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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2006

Cronopiando. Jack visita Galicia
Diario ntimo de Jack el Destripador/10

Koldo y Mercader
Rebelin


En mala hora decid este verano irme de vacaciones a Galicia. Pensaba que en aquella tierra, al amparo de sus playas y montes, iba a poder descansar de los rigores de mi oficio y, porqu no, aprovechar tambin el tiempo para ejecutar algunos trabajos pendientes en la regin. En el mundo del destripamiento como en el mundo de la cancin, la ociosidad se paga cara y necesitaba volver a situar mi nombre en las primeras pginas e informativos antes de que mi pblico me olvidara.

No era la primera vez que visitaba Galicia. Aos atrs haba realizado algunos trabajos por el litoral en la esperanza de recuperar fama y buen nombre pero, primero el hundimiento de un barco petrolero y luego el rosario de idiotas declaraciones de las autoridades coparon titulares y primeras pginas y yo me qued sin reportaje. Ni siquiera en El Caso logr hacerme con alguna resea que destacara mi obra.

Como si no fuera suficiente con la competencia de tantos zafios maridos machistas tirando de gatillo y de cuchillo alegremente, sin ninguna elegancia o estilo, la incompetencia de un presidente y de un gobierno provocaba ms daos en un minuto que el que yo pudiera generar en diez vidas que tuviera.

Llegu a pensar, incluso, en modificar mi modo de operar y adquirir un petrolero con el que pasearme frente a las costas gallegas. Aunque tirase por la borda mi bien ganada fama de fino destripador, haba que adaptarse a las exigencias de los tiempos y modernizar las herramientas de trabajo. Haba que incorporar las nuevas tecnologas que a desalmados empresarios, sin ninguna preparacin, les permitan despanzurrar mucha ms gente y en menos tiempo. No poda seguir viviendo de espaldas al futuro.

Y si alguna duda tuve entonces, razn por la que decid persistir en mi carrera de destripador, ninguna me queda ahora en que, aos despus del accidente del Prestige, regreso a Galicia dispuesto a ganarme con mis ejecuciones el respaldo de los medios de comunicacin y me encuentro con que las portadas se las llevan unos cuantos octogenarios pirmanos que han prendido fuego a los montes.

Otra vez me cuestiono seguir en mi oficio, cada vez ms decidido a empear mi viejo juego de armas blancas y adquirir un par de latas de gasolina y una caja de cerillas con que insertarme en los retos del milenio.

Y cuando, finalmente, luego de mucho meditarlo, me decido a destripar mi propia vocacin, esa que haba venido ejerciendo con tanto amor y constancia, y a incorporarme a la quema de bosques antes de que no quede ninguno, descubro desolado que otro nuevo crimen que no lleva mi firma ocupa las primeras pginas de los medios.

La vertiginosa velocidad con que los tiempos cambian haba vuelto, antes de iniciarlo, a dejar en ridculo mi proyecto pirmano.

Una empresa qumica, la Brenntag, una de esas plantas que cuando se instalan en un lugar decididas a crear empleo siempre tienen que soportar las crticas de sectores opuestos al progreso, haba sufrido una explosin, por supuesto accidental, quedando reducida a escombros y vertiendo en el ro Umia, en Pontevedra una mancha azul que ya tiene 5 kilmetros y que, al parecer, arrasa todo lo que toca, flora, fauna, todo lo mata.

As que ahora no s qu hacer, si reconvertir mi viejo negocio de destripamientos al por mayor en una empresa de pirmanos annimos, montar una empresa qumica o crear una compaa naviera para el transporte de petrleo por las costas gallegas. Lo que tengo claro es que el crimen, por ms profesional que sea su intrprete y su ejecucin, no puede competir con los accidentes, con esos crmenes perfectos, tan habituales en la India, Nigeria y Galicia, que pueden dejar huellas pero nunca dejan presos.



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