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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2006

18/98, o el teatro del absurdo

Jess Valencia
Gara


El prximo lunes, y concluido el receso estival, se reanuda la funcin. El teatro de la Casa de Campo reabre sus puertas y la Audiencia Nacional se dispone a representar el siguiente acto de la muy conocida farsa 18/98. Seoras y seores, pasen y vean la obra ms esperpntica que imaginarse pueda. Pieza maestra del teatro del absurdo. En ella, nadie se ajustar al papel que le corresponde y nadie ser quien asegura ser!.

La accin, al menos hasta ahora, nos ofrece el primero y principal de los dislates. Supuestamente, se desarrolla en un entorno judicial, pero su verdadera caracterizacin es poltica. Poltico es el impulso que la inici y poltica es la razn que le da continuidad. Desquiciada es la situacin de quienes deben sentarse en el banquillo. Personas que acuden en calidad de encausadas pero que son rehenes de un Gobierno que los necesita y utiliza. Se las convoca como procesadas y reciben trato de condenadas; estn cumpliendo por adelantado una sentencia que todava no se ha resuelto y un castigo que todava no se ha dictado. Se les acusa de participar en la subversin de ETA en contra de los Estados. La realidad no coincide con la apariencia: se les est coaccionando de mil formas para que colaboren con los estados en su empeo por liquidar a ETA. Citadas para enfrentarse con la justicia, se han encontrado con la crueldad. Encausadas como presuntas victimarias, son ellas quienes cuentan ya a Jokin como una vctima del sufrimiento permanente que se les inflinge. Severidad perfectamente calculada y calculadamente escondida.

Concurrirn los dos representantes de la acusacin particular (si encuentran la puerta de acceso). No sera la primera vez que alguno de ellos aparece en escena apestando a gisqui tras haber empinado en demasa. El fiscal seguir navegando a la deriva en un mar de turbulentas contradicciones. En su da le obligaron a preparar un alegato que ahora ya no interesa. Le ungieron con la autoridad del Estado y ahora, tras oportuno tirn de orejas, le privan de la misma. Todo un lo. Urgido, unas veces, para que ejercite la acusacin pblica y, otras, para que renuncie a ejercerla. Aparecer la presidenta, ms institutriz cascarrabias que jueza ecunime; con ms ostentacin de grosera que de serenidad. El tribunal seguir escuchando los testimonios con tedioso aburrimiento porque le da igual. Cuando tengan que redactar la sentencia no hurgar en los datos aportados o en las fuentes del derecho sino en la coyuntura poltica. En fin, si esta pantomima quiere acabar con un final feliz, que acabe ya.

* Jess Valencia es Educador Social


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