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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2006

Los nacionalistas y el voto de los otros

Juan Torres Lpez
Rebelin


Los nacionalistas y el voto de los otros

El Partido Socialista y la coalicin Izquierda Unida han registrado en el Parlamento una propuesta de ley que permita votar en las prximas elecciones municipales a los inmigrantes extracomunitarios (los comunitarios ya tienen ese derecho).Se trata de algo elementalmente justo puesto que significa, sencillamente, que quien contribuye a enriquecer a un pas mediante su trabajo y mediante los impuestos que paga, pueda tambin influir en la forma en que se gobierna ese pas, y ms concretamente las ciudades en las que vive.

Es una medida, pues, que no puede considerarse sino como una inevitable extensin de la democracia. Cmo podra entenderse, por ejemplo, que personas que vienen a Espaa con todo su derecho como ciudadanos comunitarios- a disfrutar de su jubilacin jugando al golf, puedan votar o ser concejales y alcaldes, mientras que los que han venido a trabajar y estn hacindolo no puedan disfrutar de esa misma posibilidad?

Es verdad que, como cualquier otro derecho, debe ser regulado acertadamente para evitar discriminaciones o efectos perversos. Pero su propio reconocimiento como algo que es esencial a la ciudadana no parece que pueda ser razonablemente rechazado.

Sin embargo, la propuesta est concitando una clara y significativa oposicin por parte de diversas fuerzas polticas, de modo que las reacciones en contra no se han hecho esperar.

Los argumentos que se utilizan para criticar la propuesta de la izquierda son muy explcitos y paradjicos, porque no se aplican, por ejemplo, al voto de los inmigrantes comunitarios.

Se afirma que el derecho al voto no se le puede dar "a cualquiera", e incluso el dirigente nacionalista cataln Felip Puig ha afirmado que "Catalua no puede regalar derechos polticos".

Los que se oponen al derecho de voto de los inmigrantes indican tambin que para poder tenerlo tendran que establecerse algunos requisitos como el conocimiento de la lengua, cultura e identidad catalana porque, segn afirm el secretario general de uno de los partidos nacionalistas catalanes, Josep Maria Pelegr, "no tiene sentido que personas que no hablan nuestra lengua, que no conocen nuestra cultura ni nuestra identidad, puedan votar en las elecciones de Catalua". Algo que no se tiene en cuenta cuando se trata de alemanes, ingleses y europeos comunitarios en general que viven en Espaa. Como si estos ltimos, que normalmente no renen estos requisitos pero suelen ser ricos, fueran de los nuestros y los dems inmigrantes, normalmente pobres, fueran "los otros" y efectivamente distintos a nosotros.

Los dirigentes del nacionalismo ms a la izquierda han disimulado un poco ms sus posiciones pero tampoco han podido evitar ponerle pegas a la propuesta. Incluso polticos del partido socialista cataln, como el consejero de economa Antoni Castells, han mostrado sus reservas al decir que el derecho al voto debe ir acompaado de voluntad de arraigo, un concepto tan vago que no puede ocultar su malvolo y arbitrario trasfondo: si democrticamente debiera ser as, por qu no se le exije a todos los dems ciudadanos?

Y tambin han sealado sus reservas los nacionalistas de Izquierda Republicana que afirman, como indic su secretario general, que "ese derecho debe ir acompaado por el ejercicio de algunos deberes con el pas", entre los que incluye el respeto a los valores democrticos, al sistema econmico, a la pluralidad religiosa, a la igualdad de gnero y la voluntad de contribuir a asegurar y perpetuar la lengua del pas. Deberes que tampoco se le exigen ni siquiera a los propios nacionales, por ms que debieran ejercerse en todo caso.

Todos los crticos nacionalistas vienen ms o menos a afirmar que si se concede de forma indiscriminada (es decir, como ms o menos se conceden este tipo de derechos en las democracias, de la forma ms universal posible) y, sobre todo, a quienes no conozcan la lengua catalana, se generara "una amenaza para el proyecto de pas", en palabras de Felip Puig de Convergencia i Uni.

