Portada :: Mundo :: Chechenia, la guerra ignorada
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2004

De nuevo Chechenia

Carlos Taibo
El Peridico

La cerril estrategia de Putin en la repblica caucsica se tambalea por el padecimiento de rusos y chechenos ante las lamentables actuaciones de la resistencia y de la maquinaria de terror militar


Las declaraciones de apoyo de Jacques Chirac y Gerhard Schrder al turbio proceso poltico que las autoridades rusas alientan en Chechenia ya no pueden sorprender a nadie. Desde el 11-S del 2001 las potencias occidentales no se contentan con mirar hacia otro lado cuando tienen conocimiento de lo que ocurre en el Cucaso septentrional: ahora le dan palmaditas en el hombro a la figura poltica, Vladimir Putin, que a muchos se nos antoja responsable principal de una razia de ecos medievales.

El fenmeno tiene un trasunto lamentable en la mayora de nuestros medios de comunicacin, que slo se asoman, y epidrmicamente, al conflicto de Chechenia cuando alguna accin lamentable de la resistencia local se halla de por medio. Lo comn es que, as las cosas, se olvide que la principal maquinaria de terror que opera en el atribulado pas que nos ocupa tiene un nombre preciso --Ejrcito ruso-- y funciona de siempre con la ms absoluta impunidad. Limitmonos a resear que, an hoy, las imgenes de Grozni, la capital chechena, recuerdan poderosamente a las de la ciudad alemana de Dresde bombardeada por los aliados en 1945. En uno de sus viajes relmpago, en mayo, el propio Putin pudo aseverarlo.

El escenario de fondo, por lo dems, es bien conocido. La guerra en curso, iniciada en el otoo de 1999, prosigue. Nadie en su sano juicio le atribuye mayor futuro a la propuesta poltica --Constitucin, autonoma, elecciones-- que Putin defiende en condiciones de nula credibilidad democrtica. La estrategia del Kremlin, merced al empeo de atribuir una condicin terrorista e islamista radical a toda la resistencia, ha cancelado, en otro terreno, cualquier horizonte de negociacin que merezca tal nombre. Para que nada falte, en suma, eso que hemos dado en llamar comunidad internacional est desaparecida en un pas que no ha sido objeto --nunca se subrayar lo suficiente-- de ningn programa de reconstruccin en los ltimos 10 aos.

CLARO QUE puestos a escarbar por detrs de los escombros, es lcito barruntar un elemento incipientemente novedoso. Las cautelas que, ante todo en relacin con lo ocurrido con los dos aviones que se vinieron abajo en el sur de Rusia, ha mostrado el Kremlin en lo relativo a la calificacin y autora de los hechos configuran una mediana sorpresa. Meses atrs a las autoridades de Mosc les hubiese faltado tiempo para atribuir a la guerrilla chechena lo acontecido.
Los miramientos de estas horas han merecido como poco dos explicaciones. La primera, convencional y manida, merece poco crdito y viene a sugerir que el Kremlin no quera enturbiar las presidenciales chechenas del domingo 29 agosto con los presuntos efectos de un salvaje atentado. La explicacin, que en cierto modo recuerda a nuestros debates sobre el 11 de marzo y sus secuelas, parece coja siquiera slo sea por una razn: a diferencia de lo que sucedi entre nosotros meses atrs, el resultado de las presidenciales chechenas --los candidatos independentistas o, simplemente, disidentes, proscritos; los soldados del contingente militar ruso de ocupacin en gentil disfrute de su derecho a votar; los observadores internacionales ausentes-- estaba cantado de antemano, de tal suerte que Mosc en modo alguno vea peligrar sus posiciones.

La segunda explicacin es ms sugerente y apunta que, si hasta hace bien poco el Gobierno ruso le ha sacado franco provecho a atentados que, como los chechenos, han dado alas a polticas indisimuladamente represivas y han contribuido a fortalecer una operacin de cierre de filas en torno a Putin, bien pudiera suceder que el panorama estuviese cambiando. As, en tanto una parte de la poblacin rusa habra empezado a concluir que la ausencia de una negociacin poltica en Chechenia conduce inequvocamente a un estancamiento del conflicto y, con l, a una prolongacin de los sufrimientos de muchos, a los ojos de otra parte cada vez sera ms evidente la ineficacia de las medidas policial-militares alentadas en Mosc.

BIEN QUE desde perspectivas diferentes, el programa maestro de Putin, y con l su negativa cerril a acatar alguna frmula de autodeterminacin, estara empezando a tambalearse en un recinto en el que muchos de los debates forjados al calor de la primera guerra, la librada en 1994-1996, estaran reapareciendo. Recurdese que entonces, y encuestas en mano, eran mayora los rusos partidarios de reconocer la independencia de Chechenia, antes de resultas del designio de generar un cordn sanitario de seguridad en torno a la repblica secesionista que merced a una aceptacin expresa del principio de autodeterminacin.

Si el diagnstico que acabamos de adelantar es correcto, se estara abriendo en Rusia una compuerta que permitira iluminar un horizonte distinto para Chechenia. Entre tanto, nuestra obligacin salta a la vista: rescatar a los ojos de nuestros conciudadanos el padecimiento sin lmites de tantas gentes, chechenos y rusos, que parecen a merced de los caprichos y de los intereses de gobernantes a los que poco ms preocupa que preservar su condicin de privilegio.

Carlos Taibo es Profesor de Ciencia Poltica de la Universidad Autnoma de Madrid




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