En octubre del año pasado, al término de una reunión celebrada en Rabat por los Ministros de Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos y de Marruecos, Mohamed Benaissa, nos anunciaban la celebración de una conferencia ministerial euroafricana sobre migración y desarrollo que reuniría a todos los países afectados por la inmigración irregular.
En primer lugar, parece razonable poner en duda la legitimidad o credibilidad de Marruecos para convocar una cumbre sobre inmigración al tiempo que asistimos al trato degradante que la dictadura alaui dispensa a los inmigrantes en la frontera de Melilla (presuntos asesinatos incluidos) o el traslado de los mismos al Sáhara Occidental, donde son abandonados a su suerte en pleno desierto, como en reiteradas ocasiones han denunciado las autoridades saharauis. Asistimos por tanto perplejos a algo así como una conferencia de caperucitas en casa del lobo.
Sin embargo, en un contexto marcado por el fracaso de Marruecos en la reciente cumbre de la Unión Africana, celebrada en Banjul –capital de Gambia-, donde a pesar de las presiones ejercidas por la dictadura alauí, se aprobó por unanimidad el informe del Consejo Ejecutivo respecto al asunto del Sáhara Occidental, y por iniciativa de los Gobiernos del Estado Español y de Marruecos, durante los pasados 10 y 11 de julio, dicha conferencia euroafricana ha reunido en Rabat, a ministros y representantes de más de 50 países de la Unión Europea y África.
Cabe recordar al respecto que Marruecos es el único país africano que no pertenece a la Unión Africana, tras su auto exclusión vinculada a la aceptación –como estado soberano- en dicha organización multilateral de la República Árabe Saharaui Democrática, parte de cuyo territorio sigue militarmente ocupado por Marruecos. Precisamente el conflicto del Sáhara Occidental ha sido la razón que ha llevado a Argelia a no participar en esta conferencia euroafricana, argumentando, no sin razón, que una conferencia de este tipo debería de estar copatrocinada por la Unión Africana.
Uno no puede sino estremecerse cuando lee atónito que en dicha conferencia se tratan temas como el desarrollo y las prácticas de buen gobierno. Sí, han leído bien, en Marruecos, el segundo país del mundo que más resoluciones de las NNUU ha incumplido (únicamente superado por Israel), el país que viola sistemáticamente la legalidad internacional ocupando militarmente el Sáhara Occidental, el país que ha expulsado desde mayo del año pasado de El Aaiun ocupado a 21 delegaciones de observadores internacionales de los DDHH, el país dirigido por Mohamed VI (según su constitución, líder espiritual), ha sido elegido por el Gobierno Español para hablar de prácticas de buen gobierno. No nos engañemos, el régimen alauí, que algunos nos quieren vender como abierto e incluso democrático, continúa una trayectoria feudal que se mantiene en la actual monarquía que domina el país con inusitada crueldad, como bien atestiguan las continuas denuncias que organizaciones internacionales de los DDHH ponen sobre la mesa al tratar tanto la inmigración como la ocupación ilegal del Sáhara Occidental.
A la Unión Europea que acaba de firmar un acuerdo de pesca con Marruecos (que incluye las aguas territoriales del Sáhara Occidental, despreciando el derecho y la legalidad internacional) parecen no importarle estas denuncias y ha estado representada en dicha conferencia por los 25 países de la Unión junto con Islandia, Bulgaria, Rumanía, Noruega y Suiza. Tampoco al Gobierno Español que ha enviado una delegación formada por tres ministros (Asuntos Exteriores, Interior y Trabajo y Asuntos Sociales) y dos secretarios de Estado (Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional). Como no podía ser menos, Francia – principal valedora del régimen alauita- ha enviado una delegación también del máximo nivel, con los ministros de Interior y Exteriores a la cabeza, Nicolas Sarkozy y Douste-Blazy, respectivamente.
Otra África es posible y bien que se lo merecen los millones y millones de africanos y africanas que llevan siglos colonizados, explotados, y después sencillamente olvidados por la Comunidad Internacional. Ahora bien, si de verdad queremos un desarrollo para el continente africano, acabemos de una vez por todas con las dictaduras que como la marroquí usurpan los recursos naturales, a veces extraordinarios por su volumen, en beneficio propio, al tiempo que reprimen brutalmente a sus propias poblaciones, obligando a estas a emigrar en busca de un futuro mejor. Según estimaciones recientes, la familia real dirige directa o indirectamente un volumen de empresas que representan el 65% de la capitalización de la Bolsa de Casablanca, es decir, controla empresas valoradas en alrededor de 9.000 millones de euros.
Poco o nada hacemos en favor de África, cuando hacemos la vista gorda o simplemente mantenemos regímenes dictatoriales que lejos de trabajar en favor del desarrollo de sus pueblos, engordan sus cuentas corrientes con euros teñidos con la sangre de sus propias poblaciones.
Quizás un buen inicio sería no haber celebrado la cumbre de caperucitas en la casa del lobo. ¿O acaso se trataba de seguir complaciéndole? Ustedes dirán.
* Joxe Piñas es miembro de la Asociacion de Amiga/os de la RASD de Araba (Alava)