Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2006

El caso en favor del boicot de Israel
Boicot ahora mismo!

Virginia Tilley
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin y Tlaxcala por Germn Leyens


Johannesburgo, Sudfrica.

Por fin lleg la hora. Despus de aos de argumentos internos, confusin, y dudas, ha llegado la hora de un boicot internacional hecho y derecho de Israel. Desde hace dcadas han existido, por cierto, buenos motivos para un boicot, como lo prueban montones de iniciativas. Pero los crmenes de guerra de Israel son ahora tan horrendos, su extremismo tan evidente, los sufrimientos tan grandes, la ONU tan impotente, y tan urgente e imperiosa la necesidad de que la comunidad internacional contenga la conducta de Israel, que ha madurado el momento para una accin global. Un movimiento coordinado de desinversin, sanciones, y boicots contra Israel debe ser convocado para contener no slo los actos agresivos y los crmenes contra el derecho humanitario de Israel, sino tambin, como en Sudfrica, su lgica racista fundacional que inspir y sigue impulsando todo el problema palestino.

El segundo objetivo de la campaa por el boicot es ciertamente el principal. Los llamados a favor de un boicot han citado hace tiempo crmenes especficos: los continuos ataques de Israel contra civiles palestinos; su desdn indiferente por las vidas civiles palestinas destruidas accidentalmente en sus asesinatos y bombardeos; su arruinamiento deliberado de las condiciones econmicas y sociales de los palestinos; su continua anexin y desmembramiento de las tierras palestinas; su tortura de prisioneros; su desacatamiento de las resoluciones de la ONU y del derecho internacional; y especialmente, su negativa a permitir que los refugiados palestinos retornen a su patria. Pero el boicot no puede apuntar slo a esas prcticas. Debe concentrarse en su fuente ideolgica.

La verdadera ofensa a la comunidad internacional es la motivacin racista de estas prcticas, que viola los valores y normas fundamentales del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esa ideologa racial no es sutil ni oscura. El propio Olmert ha aporreado repetidamente al pblico con la amenaza demogrfica que enfrenta Israel: la amenaza de que demasiados no-judos se convertirn algn da qu horror! en ciudadanos de Israel. Es la amenaza demogrfica la que, segn la doctrina israel, justifica el acordonamiento de Cisjordana y de la Franja de Gaza como prisiones al aire libre para millones de personas cuyo nico crimen real es que no son judos. Es la amenaza demogrfica, no la seguridad (ha aclarado Mr. Olmert), la que requiere que el horrendo Muro separe las comunidades rabe y juda, yuxtapuestas actualmente en un paisaje fragmentado, que de otra manera podran mezclarse.

La amenaza demogrfica es la frase ms repugnantemente racista que sigue siendo utilizada en el modo de hablar internacional. Ha sido misteriosamente tolerada por una comunidad internacional perpleja. Pero ya no puede ser tolerada. El temor sionista ante la amenaza demogrfica, provoc la expulsin de la poblacin rabe indgena en 1948 y 1967, cre y perpeta la ocupacin israel de Cisjordania y la Franja de Gaza, inspira sus terribles abusos de los derechos humanos contra los palestinos, lleva al malestar regional, como el ataque de 1982 contra Lbano (que cre a Hezbol), y contina impulsando al militarismo y a la agresin israeles.

Este descarado racismo oficial y su acompaante, la violencia, coloca a Israel en las filas de los estados parias, cuyo smbolo fue otrora Sudfrica. En ambos pases la lgica nacionalista atorment y humill al pueblo nativo. Tambin se extendi regularmente a la desestabilizacin de las regiones circundantes (hasta los topes con amenazas demogrficas), llevando a ambos regimenes a ataques crueles e implacables. Impulsados por un sentido de su condicin de vctimas perennes, asumieron la autoridad moral de aplastar a las hordas nativas que amenazaban con diluir las naciones orgnicas afrikaner/juda y toda la civilizacin blanca occidental que crean representar tan noblemente.

Una sociedad blanca humillada en Sudfrica termin por renunciar a ese mito. Israel sigue aferrndose a l. Ahora ha conducido a Israel a pulverizar a Lbano, tratando de eliminar a Hezbol y, tal vez, preparar el camino para un ataque contra Irn. Las ofertas de paz de todo el mundo rabe son desechadas como si fueran basura. Una vez ms, el Oriente Prximo es sumergido en el caos y la agitacin, porque una existencia normal paz, democracia plena es anatema para un rgimen que debe ver y tratar a sus vecinos como una amenaza existencial a fin de justificar la poltica de rechazo que preserva su carcter tnico/racial y posibilita sus continuas anexiones de tierras.

Por qu ha sobrevivido tanto tiempo esta escandalosa doctrina racial, recompensada con miles de millones de dlares de ayuda de EE.UU. cada ao? Conocemos los motivos. Para demasiados occidentales, el carcter judo de Israel se refunde con el legado del Holocausto para dar un sentido intuitivo a la afirmacin de Israel de que se halla bajo un ataque continuo. El profundo prejuicio judeo-cristiano contra el Islam sataniza a las vctimas de Israel, en su mayora musulmanas. El prejuicio racista europeo contra los rabes (nativos de piel oscura) presenta su desposeimiento material como si tuviera menos significacin humana. Las ingenuas visiones cristianas de la Tierra Santa naturalizan el gobierno judo en paisajes bblicos. Estpidas nociones cristianas evangelistas del Rapto y de los Tiempos Finales posicionan la potestad juda como esencial para el retorno del Mesas y el Milenio final (a pesar de que, en esa asquerosa narrativa, los judos terminan por ser quemados).

Hay que dejar de lado ahora todos estos planteamientos y prejuicios, que han confundido durante mucho tiempo a la accin internacional. La lgica brutal de la auto-imagen deforme y las doctrinas racistas de Israel es expresada ms all de toda confusin por la realidad mostrada ahora en toda su brutalidad: el paisaje lunar de los escombros de aldeas libanesas otrora encantadoras; un milln de personas desesperadas que tratan de sobrevivir a los ataques areos israeles mientras llevan a nios y empujan las sillas de ruedas de abuelos minusvlidos por carreteras llenas de crteres; los cuerpos inanimados de nios extrados de los subterrneos polvorientos de edificios derrumbados. Es la realidad de la doctrina nacional de Israel, el resultado directo de la visin racista del mundo. Amenaza a todos, y hay detenerla.

Preparacin de la campaa

Ha habido mucha discusin sobre una campaa de boicot, pero hasta ahora no ha progresado ms all de algunos grupos ardientes pero aislados. Los esfuerzos han tropezado con los difciles problemas de costumbre, es decir si un boicot es moralmente obligatorio para rechazar las flagrantes violaciones de los derechos humanos por Israel o si impedira una participacin vital en foros israeles, o si una defensa por principio del derecho internacional debe ser atemperada por llamados (ficticios) al equilibrio. Especialmente, la discusin reciente ha zozobrado por llamados a un boicot acadmico. En este caso, las preocupaciones son razonables, aunque algo limitadas. Las universidades ofrecen conexiones vitales y arenas para la colaboracin, el debate, y nuevas formas de pensar. Sin tales foros y su intercambio intelectual, argumentan algunos, se puede argir que se impide el trabajo hacia un futuro diferente.

Pero este argumento ha volado por los aires junto con las aldeas del sur de Lbano, en circunstancias en las que las facultades universitarias israeles endosan completamente la actual guerra. Como ha argumentado una y otra vez Ilan Papp, las universidades de Israel no son foros para el pensamiento ilustrado. Son crisoles para la reproduccin de la lgica y prctica racistas sionistas, que filtran y controlan las ideas admisibles. Producen abogados que defienden el rgimen de ocupacin y dirigen sus tribunales irregulares y arbitrarios; planificadores e ingenieros civiles que disean y construyen los asentamientos en tierras palestinas; economistas y financieros que disean e implementan las subvenciones para esos asentamientos; gelogos que facilitan la confiscacin de los acuferos palestinos; doctores que tratan a los torturados para que puedan volver a torturarlos; historiadores y socilogos que dan un sentido a una sociedad nacional mientras preservan las mentiras oficiales sobre su propio asado; y poetas, dramaturgos, y novelistas que componen las obras nacionalistas que glorifican y dan un sentido moral a todo el asunto (en el interior, por lo menos).

Aquellos de entre nosotros, que hemos encontrado a acadmicos judos israeles en universidades israeles vemos que la vasta mayora de ellos, incluyendo a liberales con buenas intenciones, operan en una burbuja extraa y singular de ficciones habilitantes. La mayora ignora todo sobre la vida, la cultura, o la experiencia palestinas. Saben sorprendentemente poco sobre la ocupacin y sus realidades, que aplastan a la gente al otro lado del monte ms cercano. Han absorbido nociones simplistas sobre un Arafat partidario del rechazo, los terroristas de Hamas, y el urbano Abbas. En ese mundo de ilusiones especial y aislado, dicen cosas sin sentido sobre factores irreales y eventos ficticios. El intento de encontrar algn sentido en sus conjeturas no es ms productivo que hablar sobre Oriente Prximo con los neoconservadores del gobierno Bush, que tambin viven en una extraa burbuja de ignorancia y fantasa. Aparte de unas pocas almas valerosas y asediadas, ste es el mundo de las universidades de Israel. No cambiar hasta que sea obligado a hacerlo cuando las condiciones para su auto-reproduccin sean afectadas y su auto-engao sea demasiado manifiesto.

El verdadero objetivo cambiar las mentes

Las universidades representan y reproducen el mundo burbuja de la poblacin juda israel en su conjunto. Y nadie abandona de buenas ganas su burbuja. En Sudfrica, los afrikaners se aferraron a su propia burbuja sus mitos auto-exoneradores sobre la historia, la civilizacin, y la raza hasta que fueron obligados por sanciones externas y el derrumbe de la economa nacional a repensar esos mitos. Su resistencia a hacerlo, aunque racista, no fue slo cruel. Muchos afrikaners benvolos y bien intencionados simplemente no crean que tuvieran que repensar ideas que se les presentaban como dadas y eso conformaba su realidad. (Una apreciada amiga afrikaner en este pas recuerda su vida durante Sudfrica del apartheid como algo parecido a El Show de Truman, una pelcula en la que un hombre crece sin saberlo en un show de televisin, ubicado en un mundo artificial bajo una bveda, diseado para que se parezca a una pequea ciudad.) Al derrumbarse su realidad, repentinamente nadie admiti que alguna vez hubiese credo en ella o la hubiera apoyado.

La visin sionista del mundo es un sistema an ms completo. Suministra todos los detalles histricos y geogrficos para crear un mundo mtico total, en el que los judos tienen derechos a la tierra y los palestinos ningunos. Es una construccin plenamente realizada, como esos mapas hebraizados cuidadosamente elaborados por el movimiento sionista en los aos treinta para borrar el antiguo paisaje rabe y sustituirlo por referencias bblicas hebreas. Tambin es muy elstica. Los nuevos historiadores han denunciado la valorada narrativa histrica nacional de 1948 y 1967 como un montn de ficciones, pero esas mismas ficciones siguen siendo reproducidas por agencias estatales para asegurar a los judos israeles y de la dispora de su inocencia y de la justicia de su causa. La vasta mayora de los israeles contina por lo tanto confortablemente en su Show de Truman e incluso ven toda presin o crtica externas como una confirmacin. No necesitamos ms evidencia grfica del xito de esa campaa que el abrumador apoyo entre judos israeles para el actual ataque catastrfico contra Lbano, que refleja su sincera creencia en que la potencia nuclear Israel est realmente bajo una amenaza existencial por un grupo guerrillero que arroja cohetes Katyusha a travs de la frontera. Por asombrosa que parezca a los observadores, esa creencia es aleccionadora e instructiva.

Dos esfuerzos son indispensables para obligar a gente empapada de una tal visin del mundo a repensar sus nociones, sus mitos histricos, y sus propios mejores intereses.

