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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2006

La Asamblea Constituyente en Bolivia: el juramento del juego de pelota dos siglos despus

Rubn Martnez Dalmau
Rebelin


A ninguna oligarqua nunca le ha gustado la democracia. Es lgico, por lo dems, porque los oligarcas sienten esa mezcla extraa entre miedo y desprecio al pueblo semejante, imagino, a descubrir que el billete que se nos ha cado del bolsillo ha ido a parar al lodo. Y si no, habrselo preguntado a Lus XVI, cuya torpeza dio pie a la primera gran actuacin del poder constituyente en Europa, hace ya de eso ms de dos siglos. Es cierto que las ideas de la ilustracin estaban calando hondo, que el absolutismo cada vez encontraba ms dificultades para legitimarse en la simple voluntad de Dios y que el liberalismo haba hecho mella en Estados Unidos. Pero tambin lo es que la actuacin del rey francs no fue de las ms lcidas. Para empezar, despus de siglos sin querer saber nada de ellos, convoc a los Estados Generales para aumentar los impuestos y afrontar las maltrechas cuentas del reino.

Los Estados Generales eran formas de representacin feudal divididas en tres brazos: el noble, el religioso y el tercer estado. Qu es el tercer estado?, se preguntara el abate Sieys que, pese a ser abate, formaba parte de ste (lo cual demuestra que haba un poco de todo en todos los sitios, y que las cosas tampoco han cambiado tanto). No era una pregunta ingenua. La toma de decisiones por estados daba siempre la victoria a la suma de los otros dos brazos, minora social pero mayora poltica, frente al resto, representante de ms del 90% de la poblacin. Era democrtico que la minora dominara a la mayora? Por supuesto que no, y la solucin la propuso el propio Sieys: el tercer estado es la Asamblea Nacional. As que los miembros de los otros estados que quisieran sumarse, podan hacerlo. No sin resistencia, muchos de los nobles y de los religiosos pasaron a formar parte de la Asamblea. Los que no lo hicieron, se fueron a sus casas.

Lgicamente, la ira del rey fue tremenda. l que los haba convocado, que les haba cedido Versalles para su reunin, y ahora le daban la espalda. Lo primero que se le ocurri fue sacarlos de palacio, orden reparaciones en la sala de los menus plaisirs, donde se reunan los Estados Generales, y la guardia real no les dej ingresar aquella maana de junio de 1789 porque iban a llegar los albailes. Pero a los asamblestas franceses ya no les importaba: tenan claro su destino. Airosos, salieron de las dependencias reales y se reunieron en el primer espacio amplio y cerrado que encontraron, una sala de juego de pelota que fue protagonista del verdadero acto revolucionario: la Asamblea Nacional se declar constituyente. Mounier y Sieys redactaron el que sera conocido como juramento del juego de pelota: los asamblestas permaneceran reunidos hasta ofrecer al pueblo una Constitucin. El pincel de David capt el momento revolucionario en un lienzo que puede admirarse en el museo del castillo de Versalles. En l, los constituyentes franceses realizan el juramento mientras los ciudadanos aplauden asomados por los altos ventanales de la sala de juego. Unos das despus, el pueblo de Pars tomaba la crcel de la Bastilla, que representaba el poder del absolutismo. El 1 de diciembre de 1792, tras haber confirmado la traicin del rey, Lus XVI fue condenado a muerte por la asamblea. La decisin, como todas en el seno de la asamblea francesa, fue tomada por mayora simple: 361 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones.

En el momento histrico del juramento del juego de pelota encajan perfectamente teora y prctica. La asamblea constituyente es poder originario, y se sita por encima de cualquier poder constituido. La construccin terica busca la legitimidad de la constituyente por el mandato directo del pueblo soberano, detentador de la soberana, que la activa. El poder constituyente no puede ser sometido por los poderes constituidos, porque perdera su esencia legitimadora, poltica en su sentido ms puro. Los poderes constituidos el rey, el gobierno, el parlamento- existen porque as lo ha decidido el pueblo a travs de su Constitucin, producto de la activacin del poder constituyente. Los poderes constituidos no pueden limitar al poder constituyente, porque ste es ilimitable por su propia naturaleza constituyente. Cuando el pueblo activa su soberana, a travs del poder constituyente, no hay minora que pueda bloquear sus decisiones.

Que el poder constituyente no sea limitable no significa, lgicamente, que los poderes constituidos no quieran limitarlo. Es fundamento del pensamiento oligrquico, y no slo a finales del siglo dieciocho. Los colombianos, por ejemplo, conocen bien esta cuestin. Las condiciones sociopolticas crticas en las que vivi Colombia durante la dcada de los ochenta provocaron una salida constituyente. A principios de 1990 estudiantes y docentes universitarios promovieron la idea constituyente, pero se encontraban con el problema del lmite del poder constituyente por el poder constituido: la Constitucin vigente, decimonnica, no ofreca ningn tipo de iniciativa de reforma al pueblo. La idea fue activar el proceso constituyente a travs del referndum: incluir una sptima papeleta una papeleta ms adems de las seis legales- en las elecciones de marzo de 1990. Se contabilizaron ms de dos millones de sptimas papeletas. El poder soberano del pueblo se haba concretado de forma democrtica, y los gobernantes tuvieron que escuchar su voz. El recin elegido Presidente Csar Gaviria intent decretar el mbito de actuacin de la Asamblea Constituyente, tratando de restringirlo. La Corte Suprema de Justicia colombiana fue clara: el poder constituyente no tiene lmites, y por lo tanto no puede ser limitado por el poder constituido. Por lo tanto, la Constitucin fue cambiada desde la primera palabra hasta la ltima, sin ningn lmite que pudiera haberse decretado por el gobierno. Fue un triunfo de la soberana del pueblo. La Asamblea Nacional Constituyente colombiana, de acuerdo con el artculo 63 de su Reglamento, tomaba las decisiones por mayora.

El ms reciente ejemplo de la activacin democrtica de la soberana del pueblo, a pesar de las limitaciones pretendidas por los poderes constituidos, es el de Venezuela. La Constitucin de 1961 no reconoca ninguna iniciativa de reforma constitucional que no fuese decidido por un poder constituido, el anterior Congreso de la Repblica. Pero este Congreso era contrario a cualquier reforma impulsada por el recin elegido Presidente Hugo Chvez. El Presidente convoc a un referndum sobre la posibilidad de activar el poder constituyente del pueblo, consulta que tuvo lugar en abril de 1999. Ms del 92% de los participantes votaron afirmativamente. El Congreso se opuso a que la Constituyente tomara decisiones sobre los poderes constituidos. La Corte Suprema de Justicia venezolana tambin fue clara en este aspecto: el poder constituyente es originario y, por lo tanto, no puede ser limitado por los poderes constituidos. Un dato ms: el artculo 6 del Estatuto de funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela define la forma de votacin en el seno de la asamblea: las decisiones se toman por mayora de los presentes.

Ahora ha llegado el turno de Bolivia. Una vez ms, como ocurri desde el principio, las oligarquas minoritarias- buscan limitar el poder constituyente. Alegan que la ley de convocatoria prescribe una mayora cualificada para tomar cualquier decisin en el seno de la Asamblea cuando, en primer lugar, no lo hace; y, en segundo lugar, aunque fuera as, el poder originario y, por lo tanto, ilimitado del constituyente no puede verse afectado por este tipo de prescripciones que atentan contra su naturaleza poltica. La minora no puede decidir sobre la mayora en el marco de una constituyente, porque sera un acto de los ms antidemocrticos que puede imaginarse. El pueblo decidi qu mayora quera en la conformacin de la asamblea cuando vot su composicin. Lo que la oposicin boliviana no ha ganado en las urnas no puede ser defendido haciendo creer que la constituyente es limitada, o que el crculo es cuadrado.

En definitiva, hay que insistir que a las oligarquas no les gusta la democracia. Pero no se dan cuenta del enorme acto de ceguera poltica que es luchar contra la soberana de los pueblos. Si el pueblo boliviano est dispuesto a refundar su Repblica, y todo indica que s, se asomarn a los ventanales de la sala, en Sucre, para apoyar a sus constituyentes. Y estos debern repetir el juramento del juego de pelota ms de dos siglos despus: no disolverse hasta ofrecer a Bolivia la mejor Constitucin posible.

Rubn Martnez Dalmau es profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de Valncia

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