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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2006

A propsito de las Lecciones de batalla de Gregorio Flores
La FIAT, el clasismo y las enseanzas de la izquierda revolucionaria

Nstor Kohan
Rebelin


FIAT: del consejismo italiano al clasismo cordobs

La FIAT constituye una empresa monoplica que opera a nivel mundial. La rama industrial automovilstica ha sido hasta ahora fundamental en el capitalismo contemporneo a tal punto que algunas escuelas sociolgicas han apelado a los trminos de fordismo ampliamente utilizado por Gramsci en sus Cuadernos de la crcel o de toyotismo para designar fases histricas completas del desarrollo capitalista. En ambos casos se adopta el nombre de una empresa de automviles (FORD, de origen estadounidense; TOYOTA, de origen japons) como sntesis de toda una poca social.

En su propia historia la FIAT (de origen italiano) fue implementando los distintos modos de gestin capitalista generando, al mismo tiempo, diversas modalidades y experiencias polticas de resistencia obrera.

Durante las primeras dcadas del siglo XX los trabajadores de la FIAT encabezaron en Turn una lucha emblemtica. Se la conoci como el bienio rojo. De la mano precisamente de Antonio Gramsci y del peridico LOrdine Nuovo los obreros de FIAT conformaron los consejos, dando origen a toda una corriente del socialismo revolucionario a nivel mundial y fundando, en Italia, el por entonces combativo Partido Comunista.

Ms tarde, en los 60, nuevas camadas de trabajadores rebeldes volvieron a la carga contra la dominacin patronal, tanto en la rama automovilstica como en industrias afines. As nacieron las Brigadas Rojas (principalmente en la fbrica Pirelli de neumticos, apndice de las grandes corporaciones de autos) y en forma paralela el obrerismo italiano (1).

Aunque muchas veces la izquierda extraparlamentaria italiana no lo supo comprender a fondo, o al menos no intent trascender en la prctica ms all de sus propias fronteras, las empresas contra las cuales estas corrientes luchaban ejercan una dominacin en escala internacional. Numerosas luchas italianas de los aos 60 y 70, aunque abnegadas, radicales y heroicas, no alcanzaron a cruzar su lmite provinciano. Fueron nicamente italianas. No supieron o no pudieron tejer alianzas concretas con las rebeldas revolucionarias del Tercer Mundo (2).

Porque la FIAT no slo operaba en el norte italiano. Fiel exponente del capital imperialista, tambin actuaba en la periferia del mercado mundial donde lograba extraer un plusvalor extraordinario basndose en una superexplotacin de la fuerza de trabajo de las sociedades capitalistas dependientes, semicoloniales y perifricas. En este sentido, el caso de la Argentina resulta emblemtico.

En este pas, durante el primer gobierno peronista (1946-1952), exista en la provincia de Crdoba centro de la regin la fbrica de aviones que tena el nombre de Industrias Mecnicas del Estado (IME). All adems se fabricaban el automvil Graciela y la motocicleta Puma. La primera fbrica automotriz de capital privado (y origen norteamericano) se instala en la provincia de Crdoba en 1953, durante el segundo gobierno peronista. Toma el nombre de Industrias Kaiser Argentina (IKA), actualmente absorbida por la empresa Renault de capitales franceses. Apenas un ao despus, se instala la empresa FIAT Concord que absorbe la empresa local de tractores Pampa. En sus comienzos FIAT Concord se dedica a la produccin de tractores FIAT. Luego esta empresa crece e instala la fbrica FIAT Materfer (que produce material ferroviario), la planta de grandes motores Diesel (FIAT GMD) y la FIAT Caseros. En 1964 FIAT Concord construye su planta de automviles y la planta de Forja.

A esos primeros impulsos y beneficios otorgados a la FIAT (exportadora de capitales, no slo de mercancas, como toda empresa imperialista) por el gobierno del general Pern, seguirn las medidas y prerrogativas del gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962). En ambos casos se exime a la empresa imperialista de impuestos, con el pretexto de que la produccin de maquinarias para el agro favorece el desarrollo industrial. Una vez ms una constante en la historia argentina el Estado juega en auxilio del capital privado, subsidiando especialmente al capital monoplico.

Se trata de la etapa del capitalismo local donde penetran a todo vapor una nueva avanzada de capitales monoplicos imperialistas que, alentados y protegidos por la burguesa verncula mal llamada burguesa nacional cuando slo se toma en cuenta su retrica y no su prctica real, vienen a extraer una renta gigantesca explotando, con apoyo estatal, el trabajo ajeno. De este modo el empresariado local y sus cuadros polticos y militares (tanto los nacionalistas como los desarrollistas) intentan resolver la crisis de acumulacin del capitalismo argentino basado hasta poco tiempo antes en el uso extensivo de la fuerza de trabajo y en el predominio del capital variable sobre el capital constante. Las inversiones en la rama automovilstica dan una nueva vuelta de tuerca a la crisis del capitalismo nativo cuyas principales fracciones de capital venan reclamando, desde el congreso (peronista) de la productividad, el reforzamiento de la explotacin obrera y la intensificacin de los ritmos de trabajo.

En ese contexto de modernizacin del capitalismo argentino, completamente subordinado y dependiente del capital imperialista mundial, la FIAT se instala en la provincia de Crdoba. De este modo nacen las fbricas FIAT-Concord y FIAT-Materfer. Justamente en estas empresas se desarrollar una de las experiencias ms significativas de la lucha de la clase obrera argentina.

El sindicalismo clasista

En trminos generales el concepto de clasismo hace referencia a la prctica sindical y poltica de aquellas fracciones de la clase obrera y trabajadora que han logrado construir, a travs de un proceso histrico de lucha y confrontacin, una identidad social, una estructura de sentimiento y una conciencia colectiva de su antagonismo irreductible con las clases explotadoras, dominantes, hegemnicas y dirigentes.

En este sentido sumamente amplio del trmino, existen numerosas experiencias de lucha de la clase obrera argentina hegemonizadas en su historia por anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas, maostas, de diversas vertientes de la nueva izquierda, etc. que han sido clasistas. Siempre que la clase obrera vive, se piensa a s misma y acta como clase para s, es decir, como sujeto histrico autnomo e independiente frente al conjunto de la sociedad, excediendo su inters inmediato corporativo, desarrolla prcticas clasistas. Cuando logra combinar ese clasismo centrado en la independencia poltica de clase con el acaudillamiento de otras fracciones sociales detrs de sus mismas banderas, la independencia de clase se articula con la hegemona socialista. Lamentablemente, la mayor parte de las veces que ha podido desarrollar experiencias clasistas de lucha, la clase obrera no ha sido hegemnica y cuando se esforz por ser hegemnica, ha perdido o diluido su clasismo. Combinar ambas tareas, al mismo tiempo, resulta el gran desafo pendiente para tomar la iniciativa poltica y constituirse como sujeto principal de la revolucin social. (Obviamente queda pendiente la discusin y abierto el debate si puede haber clasismo y hegemona socialista cuando la clase obrera se vive, piensa y acta incluso con un altsimo grado de indisciplina social, combatividad y herosmo como columna vertebral de un movimiento nacional policlasista que ella no dirige y al que se subordina tctica y estratgicamente. En ese caso la clase puede ser columna vertebral del movimiento, carne, nervio, sangre, espalda, incluso costilla, o rodilla... pero nunca cerebro. Desde nuestro punto de vista, hasta que la clase trabajadora o al menos sus segmentos ms organizados, decididos y aguerridos no se viva, piense, se identifique, sienta y acte como cerebro, es decir, como sujeto colectivo autnomo frente al Estado, las instituciones burguesas, la burocracia sindical y los partidos polticos tradicionales, la posibilidad del clasismo se desdibuja y diluye rpidamente. El herosmo y la combatividad de los trabajadores demostrados mil veces en nuestra historia terminan siendo polticamente capitalizados por otras clases. Pero igual esa discusin sigue abierta).

