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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2006

Imgenes marxistas I. Antologa de textos de Manuel Sacristn (1925-1985).

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


 

 

 

 

En general, el hecho del evidente pluralismo marxista no admite ms que dos interpretaciones: o el marxismo se reduce a las pocas teoras comunes, o es una cultura, no una teora, una consciencia colectiva. etc. Mi tesis.

Manuel Sacristn

 

Si el estalinismo ha sido una forma de dictadura del proletariado? Aqu discrepo a pesar de que has hecho el sutil inciso salvador, para que yo pudiera agarrarme, de que ha habido muchas formas de dictadura burguesa y as yo poda decir que tambin sta haba sido una forma de dictadura del proletariado. Digo que no: el estalinismo ha sido una tirana sobre la poblacin sovitica, una tirana asesina sobre el proletariado sovitico y conservar la nostalgia de eso es estpido y criminal.

Manuel Sacristn (1978)

 

Lo que haca era intentar dar un marxismo complicado por as decirlo: Adorno, W. Benjamin, Lukcs, autores que no fueran muy esquemticos y que no fueran slo la cultura marxista elemental. Y clsicos, siempre aspire a clsicos ya que una de las cosas peores de la literatura marxista es que, como la obra de Marx fue editada por el propio autor en forma de borradores en su mayor parte, se lee muy poco por ser una tarea bastante pesada y laboriosa.

Manuel Sacristn (1982)

 

 

En una resea de un ensayo de Garaudy sobre Lenin, Sacristn sostena ya en 1968 la necesidad de dejar de citar a los clsicos machaconamente y de usar pasos de estos autores como argumentos conclusivos. Por el contrario, haba que leerles de forma creativa y sin anteojeras desviadas. l mismo sealaba aos ms tarde El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia (1978)- la necesidad de despojarse de todo respeto reverencial por ellos sin dar en la mezquindad de dejar de admirarlos y de aprender de ellos, y sin olvidar la advertencia de Eugenio D'Ors segn la cual todo lo que no es tradicin es plagio.

Sacristn fue consistente con su propio consejo y escribi detalladamente, en mayor o menor medida, y en tono nada reverencial, sobre numerosos clsicos de la tradicin: Marx, Engels, Lenin, Labriola, Gramsci, Lukcs, Escuela de Frankfurt, Harich, Althusser, y tambin sobre Colettti, Meinhoff o Dubcek. Pero, igualmente, en presentaciones, anotaciones o prlogos coment o desarroll breves reflexiones sobre otros autores de esta tradicin como Bernal, Bordiga, Togliatti, Zeleny, Klaus o Trotski.

Esta antologa, y los sucesivos complementos que se irn aadiendo, pretende rescatar estas miradas que, en mi opinin, son una vez ms prueba de la vastedad de intereses de Sacristn, de la singularidad de sus lecturas y de la penetrante y fructfera combinacin de marxismo, pulsin politica, sensibilidad histrica, rigor analtico y excelente castellano que son atributos reconocidos de la casa.

Mis anotaciones estn indicadas por Notas SLA o estn escritas en letra de menor tamao.

 

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1. Wolfgang Abendroth (1906-1985).

 

Teora y realidad fue una coleccin de textos de filosofa poltica, sociologa y filosofa de la ciencia editada por Grijalbo. En ella se publicaron ensayos tan imprescindibles como El comunismo de Bujarin, de A. G. Lwy; La disputa del positivismo en la sociologa alemana, de Adorno y otros; Sociedad antagnica y democracia poltica, de Abendroth; Georg Lukcs: el hombre, su obra, sus ideas, editado por G.H.R. Parkinson; La crtica y el desarrollo del conocimiento, con Lakatos y Musgrave como editores y largo prlogo de Javier Muguerza para la versin castellana. El primero y tercero de estos volmenes fueron traducidos por Sacristn; el dedicado a Lukcs cont con J. C. Garca Borrn, recientemente fallecido, como traductor. Se anunciaron, si bien no llegaron (ay!) a publicarse: Historia y dialctica en la economa, de Otto Morf; Corrientes actuales de la filosofa de la ciencia, de Gerard Radmitzky corresponsal y amigo detallista de Sacristn-, Marxismo y revisionismo, de Bo Gustafson y Marx en la sociologa del conocimiento, de Hans Lenk.

Sacristn particip activamente en esta coleccin dirigida por Jacobo Muoz con traducciones, prlogos y notas. En la solapa de su traduccin de Sociedad abierta y democracia poltica. Estudios sobre sociologa poltica, presentaba a Abendroth del modo siguiente

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Wolfgang Abendroth naci en 1906 en Wuppertal-Elberfeld. Terminados sus estudios de derecho, empez sus prcticas profesionales, que tuvo que interrumpir en 1933 por inhabilitarle para ello el poder nazi. Se doctor en Berna en 1935, volvi a Alemania y realiz actividades clandestinas contra el estado nazi. Detenido en 1937, fue internado en un campo de concentracin, del que pas a la divisin de castigo 999.

En 1947 la administracin alemana de la entonces zona de ocupacin sovitica y actual [1973] Repblica Democrtica Alemana le llam para ocupar un cargo en el ministerio de Justicia de Brandenburgo. Ense en las Universidades de Halle y Jena (en esta ltima ya como profesor numerario, o titular) y en Wilhelmshaven, en zona occidental, desde 1949. A partir de 1951, es profesor ordinario de ciencia poltica en la Universidad de Marburgo.

Principales obras: Die deutschen Gewerksachaften. Weg demokratischen Integration (Los sindicatos alemanes. Camino de integracin democrtica), 2 ed. 1955; Aufstieg und ctor der deutschen Sozialdemokratie(Ascenso y crisis de la socialdemocracia alemana),1964; y la presente coleccin de artculos y ensayos.

Wolfgang Abendroth se haba formado polticamente en una tradicin socialdemcrata marxista, verdaderamente socialista. Luego de desempear durante bastantes aos, particularmente durante la guerra fra, una funcin de educador de la reducida izquierda socialista alemana y de librar tenaces batallas en momentos crticos (como la eliminacin del marxista Vctor Agartz de la oficina terica de los sindicatos alemanes, o como la prohibicin del Partido Comunista de Alemania), Abendroth ha sido l mismo expulsado del Partido Socialdemcrata de Alemania.

 

1. Solapa de la traduccin castellana de Wolfgang Abendroth, Sociedad abierta y democracia poltica. Estudios sobre sociologa poltica. Ediciones Grijalbo, Barcelona-Mxico D.F, 1973.

 

Nota SLA:

En nota de traduccin (pgina 34), Sacristn daba el siguiente apunte sobre la nocin de integracin: Como el lector habr notado ya, el autor [W. Abendroth] utiliza integracin en un sentido sociolgico corriente antes de que, por influencia de la literatura moralista, pasara a significar absorcin por los valores del sistema capitalista. Abendroth entiende aqu que el marxismo de la socialdemocracia alemana fue slo un instrumento de cohesin o integracin de las organizaciones del movimiento obrero, sin ser, adems, base de una estrategia revolucionaria.

Igualmente, en un breve paso del seminario de 1977 sobre Problemas actuales del marxismo en torno a los efectos en la lucha de clases de la concentracin y centralizacin de capitales y sus consecuencias para la pequea burguesa, hay un reconocimiento explcito del valor de los escritos de este autor: Otra tendencia, la ms comn entre los marxistas que se mantienen como marxistas, es intentar recoger el hecho evidente de un aumento de unos extraos estratos, antes no conocidos con esa dimensin, con esa cantidad, de gente que trabaja asalariada pero en cambio no hace trabajo manual, en categoras generales como la de trabajador o trabajador intelectual. En mi opinin, el marxista que ha escrito de una forma ms instructiva sobre este punto es un viejo marxista alemn, W. Abendroth. No es que Abendroth haga teora general del fenmeno siempre ms bien hace anlisis del fenmeno en la sociedad alemana contempornea-, pero, claro, eso tiene presupuestos tericos de inters.

Tambin en su conferencia Sobre Lukcs de 1985 recogida ahora en M. Sacristn, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005- hay una sucinta pero elogiosa referencia a Abendroth. Refirindose a las Conversaciones con Lukcs de 1966, Sacristn seala que se trata de un libro que si se tiene a mano vale la pena repasar y del que adems se puede uno saltar tranquilamente las conversaciones con Holz y Kofler, que son marxistas muy literarios, por as decirlo, con poca preocupacin cientfica, ms bien con preocupacin literaria. Kofler un poco ms pero Holz nada. En cambio, es muy importante la conversacin con Abendroth. Abendroth, prosegua Sacristn, es un personaje muy interesante, tiene que tener ya muchos aos, de la izquierda del Partido Socialdemcrata alemn, expulsado de ella incluso, siempre muy valiente, y de mucha prestancia cientfico-poltica y por eso la conversacin con Abendroth s que tiene mucha miga marxista.

Abendroth falleca en septiembre de ese mismo ao, en Frankfurt am Main. Sacristn haba fallecido un mes antes, en agosto de 1985 en Barcelona.

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2. Kostas Axelos (n. 1924)

 

Eso [la consideracin de la tcnica moderna como ciencia aplicada, en absoluto contrapuesta a la ciencia] hace impertinente, cuando menos, para entender las intenciones intelectuales de Marx la interpretacin del pensamiento de ste como una culminacin del destino (Geschick) tcnico de la humanidad occidental por el Ser. Esa visin heideggeriana es la base del libro de Kostas Axelos Marx pensador de la tcnica (Barcelona, 1969: 1 ed. francesa: 1961). Probablemente eso no importar mucho al intrprete heideggeriano del ser, el cual podra seguir pensando que Marx no ha tenido consciencia del destino que le enviaba aquella sublime instancia. Pero la misma versin por Axelos de lo que Marx ha dicho, dejando aparte la mistrica cuestin de quin se lo inspir, es muy poco verosmil: para Axelos, la obra de Marx, slo apunta a un despliegue desalienado y total del poder de la tcnica (op. cit., p. 20). Lo menos que se puede oponer a eso es que ni siquiera en el Marx de 1857/1858 el ms deslumbrado (digmoslo as) por las posibilidades de la tcnica, se lee de ninguna manera que la tarea del socialismo sea liberar a la tcnica, sino ms bien que la tcnica contribuye a la tarea de hacer posible el socialismo.

 

2. Karl Marx como socilogo de la ciencia , mientras tanto, n 16-17, 1983, p. 23.

 

Nota SLA:

En su entrevista con Dialctica (ahora en De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, Los libros de la Catarata, Madrid, 2004, p. 160), Sacristn reconoca: No comparto ni la insercin del pensamiento de Marx en la concepcin heideggeriana del destino de la metafsica (esencia de la visin crtica de Axelos) ni la para m extraa especulacin de Habermas

En Entrevista con Naturaleza (Ibdem, pp. 179-190), Sacristn expona este equilibrado punto de vista sobre las relaciones entre tecnologa y ecologismo: No hay antagonismo entre tecnologa (en el sentido de tcnicas de base cientfico-terica) y ecologismo, sino entre tecnologas destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologas favorables a largo plazo a sta. Creo que as hay que plantear las cosas, no con una mala mstica de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quiz gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmsfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxgeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en s, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como est es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnologa es un cambio de modo de produccin y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolucin; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnolgico revolucionario consciente e intencionadamente

Veinte aos antes, en una conferencia de 1963 -Studium generale para todos los das de la semana, Intervenciones polticas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 47-48-, Sacristn ya haba apuntado: El filsofo alemn Georg Klaus, basndose en un clebre texto de una carta de Marx, ha trazado un interesante cuadro especulativo al respecto: imagnese que en una sociedad de este tipo irracional se renueva totalmente la tcnica del proceso de produccin mediante la automatizacin, etc. Quedan entonces liberadas enormes energas humanas que no tienen ya aplicacin al trabajo mecnico y que, por tanto, slo pueden desarrollarse econmicamente y racionalmente accediendo al trabajo creador, a la administracin de la sociedad. Pero esa direccin comunitaria est en contradiccin con la estructura del dominio de clase que es propio de la sociedad en que vivimos y que se toma en el ejemplo. Entonces, si no se produce una victoriosa reaccin de los casualmente liberados del trabajo mecnico, la sociedad irracional tiene an una salida irracional para preservar el poder de la case dominante: puede recurrir al gigantesco despilfarro de mantener a los antiguos trabajadores mecnicos en una situacin de proletariado parasitario, alimentndoles, divirtindolos y lavndoles el cerebro gratuitamente a cambio de tenerles alejados de la direccin de la sociedad. Georg Klaus recuerda que en Roma se ha dado algo parecido... La tcnica, pues, no puede cumplir por s sola la otra racionalizacin, la seria, la socializacin de la divisin del trabajo, que es el primer paso para su superacin. Lo esencial para cumplir esa tarea es, naturalmente, suprimir la base de la irracionalidad, las instancias meramente mecnicas, inconscientes, no-humanas, que mueven hoy, la divisin del trabajo entre nosotros.

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3. Rudolf Bahro (1935-1997)

 

A. De aqu que, por ejemplo, Bahro y algunos otros autores piensen que el tema crucial de todo pensamiento revolucionario poltico, el tema de quin es el sujeto o agente del cambio social, deba ser objeto de un cambio completo. Para tal autor, por ejemplo, hay que buscar el agente del nuevo cambio, de la revolucin ecolgico-social, por usar un trmino ya un poco consagrado, no en la clase obrera industrial de acuerdo con el esquema marxista, ni siquiera en las capas ms desposedas, desprovistas y explotadas, como en todo el conjunto de la tradicin del movimiento obrero, incluida la anarquista, sino en la capa de los intelectuales en la produccin, tcnicos, cientficos, e intelectuales humanistas crticos, apoyada todo lo ms en los sectores ms ilustrados de las clases trabajadoras.

Mi opinin al respecto, que querra proponer slo como base de discusin, es que esto es un pensamiento bastante superficial. Primero por un razn negativa: no es imaginable un agente de cambio social que por una parte es minoritario y por otra parte es en gran medida beneficiario de la situacin existente. Y esto en mi opinin sin diferencias respecto del Este o el Oeste; quiero decir que la capa de los intelectuales en general y de los intelectuales tcnicos ms en particular no se puede contar entre los directamente perjudicados en un sentido clsico. Si alguien puede beneficiarse de los productos tcnicos y al mismo tiempo rehuir sus peores consecuencias son capas sociales que incluyen por lo menos una gran parte de la de los intelectuales. Y en segundo lugar por una razn positiva: porque la clase social ms productiva para la supervivencia es, en mi opinin, imprescindible para el cambio, de modo que ni veo la posibilidad de hacer un cambio social importante sin la clase que ms decisivamente aguanta la subsistencia de la sociedad.

Claro que habra una posibilidad de obviar esas dos objeciones mas: la posibilidad de un poder desptico de esos intelectuales que forzara a las clases trabajadoras a seguir trabajando y al mismo tiempo a aceptar, en condiciones de dominacin, una nueva austeridad, un nuevo tipo de cotidianeidad.

De modo que sin extenderme ms dir slo mi opinin. Yo creo que la nueva problemtica no altera la vieja conviccin del movimiento obrero revolucionario de que el agente del cambio social est en las clases trabajadoras, principalmente en el proletariado industrial.

 

B. Segn Bahro, por ejemplo, hay que buscar el agente del nuevo cambio cualitativo, de la revolucin ecolgico-social (...) no en la clase obrera industrial, ni tampoco en las capas ms desposedas, desprovistas y explotadas, sino en la capa de los intelectuales de la produccin -tcnicos y cientficos- apoyados por los humanistas crticos y, a lo sumo, por los sectores ms ilustrados de las clases trabajadoras.

Para la posterior discusin me interesa decir que soy bastante escptico respecto de esa tesis. Primero, porque no me parece imaginable un agente de cambio social que, por una parte, es minoritario y, por otra, es en buena medida beneficiario de la situacin existente. Lo es igualmente en el Este que en el Oeste (...). Y segundo, porque la clase social ms imprescindible para la supervivencia es, en mi opinin, necesaria para el cambio. De modo que ni veo en la capa de los intelectuales un agente suficiente ni veo la posibilidad de que se produzca un cambio social cualitativo lo importante sin las clases que ms decisivamente aguantan la subsistencia de una sociedad.

 

C. La adhesin de buena parte de los trabajadores de los pases industriales a los valores del crecimiento econmico depredatorio y a la estructura jerrquica y desptica que, con formas diversas, organiza a menudo ese crecimiento, ha hecho caer a Rudolf Bahro (autor de otro de los principales intentos marxistas de elaborar la crisis) en lo que probablemente es la debilidad principal de su estudio La alternativa: proponer a los intelectuales como sujeto revolucionario, mientras concibe a la clase obrera (en los pases del Este) como un pasivo peso cuya gravedad estabiliza a la burocracia que dirige all con retraso la rplica del mundo material capitalista, retocada con algunos buenos rasgos colectivistas o comunitarios. Esa tesis de Bahro es inverosmil porque los intelectuales, igual los letrados que los tcnicos, son un grupo social beneficiario del sistema en la medida en que ste se basa en la divisin fundamental entre trabajo manual y trabajo intelectual. La eficaz publicidad de los intelectuales que se creen crticos, difundida con diligencia por los medios de masas del sistema criticado, desde la televisin hasta los rganos de prensa ms distinguidos, no puede esconder el hecho de que esa capa social es, en la produccin y en el consumo, un apndice de las clases dominantes igual en el Este que en el Oeste. Sus privilegios especficos, el lenguaje y la ciencia, facilitan que del grupo de los intelectuales se separen frecuentemente individuos que se sitan del otro lado, con las clases explotadas y oprimidas. Pero eso no es ninguna novedad que confirme la tesis de Bahro.

 

3. A. La situacin poltica y ecolgica en Espaa y la manera de acercarse crticamente a esta situacin desde una posicin de izquierdas, Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp. 18-19. 3.B. Una conversacin con Wolfgang Harich y Manuel Sacristn, Salvador Lpez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristn, Destino, Barcelona, 1996, pp. 135-136. 3. C. Comunicacin Jornadas de Ecologa y Poltica, Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, op.cit. pp. 13-14.

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4. Enrico Berlinguer (1922-1984). Discursos sobre la austeridad.

 

Los materiales del pleno de octubre centran el debate durante el final de 1976. Y, como hemos dicho, los dos discursos de Berlinguer de 1976 se pueden considerar como una sntesis poltica provisional del debate en ese momento.

El que publicamos a continuacin es uno de esos dos discursos sobre la austeridad, el dirigido a la asamblea de los obreros comunistas de la Lombarda (30 de enero). El otro, del 15 del mismo mes, es el discurso de conclusin de la reunin de intelectuales comunistas y simpatizantes del PCI en el Teatro Eliseo de Roma. Escogemos el discurso de Miln no slo por ser posterior, sino tambin porque es ms interno al PCI, lo que le da ms precisin poltica. Eso nos parece compensar el menor desarrollo terico. En el discurso de Roma, Berlinguer explicitaba algo ms ambiciosamente las implicaciones doctrinales de la poltica que propone. La define, casi al principio, como un intento de inventar algo nuevo, pero algo nuevo que est ya debajo mismo de la piel de la historia, o sea, que est maduro, que sea necesario y, por lo tanto, posible. La bsqueda de novedad se justifica por un breve anlisis de la sociedad italiana contempornea. El discurso de 15 de enero empieza con una salutacin a los intelectuales asistentes que plantea ya como objeto de la sesin el inaugurar un perodo de discusin de base, no restringida al PCI ni menos a sus rganos dirigentes, por un proyecto de renovacin de la sociedad italiana. A eso sigue el reconocimiento de que un programa de austeridad es indispensable, por de pronto, para salir de la crisis econmica. Pero la clase dominante italiana desea utilizar la austeridad como medio de represin de la clase obrera: los representantes de las viejas clases dominantes y muchos hombres de gobierno no saben ir ms all (y eso cuando llegan a tanto) del objetivo de volver a poner a Italia en el mismo carril por el que discurra el desarrollo econmico antes de la crisis. Como si aquellas vas y aquellos modos de desarrollo pudieran representar an hoy un ideal de sociedad digno de ser buscado y, sobre todo, como si la crisis de estos aos y de hoy no fuera exactamente la crisis de ese modelo de sociedad (...). Frente a la concepcin de la poltica de austeridad atribuida al gran capital activo en Italia, Berlinguer expresa as la que propone: La austeridad no es hoy un mero instrumento de poltica econmica al que haya que recurrir para superar una dificultad transitoria, coyuntural (...) Para nosotros la austeridad es el medio de oponerse radicalmente a (y poner las bases de la superacin de) un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo no coyuntural, la superacin del sistema cuyas caractersticas distintivas son el desperdicio y el derroche, la exaltacin de particularismos y del individualismo ms desenfrenado, del consumismo ms insensato.

Anticipando polmicas previstas, Berlinguer repite a los pocos prrafos la misma nocin, pero con un ligero cambio de vocabulario que sugiere un destinatario ms militante: Lejos de ser, pues, una concesin a los intereses del grupo dominante o a las exigencias de supervivencia del capitalismo, la austeridad puede ser una decisin con un contenido de clase elevado y concreto, puede y debe ser una de las maneras a travs de las cuales el movimiento obrero se haga portador de otro modo de vivir social, y luche por afirmar en las condiciones de hoy, sus antiguos y siempre vlidos ideales de liberacin. Creo, efectivamente, que en las condiciones de hoy no se puede pensar en luchar real y eficazmente por una sociedad superior sin arrancar de la necesidad imprescindible de la austeridad.

Luego del abandono, as expresado, de la acentuacin del desarrollo extensivo, tan comn en el pasado del movimiento obrero, el discurso recalca brevemente el sentido revolucionario en el que quiere ser entendido, mediante un breve anlisis del que Berlinguer cree poder inferir la evidencia de un proceso histrico marcado por la decadencia irremediable de la funcin dirigente de la burguesa y por la confirmacin de que esa funcin dirigente empieza ya a pasar al movimiento obrero, a las fuerzas populares unidas (...).

Poco despus, el discurso ofrece una declaracin de modestia de intenciones (en cierto contraste con frases como las ltimas citadas), segn la cual nuestro proyecto no pretende ser, no debe ser, segn creo, un programa de transicin a una sociedad socialista sino que ms modestamente slo se propone ir asentando formas de vida y relaciones entre los hombres y entre los estados ms solidarias, ms sociales, ms humanas y, por lo tanto, tales que salen del marco y de la lgica del capitalismo. Pero, ya cerrando el discurso, aparece otra punta algo ms ambiciosa: se podra decir que as como a menudo, en las sociedades decadentes, han ido juntos y juntos van las injusticias y el derroche, as en las sociedades ascendentes van juntas la justicia y la parsimonia.

Esos puntos (ms una reflexin sobre la crisis de la explotacin imperialista del Tercer Mundo como fundamento de todas las dems dificultades del sistema capitalista) son lo principal del discurso del 15 de enero. El lector ver que la construccin es muy parecida a la del discurso del 30 de enero, que se reproduce aqu traducido...

 

4. La polmica sobre la austeridad en el PCI (1977), Intervenciones polticas, op. cit, pp. 190-192.

 

Nota SLA.

De notas y presentaciones de su Antologa sobre Gramsci, estos apuntes histricos sobre el PCI, del que Enrico Berlinguer, como es sabido, fue secretario general y un amigo de Sacristn, y compaero de Rosa Rossi, Renzo Lapiccirella, un dirigente destacado. La primera compaera de Sacristn, Giulia Adinolfi, fue militante del PCI.

A. Serrati

Giacinto Menotti Serrati, 1872-1926. Dirigente intransigente del P.S.I. Varias veces encarcelado desde su juventud. Exiliado en Francia, Estados Unidos, Suiza. Director del A. [Avanti!] nico miembro de la delegacin italiana relativamente favorable a las tesis de Lenin en la conferencia de Kienthal. Pas al P.C.dI. una vez fracasados los intentos de fusin con el grueso del P.S.I. Muri mientras se diriga a una reunin clandestina del P.C.dI., el 11 de mayo de 1926.

B. Pocos, pero buenos?

El desarrollo que empieza con ese prrafo [y que consista esencialmente en lo que sigue] es algo oscuro, y acaso intencionalmente. Como su posicin no est todava consolidada dentro del partido italiano, sino que an se basa principalmente en la autoridad de la Internacional Comunista, Gramsci no se ha decidido todava a presentar a todo el partido el problema de la discrepancia entre el sector extremista de la direccin (mayoritario) y la I. C. Lo har poco despus. De todos modos, el carcter de polmica antiizquierdista de todo el texto puede seguirse sin gran dificultad. Esa polmica, al recuperar la tradicin del grupo de L.O.N.[LOrdine Novo], muestra cmo la lealtad de Gramsci a la I. C. no es fruto de disciplina externa, sino de una identificacin bsica. Gramsci ve la motivacin esencial del grupo de L.O.N. en el haber sostenido el programa ntegro de la Internacional Comunista (As interpreta Gramsci, pues, la doctrina de los consejos de fbrica, igual que la adhesin a los veintin puntos de la I. C., etc). A continuacin afirma que el programa nuevo del P.C.dI ha de continuar la tradicin de intrprete fiel del programa de la Internacional Comunista. En este caso se trata del programa del gobierno obrero y campesino, con sus implicaciones del frente nico, cosas ambas rechazadas por el extremismo de los aos veinte. Tambin es polmica antibordiguiana (...) la afirmacin, que sigue, de la importancia de la organizacin de fbrica. A mitad del escrito la polmica se hace casi explcita al hablar de las relaciones entre el P.C.dI. y a I. C. Gramsci declara aqu que la poltica que propone va a ser el comienzo de algo nuevo y esa novedad sugiere el desplazamiento del grupo izquierdista de la direccin del P.C.dI. La polmica sigue con la afirmacin de que el pequeo y acosado partido italiano debe considerar a sus cuadros como organizadores de un futuro partido de masas, siguiendo la tesis de la conquista de la mayora dirigida por Lenin al P.C.dI. y oponindose al pocos, pero buenos, del izquierdismo. Por ltimo, la afirmacin de la importancia poltica de la educacin dentro del partido es tambin una reivindicacin, en funcin antibordiguiana, de la tendencia de L. O. N. desde sus comienzos.

C. Repossi

Desde el 26 de noviembre los diputados comunistas, tras haber rechazado la oposicin burguesa su propuesta de transformar el grupo del Aventino en un Antiparlamento, haban vuelto a la cmara para utilizarla como foro de propaganda. Les haba precedido el 12 de noviembre el diputado comunista Repossi, que, en representacin del P.C.dI., ley una declaracin sobre el asesinato de Matteotti (la cmara fascista celebraba aquel da una sesin necrolgica por el asesinado) que era del siguiente tenor. Desde que el mundo es mundo, no se haba visto nunca a los asesinos conmemorar a su vctima

D. Graziadei

El miembro ms destacado de la derecha del P.C.dI., despus de Angelo Tasca, expulsado como ste, por la direccin togliattiana en la fase de lucha contra la derecha (tras la derrota de la izquierda en el Congreso de Lyn). Pero Graziadei, a diferencia de Tasca, volvi a ingresar en el P.C.I. Graziadei era economista y su tendencia cientificista irrit siempre a Gramsci, de tan distinta formacin intelectual.

E. El II Congreso del PCI.

En el II Congreso del PC dI, Roma 20-24 de marzo de 1922, Gramsci y Tasca presentaron las tesis sobre el trabajo sindical. Bordiga y Terracini presentaron las tesis sobre la tctica (tesis de Roma), que se oponan a la poltica de frente nico de la l.C. y expresaban una concepcin de la situacin poltica basada en la contraposicin entre comunistas y no-comunistas. La colaboracin con los socialistas se aceptaba slo en el terreno sindical. Las tesis rechazaban al mismo tiempo la idea del gobierno de transicin hacia la dictadura del proletariado (gobierno obrero y campesino) y la poltica de masas (conquista de la mayora), actitudes que provocaran en Mosc una dura intervencin de Lenin contra Terracini, representante de los italianos. Al ponerse de manifiesto la incompatibilidad con la poltica de la l. C., el Congreso italiano decidi dar a sus tesis un valor meramente consultivo. Las tesis obtuvieron 31.089 votos (4.151 en contra). Qued confirmado el C.E. (Bordiga, Grieco, Terracini, Fortichiari). Gramsci fue designado representante del P.C.d'I. en el C. E. de la l. C. Los colaboradores de Gramsci le criticaron ms tarde su pasividad ante la poltica extremista en el II Congreso. Y Giansiro Ferrata, basndose en el hecho de que Gramsci pudiera esbozar en las tesis sindicales, aunque en una versin breve, su concepcin de los consejos de fbrica -siempre condenada por Bordiga-, ha formulado la hiptesis de un acuerdo previo entre ambos para tolerarse recprocamente las posiciones polticas en discrepancia, cada uno en un sector de trabajo distinto: Bordiga en la alta poltica, Gramsci en la organizacin de la clase obrera (2.000, I, 541-542 y notas a la 4 parte del vol.). Gramsci mismo, como recuerda Ferrata (ibid.,543), escribi a Togliatti desde Viena el 9 de marzo de 1924 que haba hecho modificar en el Congreso las tesis 51 y 52 sobre la tctica, por las cuales no poda pasar. Esas tesis 51 y 52, que Gramsci aducir varias veces como ejemplo caracterstico del optimismo verbal extremista, afirmaban en 1922 la imposibilidad de una dictadura fascista en Italia.

 

Referencias: A. AG, p. 143, n. 51; B. Ibid., p. 157, n. 60; C. Ibid., p. 167, n. 68; D. Ibid., p. 449, n. 156; E: Ibid., pp. 132-133, n. 40.

 

Igualmente, de varias carpetas de resmenes depositadas en Reserva de la Universidad de Barcelona, estas anotaciones de artculos de Rinascita, la excelente revista terica del PCI de la que Sacristn fue lector asiduo.

A. Siegmund Ginzberg, Due indagini recenti e le loro implicazioni teoriche. Occupazione e mercato del lavoro in Italia, Rinascita, 25.4.1974.

1. Los dos libros a que se refiere el artculo son: Paci, Massino: Mercato del lavoro e eclassi sociale in Italia; Meldolesi, Luca: Disoccupazione et esercito industriale di riserva in Italia. Respeta mucho ms el primero. Lo que enlaza en artculo las dos reseas es la defensa de la poltica del PCI y la identificacin de un error terico de los autores.

2. Paci distingue trabajo manual, trabajo intelectual y trabajo marginal, cada uno con su propio mercado (p. 22). El mercado marginal, cuenta, segn l, con 2.000.000 de personas que aparecen en las estadsticas como parte de la poblacin activa.

3. La crtica de Paci al PCI es que se ha orientado a buscar una alianza en direccin de las llamadas capas medias (entre las cuales se encuentra obviamente la pequea burguesa, que sobrevive gracias a la explotacin de la fuerza de trabajo marginal), en vez de actuar concretamente por una recomposicin del proletariado (p. 22). La formulacin es muy apreciable.

4. Ginzberg arguye preguntando si esas dos cosas son incompatibles. Empieza por decir que los problemas de recomposicin (que ampla: norte-sur, empleados-parados, etc) son muy importantes. Y sigue:

Pero se puede reducir el problema del mercado de trabajo a la nica exigencia de reforzar mediante la unidad de los oferentes, la oferta de la fuerza de trabajo respecto de la demanda? O no es necesario ir ms a fondo y afrontar las contradicciones que actan en lo profundo de todo el mecanismo de la estructura productiva? Se trata, en efecto, de ver cmo el problema del tipo de desarrollo econmico, o sea, de las razones por las cuales se han determinado un estrechamiento relativo de la base industrial, y un freno al desarrollo de las fuerzas productivas del pas, tales que la explotacin ilimitada del ejrcito activo irregular predomina relativamente sobre el de las tropas regulares, est estrechamente relacionado con las decisiones tomadas por las clases dominantes y su capacidad de imponerlas. Pero decisiones diferentes no se pueden imponer ms que sobre la base de un arco de fuerzas muy amplio, superiores a aquellas en las cuales las clases dominantes apoyan su propio poder poltico (p. 22).

Es el meollo de la cuestin. Y tiene, como toda esta estrategia, los siguientes puntos dudosos: si de verdad lo que hace la clase dominante en eso es frenar fuerzas productivas (Este punto, se puede resolver favorablemente al PCI con reformulacin de fuerzas productivas); si no es utpico el arco enorme; si eso es compatible con la negociacin de cuestiones poltico-econmicas con los grandes, no con los pequeos; si los 2.0000.000 de marginales y sus familias no son una parte del gran arco, y si se pueden ganar apoyando a sus explotadores.

5. Menos interesante es la polmica con el otro autor, ms grosero. Ginzberg refuta su redefinicin de ejrcito industrial de reserva mostrndole que en todo momento de cambio tecnolgico pasa lo mismo, y que Marx ya lo saba Sobrepoblacin relativa (pp. 22-23). Ginzberg es muy bueno. Pero no tiene presente que el tema, precisamente por ser tan viejo como l lo muestra, requiere mucho pensamiento, no insistencia tacticista. O no slo ella.

 

B. Intervista a Bruno Trentin: bilancio delle vertenze aziendali e di grupo. Un capitolo nuovo per il sindacato.

1. Los temas que por vez primera han sido objeto de contratacin: las inversiones en el sur, los niveles de empleo, la afirmacin de la aportacin de las empresas al robustecimiento de los servicios sociales colectivos (p. 9).

2. Una observacin tctica de BT que est muy prudente en toda la entrevista: Los concretos resultados obtenidos confirman la importancia de las opciones hechas en otoo, aunque fuera con mucho escepticismo y dudas incluso dentro el movimiento sindical, y entre los resultados vuelvo a colocar el aguante poltico del movimiento, que en una situacin de crisis no se ha replegado a la defensiva ni se ha dejado desviar de los objetivos de fondo que se haba propuesto (p. 59).

3. Y el gran marco estratgico. Por primera vez el tema de las aportaciones sociales se convierte en asunto de negociacin... (p. 9).

4. DAgostini usa, y BT no se opone, la expresin padronato pubblico para las empresas de participacin estatal, que han sido an ms duras que las privadas en la lucha. (p. 9).

 

C. Gerardo Chiaromonte, Un comitato di salute pubblica?, Rinascita, 26.4.1974 (Relacin clase-estado).

1. El tema es la decisin de los grandes patronos de dirigir abiertamente la Confindustria.

2. "El primer experimento de esta 'gestin directa' de la vida econmica tendra que producirse con las 'concesiones' que el gobierno Rumor se dispone a dar a la Fiat, la Montedison y las participaciones estatales, concesiones para construir "infraestructuras' (ceses, escuelas, hospitales, proyectos globales). Tal vez el acuerdo de vrtice de la Confindustria est tambin vinculado a eso, o sea, a la necesidad de no presentar frente al Parlamento, las Regiones y los Ayuntamientos (el gobierno est ya conquistado para su causa) en orden disperso, sino unidos y ms fuertes, y decididos a superar toda resistencia democrtica. El pacto en el vrtice de la Confindustria perece dirigido tambin, en sustancia, contra la autonoma de las Regiones y de los Ayuntamientos, o sea, contra la articulacin democrtica y constitucional del estado" (4)

Ah se suma una nueva articulacin social que es como la imagen de pesadilla de cierta autogestin con una manera de salir de la crisis del estado italiano. Que puede serle de otros.

3. Por lo que hace a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales, no se ha dicho nada -por lo que se sabe- en la reunin que ha llevado el 'comit de salvacin pblica' de la Confindustria. En qu piensan sobre este punto los promotores del acuerdo? Tambin en esto vemos en primer lugar la agencia de presentarse ms fuertes y unidos ante el movimiento sindical. Pero no necesariamente para arrollar una poltica represiva. Puede incluso ocurrir que en la mente de alguno de los grandes industriales promotores del acuerdo haya una vaga aspiracin a trabajar por cierto entendimiento con sindicatos sobre algunos problemas del desarrollo econmico y social: tambin en esto partiendo la constatacin de las carencias de los poderes pblicos y del gobierno, o sea, de la poltica. No har falta subrayar lo abstracto y veleidoso que es ese posible proyecto en la concreta realidad italiana (...) (p. 4)

Era polmica interna? Por qu el final la CGIL, al imponer en varias grandes empresas los nuevos temas de negociacin, ha ido por ese camino abstracto y veleidoso".

 

D. Victo Neto, Aspetti dello sviluppo capitalistico sotto la dittatura, Rinascita, 31.5.1974.

1. El golpe militar fue el 28.5.1926.

2. Sintetizando, se puede afirmar que la poltica del gobierno fascista (guiada por la gran burguesa) ha consistido en facilitar, con la imposicin coercitiva (bajos salarios, represin, liquidacin de las propiedad y empresas) y con la ayuda directa del estado (proteccin aduanera, limitacin de la competicin, prstamos, subsidios, facilidades fiscales, etc) el proceso de formacin, acumulacin y concentracin de capitales a un ritmo ms acelerado del que se habra originado del simple curso de las leyes econmicas en un sistema de competicin libre. Esta ha sido la verdadera funcin histrica del fascismo portugus (p. 17).

Clarsimo tambin para el fascismo espaol, con la diferencia del menor atraso y la ms real industrializacin.

 

E. Alesandro Natta, Le novit del partito nuovo. Rinascita,29.3.1974 (Svolta di Salerno).

1. Partito laico respecto del marxismo, claro (p. 19).

2. (...) El Estado que no es nunca la pura expresin de los intereses corporativos de una clase... (p. 20). La mejor expresin del asunto. Habra que relacionar el bloque dominante con la estructura a la que mantiene en pie. Quizs porque no hay estructura para una clase sola, corporativamente entendida, ni, por lo mismo, para toda una clase, corporativamente entendida.

 

F. Ferdinando Chiaramonte, Lorganizzazione scientifica del lavoro nel modo, Rinascita 5.4.1974 y 12.4.1974 (Organizacin cientfico trabajo).

1. p. 12. De mucho inters para la importancia del factor subjetivo hoy.

2. Reconoce los peligros polticos de eso por asimilacin (p. 13). Pero seala utilidad.

3. Habla primero brevemente del agotamiento de la lnea de conducta empresarial que combina el taylorismo con las human relations, destinadas a suavizar el bestial cosismo de aquel.

(*) Acordarse de lo positivamente que lo vio Lenin.

4. En la valoracin empieza por reconocer como positivo: inversin de tendencia respecto al taylorismo y al planteamiento manipulatorio de las relaciones humanas; atencin al contenido especfico del trabajo y a la autonoma de los trabajadores; modificacin de la divisin horizontal del trabajo, y a veces tambin de la vertical.

5. Aspectos negativos de ese modelo: medio nuevo para viejos fines; no se considera el problema de la tecnologa, esto es, se la considera variable independiente; no analiza el problema de las relaciones de poder y de las decisiones estratgicas; dessindicalizacin de los trabajadores; en los USA, adems, todas las modificaciones organizativas son de iniciativa empresarial (p.10).

6. Luego examina el desarrollo en Europa (Inglaterra, Suecia, Noruega) (pp. 10-11).

7. Hace crtica final de la orientacin europea.

8. Reconoce que evita dos defectos de los recursos humanos: la consideracin de la tecnologa como variable independiente y la limitacin del anlisis organizativo al examen del job. Ambos quedan respectivamente superados por la nocin de sistema sociotcnico y por la de grupo homogneo. De los otros dos defectos -ignorancia de la cuestin del poder y objetivo antisindical- dice que la democracia industrial sueca est exenta de ellos y pasa al final (p.11).

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5. John Desmond Bernal (1901-1971)

 

En el artculo que escribi en 1958 sobre La filosofa desde la terminacin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958, Sacristn dedic unas 23 pginas (en formato edicin de Icaria) a la tradicin marxista (y 46 pginas al Neopositivismo y corrientes afines). En el apartado Algunas personalidades destacadas del marxismo destac los nombres de Gramsci, Mao y Bernal (pginas 182-186) a quien presentaba con las siguientes palabras: J. D. Bernal se mueve inequvocamente sobre la tradicin empirista y cientificista de la cultura inglesa.

*

 

A. Hace ya ms de treinta aos que un cientfico y filsofo ingls, procedente de dos de esas tradiciones crticas [el marxismo y la filosofa analtica] J. D. Bernal describi con pocas palabras lo que imponen de derecho a una cultura universitaria sin trampas premeditadas los resultados de esos doscientos aos de crtica. Modernizando su formulacin puede hoy decirse: hay que aprender a vivir intelectual y moralmente sin una imagen o concepcin redonda y completa del mundo, o del ser, o del Ser. O del Ser tachado.

 

B. Una parte considerable de la obra de Bernal est dedicada a la dialctica de la naturaleza y de la historia. De los numerosos textos al respecto pueden destacarse los puntos siguientes:

Las leyes dialcticas, aunque leyes naturales, no son leyes cientfico-positivas, en el sentido de que no se dan plenamente en el interior de una ciencia particular: el verdadero campo de relevancia -otras veces lo llama Bernal campo de operacin- de la dialctica es el universo como todo. Esto significa principalmente: la dialctica tiene que aplicarse al cientfico y a su material al mismo tiempo, no slo a este ltimo. En su aplicacin a temas cientfico-positivos hay que precisar bien el campo de relevancia relativo de la dialctica que se escoge en cada caso, pues de no ser as, se caer en una aplicacin dogmtica y verbal de la dialctica.

En la versin tradicional de las leyes dialcticas -Hegel-Marx-Engels- las leyes son frases tiles que resumen series generales de fenmenos para las que las diversas ciencias particulares no tienen suficiente apertura categorial. Esas frases son por el momento insustituibles...

Por ltimo, el pensamiento dialctico no debe concebirse como determinista en un sentido tradicional, pues la dialctica es la filosofa del cambio y de la creacin: Intentar prever el desarrollo en detalle equivale a no comprender el proceso del desarrollo dialctico. El hombre -ha dicho Marx- no se plantea problemas que no es capaz de resolver, pero tambin es verdad que el hombre no resuelve problemas si no es capaz de planterselos...

 

C. Tanto su crtica de la fobosofa positivista como sus estudios de historia de la ciencia y de las ideas... confluyen en el programa de humanismo racional del filsofo ingls. Ese humanismo parte de la consideracin crtica de la supervivencia de esquemas mentales periclitados en la interpretacin de la vida humana. No seramos capaces de adoptar las ideas de los campesinos mesopotmicos para aplicarlas al diseo de aviones o a la teora cuntica, pero el hecho es que tales ideas son todava hoy la base oficial de las relaciones familiares y del manejo de los asuntos pblicos. Esa persistencia de ideas arcaicas es un obstculo a la libertad, pues la libertad ha de medirse por el conocimiento. La ignorancia en la libertad formal es base de la moral mesopotmica, o de las prohibiciones, que es an la de la sociedad burguesa, y que dice: Debes evitar ciertas cosas, y hacer lo que te plazca en todo lo dems. Una moral integral y positiva, en cambio, dice: Hay que hacer ciertas cosas, y debes evitar todo lo que impida hacer esas cosas. La libertad positiva no se consigue, como se define la formal, por mera negacin -esto es, por los huecos que existen en un cuadro de prohibiciones-, sino por el ejercicio. La verdadera libertad, positiva o creadora, se da siempre en el hombre, aunque hoy est coartada y la sociedad no la reconozca. Y ella funda racionalmente -no slo emocionalmente- la dignidad de la persona...

 

5. A. Sobre el lugar de la filosofa en los estudios superiores, Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, 1984, p. 362. 5. B. Filosofa, Ibidem, pp.184-185. 5. C. Ibidem, pp.185-186.

 

Nota SLA:

En una comunicacin En torno a una poltica de la ciencia de orientacin ecosocialista. Una aproximacin a las posiciones de Manuel Sacristn- presentada a unas jornadas de homenaje a J. D. Bernal celebradas en Zaragoza en 2001, cre correcto sealar:

Al finalizar su tesis doctoral sobre la gnoseologa de Heidegger, Manuel Sacristn escribi un artculo inicialmente publicado en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa. En este trabajo -La filosofa desde la terminacin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958-, se propona trazar un cuadro, necesariamente esquemtico, de la filosofa en la ltima postguerra (MSL 1958: 90). Adems de unas, entonces, inusuales pginas dedicadas a la filosofa en el Extremo Oriente, y de las obligadas referencias a las principales escuelas tradicionales y a los ltimos filsofos clsicos, Sacristn centraba su atencin en las tres grandes tendencias filosficas de la postguerra: el existencialismo, el neopositivismo y las filosofas de intencin cientfica y sistemtica. Entre estas ltimas, destacaba el movimiento racionalista, la obra de Teilhard de Chardin y el marxismo, del que resaltaba tres personalidades: Mao, Antonio Gramsci y John Desmond Bernal.

Apuntaba Sacristn en su apretada exposicin de la obra de este cientfico positivo de relieve, que ha desempeado importantes funciones tcnicas en la administracin inglesa (MSL 1958: 182) que tanto la crtica de la fobosofa positivista como los estudios de historia de la ciencia y de las ideas, confluan en el programa de humanismo racional del filsofo ingls (MSL 1958: 185), humanismo que parta de la consideracin crtica de la supervivencia de esquemas mentales periclitados en la interpretacin de la vida y sociedades humanas.

Sirva este brevsimo apunte como reconocimiento de la figura de John D. Bernal y del papel pionero que en la difusin de su obra en nuestro pas jug Manuel Sacristn, as como del permanente inters de este ltimo por la obra de cientficos comprometidos, de autores que no slo realizaron grandes aportaciones a su disciplina, y a la historia de la misma, sino que reflexionaron con acierto, y en algunos casos con urgencia, sobre los urgentes temas relacionados con el papel social de la tecnociencia contempornea. Pretendo aqu dar sucinta cuenta de las principales tesis de Sacristn en el mbito de la poltica de la ciencia, asunto que sin duda consider prioritario en los ltimos aos de su vida y que, desde luego, no era nada ajeno a los intereses del autor de Science in History, un clsico que fue traducido al castellano por un discpulo de Sacristn, por Juan-Ramn Capella.

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6. Bogdnov (Alexandr Alexndrovich Malinovski, llamado) (1873-1928)

 

A. Preferencia.

Nunca me gust la epistemologa predominante en la tradicin marxista. Siempre me pareci que en ese campo eran mejores las escuelas marxistas minoritarias. Por ejemplo, que entre Bogdnov y Lenin el que llevaba la razn era Bogdnov; en el terreno epistemolgico, se entiende, no en el poltico, en el que seguramente era ms realista Lenin.

 

B. Las motivaciones de una disputa

Los machistas o empiriocriticistas contra los que polemiza Lenin en 1908-1909 forman un grupo de bolcheviques del que destaca precisamente el hombre que haba sido su colaborador principal en la constitucin de la fraccin: Bogdnov. Y la pugna filosfica discurra paralelamente a un choque poltico. En julio de 1907 el Partido Obrero Socialdemcrata Ruso haba celebrado en Vyborg una conferencia para resolver el problema de la actitud que adoptar ante la III Duma imperial. Esta asamblea iba a ser elegida segn una ley sumamente reaccionaria, consecuencia de la derrota de la revolucin de 1905. Los bolcheviques y Lenin votaron a favor de la participacin del POSDR en aquellas elecciones ultrarreaccionarias; Bogdnov tom la direccin del resto de los bolcheviques, que votaron en contra. Los mencheviques y Lenin vencieron por un margen escaso (15-11). Bogdnov y los dems bolcheviques se atuvieron a la disciplina de partido, pero al modo entonces practicado, antes de la prohibicin de las fracciones: despus de las elecciones a la III Duma se proclamaron anuladores de los mandatos obtenidos por el partido y formularon una lnea de insurreccin armada que Lenin rechazaba en aquel momento por considerar que desde 1906 la situacin poltica concreta era de reaccin del poder y cansancio de las masas. Bogdnov y los bolcheviques entonces llamados de izquierda concluyeron que Lenin se haba vuelto derechista, y as lo dijeron a los alumnos que acudan a la escuela de partido instalada en Capri con la colaboracin de Mximo Gorki y dirigida por Bogdnov.

Les dijeron tambin que Lenin era un ignorante en cuestiones de filosofa (cosa que el mismo Lenin admiti en una carta a Gorki de esa poca). Se estaba en 1909, el ao en que apareci Materialismo y empiriocriticismo. La discrepancia poltica pona ya en primer plano diferencias de concepcin del mundo que, contra lo pactado tiempo atrs entre Lenin y Bogdnov, tendan a agriarse irreparablemente. La misma interaccin de motivaciones polticas y filosficas se puede apreciar en los comunistas neopositivistas que, por los aos 20 y 30, recogieron la doble herencia de Bogdnov -la herencia del empiriocriticismo y la del izquierdismo o extremismo- y acabaron tambin fuera del partido internacional, pero en las nuevas condiciones y con las nuevas consecuencias y manifestaciones de ceguera recproca propias del perodo estaliniano...

 

C. Lo ms importante es que los mismos empiriocriticistas y luego neopositivistas resultan en aquella poca incapaces -tanto cuanto el mismo Lenin- de pensar y decir claramente lo que estn haciendo. Ellos tambin formulan, errneamente, su trabajo intelectual como enunciado directo sobre el mundo. Las siguientes palabras de Bogdnov, citadas por Lenin (ME), 113, lo muestran suficientemente... Bogdnov concluye esa exposicin escribiendo En resolucin, el mundo fsico es la experiencia puesta en concordancia, la experiencia socialmente armonizada, en una palabra, la experiencia socialmente organizada. El desarrollo de Bogdnov tiene el gran inters de sealar un camino de aportacin marxista a una sociologa de la constitucin de los conceptos empricos (o neoempricos). Pero su formulacin (con el verbo ser usado ingenuamente, con fsico por fisicalista o de la fsica) ignora ella misma la diferencia entre la especfica tarea del anlisis de la experiencia pura y el enunciado filosfico material. La misma confusin aparece en los escritos de colegas de Bogdnov ledos por Lenin...(...) lo que haba que ver y que apreciar ya en Mach y en Bogdnov no era la tendencia filosfica, ni siquiera los simpticos conceptos analticos (de discutible adecuacin) sino el descubrimiento de un nuevo trabajo intelectual, del anlisis interno, por ejemplo, que, para reglamentar el funcionamiento de los lenguajes cientficos, reduce la nocin de objetividad a la de intersubjetividad, o la de axioma evidente a la de simplicidad o eficacia deductiva, o economa de pensamiento. Muchas de esas nociones han sido ya abandonadas, incluso en el trabajo analtico que fue su terreno propio y originario. Pero eran apreciables (y su intencin cientfica sigue sindolo) como instrumentos destinados a traducir las afirmaciones generales y materiales sobre el mundo por enunciados de contexto interno al trabajo cientfico mismo y de manejo ms simple, formalmente exacto e inequvoco.

 

6. A. Entrevista con Manuel Sacristn (Dialctica), (1983), De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, op. cit, p. 150. 6. B. El filosofar de Lenin, Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 139-140. 6. C. Ibidem, pp. 143-145.

 

Nota SLA:

En la misma lnea, en Lenin y la filosofa (1970) (Ibidem, pp. 178-179), Sacristn sealaba: Se podra decir que la aportacin del empiriocriticismo es la invencin de esos problemas cientficos nuevos, aunque quiz fuera ms justo atribuir dicha invencin al filsofo Immanuel Kant (1724-1804). Son problemas que no se refieren directamente al mundo material y social, sino a ciertos instrumentos tiles para el conocimiento del mundo: las teoras y los conceptos cientficos. Desde el punto de vista del conocimiento del mundo, la ocupacin con conceptos y teoras considerados en s mismos y por s mismos resulta formal y superficial. Lenin no ha visto la novedad de estos problemas, en gran parte formales, de la estructura y del funcionamiento del lenguaje cientfico, sino que ha interpretado el trabajo de los empiriocriticistas como filosofa en sentido tradicional, esto es, como enunciado directo sobre el mundo en general. Por eso el trabajo de Mach le da la impresin de una superficialidad extrema. Acostumbrado a la proverbial y oscura profundidad de los idealistas alemanes, escribe sobre Mach en Materialismo y Empiriocriticismo: pensar que hay gentes que consideran verdaderamente profunda esta chchara (... )!. Pero precisamente la fecundidad del trabajo de Mach, o de Duhem, etc., estaba en la invencin del superficial anlisis de los conceptos que permita conocer los modos como stos se organizan en hiptesis, teoras, tcnicas de contrastacin, etc.

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7. Amadeo Bordiga (1889-1970)

 

A. Biografa poltica

Bordiga fue detenido el 3 de febrero de 1923, a su vuelta de Mosc, donde haba asistido al IV Congreso de la I. C.[Internacional Comunista] En este Congreso, que haba insistido en la poltica del frente nico obrero y de gobierno obrero y campesino, admitiendo explcitamente la imposibilidad de pasar, en los pases capitalistas occidentales, a la dictadura proletaria de un modo directo, Bordiga se haba encontrado en minora y en discrepancia abierta con Gramsci. En la crcel escribi Bordiga un manifiesto que acusaba a la I. C. de imponer una poltica de renuncia a la revolucin. Las vicisitudes de aplicacin de la poltica de alianzas de la I. C. en Italia favorecan la iniciativa de Bordiga: tanto por su propia oposicin cuanto por la del centro socialista, inspirado por Pietro Nenni, no se haban logrado ni la fusin del P.C.dI. con la fraccin terzointernazionalista del P.S.I., ni siquiera el bloque entre ambas formaciones (el pacto de unidad de accin entre el P.C. dI. y el P.S.I. no se concluy hasta 1934. Y por curiosidad histrica es oportuno recordar que lo denunci a finales de lo aos cincuenta el mismo dirigente socialista que lo obstaculizar en los veinte, Pietro Nenni). Por otra parte, la derecha del P.C.dI. inspirada por el empirismo de Tasca, conceba la poltica de la I.C. como liquidacin del P.C. dI. y el P.S.I. y formacin de una corriente popular socialcomunista. Esta visin liquidacionista de la derecha empuja al ncleo de centro -o sea, al equipo gramsciano de L.O.N. [L Ordine Novo]- a coincidir con el grupo izquierdista, pese a la diferencia poltica cada vez ms patente entre ellos. Y as Togliatti, Scoccimarro y Terracini estuvieron inicialmente dispuestos a firmar el manifiesto de Bordiga en funcin de lucha contra la derecha. Gramsci, en cambio, que verosmilmente tena ya construida su visin poltica de la situacin y haba reconocido el principio de la lucha en dos frentes, se opuso resueltamente al manifiesto por razones (...) ms generales incluso que las caractersticas momentneas de la situacin italiana, a saber, por el convencimiento de que el extremismo de Bordiga equivala a un estril desconocimiento del desarrollo histrico en curso, y por preservar la unidad de la I. C. El incidente del manifiesto de larga gestacin, pues hubo dos versiones de l, gracias al inters de Bordiga por arrastrar a los ordinovistas- acab de hacer cuajar en Gramsci la decisin de reconstruir la direccin del P.C.d I. sobre la base del ncleo de L.O.N.. As lo escriba explcitamente en una carta a Togliatti de 18 de mayo de 1923: Yo creo que [] nuestro grupo debe quedarse a la cabeza del partido, porque estamos realmente en la lnea del desarrollo histrico []. Tras varios incidentes, el grupo de L. O. N. sigui a Gramsci, no firm el manifiesto de Bordiga, se separ as claramente de ste y sent las bases del nuevo ncleo dirigente del P.C. d I.

Amadeo Bordiga, ingeniero, nico todava (1968) en vida de los tres dirigentes que ms caractersticamente representaron las tendencias del P.C. dI. en sus comienzos, era entonces hombre de pensamiento esquemtico y mecanicista (Gramsci recordar en los Cuadernos de la crcel la tesis bordiguiana segn la cual sabiendo lo que ha comido un orador es posible prever el contenido de su discurso). Pero al mismo tiempo un carcter ntegro, tenaz, combativo y generoso de sus energas. Los hombres de L.O.N. apreciaban mucho esas caractersticas suyas, especialmente al contrastarlas con la conducta, mucho ms reservada, de los dirigentes derechistas como Tasca o Graziadei. Le respetaban, adems, porque Bordiga haba sido el ms eficaz promotor de la constitucin del P.C. dI. y hasta el smbolo del Partido durante los primeros aos de se. Gramsci, la dimensin de cuya obra -y la tragedia de cuya vida- le presentan hoy como un gigante al lado de Bordiga, era entonces mucho menos conocido que su apreciado contrincante. Todo eso explica que aun despus de la dura batalla que libr contra l desde 1923 hasta 1926 Gramsci tratara a Bordiga con amistad en el comn destierro de Ponza, y explica tambin el que todava en 1930, un ao antes de expulsarlo, la direccin togliattiana del P.C. dI, hiciera gestiones para recuperar a Bordiga (Cfr. Giorgio Amendola, Rileggendo Gramsci, Quaderni de critica marxista, nm 3, 1967, 6). En la pugna poltica con Gramsci, Bordiga aparece como un hombre cuyo pensamiento apenas cuenta ms que con un motivo: la rgida definicin de s mismo, el instinto poltico de secesin. Ese motivo dominante posibilit su eficaz funcin en la constitucin del P. C. dI. por escisin del P.S.I. Y ese mismo motivo le incapacit para cualquier esfuerzo poltico que no fuera la expectativa, a la vez mstica y mecanicista, de la conflagracin ltima de la lucha de clases. Bordiga fue liberado por Mussolini de la sancin de destierro que pesaba sobre l en 1929, y mientras Gramsci se enfrentaba con su pesada condena, Bordiga no fue ya procesado. Se retir a la vida privada, al ejercicio de su profesin de ingeniero, y rechaz la peticin aludida del P. C. dI. de que aclarara su posicin en el partido y volviera a actuar en l. El IV Congreso del P.C.dI. (marzo de 1931) se bas en la consideracin de esa conducta para expulsar a Bordiga precisamente en un momento en que el partido, bajo la influencia del VI Congreso de la I. C., realizaba una poltica muy sectaria, la ms bordiguiana practicada jams por el ncleo dirigente de origen gramsciano.

 

B. Intervencin.

El mismo da 1 de junio de 1925 en que est fechada esta carta [Carta a Julia Schucht, Roma, I.VI.1925; 2000 II; 73-74] varios miembros del ala izquierda del P.C.dI. dirigan una carta al rgano del partido, LUnit, anunciando la constitucin de un comit de enlace de la izquierda del partido. Esta accin, dirigida por Bordiga, obedeca a la inminencia del III Congreso del P.C.dI. en el que se plante definitivamente la batalla poltica entre el grupo internacionalista y la izquierda.

 

B. Ruptura definitiva

El texto aqu seleccionado y traducido [Intervencin en la comisin poltica preparatoria del III Congreso del Partito Comunista dItalia, Finales de 1925; C.M., ao 1, nms. 5-6, 302-308] es aproximadamente la mitad del acta de la reunin. Es evidente que el acta o es taquigrfica. Parece redactada por Gramsci o, ms probablemente, por Togliatti. El texto recogido es la nica intervencin larga de Gramsci en la reunin. De los cuatro pseudnimos, Ercoli es Togliatti, Rienzi es Tasca, Morelli es Scoccimarro. Ignoramos quines eran Massimo y los representantes de federaciones regionales.

En la reunin anunci Bordiga que la izquierda presentara al Congreso tesis polticas distintas de las de la central o mayora (gramsciana) de la direccin. Bordiga y Gramsci ignoran casi completamente en sus intervenciones la derecha, manifiestamente anulada ya antes del Congreso. La reunin fecha la ruptura definitiva entre lo que Togliatti ha llamado el ncleo dirigente del P.C.I., encabezado por Gramsci y luego por l mismo, y el extremismo bordiguiano que Lenin haba criticado en su libro sobre el tema. La reunin haba sido precedida por numerosas actividades de Gramsci, Togliatti y los dems miembros del grupo de L.O.N., a los que se iba sumando el antes extremista Ruggiero Grieco, en preparacin del III Congreso del partido. En agosto Gramsci haba tenido una ltima discusin larga con Bordiga en Npoles, residencia de ste y centro del extremismo italiano. La I. C. haba dictado una resolucin que ordenaba disolver (por fraccional) el comit de enlace de la izquierda. Y en setiembre Gramsci haba terminado con Togliatti (del cual es probablemente la redaccin definitiva) las tesis polticas para el III Congreso. del P.C. dI.

En este Congreso (Lyn, 20-26 de enero de 1926) las tesis de la mayora ordinovista de la direccin obtuvieron el 90,8 por 100 de los votos presentes. La izquierda obtuvo el 9,2 por 100. La derecha no present tesis propias. Se comput un 18,9 por 100 de ausentes y no consultados. El nuevo comit ejecutivo era ntegramente internacionalista, sin un slo miembro de la derecha ni de la izquierda: Gramsci, Togliatti, Scoccimarro, Camilla Ravera, Ravazzoli, Terracini y Grieco. Gramsci fue elegido secretario general y Togliatti representante del P.C. dI en el C. E. de la I. C. Togliatti sali en marzo para Mosc. Gramsci volvi a Roma y fue detenido en noviembre.

 

7. A. Antologa Gramsci (AG), op. cit, pp. 130-132, n. 38. 7.B. Ibid, p. 184, n. 76. 7.C. Ibid, p.185, nota 77.

 

Nota SLA:

Sobre el izquierdismo como tradicin alocada del movimiento comunista, no siempre originada en impulsos ticos no atendibles, estas dos sucintas aproximaciones de Sacristn: A Por otro lado, se produce tambin en esas fases una reaccin inmovilista: al no haber ya una posibilidad revolucionaria inmediata, los hombres pueden quedar desprovistos de perspectivas y de capacidad de lucha real; los que as queden desarmados seguirn usando entonces, pero ya en el vaco, las expresiones corrientes en el perodo de crisis aguda y se aferrarn a una mstica expectativa de alguna catstrofe que vuelva a poner la insurreccin, como por fatalidad, al orden del da. La inhibicin respecto de las luchas posibles en el movimiento, el desprecio de los objetivos intermedios subrayados por Lenin, es tambin una posibilidad de liquidacin, por atrofia poltica. Esto es lo que en la tradicin comunista se llama izquierdismo (El orden y el tiempo, Trotta, Madrid (edicin de Albert Domingo Curto), p. 153).

B. Tasca acogi literalmente la poltica de fusin en el sentido de liquidacin del PCdI. Gramsci hizo casa comn con Bordiga en contra de esa interpretacin, y desarroll la parte principal de la polmica contra Zinoviev. Pero cuando en la crisis del 24 de noviembre Lenin y Trotski (con Radek y Bujarin) se inclinan resueltamente por la poltica de fusin en Italia, se manifest enseguida la diferencia entre la visin izquierdista de la sustantividad del partido como secta cerrada y pasiva y la visin dialctica de Gramsci; una vez derrotados Bordiga y Gramsci, el primero decide retirarse, el segundo intervenir, hacerse nombrar para la comisin de fusin y poner condiciones que equivalan a reducir la operacin al ingreso de la izquierda socialista en el PCdI, como en efecto ocurri al final ( Ibidem, pp. 155-156).

 

 Vale la pena recordar este apunte histrico contra un prejuicio: Cuando se habla del izquierdismo comunista de los aos 20 se suele hoy pensar en el pensamiento de raz especulativa hegeliana caractersticamente representado por el joven Lukcs de Historia y consciencia de clase (1923). Pero la identificacin de las tendencias positivistas o criticistas con la derecha y de las hegelianizantes con la izquierda en el seno del movimiento comunista es un prejuicio. En el extremismo de aquellos aos hay predominio de positivistas ms o menos estrictos -Korsch, Pannekoek- y de mecanicistas de lo ms elemental, como Bordiga ( El filosofar de Lenin, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 141, n. 6)

Tambin este apunte de equilibrio en torno a problemas ecolgicos y vindicaciones de igualdad social:

Los nuevos problemas que han dado pie a los movimientos ecologistas imponen a menudo revisiones bastante traumatizadoras de ciertos puntos de vista tradicionales en la izquierda. Por ejemplo, el ideal de simple y universal democratizacin de los bienes presentes en la vida cotidiana, si se entiende la democratizacin como goce irrestricto. Un caso pertinente es el tradicional disfrute por los aristcratas y los ricos de los mejores parajes de las costas de pas densamente poblado, como las del Mediterrneo espaol, francs e italiano. Desde el momento en que se ha democratizado el acceso a la Costa Brava catalana, por ejemplo, lo que era un disfrute paradisaco se ha convertido en la estpida estancia en un ruidoso paisaje de cemento. La gente modesta que hoy consigue pagarse una semana de vacaciones en Tossa de Mar no est disfrutando lo mismo que hace cincuenta aos gozaban los pocos ricos con casa all (por eso los ricos se van a otras partes, de las que cada vez quedan menos). Los izquierdistas tradicionales se fijan slo -por explotar ese ejemplo- en que todava queda mucha gente que no puede pasar unas vacaciones en la Costa Brava. Los verdes puros se fijan slo en que ya no vale la pena conseguir esas vacaciones. Se trata de dos modos de pensar manifiestamente unilaterales, que no conseguirn resolver los problemas ( Entrevista con Naturaleza, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, p. 183).

Y estas tres miradas matizadas.

A. Proceso de Burgos (1976): (Por cierto, que los grandes esfuerzos por evitar la ejecucin de las sentencias del proceso de Burgos no lo fueron, precisamente, de los pobres abolidores de la divisin del trabajo en 1970. Ellos, que haban anunciado la insurreccin armada de la clase obrera espaola para septiembre de 1969, no estaba para pequeeces tales como el pellejo de los vascos). ( La Universidad y la divisin del trabajo, Intervenciones polticas, op. cit, p. 99, nota)

B. Asimilacin de la segunda etapa de la revolucin cultural proletaria maosta (1979):  Por ejemplo, de una persona por m muy querida, un antiguo dirigente estudiantil, hoy del PSUC, que hizo el 67, el 68, como los nuevos filsofos franceses, en los grupos maostas y ultra-maostas, explicaba fenmenos espaoles, cosas que ocurran en Espaa, del modo siguiente: haba ocurrido tal o cual cosa, tal fenmeno poltico haba ocurrido porque su partido (y su partido en aquel momento quera decir un mximo de cuatrocientas personas), no la direccin, haba asimilado bien la segunda etapa de la revolucin cultural china. Esto no s si es para morirse de risa o para morirse de llanto, que la gente pudiera estar tan obnubilada como para aplicar mentiras ideolgicas sobre China a la realidad poltica espaola (...), adems con un exactismo, con un rigor formal... El segundo paso consista en que fuera destituido el comit ejecutivo porque, segn stos, la revolucin cultural haba sido bombardeada. El cuartel general, que se produce exactamente como la ciencia, es universal; se deduce que hay que cambiar el ejecutivo de aqu Eso ha sido el marxismo de estas personas, vctimas desde luego de una educacin escolstica horrible, de la que es en gran parte culpable la tradicin rusa de la III Internacional, en parte tambin la escolstica occidental, claro, particularmente en Espaa, el catecismo (Una conversacin con Manuel Sacristn por Jordi Guiu y Antoni Munn, De la Primavera de Praga al marxismo ecologista, op,. cit, p. 109-110). 

C. Sin fundamento serio (1968): Y, sin embargo, los textos de abril del PCCh contienen elementos que, vistos con la ptica del esquema superficialmente aplicado hoy por el provecto telogo F. V. Konstantinov, deberan quedar catalogados como izquierdismo. Por ejemplo, lo que este telogo tan tediosamente longevo tendra que llamar (si fuera al menos coherente en su escolstica) voluntarismo moralista, varias veces presente en el informe Dubcek, aunque los no-telogos puedan entenderlo como valoracin del factor subjetivo. Pero lo que hay que decir en general es otra cosa: que no existe ningn fundamento serio para llamar izquierdismo al derrocamiento militar de la tirana de Batista, por ejemplo, ni para llamar derechismo a la supresin del control estatal sobre los sindicatos obreros en la Repblica Socialista de Checoeslovaquia. En ambos casos se trata de poltica no-burocrtica, respondente a las autnticas necesidades de las clases trabajadoras urbanas y rurales (Cuatro notas a los documentos de abril del partido comunista de Checoeslovaquia, Intervenciones polticas, op. cit, p. 96) .

Igualmente, este breve apunte de Sacristn, de una carpeta resmenes de Reserva de la UB, sobre interpretaciones alocadas, a propsito de un artculo de Michiiko Suzuki, Laffaire Hiro Kim, Les Temps Modernes, 268, oct. 1968: El autor interpreta la simpata por Kim de algunos de los rehenes que tom como nacimiento de una comuna. He aqu el paso ms caracterstico (pp. 724-725). Hay una cosas que decir: 1. Esta gente desconoce todo de las situaciones humanas, no sabe que cualquier sociedad burguesa es capaz de imponer reacciones extraordinarias -heroicas, brutales, santas, crueles, etc.- en situaciones lmite, sin que eso signifique superacin alguna de nada. 2. Esa comuna no tiene nada que ver con la produccin ni el consumo. 3. Es una comuna montada por un tirano que mata. El Portero de Noche. Masoquismo.

Sin olvidar, claro est, los pasos iniciales de su ltima carta (Carta a Flix Novales, 24 de agosto de 1985, Reserva UB): Me parece que, a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda espaola. El que est libre de todas esas cosas, que tire la primera piedra. Estoy seguro de que no habr pedrea. Si t eres un extrao producto de los 70, otros lo somos de los 40 y te puedo asegurar que no fuimos mucho ms realistas. Pero sin que con eso quiera justificar la falta de sentido de la realidad, creo que de las dos cosas tristes con las que empiezas tu carta -la falta de realismo de los unos y el enlodado de los otros- es ms triste la segunda que la primera. Y tiene menos arreglo: porque se puede conseguir comprensin de la realidad sin necesidad de demasiados esfuerzos ni cambiar de pensamiento; pero me parece difcil que el que aprende a disfrutar revolcndose en el lodo tenga un renacer posible. Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es slo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no slo intelectualmente (Por cierto, que, a propsito de eso, no me parece afortunada tu frase reconciliarse con la realidad: yo creo que basta con reconocerla: no hay por qu reconciliarse con tres millones de parados aqu y ocho millones de hambrientos en en Sahel, por ejemplo. Pero yo s que no piensas que haya que reconciliarse con eso).

*

 

8. Bertolt Brecht (1898-1956)

 

A. Un comentario sobre Goethe (1963)

La recusacin tal vez ms impresionante del legado goethiano se encuentra en las terribles parodias de su lrica por Bertolt Brecht. El poeta socialista denuncia en el olmpico clsico la premeditada ocultacin del mal del mundo y la sucia complacencia en la humillacin de los humillados.

En las condenas de Goethe suele haber una intrincada conjuncin de motivaciones morales e intelectuales que afectan al mismo ncleo del ser y el hacer de Goethe. Cantar en versos excesivamente dulces la serenidad que se respira en idlicas cimas cuando puede verse desde ellas toda la miseria de los hombres es ser un cursi farsante: esto vienen a decir las parodias o los sarcsticos comentarios de Brecht a la lrica goethiana.

 

B. Heine y Brecht

I. A los por nacer (1964)

Al final de la complicada trayectoria del poeta Heine no queda tal vez entre sus versos ms que ese indiscreto secreteo con las generaciones por nacer. Pero no son tantos los poetas de los que puede decirse una cosa as.

En 1817, al publicar sueltas sus primeras poesas, el adolescente estaba, como es natural, muy lejos de iniciar conversaciones con las generaciones por nacer, a las que siglo y medio ms tarde uno de los principales herederos de Heine, Bertolt Brecht, dedicara un poema clebre.

 

II. Impaciencia (1964).

Su expresin ms radical arrastra al abismo, junto con el arte, aquello en lo cual haba buscado primero salvacin al deponer la hipcrita piel de serpiente de la lrica intimista romntica, o sea la naturaleza: Los rboles verdes aburren tanto como los vaudevilles; junto al arte no hay nada ms horrible que la naturaleza

Al radicalizarse as la crisis, Heine empieza de verdad a ver, aunque sea sonamblicamente, como el caballero Ogier, el dans, los bosques de encinas en la bellota de 1830. Ya en el ltimo prrafo citado preanuncia al poeta que contemplar la naturaleza con impaciencia y que dedicar toda su obra a destruir la tradicional ilusin artstica: Brecht.

 

C. Brossa y Brecht (1969)

I. Inversin

Pero, adems de la definitiva copresencia de lrica y drama, hay en la obra de Brossa, y a veces hasta en sus muy parcas reflexiones explcitas de potica, una confluencia de ambas artes, tambin relacionable, como la duda lrica, con motivos de Brecht. Lo ms interesante a este propsito es una nota de El gran Fracaroli, trabajo que Brossa ha manejado repetidamente entre 1944 y 1964. Brossa se refiere al V-Effekt brechtiano y habla a continuacin de poesa dramtica no para significar simplemente al modo tradicional, teatro, sino en el sentido de poesa dramatizada. Esta inversin de la nocin brechtiana de episches Theater parece resolver la intrincacin de teatro y poesa, el problema formal ms interesante de la obra de Brossa, en el sentido de una acentuacin de la sustantividad de la lrica (a la inversa, pues, que en la obra de Brecht).

 

II. Herosmo.

La Ilustracin recoge otros elementos, sealadamente el valor y el amisticismo, la permanencia en este mundo, y termina sonando convincentemente contra la piedra de toque: para este mundo mismo, refutar la mstica es saber -como Brecht, clsico del tema- que hasta el herosmo es, bajo el estado, un mal inevitable, que slo el reaccionario puede fingirlo un bien. En la utopa de verdad revolucionaria La vida no ha de ser res ms que vida (1)

Quotidiana

Y no por reduccin, sino al revs: porque al final se harn superfluas, todas las corazas sociales y polticas -entre ellas tambin el herosmo externamente impuesto por el mal social a la subjetividad revolucionaria- con que el hombre viejo se defendi pesadamente de sus angustias y de su cncer mefafsico:

Quin tros de plom anomenveu home! (2)

se permite decir el poeta desde un recodo del camino de la utopa, ilusoriamente recorrido.

 

(1) La vida tiene que ser ms que vida/ Cotidiana. (2) Qu trozo de plomo denominabais hombre!

 

D. Es mejor marxismo el de Brecht, sin moralismo, declarando buena la sociedad en la que no hay que ser hroe.

 

8. A .La veracidad de Goethe, Lecturas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 88-89. 8. B. I. Heine, la consciencia vencida, Ibidem, p. 183. 8. B. II. Ibid.,p. 196. 8.C.I. Ibidem, p. 232. 8. C. II. Ibidem,pp. 241-242. 8. D.Anotacin: Reserva de la UB, fondo Sacristn.

 

Nota SLA:

Sacristn acostumbraba a regalar a los miembros del comit central del PCE copias de su traduccin de A los por nacer de Brecht, de 1938. sta es una de sus traducciones

I.

Verdaderamente: vivo en tiempos tenebrosos.

La cndida palabra es necia. Una frente tersa

revela insensibilidad. Y si alguien re

es que no le ha llegado todava

la noticia terrible.

 

Qu tiempos son stos, en que

es casi un crimen hablar de los rboles

porque eso es callar sobre tantas maldades?

Ese hombre que va tranquilamente por la calle,

es ya acaso inaccesible a sus amigos

en la necesidad?

 

Cierto: yo me gano la vida todava.

Pero creedme: es por casualidad. Nada

de lo que hago me da derecho a hartarme.

Por caso me respetan (pero si cambia mi suerte

estoy perdido).

 

Me dicen: Cmo y bebe, s alegre t que tienes!

Pero cmo voy a comer y beber

si le arranco al hambriento lo que como

y mi vaso de agua le falta al sediento?

Y, sin embargo, como y bebo.

 

Tambin me gustara ser sabio.

Los viejos libros dicen que es sabidura

apartarse de las luchas del mundo y pasar

el breve tiempo sin temor.

Tambin renunciar a la fuerza, devolver bien por mal,

no cumplir los deseos, sino olvidarlos

dicen que es sabidura.

Pero yo no puedo hacer nada de eso:

verdaderamente, vivo en tiempos tenebrosos.

 

II.

Yo llegu a las ciudades en la hora del desorden,

cuando reinaba el hambre.

Me mezcl entre los hombres en la hora de la rebelin

y me indign junto con ellos

As transcurri mi tiempo,

el tiempo que me haba sido dado sobre la tierra.

 

Com mi pan entre las batallas.

Me ech a dormir entre los asesinos.

Cultiv sin respeto el amor

y fui impaciente con la naturaleza.

As transcurri mi tiempo,

el tiempo que me haba sido dado sobre la tierra.

 

A una cinaga llevaban en mi tiempo todos los caminos.

Mi habla me traicion al matarife.

Poco pude. Pero los amos

habran seguido ms seguros sin m: sa fui mi esperanza.

As transcurri mi tiempo,

el tiempo que me haba sido dado sobre la tierra.

 

Pocas eran las fuerzas. La meta

estaba muy lejos

Pero era ya visible, aunque para m

apenas alcanzable.

As transcurri mi tiempo,

el tiempo que me haba sido dado sobre las tierra.

 

III.

Vosotros, los que surgiris del pantano

en que nosotros hemos sucumbido

pensad,

cuando hablis de nuestras debilidades,

tambin en el tiempo de tiniebla

del que os habis librado.

 

Porque a menudo, cambiando de patria ms que de sandalias

fuimos desamparados a travs de la guerra de las clases,

cuando todo era injusticia y faltaba la clera.

 

Mas no por ello ignoramos

que tambin el odio contra la vileza

desencaja al rostro,

que tambin la clera contra la injusticia

enroquece la voz. S, nosotros,

que queramos preparar el terreno a la amistad

no pudimos ser amistosos.

Vosotros, cuando se llegue a tanto

que el hombre sea un apoyo para el hombre,

pensad en nosotros

con indulgencia.

 

Otra traduccin del poema de Brecht. Esta es de enero de 1973 y fue regalo de cumpleaos:

I. La verdad, vivo en tiempos obscuros. / La palabra ingenua es fatua. Una frente tersa/ Indica insensibilidad. El que re/ Es que no ha recibido todava/ La noticia terrible. /Qu tiempos son stos, en que /Casi es un crimen hablar de rboles,/ Porque eso implica callar sobre tantas fechoras?/ Aqul que cruza tranquilamente la calle, /Es que no es ya accesible a los amigos suyos/ que estn en la miseria? /Es verdad: todava me gano el sustento. /Pero creedme: es slo por casualidad. Nada/ De lo que hago justifica que me sacie. /Da la casualidad de que me dejan en paz. (Como se me pase esa suerte Estoy perdido). /Me dicen: t come y bebe! Algrate de que puedes! / Pero,cmo puedo comer y beber, si /Arranco al hambriento lo que me como y /Mi vaso de agua le hace falta al sediento? /Y el hecho es que como y bebo. /Tambin me gustara ser sabio. /Est en los viejos libros, qu es sabio: /Quedarse fuera de la pugna del mundo y pasar /Sin temor este poco de tiempo. /Salir del paso sin violencia, /Devolver bien por mal, /No satisfacer los deseos, sino olvidarlos, /Se tiene por sabio. /De nada de eso soy capaz. /De verdad, vivo en tiempos obscuros.

 

II. Llegu a las ciudades en el tiempo del desorden,/ Cuando reinaba el hambre./ Entre los hombres llegu en el tiempo de la rebelin, /Y me indign junto con ellos./ As pas mi tiempo,/El que me estaba dado en la tierra./ Me com la comida entre las batallas. /Me ech a dormir entre los asesinos. /Cultiv el amor sin atencin /Y sin paciencia v la naturaleza./As pas mi tiempo, /El que me estaba dado en la tierra. /En mi tiempo los caminos llevaban al pantano. /El habla me traicionaba ante el carnicero. /Yo no era capaz de gran cosa. Pero los amos /Habran estado ms seguros sin m: esa fue mi esperanza./ As pas mi tiempo,/ El que me haba sido dado en la tierra. /Las fuerzas eran escasas. La meta /Estaba muy lejos. /Era visible con claridad, aunque para m/ Seguramente inalcanzable./ As pas mi tiempo, /El que me haba sido dado en la tierra.

 

III. Vosotros los que salgis a flote del diluvio /En que nosotros nos hemos ahogado,/ Recordad,/ Cuando hablis de nuestras debilidades,/ Tambin el tiempo oscuro /Del que os habis puesto a salvo./ Porque, cambiando ms de tierras que de suelas,/ Nosotros anduvimos a travs de las guerras de las clases, desesperados,/Cuando slo haba injusticia y no haba rebelin./ Pero al mismo tiempo lo sabemos: /Tambin el odio a la vileza /Tuerce los rasgos. /Tambin la clera por la injusticia /Enronquece la voz. Ya: nosotros, /que quisimos preparar el suelo de la amistad,/no pudimos ser amistosos. /Pero vosotros, cuando llegue el da /De que el hombre sea ayuda del hombre, /Acordos de nosotros /Con indulgencia.

 

Una traduccin de Sacristn de principios de 1974 [El B.B. nuestro de cada ao, que nos lo traen los Meges Rayos, arrebujado en sus grandes sayos, porque ms vale que el oro en pao] de los fragmentos II y III del borrador de los Dilogos entre fugitivos de Brecht, regalo para su hija Vera o/y para Giulia Adinolfi, llevaba incorporada la siguiente nota:

B. B. escribi la mayor parte de los Dilogos entre fugitivos en el otoo de 1940 y en los primeros meses de 1941, cuando estaba refugiado en Finlandia. Tena entonces entre cuarenta y dos y cuarenta y tres aos. Pocos meses antes, tambin en Finlandia, haba escrito El seor Puntila y su siervo Matti. Termin de escribirlos durante los aos siguientes, ya en Norteamrica.

Todos los dibujos son de B. B. pero los que llevan un asterisco no se encuentran en el manuscrito de los Dilogos, sino en una tabla de signos que haba ido preparando. Los editores de las Obras Completas en alemn los han introducido aqu.

Estos fragmentos son del perodo norteamericano, como se puede inferir de la fecha puesta al signo doctrina en el fragmento II. Yo creo que el fragmento III es posterior al II. El III articula en forma de poema ideas que el II da en forma de dilogo encadenado, todava con el tono del Puntila. Precisamente despus de escribir esa obra B. B. haba ledo Jacques le Fataliste de Diderot, y segua gustando de trabajar la prosa en forma dialogada.

Dicho sea de paso, el fragmento III anticipa la poesa visual que hoy -1974- est bastante de moda.

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9. Nikolai Ivanovich Bujarin (1888-1938)

 

A. El desconocido

Bujrin, que en vida de Lenin fue varias veces descrito por ste como el bolchevique ms popular y ms querido es, en cambio, desde su asesinato de estado en 1938, el ms desconocido de los tres. Stalin dispuso durante dcadas del aparato de propaganda del estado sovitico; Trotski pudo constituir en el exilio su propio dispositivo de propaganda antes de ser asesinado a su vez en 1940, por el mismo poder al que sucumbiera su contrincante Bujrin. Slo ste se tom a la letra los principios de conducta estatuarios en el Partido Comunista (bolchevique) de la URSS -o sea, no organiz un aparato fraccional propio-, y por eso mismo su memoria ha estado a punto de quedar reducida a triste receptculo de la masa de insultos y calumnias ms imponente que jams haya soportado ningn poltico salvo Trotski, desde Catilina. El principal valor del estudio de Lwy (...) es abrir camino al conocimiento de la vida y la obra de un personaje casi de palimpsesto (tantas veces se ha recubierto su nombre en los registros historiogrficos como se borraba la imagen de Trotski de las fotografas tomadas en Petrogrado en octubre-noviembre de 1917).

En la corriente historia del movimiento comunista Bujrin es prototpicamente el Malo, la Tiniebla maniquea de la tradicin dominante en la III Internacional, el tab respetado por todas las tendencias y todos los partidos grandes y pequeos, por todos los grupos y grupsculos, por todas las microsectas. Las mayores debilidades del libro de Lwy [El comunismo de Bujrin] se pueden disculpar por esa circunstancia: ha tenido que ser no un historiador marxista, sino un economista y socilogo no acadmico, sin ms que su aficin casi autobiogrfica al desarrollo del marxismo en la URSS, el que ha empezado a sacar a la luz el enterrado recuerdo del Tenebroso.

(...) Pero mucho ms que los errores abundan en este libro inaugural sobre el bujarinismo -si es que ha existido una cosa as- las tesis audaces, muy discutibles, acaso parcialmente cerradas, pero de estudio estimulador y til para la ruptura de prejuicios poco conscientes y de tabes por completo implcitos que dominan la comprensin histrica de la III Internacional.

La ms interesante y quizs la ms fundada de esas tesis probablemente necesitadas de revisin histrica es la interpretacin por Lwy de la actitud de Bujrin respecto de la NEP, respecto de la Nueva Poltica Econmica con la que Lenin, por un acto de autoridad bastante personal, intent en 1921 sacar al pas del hambre mediante la restauracin de un mercado capitalista parcial controlado por el estado sovitico.

(...) La interpretacin de Lwy dice que el principal descubrimiento de Bujrin -y el ms discutido- se expresa en la experiencia de que el socialismo pleno se desarrolle a partir de la NEP, de sus propias leyes econmicas (pg. 179). El autor documenta esa interpretacin no slo con frases sueltas de Bujrin en realidad ambiguas (por ejemplo. Nuestro capitalismo de estado agonizar con toda paz), sino tambin con desarrollos de su biografiado que resultan mucho ms fundamentadores, porque parecen insertar la tendencia a ver la construccin del socialismo en continuidad con la NEP dentro de una concepcin general de la preservacin y el desarrollo del elemento socialista durante el perodo de transicin As, por ejemplo, Lwy aduce textos de Bujrin en los que la destruccin slo paulatina de la NEP se entiende como defensa imprescindible contra la burocratizacin de la vida sovitica...

No hay duda de que Lwy est en lo cierto por lo que hace a la oposicin de otros bolcheviques a Bujrin en cuanto a la interpretacin del desarrollo econmico del socialismo en la URSS (...). Pero, en cambio, es menos seguro que la interpretacin de Bujrin por Lwy en este punto sea exacta. Pues en la pieza clave de la argumentacin de Lwy -el discurso necrolgico de Bujrin sobre Lenin en 1924- Bujrin haba llamado fundamento firme del desarrollo socialista sovitico no a la NEP, como entiende Lwy, sino al poder estatal y econmico obrero (...) Ese texto clave hace evidente que el fundamento firme y las nuevas dcimas partes de la construccin del socialismo eran para Bujrin el poder estatal obrero: exactamente igual que para el Lenin an inexperto de 1917/1919 -el que igualaba el comunismo con soviets-electrificacin- y que para los socialdemcratas (los de verdad, no los que hoy se llaman as); los stalinistas y los trotskistas, en suma, para todas las tradiciones marxistas anteriores a la crisis de 1956-1968, con las nicas excepciones del mismo Karl Marx (de modo particularmente explcito en los Manuscritos de 1844 y en los Grundrisse, no en el vol. I del Capital) y del comunismo chino (ste en cuanto productor del principio de la revolucin cultural en su versin ms histrico-social, menos oportunista)

(...) Hasta qu punto es convincente la reconstruccin del bujarinismo por A.G.Lwy? Es difcil contestar a esa pregunta. Ms fcil resulta arriesgar alguna apreciacin de su valor histrico-cientfico: este valor no puede ser metodolgicamente muy alto, porque quedan muchas lagunas en el conocimiento del tema. Por ejemplo, qu ha dicho y hecho Bujrin en los casi diez aos que van desde su derrota definitiva hasta su asesinato? Aunque todas las interpretaciones de Lwy fueran acertadas -cosa que parece improbable- esa pregunta bastara para mostrar que se tratara de meros aciertos, de verdades por azar no aseguradas metodolgicamente.

 

B. Crticas de Gramsci al manual de Bujrin.

La pugna contra el mecanicismo en el pensamiento socialista es una constante de la actividad intelectual de Gramsci: cuando la socialdemocracia deje de ser la principal fuente de deformacin economicista de Marx, Gramsci, ya en la crcel, no dejar de escribir contra el mecanicismo, en el seno mismo de la III Internacional, particularmente contra Bujrin [Teora del materialismo histrico].

 

C. De las cosas ms valiosas del marxismo de la poca (1985)

Por esa va mentalista o ideolgica desemboca Gramsci en una tesis que sus antpodas dentro del marxismo, incluso los estalinistas, estaban a punto de superar cuando no lo haban hecho ya: la tesis de que la ciencia es sobrestructura. En el pargrafo del cuaderno 11 titulado "La materia", Gramsci escribe rotundamente que "la teora atmica, como todas las hiptesis y opiniones cientficas, son sobrestructura". Esta afirmacin es obvia si por sobrestructura se entiende simplemente mbito conceptual y no ideologa; pero no es menos evidente que Gramsci no entiende as la nocin de sobrestructura, sino como instancia ideolgica. Por la fuerza de esa tesis valora Gramsci despectivamente cosas de las ms valiosas del marxismo ruso de la poca, como, por ejemplo, la contribucin sovitica, dirigida precisamente por Bujrin, al segundo Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y la Tecnologa que se celebr en Londres del 29 de junio al 3 de julio de 1931, estando Gramsci en la crcel de Turi. Su carta a Tatiana del 31 de agosto de aquel ao (Hoy precisamente me ha llegado el libro ingls sobre La ciencia en la encrucijada) prueba que Gramsci consigui pronta informacin del congreso, lo que resulta muy notable si se tiene en cuenta que 28 das antes de ese acuse de recibo haba sufrido su primer vmito de sangre. Pero Gramsci, limitada su visin por el idealismo culturalista de su ambiente intelectual, no ha podido apreciar la importancia de aquellas actas (Science at the Cross Roads Papers presented to the International Congress of the History of Science and Technology held in London from june 29th to july 3rd by the delegates of the USSR, Londres, 1931; reimpresin Frank Cass Edition, Londres, 1971) que iban a contribuir decisivamente al nacimiento de la filosofa marxista de la ciencia en la Gran Bretaa de entreguerras (Bernal, Farrington, Haldane, Needham, etc.). En el cuaderno 7 (1930-1931), escrito poco antes del 11, Gramsci rechaza incluso la idea de la existencia del mundo externo independientemente del hombre, idea que considera "mitolgica" o "religiosa", en un giro mental idealista presente durante toda su vida, desde el juvenil artculo en el que vio la revolucin rusa como "La revolucin contra El Capital" de Marx...

 

9. A.Sobre el comunismo de Bujrin, S obre Marx y marxismo, op. cit,, pp. 263-275. 9. B.La formacin del marxismo en Gramsci, Ibidem, p. 69, n. 6. 9. C.. El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel, Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, op. cit, p. 200.

 

Nota SLA:

Al comentar la distincin entre ciencia de la ciencia y filosofa de la ciencia, Sacristn haca en las clases de Metodologa de las ciencias sociales del curso 1983-1984 una referencia a Bujrin en los trminos siguientes: La expresin ciencia de la ciencia tiene un poco de historia y precisamente est en conexin con lo que se acaba de decir antes porque nace en conexin con el primer encuentro importante de filsofos de la ciencia occidentales y marxistas en el congreso internacional de la historia de la ciencia de Londres en 1931. Eso era un poco antes de las grandes purgas rusas, y aqu aparecieron por ltima vez intelectuales importantes de la revolucin rusa que luego sucumbieron a las purgas, muy sealadamente Bujrin, que era un personaje quiz de los ms finos intelectualmente del equipo bolchevique. Luego fue asesinado en 1938.

Por otra parte, prosigue Sacristn, Bujrin tiene importancia en la historia de las ideas econmicas. Fue seguramente el viejo bolchevique que sera de ms digna lectura en una facultad de Economa. Lo que pasa es que es uno de esos personajes malditos en la historia, porque de las tres grandes figuras sucesoras de Lenin, las otras dos han tenido su partido, sus fieles, sus continuadores, que han defendido su fama. Trotsky y Stalin han tenido cada uno sus seguidores y autores que han escrito sobre ellos. En cambio, Bujrin sucumbi sin dejar seguidores ni escuela y, consiguientemente, es el ms enterrado de todos aquellos personajes del ao 1917, el ms olvidado. Pero era tambin el ms culto y a l corresponda la presidencia de la delegacin sovitica de este congreso de historia de la ciencia en Londres, en el 31, y, all, l y otros soviticos, pero principalmente l, pronunciaron un discurso que caus enorme impacto en Occidente...

Igualmente, en un paso de su conferencia Sobre Lukcs de 1985 sobre la lnea poltica defendida por Bujrin en la revolucin china, a propsito de la importancia revolucionaria de las sociedades del Tercer Mundo y la consideracin de este fenmeno por parte de Lukcs , se expresaba Sacristn en los trminos siguientes: (...) porque fjate que la revolucin china ha sido para la gente de la III Internacional el gran descubrimiento de las potencialidades revolucionarias del Tercer Mundo. Descubrimiento muy siniestro porque Stalin ah impuso una lnea poltica horrible. Por cierto que la de Bujrin era mucho mejor en aquellos momentos, en contra de todos los tpicos sobre Bujrin. Bujrin vea claramente una lnea de revolucin con campesinado y Stalin, por no s qu razn, pero quizs por un dogmatismo tonto no crea en eso. Desde la revolucin china Lukcs y la gente de la III Internacional tienen muy clara conciencia de la capacidad revolucionaria del Tercer Mundo.

Tambin en el curso de Metodologa de 1983-1984, dando cuenta del surgimiento de la tendencia de la ciencia de la ciencia en la epistemologa contempornea, Sacristn se refiri al congreso de 1931 en los siguientes trminos:

(...) y all, l [Bujrin], y otros soviticos, pero principalmente l, pronunciaron un discurso que caus enorme impacto en Occidente (que los ingleses han reeditado recientemente, en el ao 71, en un libro titulado La ciencia en la encrucijada, publicado por la Universidad de Oxford). La influencia del discurso de Bujrin y de algunos otros de los delegados soviticos fue muy grande -ellos presentaron una visin externalista de la historia de la ciencia, sobre un trasfondo sociolgico y econmico- e inmediatamente produjeron una pequea escuela inglesa, por as decirlo.

Mientras que estas consideraciones de sociologa de la ciencia, prosigui Sacristn, apenas tuvieron continuacin en la misma URSS, tal vez por el gran cataclismo que significaron las purgas estalinistas de 1938 o por el estallido la Segunda Guerra mundial, en cambio, en Inglaterra s que dejaron semilla. Filsofos de la ciencia e historiadores de la ciencia ingleses, que suelen ser bastante ledos y que s que estn traducidos al castellano, son en realidad resultado de la influencia de Bujrin en el congreso de 1931, discpulos ms o menos directos de l. Bernal, por ejemplo, o Farrington, que ha escrito sobre ciencia griega y tambin sobre un filsofo y cientfico de particular inters para economistas, Francis Bacon. Otro autor es Needham, que es el principal especialista occidental en ciencia e instituciones chinas. Needham es un personaje muy curioso. Es algo catlico, un catlico ingls -que son muy frecuentes, como es sabido- y adems comunista desde muy joven, es decir, es un personaje muy original, con un tipo de originalidad que en los aos 30 y 40 era completamente inslito. Vendra a ser casi el nico intelectual europeo en esa condicin tan peculiar y complicada...

 

 

 

 

 

 



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