Portada :: Argentina :: 30 aos por la verdad y la justicia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2006

El caso de Julio Lpez
Polarizacin y miedo en la poltica argentina actual

Sergio Fernando Job
Rebelin


Cuando hay hechos que nos impactan, muchas veces, nos dejamos llevar por esa primera impresin, y actuamos conforme al sentimiento que nos invade en ese momento (horror, felicidad, tristeza, rabia, etc.). Y el caso de la desaparicin de Julio Lpez es uno de esos hechos. Impacta. Nos llena de bronca, de rabia, de tristeza. Y tambin, por qu no decirlo, de miedo.

Entonces, las sombras del pasado sobrevuelan nuestro da a da y dudamos en mirar hacia arriba, hacia los costados, hacia el frente; es que tememos que el fantasma de las 3 A est sobrevolando nuevamente. Y ya conocemos la historia, sabemos que luego las 3 A terminan siendo parte del aparato represivo de Estado, y que la confusa cuenta:

3 A + E (de Estado, de Ejrcito) = Capitalismo neoliberal, al ser despejada y simplificada, nos da una que es mucho mas entendible (y quiz por eso mismo, ms insoportable):

3 x 10.000 [email protected] ([email protected], [email protected], y un largo etc.) = Capitalismo neoliberal.


Despus de esto, nunca ms sumamos ni multiplicamos, slo aprendimos a restar y a dividir, restar y dividir. Y el resultado sigui siendo el mismo, neoliberalismo (que no es, sino, otra forma de llamarle al capitalismo mas concentrado).

Don Len (Trotsky), es de esos que saben poner en palabras las cuentas. La democracia burguesa slo es un envoltorio ms bonito de la dictadura del capital. Tremendamente cierto, aunque quizs muchos no entendieron en los 70 el valor poltico de ese "slo". Pero eso son dos mangos aparte. Porque demonio hubo uno slo (que sigue siendo el mismo, eso es lo que dice Trotsky cuando lee la cuenta) y su nombre es capitalismo -y sus agentes-, mas all de que errores cometimos a montones desde este otro lado, y eso es lo que debemos tratar de evitar nuevamente.

Hay que poder ver, y entender, la dinmica entre democracia burguesa y dictadura militar a lo largo de la historia Argentina. Del desplazamiento que ocurre desde las 3 A como agentes paramilitares a integrantes del aparato represivo de Estado, y de ah a la vuelta de la democracia, y la continuacin por parte de esta de la poltica econmica impuesta sobre ros de sangre; en esta trayectoria hay una dinmica que debe ser visualizada, comprendida, y, por qu no, derrotada.

No debemos dejar que este temor, este miedo, este verdadero horror ante la posible vuelta del fantasma nos nuble la vista. Pensar cada hecho particular de la vida poltica y social de nuestro pas es lo que nos va a permitir, o no, avanzar en la liberacin de nuestros pueblos. Anlisis concreto de situaciones concretas deca Lenin. Veamos.

La vigencia de un autor pasa por la capacidad que tienen sus categoras de anlisis para ser usados en otras realidades y en otros tiempos, y eso sucede con Gramsci y la categora de Bloque histrico, entre muchas otras que desarroll el gran pensador y militante italiano. As nos dice que "para que se forme un bloque histrico es necesario que la estructura y la superestructura de este bloque estn orgnicamente ligadas" . Lo que quiere decir que: 1) "Todo acto o ideologa orgnica debe ser necesaria` a la estructura; esto significa que las ideologas deben organizar los grupos sociales y dirigirlos en conformidad con las condiciones socio-econmicas: En cuanto histricamente necesarias, stas tienen una validez que es validez psicolgica`; organizan` las masas humanas, forman el terreno en medio del cual se mueven los hombres, adquieren conciencia de su posicin, luchas, etc.`; 2) De ah que -y este es su segundo aspecto-, los movimientos superestructurales orgnicos tengan uncarcter permanente. Representan ideologa, la poltica de distintos grupos sociales y, en este sentido, dan lugar a la crtica histrico-social que se dirige a los grandes agrupamientos, ms all de las personas inmediatamente responsables y del personal dirigente`. Slo en la medida en que los movimientos superestructurales respondan a estas condiciones orgnicas, sern el reflejo` de la estructura y formarn con ella un bloque histrico."

Sin embargo, no todos los movimientos en la superestructura son un "reflejo" de la estructura, es decir, no todos los movimientos de la superestructura son orgnicos. Una afirmacin en sentido contrario nos encerrara en un callejn sin salida, en un estructuralismo radical que clausurara cualquier posibilidad de cambio, idea, que est de ms agregar, es completamente ajena a Gramsci y a cualquier nocin no mecanicista del marxismo.

As, Gramsci describe de manera esquemtica, cuatro fenmenos que se oponen a los movimientos orgnicos de la superestructura:

1) en primer lugar, "en el estudio de una estructura es necesario distinguir los movimientos orgnicos (relativamente permanentes) de los movimientos que se pueden llamar "de coyuntura" (y se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales). Los fenmenos de coyuntura dependen tambin de movimientos orgnicos, pero su significado no es de gran importancia histrica; dan lugar a una crtica poltica mezquina, cotidiana, que se dirige a los pequeos grupos dirigentes y a las personalidades que tienen la responsabilidad inmediata del poder."

2) "el segundo tipo de actos, sin ninguna vinculacin orgnica directa con la estructura, consiste en lo errores polticos de los representantes de la clase dirigente".

3) En este caso se refiere a actos que responden a una ordenacin/lucha de poder interna en la superestructura. Un ejemplo claro para Gramsci es la iglesia catlica "si a cada lucha ideolgica en el interior de la iglesia quisiramos encontrarle una explicacin inmediata, primaria, en la estructura, estaramos aviados... Es evidente, en cambio, que la mayor parte de estas discusiones son debidas a necesidades sectarias de organizacin".


4) "el ltimo tipo est formado por las ideologas que Gramsci califica de arbitrarias, es decir, sin vinculacin orgnica, ni siquiera indirecta, con la estructura; sin importancia histrica, son la anttesis de las ideologas orgnicas: "En cuanto son arbitrarias, no crean ms que movimientos` individuales, polmicas, etc. (tampoco son completamente intiles, porque son como el error que se contrapone a la verdad y la afirma)".

Ninguna clasificacin, por ms exacta que sea, es totalmente abarcadora, ni totalmente estanca. La historia no puede ser pensada como fotos estticas, que encuentran un lugar determinado en el lbum de fotografas, sino, por el contrario, debe ser pensada como una pelcula siempre en movimiento. Esta es la razn por la que un hecho histrico puede compartir rasgos de ms de una de estas clasificaciones, puede desplazarse de uno a otro a lo largo del tiempo, o incluso puede cambiar completamente de efecto por un movimiento, no slo interno del fenmeno, sino tambin por un cambio brusco en la estructura misma. Comprendemos entonces que esta clasificacin puede llegar a servirnos como orientacin general, pero no ms que eso. Adems, se entiende que lo que vale de los grandes tericos no son las respuestas sino las preguntas que se plantean. Es esta la razn por la que no es tanto la respuesta que Gramsci da, sino sus preguntas lo que nos hace volver una y otra vez a l.

Igualmente antes de entrar a definir si un suceso determinado es orgnico o no, y en caso contrario, a qu tipo de fenmeno responde, necesitamos definir qu es lo orgnico en determinado momento histrico.

Observaremos, primero, la estructura social (de clases) que depende directamente de las fuerzas productivas, y a continuacin la superestructura ideolgica y poltica para poder entender los componentes del bloque histrico de la etapa actual.

El fuerte crecimiento econmico que se registra en los ltimos aos en Argentina slo puede ser entendido teniendo en cuenta dos fenmenos: por un lado, la profunda crisis que atraves el pas durante los ltimos aos de los noventa y principios del nuevo siglo, lo que permite que un funcionamiento "normal" del capitalismo represente posibilidades de crecimiento infinitamente mayores que durante lo peor de la crisis; y por otro parte, este crecimiento se bas en el gran margen de ganancia de los sectores exportadores dados por los precios favorables en el mercado internacional de sus productos (tanto del sector agro-exportador, como del petrolero) por un lado, y la devaluacin de la moneda por el otro, lo que significar vender en dlar y pagar en pesos devaluados.

As mismo, esta "ventaja competitiva" (lase: mano de obra barata) permiti un repunte de parte de la industria nacional (o lo que queda de ella), basada no en nuevas inversiones, sino en la utilizacin de la gran capacidad ociosa ya instalada que estaba en desuso en las industrias. Sin embargo, este crecimiento no slo se ve estancado por la falta de inversin de los empresarios locales, sino tambin por la falta de infraestructura suficiente en el pas, causada por la falta de cumplimiento de los contratos de privatizacin por parte de las privatizadas (transnacionales que se hicieron cargo de los sectores estratgicos de la nacin, como luz, gas, agua, petrleo, etc.), lo que provoca que Argentina est caminando hacia un "cuello de botella" energtico, lo que implica una crisis energtica que ya se est empezando a sentir, y que se intenta paliar reduciendo, por medio de multas, el consumo residencial de energa y gas.

El sector financiero tambin logr obtener ganancias, ya que no slo se le permiti, durante la crisis del 2001, girar las reservas en dlares a sus casas matrices en el exterior, sino que luego fueron compensados por el estado Argentino, saldando cualquier tipo de deuda, y obteniendo adems, jugosas ganancias a costa de todos y todas los argentinos y argentinas.

El imperialismo, representado (y representando) principalmente por las privatizadas (Suez, Telecom, Telefnica, etc.), las empresas de extraccin de reservas petrolferas y mineras (Repsol, Petrobras, Shell, Esso, empresas mineras principalmente norteamericanas, sudafricanas y chinas) y los sectores financieros, por un lado; y por los organismos multinacionales de crdito por otro (FMI, Banco Mundial, BID, etc.), sigue, de diversas maneras acrecentando su peso en la estructura econmica Argentina.

Este anlisis muy somero de las fuerzas productivas o los sectores econmicos principales sobre los que se asienta la economa del pas, nos abre el camino a un anlisis de las clases que componen la estructura social de esta Argentina neoliberal.

Es visible que la desocupacin sigue siendo un problema (que ya parece ser estructural) de la economa nacional. Son estas franjas los sectores que se mostraron mas dinmicos en cuanto a organizacin y lucha desde la crisis en adelante. Sin embargo, en parte por el crecimiento econmico, y en otra por cooptacin de muchos de esos movimientos por parte del gobierno, el movimiento piquetero ha perdido, en la coyuntura, parte de la fuerza que mostrara hace apenas unos aos atrs. Sin embargo, al contrario de los que muchos creen, el movimiento piquetero no est muerto ni agonizando, sino por el contrario buscando nuevas formas de organizacin y resistencia.

Los trabajadores, luego de un gran letargo, despertaron ante la drstica disminucin de su calidad de vida producida por la devaluacin y la inflacin que se mantiene a niveles constantes, pero crecientes desde hace unos aos. La disminucin de los niveles de desempleo permiti sacarse de encima el fantasma de la desocupacin, lo que sumado a la devaluacin y la inflacin, hizo que los trabajadores volvieran a ocupar un lugar protagnico en el escenario de la lucha de clases, actuando mucha de las veces por arriba o de espaldas a la burocracia.

La burguesa nacional y todos los sectores que integran el capitalismo Argentino, dejaron durante un periodo las luchas intestinas de lado para cerrar filas detrs de la normalizacin del capitalismo, bandera que levant el actual gobierno nacional de Kirchner. Sin embargo, una vez pasado el terremoto, las distintas fracciones que se disputan la hegemona dentro del campo del capital, estn entrando nuevamente en conflicto, ya por razones econmicas, ya por razones ideolgicas, y en la gran mayora, por ambas.

Se sabe que este repaso extremadamente reducido de la estructura social no puede estar completo en un pas latinoamericano (sobre todo), si no nos ocupamos del Estado, como uno de los agentes determinantes en la vida econmica de nuestros pases. Se puede sostener sin el menor temor a equivocarse que el Estado argentino mantiene intacta la estructura que posea previa al estallido del 2001. Mas all de pequeos retoques por medio de "cambios de figuritas" (en la Corte Suprema y en las primeras lneas de las Fuerzas Armadas), la estructura y el funcionamiento del Estado no ha cambiado sus componentes ni dinmica. Este puede ahora s, ser un resumen extremadamente reducido de la estructura social Argentina.

El gobierno de Kirchner supo hacer una lectura de los reclamos populares del 2001 y apropiarse de parte de ellas desactivando sus planteos mas radicales e institucionalizando los otros. As, por medio de cambios desde arriba y cosmticos, fue como canaliz la bronca que haba estallado el 19 y 20 de diciembre de aquel ao. Tambin logr el apoyo del aparato peronista, sobretodo del bonaerense, y por otro lado, el de la burguesa en su conjunto que cedi algo ante la posibilidad de perderlo todo. Sin embargo "el xito" que la administracin Kirchner logr en la estabilizacin relativa en el normal funcionamiento del capitalismo fue su mayor logro y el comienzo de su prdida de poder. Es a partir de la reactivacin econmica que los distintos sectores de la burguesa (sobre todo) y de los sectores populares (en menos medida) que empieza la pelea por obtener una mayor parte en el reparto del excedente.

Para canalizar parte de estos reclamos populares y mostrarse distinto a los que segn el pueblo deban irse (que se vayan todos fue el reclamo que mas se escuch en las calles argentinas por esos das), el gobierno debi adoptar un discurso progresista y contra la impunidad. Esta fue una de las razones de que el gobierno haya usado su poltica de derechos humanos como una de las puntas de lanza en las que apoy su popularidad. Ante este marco el gobierno concedi e hizo suya (en forma discursiva) una de las luchas ms sentidas del pueblo argentino, luego de mas de veinticinco aos de lucha de los organismos de derechos humanos y la izquierda en general, como era el juicio y castigo a los genocidas del ltimo golpe militar que azot al pas. Para esto derog las leyes del perdn (leyes de obediencia debida y punto final, que impedan juzgar a la gran mayor parte de los militares que violaron derechos humanos durante los 70), y la justicia declar inconstitucional los indultos dictados por Menem durante su gobierno a las cpulas militares de aquel entonces. Sin negar la importancia de lo simblico, es preciso aclarar que todo lo actuado fue sin tocar en lo ms mnimo la estructura socio-econmica que naci de la dictadura, y que fue la causa de su instauracin, es decir, el neoliberalismo.

El comienzo de los juicios a los genocidas se producen en el siguiente contexto: luchas intra capitalistas (el gobierno intenta apoyarse en los sectores petroleros y en parte de la industria nacional, se enfrenta fuertemente al sector agro-exportador por cuestiones econmicas -retenciones- y sobre todo ideolgicas, y entre medio una gran cantidad de sectores econmicos oscilan entre el apoyo y la crtica, pero siguen mirando con desconfianza cierta verborragia anti-imperialista por parte del gobierno. Aunque no afect ninguno de sus intereses, muchos de estos sectores no lo sienten su gobierno); reclamos salariales (que en muchos casos obtuvieron por respuesta una brutal represin, siendo el caso ms saliente el de los petroleros de Las Heras en la provincia de Santa Cruz, que luego de una pueblada con enfrentamientos armados entre trabajadores y polica, la ciudad entera fue ocupada por la gendarmera nacional); una criminalizacin cada vez mayor sobre los militantes sociales; problemas estructurales como los de la pobreza o el empleo sin resolver; ningn cambio en la estructura estatal ni una limpieza profunda en las fuerzas armadas ni policiales; enfrentamientos internos entre distintos sectores del peronismo -que no son otra cosa que el reflejo de los sectores capitalistas en pugna-; conflictos entre las cpulas de las burocracias sindicales; un movimiento piquetero mermado pero que sigue en lucha; gobiernos provinciales que no responden al central, o lo hacen a regaadientes como el caso de la segunda provincia ms importante del pas: Crdoba; fuertes enfrentamientos con la iglesia, tanto por derecha (sobre todo) como por izquierda (los sectores que le reclaman una poltica ms activa para terminar con la pobreza y la distribucin de la tierra); entre otros muchos conflictos. Todo hace un coaktil conflictivo, que genera cierta inestabilidad poltica que, a pesar de las altas tasas de popularidad que adjudican las encuestas al gobierno, preanuncian posiblesconflictos sociales y polticos importantes.

Es en esta situacin que los sectores de la derecha procesista encuentran todava lugar para actuar. Ante lo que ellos entienden como una ofensiva izquierdista, es decir, ante el avance de los juicios que permitiran luego de treinta aos de lucha, conseguir la crcel efectiva a los militares y policas golpistas, estos sectores estn recurriendo a todo resquicio de poder que les queda para impedirlo. Hay que volver a insistir que no hubo ningn tipo de purga dentro de las fuerzas armadas o policiales que retire de sus cargos a aquellos que cumplieron funciones durante la dictadura, lo que implica que siguen teniendo un peso importante dentro de las fuerzas represivas. Tampoco hubo un cambio en la formacin de los nuevos sujetos que integran la polica y las fuerzas armadas. Esto trae como consecuencia no slo grandes tasas de corrupcin dentro de las fuerzas, sino que hasta el da de hoy militares y policas se cuadren y saluden al ya destituido general Menendez, quien fuera gobernador de la provincia de Crdoba durante los aos de plomo. Las policas (tanto federal como las distintas provinciales) poseen un gran desprestigio social por la gran corrupcin con que se desempean. Adems de concentrar en contra suyo un gran odio por parte de las clases populares, tanto por los abusos e impunidad con los que cotidianamente actan, como por los mas de 5000 casos de gatillo fcil que hay actualmente en la Argentina (se denomina gatillo fcil a las muertes provocadas por el accionar policial que suceden en circunstancias sumamente dudosas, que hacen pensar ms en acciones irresponsables, o cometidas bajo el efecto del alcohol o estupefacientes, o simples ajustes de cuentas).

Muchos de aquellos pocos que dejaron las fuerzas se dedicaron a la seguridad privada, habiendo incluso casos paradigmticos como la del cabo Hugo Alberto Cceres, cuya agencia de seguridad se llamaba "Los tres ases", en clara alusin a "las tres A" (Asociacin Anticomunista Argentina), y durante los 90 funcion como escuadrn de la muerte en la zona bonaerense de Don Torcuato. Esto es importante sealar para tener en cuenta que son sectores que tienen, lo que se denomina, poder de fuego.

Sin embargo el desprestigio social del que son acreedores, y las aspiraciones "democrticas" que mantiene gran parte de la sociedad argentina, no permite que estos sectores puedan apoyarse, al menos por ahora, en ningn tipo de base social de masas. Sin embargo, su estrechas relaciones con una parte de la iglesia catlica, con un sector del agro y del empresariado, en otras palabras el sector mas duro del capitalismo argentino, le da cierto margen de maniobras. Esto sin descontar el peso especfico propio que tienen como fuerzas armadas y policiales, y los contactos y arreglos con los grandes narcotraficantes, redes de prostitucin, de desarmaderos de automviles y dems redes criminales, como qued demostrado ms de una vez por estudios periodsticos o de la propia justicia.

Luego de esta visin general de la situacin volvemos a Gramsci (aunque nunca nos fuimos, sino que tratamos de caracterizar cada sector que l entiende necesario para seguir nuestro anlisis).

De lo descrito se desprende que el hecho del secuestro y desaparicin de Julio Lopz no es un hecho orgnico al bloque histrico, aunque no por eso deja de tener importancia. Es un hecho a contramano de la historia, sin casi ningn tipo de aceptacin social, que se apoya en sectores que tienen cierto peso relativo en la estructura y superestructura, pero que a la vez son sectores altamente desprestigiados (tanto las fuerzas armadas como policiales, como tambin la iglesia catlica, la oligarqua agro-exportadora y cierta complicidad del imperialismo que organiz e impuls el golpe de 1976). Sin embargo, que tengan en sus manos lo que Gramsci, siguiendo a Maquiavelo, denominaba el ncleo duro del estado, es decir la fuerzas represivas, no debe hacernos despreciar a estos sectores de poder.

Aceptando, como ya lo hicimos, que las clasificaciones tienen la limitacin de encorsetar la realidad que es mucho mas compleja, rica y colorida, trataremos de definir qu clase de movimiento no orgnico es el que realiz, segn se presume, el secuestro de Julio Lpez.

Cuando se analizan hechos tan recientes, y de los cuales no hay casi ninguna certidumbre, fenmenos que estn transcurriendo, se corre el riesgo de tener una visin restringida de lo que se intenta interpretar por la cercana con dicho hecho, sin contar las pasiones que agita el tema y lo ideologizado que puede ser un anlisis, incluso a costa de la voluntad de su autor. Sin embargo, si tenemos en cuenta las vinculaciones que parecen existir entre estructura y superestructura, por la existencia de intelectuales pertenecientes a estos sectores conservadores, por importancia de los lugares que ocupan estos sectores en la economa y en la estructura estatal y para-estatal, y ante la posibilidad de que ante ciertas circunstancias muy particulares este movimiento pueda volverse orgnico, el anlisis parece indicar que este movimiento no es otro que lo que Gramsci le llama movimiento de coyuntura. Decir esto no niega, sino que se complementa, dado la complejidad de la situacin, que el movimiento de coyuntura contenga o produzca fenmenos tpicos, segn Gramsci, de otros tipos de movimientos.

Conforme a lo dicho, es indudable que al ser un sector con un gran rechazo social, este hecho sirve tambin como "el error que se contrapone a la verdad y la afirma" . De ah el intento del gobierno para capitalizar en su beneficio el hecho, dividiendo aguas, aportando a la polarizacin social y agitando el fantasma de "la derecha". Esta funcin que Gramsci clasifica como tpico del que denomina como movimientos individuales est ms que presente en la actual coyuntura. Tambin estn presentes, en menor medida, elementos del segundo y tercer tipo, como puede ser cierta puja interna entre facciones de las fuerzas armadas, aunque como ya dijimos la estructura no cambi en lo sustancial desde la dictadura a esta parte; y tambin hay errores por parte del gobierno que permiti este "resurgir" de la derecha procesista, como puede ser el que un testigo clave no tuviera seguridad, haber "enfrentado" discursivamente a estos sectores sin realizar ningn tipo de acto efectivo que socave el poder econmico y poltico que tienen dentro de ciertas estructuras, poniendo demasiado peso en lo simblico y poco en lo econmico-poltico, y, en ltima instancia, despreciando el poder que estos grupos an poseen.

Sin embargo, un movimiento debe caracterizarse por sus rasgos sobresalientes, aquellos que los estructuran. Esto es lo que lleva a la definicin de la actual situacin como parte de un movimiento de coyuntura. Ante una situacin poltica de tanta inestabilidad en lo profundo, aunque en la superficie las aguas estn relativamente calmas, no podemos dejar que la derecha procesista siga actuando tranquilamente. Asumir la responsabilidad que nos cabe como intelectuales, papel en el que Gramsci tanto insista, en tratar de comprender lo que nos sucede, tratar de detenerse entre tanta vorgine, poner un pao fro, ver los matices de situaciones tan complejas y alertar contra los cultores de la simplificacin y la histeria generalizada (sean del gobierno, sean de la derecha procesista, sean de la izquierda acadmica o partidaria), ese es nuestro deber. Comprender cuanto depende lo que suceda de una correcta caracterizacin, y la responsabilidad que tenemos en eso. Luego, mejor dicho, a la par, debe ser el pueblo en su conjunto el que salga a defender la democracia (para profundizarla y cambiarla, para llenar de contenido lo que no es ms que forma) rompiendo el silencio, movilizndose, exigiendo crcel efectiva a los represores. El miedo no puede ganar otra vez. Esta historia est abierta, se est escribiendo todava en los editoriales de los peridicos, est en cada uno de nosotros, en los que somos pueblo que los libros del maana recuerden este hecho como el puntapi inicial para que, por reaccin, hayamos construido un pas que no slo acabe con los efectos mas indignantes de una estructura inmensamente corrupto y una economa terriblemente injusta, sino tambin con sus causas.



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