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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2006

Ciencia, tcnica y crisis civilizatoria

Gustavo Fernndez Coln
Rebelin


Los procesos de cambio por los que atraviesa en la actualidad el capitalismo globalizado, no responden nicamente a las determinaciones de las tradicionales crisis peridicas de un sistema econmico cuyas reglas de juego conducen, fatalmente, a la opulencia de una minora y a la miseria y la exclusin de las mayoras. Adems de eso, nos enfrentamos hoy a la irrupcin de mltiples procesos de inestabilidad sistmica que estn poniendo en evidencia el agotamiento irreversible del orden ecolgico, tecnolgico, econmico, poltico, cultural y militar impuesto por Occidente, desde el siglo XVI, a escala planetaria. La sincronicidad de todos estos puntos de quiebre hace de la actual encrucijada histrica una crisis multidimensional, que est obligando a la especie en su conjunto a escoger entre la devastacin capitalista del hombre y de la Tierra o la construccin de una nueva civilizacin ecosocialista (1) autnticamente sustentable, equitativa, participativa, pacfica y plural.

La ciencia y la tcnica no podan quedar al margen de esta mutacin civilizatoria. En efecto, tambin en el campo de los saberes cientfico-tcnicos la crisis de la modernidad ha tenido una de sus expresiones ms notables en el trnsito del paradigma mecnico-causalista fundado por Descartes y Newton, al paradigma ecolgico-indeterminista inaugurado por la fsica relativista y la mecnica cuntica (Bateson, 1980; Capra, 1982). En el mbito de la filosofa y las ciencias sociales, asistimos al derrumbe de la vieja ontologa esencialista fundada en las dicotomas del sujeto y el objeto, la res cogitans y la res extensa, lo cientfico y lo ideolgico, el atraso y el progreso (Lanz, 1998; Vattimo, 1990), y presenciamos el desbordamiento de la organizacin disciplinaria del conocimiento como resultado de la irrupcin de la problemtica de la complejidad y la necesidad de abordarla mediante mtodos transdisciplinarios (Morin, 2001; Vilar, 1997).

En estas circunstancias, sociedad y cultura comienzan a ser comprendidas, en su interioridad, como totalidades complejas, hbridas y polivalentes (Garca Canclini, 1990, 1995; Maffesoli, 1990, 1997), y en su exterioridad como sistemas abiertos en permanente interaccin con su contexto ecolgico, sin que sea posible concebir su configuracin intrnseca desligndola de la dinmica de adaptacin / transformacin que la enlaza constitutivamente con su entorno (Rosnay, 1977; Vitale, 1983).

Por otra parte, el nfasis de las ciencias humanas, desde su constitucin en el siglo XIX, en la dimensin tcnico-econmica de la organizacin social, se ha venido desplazando hacia la dimensin simblica o, en otras palabras, hacia la cultura, en tanto que sistema de produccin e intercambio de significados compartidos; con lo que la semitica y la hermenutica han entrado a disputarle a la economa poltica su posicin dominante en el estudio de los fenmenos sociales (Lotman, 1996). Sin embargo, cabe estar precavidos frente a los extremos idealistas o solipsistas en los que ha desembocado cierta vertiente de la filosofa contempornea para la cual todo es discurso. Pues la dimensin crucial del actual viraje epistemolgico, no puede despacharse sin ms como una sustitucin del causalismo materialista de la ciencia moderna por el relativismo interpretativo de la llamada sensibilidad postmoderna, sino que nos impone la difcil tarea de trascender los reduccionismos y las explicaciones cerradas y concluyentes, y abrirnos con modestia al reconocimiento de la multidimensionalidad, la intersubjetividad, la historicidad y la incompletud de nuestro conocimiento de lo real.

En esa direccin, propuestas como las de Kuhn (1986) y Feyerabend (1981) sobre el carcter no acumulativo del conocimiento en virtud de las reiteradas mutaciones histricas sufridas por las reglas y las categoras adoptadas como universales por las comunidades cientficas, y alegatos como los de Marcuse (1964) y Foucault (1988, 2002) acerca de las formas de dominacin implcitas en la construccin social de los discursos, las teoras y las tecnologas, evidencian que ha venido ganando terreno el cuestionamiento a la objetividad y la neutralidad tica de las prcticas cientficas, no slo en el terreno de las ciencias sociales sino en el de las mismas ciencias naturales.

En el campo marxista, Gramsci ha sido tal vez el primero en formular ntidamente esta ruptura con la gnoseologa positivista cuando escribi: "en realidad la ciencia es tambin una superestructura, una ideologa" (1997:63). Una vez hecha esta constatacin, resulta lgico reconsiderar la validez del principio determinista segn el cual el desarrollo de las fuerzas productivas, al entrar en contradiccin con las relaciones sociales de produccin imperantes, es el principal desencadenante de los procesos revolucionarios. Mxime en una circunstancia histrica como la presente, donde las fuerzas productivas resultantes de la innovacin cientfico-tecnolgica se hallan cada vez ms sometidas al control monoplico de las corporaciones transnacionales y, en consecuencia, estn siendo modeladas permanentemente, desde su concepcin hasta su aplicacin, por el propsito de sostener las relaciones de dominacin econmica, poltica y militar imperantes. De ah que, hoy ms que nunca, cobren vigencia las previsiones de pensadores como Herbert Marcuse (1964), Murray Bookchin (1971), Fritz Schumacher (1973), Ivn Ilich (1973) y David Dickson (1977), para quienes los instrumentos tcnicos diseados por las instituciones hegemnicas del capitalismo globalizado, tanto con fines productivos como destructivos, no podrn ser integrados dentro de un modo de produccin alternativo sin que su adopcin reproduzca las mismas - o incluso peores - relaciones de dominacin y sin que la ideologa materializada en su estructura y su funcionamiento impida la maduracin de un nuevo orden social verdaderamente orientado a la liberacin del hombre y la preservacin de la vida (2).

Si admitimos que los procesos de cambio revolucionario implican una transformacin profunda de la configuracin de las relaciones sociales (de produccin y de otros rdenes de la vida colectiva) o, en el lenguaje de Edgar Morin (1995), si admitimos que una revolucin es un proceso de morfognesis del circuito metablico que enlaza a la infraestructura econmica con la superestructura ideolgica, se comprende que las prcticas sociales de produccin de los saberes cientficos y tcnicos se modifiquen tambin, sustancialmente, a la par con los cambios operados en la esfera econmica, poltica y cultural de la sociedad.

Cabe acotar que en modo alguno abogamos aqu por una filosofa ingenua de retorno a las cavernas o una condena dogmtica al legado cientfico-tcnico de la modernidad. Nuestro propsito es ms bien llamar la atencin acerca del riesgo de naufragio que correra cualquier proyecto socio-poltico alternativo al capitalismo, al dejarse capturar por el crculo vicioso de la copia compulsiva de los avances tcnicos tanto productivos como destructivos - de su adversario, sin una evaluacin permanente de sus efectos ecolgicos, sociales, polticos y culturales. No haber advertido este riesgo fue una de las principales razones del fracaso del socialismo del siglo XX o, ms especficamente, de la implosin del socialismo real ensayado en la Unin Sovitica y la regresin del socialismo chino hacia las formas ms extremas del capitalismo salvaje. Pues tanto el colapso sovitico como la recolonizacin de China por el capitalismo globalizado, son en gran medida el resultado de la opcin de enfrentarse a la dinmica envolvente de la Guerra Fra desde el mismo marco epistmico de la modernidad industrialista de su oponente. Fue as como la competencia tecnolgica y militar con las potencias capitalistas de Occidente asfixi, hasta hacerlo perecer, el impulso inicial en favor de la democratizacin radical de las decisiones polticas y la gestin horizontal de las actividades econmicas.

A la luz de estas consideraciones, la creencia acrtica en la naturaleza universal y necesaria de las fuerzas productivas y destructivas desplegadas histricamente en el seno de las sociedades industrializadas, as como la idea de que su adopcin acelerada es un requisito indispensable para la consolidacin de cualquier proyecto de transformacin revolucionaria de las naciones "subdesarrolladas", constituyen ideologemas provenientes de la episteme moderna compartida tanto por el positivismo (y sus derivaciones funcionalistas, neopositivistas y estructuralistas) como por el marxismo clsico. En consecuencia, cualquier estrategia de desarrollo cientfico-tecnolgico edificada sobre estas bases, terminar reproduciendo las formas de dominacin imperantes hasta el presente en las llamadas sociedades "perifricas" y, en consecuencia, jams llegar a ser una poltica autnticamente revolucionaria, independientemente de que sus promotores crean estar promoviendo una revolucin.

Y es que la magnitud de la crisis ecolgica gestada por el modelo de desarrollo industrial adoptado en la actualidad por los tres mundos (en el lenguaje de la Guerra Fra), obliga a cuestionar los fundamentos mismos de la modernidad y su concepcin del progreso, entendido como explotacin tcnica de la naturaleza y del hombre a escala planetaria. De ah que el fomento de alternativas tecnolgicas de produccin y consumo, basadas en el respeto a la diversidad ecolgica, los saberes locales tradicionales y la organizacin cooperativa y autogestionaria de la accin econmica, sean tareas urgentes para quienes esperamos que los valores de la vida se impongan sobre los antivalores de la muerte.

Otro flanco dramtico del actual desarrollo prometeico de la tcnica es el de la inmensa potencia destructiva del arsenal de armas biolgicas, qumicas y nucleares, que amenaza con borrar al hombre de la faz de la tierra. Esto obliga a pensar en el riesgo que implica el control excluyente que han venido ejerciendo los militares, los gobiernos y las corporaciones del primer mundo, sobre la investigacin cientfica y tecnolgica, hoy en da al servicio de la voluntad destructiva del Imperio que pretende regir los destinos del mundo. Un control que a fin de cuentas ha resultado ineficaz, cuando las leyes del mercado han puesto estos instrumentos de aniquilacin masiva en manos del mejor postor o del aliado poltico de turno. Frente a estas realidades, nicamente la participacin popular en la toma de decisiones sobre el financiamiento de la investigacin militar, podr ponerle freno a un gasto incuantificable e inmoral, que bien podra dirigirse hacia proyectos mucho ms beneficiosos y urgentes para la humanidad. Las comunidades organizadas tendrn que ser, en las sociedades que aspiren sobrevivir al caos desatado por el capitalismo global, los nuevos actores responsables de la produccin y el uso del conocimiento y las herramientas tcnicas, destinadas a la paz o a la guerra, que los valores de la nueva civilizacin harn factibles sobre la base del respeto a la diversidad infinita de la vida.

En consecuencia, una transformacin revolucionaria de las prcticas sociales de produccin y reproduccin de los saberes cientficos y tcnicos, implica un cambio paradigmtico en el que resultarn modificados radicalmente cuando menos tres rdenes: a) el de la epistemologa que sirve de fundamento a las prcticas de produccin de estos saberes, b) el de la axiologa que orienta los fines de la ciencia y la tcnica y permite evaluar la adecuacin entre medios cientfico-tcnicos y fines sociales y c) el de los actores sociales que detentan la hegemona en el campo de las prcticas cientfico-tcnicas.

De aqu se infiere que, despus del siglo XX, las revoluciones no puedan seguir concibindose nicamente como cambios en las formas de propiedad de los medios de produccin. Obviamente estos cambios son necesarios y urgentes para superar la desigualdad y la exclusin, pero el punto es que han dejado de ser suficientes si se aspira que las revoluciones signifiquen de veras una transformacin profunda del orden capitalista. El fracaso del socialismo industrialista-burocrtico del pasado siglo ha dejado una leccin irrecusable a este respecto.

Asimismo, una poltica autnticamente revolucionaria en el campo de la ciencia y la tecnologa (y por lo tanto no reproductora del viejo orden capitalista y colonialista), tendr que redefinir su mbito de competencia mucho ms all del protagonismo excluyente ejercido en la modernidad por el mercado (a la derecha) y el Estado (a la izquierda). Pues para sortear el riesgo de reincidir en un simple cambio de rostros en la nomenclatura de la burocracia estatal o de las corporaciones privadas que hasta el presente han hegemonizado la produccin de los saberes cientfico-tcnicos, habr que comenzar por identificar a los autnticos sujetos de la Revolucin en curso y sus arraigos culturales ms all de las fronteras de los marcos epistmicos e institucionales de la tecno-burocracia pblica y privada articulada a los intereses del capital transnacional. En segundo lugar, una vez reconocidos los nuevos actores sociales y sus marcos epistmicos, ticos y socioculturales, ser necesario iniciar la transferencia progresiva del control sobre los procesos de produccin y reproduccin de los saberes cientfico-tcnicos, de las manos del Estado y las corporaciones a las manos de las comunidades y redes sociales protagonistas del nuevo orden civilizatorio emergente. Ntese que esta "transferencia" va mucho ms all del proyecto ilustrado de democratizacin de la ciencia y la tcnica producidas por la modernidad. Implica adems (y en esto se juega su carcter autnticamente revolucionario) la posibilidad de refundar los procesos sociales de produccin y reproduccin de la ciencia y la tcnica sobre las nuevas bases epistemolgicas y axiolgicas aportadas por los sujetos populares del cambio.

De esta manera, veremos surgir una ciencia y una tcnica iluminadas por valores ecolgicos, no depredadora y no contaminante; una ciencia y una tcnica emancipadas y emancipadoras, que no reproduzcan la dinmica de explotacin y exclusin propia de las relaciones de dominacin capitalistas; una ciencia y una tcnica surgidas de la raz de las culturas originarias, indgenas, campesinas y populares an sobrevivientes; una ciencia y una tecnologa creada y gestionada equitativamente por hombres, mujeres y nios; una ciencia y una tcnica que sin negarse a dialogar con los saberes heredados de la modernidad, impida activamente a las burocracias y las corporaciones arrebatarle el protagonismo en la configuracin de su destino a los poderes creadores del pueblo. En fin, se trata de la enorme tarea de sustituir una ciencia de las minoras concebida para el sostenimiento del poder y la universalizacin de la muerte, por una ciencia gestada por las mayoras para el florecimiento de la vida y la diversidad de las culturas sobre el suelo nutricio de la Madre Tierra. ______

(1) Una caracterizacin pionera del ecosocialismo fue formulada por Jel de Rosnay en su obra El Macroscopio (1977). Rosnay parte aqu de la crtica al industrialismo formulada por Ivn Illich (1973), aunque la complementa con una valoracin -quizs demasiado optimista- de las posibilidades abiertas, para la construccin de una ecosociedad postindustrial, por ciertas innovaciones tecnolgicas como la explosin de las telecomunicaciones, la miniaturizacin y la descentralizacin de la informtica, y el dominio por el hombre de ciertos procesos naturales, especialmente en biologa y en ecologa (Rosnay, 1977:266). Elas Capriles (2006) prefiere el trmino ecomunismo en virtud del carcter transitorio e imperfecto que Marx le atribua al socialismo, en contraste con la igualdad y liberacin plenas que se lograran en el comunismo postsocialista. Por ltimo, Sirio Lpez Velasco habla de ecomunitarismo, si bien reconoce que el ecomunitarismo, en su dimensin productivo-distributiva, comunicativa y ecolgica retoma, actualizndola y completndola, la utopa marxiana del comunismo (2006:273).

(2) La posicin de Marcuse en torno a la necesidad de crear una ciencia y una tcnica cualitativamente distintas a las producidas por la sociedad industrial de modo que resulten cnsonas con un mundo pacificado, ha sido frontalmente cuestionada por Habermas. En su polmica con Marcuse, el terico de la accin comunicativa asume la defensa de la ciencia moderna valindose de una argumentacin en la cual el progreso cientfico-tcnico aparece naturalizado e investido de una funcionalidad necesaria e independiente de las relaciones de poder y las ideologas de una determinada poca, de una determinada clase o de una situacin superable. En el fragmento siguiente, Habermas formula (mediante una parodia del lenguaje marcusiano) lo esencial de un pensamiento que bien pudiera servir de justificacin al proyecto tecno-fascista del complejo industrial-militar que pretende regir los destinos del planeta en la era del capitalismo globalizado: En lo que Marcuse est pensando es en una actitud alternativa frente a la naturaleza, pero de ah no cabe deducir la idea de una nueva tcnica. En lugar de tratar a la naturaleza como objeto de una disposicin posible, se la podra considerar como el interlocutor de una posible interaccin. En vez de a la naturaleza explotada cabe buscar a la naturaleza fraternal. A nivel de una intersubjetividad todava imperfecta podemos suponer subjetividad a los animales, a las plantas e incluso a las piedras, y comunicar con la naturaleza, en lugar de limitarnos a trabajarla cortando la comunicacin. Y un particular atractivo, para decir lo menos que puede decirse, es el que conserva la idea de que la subjetividad de la naturaleza, todava encadenada, no podr ser liberada hasta que la comunicacin de los hombres entre s no se vea libre de dominio. Slo cuando los hombres comunicaran sin coacciones y cada uno pudiera reconocerse en el otro, podra la especie humana reconocer a la naturaleza como un sujeto y no slo, como quera el idealismo alemn, reconocerla como lo otro de s, sino reconocerse en ella como en otro sujeto. Sea como fuere, las realizaciones de la tcnica, que como tales son irrenunciables, no podran ser sustituidas por una naturaleza que despertara como sujeto. La alternativa a la tcnica existente, el proyecto de una naturaleza como interlocutor en lugar de como objeto, hace referencia a una estructura alternativa de la accin: a la estructura de la interaccin simblicamente mediada, que es muy distinta de la de la accin racional con respecto a fines. Pero esto quiere decir que esos dos proyectos son proyecciones del trabajo y del lenguaje y por tanto proyectos de la especie humana en su totalidad y no de una determinada poca, de una determinada clase o de una situacin superable. Pero si no es admisible la idea de una nueva tcnica, tampoco puede pensarse consecuentemente la idea de una nueva ciencia, ya que en nuestro contexto, a la ciencia, la ciencia moderna, se la ha de considerar como una ciencia obligada a mantener la actitud de una posible disposicin tcnica: lo mismo que en el caso del progreso cientfico-tcnico, tampoco para la funcin de la ciencia es posible encontrar un sustituto que fuera ms humano. (Habermas, 1989:62-63).

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