Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-11-2006

Sobre las contribuciones filosficas de Manuel Sacristn en Horitzons y Nous Horitzons

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Las aportaciones filosficas de Manuel Sacristn en Nous Horitz


 


 

Para Toni Domnech y como a l le gusta: sin (pedir) permiso.


NH de 1960 se propona llegar, sobre todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual, y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia de una intencin cultural en el movimiento obrero marxista y para invitarles a una tarea que poda ser en parte comn. No me atrevo a decir si se logr algo con ello.

Manuel Sacristn (1977)


1. Un lgico y filsofo marxista que escriba en revistas del Partido.

En octubre de 1977, con motivo de la aparicin legal de Nous Horitzons (NH), Manuel Sacristn, que haba sido uno de los responsables de la publicacin en los aos sesenta, fue entrevistado por la redaccin de la revista en aquel entonces para que hiciera un balance del papel desempeado por NH en sus casi veinte aos de existencia. Las respuestas de Sacristn no llegaron a publicarse en su momento pero fueron posteriormente recogidas en una edicin facsmil de los nmeros de 1, 2, 3, 4 de Horitzons(H)1 de 1960-1961, junto con textos introductorios de Francesc Vicens, Francesc Vallverd y Joaquim Sempere (Como es sabido, Vicens fue responsable de la revista hasta, prcticamente, el nmero 4 de NH2; Vallverd3 fue secretario de redaccin desde el primer trimestre de 1967 hasta el tercer-cuarto trimestre de 1971; Sempere fue tambin secretario de redaccin durante parte de la etapa en la que Pere Ardiaca fue responsable de la publicacin: de enero de 1972 hasta setiembre de 1976).

Sealaba Sacristn en su comentario que la importancia de Nous Horitzons en el debate ideolgico de la Catalua de principios de los aos sesenta no fue grande en s misma, pero que respecto de la situacin de la poca y del reducido ambiente que se poda tomar en cuenta s que vali la pena. La mera solidez fsica, la existencia de Horitzons, daba nimo a los militantes del partido y a los resistentes marxistas en general. La gran mayora de las pginas del nmero 2, cuando an se llamaba Horitzons4, remarcaba Sacristn, estaban escritas en el interior, principalmente en Barcelona.

La calidad cientfica de lo publicado en H y NH no le pareca a Sacristn que tuvieran un gran valor terico5. Su marxismo, el marxismo defendido en aquellos aos por el PSUC, estaba todava empapado de euforia por la victoria de la URSS sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, por el triunfo de la revolucin china a finales de los cuarenta y, ms concretamente en aquellos aos sesenta, por el xito de la revolucin cubana y por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista imperial. Esa euforia haba alimentado, en opinin del traductor de El Capital y de Historia y consciencia de clase, un marxismo muy alegre (lo cual estaba muy bien) y asombrosamente confiado (lo cual estuvo muy mal, y visto desde hoy pone los pelos de punta). El principal valor ideolgico de Nous Horitzons, y de su antecesora, conclua, fue su mera presencia, su qu fue mejor que su cmo.

Pues bien, el objetivo de esta comunicacin es aquilatar, parcialmente si se quiere, esta valoracin a partir de los aportaciones filosficas del propio Sacristn6, dar sucinta cuenta de ellas e intentar un balance provisional de estas contribuciones, balance que, en la prctica, como ya seal Joaquim Sempere7, es equivalente a intentar una valoracin general de la aportacin terica de la publicacin dado que fueron muy pocas las restantes aportaciones directamente filosficas -Adolfo Snchez Vzquez, Josep Fontana, Jordi Sol Tura, Juan-Ramn Capella, el mismo Sempere- en el perodo en que Sacristn form parte de su consejo de redaccin o colabor en la revista terica del partido.

Nuestra hiptesis es similar y netamente deudora de la defendida por Sempere en el texto referenciado: [] aportaciones [las de Sacristn] que hacen de esta publicacin durante su poca clandestina a Catalunya una plataforma inslita (inslita si nos atenemos a la atona cultural del pas durante aquellos aos) de elaboracin intelectual en el terreno de la filosofa, inslita, aadiramos, no slo si nos limitamos a la atona cultural del pas, a lo que ha sido llamado con acierto el erial del franquismo8, sino incluso si pensamos en un mbito geogrfico ms amplio, especialmente si el anlisis comparativo se centra en las aportaciones ms bsicas y no olvidamos las circunstancias polticas que rodearon la existencia y edicin de Nous Horitzons.

No deja de ser remarcable, por otra parte, que el que ha sido considerado el marxista ms interesante de la historia del movimiento obrero hispnico y tal vez el ms grande filsofo espaol de la segunda mitad del siglo XX9, publicara alguno de sus trabajos ms esenciales, no papeles secundarios o marginales10, en la revista terica de un partido en la clandestinidad, combatiente y resistente no silencioso, y por ello duramente perseguido, castigado y martirizado por el franquismo. No est a mi alcance en estos momentos cuantificar la frecuencia de casos similares que conjeturo (con riesgo) que han sido excepcionales incluso en la historia del marxismo militante europeo.


2. Panfletos, reseas y materiales11.

Tras su regreso de la Universidad de Mnster (Westfalia, Alemania), donde haba seguido cursos de postgrado de lgica, filosofa de la lgica y epistemologa desde 1954 a 1956 en el Instituto de Lgica Matemtica y Fundamentos de la Ciencia creado y dirigido por H. Scholz12, y donde haba conocido al filsofo y militante comunista italiano Ettore Casari, y despus de haber ingresado en las filas del partido13, Sacristn public sus primeros trabajos de inspiracin marxista en una revista del PCE editada en el exilio, Nuestras ideas. Fueron tres los textos que all public: Humanismo marxista en la Oda martima de Rafael Alberti14, Tpica sobre el marxismo y los intelectuales y Jesuitas y dialctica15.

A pesar de tratarse de sus primeros escritos, algunas de las caractersticas centrales del marxismo de Sacristn quedan ya explcitas en estos trabajos iniciales: un materialismo alejado de todo dogmatismo y sabedor de su carcter filosfico no demostrativo; una dialctica jams vista como lgica infalible y alternativa sino como una aspiracin al conocimiento de las singularidades, de las totalidades concretas; un marxismo, amigo del saber cientfico social y natural, concebido siempre como tradicin poltica de transformacin, no como Teora de la Historia, Ciencia infalible o supuesto gran Saber, en definitiva, una tradicin viva, informada, con finalidad poltica revolucionaria, que acaso nunca fue central en tronco y ramas de los numerosos rboles de raz marxista-engelsiana.

Baste citar, a ttulo de ejemplo, el paso final de Jesuitas y dialctica, claramente en sintona con el marxismo poltico sacristaniano sobre el que ha hablado reiterada y argumentadamente Toni Domnech16:

[] para Marx el mismo pensamiento filosfico, la misma consciencia de la dialctica se inserta en el proceso dialctico y que el filosofar de Marx -como l mismo dice en las Tesis sobre Feuerbach*- no se ha sentido exclusivamente llamado a reproducir un mundo histricamente dado, sino a insertarse adems y sobre todo, en el movimiento histrico que es la autntica mundanalidad. Marxismo y dialctica real -incluyendo para el filsofo ese ltimo y decisivo punto de su reinsercin revolucionaria (es decir: dialctico-cualitativa) en el mundo- son inseparables. Lo que quiere decir -permtasenos dar pie a posible polmica al final de esta nota- que un filsofo marxista slo puede ser un militante comunista, porque no hay marxismo de mera erudicin.


A estos tres artculos habra que sumar un documento, an de inters, que sirvi como material de trabajo para grupos de estudio del partido a finales de los cincuenta17 y que llevaba por ttulo Para leer el Manifiesto del Partido Comunista; las cuidadas pginas que dedic a la filosofa marxista en su largo artculo sobre la filosofa de la posguerra europea para la Enciclopedia Espasa18, o el prlogo que escribi en 1959 para el primer volumen de Marx y Engels publicado legalmente en Espaa durante el franquismo y que l mismo tradujo y anot, sin olvidar, claro est, sus colaboraciones en Quaderns de cultura catalana, aquella mtica revista del PSUC19 sobre la que l mismo seal en la citada entrevista con Nous Horitzons:

Me gustara recordar que Horitzons tena un precedente inmediato. Entre 1957 y 1959 o 1960 el comit de intelectuales del PSUC sac la que s creo que fue primera revista marxista de crtica y poltica cultural editada en la Catalua del franquismo: Quaderns de cultura catalana. Salieron muy pocos nmeros; creo que slo dos o tres, o quiz cuatro. Pero estaba totalmente escrita e impresa en el interior. Como trabajo conspirativo, Quaderns tena su mrito. Constaba de ms de veinte pginas por nmero. La impresin y el primer escaln de distribucin de los Quaderns estuvieron a cargo de un equipo muy reducido, pero eficaz, que dirigi el historiador Josep Fontana.

Es muy posible que la aparicin de los Quaderns acelerara la de Horitzons. A los rganos supremos de direccin, compuestos en su mayora de permanentes o de aspirantes a esa condicin, no les hace nunca demasiada gracia la productividad espontnea de las organizaciones de base. El nacimiento de Horitzons fue el final de Quaderns por eutanasia. Pero creo que la operacin fue un compromiso decente, una de las soluciones ms equilibradas posibles de la tensin entre el aparato y el partido en la produccin. Varios textos de los Quaderns aparecieron en los primeros nmeros de Horitzons.


Desde entonces, a lo largo de los aos sesenta y primeros setenta, aparte de presentaciones de escritos clsicos como el Anti-Dhring de Engels, Socialismo y filosofa de Labriola o La va checoeslovaca al socialismo de Dubcek, o algunas voces complementarias del Diccionario de Filosofa editado por Dagobert D. Runes -como las dedicadas a Gramsci, a Lukcs o a la alienacin-, Sacristn public gran parte de sus materiales filosficos de inspiracin marxista en Horitzons, Nous Horitzons y Realidad, sin olvidar, obviamente, los numerosos papeles de intervencin y anlisis poltico dirigidos a los comits central y ejecutivo del PCE y del PSUC, as a como a las organizaciones de base del Partido20. De hecho, en la nota que el mismo Sacristn escribi para el tercer volumen de Panfletos y materiales sealaba:

Este tercer volumen es el ms meramente documental de todos. Y encima tiene lagunas, para m lamentables, que no he podido rellenar: las intervenciones dirigidas al Comit Central del Partido Comunista de Espaa y al del Partit Socialista Unificat de Catalunya, a sus respectivos Comits Ejecutivos y a numerosas organizaciones de base durante los aos 1956-1970. Yo me tomaba muy en serio lo de las medidas conspirativas y no guardaba papeles comprometedores o que pudieran dar pistas. Esa rigidez, que me permiti superar sin desperfectos graves cinco registros concienzudos de la Brigada Poltico-Social, me deja ahora sin documentacin que quisiera tener. Vyase lo uno por lo otro21.


Fueron cinco artculos y dos reseas, ms una censurada, las principales aportaciones filosficas de Sacristn22: Tres notas sobre la alianza impa, H 2; Studium generale para todos los das de la semana, NH 10; La formacin del marxismo de Gramsci, NH 11; Lenin y la filosofa, NH 21, y Sobre el marxismo ortodoxo de Gyrgy Lukcs, NH 23, y las reseas: La edicin catalana de las cartas de Marx y Engels sobre El Capital, NH 14, y Sobre el Lenin de Garaudy, NH 17. Posteriormente, en 1977, se public en un nmero extra sobre enseanza de NH (suplemento 1, verano 1977) la tercera parte de La Universidad y la divisin del trabajo, texto que ya haba sido publicado en versin ntegra en Realidad, Argumentos, Anes y Critica marxista por lo que aqu no lo consideramos23. Recurdese, por otra parte, que en la etapa que aqu se comenta Sacristn era miembro del comit central y que desde 1965 hasta 1969 fue miembro del comit ejecutivo hasta su dimisin de la direccin del partido sin abandono de la militancia.


3. Cinco materiales: clsicos del marxismo hispnico.

El primer trabajo, Tres notas sobre la alianza impa, fue incluido en el nmero 2 de Horitzons, primer trimestre de 1961, pginas 14-23, con el seudnimo de M. Castell24. La traduccin catalana del papel fue realizada por Francesc Vicens, entonces director, como se dijo, de la revista terica del PSUC25.

El artculo est dividido en tres apartados: 1. La alianza impa entre nosotros. 2. El antimarxismo de la alianza impa y 3. Metafsica, apriorismo, dialctica. La idea de alianza impa, seala Sacristn, es una idea del marxista ingls Bernal y seala la coincidencia del positivismo cientificista con el pensamiento teolgico o mstico de la tradicin en la empresa comn del agnosticismo filosfico. En esa alianza, el positivismo aportaba las armas crticas defensivas y el irracionalismo de la tradicin le presta sus clsicas tcticas para explotar las derrotas accidentales de la razn, el miedo a lo desconocido. La alianza, en opinin de Sacristn, estaba siendo bastante eficaz y netamente antimarxista, centrada en la tesis positivista de que el marxismo es metafsica:

Lo que la crtica neopositivista reprocha al marxismo es, pues, que diga ms de lo que se puede decir, que hable de aquello de lo que no se puede hablar. El marxismo sera un caso de falacia sugestiva o especulativa, segn la terminologa del empirista lgico norteamericano Feigl -esto es, un caso de teora injustificable porque pretende alcanzar ms de lo que la experiencia permite. El marxismo pretende alcanzar como teora -con la razn- aquello que, si existe, solamente puede ser asible con otras capacidades humanas.

