Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2006

El fracaso del proyecto sionista

Olivia Zmor
CAPJPO-EuroPalestine

Traducido para Rebelin y Tlaxcala por Caty R.


Cualquiera que sea el nmero de bombas arrojadas sobre Lbano y Palestina, cualquiera que sea el nmero de muertos, de palestinos y de libaneses saqueados y torturados, cualquiera que sea la arrogancia del conjunto de los gobiernos israeles y la impunidad de la que gozan, hay un hecho evidente: el proyecto sionista est en un atolladero.

Nuestros lderes y sus criados intelectuales parecen incapaces de comprender que la historia no se puede borrar como una pizarra para escribir en ella nuestro futuro e imponer nuestro modelo de vida a los pueblos inferiores Edward Said.

Con malos comienzos, el Estado de Israel, nacido de una mentira (una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra), -muy cmodo para las grandes potencias que se lavaban la conciencia por sus crmenes contra el pueblo judo con poco gasto y al mismo tiempo disponan de un pen en esta parte estratgica del planeta-, habra podido elegir integrarse en el mundo de Oriente Prximo donde decidi instalarse. Una eleccin que habra podido asegurarle un desarrollo econmico, cientfico y cultural extraordinarios.

En lugar de eso, Israel siempre eligi otras vas: la de la brutalidad y el desprecio. Apost por la desaparicin de los palestinos, por el lavado de los cerebros (los de su poblacin y los de todo el mundo), e intent reescribir la historia. Y perdi.

El proyecto sionista est en un atolladero y los actuales ataques desenfrenados del ejrcito israel a Lbano y a los territorios palestinos ocupados es el resultado y la prueba de este fiasco.

El fracaso del negacionismo

El sionismo se empe en la desaparicin del pueblo palestino pensando que bastaba con negar su existencia y despus echarlo y desesperarlo hasta que abandonase todos sus derechos. Procur, en vano, deshumanizarlo. La negacin del otro es una constante en toda empresa colonial.

Pero ni el negacionismo ni la limpieza tnica dieron los frutos esperados. El pueblo palestino existe. Ha conseguido resistir a 40 aos de ocupacin y 60 de expulsiones, destrucciones y boicoteo. Ni las matanzas ni las humillaciones han conseguido erradicar a la poblacin palestina. Es ms, se ha desarrollado, cultivado y curtido utilizando como armas, adems de las piedras, la demografa y la educacin.

Ni peores ni mejores que otros, los palestinos, enfrentados a la corrupcin de ms de un dirigente y a un cierto repliegue en los valores religiosos -que se puede observar por todas partes en un mundo espantado por tanta barbarie-, siguen luchando. A pesar de todas las estratagemas, presiones, represiones y argucias desplegadas para incitar a la divisin o a la colaboracin, los israeles no han conseguido quebrantar la unidad ni instaurar el caos. Los palestinos resisten.

Israel: una sociedad maltrecha

La poblacin israel vive siempre en pie de guerra. Mientras que las exigencias se plantean en nombre de la "seguridad de Israel, los israeles jams han conocido la seguridad. Como todo ocupante, viven inmersos en el miedo. Los jvenes y los menos jvenes padecen esta situacin, obligados a dedicar tres aos de su vida (dos para las chicas) a la guerra, y a regresar a ella regularmente como reservistas. La violencia domstica, consecuencia inevitable de los comportamientos que pretenden deshumanizar a los palestinos en los territorios ocupados, no deja paralelamente de crecer en Israel, como sealan alarmados numerosos socilogos israeles.

La situacin econmica es desastrosa. Israel slo sobrevive gracias al man estadounidense. Su economa gira totalmente en torno a la guerra en detrimento de todos los dems sectores; y la guerra no atrae a los inversores.

Las divisiones y desigualdades entre diferentes grupos de poblacin y sectores de inmigrantes: judos orientales, askenazes, rusos y palestinos del 48, son patentes. Aunque reciben mejor trato que los rabes israeles, los judos orientales son ciudadanos de segunda (hasta el punto de que eso los hizo volverse masivamente hacia el Likoud y los partidos religiosos tradicionales, mientras que los askenazes nutran tradicionalmente a las formaciones de la izquierda laica). La inmigracin de un milln de rusos (judos o supuestos judos) origin un clan poco apreciado por los otros grupos sociales. En cuanto a los 250.000 esclavos no judos trados para sustituir a la mano de obra palestina, no van a reforzar precisamente la cohesin de la sociedad israel. Lo nico que sustenta hoy la cohesin es el miedo al "enemigo comn", fomentado con esmero por los dirigentes israeles. El famoso ellos o nosotros utilizado hasta la saciedad, es el nexo de unin.

Israel se despoj, como de una costra malsana que le impeda cambiar de vida, de casi de todas las tradiciones judas de la dispora (prescindi del yiddish, de la cultura judeorabe, de las especialidades culinarias y hasta del humor judo, el arte de burlarse de s mismos, ligado a la mentalidad del gueto y por tanto inadmisible en Israel). Y cmo las ha reemplazado? Slo con el reconocimiento de la fuerza, con la cultura militar?

Muchos israeles se hartan de este ambiente, lo que se traduce en un nmero nada despreciable de fugas. Por supuesto las cifras se esconden cuidadosamente, pero el hecho est ah: un nmero considerable de israeles, a menudo entre los ms capacitados acadmicamente, se expatra, provocando una inquietante fuga de cerebros, asunto sobre el que Israel se abstiene de hacer comentarios y prefiere poner nfasis en los nuevos emigrantes, los que hacen su Alya. Compensan el nmero de israeles que se van, sin bombo y platillos, anunciando la mayora de las veces que van provisionalmente a estudiar o trabajar en el extranjero (principalmente a Estados Unidos, Canad y Europa) y no vuelven, o slo lo hacen brevemente para ver a sus familias? Es muy dudoso.

Una imagen desastrosa ante el mundo

Israel tambin ha perdido en trminos de imagen.

Estamos ya muy lejos de las simpatas, ampliamente extendidas en el mundo occidental, de que gozaba el valiente pueblecito que deseaba, despus de tanto sufrimiento, instaurar el socialismo desarrollando los kibutz, el pas que alardeaba de grandes principios de democracia, igualdad y laicidad.

Israel es hoy el pas el ms odiado del mundo. Repelen su brutalidad, su desprecio a los dems, su voluntad de crear el caos en todo Oriente Prximo, su estigmatizacin permanente de los rabes y su descaro ilimitado cuando se trata de agitar el espantajo de la religin de otros.

Estado religioso fundado sobre la desigualdad, sobre la nocin de pueblo elegido, que no concede los mismos derechos a sus ciudadanos segn sean judos o no, fagocitado por peligrosos fanticos religiosos que no slo hacen de las suyas en los asentamientos de los territorios palestinos sino tambin en los niveles ms altos del aparato del estado y del sistema educativo, Israel es un estado integrista, dotado de la bomba atmica, que slo inspira simpata a los aprendices de brujo.

El chantaje del antisemitismo: un verdadero bumern

La simpata hacia Israel de los que tienen intereses all o los que se arriman sistemticamente al sol que ms calienta, no debe hacer olvidar la aversin creciente, incluso de los que se callan, por la vergonzosa ley del embudo y la increble impunidad. Aversin que, por una desafortunada mezcolanza, puede recaer sobre todos los judos, particularmente en pases como Francia donde se ve mucho a los judos famosos que se salen en defensa de la poltica israel y muy poco a los que se desmarcan.

As, el estado que se presentaba como un remanso de paz y seguridad para todos los judos del mundo, ha enfangado a su poblacin en la inseguridad permanente y se ha convertido en la mayor fbrica de virus del antisemitismo, segn la expresin del militante israel de Gush Shalom, Uri Avnery.

Israel est atrapado en una lgica satnica: sus dirigentes necesitan apelar al antisemitismo para presentarse como "las" vctimas, con el riesgo instaurarlo, de fomentarlo. Con esto pretenden distraer la atencin de su crueldad con los palestinos, o por lo menos inhibir las crticas, e incitar a ms judos a que vayan instalarse en Israel, de manera preventiva. Pero el chantaje del antisemitismo, ese terrorismo intelectual y moral, esas constantes mentiras fomentadas por los polticos y los medios de comunicacin, exasperan a un nmero cada vez mayor de ciudadanos. Y la inmensa mayora de los judos de la dispora, que no tienen ganas de instalarse en Israel, corren peligro de sufrir las consecuencias, sin que los pirmanos se preocupen de extinguir los fuegos que encendieron.

La manipulacin permanente del genocidio de los judos por los sionistas tambin acaba por gastarse y perder eficacia. Todos los que militan para que aquellos crmenes contra la humanidad no se repitan nunca, rechazan que el Holocausto transforme el estudio del nazismo y el ascenso del fascismo en temas tab. Actualmente la recuperacin de la memoria histrica ha dado paso a la prohibicin de averiguar cmo fueron posibles aquellos horrores. Hitler = Satans, y punto. Prohibido analizar, comparar, descubrir que Hitler no era un lobo cado del cielo que los dirigentes del mundo entero, por ingenuidad o por atolondramiento, dejaron entrar en el redil. Ni hablar de plantearse que el ascenso del fascismo no se hizo en un da, sino que dur una decena de aos durante los que las atrocidades y el exterminio de judos, comunistas y miembros de la resistencia fueron encubiertos por los obsequiosos regmenes democrticos que, en general, vean en el nazismo una buena muralla contra el contagio comunista. El lobo Hitler fue cebado tranquilamente, ninguna potencia occidental rompi sus relaciones diplomticas con l antes del final del 39 y entonces ya existan los campos de concentracin. Silencio. Tema tab. Nadie quiere remover el montn de basura. Pero, hasta cuando el genocidio de los judos, el genocidio de nuestros padres y nuestros abuelos, tendr como principal funcin encubrir las artimaas criminales del Estado de Israel?

Nuestros "filsofos" y otro plumferos, elocuentes partidarios del derecho de injerencia cuando se trata de someter a los pueblos, unnimes para justificar la agresin contra Lbano y satanizar a Hezbol, igual que aprobaron la estrangulacin del pueblo palestino, satanizaron a Hams y aplaudieron la agresin contra Iraq, siempre podrn cantarnos la cancin del "choque de civilizaciones y de la "superioridad de la cultura judeocristiana". El hecho es que la razn del ms fuerte no siempre es la mejor. Israel, enfrentado a las derrotas que infligen a su poderoso y sofisticado ejrcito los pueblos que se niegan a someterse a su yugo, lo est comprobando. Que nuestro Sarkozy y compaa, tan diligentes para hacerles el caldo gordo a los ocupantes, y para rodearse de titiriteros como Finkielkraut y Klarsfeld, tomen nota. Quiz no hayan hecho la mejor eleccin.

La voluntad de autodeterminacin de los pueblos no deja de asombrarlos.

Fuente: http://www.europalestine.com/article.php3?id_article=2288


Caty R. es miembro de los colectivos de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin es copyleft y se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.



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