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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2004

Tras Santa Ins
Y ahora nos queda el resto del santoral

Iaki Errazkin
Cdiz Rebelde


La Revolucin Bolivariana vive, carajo! La cosa qued clara a lo largo de este inmenso domingo de treinta y seis horas. Vencimos (incluyo aqu a la gente rebelde internacionalista, que sentimos el triunfo como propio) en la Santa Ins electoral a pesar del enorme poder de nuestros enemigos; pese a la batera de trampas, artimaas y martingalas de las que se han valido para intentar anular la voluntad de la mayora del pueblo venezolano; contra viento y marea, pero con la razn de nuestra parte y con el apoyo expreso de millones de mujeres y hombres desposedos que saben, como clase expoliada, que sus expectativas de futuro estn unidas, hoy por hoy, a la permanencia de Hugo Chvez al frente de la jefatura del Estado.

La convocatoria de este referndum vinculante (al margen de los resultados contrarios a la revocacin del presidente), por ser un raro ejemplo de honradez poltica y de confianza plena en la ciudadana, ha supuesto ya un gran xito revolucionario. La victoria ha sido solamente la lgica consecuencia, inherente a la coherencia y a la dignidad bolivarianas. Confianza por confianza, y viceversa.

Sin embargo, el da 15 es ya una fecha del pasado. Es hora de seguir trabajando, de avanzar ms y ms en el proceso revolucionario, de continuar cumpliendo las promesas, de colmar las ansias de libertad y de justicia de las buenas gentes... Ahora toca demostrar que si otra Venezuela est siendo posible, otro continente y otro planeta son posibles tambin.

Pero que nadie se confunda. Hugo no es el Mesas. Tampoco es Simn Bolvar reencarnado. Mitificarlo, es un error; sentarse cmodamente a esperar de l ms all de lo que es exigible a un mortal ser humano es, adems, una grave irresponsabilidad. La Repblica Bolivariana de Venezuela pertenece nicamente a sus ciudadanos, y son ellos, los probos venezolanos, hombres y mujeres, los que tendrn que defender con uas y dientes los logros habidos y luchar sin tregua por los muchos que restan por llegar. Afortunadamente, la libertad de un pueblo es colegiada y no admite depositarios individuales.

La dignidad no se delega. Indios o criollos, negros o blancos, europeos, asiticos o africanos, somos las personas comprometidas que vivimos repartidas por el orbe, las que, en definitiva, hemos de pelear por ese mundo justo y solidario que queremos dejar a las generaciones venideras.

El espritu independentista y libertario de los americanos olvidados ha de imponerse al fin sobre una tierra soberana que no necesita de gringos ni de esculidos traidores que la manejen y la expriman. Tenemos que enterrar de una vez por todas a Malinche.




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