Vale la pena destacar los trminos en que Sacristn defiende en este trabajo inicial la empresa de la ciencia26:, con consideraciones muy alejadas del sociologismo extremo, muy presente y vivo en el marxismo de aquellos aos27:

1. Slo la profunda alienacin del espritu en la sociedad burguesa permite entender por ciencia una actividad que se limita a manipular al ente para explotarlo28.

2. Pero, en su concepto histrico, la ciencia es esencial, cualitativamente, mucho ms que esto: es la lucha por la verdad contra las concepciones del mundo mitolgico-religiosas. La esencia de la ciencia se encuentra mucho ms en las palabras del presocrtico que grita el Sol no es un dios, sino un trozo de piedra incandescente que en los servomecanismos de las mquinas electrnicas que computan los datos ptimos para la propaganda de la Coca-Cola.

3. Ello no significa obviamente que Sacristn defendiera que la ciencia como tcnica no sea un momento del concepto global de ciencia. La ciencia positiva tecnificada moderna es una especializacin de la razn, determinada tanto por las condiciones de la produccin moderna como por la especfica resistencia de la naturaleza del hombre, dato natural dialcticamente cualificado por estas condiciones29.

4. De este modo, para Sacristn, la ciencia, en su sentido pleno, es la empresa de la razn, la libertad de la consciencia: la ciencia positiva como tcnica recibe pues su impulso de la ciencia como razn.

Valoracin similar podra sostenerse respecto a la sensata nocin de dialctica aqu defendida por Sacristn: los vientos del marxismo dominante en aquella poca30 tampoco soplaban en esta razonable direccin

El materialismo dialctico es consciencia del principio histrico-filosfico que posibilita la ciencia positiva, y consciencia de la limitacin del anlisis cientfico-positivo desde abajo; culmina en la complementacin de ste mediante la recepcin dialctica de la especificidad de las formaciones complejas sintetizadas en la gnesis que el anlisis descompone metdicamente. Pero Tresmontant yerra tambin parcialmente con esta afirmacin: ya que, como fundamentacin de la ciencia segn su concepto, el materialismo dialctico es al mismo tiempo resultado inductivo de la ciencia, segn su actividad o historicidad. Es la historia misma de la ciencia, la acumulacin de sus resultados, la que ha dado nacimiento al materialismo dialctico31


Studium generale para todos los das de la semana fue, inicialmente, una conferencia que Sacristn imparti el 8 de marzo de 1963 en la Facultad de Derecho32 de la Universidad de Barcelona. Segn Juan-Ramn Capella33, circularon copias mecanografiadas y ciclostiladas de la trascripcin de la intervencin en la dcada de los sesenta. El texto est dedicado a la memoria de Jos-Ramn Figuerol, estudiante de Derecho34 y acaso fue, junto con el prlogo que escribi para su traduccin del Anti-Dhring o su conferencia de 1978 sobre El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia, uno de sus escritos ms influyentes35.

Studium generale, que estaba firmado sin seudnimo como M. Sacristn, apareci en el n 10 de Nous Horitzons, durante el segundo semestre de 1967, en traduccin catalana de Francesc Vallverd con el ttulo Studium generale per a tots el dies de la setmana36. Se presentaba en portada como Lespecializaci vista pel Professor Sacristn.

La temtica de la conferencia tuvo su origen en la siguiente ancdota: mientras Sacristn estaba preparando su tesis doctoral sobre Heidegger37, dos estudiantes de Derecho acaso uno de ellos el mismo Figuerol- fueron a verle y le plantearon la siguiente duda: uno de ellos tena pasin por la pintura y por la poesa; el otro, por el cine, por el alpinismo y tambin por la poesa Superado el primer curso de Derecho, la desagradable aparicin del Cdigo Civil y de los textos constitucionales en segundo curso pona en dificultades la aspiracin de los dos estudiantes a seguir viviendo tambin como amantes de la poesa, la pintura, el cine y la montaa.38. Sacristn recordaba aos despus que, aunque conoca muy bien el problema de aquellos estudiantes -en definitiva, la dificultad, y necesidad a un tiempo, de armonizar tendencias espirituales heterogneas en la prctica-, les di el slido consejo de hacer algo a fondo, de revender inmediatamente el Cdigo Civil y no matricularse ms en Derecho, o encerrar los libros de poesa, los pinceles, las revistas de cine y las botas de montaa, por lo menos hasta junio39.

De ah la nocin de profundizar, de cultivar realmente a fondo una especialidad, que presenta y defiende Sacristn en este escrito y que concreta del modo siguiente:

1) Profundizar es el intento de recorrer hacia arriba y hacia abajo el camino que revela la justificacin de la especialidad propia, su motivada presencia en la situacin de los hombres.

2) De esta manera, el estudioso antes reacio a vivir en su compartimento se encontrar a gusto en l, dado que sabr entonces que su disciplina por abajo arranca del macizo social bsico de la vida humana y por arriba desemboca en la consciencia del hombre social.

3) Por ello, concluye, la profundizacin en la propia materia de estudio es seguramente una va de enriquecimiento personal ms eficaz que el clsico recurso acadmico an hoy llamado Studium generale, la prctica de hacer seguir al estudiante cursos de otras especialidades.


Sacristn discute a continuacin las tradicionales pretensiones de la filosofa en este conjunto de problemas. Su reflexin se aproxima a la que ms tarde plasmar en aquel opsculo de 1968 de influencia tan relevante y duradera: Sobre el lugar de la filosofa en los estudios superiores40 (Dicho sea entre parntesis, la acusacin de positivismo que a veces se le formul y en ocasiones se sigue formulando- est fuera de lugar. Recordemos este paso netamente clarificador41:

() Es justo aadir que pocos especialistas podrn serlo entonces tan tristemente como el jurista. Porque si es triste que la consciencia de una persona no contenga ms que estadsticas genticas sobre la mosca drosfila, todava es ms siniestro que esa consciencia est llena, por ejemplo, por la posicin del continguante en lo contencioso.administrativo42).


Pero Sacristn observa inmediatamente que la limitacin humana a la que quieren oponerse estos estudiantes de Derecho tiene otras limitaciones que no son eliminables por modelos universitarios que incorporen en mayor o menor medida los fundamentos tericos de la disciplina. De hecho, seala, esa mutilacin se presenta de forma mucho ms aguda a los ciudadanos obreros: en este caso no slo no es cosa suya el cine, la poesa o el alpinismo, sino que tambin les es ajeno el mismo producto de su trabajo obligado, forzado, no deseado. Es y la metfora es magnfica- como si esos estudiantes de Derecho no slo tuvieran que renunciar a sus aficiones sino que se vieran arrebatar cada noche el fruto de su esfuerzo personal obligado, es decir, lo que hubieran estudiado durante el da, de modo que su vida no fuera ms que desgaste en el vaco, constante anticipacin de la muerte43.

Cmo superar entonces la amputacin del trabajo, la amputacin del individuo en nuestras sociedades? Sacristn argumenta que la tcnica no puede cumplir por s sola la racionalizacin importante, la seria, la socializacin de la divisin del trabajo, que es el primer paso para su superacin. Cumplir esa tarea es suprimir la base de la irracionalidad actual, es decir, la mercantilizacin de la vida humana y la divisin social del trabajo, que en la realidad concreta de nuestro hoy no son cosas distintas: la divisin clasista del trabajo se presenta hoy, como es natural, mediada por el mercado.

Sera utopa, en el sentido negativo de esta nocin, es decir, deseo interesado, consciente de su carcter onrico44, ponerse a soar en un desarrollo meramente personal armonioso y/o realizarlo de forma individual. Es, adems, apunta Sacristn, una actitud que dejar mal sabor de boca a todo intelectual decente, a todo intelectual comprometido que no desee ni est dispuesto a echar un velo sobre el mundo para no verlo y poder jugar a la bsqueda de su propia armona. De ah la propuesta de estudio y de vivir general cotidiano con la que Sacristn concluye su escrito45:

Por todo eso, la nica manera de ser de verdad un intelectual y un hombre de lo que Goethe llam la armona, de la existencia humana sin amputaciones sociales, es una manera militante; consiste en luchar siempre, prcticamente, realmente, contra la actual irracionalidad de la divisin del trabajo, y luego, el que an est vivo, contra el nuevo punto dbil que presenta entonces esa vieja mutilacin de los hombres. Y as sucesivamente, a lo largo de una de las muchas asntotas que parecen ser la descripcin ms adecuada de la vida humana.46 Es curioso, a m me suena esto a Kant puro. El lenguaje de las asntotas es la negacin del historicismo hegeliano

En el nmero 11 de NH, tercer trimestre de 1967, se public La formacin del marxismo de Gramsci47 en traduccin catalana de Francesc Vallverd con el ttulo La interpretaci de Marx per Gramsci. Se trata del texto corregido de una conferencia dictada en el Ateneo de Pontevedra en 1967 que se iniciaba con las siguientes palabras: Hace 30 aos daba Radio Barcelona la noticia de la muerte de Antonio Gramsci48.

Sacristn haba presentado en 1958 la obra del pensador y revolucionario italiano un clsico marxista de los mejor ledos, de los menos embalsamados- en la entrada Filosofa, publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa aparecido en 1961 (Papeles de filosofa, op. cit., pp. 90-219)49. A este trabajo habra que sumar, aparte del que estamos considerando, la voz del Diccionario de Filosofa, editado por Dagobert Runes, Gramsci, Antonio (1969) -ahora en Papeles de filosofa, op. cit., pp. 414-416-, su Antologa (Mxico: Siglo XXI, 1970), la entrevista de 1977 para Diario de Barcelona y las pginas iniciales de la entrevista con Jordi Guiu y Antoni. Munn para El Viejo Topo50, y, claro est, el que fuera uno de sus ltimos escritos largos: El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel, de mayo de 1985, presentacin de la traduccin castellana de Miguel Candel de Antonio Gramsci. Introduccin al estudio de la filosofa. Barcelona: Crtica, 198551. (Despus de su fallecimiento, Albert Domingo Curto ha trascrito, editado y presentado la presentacin interrumpida de su Antologa con el ttulo El Orden y el Tiempo. Madrid: Trotta, 1998).

En el ltimo de sus trabajos largos -El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel-, Sacristn daba el siguiente apunte sobre los Quaderni:

El proceso de Gramsci, que termin con una condena a 20 aos, 4 meses y 5 das de presidio, estaba destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele Isgr "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte aos". Por eso los Cuadernos de la crcel no valen slo por su contenido (con ser ste muy valioso), ni tampoco slo por su contenido y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen tambin como smbolos de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresin, el aislamiento y la muerte que procuraban da tras da sus torturadores. El mismo mdico de la crcel de Turi lleg a decir a Gramsci, con franqueza fcilmente valerosa, que su misin como mdico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que causaron pronto un estado patolgico agudo Gramsci escribiera una obra no slo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino tambin, y ante todo, rica en bondades intrnsecas, es una hazaa inverosmil, y los Cuadernos son un monumento a esa gesta.

 

El trabajo publicado en este NH de 1967 estudia el proceso de formacin del marxismo en la obra de Gramsci. Considera Sacristn que el origen idealista y, en general, la hegemona de un idealismo culturalista y anticientificista en la Italia de la primera mitad del siglo XX, daban a Gramsci muy pocas armas para sublevarse con xito contra la fatalidad o inevitabilidad de la ideologa en el pensamiento revolucionario. El Marx cientfico no ser ya para Gramsci un positivista sino un investigador que ha descubierto los hechos bsicos de los que arranca el acto histrico revolucionario. Pero, entonces, cmo se produce ste, qu factor desencadena este acto histrico? La ideologa, sin embargo, prosigue Sacristn, es una solucin que incomoda desde el primer momento a Gramsci sabedor de que el marxismo es tambin crtica de las ideologas, pensamiento antiideolgico.

Concluye Sacristn su anlisis sealando que sera injusto, por parcial, concluir el examen de la formacin del marxismo en Gramsci anotando que su marxismo ha sido siempre problemtico al no poder decidir sino en el marco de la anttesis positivismo-ideologa, sin poder resolver la crisis entre el positivismo meramente evolucionista de la socialdemocracia y la inconsistente, por no fundamentada, escapatoria ideolgica. Y lo sera porque Gramsci ha conseguido arrancar al movimiento de su pensamiento conceptos tan valiosos para el marxismo como bloque histrico o como centro de anudamiento52; porque supondra ignorar el desarrollo que el concepto de prctica53 ha tenido en la tradicin por la obra de Gramsci, y, finalmente, lo sera por desconocer la importancia de la bsqueda veraz y honda de un problema real.

Importa tambin destacar aqu, aunque sea marginalmente, una faceta importante del Sacristn escritor, su enorme y reconocida capacidad para construir aforismos o mximas en reflexiones centrales o secundarias que trasciende el tema puntualmente desarrollado. Doy, a continuacin, algunos ejemplos de ello:

1. [] problema identificado y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto probablemente porque todo autntico pensador descubre problemas ms all de sus soluciones54.

2. Con esa intervencin de Lenin empieza una difcil actuacin de Gramsci que pasa por la formacin del PCI y culmina con una operacin caracterstica de ese dramtico perodo de la III Internacional: la eliminacin autoritaria del grupo extremista de Bordiga -inicialmente mayoritario en el PCI- por la accin del instructor Gramsci desde Viena (1923). Las personas viven en su poca: por eso resultan cursis las presentaciones de Gramsci con halo de novela rosa poltica, como un iluminado que, en cuestiones de organizacin poltica, hubiera anticipado en 30 aos y superado incluso el XX Congreso del PCUS.55

3. Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estril no suele ser la aceptacin veraz de los problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca ante una cuestin irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que ha crecido).56


Por su parte, Lenin y la filosofa57 fue publicado en el nmero 21 de NH58, cuarto trimestre de 1970, pp. 8-14 (en portada: Manuel Sacristn comenta Lenin i la filosofia). Sacristn haba impartido una conferencia en la Universidad Autnoma de Barcelona59 el 23 de abril de 1970 con el ttulo El filosofar de Lenin, posteriormente publicada como prlogo a la traduccin castellana de V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Grijalbo, Barcelona, 197560. A pesar del tono enrgico de la insistencia y del empeo de los redactores barceloneses, este escrito largo no fue publicado en la revista y, en su lugar, en este nmero 21 de la publicacin, se incluy Lenin y la filosofa. Su extensin61, o acaso algunas de sus formulaciones fueran motivos para esta muy discutible decisin62. Giaime Pala aventura una hiptesis ms arriesgada pero de mayor inters:

Cabe suponer que la direccin rechazara el ensayo original sobre Lenin para evitar problemas con aquellos sectores prosoviticos que ya haban acusado a Sacristn en un documento interno que circul en muchas clulas- de ser uno de los responsables del supuesto giro revisionista del PSUC despus del agosto praguense63.


Lenin y la filosofa, el escrito finalmente publicado, fue un artculo escrito por encargo de El Correo de la UNESCO para un nmero especial de la revista dedicado al centenario del nacimiento de Lenin. El Correo -tambin!- renunci finalmente a su publicacin64 y, en su lugar, public un escrito de un autor sovitico. El encargo del trabajo a Sacristn, al que se aade otro tema de traduccin, se produjo del modo siguiente:

El 27 de enero de 1970, Francisco Fernndez Santos65, con mucho tacto y notable principio de la realidad, haba escrito a Sacristn desde Pars pidiendo su colaboracin en los siguientes trminos:

Querido amigo:

El Correo de la UNESCO, de cuya edicin en espaol estoy encargado desde hace un mes, piensa dedicar un nmero entero a la vida y la obra de Lenin, con motivo del centenario de su nacimiento. Reunido el consejo de redaccin de la revista para examinar los posibles colaboradores, he propuesto tu nombre porque creo que eres, en el mundo de habla espaola, una de las personas ms calificadas para escribir sobre Lenin66. Si te interesa la proposicin que te hago en nombre del consejo de redaccin, te ruego que me contestes lo antes posible proponiendo a su vez sobre qu temas leninianos podras escribir.

Evidentemente, dado el carcter neutral que la UNESCO intenta dar a sus actividades y que es causa de buena parte de su inoperancia frente a los grandes problemas-, se pretende que el nmero sobre Lenin de El Correo no resulte demasiado agresivo y que, de algn modo, mnage la chvre et le choux (cosa sumamente arriesgada cuando se trata de un revolucionario tan candentemente actual como Lenin). Quiz ciertos aspectos de la obra de Lenin irriten menos la sensibilidad de los norteamericanos que otros.

La ventaja de publicar un artculo en El Correo es que sale en 12 ediciones distintas, desde el ruso hasta el hindi, y es ledo por cientos de miles de lectores. En cuanto a los honorarios, no son excesivos, pero tampoco despreciables; de cinco a siete mil pesetas.

Espero tu respuesta con lo que decides. Por mi parte, me alegrara mucho que colaboraras en ese nmero.


A mano y en nota aada: Me ha gustado mucho tu entrevista de hace unos meses en Cuadernos para el Dilogo. Fernndez Santos se refera al texto publicado en agosto-setiembre de 1969 en la citada revista, sobre la invasin de Praga por las tropas del pacto de Varsovia67.

Sacristn responda a vuelta de correo a Fernndez Santos el 5 de febrero de 1970:

Apreciado amigo:

te agradezco tu carta del da 27, la propuesta que me haces en ella y tu previa iniciativa en la redaccin de El Correo de la UNESCO. Por una inadvertencia, he perdido el sobre de tu carta. Mirar una direccin en la revista y mandar esta respuesta a la direccin que all encuentre. Espero que te llegue.

S que me resultara agradable escribir algo sobre Lenin. Y creo que lo nico de lo que podra escribir con cierta tranquilidad tiene tambin la ventaja de ser lo menos irritante para cualquiera. Yo te propondra el tema Lenin como filsofo. Antes de plantear nada me interesa ver si recibes esta carta. Al acusarme recibo, cosa que te agradecera, indcame tambin extensin del trabajo y fecha de entrega.


Fernndez Santos responda a Sacristn el 23 de marzo sealando que Vicente Herrero le haba pasado la traduccin de las citas de Lenin un encargo de traduccin solicitado por El Correo de la Unesco- junto con la carta del 5 de febrero. En nota sealaba: Despus de escribir esta carta, recibo la tuya con mucho retraso (Conflictos laborales en el correo francs). Y aada:

() Yo me marcho por diez das fuera de Pars, a Madrid y Alicante. Me hubiera alegrado poder pasear por Barcelona y charlar un rato contigo y otros amigos. Ser para otra ocasin.

Te agradezco la rapidez con que has hecho la traduccin. Yo no he podido leerla an. Pero Herrero me ha encargado que te diga que la encuentra excelente. En cuanto a la presentacin, ms que perfecta.

Ahora espero tu artculo sobre Lenin. Cuanto antes lo tengas, mejor. Pero sigues teniendo como plazo hasta el 8 o 10 de abril.


El 16 de marzo de 1970, Sacristn, con destacable irona, responda a esta ltima carta de Fernndez Santos, sealando, por una parte, la recepcin de un texto de Lenin -acaso en alemn-, cuya traduccin iba a terminar en pocos das y, por otra, comentando algunas caractersticas de su propio artculo:

Querido amigo:

Yo pens por un momento, en una de mis anteriores cartas, en decirte algo acerca de la recomendacin de Javier Pradera68 para Ignacio Bolvar. Pero como haba pasado cierto tiempo desde mi solicitud, decid que no deba hacerlo, para no dar a Bolvar una sensacin de acoso.

He recibido el texto de Lenin, y lo tendr terminado el viernes 20 o incluso antes, con mucha anticipacin por lo tanto. Es un texto breve y familiar. La seleccin tiene cierta gracia: parece bastante exenta de urgencias la mode y de intencin tctica- instrumental excesiva, salvo en la cargante insistencia en el aprovechamiento de los intelectuales burgueses y en la anacrnica importancia dada a la pugna con los futuristas. Pero, de todos modos, tambin eso es histrico e instructivo.

Me alegra mucho la noticia de la victoria de nuestro subdesarrollo. Pongo inmediatamente manos a la obra y espero adelantarme un poco -aunque no podr ser mucho, dado el poco tiempo que queda- a la fecha tope que me indicas. Tomo nota de las caractersticas populares que ha de tener el artculo. No me molestan en absoluto: conforme me voy haciendo viejo voy sintindome capaz de prescindir sin complejos de gran parte de los usos acadmicos.

Con un abrazo, y de nuevo agradecido de tu eficacia nada subdesarrollada [Las dos cursivas son mas].


El 18 de marzo de 1970, dos das antes de la fecha indicada, Sacristn escriba a Vicente Herrero, el delegado de la UNESCO en Pars, adjuntndole la traduccin requerida y con curiosos comentarios de alguien que, precisamente, sola conversar con los trabajadores de los talleres de imprenta69:

Estimado seor Herrero:

aqu le adjunto la traduccin que me encargaron ustedes el da 12 de marzo.

[] Tambin me importara mucho que, de serles posible, me hicieran ustedes alguna indicacin acerca de la traduccin y del mecanografiado. Es la primera vez que trabajo para ustedes, y me convendra saber lo suficiente acerca de sus criterios y de sus costumbres de trabajo.

He reproducido las caractersticas de inters tipogrfico que presentaba el texto original (pero he completado la indicacin de cursiva -italique- que era evidentemente irregular en el original) y he cuidado de que cada una de mis pginas contuviera casi exactamente la traduccin de la pgina francesa del mismo nmero, suponiendo que eso puede facilitar el trabajo de control y acaso tambin el de clculos de compaginacin. Por el principio de respetar las caractersticas tipogrficas he puesto en maysculas el nombre ZETKIN, cuando posiblemente sera ms adecuado dar la indicacin de versalita.

Dudas como esta ltima sern sin duda fciles de eliminar para trabajos posteriores si ustedes me pueden dar indicaciones explcitas.

Disclpeme la molestia y acepte mis cordiales saludos.


El 4 de mayo de 1970. S. M. Koffler, Director-Jefe de la redaccin de El Correo de la UNESCO, escriba a Sacristn en torno a su contribucin:

La redaccin de El Correo de la UNESCO ha ledo con mucho inters su interesantsima contribucin Lenin y la filosofa que ha tenido Ud, la amabilidad de preparar especialmente para el nmero de El Correo de la UNESCO dedicado a Lenin, a la educacin, la ciencia y la cultura.

Tengo el agrado de mandarle adjunto tres copias del contrato oficial rogndole nos devuelva dos copias firmadas a fin de que la Secretara de la UNESCO pueda hacer los trmites necesarios para el pago.

Atentamente le saluda


Sacristn respondi poco despus al Sr. Koffler y a V. Herrero agradeciendo los honorarios por su artculo sobre Lenin y por la traduccin. En carta a este ltimo, aada: () Y tambin le agradezco la gestin que supongo por detrs de una carta que he recibido con ofertas de traduccin del Banco de la UNESCO.

En cuanto al contenido de Lenin y la filosofa, en coincidencia con la expuesto en El filosofar de Lenin70, Sacristn sealaba:

  1. Los escritos de Lenin dedicados a temas filosficos o histrico-filosficos conculcan frecuentemente criterios de exactitud o de precisin en el uso de los conceptos que suelen ser observados en el mundo universitario de la filosofa.

  2. Lenin considera tan importante la lucha contra el idealismo en el frente de la lucha de clases que no duda en pasar por alto las diferencias entre pensadores a menudo polmicos entre s. La actitud de Lenin tiene un riesgo: despreciar las innovaciones de lxico en filosofa puede mover a pensar como natural un lxico que es en realidad el de los profesores de generaciones anteriores.

  3. Eso no es obstculo para que Lenin haya percibido, acaso de forma no muy elaborada, que el trabajo del empiriocriticista pueda acabar cerrando en ocasiones el paso de la investigacin real.

  4. Ms incluso: en su autocrtica, Lenin se ha anticipado a sus crticos cuando, al volver sobre Hegel, toma consciencia de haber criticado a los empiriocriticistas ms desde el punto de vista del materialismo filosfico del XVIII que desde la perspectiva del materialismo marxista.

  5. En la concepcin de la dialctica en Lenin, juega un papel decisivo, junto a los principios de abstraccin y concrecin, el principio de la prctica. Con l, el pensamiento de Lenin vuelve a una de sus primeras convicciones: filosofar es intervenir con una peculiar intencin intelectual en la lucha de clases. Finalizaba Sacristn su trabajo con la siguiente reflexin:

La peculiaridad de esa intencin estriba en que, por un lado, articula la accin segn concepciones generales y, por otra, consuma estas concepciones en la prctica misma. El filosofar marxista se consuma conscientemente en la lucha de clases71


En sntesis, una visin del leninismo muy alejada de toda la cantinela salmdica marxista-leninista (o marxista-leninista-pensamiento Mao Ts-tung) tan presente en aquella poca y con resultados tan perversos para el bienestar psquico-existencial de tantos militantes, y no slo en el plano terico o en el de la comprensin de textos, autores o situaciones, sino en aspectos ms ntimos, ms vitales, ms esenciales.


Sobre el marxismo ortodoxo de Gyorgy Lukcs apareci en el nmero 23 de NH, tercer y cuarto trimestre de 1971, pginas 6-14, en traduccin de Joaquim Sempere. Fue publicado posteriormente en Realidad, n 24, diciembre de 197272.

Sacristn haba escrito un magnfico comentario sobre El asalto a la razn en 1967 -y publicado en la revista Materiales en enero-febrero de 1977, diez aos ms tarde de su elaboracin- con el ttulo: Sobre el uso de las nociones de razn e irracionalismo por G. Lukcs73. Tradujo, adems, obras tan esenciales del filsofo hngaro como El joven Hegel, Esttica I, Prolegmenos a una esttica marxista, Goethe y su poca, Historia y consciencia de clase, El alma y las formas, Materiales sobre el realismo y La novela histrica 74

En la solapa de su traduccin de la Esttica, Sacristn haba trazado la siguiente semblanza de Lukcs:

Georg Lukcs naci en 1885 en el seno de una familia hebrea ennoblecida en los ltimos tiempos del imperio austro-hngaro. Su primera orientacin filosfica le sita a grandes rasgos dentro de las ciencias del espritu de tradicin neokantiana (Simmel, Dilthey, Max Weber). Ese horizonte filosfico tiene su primera obra de importancia, Die Seele und die Formen (El alma y las formas), celebrada por Max Weber.

Su adopcin del marxismo -a travs del tema hegeliano, marxista y sociolgico-cultural de la alienacin- est en lo esencial consumada en 1919. Ese ao Lukcs es Comisario del pueblo para la educacin en el rgimen socialista dirigido por Bela Kun en Hungra. Tras la sangrienta represin del movimiento obrero centroeuropeo por el pre-fascismo alemn y hngaro y por las tropas aliadas, Lukcs vive en Austria, Alemania y la Unin Sovitica. En el detalle doctrinal su evolucin es ms compleja: Geschichte und Klassenbewusstein (Historia y consciencia de clase), su primera gran obra explcitamente marxista, no le resulta luego plenamente satisfactoria.

Durante toda su estancia en la Unin Sovitica (hasta 1945), as como en las recientes vicisitudes hngaras, Lukcs -criticado por Zinoviev y en el V Congreso de la Internacional Comunista- es una complicada figura de pensador, muy independiente y creador y, a la vez, sumamente tradicional en su hegelianismo y en su teorizacin del llamado realismo socialista.

Por la dimensin de su obra, especialmente en esttica y teora del arte, Lukcs es sin ninguna duda, junto con Antonio Gramsci, uno de los dos pensadores marxistas ms considerables de entre las dos guerras mundiales.

 

El texto sobre el marxismo ortodoxo de Lukcs -autor del que Sacristn propuso, y realiz parcialmente, la edicin de sus Obras completas75-, se public poco despus del fallecimiento del filsofo hngaro en junio de 1971 y se elabor en circunstancias nada fciles para Sacristn: dimisin de sus responsabilidades en la direccin del Partido, aunque no de la militancia poltica; estudio, balance y reelaboracin de una nueva estrategia para el movimiento comunista; situacin econmica nada cmoda tras haber sido expulsado de la Universidad en 1965; laboriosos trabajos de traduccin76 y, adems y por si fuera poco, en momentos nada fciles desde un punto de vista de su salud personal77: Sacristn sufri una profunda depresin que arranc en 1970 y que le dificult en gran medida trabajar y escribir con continuidad a un ritmo fuerte, pero que no fue obstculo para que escribiera textos como el que aqu se comenta.

Interesa remarcar tres aspectos de este trabajo: sus consideraciones sobre la ortodoxia marxista de Lukcs, sus crticas al estalinismo y su aproximacin a algunas tesis de las Conversaciones de Lukcs, en 1966, con Holz, Kofler y Abendroth78.

La ortodoxia marxista del joven Lukcs, seala Sacristn, es tan enrgica como poco amiga de dogmas79. La ortodoxia se refiere nicamente al mtodo y ste es, para Lukcs, la dialctica, la comprensin del mundo como cambio, como mbito de la revolucin. De esta consideracin del marxismo estuvo satisfecho Lukcs hasta su vejez, sealando en su prlogo de 1967 a Historia y consciencia de clase que esa determinacin no era slo objetivamente verdadera sino que, adems, en aquellos aos en los que Lukcs consideraba probable un renacimiento del marxismo, poda tener una influencia considerable. Efectivamente, sealaba Sacristn, lo ocurrido en el marxismo desde el doble aldabonazo de 1968 mayo parisino y primavera praguense- tiene que ver, ms all de las apariencias, ms con el marxismo del mtodo y de la subjetividad de Lukcs que con el marxismo del teorema y de la objetividad de Althusser80 o de los dellavolpianos. Sin embargo, comenta Sacristn crticamente, no sera perdonable incurrir en el desprecio del conocimiento positivo, emprico, que caracteriza el idealismo de la ortodoxia marxista del Lukcs de 1923, dado que este integraba su tesis sobre la ortodoxia, sobre el marxismo como dialctica revolucionaria, en la filosofa idealista de la tradicin hegeliana. Lukcs partir de las nociones del joven Marx para recuperar su Marx revolucionario frente al Marx mero teorizador de los autores de la III Internacional.

Sacristn destaca el punto decisivo de la aproximacin lukacsiana: es mrito cientfico del joven Lukcs su insistencia en diferenciar el marxismo de la ciencia comn el marxismo no es slo ciencia- y, adems, el autor hngaro ha valorado ms que el mismo Lenin la fuente y parte integrante del marxismo que menos suele citarse: el movimiento obrero. Para Sacristn, el joven Lukcs es el ms preparado filosficamente para explicitar el carcter esencialmente prctico y de clase del pensamiento de Marx.

Lukcs, por otra parte, criticado por su izquierdismo por el mismo Lenin y sabedor de su fracaso como dirigente poltico81, y dada la consolidacin del poder estalinista, crey siempre en la razn histrica de Stalin -estatalizacin en un solo pas, poltica de alianzas internacional, conformismo cientfico-cultural- pese a su enrgico antistalinismo en materia de organizacin del poder socialista. Por ello, la crisis del estalinismo fue tambin su propia crisis: la energa de su pugna contra la poltica cultural estalinista y zdanoviana provenan de su conviccin del acierto estalinista en los grandes temas histricos82. La crisis del estalinismo de Lukcs, sealaba Sacristn, culmina en la catstrofe hngara de 1956. Lukcs, como es sabido, fue ministro del primer gobierno Nagy y fue uno de los pocos supervivientes conocidos de aquella trgica situacin.

El artculo finaliza con unas reflexiones sobre las Conversaciones de 1966, texto sobre el que, como se dijo, volver en 1985 en su conferencia sobre el ltimo Lukcs y que incluso le impuls a un breve pero significativo aadido -de agosto de 1971- a su texto sobre las nociones de racionalidad e irracionalidad en Lukcs83.

Por otra parte, algunos de los comentarios de Sacristn son netamente significativos de su visin de los pases del este europeo de aquellos aos. Criticando el olvido por Lukcs del tema de la revolucin china y discutiendo su afirmacin sobre el poco eco que el socialismo despertaba en los pases capitalistas de aquellos aos, sealaba:

[] Donde despierta poco eco es en los pases burocrticos de la Europa oriental. En el oscuro y excesivo pesimismo del ltimo Lukcs acta mucho ms el desprestigio del socialismo por culpa de su deformacin burocrtica derechista en el poder que la realidad del capitalismo monopolista de la segunda mitad del siglo XX84.



Finalmente, un apretado e interesante balance de la consideracin de Sacristn de la obra lukacsiana puede verse en esta carta de 22 de febrero de 1971 dirigida a Francisco Fernndez Santos85:

Querido amigo;

aqu te mando los contratos de la nueva traduccin. S que he hecho bastante traduccin cientfica, aunque ahora me dedico ms a textos de ciencias sociales. He ledo este artculo que no presente ninguna dificultad, y te lo enviar antes de la fecha convenida, probablemente a principios de marzo.

[] Perdona que aproveche la ocasin para otros asuntos: Jacobo Muoz, un profesor de filosofa de aqu amigo mo y muy buen trabajador, te pidi, utilizando mi nombre, una aportacin a un volumen de homenaje crtico a Lukcs. Me pidi que insista ahora porque no tiene noticias tuyas. Creo que si tienes tiempo y un poco de gusto vale la pena que escribas algo para ese volumen. Yo no soy filosficamente muy lukcsiano, sino todo la contrario, pero tengo por Lukcs el respeto debido y me perece que vale la pena demostrarlo en un momento tan desagradablemente dominado por modas de superindustria editorial. Voy a contribuir al volumen con dos artculos: uno muy crtico y negativo para Lukcs sobre su concepto de razn86; otro sumamente admirativo sobre sus escritos polticos (de todos modos, la admiracin no excluir alguna crtica, por ejemplo, contra su manera de despachar la experiencia china). Creo que t, que, junto con Ballesteros, constituyes la totalidad del grupo de escritores que ha publicado marxismo cuando no haba furias de moda mercantil (yo soy tan perezoso para escribir, acaso por mi destino que me impone escribir todos los das lo que han escrito otros, que no cuento87), creo digo que t tienes cierta obligacin de intervenir en ese volumen que Muoz y el editor Grijalbo querran ver en la calle con Lukcs an vivo. Me sumo, pues, a la peticin de Muoz [la cursiva es ma]

4. Una resea olvidada, otra criticada y una tercera censurada.

Sacristn public dos reseas en Nous Horitzons88. La primera estaba dedicada a una edicin catalana de las cartas sobre El Capital de Marx y Engels realizada por la editorial Materials en 196789.

Sacristn iniciaba su comentario sealando que haba que celebrar que la empresa de editar los clsicos del marxismo contine abrindose tenazmente un resquicio, por estrecho que sea, en la muralla, dos veces ya bautizada, de la censura franquista. Pero, en cambio, apuntaba, eran menos saludables algunos rasgos de la manera como a menudo se hacan estas ediciones: errores de calibre sobre la vida de Gramsci; Marx traducido del francs, sin ser el Marx de la Miseria de la filosofa ni de otros textos franceses, o del ingls, sin ser los artculos de la New York Daily Tribune ni declaraciones ni llamamientos ingleses. Adems, en algunos de estos casos, el mensajero entre Marx y el traductor cataln era, para acabarlo de arreglar, adems, un antimarxista ms o menos solvente y, sin ninguna duda, anticomunista ms o menos frentico.

En el caso del volumen comentado (K. Marx y F. Engels, Cartes sobre El Capital, Barcelona, Edici de Materials, 1967, 335 pginas), se aada este agravante: los editores de la correspondencia de Marx y Engels90 sobre El Capital se haban beneficiado del notable trabajo de seleccin y anotacin del comunista francs Gilbert Badia91, basado a su vez en el no menos considerable trabajo de desciframiento, seleccin y edicin, realizado por los comunistas alemanes de la editorial Dietz, una de las ms antiguas editoriales comunistas del mundo.

Por qu subray Sacristn tres veces el trmino comunista? Por lo siguiente: los editores del volumen que utilizaban por partida triple el trabajo editorial de partidos comunistas se permitan anteponer al texto de Marx y Engels, y a las valiosas notas de Badia, una pginas en las que se deca que en Francia las editoriales de filiacin comunista han evitado curiosamente la publicacin de ciertas obras del joven Marx (prcticamente todas) y que la edicin de las obras completas de Marx-Engels en la URSS est todava a medio hacer.

En tono, ciertamente enrgico, Sacristn recordaba:

1. Las ditions Sociales de Pars tenan ya entonces excelentes ediciones de casi todos los escritos juveniles de Marx; en especial, la edicin de su principal obra juvenil los Manuscritos econmico-filosficos de 1844, a cargo de Bottigelli.

2. El concepto de Obras completas de Marx y Engels era difcil de fijar, hasta el punto que ninguna edicin hecha por editoriales comunistas hasta la fecha se haba decidido an a usar esta denominacin92. Sacristn recomendaba la edicin del Partido Socialista Unificado de Alemania, basada en la edicin del Comit Central del PCUS, dando incluso su ficha tcnica: Karl Marx-Friedrich Engels, Werke [Obras], 26 tomos en 29 volmenes ms tres volmenes complementarios. Berln, Editorial Dietz. 1956 y siguientes.

3. Por lo dems, la situacin de la edicin de las obras de Marx y Engels era mucho mejor que la de muchos otros clsicos de la filosofa y de la ciencia, lo cual no quera decir, desde luego, que fuera necesario descansar tranquilamente en la casa ya acabada. Las dos principales tareas pendientes eran en su opinin: resolver el desciframiento y el problema de la edicin de numerosos pliegos y cuadernos, sobre los que filolgicamente todava no se haba llegado a una clarificacin, y proceder a una edicin diplomtica de las obras, dando como irresolubles los problemas de interpretacin que hoy todava hay pendientes y aadiendo los papeles en cuestin meramente en fotocopia93.


La resea sobre Lenin, un breve ensayo de Roger Garaudy, apareci en NH, nmero 17, segundo trimestre de 196994. Sacristn destacaba dos rasgos del escrito: Garaudy no mostraba en este trabajo el excesivo respeto acadmico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y, por otra parte, la manera de construir los aspectos del pensamiento de Lenin que Garaudy ofreca al lector, era muy adecuada para las necesidades presentes. Garaudy acentuaba la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enrgicas tomas de posicin antidogmticas y antisectarias de diversos textos.

En las 66 pginas del ensayo quedaba claro que Garaudy lo haba escrito con el fin de librar una batalla en dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de Lenin le era til contra el derechismo de tipo tradicional y mostrar que Lenin pensaba de manera antidogmtica y antisectaria le serva contra el izquierdismo. Ambas cosas le servan, adems, contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneracin socialista, la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razn de Estado y un sectarismo hipcritamente dogmtico que disfraza de teora, desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicacin del poder o de la lucha por ste en tal o cual intriga momentnea, subrayando finalmente:

No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y al nuevo izquierdismo, al igual que a la degeneracin del poder socialista, sea continuar utilizando los clsicos del movimiento socialista convirtindolos en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razn en su triple polmica, pero parece dudoso que esta razn vaya a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo filolgico de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de pgina de algunos elementos de El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de pgina del Qu hacer?, etc.) y a la degeneracin burocrtica revestida con todas las citas, sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia). Es necesario de una vez dejar vivir a los clsicos. Y no se ha de ensear a citarlos, sino a leerlos.


Curiosa y sorprendentemente, este texto -como ha mostrado convincentemente G. Pala95 no fue bien recibido por algunos sectores del Partido. Acaso porque llova sobre mojado: adems de la entrevista sobre Checoslovaquia publicada en Cuadernos para el Dilogo, Sacristn se apuntaba a otra heterodoxia ms: el marxismo interesante no poda ser una simple copia, ms o menos creativa, de ningn libro -rojo o rosado- de citas de los clsicos. Haba que leerlos creativamente y pensar con cabeza propia a partir de ellos y con ellos.

La tercera resea que Sacristn escribi para NH iba a ser publicada en el nmero 20 de la revista pero, finalmente, no  fue incluida96. Llevaba por ttulo A propsito de El futuro del Partido Comunista francs97 y seguramente fue escrita en la primavera de 1970. Se trata de un detallado comentario del ensayo Lavenir du Parti Communiste Franais98, cuyo autor Waldeck Rochet era entonces secretario general del P.C.F. La redaccin barcelonesa de NH recibi indignada las razones escritas y verbales esgrimidas por la direccin parisina para poner en reserva el trabajo de Sacristn99.

Cules fueron esas razones? Podemos conjeturar alguna hiptesis: algunas de las crticas vertidas al texto de Rochet, secretario del PCF, que era a su vez un decisivo apoyo del PCE en su lucha contra el franquismo, podan daar esta relacin. Por precaucin, la direccin del PSUC pensara que era ms sensato dejar en el archivo de textos pendientes-siempre-pendientes el escrito de Sacristn, que, como se ver, hace un balance muy ajustado, laudatorio en ocasiones, del ensayo de Rochet, sealando, eso s, puntos dbiles o asuntos solamente apuntados en el anlisis del dirigente francs. No hay que olvidar, por otra parte, que algunos puntos crticos al socialismo realmente existente pudieron ser mal recibidos por algunos dirigentes del PSUC tambin temerosos de las reacciones de algunas bases del partido- que acaso temieron reaccin parecida en la direccin del PCF.

La resea -cuatro apretadas pginas en folio escritas a mquina- tiene como fondo los entonces recientes acontecimientos del mayo parisino100. Est dividida en dos apartados: las enseanzas del mayo-junio de 1968 y la democracia avanzada, las mismas dos partes en las que est dividido el ensayo de Rochet101.

Sacristn sostiene en primer lugar que tratndose de un asunto con el que numerosos periodistas y editores han intentado hacer su agosto apelando al sensacionalismo, las expresiones de un dirigente poltico responsable como el autor son muy de desear. Las razones sealadas por WR para dar cuenta de la poltica seguida por el P.C.F. durante el movimiento parisino eran, bsicamente, una abierta alusin a la correlacin de fuerzas y un plan del poder para provocar al movimiento obrero y arrastrarlo a un enfrentamiento violento. Sobre la base de esta valoracin, Rochet define del siguiente modo los principios de la actuacin del partido comunista francs durante este perodo crtico: ser revolucionario no era lanzar a la clase obrera a aventuras sin tener en cuenta la real correlacin de fuerzas existente. WR ilustra su posicin con ejemplos trgicos -aunque gloriosos- como las jornadas de junio de 1848 y la misma Comuna de Pars.

Sacristn acepta la perspectiva de WR: es necesario para un slido movimiento obrero aprender de la historia y no intentar repetir las catstrofes que recuerda WR, ni otras ms prximas en el tiempo. Sin embargo, Sacristn observa que las razones e informaciones de Rochet tienen implicaciones importantes de cara a la poltica del P.C.F. y de los partidos comunistas en general- no siempre explicitadas por el autor.

En efecto, la provocacin por parte de la alta burguesa es caracterstica de las fases de oleada reaccionaria (como lo fue el fascismo) por encontrarse el capitalismo con dificultades serias. Si sa es la situacin por fuerza se debera tener en cuenta a propsito de la cuestin del poder, pues estara fuera de lugar todo optimismo acerca de un desarrollo constitucional.

En otras ocasiones, sealaba tambin Sacristn, hay un anlisis unilateral de los hechos que olvida consecuencias de importancia como la que se refiere a la misma poltica de alianzas del partido.

Cmo es posible conseguir la unidad de la clase obrera y el pueblo trabajador negociando con polticos que, por los intereses que representan o aunque sea por idiosincrasias culturales, no se deciden a formar un bloque ni siquiera en medio de la crisis social ms grande sufrida por Francia desde 1945? Cundo, pues, se van a decidir esos curiosos aliados?.

La respuesta pareca imponerse: o nunca o bien cuando les fuerce la proximidad de las masas pero, en este segundo caso, claro est, este asunto habra perdido toda significacin. Sacristn comenta entonces que fundar estrategias y anlisis polticos en verdades incompletas, por autnticas que sean, sin analizar sus consecuencias puede tener efectos muy negativos. En efecto. No hay duda que el excelente trabajo de organizacin y preparacin de la clase obrera haba sido desarrollado con xito, pero era precisamente este trabajo, ya considerablemente adelantado, el que iba acercando el problema del salto cualitativo: la aparicin en primer plano de la cuestin del poder poltico. De ah la reflexin con la que Sacristn finalizaba este primer apartado

es poco convincente ver en la amenaza de guerra civil un mero espantajo102 (...) es inverosmil que la gran burguesa vea madurar las condiciones de un poder popular con direccin obrera y no reaccione con la utilizacin de sus medios militares, tras fomentar tambin, para ganarse las capas medias, un poco de caos mediante huida de capitales, cierres, caresta, provocaciones, etc.

En el segundo apartado de este trabajo, Sacristn analiza los captulos dedicados al tema de la democracia avanzada, categora poltica muy presente en algunos partidos comunistas de la poca. Sacristn expone, en primer lugar, el programa del P.C.F. contenido bajo el concepto de democracia avanzada: rotura del poder de los monopolios; socializacin de estos sectores productivos; planificacin democrtica. Se trata de un programa de construccin del socialismo por parte de una clase obrera fuerte, que se sabe ya representante de toda la sociedad, que puede y debe recoger el contenido material de lo que haba sido mera ideologa, tcticas publicitarias en el capitalismo.

Seala Sacristn, en primer lugar, que la solidez de lo dicho, de todo lo dicho, y es mucho, no evita que queden cosas decisivas por decir. Una de las consecuencias silenciadas o acaso no vistas sera la siguiente:

(...) precisamente porque la gran burguesa monopolista e imperialista no puede ya tolerar la realizacin de los ideales poltico-sociales que sus antepasados formularon, precisamente porque los reprime ya hoy -vaciando los parlamentos, eliminando el carcter pblico de la toma de decisiones polticas, etc.- precisamente por eso el renacimiento de la democracia poltica en el nuevo marco de una democracia econmica presupone la destruccin del poder monopolista. La democracia avanzada que propone el PCF es una fecunda va hacia el socialismo, una versin del mejor anlisis de la experiencia staliniana hecho por los partidos comunistas. Pero no resuelve la cuestin del cambio cualitativo del poder. Para despus de ese punto crtico del cambio ser una va de construccin del socialismo muy superior a las conocidas (para pases ya industrializados), pues ser recorrida por las masas a ttulo propio, no constreidas por un poder paternal responsable de ellas. La democracia avanzada del PCF es la va de instauracin del socialismo por una clase obrera responsable de s misma. Pero entonces es, simplemente, la forma de la dictadura del proletariado apta para pases tcnicamente adelantados.


Resalta adems Sacristn ambigedades en algunas afirmaciones del secretario general. Por ejemplo, cuando Rochet sostiene que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo; en su opinin, la democracia avanzada es una fase de la construccin del socialismo porque una edificacin burocrtica del socialismo produce graves contradicciones desde el primer momento en las sociedades adelantadas (Repblica Socialista de Checoslovaquia, RDA, por ejemplo) y amenaza con producirlas a la larga en sociedades que partieron de estados histricos ms atrasados (URSS)103. Rochet, pese a su clara percepcin de la violencia de la reaccin de la alta burguesa frente a cambios reales de poder, no parece notar, en opinin de Sacristn, que entre el vaciamiento actual de la que fue democracia burguesa y la democracia avanzada est, inequvocamente, la cuestin central del poder, en el terreno de la cual no hay espantajos, sino la lucha sin medida de lo que muere con lo que nace.

Hay, adems, un cierto tacticismo en las formulaciones de Rochet que, seala Sacristn, es completamente intil y que acaso explique el lamentable lxico que en ocasiones usa el autor. Por ejemplo, por qu llama nacionalizaciones el secretario del P.C.F. a lo que debera llamar socializaciones? A qu burgus le va a consolar ese cambio terminolgico? Qu sentido tiene decir que el P.C.F. es el gran partido revolucionario de Francia en el buen sentido de la palabra? Cul es entonces, pregunta Sacristn, el mal sentido del trmino revolucionario?

Concluye Sacristn su anlisis con las siguientes palabras:

El PCF y otros importantes partidos comunistas de pases capitalistas adelantados han dado de ellos, adems de una eficaz lucha que ha permitido convertir el socialismo militante en un movimiento de masas, una fecunda definicin, cuyo sentido no parecen a veces apreciar del todo, del contenido de la dictadura de un proletariado moderno, culturalmente dueo de la produccin industrial contempornea. Por esa misma riqueza de su aportacin han de esforzarse por superar las ambigedades que an presenta su anlisis y los asideros que ella ofrece a un tacticismo intil.


5. Comprender realidad.

En la segunda de sus respuestas para el cuestionario de la edicin facsmil de Nous Horitzons104, Sacristn recordaba que la redaccin de la revista no pretendi nunca elaborar teoras. Ni en lo poltico, como ya haba expuesto Althusser en el prlogo inolvidable al Pour Marx la literatura poltica se nos apareca en aquella poca a los comunistas slo como exposicin de los clsicos para formacin de militantes o como fundamentacin, comentario y propaganda de la poltica del partido- ni tampoco teora especulativa porque sta, afortunadamente, no gozaba de la simpata ni de los assenyats catalanes de la redaccin ni de los no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, ramos gente de formacin demasiado crtica, y hasta hipercrtica, para especular105.

En cambio, admite Sacristn, s que aspiraban a elaborar y comprender, con la teora disponible y con sus capacidades crticas, realidad, mucha realidad, toda la posible, igual la bsica que la ms sofisticada:

Quiz parezca ridculo a la vista de los resultados, pero el hecho es que al menos la redaccin de Horitzons en el interior quiso practicar desde el principio un programa gramsciano, un programa de crnica crtica de la vida cotidiana entendida como totalidad dialctica concreta, como la cultura real. Esto no es interpretacin a posteriori: ese programa era explcito y querido por los redactores. Y su realizacin, por modesta que fuera, permiti a Nous Horitzons algunos aciertos que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemtica106.


Aunque se fuera el objetivo central, aunque la revista y el partido aspiraran a ser, ante todo, instrumentos eficaces para un programa marxista revolucionario con los pies en la tierra y la racionalidad en el deseo, no habra que menospreciar la importancia terica, cultural, de las aportaciones filosficas de Sacristn, su aspecto formativo, aunque su alcance pudiera ser, en principio, muy minoritario dadas las circunstancias y las posibilidades realmente existentes en aquellos aos para la difusin de una revista de un partido clandestino fuertemente perseguido por el franquismo.

Sea como fuere, cabe sealar finalmente:

1. Sacristn no tuvo ningn reparo en publicar trabajos de importancia filosfica no discutida en revistas del partido, que no eran precisamente en aquellos momentos, ni acaso nunca, publicaciones de aceptacin o reconocimiento acadmicos.

2. Algunas de estas aportaciones tericas se publicaron, traducidas por Francesc Vicens o Josep Vallverd, por primera vez en cataln.

3. No slo el tiempo no las ha tocado o arrinconado sino que algunas han ganado matices enriquecedores desde su elaboracin. Por ejemplo, su Studium generale

4. Nunca Sacristn escribi de forma descuidada, reiterativa o salmdica en la revista del partido, actitud que no era infrecuente por parte de otros colaboradores.

5. Tampoco cedi Sacristn ante el empuje de fuerzas ortodoxas, que con buena o mala intencin, deseban un marxismo anquilosado, lleno de citas mal tradas y peor traducidas de los clsicos de la tradicin.

6. No hay nada en ninguno de estos trabajos que justifique la acusacin, reiteradamente repetida en algn perodo, de un Sacristn polticamente inflexible, dogmtico, cerrado, nada abierto a los nuevos aires y a las nuevas necesidades. Sacristn fue un enorme filsofo marxista acaso el ms grande filsofo que ha dado el movimiento obrero hispnico- y todos los trabajos comentados son prueba de la calidad, rigor y sensibilidad de su hacer intelectual. Tambin aqu, como dira un Herclito muy del gusto de Sacristn, hay saber riguroso, trabajado, informativo y bien argumentado.


No era fcil. Y no slo por razones externas. Baste pensar en las reacciones de algunos sectores obreros del partido, por incomprensin, ante sus crticas a la invasin de Praga o ante su formulacin de la necesidad de leer creativamente a los clsicos.

Haba que tocar realidad y haba que pensar con la propia cabeza, aun sabiendo que pensar no es siempre tarea festiva pero s un buen plan de trabajo para todos los das de la semana, del mes y del ao de un partido que aspiraba y aspira- a un mundo no constreido por la dictadura impa del capital y de sus aliados polticos.



Salvador Lpez Arnal























* scar Carpintero y Jos Luis Moreno Pestaa han ledo con admirable atencin este escrito que acaso no merece ni su dedicacin ni su precioso tiempo. He incorporado todos sus comentarios sin excepcin; todos ellos ayudan a que este escrito tengo menos errores. Agradecer su paciencia y su inters es mucho menos de lo que debera hacer.

1 Dificultades del registro en Mxico, donde se editaba una revista llamada Horizontes y donde estaba la edicin y Administracin de la revista, obligaron a un cambio de cabecera.

2 Francesc Vicens fue expulsado del partido durante la crisis Claudn-Semprn de mediados de los sesenta, siendo separado por ello de la direccin de la revista. Sobre este punto, puede verse una entrevista con el propio Vicens en Salvador Lpez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn, Destino, Barcelona, 1996, pp. 339-363, y una larga conversacin filmada con l mismo para los documentales que, dirigidos por Xavier Juncosa, forman Integral Sacristn (El Viejo Topo, Barcelona, en prensa) y que ser depositada en las bibliotecas de la UB y de la Pompeu Fabra, fondo Sacristn.

3 Para Francesc Vallverd, la etapa de oro de la revista en la clandestinidad abarcara el perodo que va entre el primer trimestre de 1967 y finales de 1971: 15 nmeros, del 9 al 23. El director fue entonces Manuel Sacristn y del consejo de redaccin formaban parte Giulia Adinolfi, Josep Fontana, Xavier Folch, Josep Ferrer, Josep Termes. Colaboradores habituales del exilio fueron Rafel Vidiella y Teresa Pmies. Vase, Juan Ramn Capella, La prctica de Manuel Sacristn. Una biografa poltica, Trotta, Madrid, 2005, pp. 97-99.


4 Si no ando errado, la revista, en tiempos del erial, se present siempre con un director gerente F. Detrell, con una redaccin en la calle Patrimonio de Mxico DF y una administracin en la calle Correggio de la misma ciudad. Pero Nous Horitzons se imprimi en Mxico hasta el nmero 3. Desde 1967 se reproduce en Catalunya, aunque los clichs se hacan en Pars; a partir del nmero 24 la revista se confecciona totalmente en el interior. Vase, Francesc Vallverd, Sobre la histria de NH (1960-1976), Edici fascmil 1960-1961, pp. 8-9.

5 Empero, hay sorpresas notables. Por ejemplo, en el nmero 3 de NH hay un artculo de Ramn Serra -pseudnimo del fsico investigador Oriol Bohigas, que en aquellos aos trabajaba en el CNRS-, excelente en mi opinin: Els cientfics i la guerra atmica: un problema de responsabilitat moral (NH 3, 1963, pp. 20-22). Debo a Francesc Vicens, y al propio Oriol Bohigas, la informacin sobre la autora de este trabajo.

6 Dejamos, pues, de lado otras aportaciones ms directamente polticas en las que sin duda tambin hay estilo, perspectiva y contenido filosficos. Por ejemplo, en su breve pero sustantivo escrito sobre el asesinato del Ch Guevara.

7 Joaquim Sempere, Les aportaciones filosfiques de Nous Horitzons. Nous Horitzons edici Facsmil 1960-1961, editor Jess Dez, Arxiu del PSUC, 1979, pp. 22-28.

8 Recurdese: Gregorio Morn, El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Tusquets, Barcelona 1998 (sobre Sacristn y Laye, vanse principalmente las pginas 317-320). Para un anlisis comparativo de las publicaciones madrileas y catalanas del Partido, vase: Gregorio Morn, Miseria y grandeza del Partido Comunista de Espaa 1939-1985, Planeta, Barcelona, 1986, especialmente las pginas 365-366.

9 Opiniones vertidas, en ocasiones, desde posiciones muy alejadas de la tradicin marxista; por ejemplo, por Jess Mostern o Javier Muguerza, pero tambin por discpulos y amigos como Antoni Domnech, Flix Ovejero y Francisco Fernndez Buey.

10 Sacristn incluy cuatro de estas aportaciones en su seleccin de artculos para los Panfletos y materiales publicados por Icaria. Dej fuera dos reseas e, incomprensiblemente para m, Tres notas sobre la alianza impa. Acaso la posible prdida del original castellano sea una explicacin de su decisin.

11 Como se apunt en nota 14, Sacristn public en Icaria, a partir de 1983, una amplia seleccin de sus trabajos polticos, filosficos y de crtica literaria con el ttulo general, por l mismo seleccionado, de Panfletos y materiales. En la Nota previa del primer volumen (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 7-8) puede verse una definicin de ambas categoras.

12 Sobre Scholz, vase la necrolgica que Sacristn escribi poco despus del fallecimiento del maestro alemn: Lgica formal y filosofa en la obra de H. Scholz, Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 56-89. Sobre este gran lgico-filsofo-telogo alemn coment Sacristn en una conferencia de 1979: () entre los que cuento a uno de los pocos que considero que han sido maestros mos, que me han enseado algo, Scholz (Manuel Sacristn, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p. 56).

13 Sobre este perodo vase el testimonio de Vicente Romano en S. Lpez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn, op. cit, pp. 324-338. Igualmente, las declaraciones de S. Carrillo, Casari y el propio Romano para los documentales Integral Sacristn, dirigidos por Xavier Juncosa, con guin del propio Juncosa y de Joan Benach y S. Lpez Arnal.

14 Este es, como es sabido, el artculo que provoc la detencin provisional de Gabriel Ferrater y los malentendidos posteriores, Est por hacer todava una aproximacin rigurosa a lo sucedido: tanto al, en mi opinin, admirable e infrecuente comportamiento de Sacristn, ya entonces responsable poltico del PSUC, como a los comentarios y valoraciones posteriores, especialmente las opiniones vertidas por Joan Ferrat, hermano del poeta, despus de la muerte de Sacristn. Declaraciones del propio Sacristn sobre este tema estn recogidas en Josep-Miquel Servi, Gabriel Ferrater, reportatge en el record, Prtic, Barcelona, 1978, pp. 45-50. En Integral Sacristn, pueden verse las interesantes declaraciones de varias personas entrevistadas; entre ellas, las de Miguel Nez, contacto con la direccin y responsable poltico de Sacristn en aquellos aos cincuenta.

15 Esta anunciada la prxima edicin de este trabajo, y de Tres notas sobre la alianza impa, en Manuel Sacristn, Sobre dialctica, Montesinos, Barcelona 2006 (prlogo de Miguel Candel, eplogo de Flix Ovejero, nota final de Manuel Monlen Pradas; edicin de Salvador Lpez Arnal).

16 Antoni Domnech: El marxismo poltico de Manuel Sacristn, en Del pensar, del hacer, del vivir, libo anexo a Integral Sacristn, op. cit.

17 Si no ando muy equivocado el texto en cuestin fue reeditado clandestinamente, sin apenas modificaciones, por el comit ejecutivo del PSUC en 1972, y no ha sido publicado hasta la fecha de forma menos arriesgada. En mi opinin, sin olvidar la existencia de algunas referencias a temas y discusiones de la poca, sigue siendo una magnfica aproximacin a puntos esenciales del Manifiesto Comunista. Sacristn cont con las aportaciones de Pilar Fibla y Giulia Adinolfi. Pere de la Fuente ha elaborado una versin catalana de este texto.

18 Reimpreso en M. Sacristn, Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219. Sacristn dedic al marxismo las pginas 172-194 de esta edicin, y se centr, fundamentalmente, en la exposicin de las aportaciones de Bernal, Gramsci y Mao.

19 Est por hacer un estudio detallado de las aportaciones y colaboraciones de Sacristn en esta publicacin. Josep Fontana ha hecho referencia a escritos de Sacristn que l recuerda que fueron editados en esta revista. En el anexo 2, se presenta la editorial que Sacristn escribi para el nmero 3 de esta publicacin de noviembre de 1959- y que apareci firmada con las siglas Q.C.C.

20 Miguel Manzanera incluy en su tesis doctoral sobre Sacristn un amplio anexo con una parte importante de estos documentos e intervenciones orales transcritas. Vase: Miguel Manzanera, Relacin de los textos de Manuel Sacristn en los archivos documentales, mientras tanto, n 63, 1996, pp. 77-87. El historiador Giaime Pala ha proseguido la bsqueda con resultados muy exitosos.

21 Uno de estos papeles fue una carta que Sacristn escribi, a peticin de unos estudiantes al Ministerio de Educacin de la poca, y que fue traducida al cataln por Salvador Espriu. Vase anexo 1.

22 Vase J-R Capella, Aproximacin a la bibliografa de Manuel Sacristn Luzn, mientras tanto, n 30-31, 1987, pp. 193-223.

23 Crtica, la revista clandestina de los estudiantes del PSUC, insert en su nmero de agosto de 1968 un artculo firmado por R. Serra, acaso seudnimo de Sacristn (Oriol Bohigas me ha confirmado su no autora, ms all de la coincidencia nominal con su antiguo nombre de guerra), con el ttulo La significacin de los movimientos estudiantiles en los pases capitalistas occidentales. Escrito antes de las elecciones francesas del 23 de junio y 1 de julio, el trabajo slo tiene en cuenta la primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido en el nmero de otoo de 1968 de NH, pp. 45-48. Por tratarse de un texto esencialmente poltico y haberse publicado previamente en Crtica no lo considero aqu. Se dan noticias de l en el anexo 11.

24 Como se indic, este escrito no se ha publicado hasta la fecha nuevamente. Acaso se ha perdido el original castellano que Sacristn no pudo conservar entre sus papeles, y que tampoco incluy, como se seal, en sus Panfletos y materiales. Albert Domingo Curto y Francisco Fernndez Buey han sealado la calidad e importancia de este escrito. Sobre el seudnimo que usa Sacristn, creo muy aventurada la conjetura de G. Morn (Miseria y grandeza del Partido Comunista de Espaa 1939-1985, op. cit, p. 365): Lo ms llamativo era su firma, su seudnimo de M. Castell, quiz para afirmar que l era Manolo el Castellano, nacido en Madrid en el ao de gracia de 1925. Tampoco el tono acompaa a la hiptesis y no se conocen, o yo conozco, alardes castellanistas en manifestaciones pblicas de Sacristn. (Jos Luis Moreno Pestaa me ha llamado con razn la atencin crtica sobre esta ltima consideracin. Presento algunos materiales de respuesta en anexo 13).

25 Destacadamente, todos los trabajos de Sacristn publicados fueron traducidos al cataln en H o NH, y en ocasiones, hasta su publicacin en Panfletos y materiales, no existi versin castellana publicada, aunque algunos de ellos fueron recogidos al mismo tiempo, o poco tiempo despus, en Realidad. Por otra parte, G. Moran apunta (Ibidem, p. 365) que la direccin de la revista era colectiva: estaba en manos de Vicens, Ardiaca, ambos del ejecutivo del Partido, y de otros militantes exiliados: Jordi Sol Tura, Armando Duval y Joan Martorell, este ltimo prisionero en el campo de concentracin de Dachau. No hay contradiccin en este punto: fuera o no colectiva, Vicens ocup una posicin central en la tarea.

26 En neta coincidencia con una editorial sin firma que apareci en el nmero 3 de Quaderns de cultura catalana, que se da aqu en anexo 2. Debo y agradezco el conocimiento de este papel a Giaime Pala.

27 Tradicin que pareca no recordar la sentencia con la que Antonio Machado abra su Juan de Mairena: la verdad es la verdad, dgala Agamenn o la diga el porquero, sin olvidar la rpida e inmediata (y sin duda sospechosa) ratificacin de Agamenn y el prudente, y justificado, escepticismo del amigo porquero.

28 Es clara la referencia a Heidegger. Sacristn dedic su tesis doctoral a la gnoseologa del exrector de Friburgo en tiempos netamente turbulentos. Fue una de las dos ocasiones en las que se vio obligado a suspender su militancia en el partido. Vase: Manuel Sacristn habla con Dialctica, De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, op. cit, pp. 147-178. Emilio Lled considera este ensayo la mejor aportacin filosfica de Sacristn y uno de los mejores trabajos hispnicos sobre la teora del conocimiento del autor de Ser y tiempo.

29 La posicin central de Sacristn sobre la tecnologa queda acaso plasmada en el siguiente paso: No hay antagonismo entre tecnologa (en el sentido de tcnicas de base cientfico-terica) y ecologismo, sino entre tecnologas destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologas favorables a largo plazo a sta. Creo que as hay que plantear las cosas, no con una mala mstica de la naturaleza []. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en s, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como est es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnologa es un cambio de modo de produccin y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolucin; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnolgico revolucionario consciente e intencionadamente (Manuel Sacristn, Entrevista con Naturaleza, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 187-188).

30 Del marxismo de aquellos aos y de aos posteriores. Vase, a ttulo de no muy buen ejemplo, Alan Woods y Ted Grant, Razn y Revolucin. Filosofa marxista y ciencia moderna. Fundacin Federico Engels, Madrid 1995, especialmente las secciones 3 y 4 de la primera parte.

31 Aos ms tarde, durante su estancia en Mxico, Sacristn imparti un seminario de posgrado sobre Induccin y dialctica, donde pueden verse detallados comentarios crticos sobre la acepcin de esta polismica categora en diversas escuelas y autores marxistas. Se presenta aqu, como anexo 3, una entrevista de 1983 con el peridico mexicano UnomsUno donde Sacristn da cuenta de este seminario y de otros asuntos de aquella poca.

32 Sacristn estudi Derecho y Filosofa en la Universidad de Barcelona. Escribi en 1963 un excelente artculo en homenaje a Aranguren, parcialmente perdido, con el ttulo: De la idealidad en el Derecho, Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 302-317 (J-R. Capella recuerda haber ledo la parte perdida) y tradujo las obras Fundamentos de filosofa del derecho, de Helmut Coing; El problema de la creacin del derecho, de Ph. Heck y El Problema del derecho natural, de Eric Wolf. Las tres traducciones, para Ariel, fueron realizadas en 1961.

33 Juan-Ramn Capella, Aproximacin a la bibliografa de Manuel Sacristn Luzn, mientras tanto, 30-31, 1987, p. 203.

34 Me ha sido imposible averiguar exactamente la relacin de Sacristn con este estudiante de Derecho. Acaso fuera el Juan Ramn Figuerol al que se refiere Salvador Giner en Su relacin con los infieles, El Ciervo n 659 , febrero 2006: () Fue as cmo se realiz en el pueblo de La Garriga (Barcelona) un seminario clandestino de dos das, en el que en el comedor de una fonda los de una y otra faccin rebelde, lemos ponencias de dos en dos, para ser luego discutidas colectivamente. La idea era analizar la naturaleza de tres grandes ideologas: la liberal, la socialista y la comunista. En un espritu de amable dilogo desgranamos uno a uno los argumentos de cada doctrina. No guardo notas, pero puedo decir que en el bando agnstico estaban Luis Goytisolo, Octavio Pellissa, Nissa Torrents, Joaqun Jord y un servidor (entonces amigos ntimos todos). En el otro, Alfonso Carlos Comn, Juan Ramn Figuerol, Jos Antonio Gonzlez Casanova, Jaume Lors, Josep Maria Cadena. Seguramente me dejo a alguno, pero no ramos muchos. Resultado de aquel encuentro, muy preparado por Lorenzo [Gomis] y Jos Mara, que nos obligaron a hacer los deberes, fue la fuerte radicalizacin inmediatamente posterior de la mayora, ansiosa de pasar a alguna actividad contra la dictadura

35 Sobre la importancia de este ensayo se ha manifestado reiteradamente Francisco Fernndez Buey (vase, por ejemplo, sus declaraciones en Integral Sacristn). El prlogo que Sacristn escribi para su traduccin de La subversin de la ciencia por el seor Eugen Dhring de Engels (Grijalbo, Mxico, 1964, pp. vii-xxviii), fue reimpreso en Sobre Marx y marxismo. Panfletos y materiales I, op. cit, pp. 24-51. Javier Muguerza (Manuel Sacristn en el recuerdo, mientras tanto, n 30-31, p. 103) ha caracterizado este escrito como el texto filosfico ms significativo de Sacristn -el que ms me impact cuando lo le y prolong ms duraderamente dicho impacto; G. Morn (Miseria y grandeza del Partido Comunista de Espaa 1939-1985, op. cit., p. 480) ha sealado: Otro tanto ocurri con su soberbio prlogo al Anti-Dhring de Engels; fue un texto capital en la formacin marxista de una generacin, y Flix Ovejero (La incmoda ortodoxia de Manuel Sacristn, Nuestra Bandera, n 131, p. 4) ha destacado que: () apenas veinte pginas tena la introduccin de Manuel Sacristn a la edicin castellana del Anti-Dhring, de Engels; veinte pginas que ensearon a varias generaciones de marxistas mucho ms acerca de lo que significaba ser marxista que la marabunta editorial de unos aos ms tarde. Tambin Fernando Claudn escribi un detallado comentario para Cuadernos del Ruedo Ibrico (octubre-noviembre 1965, pp. 49-57): La tarea de Engels en el Anti-Dhring y nuestra tarea hoy*1. Una lectura ms actual, aunque mucho menos matizada, en Malime: Sobre la interpretacin de M. Sacristn del Anti-Dhring, malime031201 (2/2001).

36 En nota se indicaba: Resum duna conferncia introductria a un col.loqui celebrat a lAula Magna de la Facultat de Dret de Barcelona .el dia 8 de mar de 1963, pero, de hecho, es el mismo texto que apareci reimpreso en Intervenciones polticas, op. cit, pp. 30-49 . Acaso se trate de una trascripcin parcial de la intervencin de Sacristn.

37 Manuel Sacristn, Las ideas gnoseolgicas de Heidegger, Critica, Barcelona 1996 (edicin y prlogo de Francisco Fernndez Buey). La tesis de Sacristn fue inicialmente editada por el CSIC en 1959-1960. Algunas curiosas cartas en torno a su edicin se presentan en el anexo 4. El prlogo que Fernndez Buey escribi para esta nueva edicin es de lectura imprescindible.

38 Cito por la edicin ms asequible: M. Sacristn, Intervenciones polticas, op. cit, p. 30

39 Ibdem, p. 31.

40 Reimpreso en: M. Sacristn, Papeles de filosofa, op. cit, pp. 356-380. El conjunto de los textos de Sacristn sobre temas metafilosficos est recogido en: Contra la filosofia llicenciada, Casal del Mestre, Santa Coloma de Gramenet, 1991 (edicin de Pere del a Fuente). Vase igualmente, S. Lpez Arnal y otros (eds),30 aos despus. EUB, Barcelona 1999.

41 Manuel Sacristn, Intervenciones polticas, op. cit, p. 37.

42 Una aproximacin crtica a las posiciones de Sacristn puede verse en: Pablo Huerga Melcn, Notas para un anlisis materialista de la nocin de filosofa de Manuel Sacristn. Creo, acaso con error, que este trabajo de Huerga Melcn de noviembre de 2005 sigue indito.

43 Ibdem, p. 41. El paso es deslumbrante en mi opinin. Despachar esta consideracin por obrerismo es uno de los ms perversos usos de los ismos que conozco. No parece que haya muchos aforismos o reflexiones que reflejen mejor la esencia de la situacin de la clase obrera en la sociedad capitalista. El fragmento recuerda, por otra parte, un paso de El Capital de Marx muy admirado por Sacristn: Todo ser humano muere 24 horas al da. Pero a ninguno se le ve cuntos das exactamente ha muerto ya (OME 40, 221), Un escrito de juventud de 1950, publicado en Laye, nmero 3, corrobora esta sensibilidad de Sacristn: Comentario a un gesto intrascendente, Intervenciones polticas, op. cit, pp. 11-16. Moreno Pestaa me ha recordado la modulacin heideggeriana de este texto.

44 Sobre la nocin de utopa en Sacristn, Heine, la consciencia vencida, Lecturas, Icaria, Barcelona, 1987, pp. 177-181 y A propsito del eurocomunismo, Intervenciones polticas, op. cit, p. 199. Empero, en una conferencia de abril de 1985 Sobre Lukcs (M. Sacristn, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 157-194), sealaba: Es verdad que el sentido clsico de utopa, hasta el siglo XIX o principios del XX, es el que dice Lukcs: construir la sociedad perfecta, perfecta en el sentido de que, como en la Utopa de Thomas Moro, a nadie se le vaya nunca una bofetada a su hijo, ni a su primo, ni a su amigo, en ningn momento, ni siquiera un pequeo insulto, ni siquiera una grosera, ni siquiera una indelicadeza, pero cuando los jvenes del 68 decan utopa, estaban diciendo otra cosa seguramente y valdra la pena ser, creo yo, desde un punto de vista de poltica comunista un poco ms respetuoso con ese uso del trmino. No es que yo lo use con gusto, yo no lo uso, yo tambin soy demasiado viejo como marxista para usarlo.

45 Ibdem, p. 49.

46 Curiosamente, en este nmero de NH se public la primera parte de un artculo firmado por M. Carrasco: Las guerres camperoles a Catalunya (1462-1472, 1484-.1486). En una carta de 18 de octubre de 1967 dirigida a Lpez Raimundo (vase anexos de la tesis doctoral de Miguel Manzanera), Sacristn se manifestaba en los siguientes trminos: Una breve nota (la ocasin me coge de sorpresa y en este momento no tengo tiempo para nada ms) acerca de lo malo del nmero 10 (slo de lo malo que me parece verdaderamente grave y digno de evitarse). Se trata de dos cosas; ante todo, el increble artculo de Mara Carrasco Les guerres camperoles a Catalunya. Ni una revista de escuela elemental puede permitirse publicar una tal muestra de incompetencia. Este artculo nos cubrira de ridculo o de algo ms, porque la cita que hace de la obra ms extensa dirigida por Vicens Vives como si fuera de autor desconocido es una metedura de pata como para esconderse en una alcantarilla cuando uno vive en Barcelona. Ante este artculo me parece necesario insistir en que cada cual tiene su oficio. Se puede ser inteligentsimo y genial como poeta y como ingeniero sin saber una palabra de historia. El otro punto que me parece necesitado de correccin es el hecho de escribir sobre la revolucin de Octubre (en una revista trimestral y de cultura) de un modo meramente global y sentimental y sin ms finalidad que dar un resumen brevsimo de lnea poltica. El tema mereca ms respeto. Me disculpo de mandar slo estos gritos y agradezco de paso las valiosas pginas de Vidiella, que son en mi opinin lo que da valor al nmero especialmente las primeras tres pginas y media, propiamente de memorias). Junto con los gritos, afectuosos abrazos.

Sacristn segua explicando su posicin en un informe de 4 de diciembre de 1967: Empiezo por lamentar el que esas lneas fueran tan contraproducentes. Parece como si tuviera ese vicio para siempre. Lo siento por lo que tiene de inveterada incapacidad de ser realmente til. Parece claro que yo presupongo una posibilidad de entenderse a medias palabras, y que esa posibilidad no existe. Y lo siento tambin por la ineficacia que he tenido para el asunto mismo. Pues, desgraciadamente, sobre el fondo del asunto yo llevo razn, como intentar mostrarte ahora. En el anexo 5 se reproduce otra critica, el comentario colectivo de la redaccin de Barcelona al nmero 9 de NH fechada en junio de 1967.

47 Se public simultneamente en castellano en Realidad, n 14, 1967. Ha sido reimpresa en Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 62-84.

48Curiosamente, diez aos ms tarde Sacristn dict otra conferencia en la UB con ocasin del cuadragsimo aniversario del fallecimiento de Gramsci. Se presenta el esquema de esta intervencin en anexo 6.

49 A Gramsci dedic Sacristn las pginas 186-192 de este trabajo. Jos M Laso ha recordado que esta entrada de enciclopedia fue muy estudiada por los presos polticos de la crcel de Burgos de aquellos aos.

50 Ahora en De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 81-90 y 92-95 respectivamente.

51 Reimpresa en Pacifismo, ecologa y poltica alternativa. Barcelona: Icaria 1987, pp. 184-206.

52 As presentaba esta nocin Sacristn en la voz Gramsci, Antonio que escribi para el diccionario filosfico editado por Runes: En la concepcin marxista de Gramsci la cuestin qu es el hombre? entendida como cuestin filosfica no pregunta por la naturaleza biolgica de la especie sino por otra cosa que l formula del modo siguiente: Qu puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede hacerse, si puede crearse la vida. Piensa Gramsci que todas las filosofas han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biolgica. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad biolgica; segundo, los otros; tercero, la naturaleza. El segundo y el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relacin con los otros y con la naturaleza mecnicamente, sino orgnicamente (con los otros) y no simplemente (con la naturaleza) por ser l mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la tcnica (incluyendo en este ltimo concepto tambin los instrumentos mentales, esto es, la ciencia y la filosofa) (...) Esas relaciones..., son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a s mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual l es el centro de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboracin del concepto de naturaleza humana de Karl Marx: que la naturaleza humana es el complejo de las relaciones sociales (como ha escrito Marx) es la respuesta ms satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede tambin decirse que la naturaleza del hombre es la historia. (Gramsci, Antonio, Papeles de filosofa, op. cit, p. 416).

53 Para el concepto de prctica en la obra de Sacristn: Introduccin a la lgica y al anlisis formal,.op. cit, p. 16; El filosofar de Lenin,Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 169-170, y Entrevista con M. Sacristn, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, op. cit, pp. 120-121.

54 M. Sacristn, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 63.

55 Ibdem, p. 70, nota 7.

56 Ibdem, p. 73.

57 Reimpreso ahora en Ibdem, pp. 176-190. Se public tambin en castellano en Realidad, n 19, diciembre de 1970. En honor del buen hacer de NH hay que sealar que la edicin de este trabajo en la revista salva algunas erratas que se produjeron aos ms tarde, y en muy otras condiciones, en la edicin de Icaria.

58 Antes, en el nmero 17 del segundo semestre de 1969, se haba producido una fuerte discusin entre la redaccin barcelonesa, coordinada por Sacristn, y el comit francs por la publicacin de una resea elogiosa de un libro de entrevistas de Sergio Vilar, Protagonistas de la Espaa democrtica. La oposicin a la dictadura, Pars, Ed. Sociales 1969. Sacristn fue una de las personas entrevistadas: pginas 262-273 (Sus respuestas a un cuestionario sobre reforma de enseanza en pginas 682-702). Sobre este punto, vase el excelente trabajo de Giaime Pala, Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisin de Manuel Sacristn (1969-1970), mientras tanto, n 96, otoo 2005, pp. 47-75.

59 Curiosamente, tres aos ms tarde, Sacristn volver a dictar otra conferencia esencial en la Autnoma de Barcelona. Esta vez con ttulo: De la dialctica. Ahora en: Manuel Sacristn, Sobre dialctica, op. cit. (en prensa).

60 Reimpresa en M. Sacristn, Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 133-175. Previamente a su edicin castellana se haba publicado en Critica marxista, n IX/1, enero-febrero de 1971.

61 Conscientes de ello, los redactores argumentaban que la extensin no deba ser obstculo para su publicacin sin cortes en el n 21 de NH dado que era, de lejos, la contribucin ms importante en el centenario de Lenin.

62 As, las lneas iniciales del artculo: La insuficiencia tcnica o profesional de los escritos filosficos de Lenin salta a la vista del lector. Para ignorarla hace falta la premeditacin del demagogo o la oscuridad del devoto. O, lneas ms adelante, El desprecio de la diferencia o el matiz filosficos es el defecto ms caracterstico del filosofar de Lenin.

63 G. Pala, art. cit, p. 72.

64 No he podido averiguar los motivos de esta decisin. Sin duda, el carcter conflictivo del tema es una causa en ltima instancia; otras posibilidades: presiones polticas soviticas, equilibrios nacionales de la redaccin, prudencia de los editores.

65 Las cartas de Sacristn y Fernndez Santos pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristn, carpeta Correspondencia. scar Carpintero me ha llamado la atencin sobre varios pasos oscuros de mi anterior exposicin en este punto. La mejora est en su haber, en su generoso haber.

66 No iba desencaminado Fernndez Santos. En el fondo Sacristn, pueden consultarse diversos y detallados resmenes comentados sobre textos de Lenin (y no slo sobre escritos filosficos. Se presentan algunos de ellos en el anexo 7.

67 Ahora en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, op. cit, pp. 35-61. Represe en la interesante correspondencia cruzada entre Jos Mara Mohedano el entonces colaborador de Cuadernos- y Sacristn. Vase muestras de ello en anexo 14.

68 Parte de la correspondencia entre Javier Pradera y Sacristn -cuando el primero era consejero editorial de Alianza- puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Sacristn. Es muy recomendable la entrevista que Xavier Juncosa realiz en 2004 a Javier Pradera para su Integral Sacristn.

69 Sobre este inters artesanal, vase el escrito de Francisco Fernndez Buey para Del pensar, del hacer, del vivir, libro que acompaa a Integral Sacristn de Xavier Juncosa (op cit).

70 Ms all del tono de algunos pasos y, obviamente, de la extensin, no encuentro diferencias filosficas de relieve entre ambos trabajos. Por ello, tal vez la redaccin de NH obr con una prudencia excesiva, no fundamentada en textos y tesis defendidas.

71 M. Sacristn, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 190.

72 Reimpreso en Ibdem, pp. 232-249.

73 Ahora en Ibdem, pp. 85-114. En la breve nota que escribi para su edicin en Panfletos y materiales, Sacristn sealaba: Esta nota fue escrita en noviembre de 1967, aunque no se comunic hasta enero de 1968. Jacobo Muoz ha indicado que acaso este escrito fuese solicitado a Sacristn para algn volumen colectivo sobre Lukcs que no lleg finalmente a editarse.

74 Sacristn escribi tambin la entrada Lukcs, G para el diccionario de filosofa de D. Runes, una nota necrolgica (Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 29-231), Para qu sirvi el realismo de Lukcs (Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, op. cit, pp. 176-178) e imparti en abril de 1985 su penltima conferencia sobre el Lukcs de las Conversaciones (Manuel Sacristn, Seis conferencias, op. cit, pp, 157-194).

75 Vase, por ejemplo, la solapa que Sacristn escribi para el volumen 8 en anexo 6, as como diversas cartas sobre la edicin de estas obras completas.

76 Sin poder precisar fechas de inicio y de finalizacin de los trabajos, en 1971 se publicaron dos de las traducciones ms laboriosas que Sacristn realiz: la Historia del anlisis econmico de Schumpeter (1.377 pginas) y la Historia general de las ciencias de R. Taton, cinco apretados volmenes, de los Sacristn tradujo los tres primeros.

77 Es de lectura obligada la reflexin autobiogrfica que Sacristn escribi en este difcil perodo: M. Sacristn, M., A. R. X, El Viejo Topo, Barcelona 2004 (prlogo de Jorge Riechmann, eplogo de Enric Tello y edicin de Salvador Lpez Arnal), pp. 57-61.

78 Sobre este punto, vese igualmente: M. Sacristn, Sobre Lukcs, Seis conferencias, op. cit, pp. 157-194.

79 Anotaciones de lectura de Sacristn sobre Qu es el marxismo ortodoxo? y otros captulos de Historia y consciencia de clase pueden verse en: M. Sacristn, Sobre dialctica, op. cit. Introduce aqu Sacristn un punto de vista ms critico que el formulado en su escrito sobre el paso central de Lukcs: a) Lo primero a objetar a este paso clebre es su desastrosa consecuencia respecto de la cientificidad del marxismo, al hacerlo en principio irrefutable por descubrimiento alguno. b) La segunda objecin debe consistir en reprocharle la completa falta de dialctica de su epistemologa. En efecto, cuando mtodo se usa en un sentido con implicaciones filosficas directas, en un sentido no meramente tcnico-instrumental, es imposible trazar una divisin significativa entre mtodo y doctrina bsica, pues casi sin ampliacin el entendimiento especulativo se hace aqu prctico y viceversa, o sea, los teoremas fundamentales acerca de la realidad (y que, de ser de naturaleza cientfica, han de ser refutables en principio) son, en cuanto al contenido, lo mismo que las reglas generales del mtodo. No tiene sentido separar el mtodo, el marxismo dialctico, de tesis como las siguientes: 1. Los fenmenos sociales no estn regidos para ni son explicables por potencias transcendentes. 2. La categora clase es la abstraccin bsica para la explicacin de los fenmenos histrico-sociales porque las relaciones fundamentales de la sociedad son las de clase (A matizar, por la tesis marxiana del individuo). 3. La consciencia de clase es un elemento de la situacin de clase. Etc. [las cursivas son mas].

80 Manuel Sacristn, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 234.

81 Para una opinin matizada de Sacristn sobre este supuesto fracaso: Sobre Lukcs, Seis conferencias, op. cit, pp. 160-162.

82 Aqu apuntaba Sacristn: Las tomas de posicin de Lukcs contra Trotski (con respeto) y contra Bujrin (con injusto desprecio incluso en lo personal) son elocuentes [la cursiva es ma], Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 243.

83 Ibdem, p. 114. Aqu escriba Sacristn: () Lukcs insiste en la racionalidad condicional o interna a cada estructura (el sentido de racionalidad en la expresin, por ejemplo racionalidad capitalista) y apunta a fundamentar la idea general .no ya condicional de racionalidad en la de implicacin del ejercicio del trabajo productivo en sentido marxista. Esta segunda indicacin tiene sin duda mucha importancia.

84 M. Sacristn, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 247.

85 Carpeta Correspondencia de Reserva de la UB, fondo Sacristn.

86 Es posible, pues, que el artculo publicado en Materiales en 1977 sobre las nociones de razn e irracionalidad en Lukcs fuera escrito o pensado posteriormente- para este proyectado volumen que no lleg a editarse. En la coleccin Teora y realidad de Grijalbo, que diriga Jacobo Muoz, se public en 1973: G. H. R. Parkinson (ed), Georg Lukcs: el hombre, su obra, sus ideas, con traduccin de Juan-Carlos Garca Borrn. Inclua, entre otros, trabajos de I. Mszros, D. Craig y S. Mitchell.

87 A todas luces, el grado de exigencia de Sacristn en este punto es excesivo.

88 Tengo la duda, que no he podido resolver, si la resea sobre La civilizacin en la encrucijada que apareci sin firma en el nmero 17 de NH, pp. 54-55, junto al comentario del Lenin de Garaudy, fue tambin escrita por Sacristn.

89 No se ha podido localizar el texto original de Sacristn. Para una versin castellana de la traduccin catalana de Francesc Vallverd: Manuel Sacristn, Escritos sobre El Capital y textos afines, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 42-46 (prlogo de Alfons Barcel y eplogo de Oscar Carpintero).

90 Sacristn, como es sabido, coordin el proyecto de publicacin de las obras completas de Marx y Engels (OME) en Crtica. Haba proyectado unos 20 volmenes para la correspondencia de Marx y Engels. Estn traducidos, sin haber sido publicados, aproximadamente, la mitad de estos volmenes.

91 G. Badia era hijo de inmigrantes espaoles. Naci en 1916 y muri recientemente, en noviembre de 2004.

92 Sacristn recordaba aqu que no otro que Gramsci sostuvo -y la opinin es respetable- que editar borradores de Marx, como han hecho las editoriales soviticas, era empresa discutible y tal vez injusta con la memoria del maestro. Un comentario elogioso similar lo dirigi Sacristn a consideraciones de Althusser sobre este tema. Sobre la aproximacin de Sacristn a la obra de Althusser, puede consultarse: S. Lpez Arnal, Sacristn sobre Althusser. Er, Revista de Filosofa, n 34-35, 2005, pp. 277-301.

93 En 1983, Jordi Moners tradujo por vez primera al cataln el gran clsico de Marx. Sacristn escribi, durante su estancia en Mxico, un prlogo para esta edicin de El Capital, que fue traducido al cataln por el propio Moners y que fue nuevamente traducido, a partir de esta versin, por m mismo en Manuel Sacristn, Escritos sobre El Capital (y textos afines), op. cit, pp. 360-364. En anexo 9 se presenta el texto original de Sacristn que puede consultarse ahora en Reserva de la UB, fondo Sacristn, tras la donacin de Juan-Ramn Capella.

94 Puede verse en anexo 10 la versin castellana del texto editado.

95 Giaime Pala, Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisin de Manuel Sacristn (1969-1970), mientras tanto, 96, otoo 2005, pp. 72-73.

96 Vase J-R Capella, La prctica de Manuel Sacristn. Una biografa poltica, op. cit, pp. 113-115, y Giaime Pala, Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisin de Manuel Sacristn (1969-1970), ed. cit, pp. 71-72.

97 Puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristn.

98 El ensayo fue editado por la editorial Grasset en 1969. Es posible que fuera uno de los materiales facilitados por Joaquim Sempere, a la vuelta de sus estudios de sociologa en Pars.

99 En el artculo citado, Giaime Pala da cuenta de dos cartas decisivas sobre este asunto: Arxiu Nacional de Catalunya, fondo PSUC, n 609, NH. Carta de Joan Cam a la redaccin de NH, con fecha 15 de mayo de 1970, y NH. Carta de la redaccin de NH a Pars, fechada el 27 de julio de 1970.

100 Para una breve valoracin de Sacristn del mayo parisino, vase: Cuatro notas a los documentos de abril de partido comunista de Checoeslovaquia, Intervenciones polticas, op. cit, pp. 95-97. Ms informacin sobre este punto en anexo 11: Mayo de 1968. En una significativa nota de traductor para la Pequea Antologa de Ulrike Meinhof (Anagrama, 1976, pp. 102-103), dedicada a Teufel, un lder estudiantil de la revuelta alemana, Sacristn escriba: Fritz Teufel, actualmente detenido y en espera de juicio, fue en la segunda mitad de los aos sesenta un miembro destacado del movimiento estudiantil. Personalidad de pensamiento muy productivo y autntico, era miembro de la organizacin marxista SDS y, al mismo tiempo, muy fecundo para el movimiento anarquista. En el momento de su detencin perteneca, probablemente, al Movimiento 2 de junio. Teufel fue protagonista, en los aos de la agitacin estudiantil, de un incidente que no se ha olvidado. En un momento de la vista contra l y Langhans, se orden a ambos imputados que se pusieran en pie por alguna causa ceremonial. Al principio se negaron. Al cabo de varias exhortaciones y castigos cedieron y se levantaron. Teufel coment su condescendencia diciendo. Bueno, si tan til ha de ser para esclarecer la verdad... Ulrike Meinhof se refiere probablemente a esas palabras cuando habla de formulaciones muy buenas de Fritz Teufel.

101 Para las observaciones de lectura de Sacristn sobre el texto de Rochet (y otros materiales sobre el Mayo de 1968) vase el anexo 12.

102 Sacristn recuerda en este punto la experiencia italiana de los aos 20 y lo ocurrido en Alemania y Espaa en los aos 30. La experiencia de Allende y el golpe Pinochet-Kissinger corrobor desgraciadamente, aos ms tarde, este anlisis.

103 La cursiva es ma. Visto lo visto, el paso escrito en 1970- es iluminador.

104 M. Sacristn, Intervenciones polticas, op. cit, pp. 281-282.

105 Ibdem, p. 282.

106 Es clara la referencia a Giulia Adinolfi. Aos despus, en una conferencia de 1983 sobre Tradicin marxista y nuevos problemas, sealaba: En cualquier caso, los movimientos herederos de los clsicos, los marxismos posteriores, son bastante mejores que los clsicos mismos por lo que hace al problema de la mujer. Por limitarme a nuestro caso, a este pas, en Espaa se puede decir que despus de la guerra civil la recuperacin del tema de la emancipacin de la mujer fue una iniciativa no ya slo de ambientes culturales marxistas, sino precisamente de partidos marxistas. Creo no equivocarme, si siguiendo a las editoras de la revista de Sociologa de la Autnoma, Papers, indico que el nmero 12 de Nous Horitzons, que era la revista terico-cultural del P.S.U. entonces, el ao 67, public la primera aportacin -de despus de la guerra civil se entiende; antes de la guerra civil haba habido, como es natural, mucho desarrollo- a este problema, un artculo de Giulia Adinolfi que luego reprodujeron en Papers al hacer la historia del movimiento feminista en Espaa en el nmero 9, el ao 1978 (M. Sacristn, Seis conferencias, op. cit, p. 127). Sacristn se refiere aqu al artculo de Adinolfi: Por un planteamento democrtico de la lucha de las mujeres, ahora reimpreso en mientras tanto, n 94, 2004, pp. 53-60.

Igualmente, en un paso de su intervencin durante el II Congreso del PSUC celebrado en Francia en 1965, Sacristn se refiri a una de las actividades del movimiento democrtico de mujeres, del que form parte Giulia Adinolfi, en los siguientes trminos: La experiencia ms interesante a este respecto -tambin por los errores que contena en ese perodo inmediatamente anterior al actual- fue el trabajo de las mujeres de la organizacin de intelectuales de Barcelona en la semana de la paz de 1963. Utilizando la posibilidad admitida por el artculo 61 del partido, la organizacin de intelectuales constituy aquel ao una clula exclusivamente compuesta por mujeres. stas formaron con bastante rapidez un grupo de mujeres democrticas, que eran sobre todo mujeres sin partido y del FLP. Y los maridos de stas llamaban a las nuestras las diablicas porque estuvieron muy activas en todo este perodo. Todo ese grupo penetr en una organizacin internacional; en varios departamentos: de entendimiento entre los pueblos, derechos de la mujer, derechos del nio, etc. Con mucha energa, estas mujeres democrticas, movidas por nuestras camaradas, organizaron una serie de conferencias, exposiciones y publicaciones, reunidas en una semana por la paz que tuvo su influencia en Barcelona y que hizo crecer la organizacin. Desgraciadamente, ese trabajo tuvo muy poca continuidad y se paraliz al terminar aquella semana de la paz; entre otras cosas, quizs fundamentalmente porque nuestras camaradas se descubrieron demasiado y la junta directora de aquel organismo las elimin. El error quizs ms visible fue tratar aquella junta como si fuera un rgano franquista, del poder franquista. Lo era en parte, sin duda, pero no totalmente y lo que habra habido que hacer era englobar a esa misma junta en el movimiento conseguido que fue realmente bastante amplio. Pese a ese error y a alguno ms de detalle, la semana de la paz de 1963 prefigur en algo lo que iba a ser el trabajo de los intelectuales en el perodo actual...




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter