Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2006

Los argumentos por Palestina

Claudio Katz
Rebelin



La reciente guerra del Lbano tuvo muchas aristas pero una causa evidente: la cuestin Palestina. El conflicto fue consecuencia directa de varios meses de violencia extrema en Gaza y Cisjordania y estuvo precedido durante la dcada pasada por tres acontecimientos ligados a una oleada de refugiados palestinos: la guerra civil libanesa, la primera invasin israel y el nacimiento de Hezbol. Por ensima vez, todos los comentaristas vuelven a repetir que no habr paz en Medio Oriente si no se resuelve el problema palestino. Pero cul es la solucin?
Quines atribuyen este drama a causas milenarias, oposiciones religiosas y mentalidades irreconciliables consideran que la guerra es una fatalidad. Esta opinin es muy generalizada, pero poco explicitada. Lo ms comn es escuchar la interpretacin oficial de Estados Unidos e Israel que acusa a los palestinos de perpetuar el conflicto con la complicidad de varios gobiernos rabes. Estos argumentos se han difundido masivamente en las ltimas semanas y se basan en viejos prejuicios, que tornan muy oscuro lo que debera ser transparente. Desmistificar estas creencias es el punto de partida de cualquier debate racional sobre las soluciones posibles al drama de Medio Oriente.

DERECHO A DEFENDERSE.

Las acusaciones contra los palestinos siempre subrayan que Israel es un pas acosado. En esta oportunidad tambin se proclam que ninguna nacin soberana puede aceptar ser agredida2. Pero la guerra no estall por la captura de dos soldados en el Lbano. Este tipo de operativos se ha registrado en muchas ocasiones y frecuentemente concluyeron con intercambios de prisioneros. Esta vez lo novedoso fue la magnitud de una operacin ofensiva que el ejrcito israel haba planificado con gran antelacin.
No es cierto que Hezbol instal la guerra3. La captura de los israeles estuvo precedida por el secuestro de varios civiles palestinos y el fusilamiento indiscriminado de familias en las playas de Gaza. Hezbol reaccion frente a la puntillosa masacre que perpetra desde hace meses el ejrcito ocupante en esa zona.
Por otra parte, es muy controvertido dilucidar en cada ocasin, quin tir la primera piedra. Israel atac en 1956 y 1967 y recibi el primer golpe en 1948 y 1973. Cundo se adelanta, sus partidarios celebran la astucia de un golpe preventivo y cundo se retrasa, elevan un clamor de indignacin. Determinar cul fue el detonante de la reciente guerra puede conducir a un debate bizantino, pero la incalificable tragedia humana que provoc Israel no est sujeta a ninguna controversia.
Las atrocidades cometidas contra la poblacin civil libanesa superaron todo lo visto en los ltimos aos. Bombardeos indiscriminados, matanzas de nios y mujeres en fuga, aldeas arrasadas, ataques premeditados contra refugiados, utilizacin del horroroso fsforo blanco y los proscriptos proyectiles de fragmentacin, destruccin de una joya cultural del Medio Oriente, catstrofe ecolgica. Nadie podr olvidar la imagen de los nios grises masacrados en Qana, ni la montaa de cadveres que siguen apareciendo bajo los escombros, junto a 100.000 bombas sin explotar.
Esta vez el ejrcito israel no tuvo contencin interna, ni mundial. Actu sin frenos y se hundi en la oscuridad de la crueldad y la venganza de un castigo colectivo. La foto de nias escribiendo mensajes de aliento en los obuses ilustra el tono de una carnicera. La ONU y los gobiernos de Estados Unidos y Europa toleraron una masacre que sell el apagn moral de Israel4.

GUERRA POR LA SUPERVIVENCIA

Algunos presentan la agresin contra el Lbano como la sexta guerra por la supervivencia que ha librado el pas5. Afirman que Israel es una nacin muy pequea, que a diferencia de sus vecinos no puede perder ninguna guerra. Pero en su reducido espacio territorial, el pas concentra el mayor arsenal militar de la zona. Cuenta con el sostn financiero de Estados Unidos, experimenta todas las invenciones del Pentgono y acumula 250 bombas nucleares, que segn demostr el cientfico preso Vanunu alcanzaran para borrar el mapa de Medio Oriente en pocos segundos. Como esta explosin hundira tambin a Israel, el armamento letal se mantiene por ahora en reserva para ser utilizado en una situacin extrema.
Quines argumentan que Israel desea la paz, pero no lo dejan siempre aluden a ciertas resoluciones de Naciones Unidas, como el desarme de Hezbol. Pero nunca recuerdan las normas opuestas que demandan el retiro de los territorios ocupados. Durante la ltima crisis se ha verificado, adems, hasta que punto la ONU no es un rbitro ecunime del conflicto. Invariablemente acta en funcin de los compromisos que auspicia Estados Unidos.
El Consejo de Seguridad ni siquiera conden el asesinato premeditado de cuatro funcionarios propios y demor la peticin del cese de fuego, mientras esperaba que las tropas israeles concretaran su fracasada limpieza blica. Por eso la indignacin del mundo rabe con las Naciones Unidas es tan intensa como el odio hacia Estados Unidos y el desprecio por Europa.
Israel acta desde hace dcadas como una fuerza militar que se expande rompiendo todas las fronteras. Los generales han copado el manejo del estado, sin necesidad de recurrir a un golpe de estado. Definen el momento de cada guerra y probablemente atacaron el Lbano para saldar la cuenta pendiente que arrastran desde su humillante retirada de la dcada pasada. De la misma forma que en 1967 establecieron el lmite del este en el ro Jordn, han ambicionado desde hace mucho fijar la frontera norte en el ro Litani. La coalicin gobernante con los laboristas -que pareca distanciarse de este modelo belicista- profundiz en los hechos el esquema militarista.

LA AMENAZA TERRORISTA

El gobierno israel repite todo el tiempo el lema de Bush: Hay que derrotar al terrorismo porque son ellos o nosotros. Pero quin ejerce la violencia sistemtica contra la poblacin civil? Quin planifica desde el estado los crmenes que se cometen contra los palestinos y libaneses?
El ejrcito israel nunca limit su accin a objetivos militares. La matanza de varios miles de palestinos desarmados en Sabra y Chatila fue perpetrada en 1982, por las milicias falangistas controladas por Israel. Los mtodos del terrorismo son aplicados cotidianamente sobre 10.000 presos polticos, que incluyen mujeres y nios encerrados sin derechos, en un pas que ha legalizado el uso de la tortura.
Algunos cnicos afirman que tambin la lucha contra el nazismo produjo vctimas civiles6. Justifican el bombardeo contra la poblacin alemana al final de la guerra o el genocidio nuclear de Hiroshima y Nagasaki y ocultan que estas masacres se concretaron cundo ambos pases ya estaban derrotados. Al igual que la vandlica matanza de tres millones de personas en Vietnam estas operaciones no perseguan objetivos blicos7.
La doctrina militar de Israel se basa en un alarde de superioridad blica a cualquier precio de vctimas. Propicia actos de terror para crear la imagen de un pas invencible y emiten mensajes prepotentes para resaltar la indefensin de sus adversarios. Una forma brutal de este alarde fue despreciar a un milln de libaneses desguarnecidos frente al bombardeo, mientras se destacaba la proteccin que tienen los israeles en sus refugios. Esta actitud busc incentivar un espritu de venganza para que el enemigo reciba su merecido.
Israel magnifica el podero de sus vecinos, apelando a los mismos disparates que difundo Bush para invadir Irak (desactivar las armas de destruccin masiva). Tambin recurre a los mismos cdigos que utilizaba la dictadura argentina para presentar a sus vctimas como terroristas encubiertos, aunque los cadveres exhibidos solo retraten a nios y mujeres indefensos.
Con asesinatos selectivos y detenciones indiscriminadas, Israel anticip los mtodos que utiliza Estados Unidos en Guantnamo. Las crceles secretas de la CIA, las torturas de Abu Ghraib y la institucionalizacin de los desaparecidos han sido ensayadas desde hace mucho tiempo en Gaza y Cisjordania.

SON COMO BIN LADEN

Israel describe como terroristas a los integrantes de una resistencia popular equiparable a cualquier movimiento de liberacin contemporneo. La mayora de la poblacin sostiene a los guerrilleros porque se identifica con su causa. Como esta solidaridad es un enigma indescifrable para los opresores, calumnian a los combatientes (se protegen con escudos humanos) o los retratan como descerebrados fanticos religiosos.
Pero es evidente que Hezbol no es solo una organizacin militar. Mantiene una importante una estructura poltica (con diputados y representantes en el gobierno) y una gran red social de servicios (con fondos para la reconstruccin que sustituyen la debilidad del estado). Tambin acta disciplinadamente y respetando estrictos cdigos morales. El gobierno de Israel se empea en asemejar a esta organizacin con Bin Laden, cundo ellos mismos han declarado su frontal oposicin a las acciones de Al Qaida. Con esta burda confusin trata de identificar la resistencia anticolonial con una brutal modalidad de terrorismo.
Al Qaida ejecuta atentados contra la poblacin civil de Occidente (Torres Gemelas, Atocha, Bali, Londres), que son totalmente antagnicos con la accin defensiva que desarrolla Hezbol. Mientras que los grupos de Bin Laden fueron creados en los aos 80 por la CIA en Afganistn para participar en la guerra contra la URSS, Hezbol naci para resistir la presencia colonialista en el sur libans.
El terrorismo de Al Qaida es reactivo y complementario del terrorismo institucionalizado que implementa Estados Unidos. Realizan sanguinarias matanzas de chiitas en Irak, que contribuyen a la guerra civil tolerada por los norteamericanos para perpetuar su ocupacin de ese pas. Hezbol ha denunciado estas matanzas entre comunidades (que ya desgarraron a la poblacin de la ex Yugoslavia) y apunta sus caones contra el ocupante israel.
Es cierto que esta resistencia es muy variada e incluye junto a legtimas formas de movilizacin y armamento popular, terribles y desacertados atentados suicidas. Estas acciones han sido pblicamente cuestionadas por muchas corrientes del movimiento palestino. Pero lo importante es no confundir ni siquiera en este caso, cuales son los bandos en lucha. El terror desesperado de un suicida no se equipara con el terror planificado desde el Pentgono. Entre ambos media la misma diferencia que separaba en Argentina la represin de los militares de las operaciones de la guerrilla. Quines olvidan estas distinciones terminan proyectando al Medio Oriente la teora de los dos demonios, que sita en un mismo plano tico, poltico y militar a los resistentes y a los opresores8.

EXTENSION DE LA DEMOCRACIA

A veces se escucha que Israel es la nica democracia de la regin, como si la posesin de este atributo legitimara sus guerras. Pero en ese pas funciona en realidad una democracia de Apartheid. Mientras que los judos-israeles cuentan con derechos efectivos, los rabes-israeles son maltratados como ciudadanos de segunda categora.
Israel carece de Constitucin escrita. Esta ausencia no obedece a un respeto a la tradicin oral, sino a las ventajas que este bache jurdico aporta para la expansin territorial. La democracia israel no es muy considerada con sus vecinos. Desde que el Hamas triunfo frente al Fatah en una eleccin masiva y cristalina, el ejrcito ocupante ha secuestrado a medio parlamento y a casi todo el gabinete.
En la actualidad el estandarte de la democracia sirve a cualquier propsito. Bush lo esgrime para ocupar Irak y equiparar su invasin con la gesta antihitleriana de Europa. Olmert recurre al mismo argumento. Pero ambos ocultan que sus actos se asemejan ms al opresor nazi que la resistencia antifascista.
Con una gran retrica a favor de la democracia, Israel y Estados Unidos apoyan los regmenes ms despticos de Medio Oriente. Presentan a los mandatarios de Siria e Irn como la encarnacin del totalitarismo, pero elogian al mismo tiempo a presidentes semidictatoriales como Mubarak (Egipto) o Musharaf (Pakistn). Tambin son aplaudidos los seores de la guerra de Afganistn y las monarquas del Golfo que gobiernan con alguna parodia de elecciones. A ningn funcionario de Occidente le quita el sueo qu las mujeres y las minoras carezcan de derechos en Arabia Saudita. Solo necesitan algn simulacro de comicios municipales para preservar su veneracin por la soberana ciudadana.
La pasin por los mismos valores que exhibe Israel, no le impidi descargar toneladas de explosivos sobre el pequeo pas que protagoniz el ao pasado una gran irrupcin democrtica. Esta apertura -que sigui al asesinato del ex premier Rafia Hariri- fue aplaudida por Bush, mientras el movimiento pareca orientarse hacia el cuestionamiento de Siria y Hezbol. Estos elogios desaparecieron cuando Israel sepult a bombazos a todos los sectores pro-occidentales del gobierno libans. No es la primera vez, que bajo el apuro de un cambio de planes los imperialistas aplastan a sus propios aliados. Sadam fue, por ejemplo, el gran socio del Pentgono en la guerra contra Irn, antes de convertirse en el principal enemigo de la humanidad.
Estados Unidos e Israel no han podido tolerar en Medio Oriente una paradoja de la democracia que alientan. Incentivaron elecciones para gestar gobiernos pro-occidentales y se encontraron con masivos triunfos de partidos islmicos antinorteamericanos, especialmente en Palestina e Irak. Por eso el imperialismo ya declar el rquiem de la primavera rabe y ha resuelto congelar sus convocatorias a la democracia. Seguramente los expertos de la CNN explicarn que la mentalidad rabe ya no es compatible con las instituciones de Occidente9.

PAZ SIN CONTRAPARTIDA

Israel ha difundido nuevamente la creencia que propone acuerdo y le contestan con bombas. Algunos afirman que el premio recibido por nuestro retiro de Gaza fue una escalada de los misiles. Pero lo cierto es que el ejrcito del pas solo abandona parcelas de poca importancia para ocupar terrenos de mayor gravitacin. El resultado de esta estrategia es la continuada expulsin de los palestinos y la creciente ampliacin geogrfica de Israel.
Este ensanchamiento no es un efecto guerras indeseadas, sino el producto de una meditada poltica de anexin territorial. Por esta razn fueron asesinados 150 palestinos en Gaza y Cisjordania mientras dur el ataque al Lbano. La decisin de demoler cualquier atisbo de vida normal en los territorios ocupados se mantiene luego de la tregua acordada en el frente norte.
En los ltimos aos Israel instrument una desconexin unilateral para remodelar las fronteras a su conveniencia. Captura las tierras ms valiosas de Cisjordania y perpeta un cerco en torno al gran campo de concentracin que ha creado en Gaza. El eje de esta poltica es la absorcin definitiva de la primera zona y la destruccin de la segunda. Esta absorcin tuvo que un debut militar (1967-73) seguida por el asentamiento de colonos religiosos (1974-77), fue coronada con la instalacin final implementada por los gobiernos derechistas del Likud.
En Cisjordania se ha construido una constelacin de colonias, sostenidas con millonarias inversiones y slidas administraciones estatales. La poblacin palestina ha quedado desperdigada en cantones desconectados y solo puede circular en forma restringida, con documentacin muy especfica. La vieja Jerusalem qued totalmente absorbida y no es proclamada oficialmente capital del pas para evitar roces diplomticos internacionales. Todas las colinas y zonas de manejo de los recursos hdricos (mucho ms baratos que cualquier plan para desalinizar el agua) han pasado a manos de los ocupantes.
Israel aprovech el perodo de negociaciones vigente entre Oslo (1993) y Camp David (2000) para apropiarse del 60% del nuevo territorio y del 80% del agua. Aument de 100.000 a 253.000 el nmero de colonos y ahora construye el gran muro (a un ritmo de 500 metros por da) para completar el encierro de la poblacin palestina y precipitar su expulsin. Los registros y chequeos permanentes persiguen este objetivo, porque de la vieja frontera del 67 ya no queda nada.
Los palestinos han quedado dispersados en un territorio agujereado. Sufren la aplicacin del modelo sudafricano del Bantustan, que desgarra a su pas en cantones incomunicados. Los que permanecen deben someterse a las reglas de la dependencia financiera total, ya que sus ingresos son confiscados por Israel y luego parcialmente devueltos. Por eso el ocupante puede mantener, reducir o cortar a gusto estos fondos (como ha ocurrido luego del triunfo del Hamas). Este proceso de expropiacin no solo demuestra la inexistencia de predisposicin pacifista por parte de Israel, sino que ilustra crudamente el sentido del proceso colonial precedente10.

REPARACIN HISTRICA.

