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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2006

La guerra de Lbano obliga a los pases rabes pro-occidentales a desempolvar un plan de paz del ao 2002 para calmar a sus pueblos
El grito de la calle rabe: sin justicia no hay paz

Alberto Cruz
Rebelin


La guerra de Lbano termin con una victoria militar y poltica de Hizbul. Militar porque el movimiento poltico-militar libans no fue derrotado ni desarmado y demostr la vulnerabilidad de Israel e hizo que su Ejrcito perdiese el mito de la invencibilidad. Hizbul, adems, ha dejado patente que slo se desarmar cuando estime que se han cumplido sus objetivos: la retirada israel del territorio ocupado de las granjas de Shebaa y la puesta de libertad de los presos libaneses que permanecen en crceles israeles desde hace casi 30 aos. Y, cuando se produzca, ese desarme ser parcial puesto que la gran mayora de sus combatientes se integrarn en el Ejrcito libans. Victoria poltica porque Hizbul ha logrado desentumecer a la opinin pblica rabe, con independencia del credo religioso. Y eso, a pesar de la R1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que otorga a Israel un aparente triunfo no logrado en el campo de batalla.

A medida que se pona de manifiesto la incapacidad del Ejrcito israel de derrotar a Hizbul, y el arrojo y la resistencia de los combatientes de este movimiento poltico-militar libans para enfrentar la agresin, la calle rabe fue entrando en una situacin parecida a cuando se pone al fuego un caldero de agua: se fue calentando poco a poco hasta llegar al punto de ebullicin. Significativas fueron las manifestaciones en Egipto, por ejemplo, donde los Hermanos Musulmanes se mezclaban con la izquierda del movimiento Kefaya (Basta, en castellano), donde los retratos del jeque Nasrala se mezclaban con los de Nasser y el Ch y donde la televisin Al Manar compite sin tapujos con Al Jazeera (1). Pero no slo fue Egipto. En todo el mundo rabe cientos de manifestaciones, cada cual ms masiva, recorrieron las calles con un grito unnime: Sin justicia no hay paz. Ese concepto positivo de paz que tanto asusta al imperialismo en cualquier parte del mundo: resolucin de las causas que generan el conflicto. Y en Oriente Medio ese conflicto tiene un responsable, Israel. Por lo tanto, para la calle rabe el grito de Sin justicia no hay paz significa que Israel se tiene que retirar de los territorios que ocupa desde 1967.

Ese mismo grito, Sin justicia no hay paz, se repiti cuando se acord la tregua tras la aprobacin por la ONU de la Resolucin 1701, el pasado 12 de agosto, y lleg hasta un pequeo pas, Bahrein (2), de significativa importancia porque es ah donde se asienta el cuartel general de la V Flota de la marina de guerra de EEUU, la que tiene a su cargo la defensa del estrecho de Ormuz situado en el Golfo Prsico-, por donde circula el 40% de todo el comercio de petrleo a nivel mundial (3). Un pas vital en una hipottica agresin imperialista contra Irn, de ah las prisas de la mal llamada comunidad internacional para estabilizar la situacin en Lbano con la presencia de las fuerzas de la ONU antes del 31 de agosto, fecha en que se cumple el ultimtum de la ONU para que Irn suspenda su programa nuclear.

Al grito de Sin justicia no hay paz hay que aadir el de Nasser 1956, Nasralla 2006: la dignidad rabe (4). Un giro sorprendente en las aspiraciones populares rabes, donde el neo-nacionalismo se impone al neo-sectarismo religioso que los EEUU pretenden fomentar para as controlar mejor a los pases rabes. Mezclar al presidente egipcio que nacionaliz el Canal de Suez con el jeque Nasrala es algo ms que una consigna en una manifestacin, es un sntoma de por donde van las cosas en el mundo rabe, como bien pone de manifiesto el diario Al Hayat, tras la guerra de Lbano (5). La ltima encuesta publicada por la prensa libanesa (LOrient le Jour, pro-occidental y antisirio) lo deja bien patente: el 85% de los libaneses considera que ha sido Hizbul quien ha ganado la guerra, su lucha ha reforzado la dignidad rabe frente a los planes sionistas y no tiene por qu desarmarse hasta que no se haya conseguido la liberacin de las granjas de la Shebaa, ocupadas por Israel. Mientras los medios occidentales insisten en el despliegue de las fuerzas de la ONU y el desarme de Hizbul, los libaneses piensan de otra manera: preguntados si creen que esas fuerzas van a defender Lbano frente a nuevas agresiones israeles el 84% responde que no; a la pregunta de si son partidarios del desarme de Hizbul en cumplimiento de la R1701, el 84% de los shies dice que no, lo mismo que el 54% en los sunes y, sorprendentemente, el 23% de los cristianos (6). Otra victoria para Hizbul.

La identificacin por el pueblo rabe entre Nasser y Nasrala, la sensacin de victoria y la constatacin de que la ONU siempre est dispuesta a apoyar a Israel permitiendo que este pas tenga, en la prctica, derecho de veto sobre todo, como est poniendo de manifiesto la R1701- preocupan, y mucho, en los protegidos palacios en los que se refugia la clase poltica rabe pro-occidental y ha obligado a sus ocupantes a realizar un movimiento con el que creen posible apaciguar a su gente: en la reunin que la ONU va a celebrar en la segunda quincena de septiembre, en cumplimiento del punto 10 de la R1701, van a presentar una serie de propuestas que incluyen desde Lbano hasta Sudn, pasando por Palestina, incluyendo adems una nueva conferencia internacional (similar a la que tuvo lugar en Madrid en 1991 al trmino de la primera guerra contra Iraq tras la invasin de Kuwait) con la que resolver todos los problemas de Oriente Medio.

Un plan viejo, unos miedos nuevos

Sin embargo, no es ninguna novedad. Faltos de imaginacin, sin la menor credibilidad militar y en plena bancarrota poltica, los regmenes rabes pro-occidentales se han limitado a desempolvar un viejo plan aprobado por unanimidad de la Liga rabe en una cumbre celebrada, paradjicamente, en Beirut en el mes de marzo del ao 2002. Dicho plan fue elaborado por Arabia Saud y, en sntesis, consiste en el reconocimiento por parte de todos los estados rabes de Israel a cambio de la retirada total de los territorios ocupados en 1967 (Gaza, Cisjordania, Jerusaln Este y el Goln) y un retorno simblico de los refugiados palestinos, no ms de 300.000 de los casi 4 millones que hay desperdigados por el mundo. Nada nuevo bajo el sol. Si entonces Arabia Saud se vea necesitada de algn gesto que apaciguase a EEUU tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, ahora los saudes, egipcios y jordanos se ven obligados a hacer lo mismo para apaciguar a sus propios pueblos. Tanto entonces como ahora se menciona como la gran piedra angular las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU ambas aparecen citadas en el punto 18 de la R1701-, es decir, tierra por paz.

La nica diferencia con el plan de 2002 es que ahora se quiere implicar a la ONU como principal actor y no dentro del reparto del famoso Cuarteto (EEUU, Rusia, UE y ONU). Si entonces el plan fue rechazado por Israel con el argumento de que volver a las fronteras de 1967 comprometera su seguridad ahora, tras la derrota sufrida, estara dispuesto a abordar alguno de sus aspectos ante la perspectiva de que un enquistamiento de la situacin refuerce el papel predominante que est adquiriendo Irn en la regin. Los representantes de la Liga rabe que estn celebrando ya reuniones con los pases del Consejo de Seguridad, permanentes es decir, con derecho a veto- y no permanentes, explican que dado el nivel de resentimiento y de rabia [de la calle rabe] contra Israel y EEUU, es hora de un acuerdo porque la alternativa es el caos (7).

Pero la situacin ahora no es la misma que en 2002. La Liga rabe, siempre inoperante, est rota en dos frentes casi irreconciliables; Irn emerge como el gran paladn anti-sionista de la zona y la calle rabe es tremendamente escptica con su clase dirigente. El editorial del diario libans The Daily Star del 25 de agosto es totalmente esclarecedor al respecto: El proceso de paz del Oriente Medio ha sido la ms larga de las decepciones (8). En l hace un repaso los diferentes planes de paz que se han presentado desde 1967, menciona expresamente el desempolvado plan del ao 2002, reconoce que la cuestin palestina es esencialy llega a la conclusin de que si falla este nuevo intento causara una exasperacin tal en la calle rabe que creara una sacudida que nadie puede pensar qu pasara si no se alcanzase [la paz].

La situacin es explosiva, pero no tanto por el miedo a una nueva guerra con Israel sino a los movimientos populares que podran derrocar a los gobiernos pro-occidentales en la zona.

Los presos, la Shebaa y el sectarismo

En paralelo con este movimiento diplomtico de la Liga rabe, los pases pro-occidentales tambin tienen presentes los dos grandes temas libaneses: los presos y las granjas de la Shebaa. Es significativo que sobre los presos el secretario general de la ONU, Kofi Annan, haya dicho en su primer y nico informe pblico sobre el alto el fuego y el cumplimiento de la R1701 que si bien uno de los desencadenantes inmediatos de la crisis fue el secuestro de soldados israeles, su liberacin sin condiciones no es sino una de las numerosas medidas que todava hay que adoptar y de las dolorosas concesiones que habrn de hacer las dos partes en inters de la paz de los pueblos del Lbano e Israel. En este contexto, aunque se trata de un asunto independiente, el Consejo de Seguridad ha manifestado que es consciente de que la cuestin de los prisioneros es delicada y ha alentado a que se intente resolver con urgencia la cuestin de los prisioneros libaneses detenidos en Israel (9).

Annan, en su reciente visita a Lbano e Israel, ha pedido la liberacin de los soldados israeles capturados por Hizbul y no se ha referido en ningn momento a los prisioneros libaneses. Lo mismo ha hecho con las familias, s ha recibido a los israeles pero no a los libaneses. Pero las negociaciones para liberar a los presos, y la demarcacin de la frontera en la Shebaa, se estn manteniendo y as lo han reconocido los enviados de la ONU para Oriente Medio, Terje Roed Larsen y Vijay Nambiar (10), llegando incluso algunos medios de prensa israeles ha afirmar que en tres semanas, o sea, cuando se cumpla un mes del alto el fuego, ms o menos, el acuerdo estara firmado. Sobre la Shebaa no hay fechas, pero todo el mundo coincide que mientras contine la ocupacin por Israel Hizbul tendr una excusa para mantener las armas.

No sera un acuerdo que hiciese referencia slo a los soldados capturados por Hizbul, sino al que tambin est prisionero de los palestinos desde el 25 de junio. Aqu quien est siendo el mediador es Egipto, que ha propuesto un plan doble: por una parte, el intercambio del soldado israel por 600 presos palestinos (hay casi 10.000); por otra, retomar las negociaciones de paz bajo la direccin del presidente palestino, Mahmoud Abbas, una vez se alcance un acuerdo de gobierno de coalicin entre Hams y Fatah.

Y por si todo este juego diplomtico fallase, los pases rabes pro-occidentales tienen previsto jugar a fondo la carta de la divisin sectaria entre sunes y shies. Las monarquas feudales del Golfo Prsico y Jordania, sobre todo, estn dispuestas a morir matando. Antes de ceder a la presin de sus pueblos creen que deben hacer un nuevo servicio a los EEUU. Arabia Saud ha sido la primera en dar los pasos en este sentido (11). Si durante la guerra uno de los principales lderes religiosos del wahabismo emiti una fatwa contra Hizbul, ahora su ministro de Asuntos Exteriores acusa a algunos estados de la Liga rabe (en clara referencia a Siria) de comprometer la identidad rabe con los pases no rabes [en referencia Irn]. Segn el diario qatar The Peninsula los saudes temen la influencia que estn logrando los shies en todo Oriente Medio (12).

Los saudes cumplen as con su rol en la zona, sirviendo fielmente los planes estadounidenses (que ellos llaman Blood borders, las fronteras de la sangre) de un Oriente Medio formado por distintas religiones, etnias y razas siempre en conflicto, carentes de un fuerte poder central y al ser ms dbiles aceptaran de buen grado una presencia estadounidense. El esquema iraqu, de hecho, con tres estados; los kurdos al norte, los sunes en el centro y los shies en el sur. He aqu la nueva frontera dentro del mundo rabe, como deca el diario Al Hayat, nacionalismo frente a sectarismo religioso. Hizbul ha dado buena muestra de lo primero y no de lo segundo. Un hecho que ha constatado la calle rabe, de cualquier confesin.

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(1) Al Ahram, Nasrallah: un hros de notre temps, 9-16 de agosto de 2006.

(2) Arab News, 12 de agosto de 2006.

(3) Alberto Cruz, Irn: la crisis nuclear y la bolsa petrolera, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=33207

(4) Al Ahram, Nasrallah: un hros de notre temps, 9-16 de agosto de 2006.

(5) Al Hayat, 22 de agosto de 2006.

(6) LOrient Le Jour, 28 de agosto de 2006.

(7) Al Ahram, Vision for action, 24-30 de agosto de 2006.

(8) The Daily Star, 25 de agosto de 2006.

(9) Informe del Secretario General sobre la aplicacin de la Resolucin 1701 (2006) durante el perodo del 11 al 17 de agosto de 2006. Punto 63. 18 de agosto de 2006.

(10) Haaretz, 21 de agosto.

(11) Alberto Cruz, La resolucin de la ONU sobre Lbano, ltima oportunidad para los regmenes rabes prooccidentales, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=36102

(12) The Peninsula, 27 de agosto de 2006.





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