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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2006

La propaganda

Vicente Romano
Rebelin


El trmino propaganda proviene de la Congregatio propaganda fide, establecida en Roma en 1622 para la propagacin de la doctrina catlica por el mundo y frenar los avances de la Reforma protestante.

Pero la propaganda religiosa y poltica ha existido de siempre, Entre los numerosos autores que teorizaron sobre ella basta con recordar a Platn con su mentira noble en Grecia, a Sun Tzu en China, Kantilya en India, Cicern y Quintiliano en Roma, Maquiavelo en la Italia renacentista, etc. [1]

En el contexto de la intoxicacin lingstica, la propaganda se entiende como produccin y difusin de mensajes dirigidos a influir en la conciencia y el comportamiento de un pblico determinado o de todo el pblico. La tarea de la propaganda estriba en imponer valoraciones e interpretaciones hasta el punto de que las personas se identifiquen con ellas y, as, adquieran validez social. Es, pues, una aplicacin de la violencia simblica. Pretende hacer creer algo, persuadir de algo. Tiene ms carcter apelativo que discursivo. Es, en alto grado, de ndole monolgica, no dialgica, contrapuesta al dilogo.

La propaganda tiene muchas caras, se sirve de mltiples medios y procedimientos, presenta estilos muy diversos. Hay, por mencionar tan slo unas cuantas, propaganda del rumor, del terror, misionera, del buen ejemplo, de guerra psicolgica, y las diversas formas del reclamo comercial.

En las sociedades capitalistas, el auge de la publicidad comercial y de la propaganda poltica han ido parejos desde principios del siglo XX hasta el actual. Como se sabe, son las grandes empresas y expertos publicitarios los que hoy da organizan las campaas electorales de los polticos en sus ms mnimos detalles. La industria del reclamo adoba con el autoengao cada rincn de nuestra cultura. Su lenguaje agresivo se corresponde con la agresividad del trardocapitalismo y del nazismo. Sus eslganes y consignas no dejan de ser un asalto a la razn (G. Luckas). Wake up to the dream (despierta al sueo), les grita una inmobiliaria desde una valla publicitaria en la Costa del Sol a los turistas angloparlantes. El reclamo no vende jabn sino belleza femenina, los coches no se hacen para facilitar el transporte sino para aumentar el prestigio social, no se aplauden los logros deportivos sino los triunfos nacionales. Hay que comprarse aparatos de aire acondicionado, nos dicen sus fabricantes, aunque la propaganda oficial intente persuadirnos, por otro lado, de que no los usemos para no quedarnos a oscuras.

El autoengao consumista corre paralelo con la muerte de la libertad. El hondureo Allan Mcdonald lo expresa as en

El poder de los pichingos

La publicidad roba la libertad,

El marketing secuestra la verdad,

Este es el rapto bestial del

Capitalismo sobre los derechos individuales

A la informacin veraz.

Palabra e imagen, discurso y pancarta, prensa, radio, televisin, cine, escuela, iglesia, becas, literatura, cancin y uniforme, caricatura y anuncios publicitarios, grupos de opinin, etc. , pueden desempear funciones propagandsticas.

La propaganda poltica tuvo sus maestros y tericos en la primera mitad del siglo XX. Lenin, con su concepto de agitprop, la utiliz como instrumento poltico al servicio de la educacin, organizacin y emancipacin de las clases trabajadoras.[2] El periodista estadounidense Walter Lipmann se refera a ella a principios de la dcada de 1920 como la falsificacin del consenso y la consideraba un rgano regular del gobierno popular.[3]

Pero la propaganda como comunicacin que pretende ocultar al pueblo los verdaderos objetivos del dominio, esto es, como comunicacin de los pocos orientada al dominio de los muchos (al dominio ideolgico de stos), tiene sus maestros indiscutibles en los nazis. Hitler en 1925, en su libro Mein Kampf, y posteriormente Goebbels, trazaron las pautas del empleo intoxicador de la propaganda, elevndola incluso a categora de arte, aunque perverso. Sus descubrimientos y tcnicas los desarrollaron y aplicaron despus los gobernantes estadounidenses, alcanzando su culminacin en la actual administracin Bush. De ah que valga la pena detenerse un poco a analizar los rasgos ms distintivos de esta perversin del lenguaje.

