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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2006

El puzzle cataln

Albert Recio
Revista mientras tanto


El resultado del ltimo proceso electoral cataln genera ms interrogantes y escepticismo que optimismo. Aunque posiblemente las cosas an podran haber ido a peor si hubiramos retornado al reinado convergente o si se hubiera puesto en marcha el nuevo experimento de la sociovergencia. Pero a todo el mundo le queda la impresin de estar ante el mal menor.

En primer lugar est la cuestin de la elevada abstencin, la ausencia de movilizacin poltica de una gran parte de la ciudadana. Sin duda es un tema que admite muchas lecturas. Para un sector de la izquierda alternativa es un buen sntoma, puesto que indica el desapego de la ciudadana respecto al poder. Mi particular posicin es que esta lectura es errnea. Sin duda hay desapego frente a lo poltico (y ello se entiende cuando un da s y otro tambin son noticia los casos de corrupcin). Pero no se trata necesariamente de un desapego de izquierdas. Los movimientos y organizaciones sociales se enfrentan a dosis masivas de absentismo de sus potenciales activistas y simpatizantes. En una sociedad que se precia de participativa es difcil encontrar alguna entidad, organizacin o movimiento que no dependa de un reducido puado de personas. El absentismo es en gran medida un desapego de lo pblico sobre el que difcilmente se pueden desarrollar movimientos sociales ni transformaciones de gran calado. Y expresa en parte un apoliticismo y una ausencia de compromiso social en el que la derecha, especialmente la populista, se mueve como pez en el agua. Sin duda las razones del absentismo en las elecciones autonmicas tienen causas diversas. La figura gris de Montilla, los rifirrafes del Tripartit, la sucesin de comicios... han dejado fuera de las urnas a una parte del electorado. A los polticos profesionales les preocupa la abstencin en la medida que refleja un dficit de legitimacin ( y como sta no es homognea, suele castigar ms a aquellos grupos polticos con una base menos militante, lo que en Catalunya suele afectar al PSC). A los activistas sociales nos debera preocupar porque ello refleja un fenmeno ms general de ausencia de participacin en los asuntos pblicos.

Si pasamos al anlisis de los resultados, en trminos globales las cosas han quedado bastante como estaban. El trnsito de escaos ha sido pequeo si se toma como punto de partida la divisoria izquierda-derecha que polariz la anterior legislatura. A pesar de ser el partido ms votado, el avance de Convergncia i Uni ha quedado lejos de aquellos tiempos en los que alcanzaba la mayora absoluta. Aunque Artur Mas hubiera roto su compromiso notarial de no pactar con el PP, no habra alcanzado la mayora necesaria para gobernar. Y en la medida que su campaa se centr en una ataque en bloque al Tripartit, puede considerarse que su estrategia ha resultado fallida. La izquierda sigue siendo mayoritaria, aunque en tal grupo se incluya un espectro de aspiraciones y corrientes ciertamente variopinto y contradictorio. S se han producido en cambio variaciones en el seno del bloque, particularmente el ascenso de Iniciativa Verds-Esquerra Unida i Alternativa (IV-EUIA), la muy reducida cada, sorprendente al calor de sus actuaciones, de Esquerra Republicana y, eso s, la cada ms estrepitosa del PSC. Slo los primeros han aumentado en nmero de votos, y pueden considerar que han alcanzado una cierta consolidacin institucional. El PSC en cambio ha sido el ms castigado tanto por la abstencin como por el surgimiento de Ciutadans, que posiblemente es en este electorado donde ha obtenido ms audiencia.

II

El ascenso de Ciutadans ha sido presentado por algunos sectores como una rebelin democrtica frente al poder del establishment . Se ha generado incluso una mtica en la que se explica que estos votos se han alcanzado a pesar del total boicot de los medios de comunicacin hacia su propuesta, frente a la que se ha alzado una importante movilizacin de base. Como muchas otras mticas, especialmente las nacionalistas, se trata de una casi completa falsedad. Es cierto que Ciutadans ni apareca en los espacios electorales de los programas informativos de los medios de comunicacin ni fue invitada al debate de candidatos. Pero esto le ha ocurrido exactamente igual a todas las dems candidaturas que no contaban con representacin parlamentaria, con independencia de su mayor o menor arraigo. Quizs es una regla discutible, pero si se cambia debe ser para todo el mundo (lo cual no es necesariamente lo mejor al calor de la inflacin de siglas que se presentan a los comicios electorales). Pero lo que s ha tenido Ciutadans es una gran campaa publicitaria, con cuas radiofnicas frecuentes (en la Ser ) y un enorme apoyo de la prensa derechista ( El Mundo , La Razn ), as como una buena campaa de actos y propaganda que indica que se ha contado con importantes medios econmicos, a aos luz del resto de grupos extraparlamentarios (y posiblemente al nivel de las austeras campaas de ICV-EUIA cuando su peso parlamentario era menor). De dnde ha salido este apoyo nadie ha hablado, y no parece creble que se haya limitado al adelanto de cuotas de militantes como ellos explican.

La obtencin de 3 escaos y unos 80.000 votos refleja que ciertamente el tema lingstico puede tener un cierto apoyo social. Su pretendido laicismo lingstico difcilmente esconde que lo que verdaderamente reivindican es la defensa del castellano. Y ste es un bandern para sectores diversos para quienes el aprendizaje del cataln constituye algo parecido a un agravio. Se trata de una situacin que afecta a sectores sociales diversos, pero puestos a hacer hiptesis parece que es en sectores de clase media baja donde estas actitudes son ms radicales (sectores de enseantes, de funcionarios...). Tambin porque es en estos sectores donde las cuestiones lingsticas tienen mayor importancia. En empleos industriales, en la construccin, el uso del cataln es menos importante. En la vida cotidiana la gente habla lo que quiere, pero en determinadas profesiones donde la relacin con el pblico es directa la lengua s que importa y en el caso de empleados pblicos la demanda de conocimiento se convierte en imperativo legal. El rechazo es una respuesta que uno puede entender, pero que sin duda ha quedado amplificada por la persistencia de una legitimacin de lo espaol que el franquismo consolid y que nunca se ha replanteado. Y, a menudo, el rechazo que en algunos sectores genera lo cataln en el resto de Espaa tiene posiblemente ms que ver con el hecho de que aqu se hable y se defienda otra lengua, lo que no ocurre, por ejemplo, en el Pas Vasco (a pesar de Lizarra o el plan Ibarretxe nunca se han lanzado campaas de boicot a lo vasco como la del cava).

El pretendido cosmopolitismo de Ciutadans es ms que discutible. Aunque en su campaa han predicado que cada cual hable como quiera, se trata de una demanda que slo se aplica al espaol, pero que se niega para los nuevos inmigrantes parlantes de muchos otros idiomas. No hay por tanto defensa de un derecho universal al uso individual de la lengua, sino reivindicacin de lo espaol sin ms. Es en todo caso jacobinismo a la francesa. Quizs hubiera sido una buena solucin, pero difcilmente es viable en una sociedad donde el cataln esta consolidado socialmente y en un momento histrico donde el plurilingismo se plantea como una necesidad civilizatoria. Me resulta extrao entender que alguien encuentre natural aprender ingls y se resista a aprender cataln viviendo en Catalunya (mxime cuando, como ocurre con otras lenguas latinas, la proximidad es real y el esfuerzo de aprendizaje es absolutamente marginal). Es evidente que cuando uno vive en un mundo plurilingistico debe ser respetuoso con los dems, con su dominio del idioma, con su preferencia en expresarse en uno u otro, pero considero poco aceptable que se plantee sin ms un modelo que niegue de facto la posibilidad de consolidar una lengua en el mbito espacial en la que siempre ha existido. El resultado de unos veinte aos de inmersin lingstica en cataln no ha alterado el predominio del castellano en amplios sectores sociales, ha servido como mucho para que la inmensa mayora entienda, lea o pueda hablar (con mayor o menor fluidez) el cataln y hacer sostenible la fluidez de una sociedad bilinge sin demasiados problemas de convivencia. Sin duda a veces hay excesos y deben denunciarse, pero las actitudes extremas se encuentran en ambos lados. Centrar un programa poltico en esta cuestin puede ser el camino ms corto para generar radicalizacin

Sin duda a Ciutadans la reivindicacin del espaol le ha sido electoralmente rentable. Al presentarse como una fuerza progresista ha podido recoger votos de personas que de otra forma quizs hubieran sentido repugnancia de votarlos. Sus problemas empiezan ahora, cuando tendr que desarrollar una poltica parlamentaria. Si es de verdad un grupo de izquierdas, posiblemente deber coincidir ms de una vez con los proyectos del Tripartit, lo que le va a alejar de una parte de su electorado potencial. Si opta por un crecimiento rpido quizs su nica baza sea la opcin populista, en la que la defensa del espaol-idioma se traduzca tambin en la defensa del espaol frente al extranjero. Es una deriva posible y sobre la que hay que tomar conciencia. La construccin de una sociedad mestiza en la que ya estamos instalados en Barcelona (donde la tasa de recin llegados supera el 10% en casi todos los barrios) requiere generar empatas y reconocimientos entre personas de origen diverso. Una de estas vas consiste precisamente en mostrar que el proceso migratorio actual no es ms que la continuidad de procesos anteriores. Y cuando las cosas se plantean en estos trminos la respuesta ms habitual de mucha gente es la de diferenciar entre nosotros que somos espaoles y estos que son extranjeros. No est clara cual de las direcciones orientar el programa de Ciutadans, pero es evidente que siempre es ms fcil levantar una bandera simplista que jugar permanentemente en un tablero poltico en el que se mueven muchas realidades complejas. En todo caso el peor problema a corto plazo es que su presencia parlamentaria puede tener el efecto de reactivar el pesado debate identitario. Puesto que un grupo que ha hecho del tema idiomtico su cartel electoral va a estar obligado a sacar este debate de forma recurrente para hacerse or y dar seas a sus votantes. Un verdadero fastidio.

III

Finalmente, el Tripartit ha salido porque han resultado imposibles otras combinaciones, a pesar de los intentos desde Moncloa de forzar una alianza sociovergente (o cuando menos conseguir un Gobierno de CiU en minora con el apoyo vergonzante del PSC). No ha sido posible porque si bien ste era el escenario que mayor estabilidad le ofreca a Rodrguez Zapatero, era un escenario difcilmente digerible por el PSC, Un gobierno de coalicin como el que se propona, solo es justificable en situaciones de emergencia, que ahora no se dan. El pacto corra peligro de desnaturalizar completamente el papel del PSC, desmoralizar a sus bases y militantes y en suma ahondar en su descrdito poltico. Poda incluso arrastrar a Zapatero, porque hoy por hoy Catalunya es uno de sus principales graneros de votos en las elecciones generales. En cierta medida la apuesta de Moncloa era la bsqueda de dos equilibrios incompatibles. Y al final ha pesado el juego de lo inmediato. Como haba insistentemente subrayado Josep Ramoneda, ningn partido con opciones de tomar el poder suele renunciar a l por clculos a corto plazo. Porque tener el Gobierno significa ampliar las posibilidades de influencia y dar salida a las aspiraciones de sus cuadros. Y esto es lo que ha ocurrido. Tambin porque en Esquerra Republicana de Catalunya sigue pesando su temor ser abducidos en el caso de una coalicin con CiU (tal como ocurri de 1980 a 1984).

No deja de ser paradjico que mientras en Catalunya la reedicin del Tripartit es vista con un cierto alivio, en el resto de Espaa (y aqu incluyo una valoracin subjetiva de lo que he percibido en recientes viajes a otras ciudades) la cosa se vea completamente diferente. Y es que si bien el nuevo Gobierno no despierta grandes entusiasmos, lo que daba miedo era el retorno de Mas y Durn, crecidos en su papel de salvadores de la patria (como apoyo privilegiado a Zapatero) y recordndonos lo mal que lo haba hecho la izquierda. Una CiU que, quizs con un exceso de optimismo, no dud en lanzar numerosas propuestas reaccionarias, como el carn por puntos a los inmigrantes, la desgravacin fiscal a quien hablara ingls y una poltica de cheques para el pago de servicios privatizados. Una CiU que acab su mandato con numerosos casos de corrupcin y que en 23 aos desarroll polticas muy reaccionarias en todo aquello donde tena poder: la educacin, los servicios sociales, la sanidad... En cambio, por razones diversas, en el resto de Espaa el Tripartit se percibe como el pacto con el diablo ERC y el predominio de una apuesta nacionalista por encima de lo social.

Sin duda ERC tiene muchas cosas criticables. Y la cultura nacionalista, expresada en la voluntad de seguir manteniendo una renta per capita superior al resto (o de ser los lderes de la economa espaola per secula seculorum ) va ms all de la propia Esquerra. No cabe duda que el Tripartit genera una imagen fcilmente explotable por el PP. Pero si bien todo esto es parte de los problemas que se plantean en una sociedad tan compleja como la espaola y donde coexisten identidades nacionales tan diferenciadas, tampoco es posible pensar que podra haberse dado una situacin diametralmente diferente. De hecho quin ms radicaliz los contenidos del Estatut no fue ERC, sino CiU. Aunque la posterior competencia electoral por un mismo espacio y la propia confusin y errores de los republicanos les llevaron a extremar posturas. La sociovergncia o el gobierno monocolor de CiU (y en contrapartida su apoyo al Gobierno de Madrid) no hubieran ahorrado tensiones en la misma direccin. Y adems habran reforzado una alianza que siempre acaba pasando una factura clara en trminos de derechizacin de los programas del Gobierno (como ya ha ocurrido en la reforma del IRPF). Quienes ms apostaban en el PSOE por una salida de este tipo posiblemente lo hacan menos por el temor al coste de pactar con los nacionalistas catalanes que por anclar las polticas del Gobierno en sus variantes ms conservadoras, sin correr el riesgo de verse obligados a pactar con fuerzas ms a la izquierda. La gente de izquierdas catalana tenemos el deber de empujar al gobierno hacia reformas sociales alternativas. Pero nuestros amigos del resto de Espaa tienen tambin que ser nuestros aliados (y muchos lo han sido) a evitar que el jacobinismo espaol se convierta en el mayor aliado del nacionalismo cataln.