  1. Una seria presin externa; en este caso un boicot total que debilite la capacidad de Israel de sostener los estndares econmicos que esperan sus ciudadanos y corporaciones, y que asocian con su propia auto-imagen progresista; y
  2. Un compromiso claro e inquebrantable con el objetivo del boicot, que en Israel como en Sudfrica debera ser plena igualdad, dignidad, seguridad, y bienestar para todos en el pas, incluyendo a los palestinos, cuya cultura ancestral se origin all, y a la poblacin juda, que ha edificado all una sociedad nacional.

Esa combinacin es esencial. No hay otra alternativa que funcione. La diplomacia, las amenazas, los ruegos, el proceso de paz, la mediacin, sern todos intiles hasta que la presin exterior lleve a toda la poblacin juda a emprender la dificilsima tarea de repensar su mundo. Esta presin requiere toda la gama de boicots, sanciones, y desinversin que el mundo pueda emplear. (El intelectual sudafricano Steven Friedman ha observado irnicamente que el modo de derribar a cualquier rgimen colonial de asentamientos establecido es hacerlo elegir entre los beneficios y la identidad. Los beneficios, se impondrn invariablemente.)

En qu concentrarse

Por suerte la experiencia sudafricana nos ha enseado cmo proceder, y las estrategias proliferan. Los mtodos bsicos de una campaa internacional de boicot son familiares. Primero, cada persona trabaja en su propia rbita inmediata. La gente puede instar a que sus colegios y universidades, corporaciones, clubes, e iglesias desinviertan de compaas que invierten en Israel. Hay que boicotear todo evento deportivo que incluya a un equipo israel, y trabajar con los planificadores para que los excluyan. No participar, ni visitar, ningn evento cultural israel pelculas, obras teatrales, msica, exposiciones de arte. Evitar la colaboracin con colegas profesionales israeles, excepto en el activismo anti-racista. No invitar a ningn acadmico o escritor israel a contribuir a ninguna conferencia o labor de investigacin y no asistir a sus paneles o comprar sus libros, a menos que su trabajo participe directamente en el activismo anti-racista. No visitar Israel excepto para activismo anti-racista. No comprar nada hecho en Israel, comenzar a estudiar las etiquetas sobre el aceite de oliva, las naranjas, y la vestimenta. Contar a todos lo que ests haciendo y por qu. Formar grupos de discusin por doquier para explicar el por qu.

Para hallar ideas y aliados, hay que encontrar en Google las campaas de boicot de Israel y de sanciones contra Israel que se estn creando en el mundo. Conocer a esos aliados, como las principales iglesias, e informar a la gente al respecto. Para ms ideas, leed la historia del boicot de Sudfrica.

En segundo lugar, no hay que permitir que alternativas sionistas liberales que argumentan contra un boicot, a favor del dilogo, confundan a nadie. Si podemos sacar alguna conclusin del ltimo medio siglo, es que, sin el boicot, el dilogo no lleva a ninguna parte. Y no hay que dejar que los argumentos liberal-sionistas de que Israel permitir que los palestinos tengan un Estado si hacen esto o aquello confundan a nadie. Israel ya es el nico poder soberano en Palestina: los fragmentos que dejan a los palestinos no pueden formar un Estado. La cuestin ahora no es si existe un Estado, sino qu clase de Estado incluye. La versin actual es apartheid, y tiene que cambiar. Por difcil que sea de lograr, y por mucho que asuste a los israeles judos, la nica solucin justa y estable es la plena democracia.

Tercero, hay que prepararse para la oposicin al boicot, que ser mucho ms ruidosa, ms malvola, y ms peligrosa que en el caso del boicot contra Sudfrica. Hay que leer y reunir hechos slidos y documentables. Hay que apoyarse mutuamente fuerte y pblicamente contra las inevitables acusaciones de antisemitismo. Y apoyar a tus medios de informacin contra las mismas acusaciones. Hay que escribir a los medios y explicar lo que son realmente los equipos mediticos de Israel. La mayor parte del activismo pro-israel se basa directamente en los programas de difusin de propaganda del gobierno israel. Hay que trabajar en equipo para contrarrestar su presin sobre los peridicos, las estaciones de radio, y los foros de noticias de la televisin. No hay que permitir que capturen o intimiden a la discusin pblica. Mediante la sonora insistencia (y tiene que ser sincera) en que el objetivo es la plena igualdad de la dignidad y los derechos de todos en Israel-Palestina, incluyendo a los millones de ciudadanos judos de Israel, demoled sus engaosas afirmaciones de antisemitismo.

Finalmente, hay que defender la validez de los principios que impulsan la misin del boicot. No hay que tolerar ni el ms mnimo hlito de antisemitismo en vuestro propio grupo o movimiento. Existen, por cierto, racistas anti-judos, y se sienten atrados a estas campaas como cucarachas. Distraern y absorbern vuestras energas, mientras debilitan, degradan, y destruyen el movimiento de boicot. Algunos son infiltrados sionistas, que lo harn deliberadamente. Si no podis convencerlos (y no perdis demasiado tiempo tratando de hacerlo, porque usarn vuestros esfuerzos para haceros consumir tiempo y distraer vuestras energas), denunciadlos, expulsadlos, ignoradlos, no hay que tener nada que ver con ellos. Son los enemigos de un futuro de paz, no sus aliados forman parte del problema, no de la solucin.

Boicotear al Hegemn

Es el momento de aplicar tambin presin internacional sobre el cmplice EE.UU. Es imposible, en la actualidad, ejercer un boicot efectivo contra EE.UU., ya que sus productos son demasiado omnipresentes en nuestras vidas. Pero es rpido y fcil lanzar un boicot de productos estadounidenses emblemticos, contrariando a sus principales corporaciones. Es especialmente fcil boicotear los grandes productos de consumo globales como Coca-Cola, MacDonald's, Burger King, y KFC, cuyo poder ha aplicado presiones antidemocrticas a gobiernos en todo el mundo. (Mediante inquietantes prcticas monopolsticas, Coca-Cola es un actor vil en los pases en desarrollo, en todo caso: vase, por ejemplo: http://www.killercoke.org.) Piensas que echars demasiado de menos esos alimentos? Es demasiado sacrificio consumir algo diferente por un cierto tiempo, considerando lo que ocurre a la gente en Lbano? Piensa en todos los productos locales que apoyars! (Y cmo le har bien a tu salud).

En EE.UU., el impacto de estas medidas puede ser pequeo. Pero en frica, Latinoamrica, Europa, y en los mundos rabe y musulmn, el boicot de esas marcas famosas puede tener alcance nacional y el impacto sobre los beneficios de las corporaciones ser enorme. No hay que subestimar jams el poder de las corporaciones de EE.UU. para influenciar la poltica exterior de EE.UU. Es una fuerza que lo hace sistemticamente.

Pero siempre, siempre, recuerda el objetivo y la visin. La clera y el odio, que surgen de la debacle libanesa deben ser canalizados no hacia las represalias y la venganza sino hacia una accin de principios. La lucha armada contra la ocupacin sigue siendo legtima y, si es realizada adecuadamente (sin asesinatos de civiles), es un instrumento clave. Pero el objetivo de todos los esfuerzos, de cada impronta, debe ser garantizar la seguridad para todos, hacia la construccin de un nuevo futuro pacfico. Es muy difcil, en medio de nuestra indignacin moral, permanecer en el camino al xito. Ese desafo es, sin embargo, bien conocido por las campaas de derechos humanos como lo es para las tres fes monotestas. Es lo que el Islam conoce como el gran Yihad la lucha del corazn. Debe ser la antorcha que gua este esfuerzo, que debemos defender todos juntos.

Virginia Tilley es profesora de ciencias polticas, ciudadana estadounidense que trabaja en Sudfrica y autora de The One-State Solution: A Breakthrough for Peace in the Israeli-Palestinian Deadlock (University of Michigan Press and Manchester University Press, 2005). Para contactos escriba a: [email protected]

Copyright Virginia Tilley and CounterPunch.

http://www.counterpunch.org/soldz08012006.html

Germn Leyens es miembro de los colectivos de Rebelin y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin es copyleft.



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