A estas crticas se han unido, aunque es verdad que de modo ms vergonzante, las de la derecha igualmente nacionalista- del Partido Popular que desde hace tiempo viene clamando contra el peligro que la inmigracin puede suponer sobre lo que ellos entienden que es el ser de nuestra patria.

Son, pues, reacciones que tienen un indisimulable denominador comn: todas ellas proceden de los nacionalistas, de derechas o de izquierdas (si es que esto ltimo es realmente posible). Slo ellos se han opuesto a una medida de extensin de la democracia que implica asumir un concepto mucho ms amplio, incluyente y no etnicista de la ciudadana.

Hace unos aos, un nacionalista vasco al que por muchos otros motivos admiro, Ramn Zallo, terminaba uno de sus escritos diciendo: Ojal dentro de unos aos podamos decir que unos y otros conciben la nacin -tanto la vasca como la espaola- como contrato, como resultado de un encuentro intercultural, como ejercicio del 'demos', como una ciudadana inclusiva, que pasa porque el respeto de las minoras sea la legitimidad de las mayoras.

Me temo que lo que expresan las reacciones a la propuesta del PSOE e IU sobre el voto de los inmigrantes es que las cosas van por otro camino y que el sentimiento que predomina entre los nacionalistas en Espaa es ms bien excluyente y muy poco partidario de extender, profundizar y autentificar la democracia.

Hace ya unos meses que se anunci la candidatura a la presidencia de Catalua de un poltico socialista nacido en Andaluca, un inmigrante, uno "de los otros", o un charnego como all se dice. Para ver el tono del discurso nacionalista dominante, basta ver los blogs, los videos y escritos procedentes directamente y sin disimulo alguno de diversos polticos nacionalistas. Un solo ejemplo: un consejero nacional de Izquierda Republicana de Catalua escribe en su web refirindose al candidato socialista Jos Montilla: "Quizs quieres decir, y no tienes agallas para decirlo con claridad, que ahora ha llegado la hora de los castellanos (entendiendo por castellanos los originarios de la inmigracin castellanohablante)? ... habr ciudadanos de Catalunya que a la hora de ir a votar no entendern que el candidato a la presidencia de la Generalitat se presente con un nombre espaol, independientemente de los apellidos ... los apellidos son sagrados".

En fin, se descubre de forma bastante clara que cuando los nacionalistas hablan del voto de los inmigrantes se refieren al voto del otro, del que no es como ellos y que, por ser distinto, puede poner en peligro su proyecto de pas. Algo que nicamente podra pasar si ese proyecto slo fuese como parece que es- de una sola parte de la ciudadana.

En esta situacin y frente a ese concepto realmente castrante de la democracia que estn defendiendo los nacionalistas espaoles y de la periferia es cuando resulta ms necesario defender y reivindicar su profundizacin republicana y radical para evitar la exclusin y el fascismo que tiende a brotar cuando esta ltima se generaliza.

Una expresiva ancdota para terminar. Hace unas semanas el ayuntamiento de un pueblo aragons, Zaidn, organiz una comida para celebrar las fiestas e invit a ella a todos los habitantes... menos a los inmigrantes.

La alcaldesa, de un partido regionalista, indic que la comida era slo para los autctonos, los que hemos nacido aqu" y la razn que daba es como para pasar a los anales de la xenofobia: "Las fiestas son gratis y los inmigrantes van a lo que quieren. Es ms, pueden ir al concierto de rock gratis, un concierto que s tendrn que pagar los que no sean del pueblo. Pero a la comida es imposible", seal, ni hay sitio ni cazuela tan grande para hacer tanta comida.

No se puede decir ms claro: para ellos, para los otros, no hay sitio ni cazuela. No es de extraar entonces que quienes los excluyen de la cazuela tampoco quieran que los inmigrantes tengan derecho al voto.

* Juan Torres Lpez es catedrtico de Economa de la Universidad de Mlaga (Espaa) y colaborador habitual de Rebelin. Su pgina web: http://www.juantorreslopez.com



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