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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2006

Asamblea Constituyente y Proyecto Poltico

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Bolivia ha recorrido un largo camino histrico para llegar al momento reconstitutivo marcado por la Asamblea Constituyente. Ha sido a diferencia de lo ocurrido en los pases vecinos latinoamericanos, un proceso de construccin desde abajo y donde el resultado buscado por los actores sociales no es precisamente la modificacin constitucional formal, sino una perspectiva todava ms amplia y estructural que tiene que ver con el cambio revolucionario que vive el pas.

El dilema en esta perspectiva es que el actual proceso est sustentado en sucesivas victorias democrticas, con pleno respaldo electoral y no en la desarticulacin del poder vigente a travs de un proceso revolucionario. Tal situacin plantea algunas vicisitudes que es necesario tomar en cuenta. En un sentido positivo, tenemos la perspectiva de lograr un cambio real para el pas en condiciones democrticas en el respeto pleno a la formalidad de la mayora absoluta impuesta en las urnas. Adems el proceso visto de esta manera implica el tomar en cuenta a las ahora minoras reales en el pas, para lograr que participen en una adecuada proporcin en las decisiones fundamentales.

En otro sentido, el de las hegemonas en construccin, encontramos que los movimientos sociales han sido capaces de lograr coherencia poltica en el proceso a travs de su articulacin en torno al liderazgo ntido de Evo Morales, que ms all de un proyecto poltico para el pas, expresaba una reivindicacin tico-poltica de comportamiento ante el poder junto a la plena reivindicacin del derecho de los excluidos a ser parte de la representacin de este pas.

Esta situacin ha sido paradigmtica en tanto, la victoria plena en las urnas, se convierte en el gran reto de la gobernabilidad posible. Los siempre excluidos encabezados por un liderazgo y no precisamente por un aparato poltico que sostiene un proyecto poltico, son los que asumen el gobierno en medio de un conjunto de expectativas de los nadies, los siempre olvidados y pisoteados por el poder. Sin embargo la parafernalia del poder coloca a los actores sociales ante la disyuntiva crucial de desmontar las estructuras organizativas de una forma de organizacin del poder que ha sustentado a los sectores dominantes desde la colonia; o bien servirse de las mismas estructuras y de sus operadores y formas de hacer las cosas para ponerlas al servicio de la causa en la transformacin que vive el pas.

Sin duda, en este escenario las decisiones polticas han cargado con cierta ambigedad el manejo estatal, cuando muchos operadores han entorpecido el proceso de las decisiones polticas desde los propios ministerios, no slo en relacin a militantes que permanecieron de partidos oligrquicos, sino tambin a la nueva militancia que se arrim al carro vencedor, arrastrando viejas maas y taras propias del proceso neoliberal.

En esta perspectiva, la centralizacin de las decisiones, junto a la cada vez mayor centralidad del liderazgo ejercido desde el palacio de gobierno, se presenta como una decisin cada vez ms evidente y justificada como necesaria; a la que adems habr que aadir que en la emergencia del poder y la gobernabilidad, la tarea histrica de crear y sostener cuadros polticos partidarios junto a la promocin de nuevos liderazgos ha quedado relegado a la necesidad de la urgencia de decidir antes que delegar.

El escenario constituyente, construido como carta fundamental de la transformacin posible, hereda el contexto al que nos referimos, cuando a la victoria arrasadora en el plano electoral encabezada una vez ms por el propio presidente, se presenta la incomprensible situacin de que el MAS como cabeza visible de la ola levantada por los movimientos sociales, no genere un debate y construccin de propuestas unificadoras que permitan la aglutinacin de un proyecto hegemnico con el que se pueda convencer, sumar a la opinin pblica y an ms preparar a los cuadros polticos que sern el sostn del proceso actual y posterior.

Se apuesta, o ms bien como parte de la inercia se deja que sean los movimientos sociales los que puedan tomar la iniciativa; que no es malo en tanto son los protagonistas directos y ello se hace evidente en la capacidad de generar propuestas a lo largo del proceso, sin embargo lo que no se hace es precisamente tener una accin poltica hegemnica por parte del MAS para sumarlos, ponerse a la cabeza y lograr un proyecto convergente que permita lograr no slo una nueva constitucin sino una propuesta poltica de cambio para el pas. Esta es an una tarea estratgica pendiente.

