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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2006

Fundamentalismo

Vicente Romano
Rebelin


Cuando los escribas y fariseos le llevaron a Cristo una mujer adltera para que opinase sobre la ley de Moiss, o sea, la de lapidar a tales mujeres, Cristo les respondi: El que de vosotros est sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.[1]

Parafraseando a Jess, podra aplicarse lo mismo a quienes acusan a otros de fundamentalismo. Pues, tampoco el Occidente cristiano presenta una historia libre de fundamentalistas, de fanticos religiosos, o integristas, como se denominan hoy. Los papas y predicadores enardecan a los cristianos durante la Edad Media para enrolarse en las cruzadas prometindoles el paraso a quienes cayeran en el campo de batalla. Exactamente igual que los fundamentalistas islmicos de ayer y de hoy. As, por ejemplo, el papa Urbano II (n. en 1042), promotor de la primera de ellas, y llevado tal vez de un profundo amor al prjimo, la calific de guerra santa para exterminar la raza funesta de los musulmanes. Baste recordar, igualmente, con qu celo los Torquemadas de turno enviaban al cielo las almas de disidentes, purificadas en el fuego de sus hogueras. En la Espaa actual tenemos a los Guerrilleros de Cristo Rey y a los Legionarios y Legionarias de Cristo, a los catedrticos que juran morir antes de permitir que un comunista acceda a la docencia, o la marginacin del gran escritor y dramaturgo Alfonso Sastre y tanto otros.

El fanatismo religioso ha estado siempre vinculado a la poltica. En los EEUU, por ejemplo, la ultraderecha defensora de los valores cristianos ha llegado incluso a colaborar con el Pentgono en la propagacin del terror tras el 11-S con el envo de cartas contaminadas con ntrax.[2]

Como otros muchos, el trmino fundamentalismo tiene tambin su origen en los EEUU. Desenterrar el significado de las palabras, identificar las fuerzas sociales que lo fijaron, puede ser un acto de resistencia intelectual y poltica.

Los trminos fundamentalismo y fundamentalista provienen de un grupo de telogos conservadores estadounidenses que se reunieron a finales del siglo XIX para definir los fundamentos de la fe cristiana. El conocimiento de esta historia, de suyo colateral, puede ser significativo en el contexto del uso que se hace hoy del concepto fundamentalismo islmico a fin de recabar apoyo para la guerra. Es muy raro que los medios de comunicacin occidentales definan este concepto, usado casi siempre en relacin con el Islam. Pero estos medios lo asocian a ciertas actitudes de ndole atrasada y peligrosa.

Sin embargo, el trmino lo acuaron a finales de la dcada de 1880 en el Seminario Teolgico de Princeton. En 1909 los hermanos Milton y Liman Steward, enriquecidos con la industria del petrleo, financiaron un proyecto llamado Fundamentals. Una serie de 12 volmenes publicados entre 1910 y 1915. Estas creencias fundamentales se resumen en cinco:

1) La Biblia es la palabra literal de Dios.

2) La divinidad de Cristo y su nacimiento virginal.

3) Cristo muri en la cruz, de suerte que quienes crean en l sern redimidos de sus pecados,

4) La creencia en la resurreccin literal de Cristo entre los muertos,

5) La creencia en la vuelta de Cristo a la tierra.

Fue un movimiento que dur poco. Mas, a los cristianos que sostienen estas ideas se le les llama fundamentalistas. As que el fundamentalismo es un movimiento teolgico cristiano relacionado con lugares, personas y acontecimientos especficos. El concepto se emplea peyorativamente para denotar, por extensin, los aspectos opresivos y retrgrados de cualquier religin. Se subsume que los fundamentalistas se oponen a la libertad de pensamiento y a la modernidad.

Pero cuando estos atributos se asignan a un grupo humano tan grande como el musulmn, nos hallamos ante la retrica infernal de la guerra. Se trata de un discurso inhumano que incluye a millones de personas inocentes (1 de cada 5 habitantes de la tierra) como enemigos. La presentacin que se hace de ellos en los medios de comunicacin es negativa: aspecto amenazador, sin afeitar, con una canana en el pecho, etc. Son seres deshumanizados, por lo que no es sino legitimo exterminarlos. Como hicieron los europeos con los habitantes indgenas de Amrica. He aqu, por ejemplo, cmo, llevado tal vez del precepto bblico de amars a tu prjimo como a ti mismo, se expresa el general Thomas Blamey a la hora de arengar a sus tropas en Iraq: Sabis que tenemos que exterminar estas sabandijas si queremos vivir nosotros y nuestras familias. No estamos tratando con humanos tal como los conocemos.[3]

La actividad clerical de ls capas altas de la Iglesia refleja tambin los intereses del gran capital. El fundamentalismo neoliberal de la fase actual del capitalismo se aprovecha del fundamentalismo religioso para proteger los beneficios de algunas empresas farmacuticas a fin de seguir sacando pinges beneficios. (El jardinero infiel). Al aprovechar la influencia de los dogmas religiosos sobre la poblacin, el capital se beneficia de la propaganda religiosa. Hasta el dirigente de la derecha francesa, Sarkozy, actual Ministro del Interior, aplica el lenguaje fundamentalista en relacin con las protestas de los barrios pobres cuando dice que le gustara utilizar una manguera de alta presin para limpiar las cits de la basura que las contamina.

Cuando el que se considera superior no entiende el comportamiento del inferior, deduce que su actitud se debe a la vileza y ruindad de su carcter. Se cuestionaba que tuvieran alma. La imagen dominante, e interesadamente propagada, de los "indios" era la de desnudez, desprovistos de vestidos, de cultura y de moral, o sea, provistos de pecado y desenfreno sexual.

A partir de ese momento se les aplica el ltigo y toda clase de eptetos despectivos: brbaros, viciosos, impos, siervos de los demonios, violadores de la naturaleza (precisamente a ellos), blasfemos, idlatras, etc. El cristiano europeo considera como un igual al indio americano. Pero se trata de un igual malo, pecador y, por tanto, merecedor de castigo[4] . A los 60 aos del "descubrimiento", Amrica estaba ya cubierta de cruces, desde el Mississippi hasta el Ro de la Plata y el Mapocho, cruces de cementerios y de templos, con sus correspondientes ciudades. Los moradores han quedado diezmados. Un siglo y medio despus de la conquista haban desaparecido casi 100 millones de seres humanos. De los 25 millones que haba en Mxico en 1500 slo quedaba un milln en 1600[5].

Ahora, igual que antes, el lenguaje vaco del derecho se orquesta con imaginarios y simbolismos que evocan profundas ansiedades raciales. Ahora, lo mismo que antes, el complejo militar-industrial enmascara su propio afn de beneficios, recursos y mercados con una ideologa de superioridad moral y cultural que le permite conquistar y desposeer a los pueblos en inters de un puado de favorecidos.

La realidad, en cambio, es bien distinta. Los fundamentalistas ms furibundos se encuentran en los EEUU, bien sea en los consejos de educacin de los Estados que prohben la enseanza de la evolucin o las edades geolgicas de la tierra y que imponen el creacionismo, bien en el gobierno federal de Washington, cuyo jefe presume de que es Dios quien le dice cundo debe exterminar a los malos.

Los fundamentalistas usamericanos han conseguido incluso que el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York no encontrase en el otoo de 2005 ningn patrocinador para una exposicin de la vida y obra de Charles Darwin. Pero el Museo Creacionista de Cincinati, que explica la historia natural tal como se narra literalmente en la Biblia, s obtuvo donativos por valor de 7 millones de dlares.

La iglesia creacionista, como se denomina este movimiento, se est extendiendo ya por Europa. La puerta de entrada es el Reino Unido, donde este grupo religioso se est introduciendo en los colegios pblicos con la connivencia del Estado. A travs de generosas donaciones por parte de sus ricos patrocinadores locales, el colegio elegido se ve obligado a seguir las recomendaciones acadmicas del nuevo equipo directivo. Las escuelas elegidas se encuentran en los barrios ms deprimidos y pobres del pas y suelen ser la nica opcin de escolarizacin para muchas familias. Al principio, padres y alumnos estn contentos con los cambios, pues reconvierten las escuelas en centros de primera calidad en lo que a instalaciones se refiere. Pero pronto surgen los consabidos problemas: nuevas normas de comportamiento, nuevos uniformes, seleccin del alumnado, del profesorado, y, lo que es ms grave, los dobles mensajes o esquizofrenia que los alumnos tienen que aprender: dos teoras de la evolucin. La que escribirn en el examen oficial es la de Darwin, pero la verdadera es la otra. As consiguen sus propias escuelas con el dinero pblico de todos. A partir de ese momento cualquier discrepancia, aunque venga avalada por la ciencia, es cuestin de opinin o de diferente punto de vista. Experiencias de este tipo tenemos en Espaa con los colegios religiosos y los concertados.

Aunque hasta los ltimos papas han puesto en entredicho la existencia del diablo, los fundamentalistas usamericanos describen la batalla contra los terroristas islmicos como un choque entre la cristiandad y a guy named Satan (un tipo llamado Satn)[6], en palabras textuales del general William Boykin. Esta lumbrera del entorno fundamentalista del Pentgono pide que los cristianos apoyen el plan divino del presidente Bush.[7]

Los milenaristas apocalpticos creen que una conflagracin mundial en Oriente Medio ser el preludio de la vuelta de Cristo. Otros fundamentalistas pretenden recrear los EUA bajo la ley bblica. (Comprese con la shara islmica).

El multimillonario predicador Franklin Graham, cuyo padre convirti a Bush sacndolo del alcoholismo, llama al Islam el mal, y otros fundamentalistas lo califican de idolatra, paganismo, etc. Mahoma es un pedfilo posedo por el demonio, y lindezas semejantes.[8] Como es sabido, hoy el diablo es musulmn, judo, mujer, homosexual.[9]

Cuando el terrorismo se ve como extremismo religioso o hereja violenta, su erradicacin puede adoptar formas violentas. Las distinciones maniqueas entre el bien y el mal, la seguridad y el peligro, convierten la denominada guerra contra el terror en unan misin divina. Su objetivo poltico es la exportacin de la libertad y la democracia. Disentir de esta misin equivale a una amenaza nacional y mundial. Nos hallamos, pues, no ante el lenguaje de una religin o de una tica espiritual, sino ante la de una religin o una tica de Estado, de poder, de territorio. De ah que para entender los crmenes de Abu Ghraib, Guantnamo, Faluya, etc., etc., haya que desvelar el lenguaje que camufla la tortura y el genocidio como seguridad nacional, proteccin de nuestras libertades, y eufemismos semejantes.

La religin cvica usamericana est impregnada de esta concepcin. Desde los primeros colonos, los puritanos del Mayflower, hasta el Manifest Destiny retomado por J. F. Kennedy, el continente americano se ha considerado como tierra de promisin. El Destino Manifiesto, el eslogan de los expansionistas yanquis lanzado en 1845 para capturar tierras para los millones de emigrantes que afluan de Europa, estaba muy lejos de la verdad. Conquistaron tierra para los millonarios, no para los millones de colonos.

El discurso de los medios de comunicacin, en particular los estadounidenses, es la retrica del terror, de la guerra. Presenta a quienes disienten de la poltica, de la cultura o las creencias dominantes como enemigos. Y es que la imagen oscura del enemigo da cohesin al Estado y sus sujetos. Marca la direccin de la comparacin. Permite simbolizar toda la bajeza y oscuridad que sea necesaria a fin de que la constitucin interna salga favorecida con la comparacin y aparezca colocada en orden Tener un smbolo exterior enemigo es imprescindible porque pone de manifiesto el deslinde de dentro y fuera. La ausencia de negacin exterior priva de gran parte de su esplendor al orden interno. [10]

Cuando un ser humano mata a otro se plantea la cuestin de si se trata de un homicidio o de una ejecucin, si es vctima de una guerra o de un culto. Si la cobertura de las atrocidades usamericanas y sionistas por los medios de comunicacin demuestra algo es la casi total corrupcin de esos medios. La prensa mantiene una actitud servil ante el poder. Presa de los privilegios, es reacia a desvelar las mentiras oficiales y combatir la desinformacin. La sociedad libre, honesta y justa necesita unos medios que promuevan el bienestar de todos en vez del de unos pocos.

