tregua trampa) y con un juez nico, ellos mismos, y tampoco estaba blindada a maniobras, como las que anim Mayor Oreja deteniendo a interlocutores, o destapando el trabajo de intermediario del hoy obispo Uriarte, para reventar el proceso por el eslabn ms dbil.

Pues bien, el alto el fuego actual no es como el de Lizarra. Ni siquiera hay mesa para el aterrizaje, y no creo que pueda hacer sus veces la pequea mesa de partidos y sindicatos que han estado en el Nazio Eztabaidagunea. Esa funcin de pista de aterrizaje la ejerce la sociedad misma y creo que eso blinda ms el alto el fuego porque es la sociedad vasca quien obliga que se den los pasos necesarios exigiendo que nadie los desande.

Ni Montenegro, ni Irlanda, ni Qubec ni nada

La Constitucin espaola es tan perfecta que no hay que tocarla (solo retoques). Ni democrticamente puede desatarse o reinterpretarse lo que at una Constitucin. que no aprobamos aqu. Es ya un ttem para refugio de intransigentes. En su ttulo octavo y en sus artculos 2 y 8 del ttulo primero, es ya una trinchera desde la que bombardear los cambios requeridos por las mayoras democrticas de las naciones sin Estado. Se ha convertido en una herramienta intil para el desarrollo de la democracia (mayoras de Estado aplastando mayoras nacionales; negativa a referndums consultivos; lecturas rigoristas;.)

Si la Europa de Javier Solana admite que con un 55% de los votantes un pas como Montenegro pueda ser independiente, no parece de delirium tremens que con un hipottico 51% en un Catalunya o Euskadi pudiera hacerse efectivo dentro de la UE tanto el criterio soberanista del derecho a decidir de una nacin que lo es (o no lo es?) la Carta Constitucional de la Asociacin de Serbia y Montenegro aprobada por el Parlamento Serbio el 4 de febrero del 2003 con la bendicin de la UE- como la construccin de un modelo federal o confederal con otras naciones, puesto que ambos cambios seran sin merma de la integridad del Estado nico y de ninguna manera para salirse de la UE. Hoy (solo hoy y porque no tiene ms remedio) Serbia es mucho ms demcrata que Espaa en cuestiones nacionales. En Espaa ya no quedan apenas demcratas, solo estatistas, prestos a impedir la pregunta porque saben, de antemano, cual sera la respuesta.

De todos modos ya se sabe que nada de lo que ocurre en el mundo es aplicable a nuestro caso ni debemos aprender de otras experiencias. Siempre nuestro caso es nico y dilucidado en la Constitucin. Es un juego perverso en crculo vicioso. As en las argumentaciones habituales de las lites [1], el derecho de autodeterminacin reconocido en el Acuerdo de Viernes Santo por los Gobiernos britnico e irlands no nos es aplicable porque aqu no ha habido dos comunidades ni guerra civil; la semisoberania de las islas Aaland tampoco porque no somos una isla apetecida por una potencia prxima [2]; la divisin pacfica de Eslovaquia y Chekia tampoco porque Checoeslovaquia fue producto de la descomposicin del Imperio Austrohngaro y se at de modo artificioso; la autodeterminacin de los Pases Blticos tampoco porque fue una unin forzosa y su libertad es producto de las descomposicin del imperio sovitico; el de Montenegro tampoco porque es producto de la descomposicin de Yugoeslavia, no est en la Unin Europea aunque es la Unin la que ha puesto las condiciones para su reconocimiento; y la del Qubec tampoco porque los referendos tienen amparo constitucional o, al menos, amparo interpretativo de su digno Tribunal Constitucional y, aqu al parecer carecemos de TC con mirada amplia y democrtica.

Todo atado y bien atado, si no fuera por lo engaosas y es tema para otra ocasin- que son todas esas argumentaciones que solo tienen el objetivo de hurtar el derecho a decidir a una nacin que lo es por hechos y voluntad colectiva, y a la que se le impone una Constitucin que no legitim. Horror a preguntar. La unin forzosa sin derecho a contabilizarse siquiera cuntos ciudadanos estn de acuerdo o no con la forma en que se da en un momento dado esa unin (no ya la independencia) no es patrimonio de los pueblos libres: ni del sojuzgado ni del que en nombre del cual se sojuzga. Todo huele a artificioso en este sistema poltico espaol que conspira desde la letra contra la democracia.

Una autopista como metfora

Aunque no sea una figura muy ecolgica la metfora de una autopista nos puede servir para abordar las tareas pendientes.

Una autopista sirve para desplazarse, para comunicarse, para avanzar, y tiene distintos carriles paralelos. Son distintos pero no son independientes entre si, ya que lo que ocurra en uno pueda afectar al otro. Las velocidades son distintas en unos y otros carriles, y en ninguno podemos detenernos o ir a menos de 70 por hora. Esta autopista de metfora va a tener cinco carriles.

a) En el primer carril, el ms acelerado, el que va al lado de la mediana, es en el que antes hay que hacer los deberes: la ausencia de violencia y el respeto a las victimas.

Y como en cualquier otro proceso de paz con final dialogado, esas acciones invitan a que aparezcan actos unilaterales significativos de la otra parte, en claves de encadenamiento mutuo. Si tu haces esto, yo hago eso otro.

b) Esos actos de la otra parte, le tocan al Gobierno Zapatero, y se daran en el segundo carril, tras el dilogo ETAGobierno, que Zapatero ha anunciado que anunciar tras las tres verificaciones de ausencia de lucha armada; y consisten en abrir espacios de humanizacin del conflicto (atencin a las demandas de los familiares de presos.. ) y espacios de distensin (el no encarcelamiento de dirigentes abertzales, el proceso de legalizacin de la Izquierda Abertzale empezando por el registro de una nueva marca electoral, tratamiento de la cuestin de los presos con diferenciacin en ritmos entre delitos ms graves y menos, finalizacin de la actitud entorpecedora del sistema judicial).

Zapatero puede tener la tentacin de marear la perdiz en este campo, pasando al gremio de los taimados pero estar jugando con fuego.

Estos dos primeros carriles son temas para Gobierno y ETA.

c) El tercer carril es el encauzamiento de los conflictos de fondo, el carril de la apertura de un proceso democrtico demandado por las propias mayoras sociales- para el debate sobre el marco poltico y el reajuste en Espaa en esta segunda Transicin, tanto tiempo aplazada porque pagbamos el precio del pecado (y excusa) de que ETA estuviera entre nosotros.

Y ah deben haber dos mesas de partidos distintas: una en la CAPV y otra en Navarra; as como procesos avalados por sus instituciones representativas, el Parlamento Vasco y el Parlamento de Navarra. Probablemente sus nacimientos no sean simultneos ni las temticas comunes.

No creo que haya que concertar entre partidos ideas polticas, sino metodologas, procedimientos, principios, puntos de partida, pasos a dar que hagan viable el derecho de decisin, sin entrar an en los contenidos de un eventual nuevo estatuto que es un tema para un poco despus. La va catalana (lograr amplias mayoras que van con el lirio a Madrid no ha culminado en una ratificacin sino en un despiece que har que en pocos aos los catalanes se planten de nuevo) no es una buena va. O sea, no se puede ir a pelo con un proyecto representativo de estatuto aprobado en el Parlamento propio (da igual si casi unnime o por 51%) para que lo guillotinen en Cortes hasta dejarlo irreconocible. Es suicida.

Con el alto el fuego, ya est dado el pistoletazo de salida para desbloquear el camino para una futura mesa de partidos que trate sobre procedimientos y mtodos y disee los rasgos del cambio de marco poltico. Ese acuerdo suficiente, avalado por una mayora parlamentaria, es el que puede y debe ser consultable a la ciudadana, para que arranque con fuerza para una posterior negociacin con el Estado.