Ahora bien, en trminos histricos ms restringidos, precisos y delimitados, por clasismo se entiende una experiencia particular de la clase obrera argentina: la protagonizada por los sindicatos SITRAC (de FIAT-Concord) y SITRAM (de FIAT-Materfer) a comienzos de la dcada del 70.

Estos sindicatos, impulsores centrales, junto a Tosco, del Viborazo en 1971 rebelin popular de masas en la provincia de Crdoba contra la dictadura militar constituyeron parte de la vanguardia revolucionaria del movimiento social argentino durante aquel perodo crucial de nuestra historia. Se caracterizaron por recuperar para los trabajadores la organizacin de los sindicatos, hasta ese momento en manos de la burocracia sindical (principalmente de la Unin Obrera Metalrgica-UOM). Esa recuperacin implic un altsimo nivel de confrontacin con las patronales, llegando en varias ocasiones a la ocupacin de las plantas automotrices y a la toma de rehenes decididas en asambleas masivas de los principales directivos de la empresa FIAT.

Retomando y profundizando anteriores experiencias histricas de clase, con la emergencia del clasismo del SITRAC-SITRAM el sindicato comienza a reclamar a la patronal muchsimo ms que el salario, incluyendo en sus ambiciosos programas hasta problemas de sexualidad de los trabajadores motivados por la altsima explotacin fabril.

Junto a la ampliacin de los reclamos y a la radicalizacin de los programas, el clasismo del SITRAC-SITRAM se caracteriz por el funcionamiento democrtico permanente en asamblea. Su consigna poltica de cabecera, en plena dictadura militar, fue Ni golpe, ni eleccin... revolucin.

El SITRAC-SITRAM fue disuelto por la dictadura militar en octubre de 1971, cuando miles de efectivos de la Gendarmera y la infantera de la polica provincial de Crdoba irrumpieron en las fbricas de FIAT y en la sede sindical. La represin fue brutal. Fueron cesanteados de la FIAT 250 obreros y otros 200 fueron detenidos o tuvieron rdenes militares de captura. La empresa FIAT Concord don 5.000.000 de pesos ($) al III Cuerpo del Ejrcito argentino con asiento en la provincia de Crdoba para esta operacin.


El balance maduro de la clase obrera combatiente

Uno de los principales dirigentes histricos del clasismo argentino (tanto en el sentido amplio como en este sentido ms delimitado y preciso del concepto) es Gregorio Flores. Trabajador de FIAT Concord, dirigente del SITRAC y protagonista central de esa lucha heroica contra la FIAT, contra la dictadura militar de los generales Ongana-Levingston-Lanusse y contra toda la clase dominante (de origen nativo y extranjero), Flores ha escrito y publicado recientemente sus memorias. Con mucha mesura y nada de exageracin, las ha titulado Lecciones de batalla (3).

En esas pginas maduras pero apasionadas, dirigidas a aquellos jvenes de las nuevas generaciones que se estn iniciando en esta noble tarea como es la militancia a favor de los oprimidos y los explotados, el autor aclara qu entiende por clasismo: una corriente clasista debe tener una caracterizacin del Estado, del rgimen poltico y de los partidos polticos populares que, como el PJ [Partido Justicialista], la UCR [Unin Cvica Radical] y el PI [Partido Intransigente], representan intereses de los patrones, que por cierto son contrarios a los intereses de los trabajadores (Lecciones de batalla, p.123).

Los relatos y reflexiones de Gregorio Flores Goyo Flores para sus amigos y compaeros son los recuerdos y los balances de un militante maduro. Sintetizan el aprendizaje poltico de un humilde trabajador que sufre en su propio cuerpo y ya desde su infancia toda la crueldad de un sistema perverso de explotacin, exclusin y dominacin: desde el hambre, la miseria, la falta de higiene y educacin durante la infancia (que l narra en el primer captulo del libro), pasando por la explotacin fabril desde su primera juventud, la represin patronal y burocrtica hasta llegar a la prisin dictatorial.

Su trayectoria personal e individual resume la experiencia de un segmento, quizs no mayoritario pero s importantsimo y altamente significativo del proletariado argentino y fundamentalmente de sus sectores poltica e ideolgicamente ms avanzados. Es decir que, utilizando un concepto que hoy no est de moda ni goza de buena prensa en la Academia y en los grandes medios de (in)comunicacin, el testimonio de Flores sintetiza y expresa a un sector especfico de la vanguardia (4). Aquellos que en su prctica cotidiana de vida llegaron a vivenciar y visualizar que la lucha social nunca puede quedar limitada a un mero abanico de reivindicaciones econmicas por ms avanzado, diverso u original que sea sino que debe ir ms all, superar sus lmites, sacar los pies del plato y enfrentarse con todos los medios posibles (organizacin sindical, lucha poltica, disputa ideolgica e incluso confrontacin poltico-militar) al poder concentrado de la clase capitalista en su conjunto.

La prosa de Goyo Flores, sencilla, amena, cautivante y directa, no brota de los papers de un posgrado de una universidad privada ni de un suplemento comercial de la prensa seria. Sus pginas nacen de la experiencia vivida en la confrontacin cuerpo a cuerpo con los dspotas del mundo contemporneo y sus serviles ayudantes al interior de los sindicatos y fbricas.

Flores no copia esquemas, slogans, consignas ni frases hechas. Razona en voz alta. Este libro transmite, genuinamente, una reflexin con todas las letras. Por eso, incluso, contiene algunas ambivalencias, como quien relata en voz alta o transfiere al papel sus propias dudas, aquello que no le cierra y los debates que permanecen abiertos. Escrito desde el punto de vista inclaudicable de la clase trabajadora, el autor no habla desde el pedestal ni desde ningn plpito. No da misa. Su testimonio de lucha y de compromiso es totalmente humilde. A aos luz de cualquier altanera o petulancia de esas que tanto abundan en los ex revolucionarios, hoy quebrados, que viven lustrando sus medallas pretritas para suplir y compensar su desercin actual Flores no teme confesar sus dudas ni mostrar sus limitaciones. El texto est repleto de expresiones como las siguientes: segn lo que yo puedo entender...; al menos es lo que yo viv...; era la primera vez que hablaba, temblaba como una hoja...; dentro de mis limitaciones y dentro de la escasez de conocimientos que tengo..., etc, etc. No es casual que cuanto ms radical se torna en sus conclusiones polticas y en sus lecciones de batallas, ms modesto resulta en su forma de razonar (5).

El autor no repite en sus libros ni en este ni en sus anteriores un libreto ya cocinado, masticado y digerido sino que va recorriendo junto al pblico lector su propia experiencia y las lecciones que va extrayendo de las mismas a travs de su paso por diversos puestos de lucha, en la fbrica, en el sindicato, en partidos polticos de clase e incluso en organizaciones poltico-militares.