Los sionistas argumentan que la constitucin del estado de Israel constituy una reparacin internacional por los sufrimientos padecidos por el pueblo judo. Erigieron el pas recordando el holocausto, como una tragedia que debera evitarse por la fuerza en el futuro. Con este espritu de venganza arremetieron contra palestinos que no tuvieron ninguna participacin en un genocidio perpetrado en Europa.
En 1948 vivan en la zona 600.000 judos y 1,2 millones de rabes. La guerra deriv en la emigracin forzada de de 750.000 miembros de esta segundo colectividad, bajo el colapso provocado por la particin que dispuso la ONU. Esta decisin fue adoptada sin ninguna consulta a la poblacin.
Lo que habitualmente se reivindica como una decisin equitativa de las Naciones Unidas fue un tpico acto de reparto colonial de territorios ajenos, por parte de potencias acostumbradas a recortar el mapa en funcin de sus conveniencias. Una consulta a los interesados seguramente hubiera demostrado que la mayora se opona a la particin. Los palestinos constituan histricamente una comunidad multitnica que inclua a judos, cristianos y musulmanes. La fractura del pas provoc un conflicto que escal sin pausa y ensangrent a varias generaciones de Medio Oriente11.
La particin sepult incluso el proyecto de un hogar nacional judo, que podra haberse erigido mediante compromisos con los habitantes de Palestina y convirti una ideologa de origen nacionalista -como era el sionismo- en una doctrina colonialista. La idea de unir voluntariamente a los judos interesados en aglutinarse como nacin se transform en un proyecto de despojo de otra comunidad.
Con este giro comenz a propagarse el mito de la tierra vaca que han difundido todos los conquistadores de cualquier poca. Afirmaron que no haba nadie en las zonas que ocuparon a punto de pistola y en un breve perodo histrico implementaron la apropiacin violenta que caracteriza a la acumulacin primitiva de capital12.
El experimento colonialista no se impuso en Medio Oriente a travs del exterminio fsico generalizado (como en Ruanda), sino a travs de golpes especficos, destinados a confiscar las tierras de los palestinos y forzar su partida. Algunos autores denominan sociocidio a este proceso de demolicin de una sociedad, a travs de la conversin de los campesinos en refugiados, el exilio de la intelectualidad y el desmantelamiento de las ciudades (solo se salv Nazareth para preservar las relaciones con el Vaticano)13.
La sociedad israel se constituy exaltando estas proezas blicas. La seguridad se transform en el principio ordenador de un estado que absorbe oleadas de inmigrantes en un espacio territorial minsculo (la ltima desde Rusia). Esta obsesin por el enemigo externo atena las tensiones internas entre las distintas comunidades que arriban al pas (especialmente entre europeos y orientales). El precio de esta beligerancia ha sido el encierro colectivo, en un espritu guerrero que asfixia a los propios conquistadores.
Pero el mayor obstculo de este atropello ha sido la resistencia de los palestinos. Israel no pudo estabilizar su dominacin por la inviabilidad contempornea de los tres recursos tradicionales de la conquista: el exterminio (amerindios), la esclavizacin (africanos) y la expulsin del territorio (tpica de la Antigedad). Estas formas de masacre eran corrientes hasta el siglo XIX, pero no pueden implementarse en la actualidad.
Israel comenz a desenvolver su colonialismo tardo en un perodo signado por la descolonizacin y la lucha internacional contra el racismo. Los palestinos resistieron su disolucin en los pases fronterizos, con actos de herosmo propios de David frente a Goliat, reproduciendo la accin de los sublevados judos del Gueto de Varsovia (1934).

UNA ALIANZA NECESARIA.

Lo que ms alimenta el belicismo de Israel es la relacin carnal que ha establecido con Estados Unidos. Los sionistas afirman que esta estrecha conexin constituye un imprevisto efecto del ajedrez poltico internacional. Proclaman con ridcula ingenuidad que la ayuda de los norteamericanos nos permite enfrentar a millones de rabes, sin preguntar a quin beneficia esa colaboracin.
La amalgama con Estados Unidos no fue constitutiva de la formacin de Israel. La creacin del nuevo estado cont con el visto bueno de la URSS y en los 60 Francia era el principal abastecedor militar del pas, porque buscaba gestar una alianza antirabe en plena guerra en Argelia. Cundo Israel ocup la pennsula de Sina -complementando el desembarco anglo-francs en el Canal de Suez (1956)- Estados Unidos vet la operacin. Lo que indujo a la primera potencia a consolidar un enclave de largo plazo con Israel fue la fulminante victoria sionista de la guerra de los seis das (1967).
A partir de ese momento se afianz en Norteamrica el famoso lobby israel, como un grupo de presin ms influyente que su equivalente cubano o petrolero. Es una asociacin muy vinculada con los neoconservadores de Bush, que trabaj intensamente a favor de la guerra de Irak. No opera como una red especficamente juda, puesto que dos tercios de esta colectividad no participan en las organizaciones sionistas y se mantienen muy distantes de todos los acontecimientos de Medio Oriente. El lobby es un grupo poltico-financiero de composicin muy cambiante.
El afianzamiento de las relaciones con Estados Unidos facilit, a su vez, la convergencia de la derecha israel del Likud con las corrientes cristianas reaccionarias que dominan en el partido republicano. Este vnculo se reforz con la llegada a Israel de colonos pertenecientes a las sectas ms caverncolas de Estados Unidos.
Bajo estas influencias el socio sionista ha quedado ubicando en la primera lnea de la batalla contra el mundo musulmn que promueven los tericos derechistas. Bush utiliz varias veces el trmino de cruzada para sugerir la existencia de una guerra santa en Medio Oriente. Esta accin -concebida como una gesta de la civilizacin contra el complot islmico- es difundida con delirantes prejuicios por los grupos reaccionarios de ambos continentes.
El sionismo contemporneo ya no preserva ningn vestigio del comunitarismo igualitarista que incluy en sus orgenes, especialmente en las granjas agrcolas colectivas de los Kibutzim. Es una ideologa plenamente convergente con el fundamentalismo neoconservador. La superioridad de los judos es justificada en Israel con los mismos arcasmos que se utilizan en Estados Unidos para rechazar a Darwin.
Israel acta desde hace cuarenta ao como pen del imperialismo. Tanto la superioridad militar como su permanencia en los territorios ocupados se han transformado en componentes claves de la estrategia mundial de Estados Unidos. Esta funcin geopoltica ha sido muy visible durante la reciente guerra del Lbano14.
Esta agresin fue presentada como un acto de soberana fronteriza, pero muchos analistas israeles no ocultaron que el destinatario del operativo era Irn.15. Se busc enviar una advertencia a un rgimen enfrentado con Estados Unidos, que ha retomado el desafi nuclear censurado por las potencias de Occidente. Israel tiene experiencia en esta materia, porque en 1981 atac desde el aire las plantas de procesamiento del cuestionado material atmico que construa Irak. La arremetida al Lbano fue programada como un eventual preludio del bombardeo este tipo instalaciones. No est claro si esta operacin quedar ahora suspendida o se mantendr en la agenda de Bush16.
El ataque israel tambin busc abrir un tercer frente en la guerra regional que Estados Unidos inici en Afganistn. Pretendi compensar los crecientes fracasos que enfrenta el Pentgono para convertir a Irak en un manso protectorado petrolero. Con una victoria en el Lbano, Bush esperaba contrarrestar las dificultades polticas que enfrenta dentro de Estados Unidos (oposicin de los Demcratas, encuestas en picada, cuestionamientos del establishment). Tambin intent retomar el unilateralismo guerrero que naufraga en el exterior. El bloque internacional con la nueva Europa ha quedado disuelto desde la cada de Aznar y Berlusconi y Blair contina tambaleando. El operativo israel represent una fuga hacia delante para sortear este cmulo de fracasos.

ODIARSE A S MISMO

Las masacres en el Lbano desataron fuertes crticas a Israel, que los sionistas interpretan como manifestaciones de un antisemitismo sin excusas17. Exhiben como prueba algunas declaraciones efectivamente insultantes e inadmisibles de sus adversarios. Pero simplemente olvidan que ningn comentario por ofensivo que sea merece ser respondido con bombas.
Los sionistas alertan contra la amenaza que sufre el pueblo judo y prometen contrarrestarla con el reforzamiento de Israel. Recrean temores ancestrales y el espanto legado por el holocausto para justificar su aplicacin de la ley de la selva en Medio Oriente. Lo cierto es que las comunidades judas no afrontan un riesgo significativo en el mundo, en comparacin a otras situaciones de potencial limpieza tnica. El antisemitismo ya no tiene la incidencia del pasado y es utilizado para ocultar lo que est en juego en Palestina.
Este oscurecimiento se basa en la confusin creada por la errnea identificacin de tres conceptos: judasmo, sionismo e Israel. Quines presentan a estas nociones como indisociables bloquean cualquier reflexin racional de la tragedia de Medio Oriente18. El judasmo es una religin, una cultura o una tradicin de un pueblo diseminado por muchos pases. El grado de permanencia de su identidad diferenciada ha variado significativamente en cada generacin y en cada regin. No solo hay ms judos en el mundo que en Israel, sino que un importante nmero de ellos no tiene ningn vnculo con Medio Oriente.
Israel es un estado construido a partir de la hegemona confesional de los judos. Pero actualmente incluye no solo una considerable minora de rabes-israeles -hostilizados y separados del resto de los palestinos- sino tambin a varios grupos de inmigrantes sin ningn lazo con algn pasado judo. Finalmente, el sionismo es la ideologa colonialista que justifica los derechos de los invasores sobre las tierras que pertenecan a los pobladores originarios de Palestina. Esta doctrina reivindica la superioridad de los colonos apropiadores (construimos un pas en el desierto frente a la inoperancia de los rabes), con argumentos milenarios, sagrados o simplemente pragmticos.
Si se toma en cuenta estas diferencias, no es lo mismo declararse antijudio, antisionista o antiisrael. La primera definicin es racista y la segunda anticolonialista, mientras que la tercera no presenta un significado ntido. Al igual que el antinorteamericanismo expresa ms bien el rechazo a la opresin imperialista, que un repudio de pueblo hacia otro.
El sionismo ha demolido los valores de la tradicin juda. Su crimen contra el pueblo palestino destruye el fundamento tico y humanista de ese legado cultural. La sociedad israel adopt un perfil militarista que enaltece la violencia, en abierta oposicin a la hermandad que propiciaron los pensadores judos.
Reflexionar en torno a este contraste es un ejercicio inconcebible para los sionistas. Interpretan que este cuestionamiento es propio de un judo que se odia a s mismo. Pero quin carga con esta dualidad? Los antisionistas que aprueban el acto humano de la resistencia o los sionistas que justifican los crmenes?
Este tipo de fractura constituye en realidad un padecimiento estructural de la sociedad israel, que vive sometida a un estado de psicosis colectiva y paranoia belicista. El clima de guerra permanente con sus vecinos ha creado una patologa de odio cada vez ms descontrolada19.
El sionismo levant un muro artificial con los pueblos rabes. Disolvi la historia comn y la notoria integracin -que a diferencia de Europa- haban alcanzado las comunidades judas en esos pases. Tambin destruy la herencia de total ausencia de choques religiosos que distingua a la relacin entre ambos credos de los conflictivos vnculos que los dos mantuvieron con el cristianismo. El propio sionismo tuvo inicialmente poco basamento religioso, pero bajo el efecto de la brutalidad blica adopt los agresivos principios del misticismo fundamentalista.
Pero ningn argumento histrico o coyuntural alcanza para negar la realidad de los palestinos. Al cabo de 60 aos la tragedia del oprimido sacude la vida cotidiana del opresor y lo ocurrido en el Lbano replantea traumticos dilemas para Israel.

