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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2006

Sahara Occidental
Bernab Lpez y la solucin autonmica

Lih Beiruk
Poemario por un Sahara libre


El profesor Bernab Lpez se obstina en seguir insinuando a los saharauis las supuestas benevolencias de una concreta solucin autonmica, propuesta a la que se refieren las autoridades marroques como "honorable para nosotros y vosotros". [Ver: Tnel negociador en el Shara]

En ningn momento se le debe negar a nuestro ilustre profesor un conocimiento, casi al dedillo, y no es una tarea banal, de las realidades del Majzn y su inextricable funcionamiento. Es un asiduo del pas magreb, y como tal puede perfectamente hacer suya la afirmacin de un clebre poltico latinoamericano del siglo XIX, que dijo, refirindose al imperio americano: "He vivido en el monstruo y conozco sus entraas".

La naturaleza medieval y represiva del rgimen marroqu, su majzeniana concepcin del poder, aderezada con la doctrina jacobina instaurada en el reino desde la poca del mariscal Lyautey, y su destreza en crear las apariencias de un Estado homologable con los cnones del mundo moderno no pueden ser ignoradas por un habitual del serrallo marroqu. Sin embargo, en el momento en que ese mismo Marruecos acosado por la comunidad internacional para que ponga trmino a un conflicto de descolonizacin y por el auge de una intifada que cada da gana mayores adeptos, y fracasada su poltica de anexin por la fuerza de unos territorios invadidos y posteriormente ocupados en flagrante violacin de uno de los principios bsicos del derecho internacional, el de los pueblos a la libre determinacin [y esto no lo dice el movimiento solidario, sino la propia carta de las Naciones Unidas, resolucin 1514 (diciembre de 1960)], en un empeo por seguir mofndose de la comunidad internacional, propone una solucin que pretende autonmica, el seor Bernab hace abstraccin de toda esta realidad marroqu que tan bien conoce, renuncia a todos sus conocimientos como hombre occidental y acadmico y se erige en defensor de una autonoma dentro de Marruecos!

Es preciso acaso recordarle al profesor que un rgimen autonmico, en la acepcin internacional del trmino, es el resultado de un largo y laborioso proceso histrico que han conocido las sociedades occidentales como producto de una evolucin natural de los estados y sus regiones, y que no puede concebirse sin tener en cuenta factores insoslayables como, por ejemplo, un elevado nivel de democratizacin, la tradicin histrica, la cultura poltica de la sociedad; y, lo que es ms importante, que la autonoma se aplica a una regin perteneciente histrica y polticamente al Estado en cuestin... O es que pretende que un dahir cherifiano puede hacer de varita mgica y sustraerse de toda esta realidad?

El afn que rezuma de sus escritos cuando aborda el conflicto del Shara Occidental y las hipotticas propuestas de solucin al mismo denotan, sobre todo para los que seguimos de cerca la evolucin del conflicto y lo que sobre el mismo escribe Bernab, un tropismo, sutil quizs pero no por ello menos evidente, por las tesis en boga y en boca de los turiferarios del Majzn. Esta posicin suele ir arropada con referencias que aluden a una supuesta responsabilidad que se pretende compartida por los dos principales actores del conflicto saharaui, esto es, Marruecos y el Frente Polisario, o cimenta su argumentacin sobre la base de una amalgama intelectual en la que los saharauis, agredidos y despojados de sus territorios, se sitan por igual a Marruecos, pas agresor y responsable, un da s y otro tambin, de violaciones de los Derechos Humanos de la poblacin saharaui en los territorios ocupados.

El conflicto saharaui, como acertadamente seal Luali Mustaf, surge "despus de una colonizacin de rebajas" (Le Monde, 14/15-XII-1975). "Espaa ha llevado a cabo una descolonizacin deshonrosa que se ha visto interrumpida por una invasin militar en contra del ordenamiento jurdico internacional vigente. Por ello, de lo que se trata es de restaurar la justicia, es decir: dar a los saharauis lo que es de los saharauis".

El recurso de pretender asimilar el verstil lenguaje poltico marroqu, que cambia con cada nueva coyuntura, a las legtimas reivindicaciones del movimiento solidario que defiende un principio del derecho internacional reconocido por toda la comunidad internacional, en la primera premisa del "razonamiento" del seor Bernab, no puede estar exento de la intencionalidad de hacer abstraccin de las races del conflicto, que el autor pretende despachar diciendo: "Por oportunismo y errores polticos de los gobernantes del final del franquismo, la descolonizacin del Sahara deriv hacia una ocupacin del Territorio". La referencia que hace a la situacin actual que atraviesa Timor Oriental no est exenta del propsito de arrimar el ascua a la sardina marroqu.

Si bien es cierto, como seala un eminente periodista francs, que la fascinacin que ejerce el reino marroqu sobre muchos de sus asiduos visitantes suele nublar las capacidades de discernimiento poltico de muchos de ellos, el seor Bernab siempre ha sabido conjurar estos hechizos, y no sera de justicia no reconocerle una visin aguda y una lucidez indiscutible cuando se refiere en sus escritos a la imperiosa necesidad de que en Marruecos se lleven a cabo transformaciones polticas, sociales y econmicas, a la necesaria democratizacin, no de fachada, como se ha hecho habitual, de las macilentas y arcaicas instituciones del Estado, a ms mrgenes para la libertad de expresin, a mayores espacios de participacin de la sociedad civil, a un mayor respeto de los Derechos Humanos y de las libertades fundamentales. Sin embargo, esta serenidad y objetividad en el juicio se obnubila en el profesor cuando aborda el conflicto del Shara Occidental y la bsqueda de una solucin al mismo.

No es fortuito que haya una coincidencia en la intencin marroqu de proponer una solucin autonmica como "nica viable" y las elucubraciones del profesor Bernab en su trabajo publicado por El Pas el pasado 17 de junio, donde pretende haber hurgado en el supuesto acta verbal de la reunin habida en septiembre de 1996 entre el entonces prncipe heredero marroqu y una delegacin saharaui. De esa acta el profesor extrae unos propsitos, atribuidos a Bachir Mustafa Sayed, de aceptacin de una solucin autonmica.

Primero, y aqu flaquea la lucidez de nuestro amigo, Bernab da fe a los contenidos de un acta verbal suministrado por los marroques. Si bien es cierto que ste fue publicado por un rgano de prensa poco ortodoxo con las tesis oficialistas (Le Journal Hebdo), debe saber que todo proceso verbal de una negociacin, para que sea tal, debe estar debidamente firmado por las dos delegaciones negociantes. Para la delegacin saharaui no hay constancia de que esto haya sido as. Si se trata de un texto de trabajo de la delegacin marroqu, conociendo los arraigados hbitos del Mazjn, se impone al profesor un margen de cautela, antes de dar por hecha semejante afirmacin.

Pero, aun haciendo abstraccin de estos hechos, es evidente que el profesor ha hecho un lectura selectiva del citado acta verbal, pues cuando Basri insiste en que "el prncipe heredero habla de regionalizacin, [y] usted [en referencia a Bachir] habla de autonoma", Bachir responde de manera palmaria: "No, nosotros hablamos de independencia, pero facilitadnos vuestras proposiciones sobre la autonoma, la regionalizacin es una regresin, es que para vosotros [los marroques] la regionalizacin es la autonoma?".

Ms adelante, si an le caben dudas a nuestro amigo, Bachir habla de "el Shara Occidental independiente, con relaciones especficas, de buena vecindad, y de confianza mutua", para aadir: "Si me lo permiten, acepten la oferta de una solucin durable y justa, y dejemos para otras ocasiones el cmo durable y cmo justa. Lo que Driss Basri llama mito [la independencia], acptenlo y cederemos en el resto". Y por fin concluye Bachir, en referencia a su inters por obtener mayores detalles sobre la autonoma que los marroques puedan ofrecer: "Esto no refleja nuestra posicin. Yo he hecho estas preguntas para poder tener una referencia sobre la posicin marroqu".

Sin embargo, no debiera olvidar nuestro ilustre acadmico la justa lucha de los saharauis por defender sus derechos y su resistencia a una ocupacin que ha generado un drama de enormes dimensiones, que deben disuadir a toda persona que se pretenda bien intencionada de prestar sus servicios a una empresa colonial que ha sembrado la muerte y la desolacin, por no hablar de la inestabilidad endmica en que el conflicto ha sumido a toda la regin del noroeste africano.

Sin la asistencia de plumferos y otras conexiones en el exterior, Marruecos no seguira siendo lo que es: un rgimen medieval, represivo, liberticida que sobrevive nicamente gracias al empeo de Francia, cuyo incondicional apoyo a la monarqua alauita nunca ha flaqueado porque mantiene unas relaciones casi de promiscuidad en las que se mezclan los intereses de una clase poltica ebria del fasto con que hbilmente la monarqua agasaja a sus huspedes y un pattico, obsesivo y permanente propsito revanchista contra Argelia, convertida en nmesis de la mayor parte de la clase poltica gala.

Pues, como bien constata un atento observador de la escena poltica del reino, esa clase poltica que hoy tiene entusiastas y nefitos mulos en la Piel de Toro no repara en los excesos a la hora de corresponder a la liberalidad del monarca.

Cmo sorprenderse de que Hassn II haya gozado en el exterior, en especial en Francia, de toda una cohorte de aduladores, tanto caballeros como escuderos, siempre dispuestos a intervenir para sacar brillo a la imagen de Marruecos o cantar las alabanzas del rey ? Quienes a finales de los aos 80 no vieron a Maurice Duverger, a Antoine Pinay, a Jacques Chaban Delmas y a tantos otros alabar hasta la desmesura en la televisin publica marroqu los mritos privados y pblicos del monarca "se han perdido un monumento a la bufonera" (Thierry Oberle, Le Figaro, 23-V-2006).

En todo caso, quienes prestan sus servicios sin escrpulos para mantener en perfusin la existencia de un rgimen desptico y autoritario deben saber que todo intento por edulcorar las iniciativas de Majzn es un esfuerzo que, adems de vano, slo conseguir, en el mejor de los casos, el poco glorioso papel de prolongar las angustias de los pueblos marroqu y saharaui y seguir alimentando el germen de la inestabilidad en toda la regin. Y con un agravante adicional: ni siquiera tendr el mrito de la originalidad de los propsitos.

A ese indefectible apoyo francs se suma, con un mpetu inigualable, el actual Ejecutivo espaol, que, se dira, piadoso deseo, pretende disputar a los franceses la preeminencia en las relaciones con la monarqua.

En este propsito, el actual Gobierno espaol dispone de una legin de personalidades polticas y acadmicas que se entregan con devocin a encomiar las " bonanzas" del reinado de Mohamed VI, sirvindose, como nico argumento, de pequeos retoques cosmticos para consumo exterior que no tienen ninguna incidencia real sobre el funcionamiento de un rgimen cuya naturaleza sigue siendo sustancialmente la misma. En un peridico habitualmente indulgente con el reino como Le Figaro, el periodista y gran reportero Thierry Oberle hace esta constatacin sobre la realidad del poder en el Marruecos de hoy:

Desde hace siete aos, jams se ha propuesto cuestionar la distribucin del poder, que sigue estando concentrado en la mano de un solo hombre, designado por Dios. Descendiente, segn la tradicin alauita, del Profeta, Mohamed VI acumula las funciones. Persona inviolable y sagrada, es a la vez Amir el Muminin [Comendador de los Creyentes] y gua poltico, es actor y rbitro, mediador y ltimo recurso. Finalmente, es, gracias a su inmensa fortuna, el patrn del pas, en el sentido econmico del trmino.

Dinero, poder, religin: Mohamed VI se inscribe en la tradicin familiar. Formado por Hassn II, retoma, con su estilo, las recetas de su padre, adaptndolas a la poca.

* Lih Beiruk es Consejero de Presidencia de la Repblica rabe Saharaui Democrtica.



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