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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2006

Cronopiando
Diario ntimo de Jack el Destripador/9

Koldo y Jos Mercader
Rebelin


Tras varios aos de profesional ejercicio dedicado al digno oficio del destripamiento, reconozco sentirme agotado, necesitado con urgencia de un retiro que creo merecido.

Confieso que, a la espera de la jubilacin, durante los ltimos meses he venido sopesando la posibilidad de reconvertir mi prspero negocio en otro, acaso no menos indecente, no menos delictivo, pero s ms llevadero y prspero y que, adems, me depare el reconocimiento social y la proyeccin que como destripador nunca he tenido.

Por ello pens, en un primer momento, establecer un banco o una financiera, lucrativo negocio que, adems de jugosos dividendos tambin te da prestancia social pero, luego de analizar ventajas y desventajas, de estudiar implicaciones y calcular posibles beneficios, desestim la idea porque, si bien escasos, tiene sus riesgos. Aunque sea ocasionalmente, a veces hay banqueros que hasta pasan por la crcel y pierden, incluso, sus empresas.

Pens entonces establecer una cadena de negocios en relacin al juego: mquinas tragamonedas, casinos, hipdromos, bancas de apuesta...pero la crisis econmica ha alejado del vicio del juego a los tantos incautos que frecuentbamos esos establecimientos y tampoco es verdad que esos negocios disfruten de mejor reputacin que el crimen, por lo que desist de incursionar en ese sector. Adems, la mafia que controla el mundo del juego, de vez en cuando, termina con sus huesos en la crcel y ese era otro riesgo que, a mis aos, no estaba dispuesto a correr.

Pens tambin en otras profesiones no muy alejadas en su concepcin del oficio del destripamiento, pero ninguna me ofreca mejores posibilidades econmicas ni tampoco el reconocimiento social que ambicionaba. Ni siquiera el periodismo. Por si fuera poco, para ingresar a la Polica estoy demasiado viejo, y como militar necesitara alguna guerra en la que medrar e influencias en las altas instancias que me ayudaran a obviar eso que llaman rangos.

Y as fue hasta que, por fin, di con el negocio perfecto. Era tan bueno que, sin el menor esfuerzo, podra multiplicar mis ingresos hasta convertirme en un asqueroso multimillonario; tan rentable que, en apenas un par de aos, sin moverme de mi despacho, podra ser la ma la fortuna ms slida del pas; tan considerado que, jams mi buen nombre vera afectada su reputacin y hasta podra codearme con la crema y nata de la sociedad y aspirar a honores y reconocimientos; tan impune que, no importa la desvergenza con que actuara, nadie osara nunca poner en duda mi honorabilidad...

Voy a poner un colegio privado, por supuesto de pago, de mucho pago, en el que adems de cobrar altsimas mensualidades, aumente las ganancias con toda suerte de fiestas, excursiones, ampliaciones, mejoras, cambios de uniforme y dems pretextos. Un colegio que tendra reservado el derecho de admisin y del que expulsara a los alumnos cuando me plazca; en el que establecer las normas que se me antojen e impartir las materias que me d la real gana sin que el Ministerio de Educacin tenga derecho a alegar nada y que, adems, me permita recibir generosas subvenciones del Estado por la importancia de la obra social

El delito perfecto.

([email protected])

 

 

 

 

 



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