Portada :: Mundo :: Chechenia, la guerra ignorada
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2004

Diez claves sobre Chechenia

Carlos Taibo
El Pas


1. Sorprende la inferencia de que el presidente ruso, Putin, ha sentido y siente profundo inters por las vidas de los rehenes, que han padecido la indefendible accin desarrollada por un comando presumiblemente checheno. Los numerosos hechos luctuosos que se han desarrollado en los ltimos aos han operado, antes bien, como oportunsima catapulta para el asentamiento del poder de Putin. As, han permitido perfilar polticas de honda matriz represiva y han propiciado un visible cierre de filas de la poblacin, todo ello merced a la instrumentalizacin, en inmoral provecho propio, de la tragedia chechena.

2. Para muchos analistas se ha registrado en las ltimas semanas una incipiente mutacin. El tratamiento meditico que el Kremlin ofreci del derribo de dos aviones -poco propicio, inicialmente, a reconocer un atentado y a atribuir ste a la resistencia chechena- implicaba una visible novedad. En lo que atae a la toma de rehenes en Osetia del Norte, las autoridades rusas han pronunciado pocas veces el adjetivo checheno, arrojando la responsabilidad de los hechos sobre el terrorismo internacional. A la luz de tales cambios parece razonable apuntar que el Kremlin se estaba percatando de que una parte de la opinin pblica rusa empezaba a recelar de los modos y los proyectos de Putin, como recela de la eficacia de los servicios de seguridad. Ojal sea, efectivamente, as.

3. Nuestros medios de comunicacin siguen siendo agentes de una delicada distorsin informativa: slo se habla de Chechenia cuando se registra alguna accin de terror de la resistencia local. Ello propicia el olvido de lo que ocurre en la propia Chechenia. Y es que si el adjetivo terrorista conviene a los integrantes del comando que ha actuado en Osetia del Norte, lo suyo es que nos preguntemos por qu no echamos mano de la misma frmula para describir las acciones del Ejrcito ruso un poco ms hacia el este: Mosc ha defendido una poltica de tierra quemada, de tal suerte que en los ltimos diez aos ningn recinto del planeta ha experimentado un grado de destruccin, y una cifra porcentual de muertos, equiparable. Para saber cmo se las gasta esta formidable maquinaria de terror que es el Ejrcito ruso basta con echarla una ojeada a los libros de Anna Politkvskaya y a los sucesivos informes de Amnista Internacional.

4. Uno de los elementos centrales de la estrategia autolegitimatoria del Kremlin es el que identifica en toda la resistencia chechena una unnime adhesin al terrorismo ms desbocado y al islamismo ms violento. Semejante descripcin es una burda e interesada distorsin de la realidad. El presidente checheno elegido en 1997, Masjdov, reflejo de las querencias mayoritarias en el seno de la resistencia, se ha desmarcado siempre de los hechos de terror protagonizados por grupos como el encabezado por Basyev. Identificar sin ms a Masjdov con Basyev es un desafuero moral que tiene una consecuencia delicada: Putin ha cancelado la perspectiva de que del otro lado emerja un interlocutor poltico con el que se pueda negociar.

5. En lo que a la era de Putin respecta, el comportamiento de las autoridades rusas hunde sus races en decisiones asumidas en la segunda mitad de 1999: entonces el nuevo primer ministro se empe en cancelar los efectos del acuerdo de paz sobre Chechenia suscrito tres aos antes. Al poco Putin dej claro que el propsito de la invasin rusa de octubre de 1999 no estribaba en hacer frente a una amenaza terrorista, sino en restaurar la integridad territorial de la Federacin. Aunque Mosc adujo datos innegables -el caos imperante en Chechenia, los atentados de septiembre de 1999-, su apuesta por la resolucin negociada del conflicto fue siempre nula. As, el Kremlin no cumpli con sus compromisos econmicos y la autora de los atentados moscovitas todava hoy se discute. Entre tanto, la opinin de la poblacin chechena no tiene peso alguno a los ojos de Putin, quien considera que Chechenia es, indisputablemente, Rusia.

6. Slo cabe calificar de farsa el proceso poltico alentado, los dos ltimos aos, en Chechenia y asentado en la promulgacin de una Constitucin, la concesin de una fantasmagrica autonoma y el apuntalamiento de un gobierno servil. Un retrato cabal de ese proyecto lo aportan las elecciones recientemente celebradas sin el concurso de candidatos independentistas, con el derecho de voto reconocido a los soldados rusos y sin observadores independientes. La idea de que Putin pelea en Chechenia por la causa de la democracia recuerda a la pareja supersticin de que Bush hace lo propio en el Irak de estas horas.

7. Nadie sabe a ciencia cierta qu piensa el checheno de a pie. Es lcito adelantar que la mayora de los chechenos estn hartos de casi todo: de la guerrilla como del Ejrcito ruso. Dicho eso, los datos se ordenan para concluir que, en condiciones de libertad, el apoyo a una Chechenia independiente sera mayoritario. Sorprende que quienes dicen defender la causa de la democracia no presten mayor atencin a este hecho. Agreguemos que a Chechenia, un pas de incorporacin reciente a la trama imperial ruso-sovitica, le corresponde un relieve menor en la configuracin del imaginario nacional consiguiente, circunstancia que, al menos sobre el papel, podra facilitar una salida negociada.

8. Si hay algo indignante en las reflexiones que los hechos de estas horas suscitan, ese algo es la reaparicin espectacular de las abruptas simplificaciones a las que se entrega un discurso, muy reaccionario, que ve al terrorismo internacional por todas partes. De entre las muchas consecuencias negativas hay dos singularmente delicadas. La primera habla de un formidable olvido de las claves propias de los conflictos que jalonan el mundo: si ya sabemos que Al Qaeda est por detrs de todos los males, para qu reflexionar, entonces, sobre lo que ocurre en Chechenia. La segunda la configura una franca aceptacin del todo vale. Como gustan de repetirlo los gobernantes rusos, con los terroristas no se negocia: se les aniquila. Curiosa interpretacin sta de las reglas del Estado de derecho.

9. Es difcil separar el contencioso checheno de una trama, la del Oriente Prximo y la cuenca del Caspio, en la que se aprecia el aliento de una codiciosa poltica norteamericana encaminada a controlar jugosas materias primas energticas. La actitud de los agentes regionales a buen seguro que mucho le debe a esa poltica. Washington juega dos cartas en el Cucaso: si la primera invita a mantener una relacin fluida con Rusia -con mutuos silencios ante los desmanes respectivos-, la segunda implica despliegues militares de cierta importancia, como el verificado en 2001 en Georgia. Tras esta disputa entre lgicas imperiales, conviene precisar que el relieve del petrleo para dar cuenta del conflicto de Chechenia es hoy menor: si, por un lado, la riqueza energtica del pas se vio esquilmada en la etapa sovitica, por el otro la poltica de conductos que abrazan Rusia y EE UU ha esquivado, significativamente, el territorio checheno.

10. No es ms edificante la actitud asumida por las potencias europeas. Desde el 11 de septiembre de 2001, sus responsables ya no miran hacia otro lado cuando se habla de Chechenia: le dan palmaditas en el hombro al presidente Putin. Semejante ejercicio de doble moral, de acatamiento subrepticio del todo vale y de silencio ostentoso ante los efectos del terror de Estado tiene que producir escalofros. La credibilidad de la Unin Europea est en juego en estas horas, tanto ms si opta, como acostumbra, por primar los intereses sobre los principios.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Autnoma de Madrid y autor de El conflicto de Chechenia (Catarata).



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