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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2006

La unin de Espaa y Portugal

Xos Estvez / Jos Luis Orella Unzu
Gara


Una encuesta de un diario portugus daba a conocer un resultado sorprendente: un tercio de los ciudadanos lusos estaran dispuestos a la unin de Espaa y Portugal, basndose fundamentalmente en la mayor prosperidad econmica de la primera.

Esta inesperada opinin de una parte importante de la ciudadana lusitana ha suscitado numerosos comentarios y reacciones por el lado periodstico hispano. Desconozco, sin embargo, las provocadas en el mbito portugus.

El catedrtico de la Universidad Complutense, Santiago Petschen, escriba un artculo en un peridico que se edita en Madrid sobre el tema y recordaba el proyecto iberista del republicano federalista luso Tefilo Braga (1843-1924), que llegara a presidente de la Repblica entre mayo y agosto de 1915 en sustitucin de Manuel Arriaga. Braga propugnaba una federacin ibrica de rgimen constitucional republicano. Semejante propuesta encontrara eco en Catalua, donde el poeta Joan Maragall, abuelo del todava presidente de la Generalitat, o el periodista Agust Calvet Gaziel, abogaran por el proyecto, considerndolo atractivo, racional y lgico. El mismo Francesc Camb no desdeara tampoco la perspectiva iberista. Cabra, no obstante, sealar que bajo un prisma anlogo Latino Coelho (1825-1891) o desde un posicionamiento ms tradicionalista Oliveira Martins (1845-1894) se mostraran favorables a la unin ibrica.

Vicente Verd, escritor y socilogo, se mostraba entusiasmado ante la posibilidad de una unin ibrica, arremetiendo de paso contra los nacionalismos perifricos, inspirados en el freudiano narcisismo de la pequea diferencia. La demonizacin perifrica parece que goza de buena salud en los pagos hispnicos lo que parece mostrar un complejo edpico parricida.

El escritor Rafael Snchez Ferlosio desdea tal propuesta, porque la unidad a la fuerza es una superchera que acaba con la amistad, asegurando que el origen del concepto unidad no es otro que la dominacin y la guerra. Quiz la perspectiva de Snchez Ferlosio no sepa diferenciar exactamente entre unidad, que se vincula a voluntariedad, y uniformidad, ms relacionada con imposicin.

Si repasamos en breves trazos la historia de Portugal encontraremos un haz de luz en este pequeo laberinto. El origen de Portugal se sita en el condado portucalense, que formaba parte del reino de Galicia y era feudo de Alfonso VI, rey de Len y Castilla. Fue ofrecido a Enrique de Borgoa, casado con la hija de Alfonso, Teresa, hermana de Urraca. Afonso Enriques, hijo de Enrique y Teresa, sera el primer rey de Portugal, que surge, por tanto, como reino autnomo, especfico, diferenciado y unitario en el siglo XII, con tres siglos de anterioridad a las plurales Espaas y seis siglos antes que la singular Espaa.

El reino de Castilla intentar en sucesivas ocasiones la conquista del nuevo reino, destacando en esta hilera belicosa la victoria portuguesa de Aljubarrota (1385), que cercen la pretensin castellana de la incorporacin. El triunfo convirti al condestable D. Nuno Alvares Pereira, que dirigi el combate, en hroe mtico de la independencia lusa. Hasta en las ms pequeas poblaciones portuguesas goza D. Nuno del privilegio de una calle o monumento, como hemos podido comprobar de propio visu. Castilla se vera obligada a reconocer definitivamente el reino luso en 1411.

Otro hito ineludible en la saga de las relaciones hispano-lusas es la ocupacin castellana de Portugal en 1580 en tiempos de Felipe II, tras la muerte del rey Sebastin en Alcazarquivir, que durara hasta 1640, reinado de Felipe IV. Durante estos sesenta aos de sometimiento al poder castellano, denominados decadentes frente a la Restauraao de 1640, los portugueses se percataron de la mentalidad castellana fronteriza de conquista, de sus tendencias belicosas y de su carcter imperialista. Esta experiencia dej un poso anticastellano y antiespaol, que resurge y se expresa en la coyuntura ms insospechada. Ni siquiera las buenas relaciones en la poca de los dictadores, Salazar y Franco, disiparon esos temores. Los portugueses recelan, y con razn, de cualquier pretensin iberista, porque tienen miedo al imperialismo hispano, que en caso de unin terminara por absorberlos como traga el pez grande al chico. A este respecto vienen a nuestra mente algunos recuerdos personales, anecdticos quizs, pero significativos. A comienzos de los sesenta uno de nosotros viaj por primera vez al pas vecino. En una ciudad fronteriza de un pequeo can, que miraba al otro lado de la frontera con su tenebroso ojo negro, penda esta leyenda: Ai de Espaa se te moves. Durante las vacaciones de la Semana Santa de 1991, coincidentes con el eplogo de la guerra del Golfo, muchos turistas cambiaron su periplo vacacional hacia los pases rabes y se dirigieron a Portugal, donde se hallaba uno de los suscribientes y su familia. Un diario lisboeta editorializaba bajo el ttulo: A invasao dos espanhois y rememoraba la triste tesitura de la dominacin de los tres felipes entre 1580 y 1640.

Sin embargo, nadie se ha parado a pensar que precisamente desde la periferia podra llevarse a cabo la unidad ibrica desde un prisma confederativo. En la dcada de los 40-50 surgieron en el exilio diversos proyectos de este cariz, auspiciados desde Londres por Manuel de Irujo y desde Buenos Aires, principalmente por Castelao. En ellos tambin intervenan dos portugueses, el ex ministro Domingues dos Santos y el gegrafo Cortessao. Propugnaban una Confederacin ibrica de naciones, unin libremente pactada, voluntaria y reversible de Euskal Herria, Galiza, Catalunya, Castilla y Portugal. La hegemona castellana quedaba contrarrestada y limitada por un rgimen equilibrado de poder, donde Portugal se senta entre iguales, sin miedo a la imposicin espaola, porque Galiza como puente y Galeuzca como freno y gozne articulaban un sistema de armnica contencin.

* Xos Estvez y Jos Luis Orella Unzu - Historiadores


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