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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2006

Modernidad y Holocaustos del siglo XX. Construccin del imperio y asesinato masivo

James Petras
Revista Laberinto


Introduccin

Los holocaustos conllevan el exterminio a gran escala de un gran nmero de civiles no combatientes durante un largo periodo de tiempo, esponsorizado sistemticamente por el estado. Este exterminio se basa en la identidad de clase, tnica, racial o religiosa de las vctimas. La violencia es el precedente de todos los holocaustos de los siglos XX y XXI, violencia por parte del estado o de la sociedad civil contra los pueblos vctimas. Antes de los holocaustos, algunos sectores importantes de la sociedad estatal y civil suelen expresar su oposicin a la violencia contra estas vctimas. No obstante, una vez que los autores de los holocaustos consiguen hacerse con el poder estatal, son capaces de neutralizar, silenciar, reprimir y cooptar a los que previamente eran oponentes.

Varios tericos han intentado explicar el holocausto (o los holocaustos) centrndose exclusivamente en un caso particular, el exterminio de grandes sectores de las comunidades judas por parte de la Alemania Nazi en Europa occidental, central y oriental. Desde un punto de vista metodolgico, al centrarse en el caso particular de los judos en Europa, el enfoque no funciona empricamente, ya que no sirve para explicar los holocaustos anteriores, coetneos o posteriores perpetrados contra otras vctimas de Europa, Asia y Amrica Latina.

Son sobre todo, pero no exclusivamente, los acadmicos judos los que hablan acerca de la singularidad de las vctimas judas de los nazis. Al hacerlo se burlan de los datos histricos y justifican las cuantiosas compensaciones monetarias [2] y el ejercicio de la expansin colonial en Palestina y otros lugares de Oriente Medio. Y lo hacen aplicando las mismas tcnicas que utilizaban los opresores nazis: prcticas de culpa colectiva, legislacin basada en la raza, tortura masiva legalizada y limpieza tnica.

Crtica a la singularidad del Holocausto Judo

Los holocaustos modernos no comenzaron en los siglos XX y XIX con las prcticas genocidas inglesas, norteamericanas y belgas que tuvieron lugar en la India, ni en el oeste de los Estados Unidos, ni en el momento en que el Congo atestigu sus races premodernas [3] . Si bien es cierto que existen grandes diferencias entre los holocaustos de los siglos XX y XXI, estos comparten una fuerza conductora subyacente: la construccin imperialista o la respuesta a los que retan al imperio.

Las declaraciones de singularidad del Holocausto Judo-Nazi (HJN) se basan en algunos argumentos frgiles que pueden ser desmontados de un modo rpido y sencillo.

Los que solo hablan del HJN, fundamentan sus argumentos en la cantidad de muertes: 6 millones de judos [4] . Exactamente el mismo tiempo tardaron los nazis y sus aliados en exterminar a 20 millones de civiles soviticos, la mayora rusos [5] . Del mismo modo los japoneses exterminaron a 10 millones de chinos entre 1937 y 1942 [6] . Durante la ocupacin y el bombardeo masivo de EEUU en Indochina [7] y Corea [8] perdieron la vida entre 3 y 4 millones de civiles (en cada sitio). No tiene ninguna validez argumentar que el Holocausto judo es superior en cuanto al nmero de vctimas y por lo tanto singular.

La segunda justificacin de la singularidad del HJN es el papel del estado en el proceso de exterminio sistemtico de vctimas judas. Al igual que el anterior, este argumento carece de validez histrica. Durante el periodo de decadencia del imperio otomano, el gobierno de los Jvenes Turcos introdujo una poltica de exterminio masivo que desencaden genocidio del pueblo armenio entre 1915 y 1917, en el cual se registraron ms de un milln y medio de vctimas [9] . Del mismo modo, al amparo de la poltica de contra insurgencia estadounidense durante los bombardeos masivos (Vietnam, Laos y Camboya) fueron asesinados ms de 4 millones de civiles. Las polticas de tierra quemada dirigidas por EEUU en Amrica Central durante la dcada de los ochenta, provocaron el asesinato sistemtico de ms de 200.000 indios mayas y la destruccin de ms de 250 comunidades rurales [10] . Asimismo, el embargo estadounidense contra Iraq entre 1991 y 2003, que haba sido planeado cientficamente, as como su invasin y ocupacin (desde marzo de 2003 hasta hoy) dejaron un nmero de muertes infantiles superior a 500.000 entre los aos 1991 y 2000, y ms de 200.000 muertes civiles desde la invasin [11] .

Otros defensores de la singularidad del HJN acuden a la ideologa racial y exterminadora, olvidando la tan asentada base racial de las polticas genocidas de Japn contra China, los regmenes ttere en Amrica Central y las virulentas y racistas campaas de exterminio contra los mayas, por citar slo algunos ejemplos ilustrativos.

Algunos historiadores judos como Goldhagen, se apropian de los mtodos historiogrficos nazis para afirmar la tesis de la singularidad sobre la base de la culpabilidad del conjunto del pueblo alemn y su historia [12] . Esta propaganda, proclamada por un profesor de Harvard, pasa por alto el hecho de que los nazis obtuvieron tan solo el 37,3% de los votos en julio de 1932, y perdieron casi un tercio del electorado en noviembre de 1932, justo antes de asumir el poder [13] . Goldhagen pasa por alto que ms de un tercio de los alemanes (sobre todo obreros) votaron a los candidatos socialistas-comunistas, que se oponan firmemente a los nazis y apoyaban los derechos de los judos [14] . En trminos histricos, el argumento resulta incluso ms dbil. Antes de la dcada de 1920, los movimientos que se mostraban abiertamente antisemitas, los lderes de opinin y los polticos, estaban excluidos de la vida poltica alemana. Adems, es obvio que el argumento ignora el alto nivel cultural alemn basado en la tolerancia, el cual inclua a muchos judos y contribuy en gran medida a la herencia cultural en la msica, las ciencias, la literatura y la filosofa.

Por ultimo, la nocin de culpa colectiva de toda la sociedad civil se niega a reconocer que la primera y mayor redada poltica de los nazis acab con decenas de miles de alemanes, la mayora comunistas, sindicalistas y militantes antifascistas, todos ellos exterminados en los primeros campos de concentracin, incluidos Buchenwald y Baden-Baden. El argumento posterior a los hechos se basa en la falta de resistencia abierta por parte de los alemanes una vez que el rgimen terrorista hubo consolidado el poder. Este argumento tena poco que ver con la aquiescencia alemana del antisemitismo, y se acercaba ms a la efectividad de la represin estatal.

Pero, aun en el caso de que casi el 50% de la sociedad civil alemana consintiese o incluso apoyase (sera muy dudoso asumirlo) el genocidio estatal, no se trata de un caso aislado. De hecho, el exterminio de un nmero de eslavos tres veces mayor fue apoyado en la misma proporcin (los cientficos nazis encargados de la higiene racial consideraban que los eslavos eran similares a bestias, infrahumanos destinados a trabajar hasta morir). Sectores importantes tanto de la sociedad civil turca como de la curda participaron en el asesinato y saqueo de los armenios. En el caso de EEUU, la mayora de la sociedad reeligi al presidente Reagan tras declarar pblicamente su apoyo al dictador guatemalteco Rios Mont, que haba exterminado al pueblo maya. Una mayora abrumadora de la sociedad civil israel financia y sirve a la colonizacin militar y al desposeimiento de 4 millones de palestinos en el Holocausto Palestino-Israel [15] . La sociedad civil de Japn en conjunto apoy la masacre de Nanking y sus secuelas.