Si hubiera que destacar una confesin fundamental del autor, probablemente sea sta: Luchamos por aquello en lo que creamos, por eso no estoy arrepentido de nada. Entindase bien: Flores reflexiona sobre aciertos y errores, virtudes y limitaciones. No hace apologa barata. Pero rescata lo sustancial: la lucha revolucionaria por el poder, la organizacin clasista de la clase trabajadora y la confrontacin directa con el aparato de Estado. Experiencias que, considera, deben recrearse y rescatarse para las luchas futuras.

Qu notable contraste con tanto relato meditico y comercial de ex militantes revolucionarios, hoy convertidos en tristes arrepentidos y quebrados! (6).

El testimonio de Gregorio Flores es precisamente la anttesis de esas reconstrucciones a posteriori, confeccionadas mitad para vender libros y mitad para autojustificarse por haber abandonado la lucha y haberse rendido ideolgica y polticamente ante la corriente hegemnica.

La formacin poltica y el estudio, tareas impostergables

Uno de los aspectos ms interesantes y ms actuales de la reconstruccin histrica que intenta realizar Goyo Flores tiene que ver con la necesidad del estudio y la formacin poltica. Y decimos actualidad porque si bien es cierto que la ideologa del antiintelectualismo populista posee larga data en nuestro pas, desde 1983 [fin de la dictadura militar] a la fecha el dficit de formacin de la militancia social y poltica se ha tornado preocupante. Luego de la sangrienta represin dictatorial que se cobr la vida de los mejores cuadros revolucionarios de toda una generacin, la orfandad terica y poltica creci de manera geomtrica. A los efectos de esa represin genocida, que diezm los mejores cuadros del movimiento social, se le sum la difusin de la ideologa antiintelectualista de nefastas consecuencias prcticas.

El desprecio por los libros, por el estudio y por la formacin no brotan del pueblo humilde y trabajador que, por el contrario, siempre aspira a que sus hijos puedan estudiar y formarse (incluso como una va de ascenso social). Por el contrario, quienes ms difunden y fomentan los prejuicios antiintelectualistas el pueblo no necesita teoras; leer es para los pequeos burgueses universitarios; los libros no ensean nada, lo importante es la universidad de la calle; el pueblo ya sabe todo, no hace falta estudiar, lo importante es ir a lo concreto... basta de discusiones abstractas! son... los mismos intelectuales (populistas). La mayora de ellos han accedido a la alta cultura letrada y luego predican la ignorancia como panacea universal. En sntesis: el antiintelectualismo constituye un tpico discurso prefabricado por intelectuales, un objeto de consumo que ellos no consumen. Por lo general intelectuales que quieren monopolizar su saber en lugar de socializarlo. Por eso predican para los dems lo que ellos no hacen.

Rompiendo amarras con esos discursos populistas falsa y tramposamente horizontalistas que tanto dao han hecho y siguen haciendo, Gregorio Flores, obrero industrial que desde lo ms profundo del seno del pueblo se cri entre la miseria, la pobreza y la ignorancia, insiste obsesivamente en sus memorias con la imperiosa necesidad que todo militante revolucionario tiene de leer y formarse tericamente.

En un primer momento Flores plantea: Mi experiencia en la huelga de 1965 me dej la conviccin de la necesidad de leer y estudiar. Yo senta que era un bruto, que no entenda nada (Lecciones de batalla, p.22). Entre esas primeras lecturas, Flores seala el papel positivo jugado por El hombre Mediocre de Jos Ingenieros. Ingenieros me despert. Me impresion el tema de la lucha por un ideal (Lecciones de batalla, p.22).

Llama la atencin que Agustn Tosco tambin haya destacado el papel de Ingenieros el antipositivista de El hombre Mediocre, no el criminlogo sarmientino en su primera formacin ideolgica. Cuando un periodista lo interrog preguntndole cmo lleg a las convicciones marxistas, Tosco le respondi: A travs de la lectura. Yo estudi en la escuela primaria y luego hice un curso de cuatro aos en una escuela tcnica. Ms tarde en la Universidad tecnolgica, donde me recib de electrotcnico. Por lo dems le lo que cay en mis manos: Jos Ingenieros, fundamentalmente, y tambin novelas y ensayos sobre los problemas del movimiento obrero (7).

Al igual que Tosco, Gregorio Flores no se qued en sus primeras lecturas. Sigui avanzando y se cruz con otros libros. Entonces ley Terrorismo y comunismo y Qu es el fascismo de Len Trotsky; Revolucin y contrarrevolucin en Argentina de Abelardo Ramos y los tomos de historia argentina de Milcades Pea. Haciendo referencia a la crcel como universidad del revolucionario, Flores enumera algunos textos en los que incursion ms tarde, durante su perodo en la prisin. All ley El Estado y la revolucin de Lenin; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels; Los 10 das que conmovieron al mundo de John Reed; el curso de filosofa de Politzer; el Anti-Dhring de Engels, el libro rojo de Mao y Los anarquistas expropiadores de Osvaldo Bayer. En apretada sntesis, reconoce que mi gran escuela poltica ser la crcel de Rawson (Lecciones de batalla, p.25). Tras los barrotes, uno de sus compaeros de estudios carcelarios ser nada menos que Santucho. El otro, Cuqui Curutchet, abogado del SITRAC-SITRAM.

Movimiento nacional-popular, frente democrtico o izquierda revolucionaria?

La discusin poltica principal que encara Lecciones de batalla tiene como blanco dos corrientes del movimiento popular: el reformismo del PC y el populismo de Montoneros y otros grupos peronistas afines (que, por diversas vas, se reciclan hasta el da de hoy). En ambos casos Gregorio Flores elude el insulto, la chicana y la agresin. No busca lastimar ni ofender. A partir del respeto intenta transmitir su balance y as tratar de convencer a las nuevas generaciones.

Aunque somete a crtica el reformismo del PC argentino (porque no logra romper con las instituciones estatales, limitndose a luchar por cambios y reformas democrticas dejando intacta la institucionalidad de fondo del sistema de dominacin) y cuestiona la nefasta prctica del stalinismo en la URSS, al mismo tiempo Flores repite varias veces en su libro que Haba visto las consecuencias que tena ser comunista en una fbrica, no era algo que se me ocurra porque s [...] en la fbrica ser comunista era peligroso, ms que ser peronista (Lecciones de batalla, p. 29).

Ms adelante da testimonio de la situacin laboral de los obreros clasistas en el sentido amplio del trmino durante los gobiernos peronistas, aquella poca donde supuestamente se vivieron, segn el mito construido a posteriori por los ensayistas nacional-populares, los das ms felices de toda la historia argentina: Es conveniente aclarar que en la dcada del 50, en una franja ancha de la poblacin laboriosa, el anticomunismo haba penetrado por todos los poros de la sociedad, en especial a partir de la llegada del peronismo. Vale tambin recordar que desde la Secretara de Trabajo, el entonces coronel Pern manifest una y otra vez su furibunda oposicin a la lucha de clases, expresando un exacerbado rechazo a las ideas forneas, un eufemismo para disimular su profundo anticomunismo. Durante el gobierno del General Pern, ser del sucio trapo rojo [expresin habitual en Argentina para referirse despectivamente a los smbolos marxistas], reconocido como comunista, era cerrar las puertas a cualquier laburo [empleo] (Lecciones de batalla, p.41). Flores le explica a sus lectores y lectoras jvenes que en esos tiempos los dirigentes sindicales peronistas denunciaban a sus compaeros comunistas ante la patronal de las empresas por sus ideas extranjerizantes y contrarias a nuestro ser nacional (Lecciones de batalla, p.42).