Este tipo de comunicacin se suele equiparar a sugestin, seduccin, cretinizacin del pueblo, etc. Dada su connotacin peyorativa, quienes se dedican a ella prefieren hablar de informacin, relaciones pblicas, trabajo con el pblico, cultivo y creacin de opinin, y otros eufemismos semejantes. Esta comunicacin toma en cuenta las relaciones recprocas entre entendimiento y sentimiento. El propagandista sabe que los seres humanos rehuyen las decisiones objetivas, las cuales, como todo conocimiento, requieren bastante esfuerzo. Por eso eligen los eslganes vacos que les lanzan los polticos, como libertad, democracia, seguridad, intereses nacionales, espacio vital, etc. Por la etologa se sabe que la tendencia innata a ponerse bajo la proteccin del poderoso conduce a la adaptacin. Por eso, en vez de argumentos, el propagandista aplica lemas de carga afectiva, frmulas emocionales vacas y mgicas, esto es, dolos conceptuales que estimulan nostalgias prerracionales y sentimientos bsicos, como los estereotipos simplificadores.

En el captulo VI de su libro Mein Kampf, redactado mientras estaba en la crcel en 1925, Hitler traz ya las directrices de la propaganda nazi, elevada luego a la perfeccin por su ministro Goebbels. Resumidas, estas directrices de Hitler son las siguientes:

a) Toda propaganda tiene que ser popular y adaptar su nivel intelectual a la capacidad de comprensin de los menos educados. La propaganda est para convencer a la masa, al pueblo. Pero ste tiene una disposicin tan femenina en su mayora que su pensamiento y accin lo determinan las emociones y no la reflexin.

b) El contenido de la propaganda no estriba en la formacin cientfica del individuo, sino en sealar a la masa determinados hechos, procesos, necesidades, etc. Debe ir dirigida cada vez ms al sentimiento y muy poco al entendimiento. La masa no est en condiciones de distinguir entre la injusticia ajena y la propia.

c) Para tener xito debe limitarse a unos pocos principios fundamentales y persistir en ellos. Esta persistencia es la principal premisa del xito, as como la homogeneidad de su aplicacin. As, por ejemplo, igual que un anuncio de jabn no puede calificar tambin de buenos otros jabones, el reclamo poltico no puede perderse en ponderar los distintos derechos, sino en acentuar exclusivamente uno. No tiene que investigar la verdad de los otros, sino servir constantemente a la propia.

d) Las consideraciones humanitarias o estticas no significan nada cuando se trata del ser o no ser de los pueblos, cuando se trata de la lucha por la existencia.

Paul Joseph Goebbels, su Ministro de Educacin Nacional y Propaganda la convirti en arte, esto es, la elev a la perfeccin tcnica (la tecn griega). Para l, la propaganda ocupaba el primer lugar entre las artes con que se gobierna a un pueblo. Segn Goebbels, el propagandista debe adaptarse a las masas, los grupos sociales, de edad y gnero, a su lenguaje, sus vivencias, etc. Debe conocer sus sentimientos, necesidades, temores y esperanzas. La propaganda debe ser creativa, cosa de la fantasa productiva. En analoga con el estado totalitario, tambin debe ser comunicacin y propaganda total, ocupacin y control de toda la comunicacin.

Goebbels, Hitler y otros dirigentes nazis provenan del entorno catlico y estudiaron a fondo las causas de la vitalidad de la Iglesia y sus mtodos pedaggicos y organizativos. De aqu sacaron la conclusin de que su xito se deba, aparte de la rigidez de la doctrina y el espritu de sacrificio de sus partidarios, a la incesante repeticin de unas cuantas verdades fundamentales y a su lenguaje popular.

La propaganda nazi, dirigida por su sumo sacerdote Goebbels, desarroll y perfeccion una serie de tcnicas, aplicadas luego por todos sus epgonos aquende y allende los mares. Un breve resumen histrico de las mismas puede ayudar a entender mejor la naturaleza y el xito de la actual.

La propaganda totalitaria parte de la premisa de su omnipresencia en cualquier lugar y momento de la vida. No llega solamente a los crculos interesados sino a toda la poblacin, ricos y pobres, mujeres y nios, obreros y campesinos. Nadie puede escapar a su influjo. Todos los medios vierten los mismos principios, los mismos valores. Para captar la atencin de todos los sectores de la poblacin se apela a los motivos sociales, al inter-esse de que habla Pross.

Para llegar a todos es necesario simplificar el lenguaje. De ah que la simplificacin sea una de las tcnicas fundamentales. No se trata de argumentar diferencias, sino de establecer dicotomas claras: positivo o negativo, el bien o el mal, amigo o enemigo, amor u odio, , verdad o mentira. As se aplica esta directriz bsica: afirmaciones categricas en vez de demostraciones, persuasin en vez de conocimiento. Los nazis de antes, como los fundamentalistas de ahora, en particular sus epgonos de Washington, tenan razn en la pereza a pensar. De ah el lema: quien piensa, duda. Pensar ha sido siempre peligroso para los dominadores.

Pero la ms hermosa de todas las dudas

es cuando los dbiles y desalentados levantan su cabeza

y dejan de creer

en la fuerza de sus opresores.

(B. Breccht: Loa a la duda)

La simplificacin de la exposicin presupone la simplificacin de los procesos mentales y de los conceptos. Espacio vital, caones en lugar de mantequilla, el eje, la fortaleza de Europa, seguridad, etc. Producto de la simplificacin son los eslganes, lemas, consignas, frases hechas, etc. Ejemplos: el eje del bien y del mal, intereses nacionales, my country wright or wrong, Este (barbarie) - Oeste (civilizacin).

A la saturacin, omnipresencia y simplificacin se suma la repeticin incesante de los mismos lemas, unida casi siempre a la hiprbole, la exageracin, el superlativo. El imperio de los superhombres iba a durar mil aos.

Los nazis perfeccionaron tambin la tcnica del silenciamiento y la ocultacin de informaciones. Algo ms de la mitad de las 50.000 instrucciones confidenciales dadas a la prensa fueron peticiones para que no publicasen ciertos datos o noticias[4]. Entre muchas otras cosas, los nazis obligaron a los medios de comunicacin a silenciar los preparativos para la guerra, y los campos de concentracin, ignorados hasta su liberacin. Millones de alemanes no se enteraron hasta despus de la guerra de que el verdadero autor del incendio del Reichstag no fue el presidiario holands Von der Lube sino el mariscal Goering.[5] Una vez estallada la guerra, la prensa alemana no public una sola noticia de las fbricas, estadsticas o produccin. Como se sabe, la tctica del silencio militar es tan antigua como las guerras entre los pueblos.

Otro tanto ocurri con la tcnica de la mentira . El alemn no tiene la menor idea de cmo hay que engaar a un pueblo si se quiere tener una masa de seguidores, escriba Hitler en Mein Kampf. Saba que las grandes mentiras son ms fciles de creer que las pequeas debido a su efecto de shock o a su audacia. Diez aos ms tarde, en su Discurso sobre la poltica de paz alemana (1 mayo 1935) peda medidas apropiadas para prevenir la contaminacin de la opinin de los pueblos por elementos irresponsables (sic ).

Pero la forma ms utilizada por los nazis para la distorsin de la verdad fue la mentira afirmativa, la proclamacin de intenciones, hechos, relaciones que revestan el cariz de verdadera conviccin. De este modo la propaganda totalitaria tenia que convertirse en un sistema de la falacia, basado en la fcil credibilidad y pronto olvido de las masas. Las mentiras afirmativas de los nazis fueron incontables. He aqu algunas: Nosotros decimos la verdad, Nosotros tenemos el verdadero socialismo, Hemos salvado a Alemania del bolchevismo, Nosotros queremos la verdadera paz, Nosotros hemos liberado a los obreros alemanes, Nosotros tenemos una prensa libre.

Todava en enero de 1939 afirmaba Hitler que crea en una paz duradera. Una vez iniciada la invasin de Polonia, los nazis gritaban que devolvan el golpe (que nadie les haba dado).

En suma, la mentira constituy desde un principio una de las herramientas imprescindibles de los dirigentes nazis. Goebbels teoriz sobre ella y afirmaba, entre otras cosas, que la mentira desconcierta a los hombres honestos y amantes de la verdad, de suerte que los incapacita para la resistencia interior.. El mentiroso especula con que el hombre amante de la verdad no puede imaginarse que se pueda mentir as, con la naturalidad osada e insolente con que l la utiliza (discurso del 10 septiembre 1936).

La intimidacin ha sido desde siempre uno de los compaeros ms importantes de los dictadores. Quien supere a los dems en medios fsicos y materiales y carezca de escrpulos morales se saldr con la suya en las cuestiones de poder. Hitler y los suyos carecan de todo freno moral, dispuestos siempre a tirar por la borda cualquier valor tico en aras del poder. Nada impeda, pues, a los nazis aplicar todas las formas de intimidacin para atemorizar y aterrorizar tanto a los alemanes como a las poblaciones de los pases ocupados.

El terror es consustancial a todos los dominadores, desde el uso de los uniformes y desfiles hasta la tortura con los prisioneros; desde las represalias contra la poblacin civil, hasta el uso de nios rusos empleados por los nazis como dianas para la prctica de tiro, o como escudos humanos colocados por los sionistas sobre sus tanques, hasta el envenenamiento de bosques, aguas y cosechas empleado por las fuerzas de los Estados Unidos de Amrica. La lista podra ampliarse ad nauseam.

Las amenazas vienen siempre de fuera, de los otros: los judos para los nazis, los palestinos para los sionistas, los comunistas para el capitalismo, el peligro amarillo (lase los chinos) para la cultura occidental, y as sucesivamente.

La intimidacin se lleva tambin a cabo mediante la escenificacin de los actos pblicos y las apariciones del jefe. Hitler y el nazismo tuvieron a su disposicin la maestra de Leni Riefenstal, famosa por la grabacin de las olimpiadas de 1936, su documentales y, sobre todo, por la puesta en escena de los acontecimientos pblicos de los nazis.

Smbolos, desfiles, uniformes, tribunas, luces, himnos, etc., pero sobre todo la omnipresencia cumulativa de la bandera, apuntan a crear un sentido de pertenencia en un clima de tensin emotiva.

Otra caracterstica de la perversin lingstica del nazismo es el pathos con que recargaba sus enunciados. Utilizaba un vocabulario sacado el mbito religioso y militar. Trminos como sacrificio, lealtad, orden, honor, sangre, suelo, patria, raza, voluntad de intervencin militar, ataque, libertad, igualdad, felicidad, pan y circo, progreso.

Finalmente, un rasgo esencial del nazismo la falta de humor. Rer es la mejor cualidad del ser humano, afirmaba M. Gorki. La falta de humor de los nazis constituye tambin uno de sus rasgos esenciales, esto es, uno de sus rasgos ms inhumanos.

En suma, las tcnicas propagandsticas nazis pueden resumirse en la simplificacin, saturacin, deformacin y parcialidad, as como en la equiparacin de los intereses de una minora a los de la totalidad de una poblacin, pars pro toto.

Modelo usamericano de propaganda

Ningn parecido de la propaganda nazi con la actual de Washington es casual. Tras la II Guerra Mundial, la CIA, el Departamento de Estado y el Servicio de Inteligencia Militar contrataron a miles de criminales de guerra nazis y sus colaboradores expertos en propaganda, guerra psicolgica y armas avanzadas. Los gobernantes estadounidenses esperaban obtener as ventaja en la lucha contra la URSS. El resultado fue la contaminacin de toda la propaganda yanqui con los valores, conceptos y lenguaje de estos expertos.

Con la mundializacin introducida por el capitalismo tras el derrumbe del campo socialista a comienzos de los 90, tambin se han mundializado las tcnicas del dominio de las conciencias. Incluso se han perfeccionado con el tiempo. Si los nazis aprovecharon los principios del ecumenismo de la Iglesia para desarrollar su propaganda totalitaria, hoy da es el mismo fundamentalismo yanqui el que se ha instalado en la Administracin de Washington, en perfecta connivencia y cooperacin con el capitalismo ms salvaje que imaginarse pueda. El sndrome nazi no slo est donde se pintan cruces gamadas. Es un complejo de hacerse valer, de temores burgueses, de desprecio humano.

Si Hitler aprovech los servicios de la cineasta Leni Riefenstal, Bush dispone de los expertos venales de Hollywood. Basta con echar un ligero vistazo a la escenificacin de sus apariencias pblicas, por ejemplo. As, mientras su pas se hallaba en guerra y el mundo apenas empezaba a recuperarse del desastre del tsunami, La Sra. Laura Bush se gast 40 millones de dlares en diez fiestas para celebrar la inauguracin del segundo mandato de su marido. A quienes cuestionaron semejante extravagancia les respondi que eso formaba parte del ritual de su gobierno.

La agitacin de los sentimientos patriticos mediante el smbolo nacional se ha exarcebado tras los atentados del 11-S en Nueva York y Washington, la declaracin de guerra la terrorismo y la introduccin de la Ley Patritica. As, por ejemplo, los grandes almacenes Wal-Mart, conocidos por la explotacin de sus empleados, declararon que en los tres das posteriores a los atentados vendieron 450.000 unidades de la bandera nacional y que muchas de sus sucursales agotaron sus existencias. Otros grandes almacenes, K-Mart, vendieron 200.000. Eso frente a las 26.000 vendidas en el mes de septiembre del ao anterior. Ambas cadenas dicen que los artculos mas vendidos son los que ostentan los colores rojo, azul y blanco, esto es, los de la ensea nacional. El ms vendido de todos, una sudadera con la bandera usamericana y la inscripcin United We Stand.

La bandera, smbolo patritico por excelencia, se sacraliza hasta el punto de que es contrario a la ley que toque el suelo o que ondee con mal tiempo[6]. Pero no va contra la ley que las personas sin techo duerman en el suelo aunque llueva. En la escuela, todas las maanas los nios tienen que jurar lealtad a la bandera, como el Cara al Sol en las escuelas espaolas durante la dictadura franquista. Pero nadie jura lealtad a la justicia y a la paz.

Edward S. Herman y Noam Chomsky han analizado el modelo de propaganda usaco en su libro Manufacturing Consent. Su anlisis se centra en los efectos que el sistema econmico imperante tiene en los medios de comunicacin. Los componentes bsicos de este modelo o filtros como ellos los llaman, son, entre otros, los siguientes:

1) El tamao, la concentracin de la propiedad y la orientacin al beneficio privado de las principales empresas de comunicacin.

2) La publicidad comercial como principal fuente de ingresos de los medios.

3) La dependencia de los medios respecto de la informacin proporcionada por el gobierno y el mundo de los negocios y los expertos como fuentes.

4) La inculpacin como instrumento para disciplinar a los medios.

5) El anticomunismo, que, una vez desaparecida la URSS, se ha sustituido por el terrorismo.

Segn estos autores, estos filtros fijan las premisas del discurso y la interpretacin.

La propaganda usamericana ha utilizado, con bastante xito, por cierto, siete subterfugios, siete axiomas torticeros.

El gigante dormido. EEUU se considera a s mismo un gigante bonachn cuya tranquilidad se ve alterada de vez en cuando por un ataque avieso. De ah que nadie pueda culpar al gigante de sus reacciones una vez despierto. El Maine, Pearl Harbour, el ataque de unas patrulleras nordvietnamitas a la flota usamericana en el Golfo den Tonking (desmentido un ao ms tarde por el propio presidente Lyndon B. Jonson), el 11-S, las armas masivas de Sadam, etc.

Las guerras buenas. Se trata de un concepto diseada para sentirse bien. Los libros de historia y los medios de comunicacin hablan en trminos hiperblicos de la bondad innata de los EEUU. De programa as las conciencias para aceptar las invasiones de sus tropas en un pequeo pas del Tercer Mundo. Sus acciones estn justificadas, aunque a veces hay que cometer actos violentos para impedir que los realicen otros: Granada, Panam, Iraq, Yugoslavia, Somalia, Lbano, etc., y

EEUU versus ellos. Se trata de pintar a todos los enemigos como terroristas, salvajes, malvados, comunistas, ateos, etc. Se alimentan as los peores miedos: que vienen los rusos!, los pijamas negros, los islamistas La propaganda usamericana demoniza as a mucha gente, desde los habitantes originarios de Norteamrica hasta los iraques, palestinos y libaneses que estn muriendo mientras se redactan estas lneas.

Apoyo incondicional a las tropas. Los estadounidenses se cran viendo pelculas de guerra, jugando con armas de fuego, rodeados de monumentos blicos, entrenados en el respeto y temor a los uniformes. Presencian la demonizacin de quienes se oponen a la guerra. Los medios rezuman fervor militarista. Aceptan que los impuestos financien las guerras y la propaganda blica. Una vez iniciadas las intervenciones, todos tras las fuerzas armadas hasta la victoria final: My country right or wrong. Todo ello fomentado por la industria del reclamo, como se demostr claramente en la primera Guerra del Golfo.

El demonio nos oblig a hacerlo. A veces, los buenos se ven forzados a cometer pequeos actos impropios en aras de la libertad y la democracia. Yo tambin comet el mismo tipo de atrocidades que los dems soldados confes en 1971 el ltimo candidato a la presidencia - Particip en misiones de bsqueda y destruccin, en lam quema de aldeas. (Meet the Press, 18 abril 1971).

Los tres meses que dur la litle wonderful war hispanonorteamericana es lo que se les ensea a los nios en las escuelas. Pero no les ensean su peor consecuencia: la guerra de Filipinas, iniciada con el Presidente McKinley en 1989 y mantenida hasta 1910, con una proporcin de vctimas semejante a la de Vietnam. El presidente McKindley declar que se haba arrodillado ante Dios Todopoderoso pidindole luz y gua para salvar, civilizar y cristianizar a los filipinos, tras lo cual pudo dormir en paz.

Golpes quirrgicos. Las intenciones son buenas y las bombas inteligentes. Esas armas que cuestan miles de millones pueden distinguir entre buenos y malos, entre culpables e inocentes. Cegados por la fe en su superioridad moral y tecnolgica, hinchan las cifras de sus xitos militares hasta extremos absurdos. As, durante la guerra de Vietnam el peridico neoyorquino The Guardian se entretena en ir sumando el nmero diario de bajas que las tropas yanquis infringan a los vietnamitas, hasta que lleg el momento en que se super el nmero de habitantes. Pero deban resucitar porque terminaron por echar a los yanquis de su pas.

Durante los 78 das de bombardeos contra Yugoslavia el mismo modelo de informacin. El Secretario de Defensa William Cohen declar: Hemos destruido ms del 50% de su artillera y una tercera parte de sus vehculos acorazados. Pero el informe publicado un ao ms tarde por las Fuerzas Areas era muy distinto:

Reclamacin original nmero real

120 tanques destruidos 14

220 vehculos acorazados destruidos 20

450 piezas de artillera destruidas 20

744 bombardeos de la OTAN confirmados 58

Slo los perdedores cometen crmenes de guerra. Al llevar a los vencidos ante los tribunales, los vencedores imprimen a sus acciones un sello moral de aprobacin. Las criaturas que miran llenas de odio tras los barrotes confirman que el fin justifica los medios. Ya alo dijo Hermann Goering en Nuremberg: Los vencedores sern siempre los jueces, los vencidos los acusados. [7]

Y qu pasa con Dresde, Hiroshima, Faluya, Sabra, Chatila, Qana?

Este trabajo se centra precisamente en los aspectos de esta influencia intoxicadora y perversa sobre el discurso, a fin de manipular las conciencias y llevarlas a una interpretacin falsa, de los acontecimientos y de la realidad.

Veamos, pues, las aplicaciones prcticas de estas tcnicas a las diversas esferas de la vida social.



[1] Cf. Sturminger, Alfred: Politische Propaganda in der Weltgeschichte, Leipzig 1938.

[2] Este concepto, constituido por las primeras silabas de agitacin y propaganda, jug un papel importante en la historia del movimiento obrero ruso y mundial hasta bien entrado el siglo XX. Su primer introductor fuel G. Plejanov, quien distingua claramente la funcin del agitador y la del propagandista (Las tareas de los socialistas en la lucha contra el hambre, 1891). El problema de la agitacin y la propaganda era para Lenin una de las cuestiones candentes de nuestro movimiento (Qu hacer?), donde asume la distincin de Plejanov y explica cmo deben actuar cada uno de ellos. A partir de 1919, de la Internacional Comunista, todos los partidos comunistas organizaron secciones de agitprop en su seno.

[3] Cf. Herman, Edward S. / Chomsky, Noam: Manufacturing Consent: New York 1988. Existe traduccin espaola: Los guardians de la libertad, Barcelona 2000.

[4] Cf. Hagemann, Walter: Publizistik im Dritten Reich, Hamburg 1948.

[5] Cundo sabremos quin asesin a J. F. Kennedy o quines fueron los verdaderos autores de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington?

[6] Cf. Parenti, Michael: Ms patriotas que nadie, Hondarribia (Guipzcoa), 2004, p. 151.

[7] Cf. Mickey Z: The Seven Deadly Spins, en: Covert Action Quarterly, primavera de 2005. pp. 2 7.



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