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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2006

Sionazismo

Carlo Frabetti
Rebelin


Una de las principales razones de la preponderancia del mito del vampiro, tanto en la literatura como en el cine de terror, es la supuesta contagiosidad del vampirismo: la presa humana no solo es sangrada como una res por el diablico depredador, sino que puede convertirse a su vez en un monstruo sediento de sangre.

Los psiclogos an no han explicado plenamente el fenmeno, pero lo observan todos los das: con alarmante frecuencia, los maltratados se convierten en maltratadores, las vctimas se convierten en verdugos (en uno de los ms famoso relatos de Las mil y una noches, el genio encerrado en la botella quiere matar al pescador que lo libera porque necesita descargar sobre alguien la ira acumulada durante su largo encierro, y en Climas, la novela de Andr Maurois, los atribulados personajes tratan a sus nuevas parejas como las anteriores los trataron a ellos, por no citar sino dos de los muchos ejemplos que nos brinda la literatura).

El mayor dao que los nazis hicieron a los judos no fue exterminar a varios millones de ellos, sino crear las condiciones para que otros tantos se convirtieran en los ms despiadados herederos del nazismo. Paradjicamente, los nazis tomaron del judasmo el mito del pueblo elegido, lo pusieron al servicio de una supuesta raza aria y lo utilizaron para exterminar a los propios judos; y los supervivientes de ese brutal exterminio retomaron la vieja frmula, corregida y aumentada, de manos de los nazis para dedicarse, con la misma ferocidad que sus antecesores y verdugos, al exterminio de los palestinos y a la invasin de los pases colindantes. Paradjicamente, los judos son los verdaderos antisemitas (puesto que los rabes son tan semitas como los hebreos), del mismo modo que los estadounidenses son los verdaderos antiamericanos.

A modo de inciso, quisiera aclarar por qu utilizo el trmino judos en frases (como la inmediatamente anterior) en las que podra parecer que lo polticamente correcto sera hablar de sionistas. Los judos no son una etnia, ni constituyen un pas, ni se distinguen en funcin de rasgos fsicos caractersticos. Ser judo no es lo mismo que ser mapuche, ni que ser suizo, ni que ser negro; se parece ms a ser catlico: es una eleccin que implica la asuncin de una determinada tradicin, de una determinada ideologa. Como la mayora de los italianos, yo estoy bautizado y he recibido una educacin catlica; pero no me considero catlico ni me defino como tal, y quienes as lo hacen no es en funcin de su mera condicin de bautizados o de su pertenencia a una familia de creyentes, sino porque se identifican con las ideas que les han sido inculcadas y las asumen como propias. Anlogamente, no basta con estar circunciso para ser judo: hay que creer (o fingir creer) en el judasmo, en la nocin de un supuesto pueblo de Israel (que, por si fuera poco, pretende ser el pueblo elegido). Por lo tanto, quienes se definen y se reconocen como judos estn haciendo una importante eleccin que, en estos momentos, entraa una grave responsabilidad. Fin del inciso.

No es casual que los verdaderos antisemitas y los verdaderos antiamericanos sean aliados incondicionales. El sionismo, al igual que la mafia (y por las mismas razones), encontr en el despiadado capitalismo estadounidense su caldo de cultivo ideal, su perfecto anfitrin simbitico. Y el imperialismo (fase superior del capitalismo) engendr como una metstasis, en el corazn de Oriente Prximo, el espreo y genocida Estado de Israel.

En Drcula, la famosa novela de Bram Stoker que consolid el mito, dice el profesor Van Helsing que la fuerza del vampiro estriba en el hecho de que casi nadie cree en su existencia. Y la del Imperio tambin: la mayora de los occidentales an no lo identifican como tal, no reconocen su monstruosidad, se resisten a darse cuenta de que nos enfrentamos a la tirana de un IV Reich que solo se distingue del tercero en la medida en que ha sustituido el cinismo por la hipocresa y la propaganda poltica directa por la manipulacin meditica. El nuevo Eje tiene sus polos en Washington y Tel Aviv, y a su alrededor gira la Unin Europea como una mansa res uncida a una noria.

Pero la historia no se repite, como dicen los necios, ni se acaba, como quisieran los privilegiados. Solo los opresores no cambian, son siempre igual de estpidos (puesto que no hay ms sabidura que la solidaridad entre las personas y entre los pueblos); pero los oprimidos s, cambian continuamente, hacen girar el mundo. Solo algunas de las vctimas de los vampiros se convierten a su vez en sangradores; otras se vuelven cada vez ms conscientes de la intolerable causa de su desgracia, y la clera antiimperialista crece en los pases islmicos (y no solo en ellos) como una marea que nadie podr ni tendr derecho a contener, que nos mojar a todos, que ya nos est mojando.

Como M, el vampiro de Dsseldorf, el Imperio ha sido marcado con un signo infamante. Cada vez ms gente conoce su verdadera identidad. Cada vez menos gente consigue mantener los ojos cerrados ante las atrocidades del sionazismo israel y del neofascismo estadounidense. Y, como M, los carniceros de Washington y Tel Aviv tendrn que acabar rindiendo cuentas de sus crmenes al pueblo, a todos los pueblos, empezando por los suyos.



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