Entonces, a lo largo de todo el texto, Gregorio Flores se refiere a los comunistas como sus compaeros, al lado de quienes aprendi sus primeras herramientas poltico-sindicales. Por ejemplo afirma: La discusin con los comunistas era muy fraternal, porque ellos trabajaban ah [en la FIAT] con nosotros. Al principio me parecan que eran de otro planeta, pero despus empec a verlos como tipos buenos y corajudos (Lecciones de batalla, p. 27). No obstante, a medida que se radicalizan las luchas de la clase y se profundiza la conciencia anticapitalista de los dirigentes sindicales, Flores explica cmo va comprendiendo las limitaciones reformistas insalvables del PC en lo que atae a sus intentos invariablemente fallidos, por cierto de tejer alianzas y frentes democrticos con diversas fracciones de la burguesa.

Lo mismo vale para su balance del peronismo. Sin dejar de cuestionar su ideologa burguesa asentada en la conciliacin de clases expresada fundamentalmente en la podredumbre de la burocracia sindical y sus matones al servicio de la patronal, Flores reconstruye la historia de militantes peronistas honestos y combativos que l conoci en la lucha cotidiana. No obstante, a la hora de caracterizar al peronismo en su conjunto, ms all de sus amigos y compaeros peronistas que l quiere y admira, seala: el peronismo es un movimiento nacional, que ms all de las concesiones que le otorg a la clase obrera, tiene un innegable carcter burgus (Lecciones de batalla, p.64).

No es casual que en su balance maduro Gregorio Flores elija el dilogo fraternal y la polmica con el reformismo del PC y el populismo de la izquierda peronista. Fueron precisamente esas tradiciones dos de las que ms cuestionaron la experiencia clasista del SITRAC-SITRAM en los aos 70.

En el primer caso, a travs del MUCS, expresin sindical orientada por el Partido Comunista que a comienzos de aquella dcada public un folleto cuyo ttulo ya lo dice todo respecto a las posiciones de sus autores: SITRAC SITRAM: Clasismo o aventurerismo? (8).

En cuanto a la izquierda peronista, la mayora de sus corrientes a excepcin del Peronismo de Base (PB) se diferenciaron y disputaron con SITRAC-SITRAM. Esas vertientes ideolgicamente identificadas con el nacional-populismo centraron sus ataques tanto en la izquierda guevarista como en el sindicalismo clasista. Para este flanco ideolgico el SITRAC-SITRAM y su negativa a encolumnarse mansamente detrs de los generales buenos o los empresarios patriticos no pasaron desapercibidos (9).

No resulta aleatorio que a la hora de dialogar fraternalmente y al mismo tiempo disputar y polemizar, Mario Roberto Santucho haya elegido exactamente a las dos mismas corrientes poltico-ideolgicas con las que discute Gregorio Flores. As lo hace en su conocido texto Poder burgus, poder revolucionario (10) donde hunde el escalpelo en el reformismo y el populismo, los dos obstculos de la revolucin eternamente renacidos dentro del movimiento popular argentino.

Dos amigos, dos vidas, dos perspectivas para el conjunto de la clase

En ese gnero de polmicas, uno de los pasajes centrales de todo el libro de Gregorio Flores es el captulo segundo titulado Compaeros, conformado por las historias (cruzadas y paralelas) de dos amigos suyos, que fueron, desde trincheras distintas, cuadros polticos durante aquel perodo. Se trata de Romualdo Romi Jimnez, de origen catlico, peronista e integrante de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP, vinculada polticamente a Montoneros, aunque l no perteneciera al aparato poltico militar de esa guerrilla) y el negro Germn o negro Mauro, ex militante del PC que luego se convierte en uno de los principales cuadros polticos del Movimiento Sindical de Base-MSB y del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejrcito Revolucionario del Pueblo).

Flores reconstruye dilogos entre ambos que aunque probablemente hayan ocurrido en la vida real ya que su libro no tiene pretensiones ficcionales, parecen extrados de la literatura obrera de principios del siglo XX. Por ejemplo, algunos pasajes que figuran en Lecciones de batalla (principalmente entre las pginas 41 y 52) recuerdan la prosa de Jack London en su inolvidable Taln de hierro. Aquel libro donde London reconstruye a travs del personaje Ernest Everhard su alter ego? los dilogos obreros que intentan convencer al lector de la justeza de la causa socialista, de los ideales proletarios y de la inviabilidad de las salidas por el lado de la misericordia, la lstima y la caridad. Esos falsos remedios presentes en la propaganda difundida por quienes se lamentan de las consecuencias feas del capitalismo intentado paliarlas con los parches y remiendos de lo que hoy se conoce como capitalismo con rostro humano o tercera va pero no se animan a cuestionar las causas fundamentales que las generan.

La relacin y el paralelo entre Romi y Germn, que se extiende varios aos, comienza en el libro de Flores con un primer dilogo entre ambos en un colectivo donde Germn le dice a Romi, por entonces completamente despolitizado: A m tambin me gustan las mujeres, pero la vida tiene otras cosas ms atractivas, mucho ms interesantes que andar detrs de una pollera; por eso tu vida me parece bastante vaca, no tens muchos incentivos para vivir [...] Luch por algo, hermano!. Luego, pasado el tiempo, el dilogo contina. Sigue hablando Germn: Si vos te interiorizs de la historia de tu propia clase, ese solo hecho te va a posibilitar encontrar un rumbo distinto y un sentido a tu vida (Lecciones de batalla, p.43 y 51). Un consejo que a Romi lo marcar a fuego.

Aos despus Romi se hace peronista. Lucha en forma combativa y antiburocrtica, sufre secuestro, tortura en el Pozo de Banfield [campo de concentracin y tortura de la dictadura militar] y prisin durante varios aos. Sale finalmente de la crcel al final de la dictadura militar reintegrndose al peronismo y a la burocracia sindical (a la que antes haba combatido con uas y dientes); mientras Germn es secuestrado por la dictadura, resulta salvajemente torturado junto con su familia y finalmente desaparecido.

Todas las crticas que Flores sugiere frente al balance equivocado que hace Romi tras su salida de la crcel y su reintegro al aparato burocrtico del peronismo oficial, primero, y a la centroizquierda del FREPASO, despus, las realiza desde un respeto absoluto. As dice: Cuando uno est frente a compaeros que estuvieron tutendose con la muerte, que han soportado con entereza la tortura y todas las atrocidades de que son capaces los verdugos, yo creo que lo menos que podemos hacer es tener respeto por ellos. Y en ese plano propone una diferenciacin entre obreros que alguna vez fueron combativos, sin formacin clasista, que confunden amigos de enemigos o no comprenden el carcter de clase del Estado y por lo tanto se insertan en sus instituciones, de aquellos otros ex izquierdistas que se pasan como funcionarios al bando enemigo conociendo lo que es el Estado y renegando del marxismo.

Entonces, en la reconstruccin cruzada de esas heroicas y trgicas historias de sus dos amigos, compaeros de carne y hueso, Flores sintetiza magistralmente la disputa histrica que en Argentina marc los aos 60 y 70 antes de la dictadura genocida de 1976. La confrontacin entre la izquierda peronista, de ideologa nacionalista, y la izquierda revolucionaria, de ideologa marxista-guevarista. Dos pinturas, dos retratos, dos radiografas vitales que condensan en individuos concretos, ambos amigos suyos, trayectorias, modos de entender la lucha y vivir la vida, la historia, las identidades, los programas, las perspectivas y las estrategias netamente diferenciadas a largo plazo para la revolucin en Argentina.

Goyo Flores, desde su propia experiencia vital aprendida en la fbrica, en el sindicato, en la barricada callejera y en la crcel no desde un posgrado universitario o un laboratorio social realiza un agudo y meditado balance de ambas vidas y ambas perspectivas, tomando abiertamente partido por el negro Germn, o sea, por la izquierda revolucionaria.

El debate con Agustn Tosco

Uno de los captulos ms sugestivos y polmicos de estas memorias es aquel donde Flores pasa revista a cuatro personalidades histricas, conocidas personalmente por l y centrales en la lucha de clases en Argentina. Lo titula Direcciones. All incluye a Mario Roberto Santucho y Domingo Menna, ambos de la direccin del PRT-ERP; Ren Salamanca, direccin del SMATA Crdoba e integrante del PCR [Partido Comunista Revolucionario] y el gringo Agustn Tosco, dirigente del sindicato de Luz y Fuerza, marxista independiente aunque polticamente afn y cercano tanto al PC como al PRT.

De los cuatro, a quienes trata con idntico respeto (los primeros tres estn desaparecidos, mientras Tosco muere en la clandestinidad), es sobre las posiciones polticas de Tosco donde se ubica el debate y lo ms controvertido del libro. Un tema recurrente en su pensamiento, que ya estaba presente en libros anteriores de Flores.

El debate tctico con Tosco pues estratgicamente ambos compartan el objetivo de la revolucin socialista y el papel poltico de los sindicatos es central. Tanto Tosco como Flores (junto con Flores cabra agregar a Carlos Masera y Domingo Bizzi del SITRAC-SITRAM), constituyeron las cabezas ms visibles de dos corrientes marxistas que disputaron la direccin del proletariado cordobs en momentos claves, como por ejemplo, la rebelin de masas contra la dictadura militar ocurrida en marzo de 1971 y conocida popularmente como el Viborazo (11).

Ms all del debate sindical en plenarios de la CGTA (cuyo secretariado el SITRAC-SITRAM no quiso integrar) y de la disputa callejera durante el Viborazo, Gregorio Flores tuvo vnculos personales con Tosco en diversas circunstancias. Desde reuniones sindicales hasta en el penal de Rawson donde ambos compartieron la crcel con toda la direccin de la insurgencia argentina, antes de la masacre de Trelew. Adems, se entrevist con l en varias ocasiones. En una de ellas, en 1973, Flores fue el encargado de llevarle a Tosco la propuesta del FAS [Frente Antiimperialista por el Socialismo] y el PRT para que sea candidato a presidente de la izquierda revolucionaria, llevando como candidato a vicepresidente al peronista revolucionario Armando Jaime, tambin integrante del FAS, teniendo como objetivo disputarle el consenso de las masas a la frmula Juan Domingo Pern-Isabel Pern. Tosco declin la propuesta (12). En el comunicado pblico explica sus razones en trminos de unidad. En la entrevista privada le respondi a Gregorio Flores: si mi candidatura sirve para unir a la izquierda, yo no tengo ningn inconveniente en ser candidato, pero si mi candidatura es factor de que la izquierda se divida, yo no puedo aceptar (Lecciones de batalla, pp.83-84). La conclusin de Flores es la siguiente: Tosco no acept por no pelearse con el PC.

Esta conclusin de Flores tiene un grado importante de verosimilitud. Es cierta la cercana de Tosco con el Partido Comunista. Por ejemplo en Crdoba el dirigente de la UOCRA [Unin Obrera de la Construccin] Jorge Canelles, integrante del PC, particip junto a Tosco en la organizacin del Cordobazo, al igual que otros militantes comunistas de Luz y Fuerza siempre se alinearon junto a Tosco en las luchas sindicales dentro de la CGTA. No obstante, al mismo tiempo esa explicacin corre el riesgo de subestimar en alguna medida el estrecho vnculo de Tosco con el PRT (13), porque si bien es cierto que sus vnculos con el comunismo eran reales, tambin es verdad que Tosco participa de todos los congresos del FAS nada menos que en sus discursos de apertura; eventos donde se marcaba una estrategia para la revolucin argentina de carcter antiimperialista y socialista, por la va armada, que no se corresponda en lo ms mnimo con el programa etapista e institucionalista del PC y su proyecto de frente democrtico en alianza con la burguesa nacional.

Las principales crticas que en Lecciones de batalla Flores le dirige a Tosco son: (a) demasiada flexibilidad en sus relaciones con un segmento de la burocracia sindical de Crdoba, con quien lleg a compartir la direccin de la seccional provincial de la CGT de los Argentinos; (b) haber opuesto el sindicalismo de liberacin al sindicalismo clasista, (c) el mantener demasiada expectativa en la conformacin de un frente nacional al estilo vietnamita; y finalmente, la que considera fundamental: (d) Tosco no promovi la integracin orgnica de la clase obrera antiburocrtica a un partido poltico propio. Se mantuvo como marxista independiente.

En esas crticas existe un punto nodal: la relacin entre independencia poltica de clase y construccin de hegemona. Creemos que en la historia del SITRAC-SITRAM y en el pensamiento poltico de Gregorio Flores la independencia poltica de clase ha sido y es fundamental, casi diramos, el leit motiv de su prctica sindical y poltica, lo cual est muy bien y constituye algo que debera recrearse en las condiciones actuales. Sin embargo, aunque muchas de sus crticas a los frentes populares son vlidas (porque esos frentes llmense democrticos, nacionales, etc. terminan muchas veces subordinando a los trabajadores como un furgn de cola tras la locomotora burguesa), por momentos nos queda la impresin de que Flores no hace diferencia alguna entre frente popular y frente nico.

Mientras que el frente popular fue promovido desde 1935 a nivel mundial por la Internacional Comunista ya stalinizada, a iniciativa de Stalin y Dimitrov, el frente nico fue impulsado por esa misma Internacional, aos antes, de la mano de Lenin, Trotsky, Antonio Gramsci y muchos oros estrategas marxistas revolucionarios. Entre una y otra estrategia existe una diferencia notable.

A diferencia del frente popular (unidad de los explotados con la burguesa democrtica o nacional para enfrentar al fascismo, a un invasor extranjero, etc.), el frente nico (unidad de las diversas clases y fracciones de clase explotadas y oprimidas, que en su enfrentamiento con el imperialismo excluye a la burguesa) permite articular la independencia poltica de clase con el intento por construir la hegemona sobre otros segmentos y fracciones de clases explotadas, superando el estrecho marco econmico corporativo.

Da la impresin que en muchas crticas de Flores a Tosco se confunden esos dos tipos de frente, garantizndose lo cual es correcto la independencia poltica de clase, pero diluyndose al mismo tiempo toda posibilidad de construir la hegemona socialista. Una clase social explotada slo puede volverse polticamente autnoma nos enseaba Gramsci cuando adems de defender su independencia poltica y sus intereses econmico corporativos propios puede conquistar y dirigir hegemnicamente a otras clases explotadas constituyendo una fuerza social. Gramsci pona como ejemplo de esa articulacin entre independencia poltica de clase y hegemona articuladas ambas por el frente nico a la alianza promovida por Lenin entre obreros y campesinos (sin burguesa), donde los primeros hegemonizaban a los segundos.

