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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2006

Cronopiando
Diario ntimo de Jack el Destripador/6

Koldo y Jos Mercader
Rebelin


 

El negocio del destripamiento me estaba yendo tan mal, con tanta competencia desleal a cargo de polticos, militares, choferes, abogados y otros matarifes, que para poder subsistir tuve que buscar empleo en un peridico y, lo que es peor, de periodista.

Al fin y al cabo me haban asegurado que en el ejercicio de la profesin tambin podra destripar alguna que otra reputacin y aunque prefiero los degellos naturales, no siempre podemos elegir.

Lo que en verdad importaba era trabajar bien para ganarme la confianza del director. As que, cuando aquella maana lleg la noticia de un mortal accidente de trnsito en Santiago y, rpidamente, se decidi que yo fuera a cubrirla, acud a la administracin para que me facilitaran las dietas y el transporte. Si me apuraba, poda estar en el lugar de la tragedia en dos horas y media. Claro que, entonces, ignoraba que me encontraba mucho ms cerca de la "tragedia" de lo que crea. Lo comenc a intuir cuando con la celeridad propia que las circunstancias exigan llego a la oficina y se me dice que no hay ni dinero ni transporte.

Tales carencias, siendo lamentables, nunca me habran sacado de mis casillas si no se me hubiera, adems, censurado la improvisacin por no haber solicitado el dinero y el transporte con un da de antelacin por lo menos, tal y como est establecido por la administracin.

Yo me sereno y trato de explicarle al incumbente que, desgraciadamente, los tres muertos no tuvieron el buen gusto de advertirme de su accidente con la debida premura y que tampoco, entre mis habilidades, puedo alardear de adivinar el porvenir y adelantarme a los hechos, pero se me dice que ese no es problema de la oficina y que para la prxima vez, debo solicitar el dinero y el transporte 24 horas antes.

Por si acaso no se ha entendido mi inquietud o yo no he sabido expresarla, vuelvo e insisto en que los accidentes ocurren accidentalmente, que es precisamente por ello que se llaman as, y que no slo ocurre en nuestro catico pas, que incluso en el extranjero tienen los accidentes la mala costumbre de no anunciarse.

Y cuando ya pensaba haber solventado con xito el problema de entendimiento entre los dos, l, que se ajusta la corbata y me advierte que me deje de pretextos buscando justificar mis obvias carencias planificadoras.

Ah es donde se me revoltea el destripador que todos llevamos dentro, sobre todo yo, y por un momento pienso que ya no quiero ir a Santiago, que ya no quiero ser periodista y que nunca deb dejar el destripamiento. Abro y cierro la mano, lista para desenfundar la afilada hoja, pero tal vez porque uno se va haciendo viejo, finalmente, doy la vuelta y sin despedirme ni agregar nada, me voy abatido y desolado, ya no para Santiago sino para el carajo, que es un destino que ni precisa transporte ni requiere dietas.

 

 

 



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