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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2006

La revolucin cooperativa de Venezuela

Betsy Bowman y Bob Stone
www.dollarsandsense.org

Traducido del ingls para Rebelin por S. Segu


Zaida Rosas est en la cincuentena y tiene quince nietos. Trabaja en la cooperativa textil Venezuela Avanza, de Caracas, recientemente constituida. Los 209 trabajadores de la cooperativa son en su mayor parte mujeres del barrio antes desempleadas. Sus hogares, en los empinados cerros de la zona oeste de Caracas, han sido en su mayor parte construidos por ellas mismas y sus familiares.

Zaida trabaja siete horas por da, cinco das por semana, por un salario de 117 dlares al mes, que es el ingreso comn que todos los empleados decidieron por votacin atribuirse. Es mucho menos que el salario mnimo, establecido por ley en 188 dlares mensuales. La razn es que as podemos devolver el prstamo [gubernamental para iniciar el negocio], explic. Los cooperativistas de Venezuela Avanza, se renen en asamblea una vez al mes con el fin de decidir sus polticas. Como en la mayor parte de cooperativas de productores, no se pagan salarios, sino que se abonan adelantos sobre los beneficios. Los trabajadores, al atribuirse a s mismos sumas inferiores al salario mnimo, a fin de reembolsar al Estado, se hallan en una situacin precaria. Esperamos que nuestras condiciones de trabajo mejoren con el tiempo, afirma Zaida.

Con el fin de capacitar a los trabajadores de las cooperativas para dirigir sus negocios, el nuevo Ministerio de Economa Popular (MINEP) les concede modestas becas para el estudio del cooperativismo, la produccin y la contabilidad. Mi familia est mucho ms feliz: he aprendido a escribir y tengo ya mi tercer grado, afirma.

Zaida forma parte tambin de una red local ms amplia de cooperativas: la suya es una de las dos cooperativas de produccin construidas por otra cooperativa local de albailes que, junto a una clnica, un supermercado cooperativo, una escuela y un centro cvico forman un ncleo de desarrollo endgeno, como ellos mismos lo denominan. Estos ncleos forman el corazn del plan estatal para el desarrollo de una economa igualitaria.

La cobertura que los medios de comunicacin estadounidenses realizan de Venezuela tiende a centrarse en la produccin petrolera y en la disputa verbal ambas sin duda relacionadas entre el presidente Hugo Chvez y la Casa Blanca. Chvez, por ejemplo, suele referirse a George W. Bush como Mr. Danger, en referencia a un bruto extranjero protagonista de una novela clsica venezolana. Con menos sutileza, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, compar recientemente a Chvez con Hitler. Entretenidos con estos eptetos, los informadores pasan por alto una importante noticia: el crecimiento sin precedentes de cooperativas, que ha dado nueva forma a las actividades econmicas de cientos de miles de venezolanos como Zaida Rosas. En una reciente visita a Caracas, tuvimos ocasin de conversar con miembros de estas cooperativas y otras personas participantes de este novel experimento que permitir abrir la economa de Venezuela de arriba abajo.


Explosin de cooperativas

Nuestro primer encuentro con el movimiento cooperativista de Venezuela se concret en Luis Guacarn, miembro de una cooperativa de taxis, que nos condujo a los arrabales de Caracas. En el lluvioso trayecto, preguntamos a Luis cmo le afectaban personalmente los cambios introducidos por Chvez. Nos contest que ahora se senta un ciudadano, que tena derecho a compartir la riqueza petrolera de la nacin que siempre haba ido a parar a la oligarqua. El pueblo necesitaba servicios de salud, educacin y empleos correctos, lo que era razn suficiente para que Chvez desviase ingresos del petrleo a la satisfaccin de estas necesidades. Dos de los cinco hijos varones de Luis estn en el ejrcito, una hija estudia ingeniera del petrleo y otra lleva una peluquera. Todos ellos estn cursando estudios de formacin profesional.

Casi todas las personas con quien charlamos durante nuestra visita eran participantes de una cooperativa. La constitucin de 1999 exige que el Estado promueva y proteja las cooperativas. No obstante, slo tras la aprobacin de la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas, en 2001, el nmero de stas se dispar. Cuando Chvez lleg al poder en 1998 haba 762 cooperativas legalmente registrada, compuestas de unos 20.000 asociados. En 2001 haba casi 1.000 cooperativas; en 2002, 2.000; y en 2003, 8000. A mediados de 2006, la Superintendencia Nacional de Cooperativas (Sunacoop) informa que el nmero de cooperativas registradas es de 108.000 y el de miembros asociados, 1.500.000. Desde 2003, el MINEP ha facilitado formacin empresarial y de autogestin gratuitamente, ha ayudado a los trabajadores a convertir empresas con problemas en cooperativas, y ha ampliado los crditos iniciales a las impresas y los destinados a la adquisicin de stas por los propios empleados. El movimiento resultante ha venido cada vez ms a definir la Revolucin Bolivariana, trmino que utiliza Chvez para su remodelacin de las estructuras econmicas y polticas de Venezuela.

En la actualidad, el MINEP intenta no quedarse atrs en la iniciativa que l mismo ha desatado. Mientras que las cooperativas anteriores al actual Gobierno eran principalmente entidades de crdito, las bolivarianas actuales son mucho ms diversas: la mitad pertenecen al sector de servicios, un tercio al de produccin y el resto se dividen entre ahorro, alojamiento, consumo y otros mbitos. Los cooperativistas trabajan principalmente en cuatro sectores: 31% en el comercio y la hostelera; 29% en el transporte, el almacenaje y las comunicaciones; 18% en la agricultura, la caza y la pesca; y 8,3% en la industria manufacturera. El cooperativismo est en marcha en Venezuela, en una escala y una intensidad nunca vistas en ningn lugar.

Las cooperativas son en su mayor parte pequeas. Desde enero de 2005, no obstante, con ocasin del anuncio del Gobierno de una poltica de expropiacin de instalaciones industriales cesantes, el MINEP ha apoyado a los trabajadores a hacerse con el control de algunas grandes empresas que amenazaban bancarrota. Si una instalacin industrial no utilizada se considera de utilidad pblica, el comienzo de los procedimientos de expropiacin lleva con frecuencia a la negociacin de la compensacin correspondiente con los propietarios. En uno de estos casos, los propietarios de una planta de procesamiento de tomates propiedad de Heinz, en Monagas, ofrecieron la venta al Gobierno por 600.000 dlares. Tras una negociacin en la que se tuvieron en cuenta los salarios y los impuestos atrasados, adems de una hipoteca pendiente, ambas partes alcanzaron un acuerdo amistoso de venta a los trabajadores por 260.000 dlares, con prstamos preferentes proporcionados por el Gobierno. En otro ejemplo, mucho ms polmico, unos trabajadores desplazados ocuparon una planta de refinado de azcar, en Cumanacoa, y la volvieron a poner en funcionamiento. Entonces, el Gobierno federal expropi la propiedad y la entreg a la cooperativa de los trabajadores de la planta. Se respetaron los derechos de propiedad, gracias a los prstamos del Gobierno a los trabajadores, si bien el precio pagado fue bastante inferior al pedido por los propietarios. Estas empresas expropiadas son gestionadas a menudo por representantes elegidos por los trabajadores, junto a personas designadas por el Gobierno.

Sin embargo, hay condiciones. No hemos expropiado Cumanacoa y Sideroca en favor de los trabajadores slo para que stos se vuelvan ricos de la noche a la maana, afirm Hugo Chvez. No lo hemos hecho solamente para ellos, se trata de distribuir la riqueza entre todos. Tomemos el caso de Cacao Sucre, otro ingenio azucarero cerrado desde hace ocho aos por sus propietarios privados, que dejaron a 120 trabajadores desempleados en una poblacin de pobreza visible. El gobernador del Estado hizo una llamada a los trabajadores para que formasen una cooperativa. Tras recibir formacin en materia de autogestin, la cooperativa azucarera integr a los 3.665 cultivadores de caa. En julio de 2005, esta gran cooperativa se convirti en la primera Empresa de Produccin Social. Esta nueva designacin indica que la cooperativa est obligada a dedicar una parte de sus beneficios a la financiacin de servicios de salud, educacin y vivienda destinados a la poblacin local, y a abrir sus comedores a toda la comunidad.

Con slo 700 empresas, cerradas o en bancarrota, en la lista oficial de candidatos a la expropiacin, la cooperativizacin a gran escala de instalaciones existentes es limitada, y hasta hoy un tanto lenta. Los sindicatos estn identificando ms empresas en situacin de subexplotacin, pero queda un largo camino por recorrer.

Las cooperativas son un elemento bsico del nuevo modelo econmico venezolano. Tienen potencial suficiente para cumplir una serie de objetivos de la Revolucin Bolivariana, entre otros la lucha contra el desempleo, la promocin de un desarrollo econmico sostenible, la competencia pacfica con empresas capitalistas convencionales y el desarrollo del socialismo a la manera de Chvez, en proceso de definicin.


No ms agencias estatales como las de nuestros abuelos

El capitalismo genera desempleo. El neoliberalismo ha agravado esta tendencia en Venezuela, y ha producido un amplio grupo estable de personas marginadas, excluidas de cualquier tipo de trabajo y consumo significativos. Aunque no totalmente olvidados, se los culpabilizaba de su situacin y se los haca sentir intiles. Pero la Revolucin Bolivariana tiene que ver con la exigencia de reconocimiento. En marzo de 2004, Chvez convoc a los venezolanos a una nueva misin, con ocasin de la inauguracin por el MINEP del programa Misin Vuelvan Caras. A partir de ellos mismos y en uso de sus propias capacidades para formar cooperativas, los beneficiarios podran combatir el desempleo y la exclusin, cambiando realmente las relaciones de produccin.

En Venezuela, la expresin vuelvan caras evoca la orden de un general insurgente a sus tropas, cuando stas se hallaban rodeadas por tropas espaolas durante la guerra de Independencia. En efecto, viene a decir: abandonen su papel de perseguidos, vulvanse y ataquen de frente al enemigo. El nuevo enemigo es el desempleo, y el objetivo del pleno empleo habrn de conseguirlo grupos, particularmente de desempleados, capaces de hacer una aportacin mutua y de trabajar conjuntamente. Vuelvan Caras ensea gestin empresarial, contabilidad y valores cooperativos a cientos de miles de estudiantes becados. Los graduados son libres de conseguirse empleos normales o de formar microempresas, para lo que se les ofrecen crditos; no obstante, el aspecto cooperativo es prioritario en materia de asistencia tcnica, crditos y contratos. Pero la chispa primera la capacidad empresarial colectiva necesaria para la cooperativizacin debe venir del pueblo. Ms del 70% de los graduados del curso 2005 participaron en la formacin de 7.592 nuevas cooperativas.

Vuelvan caras parece dar ya resultados. El desempleo alcanz un nivel de 18% en 2003, pero se redujo a 14,5% en 2004 y a 11,5% en 2005. El MINEP est preparando un Vuelvan Caras II, con el objetivo de atraer a otros 700.000 desempleados. Sin embargo, con una poblacin de 26 millones, la batalla de Venezuela contra las causas estructurales del desempleo acaba de comenzar.

Desarrollo econmico endgeno

Las cooperativas tambin contribuyen a alcanzar el objetivo ms amplio del Gobierno de conseguir un desarrollo endgeno. La inversin extranjera directa contina en Venezuela, pero el Gobierno pretende evitar la dependencia del capital extranjero, que expone a un pas al habitual chantaje capitalista. El desarrollo endgeno significa ser capaz de producir la simiente que sembramos, los alimentos que comemos, la ropa que llevamos, y los bienes y servicios que necesitamos, rompiendo con ello la dependencia econmica, cultural y tecnolgica que ha frenado nuestro desarrollo, en primer lugar personal. Con este objetivo, las cooperativas son herramientas ideales, por cuanto enrazan el desarrollo en Venezuela: bajo el control de trabajadores-propietarios locales, no plantean el riesgo de fuga de capitales habitual en las empresas capitalistas.

La necesidad de desarrollo endgeno se hizo dolorosamente evidente a los venezolanos con la huelga de 2002, promovida por los adversarios de Chvez. Los principales distribuidores de alimentos del pas, importados en gran parte, dieron su apoyo a la huelga, parando la distribucin de alimentos y poniendo de manifiesto una creciente vulnerabilidad. En respuesta, el Gobierno lanz su propia cadena paralela de supermercados. En slo tres aos, Mercal contaba ya con 14.000 puntos de venta, casi todos en barrios pobres, y venda los productos bsicos a unos precios entre 20% y 50% inferiores. Mercal es ya la mayor cadena de supermercados del pas y su segunda mayor empresa. Sus establecimientos atraen a un pblico de todas las tendencias polticas, gracias a sus bajos precios y a la calidad de sus productos. Con el fin de promover la soberana alimentaria, Mercal ha aumentado su proporcin de suministradores nacionales hasta ms del 40%, dando prioridad, en la medida de lo posible, a las cooperativas. Venezuela sigue importando el 64% de los alimentos que consume, pero el porcentaje se ha reducido, desde el 72% en 1998. Al reducir la dependencia de las importaciones, los costes de transporte y los intermediarios, a la vez que da preferencia a los suministradores locales, Mercal espera poder acabar con su subvencin de 24 millones de dlares mensuales.


Desplazando el capitalismo y construyendo el socialismo

Otra razn por la que los arquitectos de la denominada Revolucin Bolivariana impulsan decididamente el modelo cooperativo es su opinin de que las cooperativas pueden cubrir las necesidades mejor que las empresas capitalistas convencionales. Liberadas de la carga que suponen los gestores de altos salarios y los inversores absentistas, slo interesados en los beneficios, las cooperativas tienen un dinamismo financiero que impulsa las innovaciones tecnolgicas que permiten ahorrar tiempo de trabajo. Las cooperativas son el tipo de negocio del futuro, afirma el ex ministro de Planificacin y Desarrollo Felipe Prez-Mart. No slo no son empresas explotadoras, sino que producen ms que las empresas capitalistas, por cuanto afirma Prez-Mart los trabajadores-propietarios estn obligados a perseguir la eficacia y el xito de su empresa. Una afirmacin de este tipo causa perplejidad en pases como Estados Unidos, pero un creciente corpus de investigacin indica que las cooperativas pueden efectivamente ser ms productivas y provechosas que las empresas convencionales.

Para verificar si las cooperativas pueden superar a las empresas capitalistas en sus propios trminos, es preciso establecer un sector cooperativo o solidario viable en paralelo al sector capitalista establecido y dominante. Hoy, Venezuela est preparando este experimento. Ms del 5% de la fuerza de trabajo est empleada ya en las cooperativas, segn el MINEP. Si bien este porcentaje de cooperativistas supera el de la mayora de pases, sigue siendo pequeo en relacin con el tamao de un sector que intenta vencer en competencia con el sector capitalista venezolano. Los seguidores de Chvez esperan que, una vez lanzado el sector, la cooperativizacin se expanda en un crculo virtuoso, a medida que la fuerza de trabajo convencional, al observar el desempeo de las cooperativas, exijan un control similar de su trabajo. Elas Jaua, ministro para la Economa Popular, afirma: El sector privado puede comprender el proceso e incorporarse a esta nueva dinmica social, o simplemente se ver desplazado por las nuevas fuerzas productivas que tienen una produccin de mayor calidad, una visin basada mucho ms en la solidaridad que en el consumo. Podramos creer que los crditos, la formacin y los contratos del MINEP vician esta dinmica en favor de las cooperativas. Sin embargo, los titulados de la Misin Vuelvan Caras tienen la libertad de emplearse en el sector capitalista. Adems, la poltica del MINEP de favorecer a las empresas propiedad de sus trabajadores no es tan diferente de la legislacin, las subvenciones y las exenciones fiscales estadounidenses que favorecen a las empresas propiedad de sus inversores.

Por ltimo, al poner los medios de produccin en manos de los trabajadores, el movimiento cooperativo est construyendo directamente el socialismo. La cooperativizacin, en particular la que se produce en empresas inactivas ocupadas por sus trabajadores, promueve lo que siempre ha sido nuestro objetivo: que los trabajadores dirijan la produccin y que los gobiernos estn tambin dirigidos por los trabajadores, afirma la ministra de Empleo, Mara Cristina Iglesias. As pues, las cooperativas, no son nicamente medios para alcanzar lo que Chvez denomina socialismo del siglo XXI: son en realidad realizaciones parciales de ste.


Gestin de riesgos del experimento

La cooperativizacin es fundamental para alcanzar los objetivos de la Revolucin Bolivariana. Sin embargo, los lderes de sta reconocen que tienen un largo camino por recorrer. Las empresas capitalistas tradicionales siguen dominando la economa de Venezuela. Y an cuando todos los programas actuales de cooperativizacin tienen xito, cabe preguntarse si esa lucha porque ser una lucha va a conducir al socialismo. Michael Albert, de Z Magazine, asegura que las cooperativas pueden ser ms productivas, a la vez que apoya resueltamente el experimento venezolano. Pero, a falta de planes de abandono del mercado, duda de que conduzcan al socialismo, por cuanto los efectos de unas cooperativas empeadas en superar a las antiguas empresas mediante la competencia en un contexto definido por el mercado, pueden ser de afianzar en ellas una burocracia gestora y una orientacin competitiva y no social. La intranquilidad de Albert tiene fundamento: la historia de las cooperativas, desde las colonias Amana, en Iowa, a la Cooperativa Mondragn, en el Pas Vasco, muestra que aun cuando comiencen con un mandato de servicio a la comunidad, las cooperativas individuales, o incluso las redes de cooperativas, tienden a reinternalizar, con carcter de autodefensa, el egosmo capitalista, y llegan a ser indistinguibles de sus competidores, en situaciones en que deben competir solas contra un grupo de empresas capitalistas en una economa capitalista.

Los miembros del gobierno de Chvez reconocen francamente estos riesgos. El viceministro para la Economa Popular, Juan Carlos Loyo, a la vez que seala que el servicio a la comunidad ha sido parte del credo cooperativista desde el comienzo, pide paciencia: Sabemos que venimos de un estilo de vida capitalista que es profundamente individualista y autocentrado. Marcela Maspero, coordinadora nacional de la nueva federacin sindical chavista UNT, reconoce el riesgo de convertir a nuestros camaradas en capitalistas neoliberales. En este ejemplo nico que ofrece Venezuela, no obstante, la construccin de un sector cooperativista viable es el objetivo de un Gobierno que cuenta con considerables recursos financieros, por lo que su objetivo de construir el socialismo es a la vez un proyecto popular nacional. En Venezuela, el xito es por consiguiente una esperanza plausible. Se mantendra una lejana analoga con la situacin de mayo del 68 en Francia, en la que el gobierno de De Gaulle y el Partido Comunista Francs habran estado a favor de las demandas de estudiantes y trabajadores de una mayor autogestin.

Y hay problemas, sin duda. Un grupo puede registrarse como cooperativa fantasma y conseguir una donacin de puesta en marcha, y a continuacin desaparecer con el dinero. Y dado que las cooperativas tienen preferencia en la obtencin de contratos gubernamentales, hay un significativo nivel de fraude. Hay cooperativas registradas como tales sobre el papel, informa el citado Elas Jaua, pero que tienen un jefe que recibe un salario superior y trabajadores asalariados, as como una desigual distribucin del trabajo y el ingreso. Sunacoop admite que el cumplimiento tiene fallos. Muchas de las nuevas cooperativas han sufrido tambin las consecuencias de una insuficiente formacin en autogestin. Las autoridades gubernamentales intentan abordar estos problemas con visitas ms frecuentes a las cooperativas locales, el incremento de la formacin y los servicios de apoyo, as como la descentralizacin de la supervisin en favor de las autoridades locales.

A pesar de estos obstculos, las nuevas cooperativas, con el apoyo gubernamental, estn construyendo un movimiento nacional descentralizado que tiene su propia inercia e instituciones. El pasado mayo se lanz el Consejo Ejecutivo Nacional de Cooperativas (Cencoop). Este Consejo est compuesto por cinco miembros cooperantes de cada uno de los 25 Estados venezolanos, elegidos por los Consejos estatales de cooperativas, que a su vez son elegidos por los Consejos municipales, compuestos por cooperativistas locales. El Cencoop representar a Venezuela en la Alianza Cooperativa Internacional, organismo internacional que acoge a 700 millones de cooperativistas que forman parte de cientos de miles de cooperativas en 95 pases.

En un primer momento, el movimiento cooperativista pre-bolivariano se sinti dejado de lado y critic esta rpida cooperativizacin. No obstante, se solicit su asesoramiento en cada etapa de la planificacin del Cencoop, y por ltimo pas a formar parte del Consejo, compartiendo con el nuevo movimiento su valiosa experiencia adquirida. Los nuevos consejos cooperativos estatales y municipales son parte de un plan destinado a descentralizar las funciones del MINEP. Tras haber contribuido a organizar el Cencoop, el superintendente del MINEP, Carlos Molina, afirma que su Ministerio dejar a aqul las manos libres garantizado as la creciente autonoma del movimiento cooperativo. Hoy, sin embargo, muchas de las nuevas cooperativas siguen siendo dependientes del apoyo del MINEP.


Los opositores al movimiento

Sea cual sea el xito de la cooperativizacin, sta corre riesgos, tanto internos como externos. Hasta ahora, el gobierno Chvez ha compensado a los capitalistas por sus expropiaciones y ha sealado para su conversin en cooperativas slo a empresas que se hallaban en algn tipo de dificultad. Sin embargo, llegado el momento en que los trabajadores de empresas viables, a la vista del nuevo poder de que se han dotado sus compaeros cooperativistas en sus puestos de trabajo y su ms equitativa distribucin de los ingresos, pueden desear cooperativizar tambin sus empresas. Asimismo, teniendo en cuenta que durante aos se ha convertido en beneficio empresarial una parte importante del valor creado con su trabajo en muchos casos, suficiente para cubrir varias veces el valor de mercado de la empresa, no se considerarn dichos trabajadores con argumentos para pedir la transferencia de la empresa, sin compensacin? En pocas palabras, si la Revolucin desea extender y reforzar an ms la solidaridad revolucionaria antes de que tengan lugar nuevos actos contrarrevolucionarios, no debera iniciar una autntica redistribucin de la riqueza productiva y cooperativizar empresas, directamente a cargo de los capitalistas venezolanos? Antes o despus, el experimento cooperativo venezolano tendr que abordar esta cuestin.

En nuestra asistencia al Foro Social Mundial, en Caracas, en enero pasado, pudimos vislumbrar el acelerado avance de la Revolucin Bolivariana, y desde entonces le hemos seguido la pista. Estamos convencidos de que para aquellas personas de todo el mundo que creen que otro mundo es posible, la apuesta de este experimento es enorme. Podemos, por consiguiente, predecir que se enfrentar a genuinas amenazas externas. El brevsimo golpe de Estado de abril de 2002 y la destructiva huelga de los altos cargos de la industria petrolera en diciembre de ese ao, fueron obra de una lite enfurecida y desplazada, estimulada en cada una de sus acciones por Estados Unidos. Ahora, la campaa contina: el Departamento de Estado, por intermedio de grupos nacionales, ha inyectado cinco millones de dlares por ao a la oposicin que apoy el golpe. No obstante, la democratizacin de los puestos de trabajo procede sin pausa, y cada vez suma ms venezolanos al proceso revolucionario. Esta inclusin es en s misma una defensa, por cuanto ampla, unifica y refuerza la resistencia con la que los venezolanos enfrentaran nuevas acciones destinadas a desviar la revolucin o a ponerle fin.


Betsy Bowman y Bob Stone forman parte del colectivo gestor de GEO. Son tambin dos de los fundadores del Centro de Justicia Global, de San Miguel Allende (Mxico), centro bilinge donde trabajan como investigadores. Pueden consultarse las fuentes que han utilizado para el presente artculo en www.dollarsandsense.org/archives/2006/0706bowmanstone.html

Los autores desean dar las gracias a Steve Ellner por sus comentarios e invitan a participar en los debates por medio de www.globaljusticecenter.org



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