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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2004

Nueva York dice no

Mark Engler
Rebelin


Al igual que muchos neoyorquinos, no nac aqu. Llegu de otra parte y he hecho mi hogar en la ciudad. Mi numerosa familia vive en el Medio Oeste. Ellos no comprenden a Nueva York. Tengo un to que posee una tica de trabajo de hierro para la carpintera y los pisos. Cada maana se levanta a las 5 a.m., y a menudo lo he visto trabajar, tratando de terminar un piso, hasta despus de las 9:30 de la noche. Mi to me dice que l no podra vivir en Nueva York. "Todo el mundo est muy ocupado", dice. Yo ro y me pregunto cmo es que l podra estar ms ocupado que en su Wisconsin rural.

Tales sentimientos acerca de Nueva York frecuentemente son expresados por mis familiares. Su juicio no est basado en un verdadero conocimiento de la ciudad, su ritmo o sus vecindarios. En realidad mi familia utiliza a Nueva York como un smbolo. Para ellos es un lugar imaginario. La ciudad es algn lugar diferente a aquel en que ellos viven. Representa una forma distinta de vida. Cuando ellos expresan su desagrado por Nueva York no es su intencin denigrar a los que viven all. Sencillamente quieren expresar el aprecio por lo que tienen, por los lugares en que se han asentado.

Yo respeto eso. S que hay muchos en este pas que sienten lo mismo que ellos y a m no me molesta en lo absoluto. A diferencia de algunos de los ms regionalistas promotores de nuestra ciudad -s, realmente existen-, no considero que Nueva York es el mejor lugar del mundo para vivir. Pero si defender a Nueva York, como ciudad y como modo de vida, cuando se nos convoque a hacerlo. Esta es una semana en que se nos convoca. Los republicanos estn tratando de usar a Nueva York para promover su programa social que va en contra de la diversidad y tolerancia del corazn de la ciudad, y para promover un programa fiscal que mata de hambre a los centros urbanos. Los neoyorquinos tienen razn en negarse a suministrar un ambiente festivo para la semana de autopromocin del Partido.

Para los miembros de la derecha cultural de este pas, Nueva York ocupa un lugar en la imaginacin muy diferente a la imaginada por mis familiares. Segn los conservadores sociales, la ciudad es un lugar corrompido. Es un lugar inmoral. Ven a nuestra ciudad como un hervidero de feminismo, homosexualidad e inmigracin ilegal. Es Gomorra.

Despus de los ataques del 11/9, el tele-evangelista Jerry Falwell dijo: "Realmente creo que los paganos, los abortistas, los feministas, los gays y las lesbianas que estn tratando activamente de hacer de eso un estilo alternativa de vida, la ACLU, la Pueblo en Pro de la Forma Norteamericana, todos los que han tratado de secularizar a Estados Unidos, yo los sealo con el dedo y les digo en su cara: 'ustedes ayudaron a que esto sucediera'."

Para los neoyorquinos, esto se equipara con la abierta difamacin de la ciudad que hizo el jugador de bisbol John Rocker. "Lo que menos me gusta de Nueva York son los extranjeros", explic Rocker en una famosa entrevista en Sports Illustrated. "Se puede caminar toda una cuadra por Times Square y no escuchar hablar ingls. Los asiticos y los coreanos y vietnamitas, indios, rusos y espaoles y todos esos all. Cmo diablos entraron a este pas?"

"Imagnense que tiene que tomar el tren No. 7 para ir al estadio", continu Rocker, "como si uno fuera por Beirut junto a un muchacho con el pelo prpura junto a un homosexual con SIDA junto a un tipo que acaba de salir de la crcel por cuarta vez junto a una madre de 20 aos con cuatro hijos".

Estas declaraciones fueron demasiado, por supuesto, incluso para los firmes conservadores. Falwell se vio obligado a excusarse. Rocker ha sido vilipendiado universalmente. Sin embargo, me temo que sus opiniones apelan a sentimientos que a menudo se tienen, pero no se manifiestan abiertamente. La visin de la ciudad que ellos invocan permanece, y versiones ms suaves de esas opiniones aparecen con regularidad. Brad Sitne, un popular comediante fundamentalista que acta a menudo en las convenciones de los Mantenedores de Promesas y otros eventos derechistas, cuenta un chiste: "Gracias a Dios que tenemos a un tejano en la Casa Blanca Ustedes se habrn dado cuenta que los terroristas no atacaron a Texas".

El pblico se re, pero yo me pongo a pensar en lo que esto quiere decir. Qu sucedera si tuviramos a un neoyorquino en la Casa Blanca? Los terroristas atacaron a Nueva York. Fuimos atacados.

Recientemente fui atacado de paso por una estacin radial conservadora la cual, a fin de desacreditar una columna que yo haba escrito, sencillamente me calific como "otro izquierdista de ese bastin de la verdad, la ciudad de Nueva York". Eso era todo lo que haba que decir. El contenido de mis opiniones no haba que discutirlo. La ciudad, aparentemente, haba mutado irreparablemente mi ADN de Iowa.

La pgina editorial de The New York Times report el 10 de Julio de 2001 que "se ha odo decir en privado al Sr. Bush que l no soporta a Nueva York". La poltica del partido del Presidente durante mucho tiempo ha reflejado este rechazo. Los centros urbanos, con muchas personas de color y muy pocos electores republicanos confiables, reciben por regla general menos apoyo federal que los impuestos que pagan -$11,4 mil millones menos en 2002, segn la oficina del Alcalde- con rebajas en servicios sociales que afectan desproporcionadamente a los residentes de la ciudad. Incluso despus del 11/9 Nueva York, un blanco evidente para ataques futuros, est en el lugar 49 entre las ciudades por el gasto per cpita de Washington contra el terrorismo, y recibe $5,87 por persona, comparado con $35,80 para el Pittsburg de Tom Ridge o $52,82 para el Miami de Jeb Bush.

Esta semana los republicanos quieren utilizar a Nueva York para promover su militarismo y su moralismo. Si los directores de escena de su Convencin Nacional lo logran, Jerry Falwell, quien ofreci una oracin en la convencin del 2000, no estar ante las cmaras, ni tampoco estar el Senador Rick Santorum. Sin embargo, estas figures siguen siendo muy bienvenidas en el Partido Republicano. Cuando se le pregunt a Roberta Combs, presidenta de la Coalicin Cristiana, si le preocupaba que evanglicos prominentes fueran a ser despachados prontamente en la convencin, ella respondi a la Prensa Asociada que no estaba preocupada. "Tendremos una enorme presencia aqu", dijo. "Tenemos al presidente".

Los que estarn en el escenario son exactamente el tipo de republicanos que la extrema derecha prcticamente ha sacado del partido. El ex alcalde Rudolph Giuliani -que est a favor del aborto, de los derechos gays, a favor del control de armas de fuego, sin mencionar que es un conocido adltero- sera atacado con fiereza y marginalizado en primarias del partido en todo el pas. En la escena nacional, la visin de Nueva York del republicanismo de Rockefeller casi est muerta.

Puedo aceptar la realidad de un financiamiento insuficiente por parte de Washington. Puedo soportar el rechazo de los conservadores culturales. Los de la derecha pueden decir lo que deseen de Nueva York. Pero no pueden denigrar a nuestra ciudad y al mismo tiempo reclamarla como plataforma de lanzamiento de su ambicin poltico. No pueden hacer ambas cosas. No se lo permitiremos.

A principios de agosto, la filial noticiosa de ABC report que "una firma de relaciones pblicas de Manhattan descubri que 83 por ciento de los encuestados no desean que se celebre la convencin republicana en la ciudad". Es probable que los manifestantes en las calles de Maniatan, indignados por el extremismo del partido, superen en una proporcin de 50 a 1 a los delegados.

Por tanto, la pregunta es si es sensato que los neoyorquinos protesten. Algunos crticos liberales, principalmente entre ellos el ex activista de los aos 60 Todd Gitlin, han argumentado en las ltimas semanas que las protestas frente a la Convencin probablemente le hagan el juego a Bush. Citan como comparacin ominosa a la convencin de Chicago en 1968. Algunos incluso han sugerido que los republicanos seleccionaron a Nueva York para su convencin como una provocacin deliberada, ya que los lderes del partido creen que las manifestaciones indisciplinadas los beneficiaran. Aunque los comentaristas lo niegan, uno pudiera juzgar por su argumento que ellos preferiran que no hubiera protestas. Independientemente de su intencin, sus acciones pueden desalentar la participacin.

En cierta medida yo temo salir a las calles. No tengo temor de los pocos activistas, que indudablemente existen, que tienen un exagerado sentido de lo que el vandalismo puede lograr. Tengo temor porque las autoridades han subrayado el riesgo del terrorismo y han anunciado las nuevas armas que usarn para controlar las manifestaciones. Tengo temor porque los tabloides y la polica han exagerado el peligro de los "anarquistas violentos" -una imagen que ha sido usada repetidamente para justificar la militarizacin de las respuestas policacas ante grupos pacficos y que tiene poca relacin verdadera con cualquier acto marginal de destruccin de la propiedad. Tengo temor porque he visto arrestos preventivos y asaltos no provocados. No me complacen los choques en las calles.

No obstante, asistir. Ir con la creencia de que una gran protesta es mejor que una pequea. No me cabe duda de que los republicanos tratarn de aprovechar las protestas. Y no me cabe duda de que las protestas no saldrn bien paradas en las encuestas. Nunca salen bien. Hasta las ms pacficas procesiones del movimiento por los Derechos Civiles provocaron crticas de "ir demasiado rpido" y de estar fuera de los canales burocrticos a favor del cambio. Pero esto no significa que las manifestaciones no pueden ser eficaces.

El propsito de la Convencin Republicana es el de ser un espectculo cuidadosamente coreografiado. Tiene la intencin de ser un anuncio optimista de una semana de duracin para el Partido. Los republicanos no seleccionaron a Nueva York para provocar una batalla en las calles. La seleccionaron para envolver su convencin con imgenes del 11/9. La seleccionaron para tomar la afliccin de nuestra ciudad y utilizarla para promover su programa. Ellos han querido tomar el recuerdo de aquellos das en que lloramos juntos, honramos a nuestros trabajadores pblicos y garantizamos que nuestra diversidad era una fuente de fortaleza, y usarlo todo como escenario de su espectculo. Ellos seleccionaron a Nueva York porque pensaron que podran salirse con la suya.

Ya hay indicios de que, como anteriormente en sus planes, los de la administracin Bush han calculado mal. Su partido no est recibiendo un recibimiento triunfal de bienvenida, ni tampoco parece que muchos en la ciudad van a cooperar para que se produzcan escenas de nostalgia maleable. Siempre es preferible, como saben los directores de convenciones, mantenerse en el mensaje, mantener la atencin en el espectculo del escenario. Los manifestantes estn dificultando esto. Estn proponiendo un mensaje diferente. Estn contando otra historia, una que no est cuidadosamente diseada para garantizar la reeleccin.

La gran mayora de los que protestarn esta semana han pensado mucho para disear expresiones creativas y dignas de sus creencias. Y la gran mayora de los que protestarn sern neoyorquinos. Lo que no ha dicho la polica ni los comentaristas liberales es que mientras ms residentes enarbolen carteles durante esta semana y se nieguen a ser extras en el anuncio de los republicanos, ms rica ser nuestra disensin. Mientras ms neoyorquinos ejerzan sus libertades, mejor ser para nuestra democracia.

Despus de todos sus regaos, rechazo y agresiones fiscales, los republicanos quieren reclamar a la Ciudad de Nueva York como propia. Esta semana, los neoyorquinos les estn diciendo que no puede ser.

Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com. Jason Rowe ayud en la investigacin para este artculo.

Traducido por Progreso Semanal.


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Artculos y ensayos literarios por Mark Engler:
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