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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2006

La poltica del miedo

Txente Rekondo
Rebelin


Las detenciones de hace unos das en Londres, el caos areo provocado posteriormente y la enorme sensacin de miedo y desconfianza componen la lectura del da despus de los acontecimientos. Las diferentes hiptesis y algunos intereses no declarados tambin han podido contribuir a enmaraar todava ms el escenario internacional y la campaa contra el terror de Washington y Londres.

Y sin caer en lecturas conspirativas, lo cierto es que tras el teln informativo se han podido entrever algunos movimientos muy preocupantes, y que podran guardar relacin con la utilizacin poltica de este tipo de amenazas, algo que en el pasado se ha repetido en diferentes pases.

La mayora de los discursos que han venido pronunciando Bush, Blair y alguno de sus aliados en torno a la llamada guerra contra el terror han cado en tpicos y en ocasiones se ha demostrado que estaban repletos de mentiras intencionadas, de ah que las afirmaciones de estos das en torno al supuesto complot para derribar varios aviones en vuelo, pueda enmarcarse en experiencias anteriores.

Adems, cuando esos dirigentes mencionan que al hilo de su poltica de agresin por todo el mundo, ste se ha convertido en un sitio ms seguro, la mayora de la opinin pblica reacciona con estupor. Los datos son ms que elocuentes y muestran hasta qu punto esa poltica es errnea. Desde que se puso en marcha la campaa contra el terror, el nmero de ataques catalogados como terroristas ha aumentado, los intentos para acabar con los dirigentes de al Qaeda, a quien no dudan en sealar coyunturalmente como la fuente de todos los males, siguen en libertad, y el sentimiento de ser vctima de un atentado indiscriminado ha aumentado en muchas partes del mundo, sobre todo en los pases cuyos dirigentes siguen el guin neoconservador de Washington.

Londonistn

La situacin de la comunidad musulmana en Gran Bretaa lleva varios aos sometida a una importante presin tanto meditica como policial. Fruto de esta situacin buena parte de la misma se muestra cada vez ms alejada de las polticas del gobierno britnico. No obstante sera un error englobar a la mayora de la misma en las corrientes ideolgicas ms radicales del islamismo poltico.

Para comprender mejor la radicalizacin de las nuevas generaciones de musulmanes en Londres y otras ciudades, es necesario prestar atencin a una serie de factores que interrelacionados entre s pueden explicar mejor esa rabia y frustracin que manifiesta en ocasiones parte de esa comunidad. En primer lugar es evidente que la poltica de Blair de apoyo a los planes de Bush en Palestina, Iraq o Lbano ha creado un importante rechazo entre los jvenes musulmanes britnicos. Por otro lado, la marginacin econmica y poltica ha consolidado la percepcin de esos mismos protagonistas que no se ven integrados en la sociedad britnica. Si a todo ello le aadimos los ataques contra el Islam desde algunos polticos occidentales y el papel de determinados clrigos que promueven unas lecturas reaccionarias y conservadoras del Islam, obtendremos el cctel necesario para entender mejor la situacin.

Desde algunos sectores se ha venido utilizando el trmino Londonistn para intentar presentar la comunidad musulmana como la raz de un movimiento internacional ligado a al Qaeda, una especie de cantera de candidatos a cometer atentados por todo el mundo bajo la bandera de la citada organizacin. Sin embargo, la mayora de grupos y organizaciones islamistas que operan en Londres y que tienen un marcado carcter radical, no representan ms que una minora del conjunto de musulmanes de la ciudad.

Ello no es bice para remarcar aspectos preocupantes en la coyuntura actual. El fracaso de las polticas gubernamentales han radicalizado a buena parte de esa comunidad, un ejemplo es la transformacin de buena parte de la juventud de la comunidad de Bangladesh, que de militar en organizaciones de izquierda han pasado en buena medida a participar en otras de claro carcter islamista.

Pakistn

La conexin pakistan es otro de los ejes de la reciente operacin policial. Y como ocurre con los anteriores protagonistas, a la hora de analizar la participacin de Islamabad no debemos perder de vista una lectura en clave interna. Los intereses del general Musharraf han influido a la hora de materializarse esta operacin.

La compleja situacin de Pakistn, con enfrentamientos en Waziristan entre las tropas gubernamentales y las tribus locales, la rebelin separatista en Baluchistn, el acoso poltico de toda la oposicin contra el presidente, la radicalizacin islamista, hacen que poltica y socialmente, el pas penda de un hilo.

Por su parte, Musharraf es consciente que sus nicos apoyos estn en el ejrcito, de momento, en Washington y en los oportunistas que se arriman al poder. Y sabe tambin que estos apoyos suelen durar mientras se conserve el poder. El gobiernio pakistan sabe que debe mimar estos apoyos y de ah que en diferentes ocasiones, cuando ha visto peligrar su futuro, se hayan producido movimientos propagandsticos en la lnea de colaborar en la guerra contra el terror.

Cuando se cita la importancia de las detenciones en Pakistn para desmonta esa supuesta trama se olvida mencionar esos intereses de Musharraf, que pueden desmontar en ocasiones la mayor parte de los que se ha venido afirmando.

El terremoto que asol la Cachemira ocupada por Pakistn el ao pasado es una de las claves de este asunto. La incapacidad del gobierno y la comunidad internacional para responder ante esa catstrofe, fue aprovechada por diferentes organizaciones islamistas que llenaron el vaco de esos otros actores y supieron dotar de ayuda y asistencia a buena parte de los afectados. Paralelamente, algunos de los voluntarios procedan del Reino Unido y militaban en grupos como Hizb ut-Tahrir o al-Muhajiroun, y no han desaprovechado la oportunidad para desarrollar su proselitismo poltico en la zona.

Estos movimientos habran maniobrado para articular una respuesta conjunta contra el general Musharraf, y algunos analistas locales sealan que podran haber contactado con algunos elementos del propio ejrcito pakistan. Los poderosos servicios secretos del pas no habran tardado mucho en localizar y controlar esos movimientos, y han esperado el momento oportuno, en parte en lnea con la coyuntura internacional, para poner en marcha su maquinaria.

Las mentiras y manipulaciones del gobierno de Blair en ocasiones anteriores (el supuesto ataque con veneno, la redada de Forest Gate o la muerte del joven brasileo de Menezes), el ocultamiento de informacin en muchos de esos casos y el seguidismo ciego de la poltica de Washington son factores que, segn la opinin pblica, juegan contra las versiones gubernamentales. Las amenazas siguen existiendo, `pero la poltica que han abanderado hasta la fecha Londres y Washington no han acabado con ellas, al contrario, han aumentado.

La solucin a esta situacin debera pasar por un cambio profundo en las relaciones internacionales y en la transformacin de las situaciones que han permitido las desigualdades que fomentan reacciones violentas por todo el mundo.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)



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