Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2006

Antologa de textos de Manuel Sacristn (1925-1985)
Imgenes marxistas II

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Una cosa es estudiar y explicar el pensamiento de Marx; otra hacer marxismo hoy. Muchas cosas que enseaban Althusser y Colletti hace cinco aos (tal vez todas) se estudian ms provechosamente como pensamiento (de tradicin) marxista de uno y otro de esos autores que como pensamiento de Marx. Por lo dems, esta confusin entre el tratamiento filolgico de un clsico y la continuacin productiva de su legado es frecuente en las tradiciones en cabeza de las cuales hay un clsico que lo es no slo en el sentido de paradigma de pensamiento terico -en particular, cientfico- sino tambin en el de inspirador moral, prctico o potico.

Manuel Sacristn (1978)

La afirmacin de que el marxismo no ha predicho nada desde 1917 no me convence: 1917 no fue predicho como predice una teora cientfica. La teora cientfica predice acontecimientos puntuales y repetibles. 1917 ocurri una sola vez. Por otra parte, si 1917 fue predicho, entonces tambin la revolucin china y la cubana, puesto que la imprecisin era la misma. El marxismo no es una ciencia, no es una teora cientfica. No predice nada en el mismo sentido.

Manuel Sacristn

El materialismo histrico es pues una concepcin metacientfica de la historia, basada esencialmente en la decisin metodolgica (metacientfica) que atribuye a la economa un papel fundamental en el conocimiento histrico y a lo econmico una funcin anloga en la vida histrica. Pero la doctrina se completa subrayando que el papel bsico de lo econmico es bsico tambin en el sentido de no integral: es tambin meramente bsico. Con esto el materialismo histrico se distingue del economicismo, reduccin de todos los fenmenos a economa.

Manuel Sacristn (1967)

En esta segunda entrega de Imgenes marxistas se contina la seleccin de textos de Manuel Sacristn sobre diversos autores de la tradicin marxista que no fueron objeto de un largo desarrollo por su parte pero sobre los que, en cambio, ofreci en notas, presentaciones, contraportadas o resmenes reflexiones o apuntes de mucho inters (En algunos casos, para ser ms exacto y como fuera su costumbre, deslumbrantes sera el adjetivo ms correcto).

Para algunas entradas, especialmente en el desarrollo de algunas obras de A. Gorz, me he servido en esta ocasin de las detalladas anotaciones de sus cuadernos de resmenes y de trabajo depositados en Reserva de la Universidad de Barcelona. Para no alargar la seleccin, en ocasiones, no he reproducido el texto completo del libro anotado, cosa que, efectivamente, Sacristn s que hizo (y sin errores, incluyendo notas, cursivas y subrayados cuando era el caso). El estudio, la lectura de estos cuadernos confirma una vez ms la afirmacin de discpulos suyos como Francisco Fernndez Buey o Antoni Domnech acerca del rigor, la elegancia, la exquisitez, la tenacidad, la honradez y la fuerza de Sacristn como trabajador intelectual. Todos estos cuadernos, sin excepcin, son modelo de lectura rigurosa y de trabajo bien hecho.

Como en el caso anterior, mis anotaciones estn indicadas por Notas SLA o estn escritas en letra de menor tamao.

*

10. Gustavo della Volpe

Galvano della Volpe naci en Imota (Bolonia), el 24-IX-1895. Sus principales obra son: La filosofia dellesperiencia di Davide Hume (1933-1935); Eckhart o della filosofia mistica (1930-1952); Logica como scienza positiva (1950-1956); Rousseau e Marx e altri saggi di critica materialista (1957-1962).

La Crtica del Gusto del profesor de Historia de la Filosofa de la Universidad de Messina, Galvano della Volpe es ante todo un intento de reorientacin radical de la esttica y la teora del arte marxistas. En vez de reaccionar a la crisis del zhdanovismo mediante una reformulacin ms prudente de las implicaciones tericas e historiogrficas de la doctrina del realismo socialista, como lo intenta el Lukcs de 1956 y aos posteriores, Della Volpe, libre de todo condicionamiento directo por el pensamiento de Hegel, prefiere replantear el problema desde la raz, con un punto de partida nada especulativo -ni menos hegeliano- en que se encuentran tres elementos principales: primero, el dato del gusto artstico contemporneo, tanto en culturas socialistas (Maiakovski) cuanto en culturas burguesas (Eliot), y tanto en su aplicacin a objetos artsticos del presente cuanto en la estimacin de creaciones del pasado. Esta actitud supone el reconocimiento -tambin frente a Lukcs- de que el gran arte burgus contemporneo no puede entenderse globalmente como un fenmeno de decadencia. Segundo: las aportaciones de la lingstica estructural, recogidas por Della Volpe con un radicalismo de filsofo que probablemente va ms all de la solidez de convicciones de muchos lingistas influidos por esa escuela. Tercero: la inspiracin filosfica del Marx de la Introduccin al Esbozo de la crtica de la economa poltica.

Mencin especial merece el discutido intento lingstico y estilstico de Della Volpe que, al precio de cierta dificultad de lectura, aspira a liberar a los trminos de su habitual y tranquilizador arropamiento sintctico en el discurso cotidiano.

1 . Contraportada de la traduccin castellana (1966) de Crtica del gusto.

Nota SLA:

De una de las carpetas de resmenes depositadas en Reserva de la UB, estas breves anotaciones acerca de: G. della Volpe y otros, La dialctica revolucionaria. Puebla, Instituto de Ciencias de la UAM, 1977.

1. Contiene un debate en Rinascita de 1962 y unas entrevistas en Rinascita en 1971. Prlogo Gabriel Vargas Lozano, que probablemente ha hecho la seleccin [SLA: Gabriel Vargas Lozano, que imparti la leccin inaugural en las jornadas de homenaje a Sacristn de noviembre de 2005 celebradas en la UB, entrevist a Sacristn posteriormente durante el curso 1982-1983 para la revista mexicana Dialctica].

2. Luporini: Por lo que a m respecta, no obstante la profunda diversidad de origen, siento en este momento que la direccin y orientacin de mis investigaciones es mucho ms compatible con la tendencia expresada por Geymonat que con la tendencia de la escuela de Della Volpe (p. 30). Claro, porque no buscaba la super-ciencia en Marx, como los dellavolpianos, sino que admita la idea normal de ciencia.

3. Colletti: Una lgica y una gnoseologa materialistas no pueden ser una metodologa y mucho menos una metodologa pura, pues es y debe ser, al mismo tiempo, teora del mtodo y a la vez de la realidad (p. 36).

Cmico resto hegeliano, parte de la idea de ciencia especial, de dialctica cientfica.

4. Della Volpe: (...) todo saber digno de ser tal es ciencia y, por tanto, no mero saber o contemplacin (...) (p. 72, nota).

Esta declaracin de cientificismo, autocita de Rousseau a Marx, pg. 157, es la raz de muchos vicios de la escuela. Si no hay ms saber que la ciencia, todo lo que dice Marx tiene que ser ciencia; como no es corriente, es superciencia, dialctica cientfica.

Igualmente, de un cuaderno tambin depositado en Reserva UB, fondo Sacristn, unas notas fechadas en marzo y abril de 1965, escritas probablemente durante el perodo de traduccin de Crtica del gusto:

1. Della Volpe, Crtica del gusto, pg- 100, que es donde dice claramente su tesis de la distincin lenguaje cientfico-lenguaje artstico por contextualidad heternoma (omnicontextualidad) y contextualidad orgnica.

Me temo mucho que, a pesar de lo sugestiva que es la tesis, d un resultado bastante parecido al de la tesis romntica que combate. Della Volpe quiere terminar con la idea -an presente en Lukcs, de que un lenguaje potico expresa la esencia intuitivamente, por la imagen. Della Volpe lleva plena razn en su crtica: esa tesis es a) irracionalista y mstica; b) autocontradictoria, porque decir esencia es establecer rasgos de la multiplicidad, y esto es racionalidad.

Pero su tesis positiva no tiene tanta fortuna como su crtica; en sustancia, consiste en decir que el lenguaje potico es inferior, porque su contextualidad orgnica depende del carcter no-tcnico de sus trminos, y carcter no-tcnico es lo mismo que carcter equvoco, ambiguo, o sea, racionalmente deficiente.

Pero su tesis se puede complementar, y anular tal vez: el lenguaje potico no es inferior. Lo que pasa es que el lenguaje cientfico -del conocimiento en general- no lo cubre todo, deja insatisfecho. Y el poeta penetra en el vaco, estableciendo conexiones nuevas, no garantizadas porque no quieren serlo, por principio. Y las nuevas conexiones le sirven sobre todo para intentar rellenar una laguna: la del conocimiento de lo singular en general, y, en particular, el de su individualidad (lrica) como representante de toda la humanidad -toda ella inevitablemente insatisfecha siempre de lo que sabe garantizadamente.

Procede el poeta equvocamente, no omni-contextualmente? Della Volpe se equivoca: la historia de la poesa da un especfico omnicontexto. La ambigedad lo es slo desde el punto de vista del lenguaje garantizado. Slo en ste no son tcnicos los trminos del poeta.

Por lo dems, omnicontexto perfecto no existe tampoco para el filsofo*.

(*) No olvidar que para Della Volpe se trata de polisentido, no de equvoco, como en el lenguaje vulgar.

2. Della Volpe, pp. 114-115. La teora tiene contradicciones internas esenciales. Ejemplo: lo unvoco (ciencia), el polisentido (poesa) trascienden la equivocidad de lo literal-material (lenguaje vulgar) de dos maneras. Primero, atribuyendo un slo trmino a cada gnero, y haciendo que cada gnero disponga de un trmino propio suyo. Muy natural, porque los trminos tcnicos se crean mediante neologismos cuando hace falta. El segundo, atribuyendo ms trminos a cada gnero.

Pero como no es normal el neologismo potico, esto tiene que redundar -visto desde el lenguaje cientfico- en equivocidad an mayor que la del lenguaje vulgar: pues los nuevos trminos - metafricos, por ejemplo- se tienen que tomar del lenguaje vulgar, aumentando as su equivocidad.

Della Volpe desprecia demasiado el lenguaje vulgar en cuanto a su capacidad cognoscitiva (14/III/1965).

3. En realidad, el hecho de que el fonema no sea smbolo y de que la onomatopeya sea convencional no anula la posibilidad de que en poesa la onomatopeya y los efectos sonoros sean a veces esenciales: pues el lenguaje positivo es muy meta convencional, y puede tomar como naturaleza la convencionalidad precisa del lenguaje comn (15/III/1965).

*

11. Disidentes

A. Es muy importante, particularmente en la confusa situacin ideolgica de nuestros das [1985] de desencanto" y cinismo, que las organizaciones marxistas radicales [LCR, MCC, PCC] se mantengan dentro del frente por la paz, sin protagonismo que ahuyente a buenos luchadores, pero sin disimular la dignidad de su pasado de luchas por la libertad de los oprimidos ni su capacidad de enlazar la lucha por la paz con la emancipacin social, fundamentndolas recprocamente la una por la otra. Esas organizaciones estn llamadas a mantener, a travs de una conceptuacin marxista, la perspectiva emancipatoria. Por esa importancia que tiene su presencia, el fundamentalismo en que caen a veces y sus reticencias son mucho ms fecundas y mucho menos peligrosas que las paralelas manifestaciones entre los disidentes fundamentalistas del Centro y del Este de Europa.

No es que carezcan de verdad y de importancia muchas de las reivindicaciones de esas personas del rea de influencia rusa. Es sobre todo verdad su afirmacin de que no se puede fundar una paz duradera, ms arraigada que la imprescindible, pero insegura, no-guerra, si no es consiguiendo la reunificacin de Alemania y la libertad poltica para los pueblos del Centro y el Este de Europa. (Como las voces que llegan no son alemanas, ni polacas, ni blticas, sino principalmente checas y eslovacas, no aaden ni algunos requisitos obvios de una paz slida en Europa, relativos a otras naciones.)

Pero con solo eso (y en ello se agota la doctrina de los disidentes fundamentalistas del Este y el Centro de Europa) no basta (puestos a ser fundamentales): pues esa solucin nos retrotrae simplemente al mapa de estados belicosos de la Europa de entreguerras.

La perspectiva de los movimientos marxistas clsicos, incluso cuando peca ella tambin de fundamentalista, es menos peligrosa porque no procede sobre la base de una provocacin premeditada del ejrcito sovitico, como lo hacen algunos disidentes del Centro y del Este de Europa, declaradamente partidarios de acciones militares contra la URSS; y es ms fecunda porque no se contenta con volver al status quo ante que tuvo consecuencias tan siniestras.

[SLA: La cursiva es ma]

B. En estos ltimos tiempos se han producido, o mejor se han dado a conocer, los fenmenos de resistencia de los llamados disidentes. Fenmeno contradictorio, plural y en algunos casos claramente reaccionario. Pero la existencia de personas como Havemann, London, Biermann, Kosic,... hace que los comunistas tengamos que solidarizarnos con ellos y que al mismo tiempo tengamos que meditar sobre los problemas que les afectan. Con los datos que poseemos actualmente, crees previsible una prxima evolucin de los pases llamados socialistas hacia un tipo de sociedad que se acerque ms a lo que entendemos por socialismo? Qu papel estn jugando los disidentes?

A la primera parte de la pregunta no puedo contestar: me falta la seguridad para hacerlo, incluso informacin suficiente. En cuanto a la segunda, creo que los disidentes son en su mayora reaccionarios, lo que no quita ni pone verdad a lo que dicen, como es natural, aunque si permite barruntar lo que sera su triunfo, por lo dems inverosmil.

En cuanto a la minora de disidentes comunistas, creo que en las JJCC [Juventudes comunistas, las juventudes del PSUC] deberais familiarizaros no slo con los nombres que citas, sino tambin con las ideas del ruso Roy Medvedev y del alemn Rudolf Bahro, autor, hoy en la crcel [1978], de un volumen (La alternativa. Crtica del socialismo real) que es quiz la publicacin ms importante de la resistencia comunista a los autoritarismos del este de Europa.

11. A. Los partidos marxistas y el movimiento por la paz (1985), Pacifismo, ecologa y poltica alterativa, op. cit, p. 182. 11.B.Entrevista con JCC sobre Checoeslovaquia (1978), Intervenciones polticas, op. cit, pp. 279-280.

Nota SLA:

Joan Pallis, el que fuera y esperemos que por justicia siga sindolo- magnfico director general de Metereologa de la Generalitat de Catalunya, tuvo la amabilidad de facilitarme la pregunta del apartado B, y, como magnfico regalo anexo, de todas las preguntas del cuestionario (perdido) que el mismo Pallis prepar para las JJ. CC y que el propio Sacristn no haba conservado. Vase su nota a pie de pgina: Manuel Sacristn. Intervenciones polticas, op. cit, p. 275: Esta entrevista se debi de publicar en el rgano de las JJCC, Jove Gurdia, pero no s en qu nmero. No tengo las preguntas.

*

12. Rudi Dutschke (1940-1979)

A. El 2 de julio de 1967, al final de una manifestacin antiimperialista, la polica berlinesa mata de un disparo a bocajarro a un estudiante que caminaba slo y sin armas de ninguna clase, Benno Ohnesorg; y el Jueves Santo de 1968 se produce el atentado contra Dutschke, uno de los portavoces ms visibles del movimiento socialista estudiantil. El lenguaje de Ulrike Meinhof cambia, como cambi el estado del nimo del movimiento: Se acab la broma (Konkret, 5/1968) y hay que utilizar medios distintos de los que han fracasado, puesto que no han podido impedir el atentado contra Rudi Dutschke.

B. Por lo que hace a los pases de capitalismo avanzado o relativamente avanzado, Gramsci realiz por los aos 20 y 30 un anlisis de la fase de gestacin del socialismo que est siendo esencialmente confirmado por los acontecimientos de los aos posteriores, y muy llamativamente por los de la dcada de 1960. Gramsci argumentaba que la misma toma del poder poltico en estados de esas caractersticas exige una previa penetracin de la sociedad civil, una conquista de los fundamentos no inmediatamente poltico-estatales de esos poderes. Desde los tiempos de Gramsci el estado del capitalismo monopolista ha penetrado la sociedad civil an ms profundamente, lo que complica la perspectiva estratgica abierta por Gramsci, pero la hace an ms esencial. La crisis de instituciones de esta sociedad -ante todo de la universitaria- es una buena prueba de ello. Por eso no es sorprendente que en el movimiento estudiantil europeo de los aos 60 se redescubriera la estrategia gramsciana aun sin conocer a Gramsci. Cuando Rudi Dutschke us la formulacin de la larga marcha a travs de las instituciones de la sociedad capitalista no pareca haber ledo a Gramsci. (Lo que interesa de esa frase no es su alusin histrica, sin duda desacertada, pues la Larga Marcha de los comunistas chinos fue una retirada estratgica, mientras que la conquista de la sociedad civil capitalista es una guerra de trincheras para destruir la hegemona de la clase dominante, su poder no inmediatamente poltico, y dar base a la ofensiva.). La lucha ya hoy, bajo el capitalismo, contra la divisin del trabajo instituida y, por lo tanto, contra la universidad como institucin de esa divisin del trabajo, es un sendero que desemboca en el camino principal del cambio histrico, de la lucha directa por el poder poltico...

12. A. Cuando empiece la vista [1974], Intervenciones polticas, op. cit, p. 165. 12.B. La Universidad y la divisin del trabajo [1970], Ibidem, pp. 147-148.

Nota SLA:

Dos breves referencias ms a Dutchske. En Para qu sirvi el realismo de Lukcs? (Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, op. cit, p. 177), a propsito de la traduccin castellana de Historia y consciencia de clase, comentaba Sacristn:

() Mas la comparacin [entre Lukcs y Korsch] puede confundir acerca de las motivaciones de la autocrtica de Lukcs. En ella no hay oportunismo ni insinceridad: la autocrtica seal su paso de la utopa inicial al realismo que le caracteriza en sus aos maduros. Desde entonces crey siempre Lukcs sinceramente que el idealismo de Historia y consciencia de clase era un error terico. Muchos aos despus del incidente con la Internacional, cuando se preparaba la edicin castellana de su obra (1968), tuvo ocasin de probarlo. Durante los trabajos preparatorios, el traductor castellano recibi la oferta de Rudi Dutschke de escribir una introduccin para la edicin espaola. El traductor, que apreciaba a Dutschke tambin como escritor, accedi gustoso e imprudente. Cuando poco despus se lo dijo a Lukcs, ste se inquiet pensando que Dutschke escribira una reivindicacin idealista y utpica de la obra: se neg a aceptar el proyecto y, en contrapartida y para asegurar su veto, escribi l mismo una introduccin muy crtica, que es el nico texto suyo que ha aparecido en castellano antes que en ninguna otra lengua. Ahora bien, en 1969 (techa de la publicacin), Lukcs no habra tenido nada que temer por haber escrito Historia y consciencia de clase ni por reafirmar el pensamiento de ese libro.

Igualmente, en un determinado momento de su conferencia Sobre Lukcas de 1985 (Manuel Sacristn, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 174-175), a propsito de la evolucin poltica de Adorno, sealaba Sacristn:

Cuando el 68, sus estudiantes, entre otros individuos de tanto talento como Dutchske, Hermann Clark -que se mat en un accidente de automvil en el 68 mismo, corriendo de Hamburgo a Berln a una manifestacin, se peg un trastazo y muri en las puertas de Berln-, algunos otros personajes, sobre todo uno que a mi me conmueve mucho, y supongo que cuando sea muy viejo, y ya me est muriendo, todava la recordar con dolor que es Ulrike Meinhof, a la que conoc en Mnster, cuando empezaba a ser roja, todava no lo era mucho, pues tambin fue alumna de l, de Adorno, cuando estos estudiantes de Adorno decidieron que haba llegado el momento de hacer algo, de hacer algo en la prctica, Adorno.

El texto contina narrando el desencuentro de Adorno con los estudiantes del movimiento de 1968.

*

13. Hans Magnus Enzensberger (n. 1929)

De una de las carpetas de resmenes depositadas en Reserva de la UB, estas anotaciones de Sacristn sobre: Hans Magnus Enzensberger, Para una crtica de la ecologa poltica. Barcelona, Anagrama en 1974.

*

1. Ensayo escrito con grandes bandazos que acaso estn determinados por la tradicin de mezclar la crtica ideolgica con la consideracin de la cosa misma, acaso por precipitacin en la composicin, y acaso por pudores de revolucionario verbal.

2. La ecologa humana es ante todo una disciplina hbrida que se ve obligada a utilizar categoras y mtodos propios de las ciencias sociales y de las ciencias de la naturaleza sin haber procedido a una dilucidacin de las dificultades tericas que ello comporta. Tiende a absorber en cierto modo a las nuevas disciplinas y a subsumirlas en funcin del objetivo de su investigacin, tendencia sta carente de toda base cientfica y que responde tan slo a la perentoriedad de ese objetivo (p. 8).

El prejuicio geisterswissenschaftlich de la epistemologa disfraza una tontera y una verdad: la falta de consciencia poltica de muchos eclogos humanos. Este paso es un buen ejemplo de escolstica en mi sentido: versin pseudocientfica de un hecho.

3. Explica la sinergia en ocho puntos: demografa, energa, agotamiento de minerales, agua, limitacin de la produccin de alimentos, contaminacin del mundo, contaminacin de la atmsfera, polucin trmica. Otros problemas: previsin cronolgica, importancia relativa de cada factor de la catstrofe, dimensin de la catstrofe, reversibilidad o irreversibilidad del proceso.

4. p. 18 [Desde Dado que las formulaciones de los mismos eclogos oscilan entre la enunciacin terica y la concepcin del mundo... hasta ...se explotan los casos espectaculares de intoxicacin, se absolutizan resultados parciales, etc]. Muchos vicios: cientificismo, obediencia a valores burgueses.

En mi opinin por el momento, el nico planteamiento eficaz es el global no morrioso.

5. Distingue varias clases de consciencia ecolgica: la de los tecncratas manipuladores al servicio de la clase dominante (pretenden enfrentarse slo tcnicamente al problema); la de los concerned and responsable citiziens que es la nueva pequea burguesa (p. 20) y la de los llamados eco-freaks, que se creen el centro y slo son lo marginal (p. 21) [Desde Estos grupos, que proceden generalmente de las escisiones producidas en los grupos de protesta norteamericanos... hasta ...Ideolgicamente se inclinan hacia el oscurantismo y el sectarismo].

6. La izquierda ha considerado ante todo su deber enfrentar el problema desde una perspectiva crtico-ideolgica. Su actuacin es fundamentalmente clarificadora, tratando de poner de manifiesto las innumerables mixtificaciones que comporta el pensamiento ecolgico y promoviendo su solucin. Los momentos ms importantes de este proceso de dilucidacin, que resta absolutamente imprescindible, sern presentados y tratados a continuacin (p. 22)

Sin que eso sea falso, la falta de sentido autocrtico lo estropea: la izquierda ha empezado por ignorar todo eso y seguir averiguando el sexo de los ngeles grupusculares durante aos, mientras los obreros y el pueblo de Erandio chocaban con la polica por la contaminacin de su atmsfera.

7. Se refiere a la situacin de los primeros obreros:

Esta situacin que podramos ilustrar con otros muchos documentos del siglo XIX habra ofrecido ya entonces la oportunidad de entregarse a reflexiones ecolgicas a un observador neutral; slo que no exista este observador. Nadie cay en la cuenta de que aquellos hechos eran susceptibles de provocar conclusiones pesimistas acerca del futuro de la industrializacin. El movimiento ecolgico slo ha surgido en el momento en que los barrios residenciales burgueses y las relaciones vitales de la burguesa han sufrido el gravamen ambiental propio del proceso de industrializacin (p. 25).

. En primer lugar, se dieron cuenta muchos, desde Carlyle y Engels hasta los luddistas.

. En segundo lugar, la llegada de la crisis ecolgica a los barrios burgueses es una buena prueba de agravacin, no dice nada sobre la cosa, sino slo sobre la ideologa... y precisamente para mostrar los efectos de bendicin que puede tener la ideologa.

8. Tras lo que antecede, resulta ya fcilmente comprensible que la clase obrera se sienta poco motivada ante el problema del medio ambiente y que slo se halla dispuesta a emprender alguna accin concreta cuando redunda de forma inmediata en un mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo (p. 26).

Mientras que eso sea as, tradeunionismo e incapacidad de hegemona.

9. [5. Los intereses del complejo eco-industrial] Es desgraciada la sustitucin de militar-industrial por eco-industrial.

10. p. 33 [Desde De este modo la problematizacin del desarrollo industrial se constituye en impulsora de una nueva industria en crecimiento... hasta ...puesto que la pequea industria no se halla en situacin de financiar e impulsar el desarrollo de los sistemas de proteccin del medio ambiente con medios propios].

En todo eso (incluido el trmino complejo eco-industrial). Enzensberger se limita a fusilar a Ridgeway. Toda la argumentacin se basa en que el crecimiento industrial no sea negativo.

11. Ahora bien, en modo alguno puede suponerse que cualquier iniciativa ciudadana en el mbito ecolgico se halla al servicio de los intereses del capital; prueba de ello es que frecuentemente se han producido enfrentamientos con la polica (p. 39)

Cretinez caracterstica del verbalismo revolucionario pequeo-burgus. Eso no es ninguna prueba. Ni, al revs, la falta de enfrentamiento con la polica es prueba de conformidad. La nica argumentacin plausible (nunca prueba) ha de basarse en compatibilidad con la imagen de una sociedad emancipada y justa.

12. Comenta el jams seremos demasiados, seamos los que seamos de Castro (p. 44) [Desde Estas frases constituyen un reflejo no slo de esa referencia al voluntarismo... hasta ...modificaron consecuentemente su primitiva poltica econmica cuyas premisas eran muy similares a las cubanas].

13. p. 45 [Desde (...) considerar el planeta como un sistema ecolgico cerrado y global... hasta ...Es la resurreccin de una de las tretas ms antiguas para al legitimacin del dominio de una clase y de la explotacin, ataviada esta vez con el uniforme de la ecologa].

Segn tan glorioso desenmascaramiento hay que creer que la radiacin emitida por un bombazo en USA o URSS o China no me hace pupa a m. Ni los aerosoles usados en USA, etc.

El capitulito est muy mal traducido: habr que mirar el original (Kursbuch 1973).

14.[8. El apocalipsis del medio ambiente como pieza de repuesto ideolgica]. Aqu critica la actitud de izquierda de reducir a ideologa el movimiento ecolgico. Y termina:

Las teoras decadentistas [MSL: i.e., que lo explican todo por la decadencia burguesa] son un mal sustitutivo de los anlisis materialistas [MSL: esto ya se puede decir de Marx a propsito de la economa vulgar].Cuando se rastrea en pos de sus races histricas suele ponerse de manifiesto -como en el caso de Lukcs- que se alimentan del mismo idealismo que pretendan criticar (p. 53).

15. Por primera vez, con una concepcin tal de capitalismo [MSL: una cita de Rossana Rossanda], entendido como modo de produccin y no como una simple relacin de propiedad, nos hallamos en situacin de afrontar el problema ecolgico con conceptos marxistas (p. 61).

Con eso introduce el problema ecolgico en los pases de transicin.

16. Captulo 11. Los critica [a Erlich y a Ehrensvrd] por falta de comprensin de la realidad, del carcter social del problema, lo cual implica apologa capitalista. Pero se olvida de admirarlos como Marx a Petty o a Ricardo o Smith. Seguramente porque l mismo est inficionado por un elemento de la ideologa de la decadencia burguesa, a saber, la suposicin de mala fe terica.

17. En una discusin poltica puede demostrarse o refutarse esencialmente esta hiptesis [MSL: de la crisis ecolgica]. Su aserto posee tal peso especfico que invita a un clculo al estilo de la apuesta pascaliana: en tanto la hiptesis no sea inequvocamente refutada, ser heursticamente necesario que cualquier reflexin en torno al futuro se base en sus predicciones. Slo as, actuando como si la hiptesis ecolgica fuera cierta, podr ser comprobada... (p. 82)

La actitud est muy bien. Creo que en mi material yo debera construir una poltica de transicin y moratoria, que pudiera desembocar en posibilidades alternativas.

18. Las reflexiones que seguir no pretenden ser ms que los primeros pasos de este camino: en otras palabras, son hiptesis basadas en una hiptesis (p. 82)

Y las hiptesis son:

a) Lo primero en la determinacin social del problema ecolgico es la cuestin del modo de produccin (p. 82)

. Hace una especie de modelo de previsin.

. Considera intiles los movimientos parciales y locales de autodefensa, porque desembocan segn l en el mismo absurdo de los programas de accin de los eclogos, moralistas y sermoneadores.

.Postular una diferencia entre necesidades autnticas y necesidades artificiales significa desconocer su situacin real. Su interimbricacin mutua es tal que constituyen un todo inseparable en perspectivas subjetivas u objetivas. El hambre de mercancas es un producto engendrado por la produccin de mercancas que difcilmente podr reprimirse (p. 87).

. Sin que sea falso, es ideologismo. No porque se pueda establecer un sentido no-histrico de autnticas sino porque la evolucin de la especie-sociedad no ha llevado todava a un desconocimiento de lo que es causa de catstrofe.

Luego hace un repaso de las posibilidades de supervivencia en los distintos sistemas: los que lo tienen peor son los pases capitalistas avanzados; los revisionistas lo tienen mejor, aunque desde la celebracin del II Congreso del Partido no puede ya decirse que est inmunizado contra el fetichismo de la mercanca (!!!! p. 91).

Y as llega a la conclusin de que la globalizacin es ideologa, aunque hay cosas globales, como el clima, pero lo decisivo es cada sociedad, como muestra la prudente China blablabla (p. 93).

19. Y la conclusin (p. 95) [Desde Si la hiptesis ecolgica se confirmara, las sociedades capitalistas habran imposibilitado, probablemente de forma definitiva, la realizacin del proyecto marxista... hasta ...El socialismo que antao prometiera la liberacin ha pasado a ser la nica va de la supervivencia. Pero si las ecuaciones de la ecologa se cumplen en la realidad, el reino de la libertad estar ms lejos que nunca].

Todo el oscilante blablabla megalomanaco acaba en el mismo pesimismo de Harich. Con infinitamente mayor cretinismo, porque, por ejemplo, si hubiera unas fuerzas destructivas paralelas a las productivas, o sea, si no fueran las fuerzas productivas mismas las que destruyen, los problemas seran mucho ms sencillos.

Cada vez est ms claro que lo que hay que construir es una lnea de revisin moratoria.

Nota SLA:

Igualmente, este paso lateral de su conferencia Sobre Lukcs (M. Sacristn, Seis conferencias, op. cit, pp. 164-165):

Siguiendo son esta ambivalencia, su mismo estilo es ambivalente y nos deja hoy en dudas cuando se lee en alemn. En traducciones eso se nota menos. Lukcs era hngaro pero su estilo alemn de joven, cuando l todava no era marxista, cuando estaba ms bien en la lnea de la sociologa de Simmel y estos autores, era un estilo muy brillante, un alemn muy bonito, muy clsico-barroco, un gran estilo literario. Cuando pasa al marxismo, empieza a escribir de una manera repetitiva, demasiado facilona, demasiado largo, explicando las cosas pgina tras pgina innecesariamente, lo que hizo que tuviera crticas, por ejemplo, de uno de esos pseudosocialistas de izquierda (que siempre los hay, aqu ahora ya conocemos el fenmeno: muchos de esos que se desencantan en seguida cuando pasa algo, que aqu los conocemos ahora por centenares, pero que entonces, en los aos sesenta, se conocan menos). Me estoy refiriendo a Enzensberger.

Enzensberger, que tuvo un momento en que crey que haba cortado de verdad el cordn umbilical con la burguesa que era su madre pero que en realidad fueron unos aos nada ms, cuando empez a escribir en forma antimarxista, una de las primeras cosas que hizo, porque era de lo de ms fcil, fue ponerse a insultar a Lukcs por su mal estilo, porque degradaba, porque estropeaba la lengua. Insult en serio, hasta extremos que no parecen de los aos sesenta sino ms bien de los aos ochenta, porque lleg a llamar a Lukcs viejo cabrn por escrito, claro que cabrn en alemn no es, ni mucho menos, tan fuerte como en castellano, es ms suave. Pero as y todo era un poco fuerte.

Qu pensar de esto? Lleva razn Enzensberger cuando piensa que esa degradacin del estilo de Lukcs es sntoma de cosas ms graves, de cosas peores? A medias, tambin en esto yo dara una respuesta ambivalente. Por una parte, creo que est mal degradar el estilo por razones populsticas, sobre todo el estilo de obras filosficas. Eso no tiene sentido. Pero, en cambio, creo que hay que tener comprensin por la finalidad que tena Lukcs al intentar escribir, por as decirlo, muy por los suelos: pretenda ser ms ledo

*

 14. Roger Garaudy (n. 1913)

La publicacin de este pequeo volumen en la serie de filsofos de PUF es como un anticipo de la inmediata conmemoracin de Lenin. La coleccin en la que aparece est destinada al uso didctico en el bachillerato y en la iniciacin universitaria; sera, entonces, injusto esperar del libro detalle monogrfico o interpretacin arriesgada que no tendra mucho espacio para ser argumentada (Si restamos la breve antologa de textos de Lenin, que ocupa el final del volumen, el autor dispone de nada ms 66 pginas para su ensayo).

A pesar de la brevedad, el texto merece atencin por proceder de un escritor marxista tan sincero y tan ledo como Garaudy. La gravedad de los problemas con los que se enfrenta hoy el movimiento comunista revela ya con tanta claridad la inutilidad de la literatura marxista inautntica, de tantos tratados y manuales con todos los problemas del mundo resueltos, que la lectura de los escritores marxistas que verdaderamente piensan -guste o no guste lo que piensen- es hoy recomendable incluso como ejercicio poltico. Garaudy puede haber sucumbido en otros momentos, como Althusser lo confiesa de s mismo, a la lnea imperativa segn la cual la filosofa marxista no puede elegir sino entre el comentario y el silencio, una conviccin iluminada o bien obligada y al mutismo del malestar. Pero hay mudos y mudos, y Garaudy, como su contrincante Althusser, perteneca ya entonces a la clase de mudos que podan hablar porque saben pensar. Por esto vale la pena atender su reciente ensayo sobre Lenin.

El escrito tiene dos buenos rasgos que conviene destacar. El primero puede decirse brevemente: Garaudy no muestra en esta ensayo el excesivo respeto acadmico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y as caracteriza el pensamiento de Lenin al margen de cualquier definicin universitaria de la filosofa: El problema principal de su (de Lenin) filosofa es el del militante: elaborar una metodologa de la iniciativa histrica.

El segundo se presenta en su manera de construir los aspectos del pensamiento de Lenin, que Garaudy ofrece al estudio del lector. La eleccin es muy adecuada para las necesidades presentes. Garaudy acenta sobre todo la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enrgicas tomas de posicin antidogmticas y antisectarias de diversos textos de Lenin. No hay duda que una y otra cosa son elementos esenciales del pensamiento leninista, pero la redaccin de esta nota no obedece solamente al deseo de dar noticia del ensayo de Garaudy y de registrar elogiosamente estas caractersticas de su composicin, sino de aadir una observacin ms.

En las 66 pginas del ensayo queda muy claro que Garaudy lo ha escrito con el fin de librar la clsica batalla en dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de Lenin (igual que en el de Marx, por otra parte) le es til contra el derechismo de tipo tradicional. Mostrar que Lenin quiere pensar siempre de manera antidogmtica y antisectaria le sirve contra el infantilismo o izquierdismo. Y ambas cosas le sirven, adems, y muy eficazmente, contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneracin socialista, la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razn de Estado y un sectarismo hipcritamente dogmtico que disfraza de teora, desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicacin del poder o de la lucha por ste en tal o cual intriga momentnea.

Los textos de Lenin que recoge Garaudy son muy eficaces para ilustrar todos aquellos puntos. La seleccin es un xito. En particular, el izquierdista reflexivo podr aprender mucho de la slida demostracin por parte de Garaudy de que Lenin ha tomado prestado los rasgos ms autoritarios del Qu hacer? (uno de los textos ms cultivados por el extremismo) directamente del patriarca de la socialdemocracia, de Kautsky...

Aqu se plantea, sin embargo, justamente la cuestin. No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y el nuevo izquierdismo, al igual a que a la degeneracin del poder socialista, sea continuar utilizando los clsicos del movimiento socialista convirtindolos en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razn en su triple polmica, pero parece dudoso que esta razn vaya a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo filolgico de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de pgina de algunos elementos de El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de pgina del Qu hacer?, etc) y a la degeneracin burocrtica revestida con todas las citas, sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia).

Es necesario de una vez dejar vivir a los clsicos. Y no se ha de ensear a citarlos, sino a leerlos.

14. Sobre el Lenin de Garaudy (1969), Nous Horitzons, n 17, pp. 53-54.

*

 15. Andr Gorz, Gerard Host (n. 1923)

A. Andr Gorz -quiz ms con la firma periodstica de Michel Bosquet en Le Nouvel Observateur- ha contrado muchos mritos con la poltica ecologista, a lo largo de los aos; pero su evolucin ltima me deja perplejo y preocupado, sobre todo por su abierto llamamiento al derrocamiento violento del rgimen sovitico, cosa que en la actual situacin el mundo slo podra hacerse mediante una guerra mundial dirigida por el gobierno estadounidense y alimentada por el gran capital yanqui. Gorz ha llegado a admitir esto, y ha reprochado a los liberales alemanes del Spiegel poner la evitacin de la hecatombe nuclear por encima de la liberalizacin del rgimen sovitico. Segn Gorz, ese instinto de conservacin se debe a que los alemanes no aman la libertad. Su posicin me parece insultantemente injusta para la izquierda y los liberales alemanes y, adems, absurda y suicida. Lo que es peor: suicida para millones de europeos a los que Gorz no ha preguntado que opinan. Por otra parte, sus ltimas formulaciones polticas me parecen desembocar en una aceptacin del dominio mundial de las grandes corporaciones transnacionales. En efecto, si se limita, como l pide, el poder del Estado, pero no se reconoce a las comunidades bsicas ms esfera de competencia econmica que la de la produccin de lo superfluo, como dice Gorz, y eso sin revolucin alguna, sino por decisin del actual poder, segn se lee en su utopa de Ecologa y libertad, reproducida en Adis al proletariado, entonces no se ve cmo se puede evitar que el gran capital transnacional domine absolutamente la produccin de lo necesario. Y creo que ese triste final del pensamiento supuestamente libertario de Gorz se debe en gran parte a su aceptacin del ambiguo privatismo de Ivan Illich.

B. Pero tal vez no convenga hacerse ilusiones sobre la superacin definitiva de polmicas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideolgicos y polticos. Tal vez ni tan siquiera se ha apagado definitivamente la disputa sobre la relacin entre el Marx joven y el Marx maduro que ha presidido la literatura marxolgica de los ltimos decenios y en el marco de la que se ha insertado las tomas de posicin de Althusser y de Rubel. La verdad es que toda persona hecha a criterios acadmicos de discusin tiene motivos para considerar resuelta esta vexatam quaestionem. Pero no se puede decir lo mismo de los que leen a Marx con el deseo de encontar argumentos o, como mnimo, palabras que apoyen tesis polticas propias. As, por ejemplo, con el ttulo bestselleriano de Adis al proletariado, Andr Gorz ha publicado ltimamente unos escritos que, en lo que tienen de exgesis de Marx, hacen servir lneas de pensamiento del autor procedentes de pocas diferentes de su desarrollo y aparentemente discordantes, sin trabajar el problema histrico y textual que esta situacin plantea. Podra parecer que esto no es posible en Francia despus del Pour Marx [La revolucin terica de Marx] y del Lire le Capital [Para leer El Capital] de Althusser pero lo es.

C. Este anlisis [SLA: desde la manufactura, y desde la gran industria especialmente, el conocimiento cientfico se requiere slo para el conjunto de la unidad de produccin, mientras que las tareas del trabajador individual pueden ser perfectamente mecnicas y ciegas] muestra hasta qu punto falsea Andr Gorz (engaado por sus propios escritos de otra poca), la idea que Marx se haca del proletariado industrial. (Cfr. Andr Gorz, Adis al proletariado, 2 ed. Barcelona, 1982). Gorz parece creer que Marx basaba su perspectiva de desalienacin del trabajo en el ascenso de los obreros profesionales, de su poder en la fbrica, y afirma que hoy el taylorismo, la organizacin cientfica del trabajo y la robotizacin, al terminar definitivamente aquel tipo de obrero, han cerrado la perspectiva de Marx. Como interpretacin de Marx eso es un disparate: precisamente Marx basaba su perspectiva revolucionaria en un proletariado vaciado, totalmente desposedo, sin nada que perder, como dice el Manifiesto Comunista, y contaba con la robotizacin para que se emancipase. El Gorz de 1980 confunde a Marx con el Gorz de 1960.

D. En esa situacin, antiguos marxistas evolucionan hacia posiciones de cierto intimismo en la vida personal y en la concepcin de las instituciones sociales, un poco bajo la influencia de Illich, que es un antimarxista, no un marxista, pero en fin, muy influyente en ambientes marxistas, y de Gorz, que en otro tiempo fue, o intent ser, supermarxista y ahora no lo es nada. Con posiciones que en ltima instancia son de aceptacin de la situacin que hay, cuando no incluso belicistas, como en el caso de Gorz, a medias. Pacifistas para el orden constituido y, en cambio, belicistas contra la Unin Sovitica.

El ltimo Gorz, ya muy lejos de cuando escriba Historia y enajenacin y estas cosas de los aos 50 y 60, lo que propone prcticamente es una aceptacin de que el sistema capitalista slo se puede perfeccionar en el sentido de dar mayor autonoma al individuo para la produccin de lo superfluo, reducir el tiempo de trabajo para la produccin de lo necesario y evitar la intervencin del Estado. Con lo cual, si el individuo slo produce lo superfluo, si el Estado no tiene que producir nada, dganme quin produce lo necesario. Pues claramente las trasnacionales. Es una clara aceptacin de la situacin actual, mientras al mismo tiempo est llamando ya, casi abiertamente, a una cruzada contra la Unin Sovitica, que es el ltimo resultado de este intimismo de Illich que, curiosamente, mucha gente de izquierda cree que es un revolucionario.

15. A. Entrevista con Naturaleza (1983), Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, op. cit, pp. 136-137. 15. B. Prlogo a la edicin catalana de Karl Marx, El Capital I (1983), Edicions 62-Diputaci de Barcelona, Barcelona, p. 6. 15. C. Karl Marx como socilogo de la ciencia (1983), mientras tanto n 16-17, pp. 38-39. 15. D. Seis conferencias, op. cit., pp. 133-134

Notas SLA:

Observaciones de Sacristn, de una de las carpetas de resmenes depositadas en Reserva de la UB, en torno a Adis al proletariado, segn la edicin castellana de 1982.

1. Ms que sobre el salario social, la separacin entre derecha e izquierda se producir en el futuro en torno al derecho a la autoproduccin. El derecho a la autoproduccin es fundamentalmente el derecho de cada comunidad de base de producir ella misma una parte al menos de los bienes y servicios que consume, sin para ello tener que vender su trabajo a los detentadores de los medios de produccin ni tener que comprar bienes o servicios a terceros (p. 12). A pesar de la plausibilidad de esa poltica, est muy mal pensada:

1, porque la comunidad de base me puede permitir ms que la sociedad,

2, porque la ambigedad del una parte al menos falsea lo que sigue:

2. El derecho a la autoproduccin supone el derecho de acceso a las herramientas y su convivencialidad. Es incompatible con monopolios industriales, comerciales o profesionales, privados o estatales (p. 12)

Cuando se concreta la produccin de las comunidades de base como produccin de lo superfluo, esto queda reducido a una apologa indirecta de las transnacionales.

3. Creer que la autogestin puede hacer el trabajo complejo, personal y realizante para todos es una peligrosa ilusin (p. 16)

Se despert del 68. Pero mal despertar el suyo.

4. El ascenso de los obreros profesionales, de su poder en la fbrica, su proyecto anarcosindicalista, no habrn sido ms que un parntesis que el taylorismo, despus la organizacin cientfica del trabajo (O.C.T) y finalmente la informtica y el robotismo habrn cerrado (p. 35)

La interpretacin de Marx es falssima: Marx no pensaba en el obrero cualificado aristcrata, sino en un proletariado que no tena nada que perder y era la destruccin de la humanidad. Y Marx y marxistas esperaban la liberacin por la robotizacin.

5. p. 58 [Desde La teora marxista, efectivamente, no ha precisado nunca quin, justamente, efecta la apropiacin colectiva, en qu consiste, quin ejerce, y dnde, el poder emancipador conquistado por la clase obrera... hasta (...) Nota. El paso decisivo en este sentido ha sido franqueado en Francia por el marxismo de inspiracin estructuralista. Bastaba asentar que el proletariado no es sujeto y no tiene vocacin de devenirlo, que el hombre proletario, no siendo un concepto, carece de estatuto filosfico, que el poder de la clase obrera no tiene pues nada que ver con la experiencia sensible (lo vivido) de los trabajadores ni el comunismo con la felicidad de las gentes, para expulsar del campo de la filosofa toda posible crtica del estalinismo, es decir, de la dictadura estatal del trabajador colectivo sobre los trabajadores vivientes, de la polica del estado apelando a sus derechos sobre los proletarios desde el proletariado].

Muy buena crtica del marxismo. Muy injusta, pero paradjicamente merecida, de los althusserianos, por no haber entendido stos a tiempo que estaban hablando (mal) de modestas cuestiones metodolgicas trilladas (bien) por la filosofa de la ciencia occidental desde antes de Popper.

6. Nadie produce lo que consume, ni consume lo que produce (p. 45)

Lamenta romnticamente. Prohibido tomar t en el norte.

7. El fascismo aboli el poder funcional a todos los niveles para sustituirle en todas partes por el poder personal de los ms fuertes y de los ms capaces. Aboli el sistema (p. 66)

Casi apologtica ilusin ideolgica sobre el fascismo, que usa sistema de tal modo que no es ni la produccin, ni la alienacin, ni nada.

8. Para el fascismo, la abolicin de los partidos forma parte de la abolicin del Estado en tanto que aparato de poder impersonal, exento de voluntad (p. 68)

Aparte de ser grotescamente falso en esta afirmacin, el desarrollo de Gorz est por detrs del anlisis marxiano del fetichismo y la cosificacin de las relaciones de poder econmico u otro.

9. p. 70 [Desde No niego que [el reformismo] ha efectuado reformas; pero no ha cambiado la naturaleza del poder ni el modo de gobierno.. hasta ... La nica posibilidad de abolir las relaciones de dominacin es el reconocer que el poder funcional es inevitable y el hacerle un espacio circunscrito, previamente determinado, de manera que se disocie poder y dominacin, y se proteja las autonomas respectivas de la sociedad civil, de la sociedad poltica y del estado].

Al pie de la letra, es el programa liberal del XIX. Para que no produzca concentracin, habr que impedirla poltica(policial)mente. Pero sern curas como Illich, por lo visto, los que lo harn, y al servicio de las transnacionales, no de los estados nacionales.

10. Todo el anlisis de Mas all del socialismo se basa en la idea de que ha desaparecido el supuesto proletariado filosfico marxista de 1844, el cual ni existi nunca, ni fue pensado por Marx desde 1848 al menos como sujeto. En pginas 75-76, Gorz da su versin de la relacin entre los dos Marx. Y este contra-Althusser hace que Marx no creciera de la metafsica al pensamiento positivo.

11. p. 76 [Desde (...) La divisin capitalista del trabajo ha destruido el doble fundamento del socialismo cientfico: el trabajo obrero ya no comporta poder. Una clase para la que su actividad social no es una fuente de poder no tiene la posibilidad del llegar al poder, ni de poner a prueba esta vocacin hasta ...El trabajo mismo es una cierta cantidad de actividad reificada que va al encuentro del trabajador sometindolo]. El primer punto es un non sequitur. Puede haber invasin vertical de los brbaros. El segundo fue siempre as. Es Gorz el que confunde al proletariado de Marx con el de Weitling.

12. Para el trabajador ya no es cuestin (...) de liberarse en el seno del trabajo ni de hacerse dueo del trabajo ni de conquistar el poder en el marco de ese trabajo. A partir de ahora ya no es cuestin ms que de liberarse del trabajo, rechazando a la vez la naturaleza, el contenido y las modalidades (p. 76)

La falsa utopa quiere decir: dejar el dominio del trabajo en las manos del amo. El texto sigue (p. 76) [Desde Pero rechazar el trabajo es tambin rechazar la estrategia tradicional... hasta ...en la que las clases seran abolidas al mismo tiempo que el trabajo y que todas las formas de dominacin]. El comienzo es verdad: su proletariado no existi nunca. El final no llega a mito: es un bla-bla demaggico indigno.

13. p. 77 [Desde Esta no-clase engloba, de hecho, al conjunto de individuos que se ven expulsados de la produccin por el proceso... hasta y que con una notable clarividencia se oponan a la clase de los obreros estables, sindicados y protegidos por un contrato y un convenio colectivo]. Deduce el final del socialismo de lo que era para Marx su condicin: la reduccin del trabajo socialmente necesario. Su descripcin de la no-clase es la del proletariado consumado de Marx, no su invento.

14. La evolucin tecnolgica no marcha en el sentido de una apropiacin posible de la produccin social por parte de los productores (p. 79)

En qu quedamos: hay productores o no los hay? Esta ltima afirmacin es lo nico correcto de su especulacin.

15. p. 81 [Desde La lgica del capital nos ha conducido al umbral de la liberacin [MSL: Esto es Marx, supongo que incluso conscientemente... hasta (...) Slo la no-clase de los no-productores es capaz de ese acto fundador: ya que slo esa clase encarna a la vez el ms all del productivismo, el rechazo de la tica de la acumulacin y la disolucin de todas las clases].

El final da vergenza, con su lenguaje de la estafa.

16. La no clase engendrada por la descomposicin de esta sociedad slo puede tener concepcin de la no-sociedad que ella misma prefigura. Y llamo no-sociedad, por supuesto, no a la ausencia de todo tipo de relaciones y de organizacin social, sino a la extraccin de la esfera social de una esfera de soberana individual sustrada a la racionalidad econmica y a las necesidades exteriores (p. 82).

O sea, a su sociedad dual. Y, por lo visto, el individuo no come.

17. A fin de cuentas, desde el punto de vista del individuo, el plan no tiene superioridad alguna sobre el mercado (p. 85)

Va hacindose claro. Olvida toda la experiencia de las crisis, etc.

18. Todas las actividades relativas a la reproduccin de la vida carecen de racionalidad econmica, al igual que la mayor parte de la actividades estticas y educativas (p. 88)

Definicin convencional y bastante poco prctica

19. Contrariamente a lo que pensaba Marx, es imposible que el individuo coincida totalmente con su ser y que el ser social integre todas las dimensiones de la existencia individual (p. 94).

Dale con el Marx joven.

20. p. 98 [Desde Ahora bien, la moralizacin no exige necesariamente... hasta ...y su ncleo incomprensible de actividades heternomas sirvan de soporte]. Parece mentira que, al cabo de tanto realismo, se ponga a hablar de realizacin integral de los individuos.

21. En resumen, no hay otra solucin que la dualista, con la organizacin de un espacio social discontinuo [MSL: que comporta] dos esferas distintas y una vida acompasada por el trnsito de la una a la otra (p. 99)

Y esto lo da con cita de K III, cap. XLVII/III, despus de tanta argumentacin contra Marx (contra la metafsica del Marx joven); tomada como ciencia o poltica, y sin cuestionarse nada: Cmo es posible que Marx diga lo mismo -en K III- si deca todo lo contrario, en 1844? El trnsito de la metafsica a la poltica no es nada para estos.

22.La autogestin de un combinado, de una gran fbrica o de un centro administrativo no puede ser efectiva: tropezar siempre con la rigidez de las exigencias tcnicas y de las numerosas mediaciones presentes entre los de abajo y los resultados obtenidos por la oficina de estudios y de mtodos (p. 102)

Tambin hay rigidez en la produccin libre de un mueble, si es que sta ha de ser ms que atontar al esclavito del combinado en su tiempo libre. Gorz ha abandonado totalmente toda de superacin de la divisin fija espontnea del trabajo.

23. No habla jams de agricultura quiz porque ah queda claro lo de la caseta i lhortet.

24. La liberacin no puede consistir en eliminar el trabajo socialmente determinado ni en abolir la obligacin exterior para hacer interiorizar por cada individuo, como un deber tico, el cumplimiento de todo lo que es objetivamente necesario. La liberacin consiste, al contrario, en reconocer que la esfera de la necesidad impone tareas heternomas cuyos imperativos tcnicos no tienen nada que ver con la moral y en circunscribir estas tareas mediante reglas precisas, en un espacio social especfico. La separacin de la esfera de la necesidad y de la esfera de la autonoma es una condicin para la mxima expansin de sta (pp. 105-106).

La tesis es una mezcla de la sensata constatacin de Marx en KIII con ecologismo, Schumacher y demagogia metafsica clerical de Illich. Esta ltima hace que el conjunto se vuelva poltica peligrosa: la concepcin groseramente global de la necesidad tcnica elimina la discusin sobre que tcnicas admitir y cules rechazar, pese a su necesidad objetiva supuesta interesadamente (a saber, para preservar el poder los proletarios de esos grandes y decisivos medios de produccin). El camino hasta eso est facilitado por el privatismo de Illich.

25. Cuando dice estado, slo quiere decir aparato central del estado (p. 109).

26. p.116-117 [Desde Slo el movimiento mismo puede, a travs de su prctica... hasta de manera que la esfera de la heteronoma resultante de su funcionamiento ocupe el menor espacio posible ]. En suma: no hagis ninguna revolucin que no podis.

27. Abandonado por los partidos, el lugar de la poltica tiende entonces a transferirles a todas partes. En todo el Occidente capitalista se reproduce la evolucin que, en Estados Unidos, ha desplazado los debates de fondo sobre la produccin y la transformacin de la sociedad civil hacia las asociaciones, iglesias, universidades, clubes y movimientos marcndose como objetivo no el ejercer sobre la sociedad el poder del estado, sino de sustraer aqulla de ste, con el fin de ampliar el espacio de la autonoma y de la autodeterminacin, que es tambin el espacio de las relaciones ticas (p. 118)

Es muy instructivo: a) valoracin de los USA como vanguardia hacia la sociedad dualista de Gorz. b) Confusin de la poltica con la discusin ideolgica, ignorando la poltica militar e internacional. c) Ocultacin de la funcin paragubernamental de muchas iglesias. d) Eliminacin de la relacin poltica-estado-clase. e) Deja el poder estatal en manos de quienes lo tienen.

28. p. 130 [Desde el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco del capitalismo... hasta ...y slo permite, una expansin de la esfera de la autonoma]. Cuando escribe corto, dice menos chorradas.

Igualmente, de carpetas de resmenes de Reserva UB, estas anotaciones de Sacristn sobre las siguientes obras de Gorz.

I. Michel Bosquet (Andr Gorz), Ecologa y libertad. Tcnica, tcnicos y lucha de clases, Gustavo Gili, Barcelona, en 1979.

1. Interesantes los conceptos de capitalismo y socialismo de crecimiento (p. 11)

2. El marxismo pese a que sigue siendo insustituible como instrumento de anlisis, ha perdido su valor proftico (p.11).

Ms bien ha quedado en entredicho un aspecto de su profeca: el optimismo objetivista.

3. El desarrollo de las fuerzas productivas, gracias al cual la clase obrera debera haber podido romper sus cadenas e instaurar la libertad universal, ha desposedo a los trabajadores de sus ltimas parcelas de soberana, ha radicalizado la divisin entre el trabajo manual y el intelectual, y ha destruido las bases materiales de un poder en manos de los productores (p. 11).

Eso es a) fingir que el esclavo de Eutifrn era ms libre que un obrero industrial, y b) olvidar el idiotismo, y, en general, idealizar la opresin pasada (la mierda pasada, dira Marx).

4. pp. 19-20 [Desde Del mismo modo que la economa se encuentra ms all de la esfera de la reciprocidad y la cooperacin voluntaria, as tambin la ecologa se encuentra ms all de la esfera de la actividad y el clculo econmicos, pero sin englobarla: no es cierto que la ecologa sea una racionalidad superior que subsuma la de la economa... hasta ...Esta inversin aparece cuando la actividad econmica triunfa sobre el equilibrio de los ciclos elementales y/o destruye unos recursos que es incapaz de regenerar o de reconstruir].

La tesis es falsa, como lo muestra su autocontradiccin subrayada. La polucin por oxgeno, economa de las algas, es nuestro ecosistema. En general, cmo no va a ser la misma la dinmica de la supervivencia y la de sus condiciones? Es la misma dialctica. Pero desde un limitado punto de vista antropocntrico, la tesis parece verdadera.

5. (...) eleccin de la autorregulacin descentralizada antes que de la heterorregulacin central (p. 23).

Mecanicismo. Lo dialctico es el federalismo. El texto sigue con un ejemplo revelador:

pp. 23-24 [Desde En este sentido, la poltica sanitaria proporciona un ejemplo particularmente sorprendente... hasta ...Porque lo que los ecologistas reprochan a los ingenieros de sistemas no es que violen la naturaleza (pues sta no es en absoluto sagrada), sino que el hacerlo permitan la intervencin de nuevos instrumentos de poder].

Darwinismo social. No dice que el domino de la naturaleza es el dominio de los hombres ms fuertemente dotados (de garras o de dinero) por principio, mientras que la organizacin social no es en principio (necesariamente) eso. El buen salvaje cede ya su lugar, como en todo darwinismo social, a la bestia (rubia o no).

6. Muy buena lista de objetos de despilfarro (pp. 33-34) [Desde As, por ejemplo, hemos asistido a la sustitucin de la hojalata por el aluminio, que requiere quince veces ms energa... hasta (...) cuya refrigeracin en verano consume tanta energa como la calefaccin en invierno, etc.].

7. La crisis del petrleo no ha causado la depresin econmica, sino que la ha desencadenado y ha puesto de manifiesto una depresin que permaneca latente desde hace varios aos. Y, sobre todo, ha puesto el dedo en la llaga del hecho evidente de que el desarrollo capitalista haba provocado una multiplicidad de rarezas absolutas: en efecto, al intentar superar los obstculos econmicos mediante el crecimiento, el desarrollo capitalista engendr obstculos fsicos (pp. 34-35).

Excelente idea que muestra el entrelazamiento entre economa y ecologa.

8. p. 35 [Desde La crisis de reproduccin. En el rgimen capitalista, la rareza... hasta ...con los bosques, los peces y un nmero creciente de materias primas].

Es una buena muestra de la interconexin de economa y ecologa.

9. Dos consecuencias sobre la crisis (p. 36) [Desde 1. La necesidad de tal reciclaje tiene una significacin econmica concreta... hasta ...los nuevos yacimientos de materias primas nicamente pueden ser descubiertos y explotados al precio de inversiones mucho ms elevadas que en el pasado].

Todo un entrelazamiento entre ecologa y economa.

10. En resumen, nos enfrentamos con una crisis clsica de sobreacumulacin complicada con una crisis de reproduccin debida, en ltima instancia, a la escasez de los recursos naturales (p. 39).

Tesis razonable. No as la consecuencia poltica.

11. p. 39 [Desde La solucin a la crisis ya no puede encontrarse en el crecimiento econmico... hasta ...de energa y de trabajo, causando los menos perjuicios posibles].

El punto de vista cuantitativo es insuficiente.

12. Esto es posible realizarlo sin empobrecimiento... (p. 39)

La afirmacin es posible porque usa el concepto de pobreza de Marshall Sahlins.

13. pp. 42-43 [Desde Observacin previa. La escasez de recursos materiales no incide del mismo modo cuando estos recursos... hasta (...) Al igual que no hay pobres cuando no hay ricos, as tampoco puede haber ricos cuando no hay pobres: cuando todo el mundo es rico, nadie lo es, y lo mismo sucede cuando todo el mundo es pobre. A diferencia de la miseria, que es insuficiencia de los recursos necesarios para vivir, la pobreza es esencialmente relativa (pp. 42-43).

La tesis de Marshall Sahlins es psima por tres razones:

1. Es una pura tautologa, cuestin de definicin, como torpemente reconoce Gorz.

2. Ignora la cuestin que realmente importa en la relacin hombre-naturaleza, que es, con su lxico, la miseria y no la pobreza.

3. Es metafsicamente a-histrica, olvidando la comparabilidad en el tiempo (Nietzsche), aunque no hubiera diferencias econmico-sociales. A los defectos de la tesis de Sahlins se suma en Gorz la inconsecuencia, puesto que en su programa no excluye enriquecimiento econmico muy diferencial: en su utopa habr pobres en el sentido de Sahlins, puesto que el tiempo libre es aprovechable para acumular (nunca dice que la propiedad sea colectiva).

14. p. 46 [Desde (...) en los pases industrializados jams se lograr eliminar la pobreza mediante un crecimiento de la produccin... hasta ...3. tales bienes deben ser concebidos de manera que su difusin general no destruya su valor de uso como consecuencia de los inconvenientes que plantea].

A la vez conservador y utpico, pues el paisaje no cumple la tercera condicin (Montnegre). O slo la cumple mediante medidas autoritarias.

15. La ruptura entre produccin y consumo, entre vida laboral y ocio, resulta de la destruccin de las capacidades autnomas en beneficio de la divisin capitalista del trabajo (p. 53).

El tradicional disparate de echarle la culpa de todo al capitalismo tiene que borrar la filosofa del ocio en Grecia, el sbado judo, el domingo cristiano, etc. Lo que tiene de ms perverso es la glorificacin implcita de la situacin del esclavo antiguo y el siervo medieval, gentes realmente sin ruptura entre el trabajo y nada. Pero para estos anticapitalistas la muerte del esclavo de la mina antigua no es trabajo, ya que no es asalariado.

16. Empiezan las tesis: 1. La crisis actual del capitalismo tiene sus causas en un superdesarrollo de las capacidades de produccin y en la destructividad, generadora de penurias irremediables, de las tcnicas empleadas. Esta crisis slo puede ser superada por un modo de produccin nuevo que, rompiendo con la racionalidad econmica, se cimiente sobre el ahorro de los recursos renovables y el consumo decreciente de energa y materias primas (p. 63)

Cmo se explica el absurdo de que la racionalidad econmica sea contraria al ahorro de los recursos renovables? Porque identifica racionalidad econmica con racionalidad econmica capitalista.

Por lo dems, la tesis sobre la crisis est muy bien. Lo malo es la confusionaria demagogia romntica.

17. 2. La superacin de la racionalidad econmica y la disminucin de los consumos materiales pueden realizarse tanto a travs de la heterorregulacin tecnofascista como a travs de la autorregulacin convivencial. El tecnofascismo nicamente podr evitarse mediante una expansin de la sociedad civil, lo que a su vez supone la puesta a punto de tcnicas y tiles que permitan una soberana creciente de las comunidades de base (pp. 63-64)

Como Illich, est buscando el autismo idiota de los naturalmente (no estatalmente, va de retro) dbiles.

18. 3. El vnculo entre ms y mejor se ha roto. Lo mejor puede obtenerse con menos. Se puede vivir mejor trabajando y consumiendo menos, pero a condicin de producir cosas ms duraderas y que no engendren ni perjuicios ni penurias irremediables cuando todos tengan acceso a ellas. nicamente merece ser producido socialmente aquello que sigue siendo bueno para cada uno cuando todos lo disfrutan...y al revs (p. 64)

Tesis muy interesante:

a) El principio es bueno;

b) Pero disimula inevitable autoritarismo a lo Harich (p. e., prohibicin del automvil privado; Gorz puede objetar que no lo prohbe: slo que no merece fabricacin. Pero, cmo se consigue que no se fabrique? Tal vez porque todos se habrn convertido en santos...).

c) La limitacin de las prohibiciones a la produccin que l llama social (como si no lo fueran las de cooperativas, colectivos e individuos) tiene mucha miga; deja la posibilidad de que los ms fuertes por naturaleza se produzcan lo que quieran y se aseguren su disfrute exclusivo.

19. p. 79 [Desde La pobreza, en los pases ricos, tiene su causa no en la insuficiencia... hasta ...y tampoco lo son los productos que unos obreros puedan realizar por su propia causa con las mquinas de su taller]. Este uso de social es malsimo.

20. Al estar limitado el trabajo social a las producciones socialmente necesarias, la reduccin del tiempo de trabajo podr correr pareja con la expansin de las actividades autogestionarias y libres. Adems de lo necesario que est garantizado por la produccin social, los individuos podrn crear durante su tiempo libre, solos o colectivamente, todo cuando siendo superfluo les parezca deseable. La produccin de variedad ilimitada de bienes y servicios en las fbricas y cooperativas comunitarias garantizar la expansin de la esfera de la libertad y la debilitacin de las relaciones mercantiles: la expansin de la sociedad civil y la debilitacin del estado (pp. 64-65)

Muy mal pensado:

a) qu es socialmente necesario, si socialmente producido es lo que ha dicho?

b) Qu es necesario en general, como a rengln seguido?

c) Mercantilizan los individuos lo superfluo? Se da cuenta de lo que pasar en caso afirmativo? En principio, es lo que empieza a pasar hoy: el estado produce socialmente la infraestructura necesaria y deficitaria, y el capitalismo (las multis y los dems) produce lo superfluo. Y lo vende.

d) Cmo va a ser ecolgicamente defendible la produccin de variedad ilimitada de bienes y servicios?

21. La uniformidad del modelo de consumo y de vida desaparecer simultneamente a las desigualdades sociales. Los individuos y las comunidades se diferenciarn y diversificarn sus estilos de vida en un grado muy superior al que hoy se puede imaginar. Sus diferencias sern, sin embargo, el resultado de los distintos usos que den a su tiempo libre y no de la desigualdad de las remuneraciones sociales y de los poderes. El despliegue de las capacidades autnomas durante el tiempo libre ser la nica fuente de las diferencias y de las riquezas (p. 65).

En sustancia, dibuja un nuevo estado asistencial, pero con plena libertad de enriquecerse sin lmites en nombre de la autogestin: la produccin social dar algo de pan a todos, y los fuertes por naturaleza construirn en su tiempo libre enormes riquezas, competirn, crearn oligopolios y dominar el estado, esto es, la produccin de lo necesario. Es como un nuevo siglo XVIII con las Conferencias de San Vicente de Paul generalizadas por el estado. Hay que imaginarse lo que har en su tiempo libre, en la utopa de Gorz, el Opus Dei...

