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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2006

La izquierda y el programa: tareas pendientes

ngeles Maestro
Corriente Roja


No se renuncia al programa; lo nico que se hace es aplazar su realizacin... por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptacin no es en realidad para s mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino nicamente para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, todas las fuerzas y todas las energas se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del rgimen capitalista, para dar la impresin de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesa De la Carta Circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros. C. Marx y F. Engels (1879). La VII Asamblea Federal de IU ha decidido instalarse definitivamente en el espacio poltico que inaugur, en el mbito estatal, el pacto con el PSOE para las elecciones generales de marzo de 2000. Que los invitados estrella fueran Jos M Fidalgo y Santiago Carrillo, junto a la proyeccin de un video sobre los 17 aos de vida de IU en el que aparecan profusamente los dirigentes de Nueva Izquierda, sin que se mencionara la existencia de Julio Anguita, son los elementos simblicos de importantes decisiones polticas. Ha sido el triste broche final a tres aos destinados a liquidar, poltica y organizativamente, lo poco que quedaba del modelo originario. Pero la historia viene de mucho ms atrs.

La clave de bveda de la convocatoria para construir un bloque y un proyecto alternativo que pretendi ser IU y que, en consecuencia, desenmascaraba al PSOE situndole en el neoliberalismo en la poltica econmica y como lacayo del imperialismo en relaciones internacionales, choc pronto con sus tres prolongaciones: el grupo PRISA, la direccin de CC.OO. e Iniciativa per Catalunya.

Estos tres poderes fcticos, al tiempo que socavaban la credibilidad de IU en la opinin publicada -que no en la calle, ni en los resultados electorales- dieron a luz al brevsimo invento de Nueva Izquierda, mientras revitalizaban todo el posibilismo y el oportunismo de la hegemona carrillista, bien arraigados en amplios sectores de la organizacin.

La venta del proyecto poltico de transformacin social y de la propia organizacin, a cambio de un lugar al sol -durante poco tiempo, como bien comprob el PCE en la transicin e IU en Aragn, Baleares, etc. - en instituciones, gobiernos y medios de comunicacin, no fue descubierta por hombres de Estado como Santiago Carrillo; la cita que reproduzco al comienzo da cuenta de que la bsqueda de la respetabilidad del poder por parte de sectores de la izquierda es tan antigua como la lucha de clases.

Sorprendentemente a medida que se intensificaba la explotacin y apareca la guerra a gran escala como instrumento privilegiado del imperialismo, iba diluyndose la resistencia sindical, en un autntico suicidio de los intereses de clase. Frente a la precarizacin masiva, la Ley de extranjera y la sucesin de recortes en derechos y prestaciones sociales y laborales, la respuesta por parte de de las direcciones de CC.OO. y UGT es a partir de la contrarreforma laboral de enero de 1994 una espesa paz social, levemente alterada por huelgas generales testimoniales.

Al mismo ritmo, el acoso interno y externo al discurso de las dos orillas y la experiencia de pactos generalizados con el PSOE en diferentes federaciones iban preparando el terreno para el abandono, uno a uno, de sus rasgos alternativos. Con el programa comn PSOE-IU del ao 2000 del que desapareca la salida de la OTAN y la eliminacin de las Bases, la liquidacin de las ETT,s, las 35 horas por ley, la paralizacin y revisin de las privatizaciones, la progresividad fiscal, etc. la instalacin de IU entre las fuerzas del sistema, en lo polticamente correcto adquira mbito estatal. Las palabras del candidato del PSOE J. Almunia ante la patronal catalana en el mismo hotel en el que medio ao antes 400 empresarios aportaron 100.000 Ptas. cada uno a la campaa electoral de Pascual Maragall son suficientemente explcitas: El acuerdo alcanzado sita a IU, una fuerza que ha tenido un papel importante en los ltimos 20 aos, en el rea de la gobernabilidad () en el marco econmico que fija la Unin Europea y su pacto de estabilidad , de forma que sus propuestas sirvan para ser llevadas a la prctica y no para discutir o contestar desde fuera un sistema poltico, econmico y social; aunque lo que mejor cay entre los empresarios catalanes fue el anuncio de Almunia de que un eventual gobierno presidido por l no aplicar por ley la semana laboral de 35 horas (1)

A las protestas de la militancia, que acababa de aprobar unas propuestas electorales en las que los contenidos eliminados eran piezas clave y, sobre todo, que se haba dejado la piel junto a otras organizaciones recogiendo 1.750.000firmas para la ILP de las 35 horas (2), se responda desde la direccin diciendo que sos eran los mnimos del acuerdo, pero que IU mantena su programa para... tiempos mejores (otra vez, lcido Marx).

