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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2004

Las bondades del trabajo asalariado: legitimacin y alternativa

Carlos G. Osto
Rebelion

La necesidad de tiempo de trabajo aplicada a la produccin de riqueza cada vez es menor, y su venta tender a abaratarse hasta niveles hoy impensables



Estamos tan inmersos en la mentalidad mercantilista, que la obligacin de trabajar ocho horas diarias se contempla por casi todos los trabajadores como un derecho, repitiendo estos -y tambin los no inmersos en el mercado laboral-, hasta la saciedad, la argumentacin implantada por los cantores del sistema y por todos los medios de desinformacin.
No solo estos integrantes, mas o menos conscientes, del fortalecimiento deldesarrollo del sistema, son los que loan las inmensurables bondades del trabajo, sino que el desarrollo de esta idea se generaliza hasta en amplios crculos de la autodenominada izquierda alternativa, "porque sino -afirman errneamente- seria impensable el mantenimiento del Estado" -capitalista- y los pobrecitos asalariados no contaran con su capa protectora y no sabran que hacer con el aumento del tiempo libre.
Ni los mas afamados economistas precursores de la economa poltica clsica, o/y de los clrigos protestantes del siglo XIX hubieran podido hacer una mejor defensa de la necesidad de ser explotados, pero ms les valdra -a estos supuestos alternativos-, si de verdad quieren o desean una sociedad mejor, dar alternativas -como deberan hacer si hicieran honor a su apellido-, alternativas al tiempo de trabajo y al reparto del trabajo, as como a la remuneracin del mismo.
La gravedad de la situacin se incrementa por la inanidad en que se entra por la aceptacin de la doctrina basada en la supuesta inviabilidad de polticas econmicas y sociales no seguidoras de las imposiciones de la imperante globalizacin econmica sustentada en estados cooperantes con sus deseos.
Esta doctrina -solo es viable la economa de mercado, y como mejor funciona esta, es en su aplicacin ms liberal-, es asumida tambin como "natural" por las gentes que estn sufriendo dicha imposicin, legitimacin altamente peligrosa, ya que en unos momentos en que la produccin de la riqueza esta cada vez menos relacionada con el uso de la fuerza de trabajo, este es un posicionamiento que solo puede llevar a engrosar sin resistencias, las fila de los pobres y excluidos
Lo dicho en el prrafo anterior, no es solo una critica al seguidsimo en cuanto a la economa de mercado, sino el reconocimiento de que ya que estamos asistiendo al inicio de una poca en que la necesidad del trabajo humano como formador de la riqueza, se esta no solo poniendo en duda, sino vindose como una aportacin cada vez ms innecesaria.
Es verdad que despus de siglos de apoyatura ideolgica, el trabajo, la necesidad interiorizada del uso por parte del trabajador del tiempo de trabajo, ha recreado en este una forma de vida en cuanto a su posicionamiento con respecto a l, y de l con todas sus interrelaciones sociales, llevndole hasta el subjetivismo de culpar del problema social del paro a los afectados por el mismo, a los sujetos que han sido excluidos, desechados por el sistema.
Pero la realidad que cada da se impone con mas crudeza, es que la venta masiva de la fuerza de trabajo ser cada da menos apreciada, por lo que la mayora pasara a incrementar la economa sumergida de los misrrimos servicios como mano de obra, no ya barata, sino miserable, y una minora conservara sus empleos a cambio de la alineacin ms brutal, del no-pensamiento.
Ya que histricamente no hemos sido capaces de luchar por mejorar la calidad de vida reivindicando menos horas de trabajo, escogiendo el camino nico de una mayor remuneracin de las mismas, hoy nos vemos abocados al reparto del
trabajo. Es el momento de reivindicar el ocio y una redistribucin ms social de la riqueza producida y acumulada.
La biosocializacin del trabajo La infelicidad del trabajo se ha reideologizado hacia una relacin sentimental positiva que exige la obligacin de trabajar todos, sustentada esta ideologa por y en los denominados partidos de trabajadores y los sindicatos que reflejan fielmente en su estructura las relaciones jerrquicas y productivas impuestas por el sistema imperante del que forman parte, esto es; elites y poblacin, dirigentes y dirigidos, poder y obediencia. Esta reideologizacin ya esta implantada sociobiologicamente en Europa y en todo el llamado Occidente desarrollado, dando lugar a una relacin produccin-reproduccin en la que no solo se producen mercancas o servicios durante X horas al da y acabada la jornada laboral se empiezan otra serie de relaciones, sino que todas las relaciones en este mundo laboral -cognitivas, afectivas, relacionales-, estn dirigidas e interconectadas por la interiorizacin de la primaca de esta misma interconexin en la que se antepone a todas las dems relaciones la social-econmica, incluso a la reproduccin de la mercanca humana, condenada asimismo, desde su inicio, a reproducir este biopoder.
Esta realidad no tiene por que convertirse en una verdad milenaria, ya que depender de resistencias y apoyaturas, como toda relacin social, y por esto mismo, la primera resistencia es empezar a separar y diferenciar lo que es unanecesidad para casi todos -trabajar-, de la persona como ser. En otras palabras, y recurriendo al dicho popular; trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
El trabajo se relaciona histricamente con la coercin social, y ontolgicamente con el utensilio utilizado para aplicar fsicamente la coercin, por lo cual, podemos afirmar que no se parte de una relacin entre personas libres y en igualdad de condiciones, sino precisamente desde su contrario, la servidumbre y la esclavitud.
Necesidad de trabajar

Si desde algunos posicionamientos de la llamada izquierda se clama por eltrabajo a jornada completa, y que todo el mundo trabaje porque es la nica manera de mantener un Estado que universalice los beneficios de la democracia(sanidad, educacin, subsidios limitados, etc.), la alternativa mas clara no pasa precisamente por amenazar con no trabajar -amenaza siempre incumplida o limitada a un solo da- sino precisamente lo contrario, exigir que todo el mundo trabaje, pero que se trabaje muchas menos horas, actuacin con la que los asalariados intermitentes y los posibles trabajadores expulsados del mercado laboral, podrn acceder a una continuidad laboral.
La propuesta anterior tiene un doble beneficio. 1) se libera a la poblacin con trabajo estable de una parte de las horas de trabajo y por tanto de explotacin, y 2) los expulsados de la sociedad -recordemos que unos de los motivos de exclusin social es la de permanecer parado durante un largo periodo de tiempo- pueden reincorporarse a su derecho - A esto hemos llegado!!- a ser explotados con la consiguiente subida en los baremos de autoestima.
No es sostenible!, Dirn todos, Si es sostenible!, contestamos. Incluso dentro de una economa de mercado, es posible redirigir las partidas macroeconmicas -si se desea verdaderamente-. Recordemos que un incremento en el numero de asalariados que pagan impuestos, cotizan y consumen mas, reporta un incremento en las arcas del Estado, situacin fiscal que posibilita que las pequeas empresas paguen menos tasas y potencien el empleo. Esta realidad econmica se fortalecera con el incremento de la presin fiscal sobre la acumulacin de riquezas, lo que permitira complementar el menor tiempo de trabajo y la consiguiente cada de ingresos salriales con la aportacin estatal, a la vez que se posibilitara una mayor contratacin laboral.
Pero es que adems, si no es sostenible usando ratios y ecuaciones de economa de mercado, realmente no es preocupante. Basta con aplicar un cambio en la eleccin en las prioridades de los presupuestos generales de Estado, en su asignacin cuantica, para que por ejemplo, tengamos -pondremos uno de los ejemplos clsicos de la macroeconoma de mercado- menos caones, pero ms mantequilla.
Lo que esta claro, es que las leyes de competencia nter capitalistas y el desarrollo de las innovaciones tcnico-cientficas llevan a una situacin el que el aumento de la productividad implica un inexorable cambio de la fuerza de trabajo por el empleo masivo de capital objetivado cientficamente. Esto es, la sustitucin acelerada del hombre por la maquina..

Trabajo y acumulacin
Participamos en y de, una sociedad sustentada por un sistema (economa de mercado), en la que una mnima tica ni se entiende ni se quiere saber que significa. Esta es una situacin constatada que se repite en todos los sectores de la sociedad, en todos sus estamentos y en todos sus representantes. El banquero y la multinacional o transnacional, no solo
desvan dinero hacia s, sino que se lo lleva a parasos fiscales para no tener que participar en el sostenimiento de ese sistema que lo esta enriqueciendo.
Estamos en una situacin tan amoral y corrupta, que -por ejemplo-, el mismo obrero de la construccin, que trabaja desde hace dcadas a destajo en un vano esfuerzo de incremento de consumo y pequea acumulacin, que ha tirado los
precios que reciba por su fuerza de trabajo, tiene actitudes xenfobas y racistas hacia sus compaeros inmigrantes (sobre todo si son "moros" o negros), cayendo adems en un nacionalismo vergonzante e interesado, ya que el posicionamiento mas extendido entre los trabajadores de todos los sectores es la exigencia de que el reparto del cada vez ms escaso trabajo solo debe detentarse por los nativos de la nacin.
Estas realidades, unidas a muchas otras, nos lleva a su vez a la incidencia en la sociedad de una de las premisas triunfadoras del sistema. Una realidad sistmica en la que la poblacin tiene interiorizada la primaca del trabajo en si, como portador de libertad y desarrollo humano que nos ha llevado a una situacin en la que los propios nios desde su ms tierna infancia, se ven regulados por los relojes y por los horarios que dirigen casi todas las acciones diarias, sin tener en cuenta las necesidades y voluntades que encorseta, para que en un futuro mas o menos cercano, formen parte integrante de una poblacin a la que se pueda incluir en la noria del trabajo asalariado -solo si las necesidades de produccin lo demandan-, e implicar subsumidamente a las generaciones venideras en un futuro de trabajo y reproduccin de la fuerza de trabajo.
En una sociedad en la que el culto al trabajo esta tan interiorizado que un parado pasa a ser un excluido, no solo econmico, sino social, uno de los frentes a los que se debe de prestar especial atencin, es este. El trabajo ha existido y acompaado al hombre desde que existe el poder, pero esta comprobacin histrica no tiene porque convertirse en una afirmacin de su continuacin inamovible como si de una ley cientfica se tratara.
Hacia el ocio

La imposicin por todos los medios y formas de fuerza, de la figura del trabajo, es la historia de la modernidad. Histricamente no fue el deseo de bienestar lo que obligo a la poblacin al trabajo asalariado, sino las necesidades de ingresos de los estados absolutistas, no fue el deseo de una vida mejor lo que llevo a millones de pobladores de frica y Amrica a la esclavitud, sino el deseo de los menos numricamente, pero los ms poderosos econmica, militar y polticamente, de acumular riqueza a costa de los dems y sin importarles nada ms que ellos mismos.
Pero la necesidad de tiempo de trabajo aplicada a la produccin de riqueza cada vez es menor, y su venta tendera a abaratarse hasta niveles hoy impensables para la mayora, esa misma mayora que actualmente casi idolatra al trabajo como un fin, y para la cual, todas sus relaciones -incluso las biolgicas- las basa y determina sobre la base de este.
Si hicieron falta siglos para adiestrar a la humanidad "desarrollada" en el "derecho" al trabajo, en hacer creer que la lucha era entre el capital y el trabajo y no la del libre desarrollo del individuo enfrentada a la imposicin de la "necesidad" de acumular, no va a ser tan prolongada la necesidad de adaptarse al ocio, no porque la multitud lo asuma y lo desee, sino simplemente porque habr menos tiempo de trabajo disponible y dedicar (aunque sea de forma obligada) menos tiempo suyo a trabajar

 



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