Por lo dems, las tesis no tratan un slo problema mundial: los ocanos, la atmsfera, la organizacin mundial de la conservacin y la administracin de recursos, el intercambio mundial,...

22. Ese tcnico haba seguido cursos durante tres aos. se habr observado que sobre todo sus conocimientos de clculo diferencial eran lo que le daba un sentimiento de superioridad. Esa formacin de la mente era el fundamento de sus privilegios y de su autoridad jerrquica. Pero el clculo diferencial no le serva para nada en su trabajo. El clculo diferencial era el smbolo cultural que le situaba por encima de sus obreros: de todos los conocimientos era casi el nico que ellos no podan adquirir a travs de la prctica.

Aqu tenemos una ilustracin perfecta de la manera como el sistema escolar sirve a la jerarquizacin social (p. 113)

Brutal materialismo burgus, que ignora la satisfaccin intelectual y lo contemplativo.

23. Este resultado se logra por medio de mtodos de enseanza conceptuales y abstractos que hacen que las capacitaciones intelectuales sean, para los hijos de padres poco instruidos, particularmente difciles de adquirir, a pesar de tener buenas calificaciones escolares que dan derecho a posiciones sociales privilegiadas. El sistema escolar es, pues, el instrumento clave de la jerarquizacin [MSL: y no la propiedad de medios de produccin, como en Illich] (pp. 116-117)

Oscurantismo e ignorancia: todos ignorantes, para que no haya jerarqua, salvo la dimanante de la propiedad y su autogestin.

II. Andr Gorz, Le socialisme difficile, Paris, Seuil, 1967.

Primera parte: Sindicalismo y poltica.

1. p.15 [Desde Cest centre celle conception... hasta ...Au nom de quoi et sur la base de quoi?].. En realidad, la estimacin de la situacin es ya muy indicativa de ese quoi.

2. pp. 17-18. Es la primera aparicin de sus tesis bsica.

3. p. 20. Pero, a escala mundial, esa presin es tan hecho bsico como el desarrollo local.

4. p. 21. El punto crtico de esta versin general de la tesis bsica de Gorz es la posible sobrestimacin de la tolerancia del sistema capitalista. Evidentemente que queda abandonada la pauperizacin absoluta. Pero incluso la relativa resulta discutible. Si l est en lo cierto, la cnica salida terica clsica consiste en interpretar pauperizacin en un sentido vital-cultural, como empobrecimiento cualitativo de la vida. Esto, poco deseable tericamente para Althusser, por ejemplo, exigira readucir conceptos del joven Marx, secularizados. Se puede decir que Gorz lo hace. En evitacin de mentiras, se podra partir de la racionalidad, que es tambin Marx viejo.

5. Sobre la base de que (1) el obrero siente que nunca est bastante pagado y (2) reivindica salario tambin contra su subordinacin social, Gorz enumera los elementos de la intollerabilit especfica de la condicin obrera (p. 27).

6. p. 43. Un pozo de nebulosa contradiccin con el principio de globalidad.

7. pp. 57-58. El uso ritual de especializacin tiende a confundirlo todo, cuando en realidad la cosa est muy clara. Especializados lo son, ms, los helenistas o filsofos de la lite que el muchacho producto de una Universidad Laboral. Pero cada uno en funciones sociales diversas que, en esta sociedad, se determinan classticamente.

8. p. 69. El planteamiento se encuentra en la primera fase del texto. Los defectos ms visibles de su desarrollo seran: el olvido total del ejrcito (muy a diferencia de Debray) y las contradicciones en cuanto da la funcin de la ideologa.

9. pp. 82-83. a) Nada concluyente: preparar la batalla de ruptura puede ser instalarse en trincheras. b) Lo que no permiten es el paso de la estrategia de posiciones a la de movimiento. c) Eso era as ya al empezar la guerra de posicin. d) La lucha por reformas no alcanza nunca techo, pero Gorz lleva razn al decir que puede quedar bloqueada.

En realidad, no se trata de su discusin, que es falsa... si no es posible el socialismo enseguida, ni tampoco -como l mismo infiere- reformas inmediatamente destructoras del capitalismo, entonces tampoco es posible la guerra de movimientos ni la batalla de ruptura. Hay que atrincherarse. Los problemas reales son: que el ejrcito no se deteriore ni disminuya, que eso mejore el contrario.

10. pp. 84-85. Muestra completa del paralogismo de Gorz. 1) La vulnerabilidad ha sido obra del ataque de las reformas, que se han acumulado, as como de la ciencia-tcnica; 2) si la burguesa resiste ya encarecidamente a cualquier reforma, hay que imaginarse como resultar el ataque a su naturaleza. De ah la necesidad de tener armas, un ejrcito, cosa de la que Gorz no habla. Lo otro, su ncessit no pasa del campo de la propaganda. Lo cual est muy bien pero, slo, no es ms que tic de intelectual. Lo ms curioso es que luego se pone ms preciso: (p. 100) Una ideologa mistifica siempre -quizs no siempre al servicio de otros. Slo el programa con finalidad (?) explcita no mistifica.

11. Muy en relacin con ese ideologismo est su concepto de cultura obrera que, al negar la difusin de la cultura superior burguesa, prcticamente excluye la ciencia (pp. 105-106).

12. Y luego viene el esplndido final de este ensayo, la crtica del partido bolchevique: a) Su inadecuacin con las tareas actuales (p. 107). b) El partido responde a una tentacin permanente (p. 108), lo cual no excluye, sino que permite, prctica oportunista con conciencia limpia (Aado: porque prctica pseudo-oportunista) (p. 108). c) Actitud del estado, post-burguesa (p. 108).

13. El dogmatismo URSS de la perspectiva global fatalista sin necesidad de nuevo pensamiento de intelectuales (p. 109).

Segunda parte: El socialismo difcil.

1. Empieza por recordar las tres condiciones marxianas del comunismo (victoria sobre la escasez, formacin polivalente de los individuos, abolicin del trabajo como obligacin impuesta por la miseria y los fines externos). Admite que el desarrollo heternomo y autoritario es inevitable en la construccin de la base del socialismo (p. 119). Cabra objetar: a lo sumo como en la construccin de esa base en pas capitalista.

2. p. 120. Esta ltima razn es especiosa. Basta con una poblacin sumamente limitada, y con la supresin de privilegios para los factores econmico-cientficos.

3. Sobre las causas de la crisis del anterior sistema de planificacin central: la imposibilidad de distribuir lo superfluo (p.123); crisis de los criterios para la produccin de lo no-indispensable, que es casi idntica con la crisis de la planificacin (p. 123).

4. En nota vuelve a la justificacin del pasado en forma casi agresiva (p. 125).

5. Sigue la esplndida crtica a la actual salida sovitica del perodo de escasez (p. 126).

6. p. 129. Como la ejecucin del plan ha de ser central y ms o menos basada en intercambios administrativos, la va nica es el centralismo democrtico.

7. p. 130. Lo ms nuevo de estos interesantes desarrollos es el concepto de lo superfluo. Tiene un punto real. Pero habra que formularlo quizs ms biolgicamente: lo que rebasa la reproduccin de la fuerza de trabajo.

8. Mucho pleno desarrollo, mucha ignorancia (de literato francs) de la naturaleza, etc. por reduccin de todo lasir(?) a culture. Puritanismo, autoridad de literato. Por qu no condena tambin el sexo no requerido socialmente como un lujo? Todo basado, naturalmente, en la verdad de que la emancipacin ha de ser en el trabajo y del trabajo obrero clsico.

9. p. 142. El uso de alienacin es aqu bastante laxo. Slo en la medida en que la situacin descrita implica intranspariencia del trabajo y de sus necesidades se podr hablar en serio de alienacin. Si no, se tratar slo de escasez y Zersetzung [descomposicin], que pueden ser vividos lcidamente, sin alienacin.

10. El final es un alegato por la independencia y la sustantividad del sindicato, que arranca de consideraciones interesantes para el problema de la representacin (p.147). Esto ltimo plantea, por la necesidad de organismos centrales, el problema de la representacin.

11. Primero muestra que la razn est en la concepcion (?). Luego, que esa razn no es nada al lado del prolongado sufrimiento de los pueblos colonizados. Muy a la intelectual llega a la conclusin (p. 190).

*

16. Ernesto Guevara (llamado Che) (1928-1967)

Como si para siempre
te llevases contigo (...)
tu huella de hroe
luminosa de sangre
(...) Pero esto
de golpe da vida a las quimeras
y muestra
la mdula y la carne
del comunismo.

V. Maiakovski, Al camarada Nette.

No ha de importar mucho el cobarde sadismo complacido con el que la reaccin de todo el mundo ha absorbido los detalles macabros del disimulo, tal vez voluntariamente zafio, del asesinato de Ernesto Guevara. Posiblemente importa slo como experiencia para las ms jvenes generaciones comunistas de Europa Occidental que no hayan tenido todava una prueba sentida del odio de clase reaccionario. Pero esta experiencia ha sido hecha, larga y constantemente, en Espaa, desde la plaza de toros de Badajoz hasta Julin Grimau.

Importa saber que el nombre de Guevara ya no se borrar de las historias, porque la historia futura ser de aquello por lo que l ha muerto. Esto importa para los que continen viviendo y luchando. Para l import llegar hasta el final con coherencia. Los mismos periodistas reaccionarios han tributado, sin quererlo, un decisivo homenaje al hroe revolucionario, al hacer referencia, entre los motivos para no creer en su muerte, en sus falsas palabras derrotistas que le atribuy la estulticia de los vendidos al imperialismo.

En la montaa, en la calle o en la fbrica, sirviendo una misma finalidad en condiciones diversas, los hombres que en este momento reconocen a Guevara entre sus muertos pisan toda la tierra, igualmente, segn las palabras de Maiakovski, en Rusia, entre las nieves, que en los delirios de la Patagonia. Todos estos hombres llamarn tambin Guevara, de ahora en adelante, al fantasma de tantos nombres que recorre el mundo y al que un poeta nuestro, en nombre de todos, llam: Camarada.

16. En memoria de Ernesto Che Guevara, Nous Horitzons n 16, 1er trimestre, 1969, p. 39.

 Nota SLA:

Un breve apunte de Sacristn sobre el ensayo de Inti Peredo, Mi campaa con el Ch.

Despus de copiar dos pasos del ensayo: a) pp.12-13 [Desde El Ch nos explic con su franqueza habitual que la lucha tendra estas caractersticas... hasta ...de sacrificio de los revolucionarios bolivianos, y b) pp. 38-39 [Desde Estbamos en los umbrales de la guerra y era necesario armar una red clandestina... hasta ...Pero los compaeros no pudieron conseguir el agrnomo, problema que tena que solucionar el Partido, porque se dedicaron a atender a las necesidades ms urgentes de la guerra], Sacristn cita en extenso un pasaje de las pginas 135-136 (Desde Para los crticos interesados, para los que deseaban el fracaso de esta empresa heroica, en el Yuro qued sepultada toda perspectiva de hacer triunfar en Amrica un movimiento armado de liberacin... hasta ...Ms que conceptos tericos preferimos mostrar ejemplos y sintetizar la historia de esta experiencia que influirn hondamente en Amrica Latina], y comenta: Pero lo que sigue hasta el final del captulo, es slo anlisis casustico de las vicisitudes del foco del Ch en Bolivia, para mostrar que la desgracia se debi a causas particulares, no referentes al foco en general.

Tambin, de Reserva de la UB, estos breves comentarios al discurso de Fidel Castro en el acto central por el 1 de mayo de 1971, en Verde Olivo, ao XIII, n 19, La Habana, 9 de mayo de 1971.

1. Y como el socialismo trabaja no para la ganancia, sino para las necesidades, y las necesidades son ilimitadas (..). Ojo!.

2. p. 63 [Desde Es decir que nosotros hemos seguido un camino correcto. El nico camino, traducido en esta frase... hasta ...Realmente no es as. Y todo eso es un proceso; y un proceso de marcha ascendente]. Este caso es anterior al que he transcrito inmediatamente: Hay que procurar que la ideologa no sufra derrotas, porque las derrotas de la ideologa se pagan con retrocesos en el camino de las revoluciones. Marchemos tan lejos como podamos, tan rpidamente como podamos, pero no ms all de lo que podamos, para preservar la ideologa de derrotas.

Finalmente, estas anotaciones sobre R. Debray, Revolucin en la revolucin?? Lucha armada y lucha poltica en Amrica Latina. MSL cita por la edicin francesa de Maspero, 1967.

1. Cosas notables son la desigualdad entre la primera mitad y la ltima, mucho ms propagandstica o encendida; diferentes contradicciones que acaso sean fruto de pensamiento al hilo de la escritura; la aparente limitacin a Sudamrica, o la aparente violacin de esa limitacin.

2. [La autodefensa armada]. Refutacin de la tctica de los grupos de autodefensa. Por pre-marxismo, espontanesmo (p. 26).

3. p. 28. Es el caso mximo de penetracin en la sociedad civil: si no se captura el estado, se acaba a la corta o a larga.

4. Por afinidad de tema, pasa a una crtica muy severa del trotskismo en Sudamrica.

5. [La propaganda armada]. Crtica anloga a la del (inverso) caso anterior. Debray piensa que la importancia de esta tctica en el Vietnam se ha debido a la gran densidad de poblacin campesina y a la proteccin de los propagandistas por un ejrcito revolucionario poderoso, en el marco de una guerra nacional (pp. 48-50). En este contexto dice explcitamente otra diferencia importante entre Vietnam y Sudamrica (p. 50).

Con eso Debray est reconociendo (l es muy limpio y eso no le importa) que la autodefensa ha sido en Vietnam positiva. Esto, sumado al contrario caso de (?), me parece indicar que la solucin no es precisamente lo uno ni lo otro, sino que la cuestin es un problema de tiempo. Se trata del tiempo justo del paso de la conquista (parcial y suficiente) de la sociedad civil a la lucha por el poder. En realidad, la primera conquista haba sido hecha en Cuba por otros (en las ciudades) y por el anacronismo en el campo. En Vietnam, cosa parecida. Pues, mutatis mutandis, el problema de la conquista de la sociedad civil no es exclusivo de los pases de capitalismo adelantado. Prueba: la sociedad campesina ha entregado la guerrilla de Guevara en Bolivia, etc.

6. La base guerrillera. Crtica an ms severa de Huberman y Sweezy (p.60).

7. Partido y guerrilla. Llega a la tesis. A propsito de la falta de mando nico poltico-militar, pero muy aplicable (ms) a Occidente desarrollado (p. 85).

8. II. La principal leccin del presente. Tiene el desarrollo de la tesis bsica, en forma casi de catecismo. Tropieza con el hecho chino-vietnamita de que el partido ha creado el ejrcito popular, y apela a una diferencia entre esos dos partidos y los sudamericanos, empezando mal, por circunstancias histricas. Distribuye el tema en dos preguntas. La primera (p. 99). La respuesta a esta cuestin termina sealando la necesidad de un nuevo estilo de direccin (combatiente -> joven), una nueva organizacin (sin centralismo democrtico).

9. La segunda es (p. 111). La tesis se va desgranando en cursivas, entre las cuales hay a veces errores peligrosos para el futuro (pp. 113-114). El error ms grave (pp. 117-118). Versin final de la respuesta (p. 125).

10. Las consecuencias de la leccin para el futuro. En nota (p. 134). Claro: si hay guerras de clases, esas formas aguantarn mejor, contra su voluntad.

*

17. Robert Havemann (1910-1982)

A. El profesor Robert Havemann, destacado investigador en el campo de la fsico-qumica, es internacionalmente conocido por sus trabajos cientficos. Su relevante personalidad cientfica le ayud a mantener, en los aos estriles de la contraposicin fsica socialista-fsica burguesa, el trato, la polmica til y la amistad con destacados cientficos occidentales, como Max Born y Linus Pauling; antes, en 1943, le haba permitido, incluso, salvar la vida cuando, tras ser detenido y condenado a muerte por su actividad de resistente contra el nazismo, vio aplazada repetidas veces la ejecucin de la sentencia, pues al rgimen nazi le interes aprovechar su trabajo en el laboratorio del presidio de Brandenburg...

B. Ya ese asunto puede contarse entre los temas gramscianos (y leninianos) que hoy deben encontrarse de nuevo en primer plano de la reflexin marxista. Y lo est ya en realidad, de modo ms o menos explcito. Son numerosos, en efecto, los autores que no ven en los fenmenos involutivos de la filosofa marxista de los decenios anteriores a 1956 ms que los efectos de un positivismo global y simplsticamente atribuido a Stalin. Por eso tales escritores filosficos tienden frecuentemente a recurrir de nuevo a Hegel y a la tradicin idealista. Tales son los casos, por ejemplo, del Lukcs de los ltimos aos (sobre todo en la Esttica), de Kosik, de Kolakowski, de Garaudy, y hasta de Havemann, pese a su condicin de cientfico de la naturaleza.

C. Dialctica sin dogma rene dos textos distintos del profesor Robert Havemann: una conferencia pronunciada en septiembre de 1962, en el congreso celebrado en Leipzig, para tratar del tema Las tradiciones progresistas de la ciencia natural alemana de los siglos XIX y XX, y un curso para estudiantes de todas las facultades de la Universidad Humboldt, de Berln-Este, dictado durante el semestre de otoo-invierno de 1963-64.

Desde el punto de vista doctrinal, Havemann polemiza con el pseudomarxismo mecanicista, rgido y convencional de los zdhanovistas, apelando de nuevo a Hegel, como hizo Lenin, en su tiempo para corregir las tendencias mecanicistas. Es un hecho que Zdhanov y sus filosficos funcionarios de la cultura dieron al marxismo un giro involutivo por el procedimiento -entre otros- de separarlo de sus races histrico-culturales y, sealadamente, haciendo del pensamiento hegeliano una mera ideologa del prusianismo. Pues bien: la orientacin de Havemann aspira a recuperar, mediante una nueva lectura de Hegel, la inspiracin dialctica que pueda poner al marxismo a cubierto de nuevas cristalizaciones dogmticas, siempre mecanicistas y fijistas.

17. A. Solapa de Dialctica sin dogma. 17. B. La formacin del marxismo en Gramsci, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 78. 17. C. Solapa Dialctica sin dogma.

Nota SLA:

De una de la carpetas de resmenes de Reserva UB, estas anotaciones sobre: R. Havemann, Fragen Antworten, Fragen. Aus der biographie eines deutschen Marxisten. Mnchen, R. Piper & Co. Verlag, 1970.

1. Alusin torpe a Koestler (Darkness at Noon) (p. 27).

2. Pero hoy la produccin se puede liberar ya de las cadenas de la economa de guerra. La Unin Sovitica est ya madura para el socialismo. El estalinismo se ha hecho anacrnico (p. 63).

El punto de vista sigue siendo estalinista en el buen sentido: sigue pensando en el socialismo en un slo pas.

3. Lenin haba esperado que la ruptura de la cadena desencadenara tambin la revolucin en los grandes centros capitalistas. Pero de verdad era Rusia un eslabn de la cadena del capitalismo? La teora del eslabn ms dbil era lo que se suele llamar una teora ad hoc, cortada especialmente para las necesidades presentes, til para el momento, pero falsa (pp. 64-65).

Una tesis ad hoc no tiene por qu ser falsa. En ciencia social no hay frecuentemente ms avance orgnico que la correccin ad hoc. Por otra parte, esta correccin ad hoc implica nada menos que la teora general del imperialismo.

4. p. 153 [Desde La revolucin a medias no se puede completar ms que si los trabajadores... hasta (...) el socialismo es liberacin, no libertad].

La suma de Trotski y Bernstein es barroca, pero tiene su gracia.

5. Habla de la derrota de Jruschov (pp. 251-253).

El 7 de mayo de 1971, Encarna Benera Vidal dirigi una carta a Sacristn pidindole razones por el cambio de ttulo del ensayo de Havemann sobre la dialctica. Benera sealaba que el ttulo original era Dialektik ohne Dogma? [Dialctica sin dogma?], con signo de interrogacin, y que, contrariamente, el ensayo de Havemann haba sido publicado en castellano sin interrogante. Por lo que ya que usted es el traductor considero que es la persona ms indicada para informarme

Sacristn respondi el 14 de mayo de 1971 lo cual tiene su importancia dado que se trata de un asunto, digamos, personal, no de trabajo, y que la situacin anmica de Sacristn no estaba entonces en su mejor momento:

Seorita Benera:

Contesto a su carta del 7 de mayo. Siento no haber podido hacerlo antes, pero tengo una temporada de escasa salud que me obliga a menudo a descansar totalmente.

El ttulo autntico (en sentido estricto jurdico, o sea, el ttulo puesto por el mismo autor) del libro de Robert Havemann es Naturwissesnchaftliche Aspekte Naturphilosophische Probleme (Aspectos cientfico-naturales de los problemas filosficos). El ttulo Dialektik ohne Dogma? (Dialctica sin dogma?) es la presentacin editorial introducida por el responsable de la edicin de Hamburgo, en la Alemania occidental.

El uso de que el editor ponga un ttulo presentador de los textos que edita no es infrecuente ni criticable en s: se hace. Lo criticable en este caso era, en mi opinin, presentar el texto de un autor insultando a ste: cuando un autor no gusta, no se edita y en paz. Al encargarme Ariel la traduccin del texto, me negu a hacerlo si se mantena como ttulo la frase insultante y comercial (pues de eso se trata fundamentalmente: el empresario capitalista ni siquiera insulta si no es para hacer negocio, en este caso a travs de la punta escandalosa de la frase). Propuse editar con el ttulo autntico, o con alguna abreviatura suya, como Ciencia natural y filosofa. Pero el editor barcelons -que, como es natural e independientemente de sus rasgos personales, realiza un trabajo mercantil como toda produccin en esta sociedad-, se quej de la escasa comercialidad del ttulo autntico, aunque comparta mi indignacin por el ttulo-insulto hamburgus (y burgus). Me pidi una solucin de compromiso. Entonces propuse -y Ariel acept- Dialctica sin dogma y sin interrogacin insultante para Havemann.

Todo lo cual se podra resumir as: Dialctica sin dogma? es el comentario insultante-mercantil del editor Rowohlt al texto de Havemann. Dialctica sin dogma es el comentario favorable (y tambin, desgraciadamente, mercantil) que Ariel (no yo, que prefiero el ttulo no-comercial) pone al libro de Havemann.

Atentamente, M. Sacristn

Si no ando errado, creo que el editor barcelons al que se refiere Sacristn era Xavier Folch.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter