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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2004

El Proyecto de Constitucin Europea a referndum: diez razones para decir que no

Jaime Pastor, Xavier Pedrol y Gerardo Pisarello
Rebelin


El gobierno espaol ha anunciado la celebracin de un referndum sobre el Proyecto de Constitucin Europea para febrero de 2005. La consulta es inminente y la informacin disponible escasa. En su versin definitiva, adoptada el pasado 18 de junio, el Tratado aparece como un instrumento que restringe enormemente la posibilidad de impulsar, tanto en el mbito europeo como en el interior de los Estados miembros, polticas econmicas y sociales alternativas a las consagradas hasta el momento. Aunque tuvieran el respaldo de los electores. Lo que est en juego, por tanto, es de trascendental importancia y afectar la vida cotidiana de millones de personas en el continente y en el mundo.

El oficialismo ha dejado entrever, de manera ms o menos velada, su intencin de hacer campaa institucional a favor del "s". Sin embargo, son muchas las voces que, desde movimientos sociales y colectivos ligados a la izquierda social y poltica, han venido defendiendo la necesidad de un pronunciamiento categrico en contra del Proyecto de Constitucin. Las lneas que siguen pretenden exponer sintticamente los argumentos ms usuales esgrimidos por los defensores del Proyecto, incluidos los de aquellos que se reconocen partidarios de un "s crtico", y dar cuenta de las razones que se oponen, desde un europesmo alternativo, a los mismos. Se intenta as contribuir a un debate que, en un contexto como el actual, corre serios riesgos de diluirse en la autocomplacencia, las falsas opciones o la simple indiferencia.

1) "Este Proyecto constituye un significativo paso adelante en la construccin social y democrtica de Europa".

Para justificar esta afirmacin, los partidarios del "s" invocan la presencia en el texto de valores y objetivos como la solidaridad, la igualdad, la lucha contra la pobreza, el respeto por el medio ambiente o la cohesin territorial. Tambin esgrimen cuestiones como la incorporacin de la Carta de derechos de Niza, el aumento de competencias codecisorias del Parlamento o la previsin, en materia participativa, de un derecho de iniciativa ciudadana.

Contemplada con rigor, sin embargo, la Europa que consagra el Proyecto no es ni ms social ni ms democrtica de lo que haba hasta ahora. Las disposiciones arriba mencionadas ocupan un lugar marginal en la letra y en el espritu del Proyecto y se encuentran subordinadas a lo que es su autntico ncleo ideolgico: el otorgamiento de rango "constitucional" a la Europa neoliberal, elitista y tecnocrtica construida, al menos, desde el Tratado de Maastricht.

La declarada aspiracin por afianzar un "mercado libre y no falseado", "altamente competitivo", reduce los objetivos sociales a poco ms que retrica. Los verdaderos nfasis del Proyecto se sitan en otro plano: la estabilidad de precios, el empeo obsesivo en la ausencia de dficit o la independencia del Banco Central, ahora constitucionalizados. Ningn criterio de convergencia, en cambio, se prev en materia de salarios, nivel de empleo, o respeto por los estndares ecolgicos.

La Parte III, expresin autntica del modelo econmico neoliberal asumido por el Proyecto, recoge con detalle la mayora de los preceptos que hicieron posibles las privatizaciones y el desmantelamiento de los servicios pblicos en los ltimos aos. Contra las previsiones optimistas de algunos partidos socialdemcratas y de los Verdes, su mdula ideolgica no ha hecho sino afianzarse en cada modificacin del Proyecto realizada a instancia de los ejecutivos estatales. Como contrapartida, la Carta de derechos de Niza uno de los supuestos puntos fuertes de los defensores del s se incorpora con un alcance devaluado, sobre todo en materia de derechos sociales. De manera similar, se mantiene el poder de veto de los Estados en materia fiscal, se diluyen las posibilidades de control del fraude y poco o nada se avanza en materia de polticas sociales comunitarias.

Desde el punto de vista institucional, el "paso adelante" es igualmente imperceptible. Las nuevas facultades de codecisin reconocidas al Parlamento Europeo constituyen un avance insignificante en un entramado institucional que, tras cincuenta aos de integracin, contina otorgando una evidente primaca a rganos tcnicos o desprovistos de controles democrticos efectivos como el Consejo de Ministros, la Comisin o el Tribunal de Justicia. Otro tanto puede decirse de los derechos de participacin. El tan aireado derecho de propuesta ciudadana previsto en el Proyecto fue arrancado a regaadientes a la Convencin que lo elabor, y es una versin restrictiva de lo que debera haber sido una autntica iniciativa legislativa popular. Muy poco, en definitiva, para revertir el dficit estructural de participacin que aqueja a la Unin desde hace dcadas, y que ha quedado de manifiesto de forma rotunda en las ltimas elecciones al Parlamento europeo.

2) "Votar afirmativamente comportara un sensible avance en la direccin de una Europa federal, ms unida, y una manera de superar el anacrnico predominio de los Estados nacionales".

En realidad, si alguien sale fortalecido con este Proyecto son los Estados nacionales, y ms concretamente, sus respectivos poderes ejecutivos, que con el entramado institucional propuesto consiguen librarse an ms de la incmoda tutela de los parlamentos respectivos. Si el actual Proyecto pudiera vincularse a algn esquema federal, sera a un federalismo, no democrtico, sino simplemente intergubernamental, en el que los Estados mantienen un fuerte poder de veto en casi todo lo que no sea afianzamiento del mercado nico y profundizacin de las polticas monetaristas. Ese es, precisamente, el nimo que alienta la exigencia de unanimidad en materia fiscal, as como los acuerdos finalmente alcanzados para la adopcin de decisiones por mayora cualificada. Y es que lo que se consagra, en definitiva, es una Europa ms unida slo en aquello que permite consolidar el modelo neoliberal. En lo dems, queda servida la posibilidad del dumping social y de la disputa entre los Estados miembros por ofrecer a los capitales privados las mejores condiciones laborales, sanitarias o ecolgicas para rentabilizar sus inversiones.

El argumento del anacronismo de los Estados nacionales y de la necesidad de superarlos tampoco funciona cuando se trata del reconocimiento de los derechos de los diferentes pueblos europeos. Como resultado de la obstinacin del Partido Popular de Jos Mara Aznar, y con la complicidad del Partido Socialista, el Proyecto incorpor el principio de intangibilidad de las fronteras estatales, lo que bloquea toda posibilidad de actualizacin del derecho a la autodeterminacin para aquellos pueblos que la soliciten. A pesar de la retrica propagandstica en torno a una Europa "unida en la diversidad", son mnimos los avances institucionales obtenidos por las naciones minoritarias y, en general, por las llamadas regiones con capacidad legislativa. La elaboracin de un Tratado constitucional podra haber sido una gran oportunidad para articular una autntica Cmara de los Pueblos y las Regiones de Europa. Sin embargo, todo lo que se consigue es el mantenimiento, con modificaciones menores, de un Comit de las Regiones de probada ineficacia. En ese contexto, la posibilidad de traduccin del Proyecto a diferentes lenguas europeas refleja ms un acto de mala conciencia que una disposicin genuina a reconocer la realidad plurinacional, multicultural y plurilinge de Europa.

3) "La adopcin de este Proyecto de Constitucin permitir avanzar en la articulacin de una Europa con voz propia en el mundo, comprometida con el derecho internacional y autnoma frente a los Estados Unidos".

Lo cierto es que este Proyecto no se separa en nada de una Unin que en los ltimos aos ha sido todo menos un actor independiente en las relaciones internacionales. Esta Europa ha exhibido una dcil complicidad frente a la mayora de las "nuevas guerras" emprendidas por los Estados Unidos tras el fin de la guerra fra. Desde la del Golfo y la ex-Yugoslavia hasta la de Afganistn. Adems, tras el 11 de septiembre, ha aprovechado la obsesin securitaria promovida desde Washington para recortar sin complejos derechos y libertades fundamentales y para destinar millones de euros a la actuacin militar y policial con la excusa de la lucha anti-terrorista. El Informe elaborado por Javier Solana firme candidato a Ministro de Asuntos Exteriores de la Unin en caso de aprobarse la Constitucin es una muestra significativa del impacto que la poltica anti-terrorista diseada por la Administracin ha tenido en la visin europea del panorama internacional.

Junto a las formales declaraciones de adhesin a la paz y al derecho internacional, se consagra el "respeto" a las obligaciones contradas con la OTAN, una organizacin que ni siquiera es especficamente europea Son stas las seales de autonoma a las que se refieren los defensores del Proyecto? Y la Agencia Europea de Armamento, Investigacin y Capacidades Militares, destinada entre otros objetivos a "reforzar la base industrial y tecnolgica del sector de defensa" y a "aumentar la rentabilidad de los gastos militares": es el instrumento de paz que anuncian quienes piden el voto por el s?

El intento de presentar una Europa apoyada en el eje franco-alemn como alternativa a una Europa simplemente anglosajona carece de bases empricas crebles. Ms all de las divergencias geoestratgicas puestas de manifiesto con la guerra de Irak, los gobiernos que, cada tanto, se prodigan en exhibiciones de fe "anti-americanista", han sido decididos impulsores de la "americanizacin" social y poltica de sus pases y de Europa. Apoyaron el giro neoliberal y militarista presente en los Tratados de Maastricht, Amsterdam y Niza. Y no han presentado oposicin alguna a su consolidacin en el actual Proyecto de Constitucin. Para despejar toda duda al respecto, el recin elegido presidente de la Comisin, Jos Durao Barroso, anfitrin de la tristemente clebre Cumbre de las Azores, ha defendido con orgullo la vocacin atlantista que el nuevo ejecutivo pretende imprimir a la Unin durante los prximos cinco aos.

Mrese por donde se mire, la supuesta contraposicin entre una "Europa potencia" y una "Europa subordinada", ambas dedicadas a recortar gastos sociales y a destinar millones de euros a fabricar nuevas armas bajo la gida de la OTAN, es ms bien una disputa propagandstica entre versiones hermanas que slo de forma muy coyuntural pueden considerarse enfrentadas.

4) "Votar por el s constituye un corolario obligado de la reciente incorporacin de diez pases del Este y un deber de solidaridad con los nuevos vecinos".

Ciertamente, la ampliacin al Este es un elemento central para explicar el actual impulso constitucional. La necesidad de adaptar institucionalmente la Unin a 25 pases exiga reformas importantes en la composicin y formas de funcionamiento del Parlamento, la Comisin o el Consejo. Sin embargo, ninguna de las incorporadas ha obedecido a una preocupacin por la situacin poltica y social de los pases del Este. De hecho, aunque la ampliacin en sentido poltico comenzara a acelerarse a partir de 1999, con el Consejo de Helsinki, la utilizacin de Europa del Este como un mercado liberalizado y como escenario de aventuras autnticamente neocoloniales ya era una realidad mucho antes.

Segn el discurso oficial, estas lecturas crticas pecan por exageracin. Como ocurri con Espaa y Portugal aseguran los pases del Este acabarn por superar su atraso y se engancharn a la "locomotora europea". El argumento, no obstante, resulta muy poco convincente. Por un lado, los criterios de convergencia exigidos a los candidatos del Este han sido mucho ms duros que los que en su momento se demand a los pases de Europa del Sur. Por otra parte, esta ampliacin se har con menos dinero que nunca, y los prometidos fondos europeos llegarn con cuentagotas.

En el Proyecto de Constitucin no hay nada que sugiera la reversin de este horizonte en el corto y mediano plazo. Es ms: cientos de miles de trabajadores y trabajadoras del Este no podrn durante aos ejercer su derecho a la libre circulacin y a la residencia en otros pases de la Unin. A quince aos de la cada del Muro de Berln, se erige as un nuevo Muro, esta vez jurdico y con respaldo policial Cmo sorprenderse, luego, de que en las primeras elecciones europeas los ndices de participacin no hayan alcanzado ni el 30% en algunos de los nuevos pases miembros?

5) "Con todos sus lmites, desde un punto de vista jurdico formal se est antes frente a un nuevo Tratado que delante de una autntica Constitucin. Carece de sentido, por tanto, dramatizar en torno a una mera reunin y simplificacin de los Tratados anteriores que no merece ni excesivos honores ni excesivas crticas".

En efecto, si se presta atencin a los mecanismos escogidos para la elaboracin, aprobacin y eventual reforma del Proyecto, todo parece indicar que se est antes frente a un nuevo Tratado que ante una Constitucin en sentido estricto. Por otra parte, en la medida en que el Proyecto no supone ruptura alguna, sino todo lo contrario, con las grandes lneas polticas y econmicas que han guiado hasta ahora el proceso de integracin, se trata de una propuesta que no "constituye" nada, sino que se limita a recoger y a plasmar en un texto nico lo ya "constituido".

Dicho esto, sin embargo, sera un error ceirse a una perspectiva juridicista tan estrecha, subestimando el alcance simblico de sus intenciones o de la terminologa escogida. Un texto que se presenta con la intencin de establecer una Constitucin para Europa y que exigir el acuerdo de 25 pases en caso de que se quieran introducir modificaciones sustanciales no puede considerarse un simple Tratado ms.

Si lo fuera, por qu echarse las manos a la cabeza cuando se plantea su eventual rechazo? Es cuando menos paradjico minimizar el alcance jurdico-poltico del Proyecto al mismo tiempo que se predica el caos en el caso de su no aprobacin.

6) "No se trata de un texto perfecto pero s perfectible. Aprobarlo sera evitar que se desperdiciaran sus mejores previsiones sin por eso renunciar a modificar luego su espritu neoliberal y elitista".

Al igual que en el punto anterior, el argumento que llama a votar la Constitucin, aunque en el fondo no guste, para posteriormente abogar por su reforma, resulta endeble desde una perspectiva lgica y suicida desde un punto de vista poltico. El Proyecto adoptado en la Cumbre de Irlanda es un texto destinado a perdurar (durante 50 aos, en palabras del presidente de la Convencin, Valery Giscard dEstaing). Su revisin jurdica, pero sobre todo poltica, ser por tanto muy complicada una vez aprobado.

Qu intenta sugerir este argumento? Consentir la constitucionalizacin de un status degradado para las personas inmigradas y correr, al da siguiente de la aprobacin del Proyecto, a exigir la incorporacin de una ciudadana de residencia en 25 pases? Difcil Apoyar un texto que consagra las polticas productivistas y neoliberales de los ltimos 30 aos para luego exigir frenos ecolgicos y criterios de convergencia sociales y laborales? Espinosa tarea Aceptar la constitucionalizacin del rearme europeo y el respeto de los compromisos adquiridos con la OTAN para manifestarse al da siguiente contra la guerra y por una Europa pacfica? Ingenuo, o simplemente cnico.

En realidad, desde la propuesta inicial de Constitucin presentada por la Convencin en junio de 2003 -y dejando de lado algunos ligeros retoques introducidos en materia de igualdad entre hombres y mujeres- el texto del Proyecto ha ido sufriendo progresivos recortes en su alcance social, democrtico y europesta. En la versin consolidada que se someter a referndum, por ejemplo, abundan los mecanismos que permiten a diferentes pases comenzando por el Reino Unido disponer de reglas ad hoc y de una Europa, en definitiva, "a la carta": desde las "lneas rojas" a los "frenos de emergencia" y las "cooperaciones reforzadas" Qu tendra que ocurrir, qu retrocesos tendran que producirse para que los partidarios del "s a cualquier precio" y del "paso adelante" dijeran que no a esta Constitucin y volcaran sus energas al impulso de un proyecto constituyente alternativo?

7) "Un voto negativo supondra quedarse empantanados en el lodazal todava ms neoliberal y tecnocrtico que supone el Tratado de Niza. Hay que elegir: o esto, o el caos y la Europa de las mltiples velocidades".

El problema aqu es que el caos y las "diferentes velocidades" ya estn instalados en la Unin. Es ms: han sido provocados por los mismos partidarios de este Proyecto, que ahora instan a apoyarlo, precisamente, para escapar a la sntesis "Niza + ampliacin" creada por ellos. Ahora bien, si el Tratado de Niza, que en cualquier caso regir hasta el ao 2009, era tan malo, por qu se oblig a Irlanda a repetir la votacin cuando en el referndum inicial lo haba rechazado? por qu tanto empeo en la ratificacin de un Tratado tan terrible?

Cualquiera sea la perspectiva que se adopte, resulta impensable un escenario en el que el voto por el "no" se tradujera en un pacfico regreso al reino de Niza y al statu quo. Y es que una Europa de 25 pases no podra funcionar con las reglas polticas y econmicas previstas en Niza. De hecho, si el Proyecto se rechazara lo que tendra lugar sera una crisis de legitimidad tan honda que obligara a rediscutir las bases de funcionamiento de la propia Unin. En un contexto as, negarse a rechazar un Proyecto mediocre por temor a una crisis es desconocer que slo una crisis podra permitir detener la deriva anti-social, elitista y militarista de la Unin para recomenzar sobre bases ms fecundas.

8) "Con todas las insuficiencias que se quiera, no se puede esperar a que exista un pueblo europeo para avanzar en la constitucionalizacin de la Unin. Tener una Constitucin es fundamental para inducir el surgimiento de una esfera pblica hoy inexistente y sin la cual Europa no ser posible".

A diferencia del argumento que subestima el alcance poltico y simblico de la expresin "Constitucin", ste la exagera. Sin duda, la utilizacin del trmino Constitucin, con toda la carga emotiva que encierra, persigue obtener de los ciudadanos el reconocimiento que ni la fra burocracia de Bruselas ni las alejadas Cumbres Intergubernamentales han conseguido granjearse hasta ahora. Sin embargo, la simple apelacin a la palabra Constitucin no basta para derivar de ella un contenido positivo desde el punto de vista normativo. Hay constituciones ms bien sociales y constituciones neoliberales; hay constituciones democrticas y constituciones tecnocrticas. sta, precisamente, se encuentra ms bien entre las segundas.

Tampoco se trata, naturalmente, de esperar el surgimiento de un "pueblo europeo" homogneo y acabado como condicin para admitir el debate constitucional. Lo que ocurre es que es resulta difcil sostener que este Proyecto de Constitucin en concreto pueda actuar como catalizador, como inductor de una autntica esfera pblica europea. Un argumento similar se utiliz ya a propsito del Tratado de Maastricht: "la aceptacin de la Unin monetaria y de los criterios de convergencia traer consigo, finalmente, la Unin poltica y social". A ms de diez aos de aquel Tratado, sin embargo, ni una ni otra han llegado, como recuerda el propio Jacques Delors, uno de los ms reputados valedores de esa idea.

En realidad, una discusin constitucional que se reduzca a la conveniencia o no de un determinado reparto de votos, que se agote en reformas institucionales de tipo tcnico o que sirva para consolidar un modelo econmico que est lejos de dar los frutos anunciados por sus defensores, no conseguir entusiasmar a los millones de personas que creen que otra Europa es posible.

Para devolver a los pueblos y a los habitantes de Europa un debate confiscado por los especialistas, los ejecutivos estatales y la burocracia de Bruselas, hace falta abrir un autntico proceso constituyente democrtico, con una pedagoga alternativa que permita involucrar a amplios sectores de la sociedad en la redefinicin de la idea de Europa Cmo aspira a conseguirlo, por dar slo un ejemplo, un Proyecto que prcticamente condena al olvido a los ms de veinte millones de trabajadoras y trabajadores inmigrantes que con su esfuerzo contribuyen a la prosperidad del continente?

9) "Votar por el no sera quedar aislados y hacerle el juego a la derecha anti-europesta"

En ciertos sectores crticos, el temor a quedar identificados con el anti-europesmo de Le Pen o de los conservadores britnicos acta como una mordaza que desactiva hasta el ms mnimo amago de objecin de fondo al Proyecto y que conduce de modo inexorable a la claudicacin. Sin embargo, la lgica simplista y manipuladora segn la cual se est con esta Europa y con esta Constitucin o se est contra Europa y contra toda Constitucin, no es en absoluto de recibo. Slo desde el sofisma interesado se puede identificar un texto que ni siquiera es ms europeo que los Tratados ya existentes con la adhesin, por ejemplo, al repliegue soberanista al Estado nacional.

En realidad, han sido los crticos ms radicales de este Proyecto Asambleas de Mujeres, plataformas pacifistas, colectivos de defensa de los sin papeles, sectores crticos del sindicalismo- los primeros en plantear, en la teora y en la prctica, la necesidad de ms Europa, pero de otra Europa.

De lo que se trata, en realidad, es de impedir que sean el populismo conservador y la extrema derecha quienes capitalicen el desencanto y la defeccin que esta Europa neoliberal y tecncrata genera en buena parte de sus habitantes, comenzando por muchos de los que se encuentran en situaciones de abierta vulnerabilidad. Y para ello no puede apostarse por dar el "s" con todos los matices que se quieran a un texto que Aznar, Chirac, Berlusconi o Barroso suscribiran sin reparo alguno de fondo, justamente porque en l la derecha conservadora no ha cedido prcticamente nada.

10) "Es demasiado tarde para modificaciones. Esta es la nica alternativa posible y todo lo dems vana utopa"

Este argumento resulta inaceptable desde un punto de vista democrtico. Si la derecha y el euroescepticismo conservador lo hubieran asumido como propio no habran conseguido, en cada Cumbre Intergubernamental, la rebaja de los aspectos ms europestas, ms sociales y ms democrticos recogidos en el Proyecto inicial de la Convencin Hasta encontraron la grieta para suprimir, por demasiado radical, la frase de Tucdides ("Nuestra Constitucin...se llama democracia porque el poder no est en manos de unos pocos sino de la mayora") con la que se abra el Prembulo!

En un contexto como el actual, lo nico "utpico" es pensar que las cosas seguirn como hasta ahora, que la actual Europa tecnocrtica y elitista podr sobrevivir, de espaldas a sus habitantes, sin alteraciones sustanciales. Y lo nico "real", por tanto, es lo que vaya a surgir, por lo pronto, del veredicto de las urnas el da del referndum, y en general, del debate y de las movilizaciones sociales que surjan en torno al Proyecto.

De aqu a finales de 2009, fecha de entrada en vigor de la Constitucin, es mucho lo que queda por hacer. Lo primero, convertir el rechazo a este Proyecto en impulso de un nuevo proceso constituyente que otorgue a la idea de Europa genuinas credenciales democrticas. Un proceso de estas caractersticas debera basarse en un mandato de la ciudadana del conjunto de la Unin a una Asamblea encargada de elaborar un nuevo Proyecto de Constitucin. Posteriormente, ese Proyecto debera ser sometido al debate de los Parlamentos estatales y de la ciudadana de los Estados. Con arreglo a lo all decidido, debera ser enmendado y reelaborado por la Asamblea Constituyente para finalmente ser sometido a referndum en todos los Estados miembros.

Lo segundo es trazar, a partir de la impugnacin del contenido del actual Proyecto, las lneas generales de lo que debera ser una Europa alternativa. Frente al argumento "del mal" menor con el que se intenta legitimar el actual modelo oligrquico y elitista de integracin, sera necesario, entre otras cuestiones: a) repensar los complejos desafos de un federalismo europeo democrtico y no simplemente intergubernamental, que otorgue un papel central al Parlamento y sea capaz de articular una autntica segunda Cmara de los Pueblos y las regiones; b) plantear una lectura radical, de abajo arriba, del principio de subsidiariedad, de la autogestin y de la democracia participativa en diferentes escalas, comenzando por el mbito municipal; c) impulsar, frente a la Europa del "Espritu de Lisboa", una Europa social fundada en la armonizacin hacia arriba de los derechos sociales, en la reduccin del tiempo de trabajo y en el impulso de empleos "verdes" socialmente tiles y sostenibles, en la reconstruccin de servicios pblicos de calidad, en el derecho a una renta bsica, en la solidaridad interterritorial y, sobre todo, en una fiscalidad europea suficiente basada en el principio de progresividad y en el control de los capitales especulativos; d) propiciar una autntica Europa de la igualdad en la diversidad, que de pleno reconocimiento a su realidad plurinacional, pluricultural, y plurilingstica, que admita el derecho a la autodeterminacin y apueste por una ciudadana de residencia a partir de la cual puedan dialogar y encontrarse "viejos" y "nuevos" europeos, de culturas y civilizaciones diversas; e) defender una Europa basada en el acceso a la igualdad plena y a la autonoma de las mujeres y de las minoras sexuales, frente a la Europa discriminatoria y patriarcal; f) asumir las exigencias de una Europa autnoma y pacfica, libre de armas de destruccin masiva, de misiones neo-coloniales y capaz de bregar por la disolucin de alianzas militares como la OTAN; g) hacer propio, en definitiva, el proyecto de una Europa ecolgicamente sostenible, austera y creativa, capaz de asumir sus responsabilidades con las generaciones futuras y de compatibilizar sus formas de consumo, transporte y produccin con el bienestar, y no con la ruina, del resto del pueblos del planeta.

Slo una Europa de estas caractersticas podra exorcizar de manera creble los fantasmas del militarismo, del racismo y del nacionalismo agresivo, ponerse al servicio de un internacionalismo de nuevo cuo y ganarse, en definitiva, el compromiso de millones de mujeres y hombres que hoy no creen en ella.




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