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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2006

La firma de acuerdos de paz a finales de 2002, dando por finalizada la guerra entre el poder oficial y grupos rebeldes en la Repblica Democrtica del Congo, no ha sido suficiente para detener las violaciones en el este del pas
El cuerpo de la mujer como campo de batalla

Emmanuelle Debelleix
lHumanit

Traducido para Rebelin y Tlaxcala por Caty R.


Desde el este de la Repblica Democrtica del Congo.

Con la mirada ausente, Nadine (1) acaricia su vientre de muchacha embarazada. Ser un chico, espero, susurra. Su hijo nacer de una violacin. Nadine quera llamarle Idee, que significa preocupacin en suajili. Se dej persuadir para llamarle Lucien, como para conservar las ganas de vivir. Con voz tenue, cuenta su calvario sin querer entenderlo. El pasado mes de septiembre unos hombres armados secuestraron a esta nia de catorce aos cuando iba, con dos amigas, al mercado de Bunyakiri, pequeo pueblo del sur de Kivu, en el este de la Repblica Democrtica del Congo (RDC). Diez milicianos la violaron uno tras otro y despus se la adjudicaron a uno de ellos como esclava sexual. Durante siete meses, Nadine tuvo que seguirlos por la selva, como muchas otras... ramos unas cincuenta chicas, todas violadas, susurra. Tuvo que someterse a los caprichos de su secuestrador, asistir impotente al saqueo de los pueblos, ver como a una de sus compaeras que intentaba huir le cortaron las manos y a otra que le rajaron el vientre por haber concedido sus favores, muy a su pesar, a un rival de su "protector".

Cuando los hombres vieron que Nadine estaba embarazada la soltaron. La nia no se atrevi a volver a su casa. Una ONG la orient hacia el hospital Panzi en Bukavu, capital de la provincia. All el doctor Denis Mukwege tiene una consulta dedicada exclusivamente a las mujeres violadas. Todos los das llegan al centro una decena que padecen mil males. La destruccin fsica, por supuesto, y tambin la destruccin psicolgica... La vergenza terrible. El temor al sida. El miedo a estar embarazadas. La probabilidad de que sus familiares las rechacen.

Acaso la RDC est siempre en guerra para que semejante violencia se cebe de esta forma sobre sus mujeres? No. Despus de dos guerras mortferas (1996-1997, 1998-2002) en las que se enfrentaron el poder oficial y grupos rebeldes apoyados por los vecinos ruands y ugands, se firmaron acuerdos de paz en diciembre de 2002 y se instaur un gobierno de transicin. El pasado 30 de julio, los congoleos votaron para elegir libremente a su futuro presidente y a sus diputados nacionales. Pero en el este del pas los combates nunca han cesado. Los rebeldes siguen frecuentando los bosques de Kivu y aterrorizan a las poblaciones locales. Estos milicianos, exactamente igual que algunos militares del ejrcito congoleo, siguen violando impunemente...

La guerra ya caus, directa o indirectamente, cerca de cuatro millones de muertos entre 1998 y 2004, lo que en resumen constituye la peor crisis humana desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy el terror contina. Las violaciones no han cesado, todo lo contrario. El cuerpo de la mujer siempre es un campo de batalla para los hombres armados de todos los bandos.

En el hospital Panzi, el doctor Mukwege enlaza una operacin con otra para que sobrevivan nias de cuatro aos y abuelas de sesenta torturadas en lo ms hondo de su carne. Le enfurece imaginar la vida futura de sus pacientes: la violacin destroza y asla. Familias enteras se descomponen. Las mujeres no se atreven a volver a los campos y la crisis alimentaria afecta a pueblos enteros. Hasta tal punto que algunas ONG hablan de terrorismo sexual

"Desde hace ms de un ao, ninguna mujer menor de cincuenta aos sala a cultivar la tierra," cuenta Stella (1) de 68 aos. "bamos nosotras, las viejas. Pero a nuestro regreso tuvimos que huir. Fue hace quince das. Unos militares nos sorprendieron al atardecer, nos violaron... Podran ser nuestros hijos. Y se rean!" Stella y otras cuatro "abuelas" se pusieron en camino hasta que llegaron al hospital Panzi. Esperan a que el doctor Mukwege las examine. Y luego no saben. Pero una cosa es segura: nunca volvern a sus casas. Cmo vamos a presentarnos ante nuestros hijos despus de lo que nos pas? Los militares y milicianos lo estn consiguiendo. Nuestro pueblo se est muriendo. Y nosotros con l explica Stella con los puos apretados.

La tragedia ha adquirido tanta envergadura que algunas mujeres comienzan a hablar, incluso a denunciar. Pero todava son muy pocas y sobre todo apenas tienen posibilidades de conseguir que la justicia reconozca los crmenes de los que han sido vctimas. La violacin no slo es tab en nuestra sociedad, sino que adems se perpetra impunemente, se enfurece Matilde Muhindo, responsable en Bukavu del centro Olame, que acoge y escucha a las vctimas de violencia sexual.

Dnde est la justicia? Que hace el Estado en Kinshasa? Y la MUNUC [1], que se supone que debe protegernos?. Miembro de la sociedad civil, Matilde Muhindo ha sido delegada durante dos aos. Dimiti de su puesto en el mes de octubre pasado, cansada de or a sus colegas repetirle que la violacin divide ms que une al gobierno. Frente a las mujeres, se traga las lgrimas e intenta mantener la esperanza. Quin sabe? La nueva Constitucin del pas condena la violencia sexual. Quiz el prximo gobierno elegido por los congoleos lo tenga en cuenta. Soar no cuesta nada!

(1) Se han modificado los nombres.

 

NOTA

[1] Misin de las Naciones Unidas en la Repblica Democrtica del Congo: http://www.un.org/spanish/Depts/dpko/monuc/mandate.html

 

Texto original en francs: http://www.humanite.presse.fr/journal/2006-08-22/2006-08-22-835275

Caty R. es miembro de los colectivos de

Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin es copyleft y se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, la traductora y la fuente.



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