Hemos afirmado que el libro de Gregorio Flores constituye una reflexin en voz alta. Realmente as est escrito. Por eso este tema permanece abierto y sin resolverse ya que mientras que Flores cuestiona en Tosco esa amplitud de alianzas, al mismo tiempo se autocrtica porque el SITRAC-SITRAM no hizo una alianza con Luz y Fuerza y con la corriente de Tosco: uno de nuestros errores ms importantes: le dimos demasiada cabida a la alianza con sectores pequeo-burgueses y tuvimos actitudes sectarias, como no aceptar nuestra participacin en la CGT o buscar alianzas con peronistas honestos y combativos. Eso nos aisl y facilit la represin (Lecciones de batalla, 115).

Gregorio Flores ya haba formulado esa misma autocrtica, incluso de manera todava ms insistente y reiterativa, remarcando el error de no haber integrado la direccin y el secretariado de la CGT cordobesa junto a Luz y Fuerza, en su libro Del Cordobazo al SITRAC-SITRAM, donde en no menos de seis oportunidades se autocrtica por no haber hecho una alianza con Agustn Tosco (14). De all que tengamos la opinin que en las reflexiones de Gregorio Flores sobre este tema el enigma no est saldado ni completamente cerrado. El autor plantea abiertamente el problema, se hace y formula preguntas, pero la incgnita permanece irresuelta, desde nuestro punto de vista.

Aunque este debate entre el clasismo de Goyo Flores y el pensamiento marxista de Agustn Tosco permanece abierto pues los dilemas y las dificultades para articular la independencia poltica de clase y la hegemona socialista siguen hoy pendientes, el autor del libro no deja margen a la duda. Mientras rescata la figura de Tosco fustiga sin piedad a diversas camadas y vertientes de burcratas sindicales, llegando hasta la actualidad, desde los ms repudiados por el pueblo hasta otros, ms progres (en el discurso) que sin embargo juegan siempre el papel de tapn e institucionalizacin de la rebelda obrera y popular.

Que la polmica y discusin tctica con Tosco no mella en lo ms mnimo su admiracin por el gran dirigente de Luz y Fuerza queda ms que claro cuando Flores afirma: Agustn Tosco fue un dirigente obrero, honesto y combativo. Fue el dirigente de izquierda ms representativo, respetado incluso por quienes no compartan su ideologa marxista a la cual adhera explcitamente. El gringo Tosco fue uno de los pocos dirigentes sindicales que poda dirigirse a las bases de otros gremios, que lo aceptaban por esa veneracin que se haba ganado en la lucha. Tosco tuvo una posicin inclaudicable contra las dictaduras militares, lo que le vali ser perseguido y encarcelado en numerosas oportunidades [...] Buen orador, su voz potente se hizo or detrs de las rejas de la crcel de donde los trabajadores y el pueblo de Crdoba fundamentalmente, lo rescataron una y otra vez para reintegrarlo a la lucha (Lecciones de batalla, pp.91-92). En su libro, este elogio y esta admiracin, Gregorio Flores la extiende tambin a Ren Salamanca, dirigente del SMATA, desaparecido por la dictadura en 1976.

Balance sobre Santucho, el PRT y la clase obrera

Si en sus dos libros anteriores SITRAC-SITRAM. Del Cordobazo al clasismo, y La lucha del clasismo contra la burocracia sindical, Flores detallaba su actividad sindical, en este nuevo libro prioriza lo que considera natural en un dirigente clasista sustentado en una visin marxista del mundo: la prolongacin de la lucha de clases dentro de la fbrica hacia el terreno de la lucha poltica e incluso poltico-militar. Por eso hace hincapi en su (re)lectura del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Flores no es un estudiante que lee e interpreta documentos del pasado (actividad encomiable, de todos modos, digna de imitar). Tampoco es un profesor acadmico que quiere defender una tesis de licenciatura, maestra o doctorado. Es un protagonista directo de lo que narra. Cabe destacar que, y esto constituye lo ms sugestivo de todo desde una perspectiva poltica, Gregorio Flores realiza un beneficio de inventario del clasismo y un balance del guevarismo argentino habiendo militado durante aos en el Partido Obrero (PO), organizacin extremadamente crtica del PRT al que siempre le atribuy foquismo. (Flores lleg a ser, incluso, candidato a presidente del PO en 1983).

En sus memorias de madurez aparecen varias crticas al PRT: (a) Santucho y sus compaeros probablemente sobreestimaron el nivel de conciencia de los trabajadores argentinos; (b) el PRT-ERP subestim la capacidad de respuesta de la reaccin; (c) la lucha armada, por s sola, no genera conciencia. Puede tener efecto en el activismo, pero en la gran masa no pasa ms all de la simpata; y (d) en mi opinin, slo lo ms consciente de la clase trabajadora estaba dispuesta a empuar el fusil. El resto no.

Aun habiendo formulado esas crticas, en su libro Flores desecha el cuestionamiento habitual que el PO as como tambin la corriente de Nahuel Moreno y sus derivaciones dirige contra el PRT de Santucho. Sin faltarles el respeto en ningn momento, e incluso sin mencionar con nombre y apellido a los dirigentes Jorge Altamira y Nahuel Moreno (cabezas visibles de quienes esgrimen el reproche de foquismo contra la insurgencia argentina), Gregorio Flores plantea su punto de vista de forma tajante, con una contundencia de pensamiento que no deja lugar a dudas sobre su posicin: Aunque desde distintas corrientes de la izquierda se lo caracterizaba como foquista, Santucho sostuvo siempre que las acciones armadas tenan que estar ligadas al accionar de las masas (Lecciones de batalla, p. 85). All mismo sostiene: No he conocido a nadie que haya luchado con tanto tesn y esmero por la unidad de la izquierda.

Esa defensa del pensamiento y la prctica poltica de Santucho no queda en un recuerdo nostlgico de efemride ni en una rememoracin simplemente emotiva. Todo el libro de Flores constituye una abierta reivindicacin del PRT y de su principal dirigente, Mario Roberto Santucho.

En la reconstruccin de su incorporacin al PRT, Flores recuerda: Conoc a Santucho en los primeros meses de 1970, cuando el negro Germn lo llev a mi casa. Muy lejos estaba yo de imaginar que ese hombre morocho de ojos vivaces y mirada penetrante como el guila iba a ser, poco tiempo despus, el enemigo ms feroz de la dictadura y la clase patronal (Lecciones de batalla, p. 82).

Luego de encabezar la heroica lucha de SITRAC-SITRAM contra la FIAT (que incluy numerosas huelgas con ocupacin de fbrica y toma de rehenes de los directivos de la empresa) y contra la dictadura militar, Gregorio Flores es despedido y cae preso. Comparte la crcel con toda la direccin de la guerrilla argentina en el Penal de Rawson (de donde se escaparn los principales lderes insurgentes en lo que hoy se conoce como la masacre de Trelew ya que los militares fusilaron a sangre fra a los guerrilleros y guerrilleras que no pudieron escapar). All, en prisin, Gregorio Flores forma parte de un grupo de estudio que Santucho organiza con l, con el asesor legal de SITRAC-SITRAM Cuqui Curuchet y con Nstor Sersenuijt.

Sin un rastro de soberbia, el dirigente clasista se confiesa: Santucho fue el primer dirigente poltico que me hizo entender que las direcciones de los sindicatos clasistas SITRAC-SITRAM habamos tenido posiciones ultraizquierdistas al tomar las tareas que no correspondan a un sindicato sino a un partido poltico. Ese tipo de apreciacin se repite una y otra vez con expresiones como las siguientes: Con la paciencia de un vietnamita Santucho me hizo comprender...; Santucho me explic..., etc, etc.

Entonces recuerda: Es en la crcel donde me relaciono con Santucho. Despus que salimos de la crcel, un da me hicieron una cita. Voy donde me convocaron y lo encuentro al Negro [Santucho]. Yo me quera morir... Estar con el Negro Santucho era estar con una bomba de tiempo. Me dice: Mir, yo s que vos y el negro Castello y otros changos [muchachos] andan boludeando por ah, perdiendo el tiempo. Se tienen que definir, tienen que saber qu es lo que van a hacer. Le pregunt qu quera que hiciera. Lo que pods hacer ahora vos y Castello es formar una comisin por todos los despedidos [de FIAT Concord] por causas polticas y gremiales y trabajar en eso. A m me pareci brillante la idea. [...] Cuando cay [el presidente] Cmpora me propusieron integrar el Frente Antiimperialista por el Socialismo-FAS, y empec a activar ah. Despus me puse a trabajar en el Movimiento Sindical de Base-MSB [...] En Buenos Aires segu ligado al FAS hasta la muerte de Santucho (Lecciones de batalla, p. 33).

Sobre el Movimiento Sindical de Base, promovido por el PRT, Flores plantea que Creo que la creacin del MSB fue un paso muy importante del PRT, porque le permiti insertarse en el movimiento obrero (Lecciones de batalla, p. 74). Este movimiento nace a iniciativa del PRT y congrega en su primer encuentro masivo a 5.000 trabajadores. Trabaja junto al Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS). El FAS fue creciendo geomtricamente. Si al comienzo congreg a 5.000 personas, luego pas a reunir 13.000 hasta que en el ltimo congreso, antes de la dictadura, lleg a juntar en un acto pblico 20.000 personas. No eran cuatro gatos locos!

A aquellos que se empecinan en apelar a la teora de los dos demonios, Flores les replica destacando la moral y la dignidad de los guerrilleros del ERP aclarando que hablo de compaeros del ERP porque fue a quienes ms he conocido y con quienes he tenido mayores coincidencias (Lecciones de batalla, p.72).

Profundizando en esas apreciaciones e intentando aportar un balance poltico de conjunto, Gregorio Flores le propone a sus jvenes lectores la siguiente conclusin: para mi modo de ver, dentro de mis limitaciones y dentro de la escasez de conocimientos que tengo, en la Argentina, quien mas lejos lleg en la lucha revolucionaria y en la lucha por el poder, fue el PRT-ERP de Santucho. Porque atac a los fundamentos del estado burgus: el Ejrcito, el estado, la burguesa, todo. (Lecciones de batalla, p. 36).

Ese balance sobre la lucha armada en Argentina y su emotiva caracterizacin de la insurgencia guevarista, insistimos, no tiene nada que ver con la historia superficial de los best sellers mercantiles que se encuentran en las libreras de los shoppings ni con la frivolizacin de la violencia de los 70 que se intenta hacer desde los grandes medios de (in)comunicacin.

La apreciacin terica de Gregorio Flores, meditada y pacientemente reflexionada a lo largo de treinta aos, elude el gesto de la lgrima fcil. Por eso afirma: Mucho se ha dicho y escrito sobre la viabilidad de la lucha armada en aquella etapa poltica, como mtodo legtimo para acceder y sostenerse en el poder una vez que la burguesa ha sido derrotada. Algunas corrientes sostenan que no se poda realizar una prctica armada al margen de la experiencia de masas. Hasta se lleg a decir que no haba que dar justificacin a la represin porque aunque fuera lcito ajusticiar a un torturador, polticamente eso no corresponde porque exacerba la represin. Sin embargo, cuando uno estudia la historia de la clase obrera argentina, cae en la cuenta de que la violencia contra los trabajadores ha sido una constante, bajo todos los regmenes polticos, se trate de gobiernos conservadores, oligrquicos, de gobiernos democrticos elegidos por voto popular y ni que hablar de las dictaduras militares cuya nica razn de ser ha sido y ser imponer la paz de los cementerios (Lecciones de batalla, p. 82).

Pensando en la respuesta de abajo frente a la violencia de arriba, es decir, en la violencia plebeya, popular, obrera y anticapitalista, Flores contina ms adelante argumentando: Slo as la clase obrera podr erigirse en clase gobernante. Esto, que duda cabe, se logra por la va armada. Mario Roberto Santucho fue consecuente con lo que pensaba, por eso est vivo en la memoria de quienes lo conocimos y lo estar seguramente en las nuevas generaciones (Lecciones de batalla, p. 86).

En sus memorias Goyo Flores, dirigente heroico de la clase obrera argentina que escribe con la mente puesta en las nuevas generaciones, llega a la siguiente conclusin: Creo que cuando se conozcan ms datos sobre el pensamiento de Santucho su figura se agigantar y es probable que sea tan o ms grande que la del Che Guevara (Lecciones de batalla, p.84).

Prolongando hasta la actualidad ese balance, contundente, demoledor e inequvoco, afirma: la conclusin ms importante es que los trabajadores no deben limitar su intervencin al mundo sindical, deben hacer poltica. Deben organizar su propio partido poltico. Yo as lo comprend y por eso entr a formar parte del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Lecciones de batalla, p.115). En el mismo sentido y eludiendo todo eufemismo, concluye: Hasta hoy, 25 de julio de 2005 [fecha de redaccin del libro] la nica manera que se conoce para construir una sociedad ms igualitaria, ms justa, ms humana, como quera el PRT-ERP es a travs del enfrentamiento armado, clase contra clase. (Lecciones de batalla, p.87).

Las experiencias del clasismo que Gregorio Flores nos transmite dejan enseanzas que deberan ser estudiadas por las nuevas camadas de jvenes rebeldes, por la nueva militancia de las fbricas recuperadas, del movimiento piquetero, del movimiento estudiantil y del sindicalismo antiburocrtico que hoy renace de sus cenizas.

No son consignas ni frases hechas, gritadas en una asamblea escolar por un adolescente exaltado, inexperto, demasiado entusiasta, poco informado y tal vez ingenuo. Son las conclusiones de un viejo dirigente obrero, experimentado, curtido y fogueado en el enfrentamiento contra el capital, en dictaduras y en democracia.

Su libro es una joya. Contiene piezas invaluables: su balance maduro acerca del clasismo, las reflexiones sobre la vida cotidiana y el combate de la clase trabajadora, las dudas en voz alta sobre posibles errores y limitaciones, los debates pendientes con Agustn Tosco, las ancdotas de sus mejores amigos y de los principales cuadros dirigentes del proletariado argentino que l conoci, la semblanza sobre Santucho y sus compaeros y compaeras del PRT-ERP, los relatos de la confrontacin a muerte contra la FIAT, contra todas las empresas capitalistas, contra la burocracia sindical y contra la dictadura militar.

Un texto fundamental que debera ser estudiado en Argentina y Amrica Latina, pero que tambin debera ser ledo por quienes han luchado y seguirn luchando contra la FIAT y sus socios imperialistas al otro lado del planeta.

NOTAS

(1) Vase nuestro Toni Negri y los desafos de Imperio. Madrid, Campo de ideas, 2002. Traduccin italiana: Toni Negri e gli equivoci di Impero. Bolsena, Massari editore, 2005.

(2) En las teorizaciones maduras de Negri ese eurocentrismo latente en la izquierda extraparlamentaria italiana demasiado restringida a la experiencia proletaria del norte de Italia sigue presente, pero de manera notablemente acrecentada, lo que en lugar de remediar profundiza dicha limitacin poltica. Vase nuestro Toni Negri y los desafos de Imperio. Obra citada. pp. 19-29 y 70-76. En la edicin italiana pp.26 y ss y 72 y ss.

