Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2006

Marx, conspirando en Manhattan

Higinio Polo
El Viejo Topo, julio-agosto 2006.



Para Natalia Barrero



Pese a la celebridad de los hermanos Marx, no hay demasiados libros sobre sus vidas. Uno de ellos fue publicado por Stefan Kanfer, quien estudi la vida y la poca de Julius H. Marx, en un volumen que apareci entre nosotros con el ttulo de Groucho, una biografa. Tenemos, adems, el estudio de Simon Louvish, publicado hace poco ms de un lustro. En l, el autor nos cuenta que los cinco hermanos Marx (que se quedaron en cuatro, y, al final, en tres) venan del vodevil, antes de convertirse en cmicos famosos y en protagonistas de pelculas que dieron la vuelta al mundo. Los cinco eran Julius (Groucho), Adolph (Harpo), Leonard (Chico), Milton (Gummo) y Herbert (Zeppo). Groucho haba nacido en 1890, como Julius Henry Marx cuando el otro Marx, el alemn, haca nueve aos que haba muerto y sucumbi en 1977. Groucho, el ms clebre de los hermanos Marx, empez a actuar en tugurios hacia 1905 y, despus, asociado con la familia, sigui elaborando nmeros musicales, escenas de music-hall y cualquier ocurrencia que les permitiera comer caliente. Eran tiempos difciles, no lo olviden. Chico naci en 1887 y muri en 1961, y Harpo naci en 1888 y muri en 1964. Aunque tampoco esas fechas estn claras, al decir de algn bigrafo; detalle que no importaba demasiado a Groucho, quien recuerda su infancia de nios judos pobres con humor, bromeando con sus propios trucos para hacerse con un centavo, sisando a su madre en el precio del pan, o ironizando con la realidad de su familia alojndose en domicilios sucesivos en el duro Nueva York del cambio de siglo, cuando los nios de Manhattan trabajaban y no era raro que algunos muriesen de hambre. No fue su caso, claro, e incluso los hermanos tuvieron largas vidas para la poca que les toc vivir. Cuando Groucho recordaba esos aos, en los libros que public, la infancia de pobres quedaba muy lejos, pero segua tenindola presente.

Groucho, cuya familia paterna (judos pobres de solemnidad) proceda de la Alsacia francesa, nos cuenta que su abuelo materno (que era originario de Alemania, se llamaba Lafe Schoenberg, como si fuese una seal del inters por la msica que tendran varios de sus nietos) vivi 101 aos, seguramente porque decidi dejar de trabajar a la edad de 52 aos; y recuerda que la abuela tocaba el arpa: como Harpo. Y Chico, a quien le gustaba frecuentar las salas de billares de Harlem, empez ganndose la vida tocando el piano en los cinematgrafos y en hoteles apestosos, tras abandonar, los lugares donde, de nio, se dedicada ya al juego de apuestas en la calle 94. Todos con la msica. En Nueva York, la familia segua siendo pobre. El padre el seor Marx era un alsaciano jovial al que le gustaba la vida, y acariciaba la idea de prosperar: haba soado con apoderarse del comercio de todo el East Side neoyorquino, aunque todos sus negocios resultaron ruinosos. El seor Marx lanzaba maldiciones en francs, y poda hacer vino clandestinamente, durante los aos de la prohibicin y de la ley seca sin uva: era un verdadero genio. Fabricaba el vino con pasas y malta, aunque, a veces, sus desvelos producan alguna explosin en los stanos del edificio donde vivan. Al fin y al cabo, como decan en la familia Marx, aqul era mejor sistema que mezclar zumo de naranja con granadina y aadir unas gotas de gasolina etlica. No lo juzguen con severidad: tena que conseguir algunos ingresos para tanta familia, mxime si las cosas se ponan difciles. Segn Groucho, su padre, que oficiaba como sastre, no acertaba nunca con las medidas, por lo que sus clientes nunca repetan y los ingresos escaseaban. As que todo eran los. La madre de los Marx odiaba cocinar, de forma que tena que hacerlo el sastre, situacin que Chico aprovechaba para birlarle todo lo que poda, adems de dedicarse a dejar en prenda los objetos familiares en una tienda de empeos de la Tercera Avenida para conseguir algn dinero para sus gastos. A veces, en esa tienda, Chico empeaba incluso los trajes que le haban encargado a su padre. Pero, poco a poco, fueron prosperando, hasta el punto de que, aos despus, los hermanos Marx consiguieron una mala reputacin como cantantes y como actores. No hay que extraarse mucho: era as con todos los cmicos, a quienes, en ocasiones, insultaban o eran agredidos por cometer pequeas faltas, como robar objetos en los hoteles, o por hacer como aquel actor, que fue sorprendido mientras trataba de huir con un enano que formaba parte de otro nmero de la compaa.

Esos eran los Marx que crecieron en el Upper East Side de Nueva York. A m, que siempre me han llamado la atencin las coincidencias extraas (ya saben: manas), no puedo evitar relacionar a los hermanos Marx con la industria textil y con la contestacin al capitalismo. Me explicar. Marx, el viejo Marx de El Manifiesto comunista, colabora ahora mismo, si me permiten, con Groucho Marx, jugando, enredando en Manhattan: despus de todo, Groucho cuenta en sus memorias que su padre, despus de emigrar desde Nueva York a Chicago, puso un negocio para planchar pantalones negocio que result, tambin, ruinoso con un amigo faqun que se llamaba Alexander Jefferson. De esa forma, el cartel que colgaba en la calle anunciando el negocio de plancha-pantalones automtico llevaba el nombre de Marx y Jefferson. Parece contradictorio, verdad? No lo es: es una irona, puesto que toda la familia estaba al cabo de la calle de que Marx prevalecera sobre Jefferson. Ms coincidencias textiles: Sidney Bechet, a quien Eric Hobsbawm bautiz como el Caruso del jazz, puso una tienda de arreglo de prendas de vestir en el Harlem de 1933, negocio que tambin fracas. (Reparen ustedes, de paso, en las relaciones de los artistas de jazz con los comunistas). Y el padre de Arthur Miller, un judo polaco que haba emigrado a los Estados Unidos, y que con siete aos haba llegado, l solo, desde Polonia hasta Nueva York, tambin puso un negocio textil. Por no hablar de Marx y Engels, o de la cadena de almacenes de Marks y Spencer, un intento de escapar a la maldicin. Marx y Jefferson. En fin. Ya ven que todo son tiendas de ropas. Hasta para Marx y Engels, envueltos en la revolucin industrial del textil: ya se sabe que el bueno de Engels tuvo que preocuparse por sus negocios familiares en Manchester, y que todos los sindicatos obreros nacieron en las fbricas textiles. Y tampoco puedo dejar de pensar en los chinos que ponan lavanderas en esos aos y en un secreto hilo que los une a todos. Pero no divaguemos: ya les tengo dicho a ustedes que hay que analizar siempre las cosas con detalle.



En una ocasin, fui hasta la calle 93 de Nueva York. Buscaba el 179 East. All vivieron los hermanos Marx, cuando eran nios. Mientras recorra el tramo de calle, imaginaba a la madre, desesperada con sus cinco hijos, con todos aquellos pequeos diablos recorriendo las calles del Upper East Side, aterrorizando a los vecinos y a los comerciantes. En principio, lo hicieron hasta los trece aos, porque, a esa edad, los nios de familias judas celebraban su Bar Mitzvah y se convertan en hombres. Es un decir, porque los Marx seguan con sus travesuras. Esa parte de Nueva York, que en la poca de los hermanos Marx agrupaba a un vecindario modesto, est habitada ahora por muchos ricos, como el alcalde Michael Bloomberg, un multimillonario populista que se desplaza en metro para impresionar a la plebe, aunque toda la ciudad sabe que Bloomberg vive en ese exclusivo Upper East Side, convertido hoy en un barrio de millonarios. Aqu est ahora el Museo Guggenheim, y el Jewish Museum (sus conservadores aseguran que cuenta con la mayor coleccin de arte judo del mundo), a unas cuadras de la casa donde vivieron los Marx.

Ahora, en ese nmero de la calle 93, hay un apartamento en alquiler. Es una casa marrn, con la escalera metlica de incendios que baja desde el tercer piso. Tiene tres plantas, no ms. Y una entrada de cuatro escalones que ocupa parte de la acera. Cuatro ventanas dan a la calle. Es un edificio modesto, pese al barrio, y no se ve especial actividad en el vecindario. En la acera, hay unos arbolitos, y los alcorques estn rodeados de unas pequeas rejas, para impedir que los perros entren en ellos: ya saben ustedes que esos animales defecan en cualquier parte, y que no es lo mismo una mierda de perro en medio de la calle que en el alcorque. En nuestros das, en ese barrio de ricos del Upper East Side, muchas viejas adineradas salen a pasear con su mierda de perro, despus de llevarlo a la peluquera para que le rasuren las patas y parte del cuerpo. En fin. Al otro lado de la casa de los Marx, hay otro edificio semejante, en el nmero 177. Tambin, de pobres: son los restos de otra poca. Unos obreros latinoamericanos trabajan en la calle, haciendo hormign. El sol, que hace sombras en las fachadas, proyecta en ellas las escaleras metlicas de incendios. La calle, muy tranquila, dibuja una pendiente desde la Tercera Avenida, y sube hasta Lexington. Toda la 93 tiene esas escaleras, ms o menos grandes, que arrancan desde la acera, segn los edificios. A veces, debajo de la escalera hay una reja, con un espacio cerrado.

Mir los buzones de la casa de los Marx, a riesgo de que algn vecino llamase a los gendarmes: ya saben ustedes que la polica neoyorquina no destaca precisamente por su amabilidad. Vi el nombre de un chino, un alemn, un judo (Boschenstein, ya empezamos), un ruso (Belanoff), otro alemn (Wittenberg, la iglesia del castillo, por favor), un francs, y dos o tres apellidos ms, todos anglosajones. Justo delante de la entrada, a dos metros, hay una enorme boca de riego, que sobresale casi ochenta centmetros. Repar en que, sin duda, aqu jugaran los hermanos Marx. No quiero ni pensar en las trastadas que haran. Groucho, Chico, Harpo, Gummo, Zeppo; la madre, Minnie Schoenberg, una alemana cuya familia tambin se dedicaba a la farndula, y Samuel Marx, el alsaciano, todos hablando en una lengua extraa, gritando, rindose, o saltando por las escaleras de atrs, mientras los padres intentaban no tirarse por la ventana. Groucho sola decir (al menos, lo recuerdan sus bigrafos) que en su casa hablaban alemn, hasta que apareci Hitler. Vaya broma: el padre de los Marx muri en 1933, el ao de la llegada del pintor de brocha gorda al poder.

Desde luego, su infancia no fue muy agradable. Groucho no acab ni los estudios primarios. Esos aos finales del siglo XIX y principios del XX, escenario de la niez de los Marx, son los de la ms feroz explotacin obrera, acompaada, entre otras cosas, de la prohibicin de contratar trabajadores chinos, por ejemplo, para limitar la inmigracin, y los de la constitucin del partido socialista americano, que, con Eugene Victor Debs, consegui una relativa influencia, aunque los mecanismos del sistema capitalista limitaron con rapidez el crecimiento de las organizaciones obreras, a travs, entre otras muchas canalladas, del sistema de los open shop, o talleres abiertos, que prohiba las organizaciones sindicales en las empresas y tambin que los trabajadores estuviesen afiliados a un sindicato. Los burgueses norteamericanos llegaron tan lejos que hablaban, con desparpajo, de la tirana de los sindicatos sobre los trabajadores inocentes y los peridicos se escandalizaban de los abusos sindicales. Era un sarcasmo, pero lo decan en serio, de manera que ese humor negro que mostraran los Marx estaba plenamente justificado. Los Estados Unidos en los que crecieron los Marx eran un pas donde, si los sindicatos organizaban huelga o preparaban piquetes, eran acusados de violacin de los derechos individuales de los empresarios! Qu les parece? Despus, las cosas no mejoraron mucho: al asesinato de Sacco y Vanzetti, a la represin poltica, a las listas negras, se aadieron las campaas antisemitas de Henry Ford o la guerra declarada a los sindicatos por los grandes industriales, con el propio Ford como abanderado.

En los aos de la Depresin, cuando la gente hua del hambre y de la realidad, refugindose en un cine, como esos fantasmagricos espectadores de Hooper, Groucho era ya un cuarentn, que observaba como repartan algunos alimentos los voluntarios del Ejrcito de Salvacin, mientras la gente recorra Amrica en busca de pan, yndose a cualquier parte en un carro, tirado a veces por los propios emigrantes. Era un tiempo extrao, que Groucho explic en un captulo de sus memorias: De cmo fui protagonista de las locuras de 1929. En l, da cuenta de la locura del capitalismo especulativo, que tambin conoca a la perfeccin. Les he hecho a ustedes un resumen un poco largo, porque merece la pena:


Muy pronto un negocio mucho ms atractivo que el teatral atrajo mi atencin y la del pas. Era un asunto llamado mercado de valores. [] No tena asesor financiero. Quin lo necesitaba? Podas cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la accin que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. [] El mercado sigui subiendo y subiendo. [] Hasta entonces yo no haba imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar.


Un da, Groucho, habl con un agente de bolsa:

No s gran cosa sobre Wall Street, [] pero qu es lo que hace que esas acciones sigan subiendo? No debiera haber una relacin entre las ganancias de una compaa, sus dividendos y el precio de venta de las acciones?"

El amable especulador le solt:

Seor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores, [] ste ha dejado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos rdenes de compra de todos los pases de Europa, de Amrica del Sur e incluso de Oriente. Esta maana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberas Crane. []

Cree que es una buena compra?

No hay otra mejor me contest. Si hay algo que todos hemos de usar, son las tuberas. []

Eso es ridculo dije. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan tuberas. []

De vez en cuando, algn profeta financiero publicaba un artculo sombro advirtiendo al pblico que los precios no guardaban ninguna proporcin con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe luego bajar. Pero casi nadie prestaba atencin a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Scrates de Central Park y mago financiero americano, lanz una llamada de advertencia: [] "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera pgina, ha sonado la hora de retirarse". []

Un da concreto, el mercado empez a vacilar, [] as como al principio del auge todo el mundo quera comprar, al empezar el pnico todo el mundo quiso vender. [] Luego el pnico alcanz a los agentes de Bolsa [que] empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. [] Luego, un martes espectacular, Wall Street lanz la toalla y se desplom. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque para entonces todo el pas estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve ms suerte. Lo nico que perd fueron doscientos cuarenta mil dlares. (O ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). []

Entre toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situacin de una forma tan sucinta como mi amigo el seor Gordon: "Marx, la broma ha terminado". En aquellas cinco palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma haba terminado. Creo que el nico motivo por el que segu viviendo fue por el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situacin. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compaa.


Eso era capitalismo, y Groucho lo saba bien: las crisis cclicas se convertan en gigantescas operaciones de incautacin de los recursos populares, que acababan en los bolsillos de los capitalistas. Los mismos capitalistas que alarmaban al pas con los supuestos horrores que produciran las colectivizaciones comunistas, no tenan el menor rubor en incautar los recursos de los pobres. De una forma limpia, eso s. As que, pese a las promesas capitalistas, la vida en Amrica sigui siendo dura, aunque la vida personal de los Marx fue mejorando gracias a su ingenio y a su xito en el cinematgrafo. Groucho no olvid nunca la dureza de sus primeros aos como actor, cuando era obligado a realizar cinco representaciones diarias! en teatros de mala muerte; ni las srdidas pensiones donde vivan como actores: llevaba diez aos en el mundo teatral, cuando tuve la primera habitacin con bao, escribi. Muchas de sus ocurrencias, de sus chistes, no eran bien vistas por los celadores del orden social. De hecho, los hermanos Marx tuvieron muchos contratiempos con la censura, y fueron investigados por la polica, (por el duro FBI que se infiltraba sistemticamente en las organizaciones de izquierda, sobre todo en el Partido Comunista, y que tantas vidas arruin en los aos del mccarthysmo). El bigrafo Louvish rescata para nosotros un viaje artstico que realiz Harpo a la Unin Sovitica, pecado imperdonable para los buenos patriotas americanos. Harpo en el pas de los sviets!

Los Marx eran inimitables. Chico se complicaba la vida: era un jugador, y Harpo se convirti en mudo despus de lanzar una maldicin a un empresario teatral que los haba engaado: le dese que ardiera su teatro y, a la maana siguiente, el edificio era una ruina humeante! Groucho sola decir que, desde ese da, no dejaron hablar nunca ms a Harpo. Desde luego, la historia puede ser una broma ms, urdida por l o por cualquiera de los escritores y guionistas que colaboraron con ellos, que tambin tenan que sobrevivir en un mundo de lobos y de mangantes. Groucho, que conoca esos ambientes a la perfeccin, escribi: La mayor parte de la chchara que emana de banqueros, polticos, actores, industriales y otros que cazan dinero, est escrita por pobres diablos desnutridos que mantienen juntos cuerpo y alma emborronando cuartillas con baratijas para mayor gloria de tipejos pretenciosos. Nos guste o no, sta es la poca en que vivimos. El bigrafo Kanfer nos habla tambin de los problemas matrimoniales de Groucho, de su difcil vida personal, de la decadencia que se inicia poco antes de la Segunda Guerra Mundial, y de su nuevo xito, a mediados del siglo XX, gracias a la naciente televisin con el programa You Bet Your Life (Apueste su vida), que hizo que Groucho fuera uno de los rostros ms conocidos del pas.

Su celebridad fue creciendo y la gente de la calle les adjudic muchos dilogos que nunca se produjeron, pero eso no tena ninguna importancia. Perdonen que no me levante, la frase que, supuestamente, aparece en la lpida de la tumba de Groucho, es falsa: de hecho, su ltima morada ni siquiera es una tumba convencional: es un nicho minsculo; donde, en realidad, slo aparece su nombre, Groucho Marx, los das de nacimiento y muerte y, entre las dos fechas, una estrella de David. Est en el Eden Memorial Park, de Los ngeles, un sitio poco recomendable para reir. Pero los hermanos Marx se rean de todo, hasta de lo ms sagrado, y reirse de lo ms sagrado en los Estados Unidos equivale a ser considerado alguien sospechoso. Los hermanos Marx eran sospechosos. El humor disparatado y absurdo de los Marx, reflejaba la sordidez del capitalismo norteamericano, ese sistema tan peculiar donde, como nos cuenta Groucho, un productor de cine poda acusar a alguien de ser comunista por votar a un candidato demcrata! La familia, los modales de la buena sociedad, el matrimonio, los empresarios, todo sucumba ante la mordacidad de los Marx. No resisto recordarles un dilogo de Groucho con Margaret Dumont, la dama a quien cortejaba en sus pelculas y que hizo siete films con ellos:


"Margaret Dumont: Dime Wolfie, cario, tendremos una casa maravillosa?
Groucho: Por supuesto, no estars pensando en mudarte, verdad?
Margaret Dumont: No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de m.
Groucho: No seas tonta, te escribir dos veces por semana."


Esos eran los Marx. El finado Cabrera Infante, que haca juegos de palabras con la muerte de Marx y del comunismo y con la persistencia de Groucho y sus hermanos, como si perteneciesen a mundos separados, se removera en su asiento si leyese que, en realidad, Groucho y Karl forman parte de la misma familia, y que el comunismo sigue organizando movimientos populares y coreografas seminales, fecundas: no olviden que, segn acabo de leer, los comunistas han ganado las elecciones en Bengala, uno de los Estados ms poblados de la India, y en Kerala, otro Estado: y por mayora absoluta. Lo que hay que leer, dira Cabrera. Tal vez por eso, porque Groucho y Karl forman parte de la misma familia, hace ahora diez aos, el escritor norteamericano Howard Zinn estrenaba en Nueva York su monlogo Marx en el Soho, obra que sigue representndose por el mundo. El Marx de Zinn es el viejo Marx, el del Manifiesto Comunista, y, aunque el autor afirma que los norteamericanos conocen ms a Groucho que a Karl, lo cierto es que toda la familia sigue dando guerra. Para Zinn, Karl Marx no est muerto, y sospecho que Groucho, tampoco. Sobre Marx en el Soho, Zinn afirmaba que: La obra es una combinacin de humor y experiencias, humanas y familiares, y uno hasta puede rerse de Marx. Es lo que pasa cuando Jenny se burla de l y su hija Eleonor hace lo mismo. Creo que eso resulta ms atractivo para el pblico. Marx no aparece en el escenario como alguien que lo sabe todo. Ya lo ven, otra vez juntas las dos ramas de los Marx. Y no est mal que eso pase en los Estados Unidos: despus de todo, Karl Marx consideraba que el primer partido formado por trabajadores se haba creado en la Filadelfia de 1828.

As que los Marx, Groucho por un lado, Karl por otro, a quien muchos querran ver pudrindose en sus tumbas, siguen hablndonos de los viejos tiempos, conspirando en Manhattan, hacindole, por ejemplo, un corte de mangas a Harry Truman, por Hiroshima y Nagasaki, o burlndose del incapaz Bush de nuestros das; y siguen siendo capaces de soltarles a los plutcratas norteamericanos, con Groucho, que partiendo de la nada, hemos alcanzado las ms altas cotas de miseria. Groucho se burlaba del orden capitalista, y se revelaba como un perfecto conocedor de la hipocresa del sistema: La mentira se ha convertido en una de las ms importantes industrias de Norteamrica, escribi en sus memorias. Seguro que el viejo Marx de El Manifiesto Comunista vera con agrado las ocurrencias de Groucho. En fin, recuerden ustedes el dilogo de Groucho Marx en The Cocoanuts, una obra que se estren en los Estados Unidos de 1929 (vaya ao). Es un dilogo entre un patrn (interpretado por Groucho) y sus empleados, que recuerda el discurso de los medios de comunicacin de masas en nuestros das, con su capacidad para retorcer la realidad, para aadir confusin, para mantener a los ciudadanos prisioneros de un discurso falsario que utiliza la aspiracin a la libertad y la esperanza en el futuro, ocultando la actuacin real del capitalismo. Juzguen si el dilogo no retrata a la perfeccin al capitalista trampoco y embaucador (y disculpen el pleonasmo):



Botones. Queremos nuestros salarios!
Hammer (Groucho Marx). Queris vuestro dinero?
Botones. Queremos que nos paguen.
Hammer. Oh, queris mi dinero. Es eso justo? Es que quiero yo vuestro dinero? Imaginad que los soldados de George Washington le hubieran pedido dinero. Dnde estara hoy este pas?
Varios botones. Queremos nuestro dinero!
Hammer. Bueno, os har una promesa. Si os quedis conmigo y trabajis duro, olvidaremos lo del dinero. Convertiremos este lugar en un hotel. Pondremos ascensores y metros. Pondr tres mantas en todas vuestras habitaciones sin cargo adicional. Pensad en las oportunidades que hay aqu, en Florida. Yo llegu con un cordn de zapato y ahora tengo tres pares de zapatos abotonados.
Botones. Queremos nuestros salarios.
Hammer. Salarios? Queris ser esclavos asalariados? Contestadme a eso.
Botones. No.
Hammer. Bueno, pues qu es lo que convierte a los esclavos en esclavos asalariados? Los sueldos. Yo quiero que seis libres, que os sacudis vuestras cadenas () Recordad que no hay nada como la libertad. No hay nada igual en este pas. Sed libres. Ahora y para siempre, uno e indivisible, uno para todos y todos para m y yo para vosotros y t para dos. Recordad que slo me interesan mis intereses y os prometo que es slo cuestin de aos que una mujer cruce a nado el Canal de la Mancha. Muchas gracias.






Higinio Polo



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter