Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2006

La educacin sentimental

Leonardo Padura
IPS


Hoy los golpes vienen desde la calle del fondo. Ayer llegaban de la casa del lado y el fin de semana fue desde algn punto indeterminable de la esquina. Desde hace dos aos mi barrio, como casi todos los barrios de La Habana y de buena parte del mundo hispano, viven con la pauta rtmica de esos golpes y con unas voces que en ocasiones se escuchan, otras no, y de las que he podido entresacar que hablan de una pobre diabla, que clamaba por un hombre que no vale un centavo, o de otra, para nada pobre diabla, a la que le encanta la gasolina y hay que darle ms gasolina. Se trata, de ms est decirlo, de la fiebre del reggeatn, que muchos pensamos efmera, como tantas otras furias juveniles y adolescentarias, pero que esta vez ha demostrado una temible capacidad de resistencia.

Desde que comenz esta invasin del espacio sonoro he tratado de imponerme a mis gustos ya asentados, a mis aos y mis prejuicios, de abrirme mentalmente a las exigencias de la evolucin social y al entendimiento del espritu iconoclasta y rebelde que debe de caracterizar a los jvenes, sobre todo cuando su iconoclastia y rebelda tiene pocos mrgenes para manifestarse. He hecho mi mayor esfuerzo por no resultar retrgrado y por obligarme a entender que el reggeatn es una expresin de los modos de pensar de los jvenes de hoy, hijos de una globalizacin en la que no tiene demasiado mercado la inteligencia, unos jvenes que llegaron al mundo sin muchos de los rezagos que debimos matar nosotros y para quienes el sexo ha dejado de ser un tab y se practica con tanta fruicin verbal y coreogrfica en un "perreo" reggeatonero como disfrute fsico en una cama o en una escalera oscura.

Tengo cincuenta aos y soy un "recordador" que vivo de mi memoria y de otras memorias, y cuando tengo el impulso de rechazar el ritmo agresivo del reggeatn, me impongo recordar que treinta y cinco aos atrs a m y a mis contemporneos se nos crtico y se nos acus de "penetrados ideolgicos del imperialismo" y otras lindezas por el estilo, porque nos gustaba bailar las canciones de Los Beatles, los Rollings, Led Zeppelin, y escucharlas incluso, sin saber apenas de que hablaban. A nosotros, en realidad, no nos importaba demasiado de que hablaban, porque sabamos, eso s, que se dirigan a nosotros y, sin entender las palabras, captbamos su sentido y repetamos "all you need is love".

Cada generacin ha tenido sus iconos artsticos y pseudoartsticos y a las otras generaciones concomitantes siempre les ha sido difcil aceptar, y ms aun entender, ciertas preferencias. Que a un joven de la dcada de los 50 le haya gustado escuchar a Pedrito Rico cantando "La perrita pequinesa" les puede parecer, a los de mi edad, tan absurdo como constatar que a un joven de hoy le fascine el reggeatonero Don Omar cantando "Gata gngster" (con los tiempos cambian los animales y tambin sus atributos). Igual le ocurri a nuestros padres cuando nos oyeron repetir "Fool on the hill" y les ocurre a estos jvenes de hoy cuando ven que nos estremecemos con "I've get you under my skin". Es la lgica del cambio generacional, del relevo de gustos, de las modas epocales.

El reggeatn expresa pues una forma de ver el mundo y como tal hay que aceptarlo, incluso cuando habla de la diabla que se pone en cuatro (ya se sabe para qu) y hasta practica la chupada del pirul y otras piruetas sexuales. Su simplicidad rtmica (y no se me acuse de estar "fuera de onda", lase una partitura del gnero, si es que existen) y la bastedad y por momentos sordidez de sus textos (tampoco se me puede catalogar de puritano, solo hay que or el reggeatn que habla del culito, de la diabla?) es reflejo de la simplicidad, bastedad y sordidez de los das que corren. El reggeatn no surgi de la nada ni se ha impuesto en el gusto masivo de adolescentes y jvenes por arte de magia, sino que es una emanacin de estos tiempos, capaz de ofrecerles algo que ellos necesitan, casi se dira que exigen. Estos son hechos y oponerse a aceptarlos s es una postura retrgrada.

Lo que me duele del reggeatn y sus letras no es tanto lo que provocan ahora entre sus consumidores, sino y sobre todo lo que dejarn en ellos como sedimento cultural, sensorial, afectivo, como sustancia para la evocacin cuando los tiempos de hoy ya sean los de ayer.

Esta certeza me asalt hace unos das cuando, movido no s por qu resorte de la nostalgia, coloqu en mi grabadora ese objeto del pasado que es el cassette y mientras haca los ejercicios que exige mi dolorida espalda, escuch las viejas canciones de Siembra, el resultado milagroso del encuentro entre Rubn Blades y Willie Coln, cuando hicieron el disco que es, segn lo calific un amigo, "el Abbey Road de la salsa". Mientras disfrutaba aquellas letras con las que Rubn nos hablaba de la identidad hispana, de sus sueos y frustraciones, de la tragedia del pobre Pedro Navajas, y Willie le pona un ritmo pegajoso que todava no ha perdido su aglutinante, record que esa fue la msica que bailbamos y cantbamos en los setenta, cuando ya tenamos a los Beatles instalados en la memoria, y cuando para enamorar a mi propia Luca tena a la mano la "Luca" de Serrat y en lugar de decirle pobre diabla le cantaba (es un decir) que no hay nada ms bello que lo que nunca he tenido, ni nada ms amado, que lo que perd, perdname s. Por Dios, coo!

Entonces, tirado en el suelo y controlando el jbilo de mi espalda, me sent privilegiado por haber tenido la educacin sentimental que me regal mi tiempo, tan lleno de carencias que en el barrio haba una sola grabadora (de cassettes), tan pleno de represiones y censuras gratuitas (primero, los Beatles y compaa, despus esos mismos salseros, acusados de "robarse" la msica cubana) y de agresiones seudoculturales (como las de Jos Feliciano y sus canciones carcelarias, entre otros horrores olvidados). Me sent satisfecho porque en lugar de a Paulo Coelho o Dan Brown, pudimos leer a Garca Mrquez, a Vargas Llosa y a Antonio Machado (por culpa de Serrat), y en vez de fanatizarnos con Shakira o Paulina Rubio, tuvimos el privilegio de or a Ana Beln y a Tina Turner, cuando cantaba, con Ike, "Proud Mary".

La memoria, ya se sabe, es selectiva, para los buenos y para los malos recuerdos. Pero su alimento es solo uno: la realidad vivida, los placeres y dolores consumidos, las experiencias que nos han tocado. No me queda ms remedio, entonces, que sentir un poco de pena por la generacin del reggeatn, con acceso a tanta informacin, incluida la cultural, pero que est creando sus futuras nostalgias con las canciones de Daddy Yankee y Don Omar, con el baile del perreo y los videoclips de Shakira, y que nunca entendern del todo que el mundo alguna vez se dividi entre los fans de Lennon y los de McCarthy, que un poeta de la generacin del 98 espaol escribi las mejores letras de canciones que jams escuchamos y que unos locos en Nueva York se impusieron hacer salsa con conciencia para buscar Amrica y lograron que otro loco en Santo Domingo se pusiera a clamar, a ritmo de merengue, para que lloviera caf. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Leonardo Padura Fuentes, escritor y periodista cubano. Sus novelas han sido traducidas a una decena de idiomas y su ms reciente obra, La neblina del ayer, ha ganado el Premio Hammett a la mejor novela policial en espaol del 2005.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter