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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2004

El revolucionario chileno asesinado ha ingresado por la puerta grande en lo ms original del marxismo latinoamericano
Miguel Enrquez, treinta aos despus

Nstor Kohan
Rebelin


Ya es hora de decirlo claramente. Como tantos otros militantes de nuestra Amrica, Miguel Enrquez [1944-1974] ha ingresado por la puerta grande en lo ms original del marxismo latinoamericano. Hijo poltico del Che Guevara y, por eso mismo, hermano de nuestro Mario Roberto Santucho, Miguel pertenece a esa gloriosa familia continental que tambin integran Luis Emilio Recabarren, Jos Carlos Maritegui, Julio Antonio Mella, Farabundo Mart, Fidel Castro, Carlos Fonseca, Roque Dalton, Carlos Marighella, Silvio Frondizi, Turcios Lima, Inti Peredo, Ral Sendic, Camilo Torres y Tamara Bunke, entre muchsimos ms.

Que el treinta aniversario de su cada sirva no slo para recordarlo con cario y orgullo en su querido pas sino tambin para aprender de l, de su pensamiento, de su ejemplo y de su lucha en toda Amrica latina y el mundo.

Un joven rebelde que interviene sin pedir permiso

Miguel vivi la lucha revolucionaria de su pueblo como un joven rebelde. No solamente por su corta edad sino adems por su mente abierta y su desafo de las jerarquas establecidas en la derecha y tambin en la izquierda.

Su vida poltica juvenil fue meterica. Vivi joven y, lamentablemente, muri joven. Apenas haba cumplido los 30 (treinta) aos cuando la muerte en combate lo encontr dignamente donde tena que estar. Del lado del pueblo, de cara al enemigo, enfrentando a la dictadura de Pinochet.

S, Miguel tena apenas tena treinta aos! Parece mentira. (No olvidemos que Julio Antonio Mella, el fundador del primer partido comunista cubano, fue asesinado en su exilio mexicano cuando apenas tena 25 aos...). Y pensar que ya a esa edad haba desarrollado todo un pensamiento terico propio y una accin poltica encaminada a concretarlo.

Deberan tenerlo en cuenta algunos ex revolucionarios, arrepentidos o quebrados, cansados de luchar y de confrontar, que apelando a su prestigio del pasado hoy se pliegan al poder subestimando con soberbia a las nuevas generaciones de militantes rebeldes que se estn formando en la bsqueda de un nuevo camino revolucionario. Esos mismos que, tan lejanos de la humildad de Miguel y de Robi, del Che y de Fidel, en lugar de ayudar a las nuevas generaciones a construir un camino propio, de alentarlas en la rebelin contra el sistema, de transmitirles la experiencia del pasado (incluso si fue derrotada), estn ms preocupados por lustrar su propio ego y mirar su propio ombligo.

La tarea urgente de nuestros das presupone revertir lo que el genocidio militar intento implementar: el olvido sistemtico y la prdida de identidad rebelde. Si a comienzos del siglo XX ser de vanguardia implicaba romper con todo pasado y toda tradicin, actualmente, despus del genocidio, no hay nada ms de vanguardia que recuperar la tradicin revolucionaria olvidada y superar el vaco entre la generacin de Miguel y la actual.

En el ao en que se funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria-MIR Miguel tena 21 aos. Cuando se convierte en su secretario general contaba con 23. Su hermano argentino, Robi Santucho, tena 29 aos cuando se funda el PRT y apenas llegaba a 40 cuando muere de igual manera que Miguel. Ernesto ni siquiera haba cumplido los 40 cuando fue asesinado por rdenes de la CIA y el Ejrcito boliviano en La Higuera. Toda una generacin latinoamericana de jvenes que no pidieron permiso para pensar, para cuestionar, para hablar, para estudiar, para militar y actuar, para amar. Por qu tres dcadas despus las nuevas generaciones van a tener que presentarse sumisamente, esperando la palmadita en la espalda, para recin all abrir la boca? A pesar de su escandalosa juventud, Miguel se anim a desoir los consejos realistas y a cuestionar a los experimentados reformistas de su tiempo. Hay que aprender de su ejemplo...

El doble desafo

La prctica poltica del MIR y de Miguel Enrquez ubicaron en el centro del debate la doble tarea que los revolucionarios tienen por delante si pretenden lograr eficacia en su accionar contra el sistema capitalista: crear, construir y desarrollar la independencia poltica de clase y, al mismo tiempo, la hegemona socialista.

En la historia latinoamericana, quienes slo pusieron el esfuerzo en la creacin y consolidacin de la independencia poltica de clase, muchas veces quedaron aislados y encerrados en su propia organizacin. Generaron grupos aguerridos y combativos, militantes y abnegados, pero que no pocas veces cayeron en el sectarismo. Una enfermedad recurrente y endmica por estas tierras. Quienes, en cambio, privilegiaron exclusivamente la construccin de alianzas polticas e hicieron un fetiche de la unidad a toda costa, con cualquiera y sin contenido, soslayando o subestimando la independencia poltica de clase, terminaron convirtindose en furgn de cola de la burguesa (nacional, democrtica o como quiera llamrsela), cuando no fueron directamente cooptados por alguna de sus fracciones institucionales.

Una de las grandes enseanzas polticas de Miguel y de todos aquellos y aquellas que entregaron su vida por el sueo ms noble de todos los que podamos imaginar, la creacin del socialismo, es que hay que combinar ambas tareas. No excluirlas sino articularlas en forma complementaria y hacerlo, si se nos permite el trmino que ha sido bastardeado y manipulado hasta el lmite, de modo dialctico. Es decir, que nuestro mayor desafo consiste en ser lo suficientemente claros, intransigentes y precisos como para no dejarnos arrastrar por los distintos proyectos burgueses en danza sean ultrareaccionarios o progresistas pero, al mismo tiempo, tener la suficiente elasticidad de reflejos como para ir quebrando el bloque de poder burgus y sus alianzas, mientras vamos construyendo nuestro propio espacio autnomo de poder. Y eso no se logra sin construir alianzas contrahegemnicas con las diversas fracciones de clases explotadas, oprimidas y marginadas.

No confiar en el imperialismo pero... ni un tantito as

Miguel y sus compaeros tambin contribuyeron a esclarecer la necesaria e ntima imbricacin entre las luchas populares de los movimientos sociales latinoamericanos desde las reivindicaciones ms elementales de las poblaciones hasta las ms elevadas como la lucha por el socialismo con la cuestin del antimperialismo. No puede haber en nuestra Amrica ni ejercicio de la democracia real, si soberana nacional genuina ni socialismo autntico que no se plantee al mismo tiempo  la lucha antiimperialista. No son etapas rgidas y distintas ni aspectos escindibles. Son fases de un mismo proceso de lucha.

Ese pensamiento tan caracterstico de Miguel tambin resulta aleccionador para los debates tericos y polticos contemporneos. Tanto frente a quienes reducen las luchas latinoamericanas actuales nicamente a la contradiccin entre imperialismo y nacin (negando cualquier otro tipo de contradiccin en el medio) como frente a quienes, en el polo opuesto, pretenden enterrar por decreto filosfico posmoderno la existencia de la dependencia, del imperialismo y de su dominacin guerrerista y genocida.

Un buen ejemplo de la primera posicin lo constituyen aquellas corrientes que apoyan el actual proceso de lucha y resistencia antiimperialista de Venezuela, pero tratando por todos los medios de frenar dicho proceso, de aconsejar a Hugo Chvez y su movimiento bolivariano que lo mejor sera de aqu en ms optar por la estrategia de una supuesta tercera va ni capitalismo neoliberal ni tampoco socialismo.

Un ejemplo sumamente expresivo del otro polo de la ecuacin lo constituyen aquellos otros que, seducidos por la promocin meditica de libros como Imperio de Negri y Hardt, creen ilusoriamente que hoy las banderas y las tareas antimperialistas ya estn viejas, ya no sirven, pues pertenecen al pasado de los dinosaurios de izquierda.

Miguel Enrquez nos ensea no slo a las hermanas y hermanos chilenos sino a todas y todos los latinoamericanos que no habr democracia radical ni democracia real, ni socialismo ni independencia nacional duradera sino se lucha y confronta al mismo tiempo contra el imperialismo. Este ltimo sigue existiendo, est vivito y coleando, y cada da, ms all de la frivolidad de la literatura posmoderna y posestructuralista a la moda, se vuelve ms agresivo y guerrerista que nunca antes en la historia.

Burguesas progresistas? Capitalismos nacionales?

Miguel, siguiendo fielmente las enseanzas del Che, siempre descrey del progresismo discursivo de las burguesas vernculas y de su supuesta capacidad para enfrentar realmente al imperialismo. l haba llegado a la conclusin, como muchos de los compaeros de su generacin, que las burguesas autctonas son parte funcional del engranaje de dominacin, aun cuando utilicen los fuegos de artificio verbales, seudo nacionalistas y seudo democrticos, para institucionalizar las protestas y neutralizar toda disidencia radical.

Seamos sinceros. Preguntmonos con una mano en el corazn: Qu pensara actualmente Miguel Enrquez de Lagos? Y de Kirchner?

Enfrentando ideolgicamente a quienes se proponan tejer alianzas con la burguesa nacional y sus expresiones institucionales, Miguel crea que el sujeto de las transformaciones sociales latinoamericanas no podan ni deban ser los empresarios buenos, aquellos que producen, por oposicin a los empresarios malos, los que especulan. No hay capitalismo bueno y capitalismo malo, capitalismo con rostro humano y capitalismo con cara monstruosa. Hay capitalismo. Hay imperialismo. Miguel lo saba perfectamente. Nunca se confundi.

Polemizando con quienes promovan un proceso rgido de etapas separadas para la revolucin chilena, Miguel sostena que la lucha por el socialismo no poda quedar relegada para un ms all inescrutable y lejano. Si bien el socialismo no puede hacerse por decreto y en forma repentina, cuando a cada uno se le d la gana, tampoco debe ser reemplazado en nuestra lucha nicamente por la democracia, por ms progresista que sta fuera, o por la muchas veces genrica e indeterminada liberacin.

Con el corazn y las entraas en Cuba y la cabeza en el propio pas

Miguel, como muchos otros miembros de esa familia de revolucionarios continentales que mencionamos al comienzo, tambin nos dej una lectura creadora, inteligente y antidogmtica de la revolucin cubana. Aunque amaba a Cuba tanto como nosotros y visit numerosas veces la isla rebelde que todava hoy desafa a Goliat, se neg a transformar la adhesin al proceso de lucha y resistencia continental abierto por la revolucin cubana en una frmula cristalizada. Nada ms ajeno al pensamiento poltico de Fidel y el Che que un dogma cosificado.

Al mismo tiempo el MIR, bajo liderazgo de Miguel, supo combinar la defensa intransigente de la herencia insumisa de Fidel y el Che con una poltica especfica para el propio pas, que tuviera en cuenta la dinmica que asume la lucha de clases interna y la batalla antiimperialista en la propia sociedad. Nada ms lejano del espritu antidogmtico de la revolucin inspirada en Jos Mart que confundir las necesidades diplomticas del estado cubano impuestas por el bloqueo y la geopoltica del imperialismo con la poltica especfica que deben llevar adelante las fuerzas revolucionarias dentro de cada pas latinoamericano.

Miguel y sus compaeros fueron entusiastas defensores del socialismo. Jams se dejaron arrastrar, pero ni por un solo segundo, al anticomunismo disfrazado de progresismo. Tenan la brjula bien puesta y en su lugar. No obstante, marcaron serias distancias frente a los regmenes del llamado socialismo real del Este europeo. Un buen ejemplo de esto puede corroborarse leyendo la declaracin que el MIR publica rechazando en 1968 la invasin sovitica a Checoslovaquia.

La solidaridad internacionalista no poda ser motivo para apoyar posiciones indefendibles.

Cunta lucidez! Qu falta nos hace hoy, cuando ms de uno pretende encubrir su completa subordinacin poltica a diversos gobiernos burgueses seudo progresistas y proyectos econmicos dependientes apelando para legitimarse al nombre de Cuba o, ms recientemente, al de Venezuela. Hace mucho tiempo Miguel haba advertido la falacia implcita en ese tipo de operacin poltica que utiliza mezquinamente el prestigio de Cuba para hacerse autopropaganda y autobombo. La mejor manera de defender del imperialismo a Cuba y su hermosa revolucin es luchando contra el imperialismo y por la revolucin en cada pas y en todo el mundo.

Por qu cay el compaero Salvador Allende?

"Yo no me muevo de aqu [Palacio de la Moneda,

da del golpe de estado], cumplir hasta mi muerte

la responsabilidad de presidente que el pueblo me

ha entregado. Ahora es tu turno Miguel".

Salvador Allende
(
Testimonio de su hija Beatriz Allende)

Uno de los elementos ms polmicos y discutidos que han rodeado el nombre del MIR y de Miguel Enrquez tiene que ver con el derrocamiento de Allende.

Miguel explicaba pacientemente que la cada del compaero Salvador Allende ambos se tenan un profundo y merecido respeto personal no fue obra de dos supuestos extremos. O, para decirlo en el tpico lenguaje de la derecha argentina, de dos demonios. Por un lado, el demonio de la extrema derecha autoritaria: Pinochet y sus FFAA, comandados por EEUU. Por el otro, el demonio de la extrema izquierda, impaciente e infantil: el MIR, los cordones obreros industriales, las tomas de tierras, etc.

No! Esa leyenda que algunos segmentos de la izquierda europea se encargaron interesadamente de propagandizar para as legitimar el compromiso histrico, por ejemplo en Italia, con la Democracia Cristiana no era realista.

Las fuerzas revolucionarias que empujan y actan para profundizar los procesos populares no son la causa de la represin o las derrotas cuando ellas ocurren. Miguel Enrquez, como el Che Guevara, no se cansaba de repetirlo: las transformaciones que no avanzan, retroceden y caen. La revolucin cubana pas a la historia porque eligi el camino inverso de la claudicacin. Cuando en Cuba la derecha presionaba y el imperialismo se endureca, Fidel Castro apret el acelerador. Hoy Venezuela se encuentra ante la misma disyuntiva histrica. Errnea lectura realizan aquellos que quieren extraer como corolario de Venezuela la peregrina idea de que Chvez debe recurrir a un tercer camino intermedio entre el neoliberalismo y una perspectiva antiimperialista de socialismo.

Miguel planteaba, una y otra vez, que la verdadera fuerza del gobierno de Allende, radicaba en el poder autnomo de la clase obrera y el pueblo pobre. Grave equivocacin trgica, sangrienta, incluso para los mismos que la propiciaban la de creer que cediendo terreno a los militares chilenos, incluso incorporndolos al gabinete de la Unidad Popular, se iba a detener el golpe. Hoy ya todo est claro. Pero Miguel y su corriente lo plantearon en aquella poca, mientras estaba sucediendo.

Cabe aclarar que cuando Miguel hablaba de poder autnomo no quera decir poder contra Allende, todo lo contrario. Poder autnomo significaba poder independiente del estado burgus y sus instituciones polticas de dominacin democrtica.

Cambiar el mundo sin tomar el poder?

A lo largo de su corta e intensa vida poltica Miguel siempre destac en primer plano la cuestin del poder. Ese es el primer problema de toda revolucin. En tiempos de Allende y en nuestra poca.

Cuanta vigencia tienen hoy sus reflexiones! Sobre todo cuando en algunas corrientes del movimiento de resistencia mundial contra la globalizacin capitalista han calado las errneas ideas de que no debemos plantearnos la toma del poder. Errneas ideas que vuelven a instalar, con otro lenguaje, con otra vestimenta, con otras citas prestigiosas de referencia, la aeja y desgastada estrategia de la va pacfica al socialismo que tanto dolor y tragedia le cost al pueblo de Chile. En primer lugar, al heroico y entraable compaero Salvador Allende, honesto y leal propiciador de aquella estrategia.

Existe un hilo no rojo, sino ms bien amarillo de continuidad entre: (a) aquella doctrina sovitica promocionada desde Mosc a partir de 1956 de la transicin pacfica al socialismo (nacida junto con la doctrina de la coexistencia pacfica con el imperialismo); (b) la doctrina eurocomunista del compromiso histrico con el estado burgus y sus instituciones; (c) la estrategia del camino pacfico sin tomar el poder al socialismo experimentada en Chile a partir de 1970 y (d) la actual renuncia a toda estrategia de poder.

Entre (a), (b), (c) y (d) hay denominadores comunes, las races polticas son convergentes. Aunque en nuestros das esa vieja doctrina se presenta en una bandeja tericamente ms atractiva, de modo mucho ms pulido y seductor (cargada de trminos libertarios, por ejemplo, o apelando a la indeterminacin de una genrica sociedad civil) que la impresentable y tosca doctrina sovitica de 1956 o la endeble doctrina institucional italiana de los 70.

Por eso mismo, volver a rescatar la reflexin poltica de Miguel Enrquez sobre el problema del poder, realizada no desde un Estado burocrtico envejecido ni desde un cmodo silln acadmico universitario, sino desde una prctica poltica vivida al mximo de intensidad en los aos de la gran esperanza chilena, constituye un elemento de aprendizaje insustituible e imprescindible para las nuevas generaciones de militantes.

Polmica, respeto, diversidad y unidad

A la hora de pensar el poder y de tratar de salvar a Allende del golpe de estado, Miguel supo ver algo que no siempre est a la vista: el carcter de clase del estado burgus. Detrs de las declaraciones constitucionalistas de las Fuerzas chilenas de Seguridad, haba una clase social enemiga irreconciliable del socialismo, sea del moderado o del radical. De todo socialismo. Miguel no se dej engatusar por la profesin de fe democrtica o nacional de los militares del rgimen, educados en las Escuelas norteamericanas de contrainsurgencia. Los asesinos de Chile, sus asesinos.

Pero, ledo aquel proceso de discusiones polticas desde hoy en da, resulta interesante observar que Miguel polemizaba con las corrientes chilenas ms proclives al reformismo las que en la prctica no vean el carcter de clase del poder del estado, aunque s lo hicieran en el discurso terico de modo sumamente respetuoso.

Aunque algunos de sus dirigentes injuriaban afirmando que los militantes del MIR tenan una cabeza calenturienta (sic) o, incluso, despus de septiembre de 1973, difundieron por Europa la ya mencionada versin de que el golpe de Pinochet y la cada del gobierno de la Unidad Popular fue posible gracias a la ultraizquierda del MIR, Miguel mantuvo la calma, la serenidad y la altura propia de un revolucionario. Saba perfectamente que no se trataba de refutar esas infamias, que pretendan esconder con un malabarismo verbal el fracaso rotundo de la estrategia reformista y la tragedia de haber intentado implementar en Amrica Latina la teora sovitica-eurocomunista del trnsito pacfico al socialismo dejando intacta la institucionalidad burguesa.

En lugar de contestar insulto con insulto, infamia con infamia, la tarea era sumar, incluso a los reformistas. El desafo consiste en construir la unidad imprescindible de las izquierdas para derrocar a la dictadura y abrir un camino para la revolucin socialista.

Miguel y sus compaeros del MIR saban distinguir entre el militante ganado por el reformismo y su lnea poltica. El problema es la lnea, la tctica y la estrategia. Un mismo militante puede defender las posiciones ms mediocres y pusilnimes a partir de una lnea reformista como las tareas ms heroicas a partir de una lnea revolucionaria. Por lo tanto, no tena sentido ni lo tiene hoy insultar a un compaero o a una compaera de otra organizacin con la que se comparte la lucha. El debate debe ser poltico, no personal. Debe apuntar a explicar, argumentar y convencer con respeto, no a lastimar ni a ofender.

El desafo es superar los sectarismos y construir entre todos y todas, reuniendo las diversidades, el gran sueo compartido de un Chile socialista, de una Argentina socialista, de una Amrica Latina socialista, de un mundo socialista.

Otro mundo es posible y necesario: el mundo socialista. El mundo por el que Miguel Enrquez y sus compaeros dieron generosamente la vida.

Septiembre de 2004



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