Es insostenible argumentar que el nico vnculo entre los nazis y la sociedad civil fuese el exterminio de los judos, ms an si atendemos a la mirada que se esconde tras los ojos cegados de una historiografa predispuesta. Es tan abrumadoramente obvio, que uno necesita indagar en la sociologa del conocimiento en lo que respecta a la singularidad del Holocausto Judo: a qu fines polticos y econmicos sirve en cuanto al aumento actual de poder de Israel? El uso y abuso de la historia, concretamente en el caso de la singularidad del NJH, conlleva una serie de consecuencias extremadamente perjudiciales para la perpetracin del Holocausto Palestino.

La manipulacin de la cuestin de las vctimas del holocausto ha contribuido de un modo desproporcionado en la influencia que los grupos de presin pro-israeles ejercen para asegurar que tanto EEUU como la UE financien la limpieza tnica del pueblo palestino. Las explicaciones etno-raciales de los holocaustos, incluida la que se basa en la culpa colectiva, puede ser sustituida rpidamente por la del castigo colectivo de familias, comunidades y pueblos, que no guardan relacin alguna con las ofensas alegadas a vctimas nicas convertidas en poderes regionales. Una muestra evidente de ello est en la mentalidad de muchos expertos del terrorismo israeles y judos, quienes profesan saberlo todo acerca de la Mente rabe.

Crtica a las explicaciones psico-culturales

Aquellas explicaciones del holocausto basadas en el comportamiento masivo irracional o, de un modo ms general, en la psicologa masiva, obvian el punto central de la manipulacin de las lites, anclada en el estado, en la economa y en la sociedad civil. En ninguno de los holocaustos de los siglos XX y XXI las masas se encontraron en condiciones de iniciar, organizar y dirigir los holocaustos. Sin embargo es cierto que fueron algunos sectores de las clases bajas los que desarrollaron las polticas, llegando en algunos casos a beneficiarse directamente de los destrozos de los campos de concentracin. En primer lugar, los holocaustos son actividades estatales que aprovechan cualquier actitud contradictoria de la poblacin (prejuicio contra el grupo objetivo), y la instrumentaliza para crear una cohesin con la lite expansionista, o con polticas imperialistas.

Las clases dirigentes que apoyaron los holocaustos esponsorizados por el estado no lo hicieron llevados por un odio de clase u odio tnico irracional, sino simplemente porque el holocausto es un modo de legitimar la idea de dominio incondicional del estado, as como la base de la explotacin econmica en los mercados interior y exterior. De hecho, los determinantes psicolgicos y culturales de los holocaustos estn fundamentados en los grandes intereses econmicos y geopolticos imperialistas del estado. No hay ningn atributo cultural o psicolgico singular bien asentado en las sociedades que fomentan el holocausto. Hay muchas culturas paralelas compitiendo, y multitud de psicologas. Bajo el imperativo de la expansin del estado imperial, que cuenta con el respaldo de las instituciones religiosas, partidos polticos y medios de comunicacin influenciados por el estado, principalmente (pero no solo) las masas de poblacin manipuladas tienen un papel activo en el proceso de asesinato masivo.

Defender las explicaciones culturales y psicolgicas de los holocaustos sirve para distraer a la poblacin del papel central que tienen la poltica imperialista y el estado. Centrarse exclusivamente en la ideologa es un modo de pasar por alto el marco social en que se nutren, financian y apoyan las funciones de la ideologa genocida. Desechar las bases polticas y econmicas fundamentales, los imperativos de la conquista imperialista y la necesidad de cohesin interna, as como los holocaustos en proyecto, no sirve para materializar. Por otra parte, las estructuras imperialistas permanentes favorecen la recurrencia de los holocaustos, como se ha podido comprobar durante los cuatro holocaustos principales de los siglos XX y XXI en los que entraba en juego el imperialismo estadounidense: la ejecucin de 4 millones de coreanos (1950-1953); 4 millones de indochinos (1960-1975), 300.000 mayas en Guatemala (1980-1983), y cientos de miles de iraques (1991-2002) y (2003-presente).

En su lucha por la conquista imperial, las lites del holocausto crean colaboradores en determinadas clases sociales, que se benefician directamente. Los terratenientes y campesinos turcos y curdos se apoderaron de la propiedad armenia. Los doctores alemanes tomaron posesin de las prcticas y los puestos de sus colegas judos, a los que asesinaron. Las lites empresariales japonesas se hicieron con las compaas mineras de Manchuria. Los militares estadounidenses saquearon las inestimables antigedades y riquezas de Asia. El saqueo y desposeimiento de vctimas a gran escala producen relaciones verticales entre la lite del imperio y los sectores menos representativos de este, creando de este modo una realidad pasajera mediante la cual el pueblo se involucra en el genocidio colectivo.

Aquellos que se ocupan de reclutar colaboradores entre las vctimas son los organizadores de los holocaustos. Los alemanes formaron la polica juda (kapos) y los concilios para preparar el holocausto, y los soldados ucranianos y rusos blancos prepararon el terreno para el Holocausto Ruso. Japn form regmenes ttere mientras acababa con la vida de decenas de millones de chinos. Los jefes estadounidenses de los regmenes ttere, Sygman Rhee en Corea y Diem en Vietnam, servan de fachada poltica mientras sus pases eran devastados por bombarderos B52 con millones de toneladas de explosivos, napalm y venenos como el agente naranja, que acabaron con la vida de millones de personas. En algunos casos, los holocaustos son operaciones conjuntas de las lites y las clases altas, que se sienten amenazados por las vctimas. As por ejemplo, en Guatemala, los especialistas en asesinatos masivos de EEUU e Israel se unieron a las lites guatemaltecas (descendientes de europeos blancos) y emprendieron una masacre que acab con toda la poblacin india; se hicieron con sus tierras, y las distribuyeron, formando parte todo ello del proceso del holocausto.

En resumen, los holocaustos tienen una estructura muy bien fundamentada, estn multiestratificados y arraigados en un gran nmero de colaboradores y beneficiarios de los estratos inferiores. Ms que acontecimientos que engloben a toda la sociedad, son procesos de arriba abajo, en los que el estado tiene un papel dominante para asegurar la cohesin interna necesaria para la expansin externa.

Explicaciones alternativas del Holocausto

Explicar los holocaustos a partir de las nociones de culpa colectiva cultural o fenmeno psicosocial, resulta empricamente insustancial o, a lo sumo, derivado y parcial. La mayor carencia de estas explicaciones es la falta de comprensin de la dinmica estructural del imperialismo.

Una relacin ntima y profunda con el imperialismo es comn a todos los holocaustos de los siglos XX y XXI, ya sea una conquista externa o una cohesin interna orientada hacia la construccin imperialista. Aunque no todos los holocaustos nacen del imperialismo (algunos nacen de acumulaciones de capital interno, la colectivizacin forzosa de Stalin entre 1929 y 1934), desde el siglo XIX hasta hoy todos los imperialismos han derivado en holocaustos.

Holocausto, cohesin e imperialismo

El HJN es una clara muestra de cmo una lite dirigente hace vctima a una minora para crear una cohesin de clase, desviando a las masas de los conflictos internos de trabajo-capital y de los costes reales o potenciales de las polticas imperialistas. En lugar de centrarse en la explotacin capitalista, la lite dirigente orientaba el descontento de los trabajadores y las clases medias hacia los banqueros y capitalistas judos. Esta propaganda resultaba especialmente efectiva en profesiones como la medicina o pequeos comerciantes, en las que exista una competitividad muy intensa entre judos y no judos, especialmente por los puestos y los beneficios del mercado. El paso de la exclusin intensificada y la discriminacin tnica a la prctica del genocidio coincidi con la expansin masiva militar, econmica y poltica, y con la conquista que tuvo lugar entre finales de los aos treinta y principios de los cuarenta. A medida que aumentaban los costes de la construccin imperialista, creca tambin la necesidad de distraer a la poblacin mediante la perpetuacin del asesinato masivo. De forma paralela al HJN, la conquista imperial de grandes reas de Europa Occidental (y en especial de Rusia), produjo un holocausto an mayor, el asesinato de treinta millones de eslavos y la esclavizacin de muchos millones ms que fueron incorporados a la mquina de guerra imperialista-capitalista.

El holocausto acompa a las conquistas imperialistas japonesas y al rgimen colonial en China desde finales de los aos treinta hasta 1945. El asesinato sistemtico de millones de campesinos, tenderos, obreros y profesores chinos (es decir, todas las clases excepto las lites colaboradoras), fue una forma extrema de desposeimiento colonial de propiedad y de vida, que sirvi de motor a la construccin imperialista, y de subsidio y mantenimiento de la lealtad entre las masas japonesas dentro del pas [16] .

Los holocaustos tuvieron lugar como resultado de los desafos revolucionarios masivos a dirigentes impopulares de regmenes ttere, que minaban las pretensiones de la invencible dominacin imperial. La intervencin militar de EEUU y la ocupacin de Corea e Indochina en apoyo a los regmenes fallidos, condujeron al asesinato de ocho millones de vctimas civiles y a la destruccin total de grandes reas de la economa mediante el bombardeo masivo genocida y la guerra qumica, que convirtieron las reas industrializadas en escombros, diezmaron las tierras de cultivo, y causaron daos genticos a largo plazo en las generaciones posteriores. Sin embargo, y a pesar de la magnitud y el alcance de los campos de concentracin, no se consigui vencer a las armadas populares de liberacin nacional. A la cohesin interna se una una profunda purga poltica de los disidentes estadounidenses sobre la sociedad civil y el empleo pblico, sobre todo durante el Holocausto Estadounidense en Corea. Sin embargo, los elevados costes humanos en lo que respecta a la prdida de soldados imperiales estadounidenses y los disparatados gastos (si no al holocausto en s), forzaron a los dirigentes imperialistas a firmar un armisticio [17] .

Cuanto mayor sea el tamao, la efectividad y la popularidad de los movimientos de liberacin nacional y la amenaza a los dirigentes de los regmenes ttere, ms probable ser que los poderes imperiales recurran sistemticamente a los asesinatos masivos y a la guerra total. A medida que los legisladores desarrollan visiones estratgicas integradas, en las que se considera al imperio dependiente de la seguridad de cada dirigente ttere en cada nacin, ms probable ser que se aplique la estrategia de la guerra total, la cual oblitera las lneas entre civiles y combatientes, las economas de subsistencia y las industrias de guerra [18] .

Los imperios se construyen en torno a redes, cadenas de suministro, materias primas y explotacin laboral, avanzadas militares, y dirigentes ttere. Cuentan con el apoyo de los ejrcitos imperiales y de sus defensores nacionales, segn indica el complejo de superioridad de la nacin dominante sobre sus sujetos coloniales. Los holocaustos imperiales son consecuencia de las amenazas a las redes globales, pero no estn necesariamente relacionados con las ganancias econmicas inmediatas que se obtienen en un emplazamiento de ejecucin determinado. A esto se debe que los holocaustos no se puedan explicar mediante un simple anlisis del balance de costes-beneficios, de prdidas y ganancias econmicas. Por ejemplo, todos los poderes imperiales llevan a cabo algo que ellos describen como asesinatos masivos ejemplares de civiles, para provocar la rendicin, la sumisin, el desposeimiento y la obediencia ante el rgimen imperial. El asalto militar masivo perpetrado por EEUU en Iraq fue llamado con gran acierto conmocin y sobrecogimiento. En Rusia los nazis desarrollaban polticas de tierra quemada. El dirigente clientelar Rios Mont, al amparo de EEUU, obliter cientos de pueblos de los mayas en Guatemala. Los asesinatos ejemplares de palestinos provocaron que millones de personas huyeran de las tierras que posteriormente fueron ocupadas y explotadas [19] .

Cuando los poderes imperiales se involucran en el horror del holocausto, justifican sus crmenes en nombre de una causa sagrada que reposa sobre la mayor y ms noble misin histrica. De otro modo es de suponer que la repugnancia que inspiran sus actos podra arrojar algunas dudas entre los ejrcitos imperiales. El HJN se entendi como un modo de liberar al pueblo alemn de los tentculos de la conspiracin juda; por su parte, la conquista y el Holocausto Ruso se entendi como una forma de crear un espacio vital para el espritu libre de los alemanes. El holocausto estadounidense en Asia fue presentado como la liberacin del pueblo del yugo del totalitarismo. El Holocausto Palestino-Israel fue y sigue siendo descrito como el modo de enviar al pueblo judo a su Tierra Prometida. Todos los holocaustos imperiales se describen y justifican en nombre de una falsa liberacin nacional, en la que los dirigentes imperiales se hacen cargo del pueblo elegido, bien por Dios, por la historia o por la gentica.

La desintegracin de los imperios provoca holocaustos. Estos son instrumentos de los intentos de reconstruccin nacional destinados a proporcionar sangre nueva para acabar con los dirigentes en decadencia y las minoras privilegiadas. El genocidio turco-armenio (1915-1917), perpetrado por los Jvenes Turcos, es un ejemplo clave de revitalizacin nacional de un imperio en decadencia llevado a cabo mediante el holocausto contra los supuestos separatistas. Asimismo, se puede decir que el HJN fue en parte el resultado de la derrota y el desmembramiento del Imperio Alemn, y el intento de los nazis de culpar a las traiciones (judas) internas.

En resumen, el imperialismo se basa en el consenso interno y la cohesin social para movilizar a una nacin entera hacia las guerras externas y la conquista, especialmente en aquellos lugares donde las grietas de clase son ms agudas. Una guerra u holocausto contra las minoras tnicas internas sirve para desviar el descontento de la lucha de clases hacia las guerras tnicas e imperialistas. Los holocaustos reposan siempre sobre una ideologa de regeneracin moral, y el exterminio masivo sirve para intensificar la idea de pueblo moral que castiga al pueblo degenerado o inferior. Los mitos acerca de las afirmaciones exclusivas que se basan en religiones populares o imperativos histricos se instrumentalizan en aras de la construccin del imperio moderno.

Por qu el imperialismo deriva en holocausto

Por naturaleza, el imperialismo conlleva el desposeimiento y adquisicin de recursos econmicos, mano de obra, dominio poltico y econmico, y territorio [20] . La construccin del imperio es un proceso que requiere asesinatos masivos y diplomacia para asegurar la aquiescencia de la elite y la aquiescencia internacional. Los holocaustos internos se pueden entender como un tipo de acumulacin primitiva de capital que sirve para aprovechar los recursos econmicos de una minora victimizada, y la posterior transferencia de estos a las lites que dirigen las conquistas imperiales. En lo que respecta a los holocaustos imperiales transnacionales, la incautacin de bienes, territorios, y el saqueo de bienes agrcolas, minerales e industriales, conduce al empobrecimiento general, refugiados, a un supervit de fuerza de trabajo masivo y a la aparicin de enemigos potenciales. Las decisiones del holocausto tienen como objeto la reduccin del exceso de poblacin provocado por las requisiciones econmicas y el saqueo, mediante la aniquilacin fsica de los reclutas reales y potenciales de la guerrilla de los desarraigados.

En este contexto el imperialismo se enfrenta a una gran contradiccin. Por un lado, emprende un holocausto para desposeer a millones de personas; por otro, necesita explotar a los trabajadores y proporcionar sepoys, que sirven para mantener vivos los ejrcitos de ocupacin imperial. Esto se soluciona explotando a los pueblos conquistados como si fuesen esclavos, con mano de obra barata, o acabando con la vida del excedente de poblacin no obrera. En la mayor parte de los casos, el holocausto es un proceso paralelo al exterminio masivo y los trabajos forzados. En aquellos casos en los que la actividad del holocausto ha llegado a agotar la mano de obra local, o en los que ha surgido la resistencia de las masas, frecuentemente el poder imperial-colonial ha recurrido a la importacin de mano de obra, bien a la fuerza, bien procedente de otras regiones conquistadas con salarios bajos.

Los holocaustos como objeto de estudio de la modernizacin y la construccin imperialista

Desde el primer holocausto del siglo XX (el genocidio armenio en Turqua), los asesinatos masivos se han considerado parte del proceso de modernizacin y unificacin de una nacin, basado en la violencia estatal. En la consecuente limpieza tnica de todas las minoras del antiguo Imperio Otomano se sigui una lgica republicana secular en la que los militares asuman el papel de defensores del ethos modernista frente a los enemigos imaginarios disfrazados de minoras [21] .

El mito de la fundacin y justificacin del Estado de Israel sirvi para afirmar que Palestina era una tierra sin pueblo y los judos un pueblo sin tierra; un mito que se convirti en una profeca de autorrealizacin (y til en s misma), ya que los judos israeles estaban expulsando a la fuerza a millones de rabes palestinos de las tierras ocupadas [22] .

Se sigue justificando el Holocausto Palestino-Israel por la existencia de un estado judo democrtico, aunque exclusivista, que mantiene unos vnculos excepcionales con una red mundial de lites modernas caracterizadas por su riqueza y su xito financiero [23] . La interaccin del comportamiento del holocausto con una modernidad asentada en unas redes globales muy densas resulta muy famosa entre las lites imperiales que se empean en reconstruir los imperios de Oriente Medio, sobre todo entre los civiles militaristas de EEUU.

El HJN fue una manifestacin ms de la dinmica modernidad industrial, que se aprovech para llevar a cabo la conquista imperial: la tecnologa superior alemana y los grandes avances cientficos se basaron en la cohesin interna promovida por el antisemitismo desde dentro, y por el antieslavismo desde fuera. El resultado: un doble holocausto, las campaas de exterminio de judos por una parte, y de rusos-eslavos por otra. La destruccin histrica e irreversible de la izquierda y sus organizaciones de masas fue una condicin previa esencial para toda la dinmica de expansionismo del Holocausto Nazi.

Los imperialistas tardos como Alemania, Japn o EEUU, han mostrado la misma tendencia a llevar a cabo guerras genocidas y campaas de exterminio de tal magnitud que se pueden equiparar a un holocausto. A excepcin de Japn, una sociedad homognea en lo que a etnias se refiere, los estados donde el imperialismo fue tardo emprendieron campaas de exterminio genocidas a gran escala contra varias minoras internas diferentes (indios y afroamericanos en EEUU, judos en Alemania). De este modo crearon una cohesin nacional, as como el complejo de superioridad racial necesario para llevar a cabo las conquistas imperialistas y los holocaustos (Alemania contra los eslavos, EEUU contra Asia y contra los indios de Amrica Central).

El Holocausto Japons en China culmin con la infame Violacin de Nanking, en la que fueron violados y asesinados brutalmente ms de 300.000 chinos en cuestin de das, en el ao 1938. Esto fue precedido y seguido inmediatamente del exterminio sistemtico, dirigido por el estado, de ms de 7 millones de civiles chinos de todas las edades y clases sociales. A pesar de que en el Holocausto Chino-Japons hubo un nmero de vctimas an mayor que en el Holocausto Judo, hay dos razones que explican la inexistencia de monumentos, fundaciones y compensaciones millonarias en conmemoracin del Holocausto Chino-Japons: la ausencia de un grupo de presin fuerte a favor del holocausto en Occidente, y la coincidencia con la realineacin de Occidente y Japn contra la Repblica Popular China. Es obvio que las afirmaciones auto convincentes de los publicistas judos acerca de la singularidad del HJN han contribuido a la expansin de la amnesia colectiva.

El ascenso de EEUU a la posicin de poder imperialista dominante estuvo directamente relacionado con los holocaustos tricontinentales o mltiples, en Asia, EEUU en Corea (1950-1953) y EEUU en Indochina (1961-1975); en el sur de frica con los holocaustos proxy (Angola, Mozambique y Congo-Zaire) entre 1961 y la dcada de los noventa; en Amrica Central (1979-1990) y en Oriente Medio (Iraq 1991-2006) [24] .

Por cuestiones metodolgicas, hemos excluido el exterminio estatal que supusieron los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, y la campaa de exterminio proxy en Indonesia en el ao 1966, que provoc la muerte de ms de un milln de supuestos sindicalistas desarmados, miembros del partido comunista, afiliados y sus familiares. El recuento de vctimas del imperialismo tardo de EEUU es comparable al de sus predecesores japons y alemn: cuatro millones en Indochina, cuatro millones en Corea, incontables millones en el holocausto perpetrado en las regiones del sur de frica, ms de 300.000 en los holocaustos proxy de Amrica Central (200.000 mayas en Guatemala, 75.000 en El Salvador, 50.000 en Nicaragua, 10.000 en Honduras, y 10.000 en Panam, -los ltimos mediante una invasin militar directa-) e Iraq ms de 700.000 y en aumento. Las estrategias empleadas por el imperialismo estadounidense conducen directamente a los campos de concentracin del holocausto, porque no existe distincin alguna entre las vctimas civiles y militares. Esto se debe a que la resistencia del imperio estadounidense se construye sobre creencias muy arraigadas y extendidas, sobre los intentos deliberados de conquista imperialista para diezmar la gran reserva de apoyos en la resistencia, de suministradores de comida e informacin.