Contra toda lgica, el impresionante descalabro electoral (se pierden 1.400.000 votos, ms del 50% de los obtenidos en 1996) no lleva a cuestionamiento alguno de la estrategia poltica. Se haba entrado en un camino sin retorno.

El otro gran tema a analizar es por qu la misma mayora que apoy el proyecto de IU que encabez Julio Anguita, se aprestaba a su liquidacin, retomando los mismos contenidos que defendi Nueva Izquierda y por los que se produjo una traumtica ruptura en 1997. La respuesta hay que encontrarla en varias razones que se retroalimentan: la salida de IU de los sectores comprometidos con el proyecto originario ante la constatacin cotidiana del abandono del programa alternativo, el aplastamiento y la marginacin utilizando todas las vas antidemocrticas imaginables de quienes se atrevan a discrepar, el clientelismo que abre camino primero y asegura despus el acceso a los cargos institucionales, el miedo de una militancia acostumbrada a obedecer..etc.

Estos y otros muchos son elementos importantes, pero, a mi juicio, el asunto clave que explica la escasa resistencia interna a la desnaturalizacin de IU es esencialmente poltico. Tanto en el proyecto inicial de Gerardo Iglesias, como en la refundacin que desencadena la llegada de Julio Anguita a la Coordinacin General hay una debilidad congnita estratgica. Se pretendi erigir un proyecto poltico alternativo, basado en la lucha de masas, sin cuestionar el Pacto de la Transicin ni, en consecuencia la Constitucin monrquica de 1978.

Sin pretender analizar a fondo este tema que desborda el objetivo de este artculo, es indispensable sealar que la sincera vocacin de alternativa de IU entre 1989 y 1999, la identificacin del PSOE y sus ramificaciones mediticas y sindicales como instrumento poltico de las clases dominantes y la apuesta decidida por la movilizacin y por formas nuevas de organizacin, tuvieron el enorme agujero negro de no identificar que la renuncia a la ruptura poltica en la Transicin, interrumpi el hilo rojo histrico de la lucha secular de las clases populares por su emancipacin. Lo que no pudo conseguir la guerra, ni el exilio, ni los ms de 200.000 asesinados tras el uno de abril de 1939, ni la crcel, ni el terror, lo consigui la entrega del tesoro poltico y organizativo tan duramente construido a lo largo de la dictadura, a cambio del ingreso de un puado de dirigentes en la gobernabilidad de la que hablaba J. Almunia.

Era, y es imposible, reconstruir el proyecto histrico revolucionario sin abordar una etapa absolutamente clave de nuestra historia (3) sin paos calientes, con datos, con rigor y sobre todo con los ojos nuevos de una generacin que no vivi la Transicin, que no se siente responsable de ella (4) y que pisa fuerte en la reconstruccin del movimiento obrero y popular. El mar de banderas republicanas sostenidas mayoritariamente por jvenes, y su destacada presencia en la manifestacin del 6 de diciembre pasado, niega con rotundidad el discurso oficial de la izquierda en la transicin: la intrascendencia de la forma de Estado frente a los supuestos contenidos progresistas en lo econmico y lo social de la Constitucin. A ese mismo objetivo de enmascarar la realidad apunta el pattico chascarrillo del monarca-republicano que han desempolvado recientemente Llamazares y Zapatero. Lo que la juventud intuye es lo mismo que late en el cerebro y en el corazn de tanta gente de todas las edades: la verdad es siempre concreta y en esta tierra, Repblica es rebelda. En esta tierra la II Repblica simboliza la posibilidad de acabar con el orden establecido, irrupcin de la gente de la calle en la poltica, abrir caminos de poder popular... democracia, en definitiva.

