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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2006

Aproximaciones a la mentira comunicativa actual

Alberto Rojas Andrade
Rebelin


Uno de los padres de la sociologa, el alemn Georg Simmel en su obra Estudios Sobre Las Formas de Socializacin ha tratado el tema de la mentira en las sociedades modernas. Sus conclusiones no son nada alentadoras frente a la actual situacin de grupos humanos enlazados mediante acuerdos de considerable complejidad. Permitmosle expresarse:
"En primer trmino, la mentira es mucho ms inocua para el grupo en las relaciones sencillas, que en las relaciones complicadas ... En las civilizaciones ricas y amplias, la vida descansa sobre mil postulados que el individuo no puede perseguir hasta el fondo, ni comprobar, sino que ha de admitir de buena fe mucho ms ampliamente de lo que puede pensarse, descansa nuestra existencia moderna sobre la creencia en la honradez de los dems, desde la economa que es cada vez ms economa de crdito hasta el cultivo de la ciencia, en la cual los investigadores, en su mayora, tienen que aplicar los resultados hallados por otros y que ellos no pueden comprobar. Construimos nuestras ms trascendentales resoluciones sobre un complicado sistema de representaciones, la mayora de las cuales suponen la confianza en que no somos engaados. Por esta razn la mentira en la vida moderna es algo ms nocivo que antes y pone en ms peligro los fundamentos de la vida."
Ya sea ha mencionado el que desde la antigedad se saba que nuestro mundo se construye con base en una serie de acuerdos sobre los significados de hechos que ocurren con nuestra voluntad y la inmensa mayora sin ella, establecidos abrumadoramente mucho antes de nuestra existencia. Esto implica correlativamente al menos una mnima confianza en nuestros congneres. Esta es la idea que ha permitido la aparicin del mundo observado a nuestro alrededor. Al ser la realidad por tanto un acuerdo de los asociados, el trato establecido con base en la veracidad es indudablemente el ms adecuado para la accin conjunta, mxime si esta ha de tener en cuenta el bienestar de quienes son los ms y no el de unos pocos. Por ello la Ilustracin estaba encaminada a suprimir las antiguas falsedades que ponan mltiples obstculos al conocimiento de la ciencia exacta y la social, y por consiguiente pretenda ideales abiertamente democrticos. Desde aquella poca se confa en Occidente en que el consenso conduzca a quienes toman decisiones, delegados por un mandato de gobierno, a hacerlo teniendo en cuenta la verdad insustituible del beneficio comn, apoyndose para ello en los conocimientos cientficos. Simmel afirma que la confianza es una hiptesis sobre la conducta futura de otro, esto una seguridad suficiente para la toma de decisiones. Constituye un grado intermedio entre el saber acerca de otros hombres y la ignorancia respecto de ellos. El que sabe, no necesita confiar, el que ignora, no puede siquiera confiar.
Bueno, pero entonces nos surge la pregunta clave referida a los medios de comunicacin como depositarios de nuestra fe: cual es la confianza que podemos tener en estos mass-media apuntalados en intereses abiertamente oligrquicos como los padecidos en el presente?
 
La televisin principalmente apela a la confianza depositada en ella mediante la creencia de que las imgenes hablan por si solas, y el discurso emitido a travs de un medio tan tcnico adquiere la presuncin de estar conforme a la realidad; pero los hechos son tozudos. Los pblicos a los cuales se dirige, an las predilectamente perseguidas en los mensajes clases medias, ignoran la mayora de los procesos desarrollados en el mundo de complejidades amaadas que nos ha correspondido vivir: intrincados procesos histricos, econmicos, polticos, etc. Por consiguiente, aquellos pblicos confan en el carcter de medio impulsado por la tcnica ms avanzada poseda por la tele, a pesar de todas las limitaciones de las imgenes y los textos as sean, como es cotidiano, unas y otros manipulados hasta la desfiguracin.
 
Los muchos que ignoran por diversas causas los procesos, se entregan a la confianza en la retrica audiovisual basada principalmente en la complejidad de un artificio mecnico. No obstante, hemos presenciado como esta confianza es traicionada continuamente, cuando se propagan ampulosas falacias que traen como resultado dudosamente no deseado, la paralizacin de voluminosas masas ante desastres tan evitables como guerras, violentas represiones, hambrunas, destrucciones culposas, perdida de identidad cultural, etc., o en no pocas veces todas las anteriores en un mismo periodo de tiempo.
 
Puede ser que a travs de una aplicacin de la ciencia en la difusin de ideas se propaguen especies, consejas, comentarios insidiosos, trapaceras, manipulaciones, contrarios a los ideales de bienestar y de democracia real que la misma ciencia ha postulado por siglos?
Esto ocurre desgraciadamente y con cada vez ms frecuencia. Tal vez por esto los pocos conocedores de estos procesos, es decir quienes saben algo de historia, de transformaciones sociales en el tiempo, no necesariamente mediante estudios acadmicos, simples hombres y mujeres con sensibilidad social, desconfan de medios como el televisivo. Comentarios e informaciones enmascarando carniceras humanas de estados poderosos, la exaltacin como 'muy efectivas', o modernas y sofisticadas armas destructoras de toda vida, mltiples zalameras a personajes reconocidos como enemigos del progreso del conocimiento humano enquistados en el poder, el miedo a controvertir voceros de este (mucho ms si visten de uniforme), el amplio despliegue de temas relacionados con las ms estrambticas supercheras tratadas como hechos incontrastables de inters general, la ponderacin de lo superfluo o trivial como mxima aspiracin del saber o la diversin, el ocultamiento de la crueldad de sistemas de produccin conducentes a nuevas formas de esclavitud como las maquilas, etc., etc., dan muestras de lo contrario al ideal de la ilustracin en la cual se han atrincherado cnicamente en los mass-media en el inicio del siglo XXI.
Los medios de comunicacin de masas ms comercializados, es decir los exponentes del acelerado despilfarro, se dirigen dependiendo de las circunstancias bajo esta forma de actuar contraria a los valores generadores de su nacimiento moderno, al disimulo o a la simulacin como expresiones de la mentira; esto es a aparentar poseer una objetividad y un desinters a toda prueba frente a los que les observan y escuchan, y a la vez disimulan su muy particular forma de plantear los hechos y la interpretacin de los mismos, perfectamente adecuada a los deseos y proyecciones de los detentadores del poder y sus socios los todopoderosos de los mismos medios. La mayor parte del entramado, de la tramoya del espectculo de los medios al que nos vemos sometidos pretende de muchas formas estos dos aspectos.
 
Jean Baudrillard afirmaba que los polticos desde Maquiavelo han sabido que en la simulacin est la base del poder, y que la poltica es una proyeccin de esta simulacin que abarca todas sus formas y ritos. Sin embargo con la tcnica expansiva de los mass-media del siglo XX, la simulacin y su hermana la disimulacin, han adquirido una sofisticacin que ha superado con mucho cualquier aspiracin una realidad social concreta.
 
El citado Baudrillard indica por lo tanto, que "As pues, es preciso leer todos los sucesos por el reverso, ms all del montaje oficial." De lo contrario se llega a la habitual conformidad e indiferencia clasemediera, que es el asumir completamente los principios y formas del sistema estatal de propaganda.
Esto es algo que ya ha alcanzado un alto grado de perfeccionamiento desde los tiempos de Goebbels, qu decir de los presentes de la gringa National Security Agency (NSA), fundada en plena guerra fra, la cual ya no tan veladamente efecta un control de la informacin convirtindose en una especie de ministerio de la informacin mundial. A la cual se agrega la Office For The Stretegic Influence (OSI), otra enigmtica agencia destinada a literalmente intoxicar la opinin pblica con todos los lemas de la guerra contra el terrorismo. O la Northern Gulf Affairs Office, cuya funcin fue preparar el terreno favorable en los medios para la invasin a Iraq y la siguiente ocupacin indefinida. No sobra decir que estos dos ltimos entes kafquianos dependen directamente del Pentgono. De una u otra forma de all provinieron y provienen todas esas rocambolescas y contradictorias historias de armas de destruccin masiva, guerras religiosas de Shiitas y Sunitas, rescates cinematogrficos de mujeres soldado, diligentes presidentes sirviendo pavos en zonas de combate, de demenciales iranes con armas atmicas, etc., por otra parte habindose disfrazado u ocultado las carreras armamentsticas gringas, o pakistan, despiadados bombardeos con uranio empobrecido (crmenes de lesa humanidad) sobre Faluya, las muertes a cuenta gota de los mismos ocupantes de Iraq a manos de la resistencia, el sostenimiento mediante la fuerza o el fraude de gobiernos auspiciadotes de la pauperizacin de sus pueblos, etc., ofrecidas estas simulaciones y disimulaciones en las cadenas multinacionales de informacin como persistentes letanas portadoras de truculencias periodsticas o silencios criminales.
Las actuaciones de estas orwellianas agencias, no pueden menos que inscribirse en el terreno de la guerra psicolgica, una guerra sin lmite en la manipulacin de la informacin tanto en la forma y el contenido. No se deben pasar por alto la existencia de empresas pantalla para filtrar informacin 'independiente' creadas en el omnipresente edificio de cinco puntas de Arlington Virginia, a fin de 'conducir' las mentes de los espectadores en determinada direccin favorable a los intereses de la oligarqua occidental y sus socios.
 
A lo anterior se puede agregar, la simple y llana compra-venta de los periodistas paniaguados y sus correlativos medios, los cuales reciben dinero por la difusin de 'buenas' noticias, entendidas estas como las favorables a la posicin militar de la potencia dominante, incluso escritas por las oficinas de prensa del ejrcito gringo o sus aliados. As vistas las cosas, el paisaje de la comunicacin como forma de acercarnos a la realidad es tan desolador, como el de las guerras que pretenden justificar todos estos entes fantasmagricos y antidemocrticos y las formas de manipulacin empleadas, junto con legiones de comunicadores amnsicos del papel social de su profesin.
 
Para simular y disimular se toman todas las precauciones en pos de aparecer y desaparecer lo reprochable y alabado de acuerdo a las necesidades de distorsin del acuerdo general sobre la realidad, por tanto lo esttico tambin ha de formar parte de las simulaciones y disimulaciones, de la ausencia de verdad.
 
A la mentira con sus caretas, frecuentemente se la asocia con la fealdad, el descuido esttico, con la chabacanera, y con la simplicidad grotesca, sin embargo en la prctica aquella suele estar impregnada de una serie de arabescos y aderezos de tales caractersticas, que incluso tienen resonancia esttica, sin que por ello dejen de tener su impronta de falacia. Uno de los miembros de la famosa Escuela de Frankfurt Teodor W. Adorno, hablaba de que "La sensibilidad de lo bello ante lo aplanado y falto de tensiones, la larga cuenta a travs de la historia de compromisos del arte con la mentira, ambas cosas figuran entre los resultados que no pueden ser expulsados del arte, como tampoco las tensiones de las que nacieron.". Las luces creadoras de ambientes, los dilogos de retrica ampulosa e impertinente, los efectos visuales de gran fastuosidad, tomas espectaculares realizadas mediante artilugios inverosmiles, las voces profundas y medidas, el fondo musical evocador hasta la nostalgia, etc., forman en buena parte el conjunto de adornos de los ocultamientos y falsedades de estos tiempos en la apremiante pantalla televisiva. Con los textos el asunto es ms complicado para los periodistas asimilados y sin reatos de conciencia, pues cualquier buena redaccin implica un bagaje cultural difcilmente compatible entrega acrtica a un rgimen o emporio, o con la ausencia de tica periodstica. Asunto por el cual debemos ser expuestos a mediocres y empalagosas prosas, descripciones pobrsimas de realidades concretas merecedoras de mejor trato, y a lacnicos relatos de circunstancias generales afectantes a todos. Hay que escuchar las pretensiones estilsticas de las noticia llamadas en algunas regiones de Suramrica como de 'orden pblico', 'seguridad', 'estabilidad', o de 'dramas' y 'tragedias' para comprender de lo que estamos hablando; la nica comparacin posible son los 'versos' de las canciones repetidas como de xito en el telediario, los video-clips musicales, o los comerciales de agencias de turismo. Si se observa con detenimiento, el asunto de lo que se dice en los telediarios va ms all de una simple preferencia estilstica, pues a la pobreza de las fuentes, de puntos de vista, de contexto, de profundidad, de consecuencias, de compromiso son la verdad, le corresponde en el fondo necesariamente la pauperizacin extremada del amplio lenguaje audiovisual.
Albert Camus expona la gravedad del asunto de la falsedad y las dudosas equivocaciones: "nombrar mal las cosas es aumentar el infortunio del mundo" y tambin afirmaba con mucha razn respecto de la imagen, no superada por los avances tecnolgicos, que la "mejor fotografa traiciona ya a lo real, nace de una eleccin y de un lmite a lo que no lo tiene." No es el meollo del problema comunicativo del presente la existencia de enfoques disparatados respecto a la realidad consensuada, o de errores de enormes consecuencias sociales en la comunicacin audiovisual, lo es el intentar adaptar esta realidad socialmente aceptada a unos fines particularsimos, valindose de todos los medios a disposicin, inclusive estticos o artsticos. Es decir mintiendo incluso con sofisticacin.
Adicionalmente existe otro problema ya al interior de la comunicacin: el de una gran asimetra en esta pues no se han desarrollado medios tcnicos que hagan de ella algo menos monodireccional, siquiera un poco menos dictatorial, de la visin vigente de los de arriba hacia los de abajo en el medio preponderante de la televisin por ejemplo. Si existen dudas de lo impositivo del medio televisivo, imaginemos un rgimen con un mtodo de control social sobre la poblacin donde los gobernantes obliguen a sus sbditos a la observacin y la asistencia nicamente a los actos, circunstancias o actividades autorizados expresamente, lo mismo el escuchar tan slo a las personas escogidas como defensoras acrrimas en mltiples maneras del orden social, no habiendo otra posibilidad para los gobernados, sino el acatamiento de tal orden; no es posible en este ejemplo, por imposibilidad fsica, observar y escuchar lo no conveniente a la continuacin del estado de cosas. Un mundo totalmente orweliano es el descrito, y sin embargo existe.
 
La oprobiosa tcnica y cultura monodireccional de la televisin pretende imponer todo, costumbres aparentando mundializacin inocente; el arte tambin es incluido en los aspectos sociales en los que se intensifica la intencin de dominio utilizando el efecto amplificador del medio en la poblacin. Resultante de ello, a las iniciales gotas de cursilera, necesarias para la creacin de una obra artstica, se le agregan ingentes cantidades de repeticin de formulas comerciales ponderadas como exitosas en materia mercantil para producir, en el sentido literal, efectos sobre, ya no los receptores de la obra, sino consumidores compulsivos de la misma en forma de mercadotecnia. Se expone la obra como mercanca universal con todos los privilegios de divulgacin; lo no concordante con el espritu mercantil se enva al ostracismo impdico, obstruyendo el conocimiento de cualquier otra representacin cultural sin patrocinio de la industria del entretenimiento. Ocurre un ocultamiento, se obstruye el acercamiento a otros puntos de vista polticos y culturales, con lo cual se falsea la verdad social, pues la diversidad social y cultural existe en muchos casos con vigor e ingenio suficiente para ser mostrado.
En este sentido la repeticin de msica llamada benvolamente como comercial, hasta convertirla en himno de multitudes aletargadas por sus compases predeterminados y predecibles, es una clara muestra del efecto turstico surgido en las masas expuestas a horas de mensajes de tenor idntico, elevados a la categora artificiosa de 'cultura universal' (una mentira ms) excluyente y fagocitadota irracional de las restantes.
 
Tal vez como consecuencia del supuesto xito en la difusin de contenidos comerciales, recientemente medios de comunicacin como la televisin han creado una especie de culto narcisista de si mismas apoyadas econmicamente en abultados patrocinios. A lo que se refiere en mucho de la programacin de esta televisin autista, es a los procesos de realizacin de sus programas, toda la gama de personas que actan en los mismos, al realce de las tcnicas de emisin, las nimiedades que les son atribuibles de conformidad a sus parmetros, etc. Qu son sino las agigantadas y estlidas secciones de 'entretenimiento' en los noticieros colombianos y mejicanos? Una cadena ms de mentiras y disposicin truculenta sobre el orden de aparicin y amplitud de despliegue acerca de lo realmente trascendente.
 
La realidad extratelevisiva, es decir la que todos vemos y sentimos, la angustiosa para millones de seres, esa que hiere y confunde los sentimientos, es relegada a unos cuantos fugaces minutos y en casos segundos en los espacios informativos, donde ya de por si es censurado, acondicionado y dosificado lo audiovisualmente emitido. Esto lanzado al aire alimenta sesgadamente a su vez los escasos espacios dedicados al comentario de los 'sucesos' seleccionados en los noticieros. Es decir de lo menguado es extrado un bagazo seco, sin sustancia, ya degradado, y se ofrece como tema de controversia.
 
Esta adoracin por lo propio en la televisin, no es slo una desviacin egocntrica, parafernalia propia de estos tiempos de exaltacin de la nimiedades; el mundo de lo real resulta lo suficientemente fantstico como para poder atraer con argumentos a pblicos que con alguna introduccin entenderan y se apasionaran por los procesos sociales y naturales en curso de los cuales son insustituibles protagonistas. Los seres humanos no somos tan estpidos como para no asimilar las realidades acuciantes a nuestra propia supervivencia como algunos encumbrados manifiestan y desean. Tenemos an recuerdos vivos del pasado. El egocentrismo televisivo es muy valioso para el poder, no por lo expresado sino por lo ocultado; sin la espectacularizacin de lo ftil se debera abocar al tratamiento de la realidad y su contexto, y la pueril excusa del problema del tiempo en la pantalla se desnudara.
 
Por su lado la atosigante farandulizacin de hechos sociales inclusive, la rebaja de estos a la condicin de cotorreos, chismes, consejas, o intrascendencias, deja ver que la canalizacin oligoplica busca afanosamente instalar en la mente de los televidentes la vida humana como una mera ancdota lejana, de visiones fantasmales sobre las cuales nicamente se puede comentar su ocurrencia ms curiosa, pero de ninguna forma sus antecedentes, anlisis y posibles consecuencias y que decir de la intervencin de las sociedades en su destino; la reflexin creativa debe ser ahuyentada a como de lugar por su peligrosidad en materia de conclusiones colectivas, es el propsito irrefrenable de quienes como periodistas deberan tener un compromiso tico con la verdad y no con el gobierno o las 'instituciones' como cnicamente lo afirman.
 
Como si fuera esto poco, la fascinacin de las imgenes es de tal alcance y presencia que hace confundir la realidad de las imgenes, que nadie niega, con las imgenes de la realidad. Aquellas si preparadas, escenificadas, escogidas, editadas, puestas con ingredientes especficos, conducentes a un innegable fingimiento de trascendencia; esto es la de los actos protocolarios de los miembros del gobierno y poderosos funcionarios de entes transnacionales y sus ad lateres, con sus poses de abundante prepotencia, los redundantes deportes no slo facilitadores del merchandaising sino en s mismos merchandaisig, etc. El medio siempre tcitamente susurra al odo de los espectadores que esta imagen es la de la realidad indiscutible, la nica vlida, cuando en la vida social, y en el desarrollo individual de las actividades todos somos productores de realidades, y las sociedades, las civilizaciones, se construyen con la interaccin coetnea de millones de aquellas.
Si todos somos generadores de realidades, esto implica que nuestra individualidad debera ser tratada de alguna forma por los medios que se autoproclaman democrticos, lo contrario a esto resulta simple y llanamente distorsin. Sin embargo medios masivos del siglo XX como la televisin han sido contrarios a utilizar los espacios especficos que implica el acercarse a la realidad de la sociedad a travs de los individuos de carne y hueso que la producen. Entonces las generalidades absolutistas, las vistas panormicas, lo superficial, y como no, lo nimio, lo relacionado con las minoras oligrquicas, pero no por ello generosas aportantes de lo cultural, constituyen la forma especfica de distraccin, emitida intensivamente mediante las imgenes.
 
Como se puede intuir en el fondo de todo y a pesar de lo que se proclama en la mquina arrojaluces, no es lo espontneo lo que marca los ritmos televisivos; los accidentes, las guerras, lo inesperado son hechos acomodados cuidadosamente en secuencias y ritmos con altas dosis de teatralidad. Por ello lo fingido, lo predeterminado, lo controlado es lo fundamentalmente expresado en los medios en general y con holgura en la televisin.
Las guerras y sus miles de muertos son una transmisin editada ms, pasando a formar parte central de un guin escrito con cautela desfiguradora, a travs de imgenes que en vez de mostrar enceguecen mediante su puesta en escena de video-clip y explicaciones tan lacnicas y amaadas que contradicen el sentido comn. La invasin de Iraq del presente, o la guerra palestino-libanesa-israel-estadounidense demuestran como se adaptan a actos blicos espeluznantes an para los inicios del siglo XXI en beneficio no de la verdad sino de la parte poderosa agresora.
Si se empleara un tanto de tica periodstica y no esa maraa de simulaciones y disimulos arrojados por los poderosos, al abordar los grandes temas trascendentes a la humanidad, habra habido mltiples pronunciamientos de los espectadores tendientes a evitar grandes catstrofes de hechura humana? Es posible que si. Y esta es una culpa con la cual los periodistas renombrados de los medios ms trapaceros deben cargar.
 
Un posible antdoto al problema de la mentira y sus diversos sucedneos ataviados de ropajes de tendencias comunicativas maliciosamente de moda y recursos tcnicos y estticos?
 
A pesar de todos los intentos y procuraciones a la pasividad y el nihilismo en todas sus formas, dentro de las cuales se encuentra este alud de partes de la realidad cuidadosamente puestas en escena por los 'expertos' comunicadores con sus grandilocuentes escudos de papel en forma de ttulos de periodismo, pretendiendo reflejar el mundo, apoyados por la actividad amaada de las transnacionales mediticas moviendo capitales de aqu para all, los seres humanos nunca somos pasivos en estas lgidas circunstancias. Tal vez millones de aos de experiencia comunicativa en todas las formas, desde las seas, los gruidos y gestos, pasando a los tambores o las seales de humo, hasta las microondas, han aleccionado a mujeres, hombres y nios acerca de los peligros de las falacias y las trapaceras agazapadas en la comunicacin de quienes detentan el poder de controlar los tambores, las imprentas o los satlites; no de otra manera puede interpretarse las resistencias de todo tipo a las que se han enfrentado los regmenes ms tirnicos y despticos a pesar de haber gozado de los ms aplastantes mtodos de propagacin de ideas como es lo presenciado en el presente; esto es, una incesante bsqueda por parte del poder de una identificacin afectiva de los oprimidos con los opresores (el lenguaje es tomado de Freud), con la cual podemos explicarnos la ocurrencia nada extraa de masas que por largo tiempo han soportado todo tipo de abusos de parte de las minoras dominantes, pero a su vez la resistencia a gigantescos aparatos de control social.
 
No ha existido rgimen alguno que haya podido mantenerse mediante el uso exclusivo de la fuerza y el terror. Los tiranos y tiranozuelos de que tenemos noticia han proclamado sus deseos de felicidad universal. Se ha creado la ideologa correspondiente para justificar la esclavitud, la servidumbre, el trabajo asalariado, el consumismo, la destruccin de ecosistema, basada fundamentalmente en olvidos sustentadores en la cima a amos, seores, patronos, o ejecutivos, hasta devenir toda esta forma de ver el mundo a tan natural que cualquier cambio es convertido en anatema, acto contra natura.
Fijmonos que en el telediario no existen las autonomas, todo son dependencias de los poderes establecidos; 'no hay liderazgo respetable fuera del dinero y el poder', esto lo acreditan las fuentes con la retahla maosa de la versin oficial.
Adicionalmente y no obstante el panorama ennegrecido de destellos de luces contrapuestas, sonidos aturdizantes y desafinados y voces mendaces, el espritu de supervivencia de la solidaridad humana no se aquieta. Es en esta solidaridad donde se pueden hallar las fuentes de la subcultura de la contracostumbre para quienes padecemos la comunicacin del mendaz telediario y sus afines. Unos y otros pretenden con afn precisamente esto, romper los lazos comunales del contacto directo con la realidad consensuada; esa afirmada en la taberna, el bar o el caf con amigos y conocidos, en el trato diario de la calle con quienes apenas vemos por primera vez hoy en el metro o el bus, en la charla familiar de los de siempre. Balzac deca: Por eso el cabaret es el congreso del pueblo (Los Campesinos). All se puede decantar con la discusin abierta las simulaciones y disimulaciones, disfraces de la mentira transportada en la comunicacin tecnolgica.
Se debe tambin tener atencin en el campo de la construccin de las frases y en general de los discursos de los medios teatralizados como la tele, de sus eufemismos donde se aposentan los temas delicados, los cuales al no poderse eludir son disfrazados gramaticalmente, para no ser reconocidos en sus antecedentes y efectos, nombrando de otro modo lo poseedor de un sencillo y claro significado.
Contra toda esta parafernalia de falacias no es posible dejar de lado los discursos paralelos de quienes no poseemos injerencia en los comunicadores simuladores de imparcialidad y disimuladores de falacias. All se erigen como libertarios los cuentos populares, los ritos de afianzamiento de la comunidad grande o pequea del trato cotidiano en tertulias o plticas, las canciones salidas de la experiencia social y amorosa, los secretos a voces en el anonimato del barrio o vereda, en fin lo denominado cultura popular. Al basto campo de la llamada infrapoltica (pues la poltica en sus variadas formas no es nunca un monopolio de quienes detentan el poder), ya que an a una gigantesca, tecnificada, y planificada 'ciencia de la comunicacin oficial' le es establecido como por instinto de conservacin en el caso de dominaciones severas por su totalitarismo basado preponderantemente en la fuerza o no, una oposicin abigarrada de un discurso oculto y despreciado, pero vital y generoso, equivalente pero inverso al aposentado en las tecnologas y la riqueza, soportado en la comunidad y decantado por miles de aos de experiencia humana. Muchas veces esta infrapoltica ha logrado con fuerza y determinacin suficiente, dejar de lado otros medios y tcnicas de control social, y las cajas de luces y dems parafernalias an pueden ser colocadas en un sendero humanstico, el de la lucha contra las diversas formas de manipulacin de la realidad consensuada, es decir contra la mentira y sus consecuencias destructivas de vidas y sociedades.
 
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Bibliografa
- Estudios Sobre Las Formas de Socializacin : Georg Simmel
- A La Sombra de las Mayoras Silenciosas : Jean Baudrillard
- Cibermundo, La Poltica de lo Peor: Paul Virilio
- Apocalypse Show: Ral Rodrguez Ferrandz
- El Cuerpo de Las Imgenes: Eliseo Vern
- Psicologa de las Masas. Sigmund Freud
- Novela y Revolucin. Allan Swingewood
- Teora Esttica: Teodor W. Adorno
- El Hombre Rebelde: Albert Camus
- Dominados y el Arte de la Resistencia: James Scott.
- GANAR LOS CORAZONES Y LAS MENTES.La guerra de la informacin por Cyril Capdevielle
REDVOLTAIRE. Los Planes del Pentgono Para Controlar la informacin. Rebelin 04-02-2006
- GUERRA SIN FUSILES; Cmo EEUU COMPRA LA PRENSA LIBRE. NSAIAR-Noticias. 19-Dic-05. Por Rodrigo Guevara / [email protected]. William Fisher. IPS



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