Una de las explicaciones de la multiplicacin de los holocaustos propias del imperialismo tardo es que estos tienen lugar en un contexto histrico ms resistente a revivir el dominio colonial-imperial. Es decir, las naciones que nacen de los movimientos masivos anticoloniales que previamente se haban apartado claramente del imperialismo europeo y japons, estn mejor preparadas tanto social como poltica y militarmente para hacer frente a los nuevos abusos imperialistas de EEUU. La ideologa y la cultura antiimperialista y nacionalista estn muy arraigadas en las naciones poscoloniales desde mediados del siglo XX en adelante, y se diferencian radicalmente de las sociedades feudales-mercantiles conquistadas por los poderes imperialistas europeos a finales del siglo XIX y principios del XX. El desposeimiento y la desarticulacin de sociedades en las que la movilizacin nacionalista o socialista es muy elevada, requieren un uso mayor y ms extensivo de los mtodos utilizados en los holocaustos. Ya no basta con asesinar o exiliar a unos cuantos miles de lderes. Ahora poblaciones enteras pueden ser ejemplos, o, como dicen los mongers (comerciantes de problemas) israeles con respecto a los palestinos desde la eleccin democrtica del gobierno de Hams, tienen que asumir los costes, a saber, asaltos militares y asesinatos de civiles diarios, y bloqueo sistemtico de comida y medicamentos, lo que desemboca en un estado de malnutricin generalizada [25] .

Los avances tecnolgicos en la maquinaria de exterminio masivo no determinan la frecuencia de los holocaustos, si bien es cierto que aceleran el proceso. Los holocaustos que requieren mucho trabajo como el Holocausto Chino-Japons en Nanking- pueden llegar a ser tan mortales como las cmaras de gas de alta tecnologa, de capital intensivo de la Alemania Nazi, o el bombardeo masivo de ciudades en Corea, Indochina e Iraq. An as, es cierto que la alta tecnologa acelera el proceso de exterminio y disminuye la posibilidad de que las flaquezas humanas (compasin, mala conciencia) debiliten el camino hacia la ejecucin. Los holocaustos son una fuente de incentivos para evaluar, experimentar y aplicar nuevos procesos de exterminio en situaciones en tiempo real. Por ejemplo, EEUU experiment con armas nucleares en campos de batalla mediante el uso de uranio debilitado en las dos guerras del Golfo y en los Balcanes.

El holocausto perpetrado por Israel tiene todas las caractersticas sustantivas de los holocaustos citados anteriormente: uso del terror estatal a gran escala y a largo plazo; desposeimiento de ms de 4 millones de palestinos; reclusin forzosa de ms de 3 millones de palestinos en guetos; segregacin racial y tnica, separacin en todas las esferas de la justicia, propiedad, transporte y movilidad geogrfica; derechos civiles basados en lazos de sangre (linaje maternal); tortura legalizada o cuasi legalizada y uso sistemtico del castigo colectivo; una sociedad altamente militarizada propensa a emprender continuamente asaltos militares en las comunidades vecinas de Palestina y en otros estados rabes; asesinatos unilaterales extraterritoriales y extrajudiciales; rechazo crnico y sistemtico del derecho internacional; una ideologa de guerra permanente y paranoia internacional (hay antisemitismo en todas partes) y una ideologa de superioridad tnica (el Pueblo Elegido) [26] .

Tanto en la prctica del terrorismo estatal masivo como en sus justificaciones legales-ideolgicas de los asesinatos de oposicionistas, del desposeimiento masivo y de las reivindicaciones de la superioridad de las Leyes de Israel en relacin con las normas de derecho internacional, el estado israel cuenta con todas las cualidades que caracterizan a los autores de los holocaustos. El gueto palestino, los campos de concentracin para miles de supuestos militantes, la destruccin de los fundamentos econmicos de la vida diaria, los desalojos masivos forzosos, la limpieza tnica sistemtica; todo ello conforma el patrn de los holocaustos presentes y pasados.

El Holocausto Estadounidense en Iraq (HEI) es un proceso vivo que desde hace 16 aos (1990-2006) nos proporciona un ejemplo clarsimo de exterminio sistemtico planificado por el estado, de tortura y destruccin fsica, diseado para des-modernizar la sociedad secular en desarrollo y convertirla en una serie de entidades basadas en la guerra de clanes, la guerra tribal, del clero o tnica, carente de autoridad nacional o de una economa viable.

La magnitud y el alcance de las polticas de exterminio de EEUU en Iraq garantizan al cien por cien que se trata de un holocausto: 500.000 nios muertos como resultado de un bloqueo econmico asesino durante la Administracin Clinton (1992-2000) y alrededor de 250.000 muertes ms entre 2003 y el presente ao 2006 [27] . El holocausto estadounidense fue aprobado abiertamente por el principal arquitecto de la poltica desarrollada, la Secretaria de Estado Madeline Albright, que, al verse frente a la magnitud y el alcance del nmero de muertes infantiles durante el bloqueo econmico devastador (1991-2992), declar ha merecido la pena. El bombardeo indiscriminado de blancos civiles en las dos guerras del Golfo, pero sobre todo en la segunda, llev a la destruccin total de toda la infraestructura civil. En el futuro, el uso sistemtico generalizado de proyectiles de uranio tendr consecuencias mortales para muchas personas. El uso sistemtico de la tortura y el asesinato masivo de cientos de miles de civiles ha sido documentado en profundidad y se considera justo entre los oficiales superiores del rgimen Bush y la mayora de los componentes de ambas cmaras en el Congreso [28] .

En lo esencial, nada separa la campaa de extermino estadounidense de los holocaustos anteriores, excepto el hecho de que todo el mundo lo ve mientras sucede. El HEI es un holocausto vivo: sucede ante los ojos y los odos de miles de millones de espectadores. Aunque es cierto que la repugnancia global ante cada revelacin particular es un hecho compartido, tambin lo es la aceptacin pasiva. El holocausto se convierte en una actividad rutinaria: brigada de la muerte, asesinato masivo fomentado por los capataces imperiales se reduce a un recuento de vctimas diario, inmunizando a la comunidad mundial ante el horror de un Holocausto vivo.

Holocaustos: situacin posterior y herencias turbias

A excepcin del HJN (Holocausto Judo-Nazi) y probablemente el HCJ (Holocausto Chino-Japons), el resto de los autores se han salvado de enfrentarse a procesos judiciales internacionales. Un tratamiento diferenciado unido a la impunidad general conforma el resultado de los avances militares y el poder poltico. Los holocaustos nazi y japons fueron derrotados; EEUU, Turqua e Israel no fueron vencidos militarmente, o al menos no hasta el punto de que un tribunal internacional pudiese llevarlos a juicio. Incluso en el caso de los nazis, aparte de los pocos lderes del rgimen nazi, casi todos los representantes de medio y bajo rango fueron exonerados con el tiempo; posteriormente, muchos de ellos alcanzaron el xito profesional en el mundo de la economa y la poltica. Y no pocos cientficos y otros profesionales nazis fueron reclutados por los gobiernos de EEUU y Alemania Occidental para ocupar diferentes puestos estratgicos. En el caso de Japn, tuvo lugar un proceso paralelo en el que los ejecutores del holocausto fueron perseguidos primero, y posteriormente recuperaron posiciones de poder. Esto sucedi sobre todo despus de que EEUU y sus aliados presentaran sus polticas globales contrarrevolucionarias, encarnadas en la Guerra Fra, una mala denominacin dados los ataques militares de EEUU sobre Corea e Indochina. De hecho, los autores del Holocausto Japons jugaron un papel principal cuando respaldaron los holocaustos de EEUU en Corea e Indochina poniendo a disposicin de EEUU bases militares, suministros y apoyo logstico tras la Segunda Guerra Mundial.

Han tenido lugar varios tribunales no oficiales de los que se ha hecho mucho eco, en concreto el Tribunal Bertrand Rusell del Holocausto Estadounidense en Indochina. Sin embargo, su relevancia fue meramente simblica, ya que carecan de mecanismos para hacer cumplir sus veredictos a los culpables. Ninguno de estos tribunales recibi un trato adecuado en los medios de comunicacin, ni siquiera se mostr una ligera admisin de remordimiento o culpa por parte de los autores. Y esto fue as incluso despus de los cambios del partido en el poder. En otras palabras, existe un consenso sistemtico entre los perpetradores de que sus acciones tienen justificacin, con lo cual cualquier nocin de norma de derecho se considera un desastre.

De hecho, la ONU es cmplice de ello: estuvo implicada activamente en el Holocausto Estadounidense en Corea; es incapaz de intervenir en el Holocausto Palestino-Israel, y adems facilita apoyo institucional al Holocausto Estadounidense en Iraq. Si el sistema judicial internacional solo ha sido capaz de poner en manos de la justicia a los grandes perpetradores del Holocausto Nazi, la relacin a nivel nacional es igualmente vergonzosa. En Japn, el Rgimen Koizumi contina rindiendo homenaje a los criminales de guerra del pasado (las principales autoridades viajan cada ao al Yoshikuni Shrine), los libros de texto japoneses ofrecen una versin blanqueada de los crmenes de guerra. Esta nostalgia del holocausto contina envenenando las relaciones bilaterales con China, aunque slo a nivel simblico-diplomtico, ya que las relaciones econmicas entre China y Japn siguen prosperando.

Del mismo modo, a excepcin de Francia, ningn otro pas occidental ha condenado oficialmente la masacre turca-armenia o la negacin de Turqua a reconocer su responsabilidad. A pesar de los muchos israeles que fueron vctimas del Holocausto Nazi, Israel niega el genocidio turco-armenio, y no permite a los armenios que realicen representaciones acadmicas de su genocidio en ninguno de los foros, conferencias, publicaciones o museos dedicados al Holocausto. Esto resulta especialmente irritante, ya que hubo un tiempo en que Jerusaln acogi a miles de supervivientes del genocidio armenio. De hecho, Israel tiene un pacto de estrategia militar especial con aquellos que niegan el genocidio armenio. Y lo mismo es aplicable al apoyo que EEUU muestra a favor de los turcos que niegan el Holocausto, donde a pesar de la presin tan fuerte que ejerce la comunidad armenia-americana e incluso el respaldo sustancial del Congreso, el Ejecutivo ha bloqueado cualquier condena oficial del genocidio.

En lo que respecta a los holocaustos perpetrados por EEUU en Asia, Washington sigui imponiendo un bloqueo econmico brutal, concretamente en Corea del Norte e Indochina, que conllev la autosuficiencia forzosa, as como en el caso de Camboya, incitando al rgimen de los Jemeres Rojos a llevar a cabo un xodo forzoso y mortal desde los centros urbanos, un caso de holocausto conjunto entre Washington y los Jemeres Rojos.

Con la conversin de las lites de Indochina al capitalismo, y teniendo que enfrentarse a la impunidad internacional por los crmenes de guerra cometidos por EEUU, la reconciliacin de EEUU y Vietnam, carente de justicia, se hizo norma. Es curioso que las polticas de liberalizacin hayan derivado en una nueva explotacin imperial de mano de obra barata a travs del mercado y no mediante invasiones militares.

En lo que respecta al holocausto en Amrica Central, no ha existido ni la menor intencin de emprender procesos penales internacionales. Como mucho, el antiguo presidente de EEUU, Bill Clinton, en una apologa proforma expres el apoyo de EEUU a su rgimen ttere en Guatemala. Los regmenes implicados, clientes de EEUU, son descendientes directos y beneficiarios de los holocaustos estadounidenses en Amrica Central. Despus de destruir el tejido social y minar la economa local mediante la guerra y el libre comercio; despus de desmovilizar a las guerrillas, Amrica Central es una regin de campesinos desarraigados, refugiados convertidos en inmigrantes internacionales o criminales, gobernados por polticos cleptcratas y por la oligarqua empresarial. Los supervivientes de Amrica Central y los familiares de las vctimas del holocausto estadounidense, no ven ningn futuro en su pas, un pas devastado, desposedo de tierras y empleo, y en consecuencia deciden huir a Amrica del Norte. En el presente ao 2006 tienen que enfrentarse una legislacin muy represiva contra los inmigrantes, a la criminalidad masiva, el desposeimiento, el encarcelamiento y la deportacin.

El Holocausto Palestino-Israel es un proceso vivo que va cobrando velocidad: asaltos militares diarios; ejecucin de lderes y asesinato de civiles; extensin continuada de las colonias; falta de reconocimiento de los lderes palestinos elegidos, y, sobre todo, bloqueo total de la economa, los alimentos bsicos y los medicamentos, es decir, emplean las estrategias de cercado de guetos al estilo nazi y el hambre hasta que se rindan. La poderosa e influyente voz del grupo de presin judo tanto fuera como dentro del gobierno estadounidense, asegura la impunidad de Israel y la complicidad de EEUU y la Unin Europea [29] .

Desde el holocausto estadounidense en Indochina hasta el presente, la ejecucin de polticas propias de los holocaustos llega hasta el pblico a travs de los medios de comunicacin e Internet, a pesar de las campaas propagandsticas oficiales que difunden los medios de comunicacin de masas. La complicidad de los sectores de la sociedad civil y los medios de comunicacin privados al defender los regmenes del Holocausto en sistemas polticos que no son totalitarios, requiere la reconsideracin de la relacin entre dictadores, sistemas electorales y holocaustos.

Conclusin

Despus de este repaso de los holocaustos de los siglos XX y XXI, es evidente que casi ninguno de los grandes crmenes contra la humanidad conduce a la justicia. Muy al contrario, el legado internacional est caracterizado por la impunidad y lo ms parecido a la reincidencia. El informe es claro: la impunidad estadounidense tras el Holocausto Coreano dio pie a los holocaustos en Indochina, Amrica Central e Iraq. La limpieza tnica de palestinos perpetrada por Israel entre 1947 y 1950 provoc nuevas guerras de conquista, desposeimiento de tierras, ocupacin colonialista, guetizacin y la progresin hacia la solucin final de la expulsin total. La negacin del genocidio turco-armenio reforz la limpieza tnica del pueblo curdo en toda la regin de Anatolia. Estos crmenes contra la humanidad no son simples artefactos utilizados por dirigentes psicpatas o fenmenos derivados de tradiciones autoritarias, porque, como ya hemos visto, hay tradiciones que compiten, diferentes psicologas nacionales e ideologas enfrentadas.

Las ofensivas imperialistas que buscan la cohesin interna y la conquista en el extranjero ponen en un primer plano el comportamiento del holocausto, son los desencadenantes, la fuerza motriz de los holocaustos. Y es precisamente porque los poderes imperiales ponen en prctica el imperativo de que no son castigados y en la mayora de los casos a fecha de hoy an no han reconocido sus crmenes. Cada vez se condena a menos poderes por menos crmenes. Por el contrario, cuanto mayor es el imperio y el poder, ms comn es aplicar la ley de la impunidad y la negacin.

Los intelectuales occidentales no reconocen los mltiples holocaustos de los siglos XX y XXI, pero esto no se debe a la falta de datos accesibles ni a la falta de conocimiento de los hechos, ya que los actos del genocidio son pblicos, los cuerpos estn esparcidos en lugares pblicos, la destruccin rodea a cualquier observador, y los instrumentos del genocidio son financiados pblicamente. Lo que falta es disposicin para enfrentarse a la realidad de que los gobiernos, los estados, son los responsables de los holocaustos; a la realidad de que los regmenes que han elegido, estn participando en el terrorismo masivo; de que sus medios de comunicacin de masas privados mienten y encubren sistemticamente lo actos del genocidio; y de que grandes sectores de la sociedad civil son crticos impotentes o colaboradores cmplices.

La mayora de los intelectuales de las sociedades imperiales son incapaces de comprender la magnitud y la gravedad de los crmenes que se cometen en su nombre. En lugar de ello, describen los holocaustos como guerras entre estados, y se refieren a ellos como la Guera de Corea, la Guerra de Indochina, la Guerra de Iraq, o peor an, las guerras por la democracia u otras falsificaciones monstruosas por el estilo. Las extraas guerras en las que toda la poblacin civil millones- est a favor de la otra parte, en las que toda la destruccin sucede en el pas ocupado y todos los desposedos son objetivos de los constructores del imperio.

Hay resistencia; se asesina a soldados imperiales; se ataca a las armadas ttere; se destruyen instrumentos de guerra (helicpteros y acorazados). En el Gueto de Varsovia, la resistencia luch y consigui acabar con las tropas de asalto nazis. Los luchadores del bando de Liberacin Vietnamita acabaron con la vida de 58.000 invasores, adems de 500.000 heridos. Fallujah (Iraq) resiste; Jenin (Palestina) resiste algunos de los que niegan el holocausto se aferran a estos actos de resistencia heroica y a los supervivientes que salen arrastras de los escombros como prueba de las sospechosas afirmaciones que defienden que los campos de concentracin y la limpieza tnica no son prcticas genocidas, sino actos de guerra pero olvidan aadir que es una guerra total contra todo un pueblo!

Despus de repasar los holocaustos de los siglos XX y XXI, es evidente que no son casos aislados perpetrados por un pueblo o rgimen maligno particular, sino prcticas comunes, repetitivas, que recurren con una frecuencia peridica. La impunidad del holocausto se ha convertido en norma, se ha incorporado en el vocabulario eufemstico de los historiadores convencionales, e incluso revisionistas, como guerras, conflictos, cruzadas y tragedias en lugar de auto criminal reincidente a gran escala. No existen mecanismos internacionales efectivos que pongan ante la justicia a las lites del holocausto; tan solo contamos con tribunales organizados por los poderes imperiales para poner a prueba a los adversarios vencidos, como es el caso de la ocupacin de Yugoslavia, Iraq y Panam.

Las nuevas lites capitalistas que surgen entre el pueblo vctima (como en Indochina) estn ms que dispuestos a perdonar y olvidar los crmenes del holocausto a cambio de una moneda fuerte y una posicin privilegiada en el mercado mundial.

Mientras los procesos judiciales internacionales sean inoperantes, solo una serie de revoluciones populares podr llevar ante los tribunales al menos a los tteres y colaboradores de los autores del Holocausto. Dependemos de la derrota final del estado imperial para que sea posible la existencia de un tribunal internacional de justicia que consiga que los autores del holocausto respondan de sus crmenes.


http://laberinto.uma.es


[1] Traduccin hecha para Laberinto por Elosa Monteoliva Garca, miembro de ECOS (traductores e nterpretes por la Solidaridad)

[2] Finkelstein, Norman. The Holocaust Industry (London: Verso 2000)

[3] Davis, Mike. Late Victorian Holocausts (London: Verso 2001)

[4] Bauer, Yehuda. A History of the Holocaust (New York: Franklin Watts 1983; Bard, Mitchell. The Complete History of the Holocaust (California: Green Haven 2001)

[5] Dallin, Alexander. German Rule in Russia, 1941-45 (London: MacMillan, 1957); Salisbury, Harrison. The 900 Days: The Seize of Leningrad (NY De Capo Press 1969); Mayer, Arno. Why Did the Heavens Not Darken: The Final Solution in History (NY: Pantheon Books 1988)

[6] Fenby, James. Generalissimo: Chiang Kai-Shek and the China He Lost (London: Free Press 2003)

[7] Acerca de Vietnam ver Fitzgerald, Francis. Fire in the Lake: The Vietmanese and the Americans in Vietnam (New York: Little, Brown and Co., 1972); Herman, Edward. Atrocities in Vietnam: Myths and Realities (Pilgrim Press: 1971); Chomsky, Noam and Herman, Edward. The Washington Connection and Third World Fascism: The Political Economy (Boston: South End Press 1979), Ch. 5; Falk, Richard. Crimes of War (New York:RH Press 1971); The Dellums Committee Hearings on War Crimes in Vietnam, (NY: Vintage 1972); acerca de Camboya ver el Center for Genocide Studies (Yale Univeristy). La pgina web dice: Para los puntos de bombardeo de EEUU, los atributos de cada uno de ellos se presentan en forma tabular, es decir, fecha de bombardeo, situacin exacta, nmero y tipo de avin en cada salida, carga del bombardeo y tipo de ordenanza, naturaleza del blanco deseado, y valoracin de los daos del bombardeo. (en) 13.000 pueblos en Camboya; los 115.000 objetivos de los 231.000 bombarderos que sobrevolaron Camboya en entre 1965 y 1975, lanzando 2,75 millones de toneladas de municiones; 158 prisiones dirigidas por el rgimen de Pol Pot de los Jemeres Rojos entre 1975-1979, y 309 cementerios masivos con un total de 19,000 fosas; y 76 emplazamientos realizados despus de 1979 en conmemoracin de las vctimas de los Jemeres Rojos. El director del Genocide Center, Ben Kierman, caracterizado por una perversidad que nadie posee en la academia, en su debate acerca del genocidio no es capaz de incluir el asesinato y la mutilacin perpetrada por EEUU contra millones de camboyanos. Se centra tan solo en el rgimen de Pol Pot. Basndose en esta visin tan selectiva del genocidio, se asegur un puesto de titular en la Yale University, su centro gan un premio de distincin y una generosa financiacin por parte de George Soros y la Coca Cola Corporation.

[8] Acerca de Corea ver John Gittings and Martin Kettle, US and S Korea Accused of War Atrocities, Guardian. January 18, 2000; Bruce Cummings, The Origins of the Korean War, Vol.I, Vol II. (Princeton, New Jersey: Princeton University Press 1981, 1990). Segn los datos publicados en la Unin Sovitica, el 11,1% del total de la poblacin de Corea del Norte (1.130.000 personas) fue asesinado por las fuerzas areas y de tierra estadounidenses. En toda Corea fueron asesinadas ms de 2.500.000-3.000.000 de personas, y se destruy el 80% de instalaciones industriales y pblicas, tres barrios donde estaban situadas las oficinas gubernamentales, y la mitad de las viviendas. Entre junio de 1950 y mayo de 1953, los generales estadounidenses Eisenhower y McArthur, los presidentes Truman y Eisenhower, y el Jefe de Personal Adjunto (Mando Militar) consideraron el uso o recomendaron utilizar armas nucleares contra Corea. Segn Gittings y Kettle, aparte de los miles de refugiados que fueron asesinados por oficiales del ejrcito de EEUU, en el bombardeo estadounidense al final de la guerra fueron asesinados muchos ms civiles coreanos, en concreto durante el bombardeo de saturacin de Pyongyang (capital de Corea del Norte) en 1952.

[9] Richard Hovannisian (ed). The Armenian Genocide: History, Politics, Ethics (St. Martins Press NY 1992); Richard Hovannisian, ed. Remembrance and Denial: The Case of the Armenian Genocide (Detroit: Wayne State University Press 1999)

[10] Patrick Bell et al. State Violence in Guatemala 1960-96 (AAAS, Washington DC 1999); Amnesty International Report: Guatemala (1982, 1983, 1984 London); Thomas Melville, Through a Glass Darkly: US Holocaust in Central America (Xlibris Corporation 2005); Kent Ashabranner Children of Maya (NY Dodd Mead 1986). Guatemala Nunca Mas: 4 Tomos, Officina de Derechos Humanos Arzbipado 1998.

[11] Les Roberts, et al, Mortality before and after the 2003 invasion of Iraq: cluster sample survey. Lancet Vol. 364, no. 9445; Oct.31, 2004.

[12] Daniel Goldhagan, Hitlers Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust (New York, Knopf 1996)

[13] Ver Thomas Childer, The Nazi Voter: The Social Foundations of Fascism in Germany 1919-1933 (Chapel Hill, North Carolina: University of North Carolina Press 1983) sobre todo pp 264-266.

[14] En las elecciones de noviembre de 1932 los nazis obtuvieron el 33,1% de los votos; los comunistas y socialistas el 37,3%, Childer op cit.

[15] El Holocausto Palestino-Israel ha sido bien documentado por Edward Said, Politics of Dispossession: The Struggle for Palestinian Self-Determination(NY Vintage 1995).Benny Morris, The Birth of the Palestinian Refugee Problem: 1947-49 (Cambridge, Cambridge University Press 19987). Felicia Langer, With My Own Eyes, (Ithaca: Ithaca Press 1975). Naseer Hasan Aruri, Palestinian Refugees (London: Pluto Press 2001); Ilan Pappe, Israel/Palestine Question: Rewriting History (London Rutledge 1999); Edward Said, The Question of Palestine (NY Vintage Press, 1979); Maxine Rodinson, Israel: A Colonial Settler State (Monad Press: NY 1973); Walid Khalidi, ed. All That Remains (Institute of Palestine Studies).

[16] Iris Chang, The Rape of Nanking (London, Penguin 1997).

[17] Segn el Pentgono de EEUU, el nmero de vctimas estadounidenses en la Guerra de Corea ascendi a 54.246, de los cuales 33.686 murieron en combate y otros 8.142 fueron registrados en la lista de Perdidos en combate.

[18] Durante la Guerra de Corea, Douglas McArthur orden a las Fuerzas Areas Estadounidenses que destruyesen todos los medios de comunicacin, las instalaciones, fbricas, ciudades y pueblos situados al sur del ro Yalu en la frontera con China. Cita disponible en www.brianwillson.com/awol/koreacl.html

[19] Ver Benny Morris op cit. Segn Edward Said, op cit 4 millones de palestinos se han convertido en refugiados, y casi 2 millones viven en los territorios ocupados por el ejrcito israel. Segn el Observatorio de Derechos Humanos de Palestina, desde la Segunda Intifada Israel ha llevado a cabo ms de 300 ataques militares en los territorios ocupados cada semana, provocando un elevado nmero de muertes, cientos de heridos y prisioneros; ha demolido ms de 10.000 casas, y destruido miles de acres de tierras de cultivo. En respuesta a las elecciones democrticas de Palestina en 2006, Israel impuso un bloqueo total de comida, bienes sanitarios y bienes de urgencia en los territorios ocupados, poniendo en peligro la vida de ms de dos millones y medio de palestinos.

[20] James Petras, Henry Veltmeyer, Luciano Vasapollo y Mauro Casadio. Empire with Imperialism (London: Zed Press 2005)

[21] Hovanassian, op cit

[22] Said, op cit

[23] James Petras. The Power of Israel over the United States (Atlanta: Clarity Press 2006)

[24] Acerca del Holocausto Estadounidense en Iraq ver el informe de la escuela Johns Hopkins School of Public Health Epidemiologists, Les Roberts et al, Mortality before and after the 2003 invasion of Iraq: cluster sample survey. Lancet Vol. 364, no. 9445; Oct.31, 2004.

[25] Ver los nmeros de la publicacin israel en lengua inglesa Haaretz, pertenecientes al periodo comprendido entre febrero y junio 2006, que analizan las polticas de bloqueo israel y los efectos catastrficos de este en la salud y la nutricin de los palestinos. Los principales grupos de presin sionistas en EEUU, los presidentes de las principales organizaciones judas y AIPAC, son defensores incondicionales del Holocausto Palestino-Israel, y respaldan el bloqueo y los asesinatos diarios de civiles palestinos perpetrados por las fuerzas especiales israeles.

[26] Ver Ilan Pappe, Israel/Palestine Question: Rewriting History; E. Said, Politics of Dispossession. Op cit.

[27] Acerca del Holocausto US-Iraq ver Lancet. Op cit; Anthony Arnove (ed), Iraq Under Siege: The Deadly Impact of Sanctions and War (Boston: South End Press 2002); Alex Cockburn and Jeffery St. Clair, Imperial Crusades (California: Counterpunch 2004).

[28] El conocimiento pblico extendido globalmente del uso sistemtico de la tortura y el asesinato masivo de EEUU para conquistar Iraq, es el resultado de la difusin llevada a cabo por una amplia red de pginas web, e incluso por algunos medios de comunicacin de masas. Ver, por ejemplo, las pginas web en lengua inglesa: informationclearing house.info; commondreams.org, counterpunch.org, entre otras.

[29] James Petras, The Power of Israel Over the United States, op cit.




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