NO HAY LIBERTAD COMO OPRESOR

El gobierno de Olmert debi aceptar una tregua con la sensacin de haber padecido un pequeo Vietnam. No pudo doblegar al Hezbol, ni detener la lluvia de misiles sobre su territorio. Acostumbrado a lidiar con los palestinos desarmados de Gaza y Cisjordania, el ejrcito israel qued desconcertado frente a una slida guerrilla y ensay todas las opciones. Asesinatos de dirigentes, operativos comando, ataques en pequea escala y ofensivas masivas. Finalmente debi avenirse al cese de fuego que inicialmente rechazaba y toler que el ejrcito libans y la ONU coexistan con Hezbol en su frontera.
El contraste entre la euforia de los milicianos libaneses y la amargura de las tropas sionistas no deja ninguna duda sobre el resultado del conflicto. Fue solo un round de una pelea de varias dcadas y conviene no olvidar que en 1973 Israel termin ganando en la negociacin lo que perdi en el campo de batalla. Pero por primera vez en mucho tiempo, una iniciativa militar israel concluye en un ntido revs.
Este fracaso presenta una llamativa coincidencia de resultados con las acciones norteamericanas de los ltimos tres aos20. La devastacin que ensayaron los pilotos israeles ya fue practicada por sus colegas estadounidenses y por eso la mitad de los muertos en Irak son mujeres y nios abatidos por el fuego areo. Los generales de Pentgono pensaban concluir su guerra con una espectacular operacin en Falulla y el alto mando israel intent alcanzar la gloria mediante una fulminante accin fronteriza.
Ambos apostaron al bombardeo desde el aire, creyendo que la tecnologa poda reemplazar a los soldados de carne y hueso. Bush cometi la torpeza de disolver la milicia de Sadam y Olmert atac sin sentido las instalaciones del ejrcito libans. El mismo imprevisto nmero de bajas que afecta a los marines le impidi a Israel continuar la batalla. Un cado cada diez libaneses es una proporcin muy elevada, para un ejrcito basado en la conscripcin masiva y carente de una gran reserva de pobres para utilizar como carne de can. Olmert intent precipitar la misma guerra civil sucia que Bush tolera en Irak, pero solo logr el rechaz unnime de toda la sociedad libanesa.
La misma ineptitud blica que desat en Estados Unidos tantas crticas (especialmente una carta pblica de ex generales) est provocando un vendaval en Israel. Arrecian las denuncias de los reservistas por la confusin de rdenes, la inoperancia del aprovisionamiento, el desconocimiento del adversario y la corrupcin del alto mando. La tormenta podra desembocar en una comisin investigadora para repartir culpas, precipitar un cambio de gobierno o facilitar la revancha que alienta la derecha21. Pero a mediano plazo nadie podr evitar enfrentarse con el impasse histrico creado por la interminable guerra con sus vecinos. La sociedad israel carga con una imposibilidad de progreso mientas actu de carcelera de otra nacin. Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre.

DILEMAS PALESTINOS

Los 60 aos de lucha de los palestinos han sido una dura gesta de herosmo, sufrimientos y frustraciones. No lograron recuperar sus tierras, ni construir su estado, pero han impuesto la legitimidad de su demanda. Ya no pueden ser ignorados por Israel, ni borrados del escenario internacional. Nadie desconoce formalmente su causa, ni propone que arreglen sus problemas con los rabes. La tesis inicial de los sionistas (hay mucho espacio para ellos en Jordania, Egipto y Siria) resulta actualmente impronunciable.
Pero el movimiento de liberacin palestino soporta las consecuencias del nefasto padrinazgo que tradicionalmente ejercieron los gobiernos rabes sobre su accin. Esta influencia socav durante dcadas la efectividad de su resistencia y provoc incontables derrotas. Las clases dominantes de los pases circundantes de Israel siempre chocaron con un proyecto sionista, que introduca un poder ajeno en su rea de influencia geogrfica. La expulsin de los palestinos agrav todos los desequilibrios de la regin: aument la inestabilidad de los regmenes polticos y profundiz la degradacin de las economas ya depredadas por los colonialistas extranjeros y sus socios locales.
Durante los aos 60 y 70 los gobiernos nacionalistas que intentaron revertir parcialmente ese saqueo -como Nasser en Egipto y el Baath en Siria- debieron enfrentar a Israel. Pero recurrieron al terreno de la guerra convencional que favoreca a su enemigo y sufrieron escandalosas derrotas. El nacionalismo buscaba limitar la interferencia que representaba Israel a la modernizacin del capitalismo rabe y adopt la causa palestina con este restrictivo propsito. Nunca apost a erradicar la opresin imperialista en Medio Oriente.
Por eso los gobiernos rabes de la poca buscaron la regimentacin poltica, la subordinacin financiera y la dependencia militar de ese movimiento. Trabajaron no solo para acotar su lucha, sino tambin para evitar la convergencia de un movimiento nacional revolucionario con las demandas sociales de los oprimidos de la zona. Esta tensin se tradujo en numerosos enfrentamientos con los palestinos y en acciones represivas contra sus sectores ms radicalizados, especialmente en Jordania y el Lbano.
Estos choques y los sucesivos reveses frente a Israel condujeron finalmente al hundimiento del nacionalismo. Los sucesores de esta corriente abandonaron primero la opcin militar y cambiaron luego directamente de bando. Establecieron relaciones con Israel y se convirtieron en obedientes socios del Pentgono. Esta subordinacin ya es tan grande en la actualidad, que Egipto y Jordania ni siquiera rompieron estos vnculos durante los recientes bombardeos israeles al Lbano.
Frente a esta agresin, la Liga Arabe se reuni, emiti un comunicado de ocasin y bajo la influencia de los jeques de Arabia Saudita se escucharon ms condenas a Hezbol que a Estados Unidos. En realidad, los gobiernos rabes pro-imperialistas esperaban que los sionistas destruyeran a las milicias islmicas que corroen la estabilidad de sus negocios petroleros.
En Siria subsiste el nico rgimen de origen nacionalista. Mantiene un potencial conflicto con Israel y un frreo control sobre los oprimidos de su pas y el Lbano. Pero desde que perdi el padrinazgo de la URSS, sus presidentes se han mostrado muy permeables a las presiones norteamericanas. Por eso hay sectores del gobierno israel que buscan empujar a Siria por el camino de Egipto y Jordania, ofreciendo como zanahoria la devolucin de las alturas del Goln, que ya no tienen la relevancia militar del pasado.
La resistencia palestina ha debido lidiar con los gobiernos rabes desde que la OLP se constituy en una fuerza autnoma. Logr desenvolver una extraordinaria lucha guerrillera y desembarazarse parcialmente de esta sujecin durante los aos 60 y 70 y tambin durante la primera Intifada (1987). Esta revolucin de las piedras fue un extraordinario levantamiento masivo que incluy formas muy avanzadas de autoorganizacin popular y participacin colectiva. Provoc la desmoralizacin del ejrcito ocupante, la quiebra de la sociedad israel e impuso el reconocimiento del interlocutor palestino.
Pero Arafat acept los trminos propuestos en Oslo (1993) y Camp David (2000) que nunca contemplaron la constitucin de un real estado palestino y este aval provoc la prdida de autoridad de la OLP. En un clima de corrupcin, proliferacin de dudosas ONGs, financiacin europea y verticalismo autoritario, el Fatah fue cuestionado primero por militantes e intelectuales (como Edward Said) y luego por el grueso de la poblacin. En este contexto de frustracin, las provocaciones de Sharon desataron la segunda Intifada (2000) ms militarizada y bajo la creciente direccin del Hamas. Esta organizacin tom la posta del combate y garantiz la supervivencia de la sociedad palestina frente al colapso de la OLP.
La lucha palestina se desenvuelve actualmente en un marco de generalizada irrupcin de los movimientos islmicos. El triunfo del Hamas constituy otro hito de este aluvin, que se ha reforzado con la victoria de Hezbol frente a Israel. Nasrallah ya alcanz un nivel de popularidad en Medio Oriente, equivalente al logrado por Nasser en los aos 60.
En las nuevas circunstancias comienza a reaparecer el viejo problema del control gubernamental sobre los movimientos de resistencia. Hezbol ha demostrado una postura de indita solidaridad con los palestinos. Pero sus allegados de Irn persiguen otros propsitos geopolticos. Buscan reducir la presin norteamericana sobre el programa nuclear y aumentar su influencia sobre los chiitas de Irak para expandir el rgimen de los Ayatollahs.
El Hamas est sometido a un hostigamiento terrorista muy superior a todo lo padecido por el Fatah. Israel no lo deja gobernar, ni permite mantener en pie ninguna forma de vida organizada en Gaza y Cisjordania. Pero tambin los gobiernos rabes aprovechan esta tragedia para hacer valer su influencia econmica. Son los nicos proveedores de recursos ante el corte de suministros de Europa y Estados Unidos (que financiaban a la OLP) e intentan por esta va domesticar al nuevo gobierno palestino22.
Los dilemas de esta resistencia y el impasse estructural de la sociedad israel convergen en torno a la gran pregunta de Medio Oriente: Cmo solucionar el problema nacional de la regin?

ISRAEL Y LOS REFUGIADOS.

Cualquier desenlace progresista de la cuestin palestina requiere ante todo la derrota del expansionismo sionista. Este es el punto de partida para evaluar una resolucin del conflicto. Esta victoria de los palestinos supondra el desmantelamiento del estado colonialista y de ninguna manera la eliminacin fsica de los israeles. Conducira a establecer la igualdad derechos, anulando todos los principios que legalizan la ocupacin de territorios ajenos. Mientras Israel maneje los dispositivos de inmigracin en un espacio tan reducido, continuar funcionando una mquina de expulsar a los pobladores originarios para establecer a los recin llegados.
En lugar de discutir este problema los sionistas afirman que los rabes nos quieren echar al mar e interpretan un lema blico surgido durante las primeras guerras (destruir el estado de Israel) como una convocatoria al asesinato masivo de los judos. Esa frase surgi como reaccin defensiva frente a la acelerada expansin del nuevo estado de colonos y actualmente es poco utilizada.
Es cierto que recientemente la repiti el presidente de Irn, aunque luego aclar que propona borrar del mapa al rgimen sionista y no a Israel. Pero lo esencial del tema es que ninguna propuesta concreta de los palestinos plantea consumar actos de genocidio, ni imponer exilios forzados. Endilgarle este propsito es una caricatura o un panfleto semejante al que utiliza Bush, para justificar la guerra preventiva con algn video de Bin Laden.
En la izquierda el uso de la vieja frmula: destruir el estado de Israel es claramente inconveniente. Es un planteo que se malinterpreta con facilitad, ya que las luchas nacionales tienden a adoptar siempre un programa positivo de reclamo de independencia, en desmedro de la faceta negativa (eliminar el estado opresor). En las luchas antiimperialistas de cualquier pas, no es comn convocar al aniquilamiento del estado norteamericano, francs o ingles y ni siquiera el desmonte del Apartheid se realiz bajo un llamado a destruir del estado sudafricano. En los hechos, cualquier transformacin progresista requiere abolir la situacin colonial, pero este objetivo tiende a ser enunciado en funcin de lo que se quiere construir y no de lo que busca eliminar.
Anular el carcter colonialista de Israel es indispensable para zanjar el problema de los refugiados palestinos, que el sionismo esperaba disipar con el paso del tiempo. Apostaba a un olvido histrico, semejante al sufrido por los aborgenes en las reservas del oeste norteamericano. Pero en el ao 2001 haba 1,2 millones de refugiados en los campos y 2,6 millones fuera de estos albergues. Conforman un bloque de 3,8 millones de personas que demandan la restauracin de sus derechos23.
La expectativa derechista de congelar el problema fue demolida por la resistencia. Cada oleada de lucha palestina ha replanteado la exigencia del retorno de los refugiados y esta demanda fue particularmente contundente durante la primera Intifada Un aspecto clave del fracaso de Oslo y Camp David fue justamente su total omisin de este problema. Existen discusiones sobre opciones alternativas al simple retorno de los expropiados a sus hogares, basadas en la devolucin de pertenencias, reparaciones o compensaciones equivalentes. Pero incluso estas posibilidades requieren primero anular el carcter colonialista de Israel. La principal ley constitutiva de ese estado asegura derechos territoriales al inmigrante judo a partir de la negacin de este mismo atributo para los refugiados palestinos. Bajo este sistema de recepcin y expulsin de habitantes en base a criterios tnicos, el conflicto nunca tendr solucin.

LA COEXISTENCIA DE DOS NACIONES.

En el campo progresista nadie pone en tela de juicio los reclamos legtimos de los palestinos. Pero que ocurre con los atributos nacionales de los israeles? Tambin aqu estn fuera de duda sus derechos ciudadanos y libertades para vivir en la zona. Promover el retorno a sus pases de origen es un disparate reaccionario. Pero qu sucede con su nacionalidad? Podran preservarla o deberan disolverla en pos de superar las confrontaciones de Medio Oriente?
Israel se construy sobre la opresin de los habitantes originarios, pero repitiendo lo ocurrido con pases del mismo tipo (EEUU, Canad, Argentina, Nueva Zelanda), este crimen de nacimiento ha dado lugar a una nueva nacin que ya no puede abolirse. Al cabo de varias dcadas de existencia es evidente la consolidacin de una nacionalidad de los israeles.
Esta singularidad se manifiesta tanto en el plano objetivo (lengua, territorio, economa comn) como en la esfera subjetiva de los sentimientos de pertenencia a una misma comunidad (pasado y lazos culturales compartidos, conciencia de grupo diferenciado). El afianzamiento de un idioma en desuso como era el hebreo -para sustituir las lenguas maternales de los judos inmigrantes de distinto origen- ha contribuido a estabilizar esta nueva nacionalidad. Cualquiera sea el criterio elegido para definir a una nacin- patrones objetivos, subjetivos o una combinacin de ambos- es evidente que los israeles renen actualmente estos atributos24.
Esta conformacin ha seguido el modelo de las naciones gestadas a partir del establecimiento de un estado (Francia, Portugal, Gran Bretaa, Espaa). Expresa un desenlace histrico inverso al que seguiran los palestinos si logran forjar su estado como coronacin de un proceso previo de formacin de una identidad nacional. Este segundo curso repetira el rumbo de los pases surgidos al calor de una lucha anticolonial (India, Argelia). Pero lo importante es que como resultado de procesos histricos diferentes, tanto a los israeles como los palestinos les corresponden derechos nacionales y no solo ciudadanos.
Desconocer esta legitimidad conducira a resucitar un viejo error del siglo XIX: la creencia que existen pueblos sin historia, inevitablemente condenados a actuar como peones de la reaccin y pueblos con historia, destinados a comandar la emancipacin de sus vecinos junto a la propia. La historia del marxismo ha sido un largo e inconcluso aprendizaje de equivocaciones de esta ndole25.
En Medio Oriente la autodeterminacin de un pueblo oprimido como es el palestino, no puede hacerse desconociendo los derechos nacionales de los habitantes del estado de Israel que los oprime. La solucin del conflicto requiere este reconocimiento para abrir un escenario de coexistencia entre las dos comunidades nacionales26.

DOS ESTADOS SOBERANOS

Una solucin del conflicto comenz a esbozarse a partir de los aos 70, cundo en el movimiento palestino se acord discutir la formacin de dos estados sobre la base del retorno de los refugiados y el retiro israel a las fronteras vigentes en 1967. Esta opcin cobr ms fuerza luego de la primera Intifada. Pero Israel boicote sistemticamente todas las negociaciones. Obstaculiz cada tratativa para ganar nuevos pedazos de territorio mediante operaciones militares.
Es completamente falso atribuir el fracaso de estas conversaciones a los fanticos de ambos campos27. En este caso no existen responsabilidades compartidas, ni culpas equitativamente distribuidas entre los asesinos de Rabin y los miembros de la Jihad islmica. La guerra que inici Sharon y que contina Olmert persigue el evidente propsito de sepultar cualquier perspectiva de dos estados. Las negociaciones son impracticables, mientras Israel contine ejecutando su cuota de asesinatos diarios en Gaza.
Pero lo que entierra estructuralmente a estas conversaciones es el grado de colonizacin perpetrado en Cisjordania. El nmero de asentados, la dimensin de la infraestructura construida, el apoderamiento de tierras torna muy difcil el retiro a las fronteras del 67. Y sin este repliegue el estado palestino es completamente inviable. No hay margen para erigir esa entidad en la geografa amurallada y desmembrada de la Banda Oriental.
Muchos autores progresistas igualmente sostienen la factibilidad de esta opcin28. Estiman que el retiro forzoso de varios miles de colonos de Gaza por parte del gobierno de Sharon demostr que un retorno del mismo tipo podra implementarse en Cisjordania. Pero aqu la diferencia de cantidad determina un salto de calidad. Israel ha incorporado las principales zonas de la Banda Oriental a su territorio de la misma forma que extendi sus fronteras del esquema inicial de la particin al pas existente en 1967. Tendra que padecer una derrota de gran impacto, un desgaste insoportable como ocupante, una fuerte corrosin interna o una prdida de sostn internacional para resignar las porciones ya recolonizadas de Cisjordania y Jerusalem.
Quines imaginan posible este retiro afirman que el proyecto de dos estados no est destruido, sino solo afectado por la etapa de agresin imperialista inaugurada el 11 de septiembre. Estiman que un giro hacia el multilateralismo que incluya el fin de Bush arrastrara tambin a la derecha israel. Pero incluso en este escenario no se vislumbra una reduccin del sostn geopoltico que Estados Unidos brinda al sionismo y este apoyo implica una poltica militar agresiva, que torna muy difcil la subsistencia de un estado palestino soberano. Es cierto que el grado de asociacin estrecha entre Norteamrica e Israel solo tiene 40 aos, pero se ha convertido en un pilar de la estrategia imperialista en la principal zona perifrica del planeta.
Como esta simbiosis no existi con Sudfrica, muchos analistas estiman que resulta muy improbable en Medio Oriente la repeticin de un desmonte semejante al observado con el apartheid. Varios gobiernos norteamericanos toleraron la campaa internacional contra el racismo en Africa austral, pero ninguno acept la menor crtica a Israel. Este contraste ilustra cun diferentes son los intereses en juego en cada caso29.
Existe otro argumento mucho ms pragmtico a favor de los dos estados, que simplemente subraya la inexistencia de otra alternativa realista para superar el conflicto. Pero esta afirmacin que pareca evidente en los aos 80 y 90 ha perdido credibilidad en la actualidad. La guerra permanente contra los palestinos y la ocupacin de Cisjordania han reducido drsticamente la factibilidad de esa opcin. Por eso no se vislumbra por ahora el retiro de Israel al 67 y la negociacin de las demandas de los refugiados.

UN SOLO ESTADO LAICO Y DEMOCRTICO

Los impedimentos que afronta el proyecto de dos estados soberanos ha resucitado la alternativa que promova la OLP en los aos 60: construir un estado nico, laico y democrtico para los habitantes de la regin, que elimine todos los componentes de discriminacin tnica o religiosa.
Este proyecto es el planteo tradicional de la izquierda30. Pero lo novedoso es su embrionario resurgimiento como opcin en Medio Oriente, a partir de proyectos animados por algunos intelectuales y militantes de la regin. Proponen un programa de reorganizacin democrtica, anulacin del estado tnico y el establecimiento de la ciudadana por criterios de residencia31.
Esta solucin es la ms avanzada y conveniente. Se basa en el precedente republicano francs y reduce la utilizacin de estas creencias religiosas como justificacin blica. Propone disolver los conflictos entre comunidades reuniendo a todos los pobladores bajo un mismo techo, con derechos y obligaciones ciudadanas equivalentes. Este camino de convergencia sigui la conformacin de muchos estados contemporneos.
El principal obstculo que enfrenta esta opcin es su bajsima aceptacin actual. Es un programa que tiene pocos defensores de peso, porque la OLP abandon esta propuesta, las corrientes islmicas nunca la apoyaron y en Israel jams tuvo avales significativos. La solucin democrtica del problema nacional exige que cada comunidad defina libremente el tipo de organizacin estatal que prefiere. Y es evidente que solo contados palestinos y casi ningn israel aceptaran actualmente la conformacin de un estado en comn. Especialmente en Israel se ha difundido un terror generalizado por la futura supremaca demogrfica de los palestinos dada su alta tasa de natalidad. Varias encuestas realizadas entre ambos grupos confirman esta mutua animosidad. Pero como tampoco se percibe la viabilidad del modelo de los dos estados, todos los deseos colectivos presentan un carcter transitorio y mutable.
Israel atraviesa un trauma poltico sin devenir previsible. El sistemtico giro hacia la derecha que ha prevalecido desde los 90 contrasta con el clima progresista que predomin durante las marchas que reclamaban Paz Ahora en 1982 y 1988-90. Pero el reciente fracaso en el Lbano permite concebir en algn momento un retorno a ese escenario, si las agresiones militares no dan resultado. Por su parte, los palestinos se encuentran bajo el shock del terror de la ocupacin, en un marco de ascenso del Hamas que no ha definido claramente cul es su proyecto futuro.
Un segundo problema del estado nico es su carcter laico, opuesto tanto al molde sionista (confesional judo), como a la variante multiconfesional libanesa (cristianos y musulmanes) o las vertientes teocrticas que promueve el integrismo islmico. Pero este retroceso hacia propuestas religiosas presenta muchos matices. El huracn islmico en curso es muy heterogneo en el plano poltico. Incluye vertientes de izquierda y derecha, radicales y conservadoras, antiimperialistas y pro-norteamericanas. Rene a los fundamentalistas talibanes y a los respetuosos de las mujeres, las minoras tnicas y otras creencias. La marea islamista canaliza corrientes progresistas junto a planteos retrgrados. El Hamas, por ejemplo, es un movimiento poltico que ha puesto distancia con el totalitarismo fundamentalista. Hezbol en el Lbano tampoco impulsa un rgimen poltico excluyente, sino una variante del sistema multiconfesional vigente. Hay que reconocer igualmente que el contexto para un programa laicista es menos favorable que en el pasado.
En Sudfrica la minora blanca se avino a introducir la ciudadana formal y a compartir en los hechos el sistema poltico con las elites negras y mestizas, a cambio de preservar sus privilegios econmicos. Pero la reproduccin de este esquema no es sencilla. All no hubo creacin de nuevas estructuras nacionales y tambin existen ciertas diferencias estructurales.
Mientras que la economa sudafricana integraba a los trabajadores negros como explotados en las minas, las fbricas y el campo, la colonizacin israel expulsa a los palestinos y tiende incluso a sustituirlos por fuerza de trabajo de cualquier origen en los momentos de mayor crisis (tailandeses, filipinos, turcos). Esta segmentacin se traduce en una fractura de la clase obrera de la regin que conspira contra el estado compartido.

LA PERSPECTIVA SOCIALISTA

La mejor propuesta para resolver el conflicto es el estado nico, democrtico y laico. Podra emerger sbitamente como alternativa en el escenario de un colapso catastrfico de Israel. Algunos autores imaginan un fin comparable al padecido por el nazismo en Alemania. En el caso que Estados Unidos se atreva a concretar la guerra contra Irn (y eventualmente Siria) que proyect Rumsfeld, cualquier tipo de estallido es posible. Y si Israel participa en semejante aventura podra abrir las compuertas hacia su auto-destruccin, en un marco de reorganizacin general de Medio Oriente. Pero este razonamiento contiene demasiados ingredientes especulativos.
En condiciones menos explosivas, la marcha hacia un estado nico podra transitar por incontables senderos de aproximacin, signados por victorias territoriales y avances en la gestacin de una conciencia democrtica comn entre palestinos e israeles. Este curso presupone derrotas del ejrcito sionista que lo obliguen a devolver las granjas de Cheeba al Lbano, el Golan a Siria, hasta empujarlo al abandono de Cisjordania. No es sencillo imaginar como podra concretarse este repliegue, pero tampoco se puede pensar el nacimiento del estado palestino sin ese retiro.
La historia de los procesos revolucionarios est signada por numerosos ejemplos de concesiones territoriales al enemigo. Lenin acept en Brest Listvosk un acuerdo con Alemania, Mao toler la supervivencia de Taiwn y Fidel convive con Guantnamo. Tambin son completamente legtimas las treguas. Hezbol por ejemplo aval recientemente la presencia de tropas de la ONU en el sur libans. Pero lo que no resulta viable es el modelo de una Palestina desmembrada que ofrece Israel, copiando el modelo de las republiquetas construidas durante el Apartheid sudafricano (los Bantustan).
La batalla por el estado nico podra seguir, por lo tanto, un camino recto o sinuoso. Pero siempre estar asociado al grado de aceptacin que este propsito logre en ambas comunidades. Nadie puede anticipar cunto tiempo tardar en cicatrizar el abismo de sangre que ha creado seis dcadas de represin colonial ininterrumpida. La superacin de esta herencia requerir nuevas relaciones sociales de fuerza, otro grado de conciencia poltica y una experiencia de acciones comunes de los movimientos progresistas palestinos e israeles.
Pero la verdadera distensin entre los pueblos y el fin de los enfrentamientos nacionales exige erradicar el capitalismo. Este sistema perpeta las rivalidades tnicas para facilitar las ganancias de las grandes corporaciones. Millones de individuos se enfrentan entre s en Medio Oriente para que los financistas de Wall Street, los jeques del petrleo, los generales de Israel y los potentados del mundo rabe incrementen sus privilegios. Solo la hermandad de todos los oprimidos contra sus opresores podra eliminar el tormento de sangre que padece la zona.
Si judos, cristianos, sunitas y chiitas de todas las nacionalidades actuaran en comn contra sus verdaderos enemigos, los caones apuntaran contra los culpables del drama regional. La constitucin de una federacin socialista de todos lo pueblos es el nico remedio de largo plazo para los conflictos de Medio Oriente. El socialismo transita aqu como en ninguna otra parte del mundo por el sendero de la emancipacin nacional. Pero, a su vez, esta liberacin no se afianzar si no desemboca en la extincin de las races capitalistas de todas las formas de opresin32.

SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA

La causa palestina es una bandera compartida por todos los movimientos sociales del planeta. Los sufrimientos de la poblacin civil y la resistencia popular en Medio Oriente despiertan un grado de simpata y adhesin internacional cada vez mayor. Esta lucha es vista como una batalla contra la guerra que provocan los opresores y una campaa a favor de la paz que demandan los oprimidos.
Las movilizaciones realizadas ante la reciente agresin al Lbano han sido sin embargo relativamente limitadas fuera del mundo rabe. No se registraron marchas masivas en Europa y Estados Unidos como consecuencia de varias dificultades polticas. Luego de las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak de febrero de 2003 la protesta internacional perdi fuerza. Tanto la a expectativa de revertir esta invasin por medio de la diplomacia europea, como la esperanza de un desplazamiento electoral de Bush, afectaron al movimiento. Por otra parte, las acciones de Al Qaida tienen un efecto devastador sobre la lucha democrtica. Pero este reflujo es coyuntural y tiende a revertirse con las nuevas acciones que, por ejemplo, promueven las madres de soldados estadounidenses cados en Irak.
En Amrica Latina el impacto del conflicto de Medio Oriente es muy superior al pasado. Basta observar el lugar que ocupa el tema en la prensa, para notar como el avance de la mundializacin increment los vnculos de la regin con las conmociones internacionales. En toda la zona se han observado expresiones contundentes de apoyo a la causa palestina, que han provocado la indignacin de los conservadores. La derecha no sale de su asombro frente al creciente sentimiento antisionista que se registra desde Mxico hasta el Cono Sur33.
Pero ms significativo an es la influencia de ciertas actitudes antiimperialistas. Chvez denunci que Israel acta como Hitler y retir a su representante diplomtico de ese pas. Su actitud contrast con Lula y Kirchner que auspiciaron un acuerdo de librecomercio del MERCOSUR con Israel y bloquearon cualquier condena de la agresin sionista.
La decisin de Chvez no fue una formalidad propagandstica. Ha sido un acto de gran solidaridad que impact directamente sobre el nimo de la resistencia libanesa. Como seal el lder de Hezbbolah: El presidente de Venezuela hizo lo que no hace la mayora de los estados musulmanes y por eso agradeci su apoyo moral a nuestra lucha34. En todo Medio Oriente la tradicin revolucionaria latinoamericana mantiene una influencia significativa, que se manifiesta por ejemplo en las fotos del Che Guevara que invariablemente aparecen en las casas de los combatientes palestinos y libaneses.
Los resultados de la confrontacin en Medio Oriente influyen, a su vez, directamente sobre Amrica Latina. Si en lo inmediato Israel sufre una derrota importante, Estados Unidos tendr menos poder para implementar sus atropellos en la regin. El ALCA seguir bloqueado, los tratados bilaterales continuarn enfrentando serios obstculos y el imperialismo no podr relanzar su proyecto de recolonizacin poltica del hemisferio.
Una derrota de Israel reducira concretamente el margen de accin del Pentgono para abrir bases militares (como la construida recientemente en Paraguay), desplegar tropas y seguir apadrinando -con el pretexto de erradicar el narcotrfico- el estado terrorista de Colombia. Los militares israeles asesoraron en el pasado a Pinochet y a varios dictadores de Centroamrica y estn disponibles para cualquier aventura reaccionaria. Su fracaso acentuara las dificultades de Estados Unidos para atacar a Venezuela y agredir a Cuba desde Miami. Tambin creara obstculos al Departamento de Estado para frenar el giro hacia la nacionalizacin de los hidrocarburos que ha comenzado en Sudamrica, en medio del polvorn petrolero que ha generado en Medio Oriente la ocupacin imperialista en Irak.

EL ESPEJO ARGENTINO

El cambio de posturas que se observa en Latinoamrica frente al conflicto de Medio Oriente se refleja ntidamente en Argentina. A diferencia de lo ocurrido en las guerras anteriores, esta vez la conducta pro-israel no ha sido dominante en el pas. Los representantes de las organizaciones sionistas (DAIA-OSA) quedaron a la defensiva y los voceros de la comunidad rabe -tradicionalmente silenciados- pudieron alzar su voz. Por primera vez aparecieron en la televisin las dos campanas y los diarios debieron brindar espacio a los crticos de la agresin.
Esta visibilidad expres el rechazo mayoritario de la poblacin a los crmenes en el Lbano. Una encuesta en el Gran Buenos Aires y la Capital Federal indic que ocho de cada diez ciudadanos repudi el ataque israel. Ese ndice super ampliamente el patrn del 15% que habitualmente se inclina por esta posicin35. Tambin la intelectualidad rompi mayoritariamente con el clsico patrn de simpata o neutralidad hacia Israel y se pronunci contra las acciones del ejrcito sionista. Solo la derecha ms recalcitrante (Birmajer, Eliashev, Grondona, Aguinis) justific la masacre, recurriendo a los argumentos ms pueriles del liberalismo36.
Este cambio de clima obedece, particularmente en Argentina, a la gran sensibilidad que existe frente a cualquier atropello a los derechos humanos. Ver imgenes de terrorismo de estado rememora inmediatamente a la dictadura y a los desaparecidos. Por otra parte, el nivel de conciencia antiimperialista ha progresado significativamente desde el 2001 como lo demostr, por ejemplo, el repudio a la visita de Bush.
Pero lo que ms irrita a muchos sectores de la poblacin es la conducta del establishment sionista. Este grupo intenta reproducir la accin del lobby norteamericano-israel, sin registrar en que pas acta. Asume los proyectos del Pentgono, propaga las exigencias del Departamento de Estado contra Irn y calumnia a la comunidad rabe de la Triple Frontera. El embajador israel se comporta con el desparpajo propio de un cnsul colonial y exige pblicamente el despido de los periodistas que le disgustan.
A travs de su diario predilecto (La Nacin) repudia la recoleccin de ayuda para el Lbano, como si fuera un delito socorrer a las vctimas de un bombardeo o colaborar con la resistencia. La financiacin de las actividades criminales del estado de Israel se ha institucionalizado, en cambio, como un episodio normal de la vida comunitaria. Cualquier crtica al sionismo en la universidad, los sindicatos o en la fachada de un edificio es convertida en un gran escndalo meditico.
Pero lo novedoso es la oposicin que desatan estas conductas incluso dentro de la propia colectividad juda. Ha crecido la desconfianza hacia los dirigentes que colaboraron con el trabajo sucio que realiz la CIA y el Mossad para evitar el esclarecimiento de los atentados a la embajada y la AMIA. Al cabo de 14 aos de pesquisas no se sabe nada sobre los responsables externos y sus conexiones locales. En este complicado marco Kirchner hace malabarismos. Tom cierta distancia del liderazgo sionista, pero est muy lejos de imitar a Chvez. Evita pronunciamientos y rechaz el envo de las tropas al Lbano que solicit la ONU para preservar un perfil poltico bajo.
La reciente guerra precipit en Argentina una divisin poltica e ideolgica totalmente divorciada de las creencias religiosas. A las manifestaciones de Palestina concurre la izquierda y las marchas por Israel aglutinan a la derecha. Este alineamiento resulta incomprensible para los sionistas37. Pero en realidad ilustra cun bien se ubica la izquierda en los campos en conflicto. Deja de lado cualquier prejuicio nacional, tnico o religioso y se coloca dnde hay que estar: junto a los oprimidos y contra los opresores.
Esta postura de solidaridad es un acierto poltico sostenido en una actitud tica. La causa palestina interpela a todos los ciudadanos del mundo y obliga a definir conductas individuales. Nadie puede ocultar cul es su posicin frente a un pueblo agredido. Afortunadamente, cada da son ms visibles las demostraciones de apoyo a una heroica resistencia.

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1Economista, Investigador del Conicet y profesor de la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
2 Rein Raanan. Israel tiene derecho a usar la fuerza. Clarn, 7-8-06
3 Dzalb Damian Hezbollah decidi instalar la guerra. Clarn 9-8-06
4 As lo denomina: Levy Giden. Un apagn moral para Israel La Nacin 1-8-06.
5 Grynwald Luis.El estado de Israel est frente a su sexta guerra de defensa. Clarn, 3-8-06.
6 Dzalb Damian Hezbollah decidi instalar la guerra. Clarn 9-8-06
7 Saxe explica el sentido geopoltico de esta estrategia. Saxe Fernndez John. Terrorismo de estado. Pgina 12, 6-8-05

8En los debates recientes sobre el terrorismo se han resaltado estas y otras diferencias. Boron Atilio. Terrorismos. Pgina 12, 9-7-05. Kepel Gilles. Terrorismo: cuando Internet funciona como una guarida Clarn, 16-8-05. Bllin Arnaud, Chaliand Gerard. Una historia del terror. Pgina 12, 13-9-04. Rozitchner Len Que piden los terroristas Pgina 12, 23-7-05. Tokatlian Juan. El laberinto de Europa ante el terror. La Nacin, 15-7-05.

9Este giro poltico ha sido detallado varios analistas. Kepel Gilles. La democracia en la zona ya no es una prioridad para EEUU Clarn, 9-8-06. Febbro Eduardo. Luces y sombras de la primavera rabe. Pgina 12, 20-3-05. Achcar Gilbert. El agujero negro de los estados rabes.Le Monde Diplomatique, julio 2005.
10 Un informe detallado de la confiscacin de Cisjordania exponen: Editors. Two status for a single land?. Dialogue n 12, march 2005. Tambin: Chomsky Noam. Israel persigue anexionarse las tierras ms valiosas. Rebelin. 4-8-06. Ali Tariq. Hay una guerra colonial prolongada por delante Clarn, 5-8-06.
11 Ben David detalla los efectos de la particin. Ben David Arie The right of return: against the principle of the ethnic state. Dialogue n 10, august 2005.
12 Esta accin fue un ejemplo contundente de lo que Harvey denomina acumulacin por desposesin. Harvey David. The New Imperialism, Oxford University Press, 2003 (cap 4).
13 Jawad Saleh Andel. Un sociocide. Inprecor n 517, mai 2006, Paris.
14 La relacin de Estados Unidos con Israel es descripta por: Wallerstein Immanuel. Qu puede lograr Israel? Rodela.net. 04-08-06. Walt Stephen, Mearsheimer John. El lobby israel y la poltica exterior de EEUU. Sin Permiso, 30-7-06. Petras James. El Lbano est peleando por su soberana. CX36 R. Centenario, 7-8-06.
15 Irn es el enemigo estratgico de Israel. Rein Raanan. Israel tiene derecho a usar la fuerza. Clarn, 7-8-06.
16Un detallado informe de estos planes expone: Hersh Seymour. Ensayo general para Irn, El Pas, 20-8-07. Un anlisis del mismo proceso plantea: Meyssan Thierry. La guerra de civilizaciones (Red Voltaire. CO n 1035, 23-12-04. Meyssan Thierry. Los neoconservadores y la poltica del caos constructor. Red Voltaire, 1-8-06.

17 Widder Sergio. Antisemitismo sin excusas. Pgina 12,1-8-06. Desde el momento que estn involucrados pueblos rabes de origen semita, correspondera ms bien el calificativo de antijudo.

18
El lazo mstico que el judo tiene con la tierra de Israel (obedece a que)Israel representa para el pueblo judo un elemento indisoluble de su identidad. Goldman Daniel Un antisemitismo vergonzante, Pgina 12.18-8-06. En oposicin a este visin simplificada, la relacin entre sionismo y judasmo fue planteada en trminos mucho ms elaborados por los tericos marxistas. El texto clsico de Len puede ser visto como una polmica con el sionismo de izquierda de Borojov. Len. Abraham. La concepcin materialista de la cuestin juda, Ed. El Yunque. BsAs, 1975. Borojov Ber. Nuestra Plataforma, Bases del Sionismo Proletario.
19Una descripcin de este drama presenta: Khalaf Issa. La patologa del poder israel. Rebelin, 3-8-06.

20 Achcar describe algunos de estos paralelos. Achcar Gilbert. El doble ataque israel sobre Lbano y Palestina. Liberazione, 15-7-06. Achcar Gilbert. Los planes imperiales de EEUU son un barco que se hunde. www. Espacioalternativo.org 6-8-06. Tambin: Trablusi Fawaz. Lo importante es que por primera vez Israel no hay una victoria clara de Israel. Clarn, 31-7-06. Haddad Khaled.Israel perdi la guerra y busca una victoria en la ONU. La Nacin, 8-06. Otra visin ofrece: Luttwak Edgard. Se equivocan los que creen que gan Hezbollah. Clarn, 27-8-06.-
21 Todo lo visto constituye apenas un anticipo de la pelcula principal que ser otra invasin en mayor escala, anuncia un hombre de la derecha. Shalom Silvn Un acuerdo que podra llevar a un nuevo conflicto. La Nacin, 14-8-06
.
22Achcar plantea un balance de la Intifada, Mulhem analiza el rgimen sirio y Massad describe los condicionamientos al Hamas. Acchar Gilbert. De la premire intimada au succs du Hamas. Inprecor 517,mai 2006, Paris. Mulhem Monif. Quand on decide se battre, il faut accepter de se faire arreter. Inprecor, 98-499-octobre novembre 2004. Massad Joseph. Hamas and the conditions of funding. Dialogue n 12, march 2005.
23 Khaled. Malik. The right of return. Dialogue n 1, 2002.

24Smith presenta una sntesis de las discusiones actuales sobre la definicin de nacin. Smith Murray.La question nationale en Europe occidentale. Critique Communiste n 171, hiver 2004.

  • 25 El anlisis clsico de este debate fue planteado por: Roman Rosdolsky: Friedrich Engels y el Problema de los Pueblos "Sin Historia", Mxico, Pasado y Presente, 1980.
  • 26 Este modelo binacional es postulado por Warschawski Michel. Face aux impratis de la revendication nacionales des deux communautes. Inprecor n 517,mai 2006, Paris. Warschavski Michel. La centralit de la question palestinienne. Inprecor 498-499, octobre-novembre 2004.
  • 27 Esta tesis plantean entre otros: Sachs Jeffrey. Fanticos y moderados La Nacin, 2-8-06. Gregorich Luis. Medio Oriente, sin finales felices. La Nacin, 15-8-06.
    28 Manson Meter. Fight for two states, fight for Arab unity. Weekly Worker 636, 3-8-06. Peled Yoav. Zionist realities. New Left Review, n 38, march-april 2006.
    29 Ramrez resalta esta diferencia. Ramrez Roberto. El drama Palestino Socialismo o Barbarie, 6-8-06.
    30 Callinicos Alex. Why two states is not the solution for Palestine. Socialist Worker, 5-8-06. Tilley Virginia The secular solution. New Left Review, n 38, march-april 2006. En la izquierda de Argentina: Altamira Jorge. Lbano: una derrota gigantesca del imperialismo. Prensa Obrera 959. 8-8-06. Cinatti Claudia. Transformar la resistencia en una lucha generalizada de libracin nacional y social . La Verdad Obrera n 198, agosto 2006. Ramrez Roberto. Por un estado nico, laico y democrtico en toda Palestina. Socialismo o Barbarie, 6-8-06. F.M. Por qu Laico, democrtico y no racista?. Alternativa Socialista, 10-8-06.
    31 Plantean esta opcin los promotores de la revista Dialogue. Review for discussion between arabe and jewish activists of Palestine.

    32 El gran acierto de Lenin fue resaltar la dialctica que vincula a ambos procesos, en oposicin al cosmopolitismo inocente, que fantasea con la autodisolucin espontnea de los prejuicios nacionales a travs de una prdica fraternal. Un sustancial anlisis de los debates del marxismo sobre la cuestin nacional ha desarrollado: Lowy Michael. Patrias o planeta?, Homo Sapiens, Rosario, 1998.

    33 Oppenheimer Andrs. Las criticas a la guerra en Amrica Latina. La Nacin, 8-06.
    34 Nasrallah Sabed Hassan. Mientras exista el imperialismo la paz es imposible. La Haine, 20-8-06.
    35 Pgina 12, 6-8-06.
    36 La idea que Israel representa los valores de la libertad y Hezbol los principios del totalitarismo fue repetida al mejor estilo Vargas Llosa como justificacin de la masacre. Asumi esta postura: Birmajer Marcelo. En defensa de la libertad. La Nacin, 25-8-06.
    37 Todava no podemos entender como es que hay sectores de izquierda que apoyan a un movimiento teocrtico, fundamentalista, terrorista y fundamentalista como Hezbollah. Kirszenbaum Jorge, presidente de la DAIA. Masivo acto de apoyo de Israel en Buenos Aires. La Nacin, 15-8-06.






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