Dentro las posibles salidas a la emergencia en que vivimos y la sucesin de acontecimientos que apresuran las decisiones polticas, sin embargo, las mismas no pueden ir por el tentador camino de resolver desde la centralidad, la convergencia en un proyecto comn plasmado en un borrador de nueva constitucin, al margen de la participacin de los movimientos sociales. Si nos colocamos en la perspectiva de la construccin de una nueva forma de construccin del poder y de la generacin de la hegemona, esto necesariamente debe tomar en cuenta un proceso de deliberacin lo ms amplio posible para que el proceso de democracia real y participativa no suene a impostura y consigna sin contenido.

En perspectiva, no es posible suplir las carencias organizativas, centralizando las decisiones todava ms, como histricamente y desde siempre lo han hecho los sectores dominantes de este pas. Este es un camino combinado de firme y frrea aplicacin del mandato popular en las medidas estatales que nos estn recuperando la dignidad como pas; junto a la mayor democratizacin posible en las decisiones sobre el camino que sigue para profundizar la corresponsabilidad social.

La accin y la amenaza de la oposicin no puede ser la excusa para evitar la deliberacin al interior de los propios aliados del cambio y la transformacin. Slo es posible enfrentar el autoritarismo de la derecha, con mayor democracia; la falta de propuestas con mayor deliberacin; la falta de organizacin con la delegacin de responsabilidades y asumiendo la tarea seria de construccin de cuadros; por cuanto la apuesta revolucionaria no se remite tan slo al sostenimiento de un gobierno sino de un proceso sostenido de transformacin revolucionaria.

Qu de la reaccin en todo este proceso? Luego de terminar arrinconada, asumi como estrategia el desgaste y el aprovechamiento de los errores, junto a una estructural posicin racista de mostrar el posible fracaso de las medidas gubernamentales, no slo como la falla de un liderazgo sino como la incapacidad de los pueblos originarios representados por el liderazgo de Evo Morales. Los medios de comunicacin como punta de ataque, vierten cotidianamente el discurso racista y de arremetida oligrquica, junto a la accin coordinada de la reaccin con sus representantes prefecturales y cvicos. Sin embargo, su nica estrategia es la oposicin y la inercia de un modelo de organizacin social y econmica que no funciona; en definitiva la reaccin carece de proyecto propio ms all del mercado que ya prob sus consecuencias a los sectores populares.

Conocemos la imposibilidad de volver atrs a pesar de las nostalgias de la reaccin, pero tambin el an insuficiente crecimiento poltico del proyecto alternativo para convencer al conjunto de la poblacin de un camino sin retorno. Ello es posible en parte, por la aplicacin consecuente de medidas polticas en marcha que reivindican la dignidad del pueblo boliviano, sin embargo ms all de la propaganda est la necesidad estratgica de generar estructuras polticas intermedias que permitan la construccin de la hegemona y la consolidacin del poder popular.

La garanta del proceso sigue estando en los movimientos sociales, y el apostar a su proceso deliberativo y de propuesta sigue siendo la apuesta revolucionaria de todos, apostar a la capacidad democrtica y revolucionaria de construir el nuevo pas no es una opcin es una obligacin revolucionaria que sostenemos los bolivianos.

En definitiva, que el nacimiento escrito de un nuevo acuerdo para la diversidad del pas, contenido en una Constitucin, no sea un objetivo en s mismo, como la reaccin se plantear peleando por palabras y contenidos tcnicos. Que estos sean producto deliberativo de un proceso de construccin democrtico y comunitario, nuestro objetivo es la profundizacin de la revolucin; su institucionalidad es un instrumento complementario en el que hay que invertir slo el esfuerzo necesario (sin descuidarlo, pues es un campo de poder en el que las fuerzas opositoras saben moverse); en cambio el tener una sociedad movilizada, deliberativa, proponente, dispuesta a defender y luchar por lo que considera suyo es un objetivo sostenible de la revolucin posible.



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