S, la crtica de la sociedad propia se castig siempre, incluso con la muerte. La crtica a la sociedad es necesariamente crtica a los gobernantes. No seran dominadores si no dominasen las mentes. Por eso hay que preguntar por qu estn ah, quin los puso arriba, por qu la gente se calla cuando entra el jefe, por qu cuelga esa foto en la pared y no otra, cmo sirven los medios las noticias, y as sucesivamente. Si se quiere mejorar la calidad de vida, en vez de quejarse de la manipulacin habra que llamar a las cosas por su nombre.

En Grecia, los dioses castigaban la soberbia, el orgullo desmesurado, la hybris. Lo que haba que cultivar era la sofrosine, el justo equilibrio y la exacta conciencia de la propia posicin. Critias (40-403 a n. e.) declaraba abiertamente que los dioses eran una astuta invencin de los gobernantes para hacer respetar las leyes que ellos promulgaban.

S, el ser humano no es bueno. Mas, como dice Kurt Tucholsky, pedirle que no mate, ni siquiera bajo una bandera tica, es tarea y deber de seres humanos mejores.

Frente al fundamentalismo, la duda metdica, el pensamiento crtico. Para eso, afirma Frenando Ansa, hay que volver a las fuentes del racionalismo secular y universalista y adaptarlo a las necesidades de nuestra realidad.[11]

Hay que forjar nuevas formas de poder contra el capital. Las posibilidades que ofrece Internet pueden contribuir a la formacin y consolidacin de una opinin crtica mundial. La buena y gran poltica, en su expresin de fondo, busca la realizacin de todas las personas en la comunidad, nos dice el entraable Volodia Teitelboim.[12]



[1] Evangelio segn San Juan, 8, 7.

[2] Cf. Ruiz Borrachina, Emilio: Brujos, reyes e inquisidores, Barcelona 2003, p. 169.

[3] En Rajiva, Lila: loc. cit., p. 187.

[4] A ltimos de febrero la Iglesia brasilea ha pedido perdn por los abusos de la evangelizacin. A mediados de marzo tambin lo ha hecho el papa de Roma por crmenes parecidos. En 1972, en una visita a la reserva de los Micmacs de Nueva Escocia, Canad, el autor de este trabajo pudo comprobar personalmente el desprecio que senta el sacerdote catlico encargado de su bienestar espiritual cuando deca de ellos que ni siquiera saban plantar patatas, como haca l en su huerto. Pero no se haba molestado en ensearles.

[5] AA.VV.: Nuestra Amrica contra el V centenario. Emancipacin e identidad de Amrica: p. 204-206

[6] Un tipo llamado Satn (Obsrvese tambin el juego con la casi homofona Sadam-Satn.)

[7] Cf. Rajiva , Lila: The Language of Empire. Abu Ghraib and the American Media, New York 2005, pp. 171-172.

[8] Cf. Rajiva, Lila: loc. cit. P. 173.

[9] Vase el artculo de Eduardo Galeano Los diablos del Diablo, en Rebelin, 15-10-2005.

[10] Cf. Pross, Harry: La violencia de los smbolos sociales, Barcelona 1983, reeditado en 1989, p. 63.

[11] Ansa, Fernando: La reconstruccin de la utopa, Correo de la UNESCO 1999, p. 76.

[12] Teitelboim, Volodia: Un hombre de edad media. (Antes del olvido II), Editorial Sudamericana , Chile 1999.



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