La ineludible y urgente tarea de abordar la reconstruccin del proyecto histrico revolucionario, aqu y ahora, tiene muchos interrogantes, pero algunas cosas van apareciendo con claridad como elementos bsicos:

* la III Repblica forma parte decisiva del programa poltico;

* el cuestionamiento global del sistema es el punto de partida del proyecto alternativo;

* abordar la reconstruccin del movimiento obrero en la perspectiva de la unidad de clase y sobre la base de la democracia, la voluntad de lucha y el internacionalismo;

* la vinculacin del movimiento obrero con el movimiento antiglobalizacin en la bsqueda de nuevas formas de resistencia y de unidad;

* radicalizar la idea de democracia como movilizacin continua y participacin popular permanente en todas las reas de la vida social: poltica, econmica, de debate social, informativa, ...etc.

* construir elementos de participacin continua y directa, y convertir la representacin en un mandato imperativo mandar obedeciendo, sometido a vigilancia y control y evitando drsticamente cualquier tipo de ventaja econmica derivada de la misma. Generalizar la revocacin y la rendicin de cuentas de los representantes. .

* rehacer el concepto de representacin (el mandato imperativo, el mandar obedeciendo, la revocacin, los salarios del representante),

* construir mecanismos y medios de comunicacin alternativos como elementos esenciales en la lucha ideolgica

* si el escenario de la lucha de clases es mundial, a esa escala hay que construir el proyecto emancipatorio que tendr el internacionalismo y la pluralidad en su cdigo gentico;

En la declaracin de Principios de Corriente Roja (5), sin olvidar que las alas son cortas y las nubes altas, se hace mencin expresa a la necesidad imperiosa de situar con claridad los objetivos:

Somos conscientes de la enorme debilidad poltica de la clase obrera, de la magnitud de las tareas que tenemos por delante y de la importancia de las luchas concretas en la construccin de un bloque poltico capaz de generar una alternativa global al sistema capitalista. (...) Frente al reformismo hegemnico en la izquierda, que esteriliza tantas luchas y tanto esfuerzo con la inalcanzable finalidad de suavizar el neoliberalismo, es necesario afirmar que la transformacin radical del sistema y la construccin del socialismo son las nicas alternativas posibles a la barbarie.

Madrid, 5 de febrero de 2004




(1) El Pas, jueves 17 de febrero de 2000

(2) El 11 de noviembre de 1999, en su ltima intervencin parlamentaria y menos de tres meses antes de los pactos IU-PSOE, Julio Anguita defendi la Iniciativa Legislativa Popular de las 35 horas, en cmputo semanal, sin reduccin salarial, eliminacin de las horas extraordinarias, reduccin de la edad de jubilacin, contrato de relevo, salario social, etc. Esta iniciativa estaba destinada a ser segn los documentos aprobados por IU el pilar de todo un proceso de relanzamiento unitario de la lucha por parte la organizacin junto al movimiento obrero crtico y combativo y otros movimientos sociales.

En su informe al CPF del 13 de noviembre, tras perderse la votacin en el Congreso como estaba previsto - Anguita afirm: La batalla por las 35 horas contina. Deben continuar la movilizacin y las iniciativas legislativas, as como las alianzas, sobre todo sociales.

El boicot total de IU-Madrid a la movilizacin convocada durante el debate parlamentario, junto al mnimo apoyo de sta y otras federaciones, a la manifestacin estatal de junio de ese mismo ao en Madrid, eran el preludio del golpe de timn que iba a producirse en la organizacin tras la sustitucin de J. Anguita en la Coordinacin General.

(3) Hay tres libros a mi juicio esenciales para entender esta etapa: J. Garcs (1996) Soberanos e Intervenidos. Siglo XXI de Espaa editores S.A. P. Sverlo (2000) Un rey golpe a golpe, Arakatzen SL.

J. Navarro (2003) 25 aos sin constitucin. Editorial Foca.

(4) Manifiesto convocatoria 6 de diciembre de 2004 por la III Repblica. http://www.nodo50.org/corrienteroja/archivos/archi139.htm

(5) Declaracin de Principios de Corriente Roja. I Encuentro Estatal, julio de 2003. http://www.nodo50.org/corrienteroja/archivos/archi127.htm


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