(3) Vase Gregorio Flores; Lecciones de batalla. Una historia personal de los 70. Buenos Aires, Ediciones Razn y Revolucin, 2006.

(4) Despus de terminar de leer su apasionante y formidable libro de memorias se podr comprender rpida y fcilmente que vanguardia no hace referencia a un grupito desorbitado, autoritario, conformado por cuatro gatos locos y aislados del pueblo como tantas veces nos dijeron profesores universitarios posmodernos, periodistas progres, ex militantes quebrados y autores de best sellers mercantiles sino a aquel segmento de los trabajadores que va a la cabeza de una fuerza social colectiva, que marca un derrotero posible para el conjunto popular, que llega ms lejos en la radicalidad de sus luchas concretas y en la profundidad de la conciencia del abismo que separa a la clase trabajadora de las clases dominantes y dirigentes del sistema capitalista.

(5) Permtasenos una ancdota. Durante los aos 90, en pleno neoliberalismo salvaje, vino a la Argentina el socilogo de EEUU James Petras. En una cantina de una barrio popular de Buenos Aires se organiz una comida para conversar y debatir con l. Los asistentes pertenecan a distintas vertientes polticas y sociales. Gregorio Flores estaba presente. Al terminar la reunin, en el momento de la despedida, Goyo extrae de su bolsillo y reparte entre los asistentes unos papelitos. All ofreca sus trabajos como pen albail, su viejo oficio, por si alguien tena algn arreglo que hacer en su vivienda.

Mientras Gregorio Flores trabajaba de albail, era la poca en que los grandes dirigentes peronistas del sindicalismo burocrtico de Argentina apoyaban y participaban de las privatizaciones de Menem. Reciban a cambio millones de dlares con los que se hicieron propietarios privados de empresas de fondos de pensin, sanatorios, hospitales, campos de deporte y obras sociales tambin privadas. Esos burcratas sindicales privatizadores viajaban y viajan en autos importados, con chofer y secretaria, portando gruesos relojes de oro. Ayer estaban con Menem, hoy estn con Kirchner.

Gregorio Flores de albail... su modestia no quedaba reducida a sus escritos polticos. Exactamente la misma actitud de Goyo la pudimos apreciar en Antonio Alac (mximo dirigente del Choconazo en 1970) que en esos aos 90 contaba las moneditas para pagar el boleto del colectivo o del tren. Qu abismo con la burocracia! Dos universos sociales. Dos formas de vida inconmensurables.

(6) Para muestra basta un botn, dice la expresin popular. Bien valdra la pena comparar los escritos de Gregorio Flores y sus balances de las luchas de los aos 60 y 70 con los best sellers de un antiguo y promocionado dirigente del PRT-ERP que, luego de disolver esa organizacin a fines de los 70, en los 80 se integra al PCA para terminar en los 90, despus de proponer tambin su disolucin, incorporndose alegremente a la centroizquierda. Desde el ao 2000 en adelante, este sepulturero de organizaciones populares, culmina su carrera poltica cuyo extendido arco de variacin ideolgica sigue una direccin inequvoca: de izquierda a derecha posando de ventrlocuo perifrico y colonial, ridculo y tardo, del posmodernismo de Negri y otras superaciones del marxismo hoy a la moda. Agresivo, sectario y altanero, este personaje no ha ahorrado insultos incluso personales para quienes discrepan y no rinden culto al nuevo credo posmoderno.

Mientras Gregorio Flores en sus memorias y su balance caracteriza al pensamiento poltico de Mario Roberto Santucho y su corriente como la expresin ms alta de la lucha revolucionaria por el poder que se produjo en la Argentina, este (auto)promocionado ex guerrillero y actual progre, cada vez que se refiere al mximo dirigente del PRT-ERP, dice aproximadamente lo siguiente: Santucho era maravilloso, divino, genial... [agregar aqu todos los piropos imaginables]... lstima... que no entenda nada de poltica. Ese es el balance, precisamente, de un quebrado. De un QUE-BRA-DO!. Todo el mundo tiene derecho a cansarse de luchar y a bajar definitivamente los brazos. No somos quien para juzgar. Quien est cansado que se quede en su casa a contemplar medallas del pasado. Pero lo que no hay derecho es a predicar la derrota y la resignacin entre las nuevas generaciones, y menos que nada apelando al prestigio de Santucho.

(7) Vase Agustn Tosco: Aspectos biogrficos y personales. En Tosco: escritos y discursos [seleccin de J.Lannot, A.Amantea y E.Sguiglia]. Buenos Aires, Contrapunto, 1985. p.9.

(8) Rubn Vanoli: Clasismo o aventurerismo? SITRAC-SITRAM. Experiencias y enseanzas. Buenos Aires, Editorial Anteo, 1972.

(9) CENAP [Corriente Estudiantil Nacional Popular]: Crtica al programa SITRAC SITRAM. En Antropologa del Tercer Mundo N8, Ao 3, septiembre-octubre 1971. pp. 6-10. Esta revista constitua a inicios de los aos 70 la expresin ideolgica de las denominadas ctedras nacionales y las corrientes estudiantiles de la izquierda peronista.

(10) Vase Mario Roberto Santucho: Poder burgus, poder revolucionario Ediciones El Combatiente, 23/8/1974. Tambin recopilado en la excelente antologa realizada por Daniel De Santis: A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Bs.As., EUDEBA, 1998 (tomo I) y 2000 (Tomo II). [Hay reedicin posterior de ambos tomos por editorial Nuestra Amrica].

(11) Para una reconstruccin de conjunto del Viborazo, vase Beba Balv, J.C. Marn et al.: Lucha de calles, lucha de clases. Elementos para su anlisis (1971-1969). Buenos Aires, CICSO, 1973. Sobre la disputa entre la tendencia de Tosco y la del SITRAC-SITRAM por la conduccin poltica de la rebelin en el terreno mismo de la accin, vanse especialmente pp. 50-51 y 66. Otro libro recomendable y sumamente riguroso que analiza la relacin de Tosco con SITRAC-SITRAM es: Nicols Iigo Carrera, Mara Isabel Grau y Anala Mart: Agustn Tosco, la clase revolucionaria. Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2006. Particularmente el captulo 9, pp.157-170.

(12) Vase Agustn Tosco: Comunicado de prensa: Rechazo a la candidatura presidencial. Crdoba, 16/8/1973. En Tosco: escritos y discursos. Obra Citada. pp. 310-312.

(13) Sobre la relacin de Tosco y el PRT, vase por ejemplo nuestra entrevista a Enrique Gorriarn Merlo: La cultura revolucionaria en el guevarismo argentino. 30/3/2006. En:

http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=13640, incorporada a nuestro Pensar a contramano. Las armas de la crtica y la crtica de las armas. Buenos Aires, Editorial Nuestra Amrica, en prensa.

(14) Vase Gregorio Flores: Del Cordobazo al SITRAC-SITRAM. Buenos Aires, Ediciones Magenta, 1994. Las autocrticas de Flores y del clasismo por no haber realizado una alianza con Agustn Tosco y su corriente aparecen en varios captulos y entrevistas de este libro. Por ejemplo, vanse las pginas 62, 69, 79, 94 y 96. En su segundo libro, vuelve a formular la misma autocrtica. Vase Gregorio Flores: SITRAC-SITRAM, la lucha del clasismo contra la burocracia sindical. Crdoba, Editorial Espartaco, 2004. pp.158 y 165.



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