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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2006

Diario afgano

Vauro Senesi
Peace Reporter

Traducido para Rebelin y Tlaxcala por Gorka Larrabeiti


A la salida de la terminal del aeropuerto de Kabul, un gran cartel en la plaza acoga al viajero. Avisaba que en el territorio afgano hay diseminados unos 10 millones de minas y mostraba el dibujo de algunos artefactos.

Welcome to Kabul . Era el nico cartel dibujado en toda la ciudad, pues los talibn prohiban rgidamente toda forma de reproduccin de imgenes. En su lugar hoy impera el anuncio de un jabn cualquiera, con la cara sonriente y maquillada de una chica guapa. El cartel de las minas ha desaparecido, pero las minas no. La cara sonriente de la chica guapa del anuncio es uno de los pocos rostros de mujer que se pueden ver, y es que, al adentrarse en la carretera que conduce al centro de la ciudad, difuminados por la niebla de polvo que levanta el viento, van apareciendo los bultos de los burkas de siempre. Hundida en el ruido continuo de bocinas producido por un trfico anrquico de vehculos descacharrados y de furgonetas con los distintivos de los cientos de organizaciones internacionales que se han dejado caer por aqu, la Kabul liberada sigue enseando las ruinas de siempre. Ya no se ven los turbantes negros de los milicianos talibn, sino los cascos de acero de los soldados del nuevo ejrcito afgano; los kalashnikov son los de siempre en los infinitos controles que estrangulan las calles de la ciudad.

La piel de los civiles

Los militares americanos tan solo se entrevn encerrados en los vehculos blindados de los convoyes que recorren las carreteras a toda velocidad. Tienen rdenes de no pararse ni siquiera en caso de accidente o de atropello; no deben poner en peligro su seguridad; la de los dems no es la prioridad. Nabi, de 30 aos, pelo oscuro y ojos vivsimos en un rostro magro sombreado por un velo de barba, se encontraba en la zona donde, el 29 de mayo pasado, el ensimo accidente provocado por un convoy blindado estadounidense desencaden una revuelta de la poblacin. Piedras contra el camin blindado y como respuesta balas, proyectiles de alta velocidad, de sos que, al penetrar en el cuerpo, destrozan los huesos. A Nabi uno de esos proyectiles le ha dejado la cadera hecha cisco. Ahora est ingresado en el hospital de Emergency, tumbado en una cama con una barra de hierro desde la pierna hasta el pecho que permite a los enfermeros girarlo y curar la llaga que tiene en vez de la nalga izquierda. Ese 29 de mayo, llegaron 70 personas al hospital, todas ellas con heridas de proyectiles de alta velocidad; siete murieron casi inmediatamente. Nabi habla con un hilo de voz: Los estadounidenses dicen que han venido aqu a ayudarnos, entonces por qu nos disparan?. Ser por el tono de voz imperceptible, pero en su pregunta no se advierte rabia sino ms bien una resignacin antigua.

Vctimas de guerra

Fue una bomba, la del pasado 5 de julio, que explot cerca del Ministerio de Justicia, la que arranc la pierna izquierda de Mohamed Amin, de 33 aos, padre de 6 hijos, tambin ingresado en el hospital de Emergency. Los mdicos estn intentando por todos los medios salvarle la otra. Amin venda fruta y verdura con su karachi (carrito): Estaba envolviendo verduras para un cliente cuenta- cuando me pareci que alguien pona un paquete debajo de mi karachi; despus no recuerdo nada ms que una fuerte explosin. Ronda por el hospital un diablillo, se llama Sami y tiene 9 aos, se divierte dando puetazos de repente a los pacientes en traccin, les pega con su mano buena, pues la otra est cubierta de vendas. Sami recogi del suelo un objeto pequeo y oscuro: as describe la mina que le explot en la mano arrancndole tres dedos. Cuando termina el da de visita y su madre se va, Sami se pone triste y entonces necesita mimos. La nuca de Sami est devastada por una quemadura: un accidente domstico provocado por una cocina rudimentaria de keroseno. En el cuerpo de nio de Sami estn escritos los signos de la historia eterna de Afganistn: la miseria que no termina, la guerra que contina. El rostro sonriente y maquillado de la chica guapa del anuncio de jabn cerca del aeropuerto es el nico ftil signo de cambio en la Kabul de siempre.

Texto original en italiano tomado de: http://www.peacereporter.net/dettaglio_articolo.php?idc=0&idart=5801.



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