Con posterioridad a esa consulta, y en sede parlamentaria, se podra realizar el consiguiente desarrollo de un nuevo Estatuto. Y su homologacin en Madrid no podra ser ni de guillotina ni de escoplo sino de lija ligera, o en otro caso no habra trato ni concertacin de legitimidades.

Para elaborar ese estatuto, es seguro, que el Parlamento Vasco tomar una buena parte del nico que ya tiene aprobado por mayora legalmente suficiente nuestra institucin ms representativa. A pesar de su rechazo en Madrid no partimos de cero, sino que aquel texto, el proyecto de Estatuto Poltico del Parlamento Vasco aprobado a partir del llamado Plan Ibarretxe, consagraba el reconocimiento del sujeto nacional, la existencia de un conflicto, el derecho de decisin y el bilateralismo en forma de obligacin de pacto para canalizar conflictos entre Estado y Parlamento Vasco. Era un buen documento, es desde luego revisable ya que se incorporaran nuevos partidos, en una legislatura distinta y en una coyuntura de proceso de paz- pero es un documento fundamental de trabajo.

Son tres carriles inevitables, paralelos y necesarios de una misma autopista para una sociedad democrtica y reconciliada.

Si alguno de ellos se colapsa se colapsar todo (si cede el primer carril, se hunde la autopista; si no hay segundo carril, se cae el primero; si el tercer carril es un camino carretil, se cae el primero y las tentaciones colectivas de cambiar un modelo de reajuste por otro de fractura ganaran muchos enteros hasta la ingobernabilidad.).

d) El cuarto carril es el del proceso -mucho mas lento y sutil- de entendimiento o de normalizacin propiamente dicha de la convivencia de una sociedad plural que se acepta socialmente en sus diferencias y pluralidad, que pone en comn su cultura, que establece lazos con Navarra y con Iparralde desde el respeto a sus marcos jurdicos polticos y procesos. Y que se ve como un sujeto nacional en construccin desigual, con procesos, ritmos distintos y siempre desde el concepto de ciudadana. Este es el carril de la construccin societaria y ciudadana en combinacin y tensin con la construccin nacional.

Este me parece un tema importante. Hay que distinguir entre procesos socio-culturales y procesos polticos. (Joseba Arregi, por ejemplo, los confunde sistemticamente). En los procesos socioculturales debemos ser exquisitamente integradores. Somos un pueblo plural y en construccin colectiva, con todos sus miembros, y todo el mundo debe estar cmodo y ser tenido en cuenta en los procesos colectivos socioculturales, educativos, lingsticos...Las identidades de los colectivos no se negocian ni consensuan, se respetan. Y los proyectos colectivos, los canalizan.

En cambio en los procesos polticos no son obligatorios los consensos, aunque sean siempre deseables. Cuando esos consensos no se dan en democracia se funciona por mayoras, sin miedo ni al debate ni a la discrepancia, y en su caso por consulta a las ciudadanas, y gane quien gane, aceptando todo el mundo el resultado de esas reglas. Cuando ha pasado una generacin entera no parece que se hayan aplazar ms las decisiones, ni que estas deban ser parches insatisfactorios porque se tenga miedo a la sociedad. No se ha llegado hasta aqu para una salida en falso. Y ello aunque crezca la tensin poltica, eso s en paz, en los prximos meses.

e) El quinto carril aun no esta construido, pero hay que empezar a hacer desmontes y a empedrarlo. Habr de esperarse a otro momento ms maduro cuando se d una pacificacin total, una actitud social reflexiva, un consenso sobre la nocin de vctima, una cierta madurez en el debate poltico- para la creacin de una imprescindible Comisin de la Verdad plural e independiente. No debemos caer en la amnesia, mal tapando una fea historia de la que tenemos que aprender todos para no repetirla. Tendra que crearse con el mximo consenso social y, tras escuchar todas las voces y esclarecer causas, responsabilidades y efectos, elabore una Memoria de revisin crtica y autocrtica del pasado. Podra ayudar, aunque no a obligar, a que se reconozcan las vctimas entre s, las que sufrieron por ETA y las que sufrieron por el Estado o la desmemoria en la transicin, y tambin a que los victimarios de uno y otro signo puedan llegar a reconocer los daos causados.

Algunas fuerzas

Hay que ser conscientes que hay opiniones distintas sobre la velocidad e incluso prioridad de los carriles.

Aun siendo una enorme autopista que se vera desde la luna, el PP -soando en victorias imperiales- todava ni la ve.

Zapatero quiere capitalizar el alto el fuego pero usa la presin del PP para no darse demasiada prisa en los temas de presos o de la legalizacin de Batasuna mientras que, por el momento, quiere saber poco de mesas de negociacin entre partidos, confiando que pueda llegar a las elecciones del 2008 con dos xitos (tregua y referndum en Catalunya) y ningn nuevo problema relacionado con el contencioso vasco y, desde luego, evitando del todo punto una consulta en Euskadi.

El PNV tiene el alma dividida, como casi siempre, entre el pragmatismo cmodo o dar el salto que, tras 30 aos, ya toca.

La Izquierda Abertzale como corriente sabe que el tema de la paz debe ser irreversible -por ser suicida una marcha atrs- y quieren ya una mesa de partidos. Dilatar al mximo entrar en procesos estatutarios para darse un tiempo para el aterrizaje a la poltica se han educado en otra forma de la poltica y en un lenguaje ambiguo y particular derivado de zonas opacas y de la autodefensa ante el sistema judicial- y, tambin, para poder capitalizar su contribucin al proceso

Para terminar, ya se sabe que el camino cambia al peregrino. Esta es una aventura colectiva en la que nadie ser con el tiempo lo que era al iniciar el camino, e incluso habr quienes no lo terminen. Hoy tenemos siete partidos institucionales, cuando solo hay cinco corrientes: nacionalismo histrico, nacionalismo radical, derecha centralista, izquierda vasco-espaola e izquierda alternativa. Como fruto de divisiones de proyectos o del modo de ver la violencia de tantos aos, hay overbooking de partidos, especialmente en el nacionalismo: cuatro partidos para dos espacios, y adems en varios hay alas con posiciones encontradas. La realidad pasar sus facturas y los agentes, dentro de 5 o 6 aos -sea por su nmero, composicin interna, alianzas o encuentros o posiciones- van a cambiar y mucho. Lo seguro es que tienen ventaja los aparatos.

Vivimos pues procesos delicados, contradictorios. Son momentos de asumir riesgos, de liderazgos con altura de miras, de inteligencias que no confundan los intereses generales con los particulares, ni empujen hacia callejones sin salida. Son momentos de participacin y movilizacin para que la sociedad vigile a los conductores de los procesos polticos, evitando en todo momento que los enemigos del proceso los inquisidores, los vengadores, los taimados y los fanticos internos, que de todo hay- tomen el volante un solo instante. Son momentos con aspecto de histricos, pero eso slo lo sabremos con los aos.

Notas:

[1] Ejercen de aquel contradictorio Juan Antonio Llorente, inquisidor, jansenista, liberal y regalista, que ya en 1805 tuvo la misin por encargo de Godoy -que le premi con una canonja por sus servicios- de negar los derechos histricos de los vascos con su "Noticias histricas de las tres Provincias Vascongadas".

[2] Pertenece a Finlandia aunque su poblacin tiene identidad nacional y su idioma es el sueco. En 1951 el gobierno de Finlandia aprob una "Ley de Revisin de Autonoma", por la que se le otorga independencia en la legislacin de asuntos internos y control autnomo sobre la economa de las islas. Adems, esta Ley no podr ser enmendada por el Parlamento finlands sin consentimiento del Landsting alands.



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