IV

No soy entusiasta del nuevo gobierno. Ms bien parece que la nica leccin aprendida es que deben mejorar su respetabilidad, evitando debates pblicos entre ellos, actuando centralizadamente y unidos. Posiblemente, la dispersin del anterior gobierno fue uno de sus puntos ms dbiles frente a la opinin pblica (e incluso uno de los factores de aumento del voto IV-EUIA que apareci como un grupo de gente seria y responsable). Pero a cambio no ha habido una reflexin a fondo de las limitaciones de la accin de gobierno, ni un intento serio de discusin de sus contradicciones. Y, dada la hegemona del conservador PSC en el mismo, los nuevos modos de actuar pueden ser una va directa para coartar las propuestas ms alternativas que representa Iniciativa.

Lo de poner a Saura al frente de Interior suena a jugada maquiavlica de Montilla (un mal orador pero un eficaz hombre de aparato) ya que de una tacada reduce el peso de una rival en su propio partido Montserrat Tura y coloca a un rival emergente en una posicin realmente complicada. Saura va a ser desde ahora el enemigo nmero uno de okupas y otros alternativos, al tiempo que ya empieza a percibir el rechazo de una fuerza policial los Mossos de Escuadra formada en las ubres convergentes y, como todas las fuerzas de orden, poco amistosa con las ideas progresistas. Que IV-EUIA pueda salir malparada de esta aventura puede tener consecuencias que van ms all de su propia parcela de poder, al fin y al cabo lo menos importante, ya que ello reforzara en unos el convencimiento de que slo se puede actuar en movimientos sociales fuera del juego institucional y, en otros, el desprestigio de las ideas de izquierdas. Los terrenos pantanosos de los que nunca podemos escapar.

El nuevo gobierno anuncia una apuesta por lo social. Su proyecto estrella ser el crecimiento de los servicios sociales, hasta ahora totalmente infradotados incluso en comparacin con otras Comunidades Autnomas. Y se seguir invirtiendo en la remodelacin de los barrios (con experiencias ambiguas, pues en muchos casos se acaba por provocar su gentrificacin y su conversin en escaparates tursticos, aunque tambin existen ejemplos notorios de mejoras sustanciales en sus condiciones de vida), o en el mayor gasto educativo. Se espera que la mejora financiera que se deriva del nuevo Estatut permita financiar este gasto. Puede ser sin duda la cara buena de la experiencia, aunque al lado queda el continuismo en muchos otros aspectos, como los modelos sanitario y educativo heredados del pasado o la obsesin, compartida en gran medida por PSC y ERC, por la inversin en grandes infraestructuras. Se trata en parte de obsesiones de los propios polticos y tambin de la presin de importantes lobbies y grupos de poder que utilizan todo su aparato meditico y organizativo para imponer sus intereses como objetivos nacionales.

Es en este contexto donde IV-EUIA tiene que batirse si quiere demostrar que es posible una intervencin social alternativa desde el plano institucional. La apuesta por una transformacin ecolgica de la sociedad es una necesidad ms clara. Al igual que una transformacin profunda de nuestra estructura social que permita hacer frente a los problemas que se plantean por ejemplo en el mundo laboral precariedad, desigualdades, imposibilidad de gestin de la vida cotidiana, autoritarismo, riesgos para la salud, segregacin sexual, etc. o en el campo de la vivienda. Y ello exige cierta osada propositiva y mucha intervencin y movilizacin social. No est claro que la opcin por un gobierno unificado en aras a la imagen de seriedad, una concesin excesiva al realismo ms plano (como la insistencia en asociar competitividad y ecologismo hecha insistentemente por Saura en toda la campaa electoral), o la propia dedicacin al orden pblico vayan a ser terrenos muy favorables para que una voz autenticamente ecosocialista se haga sentir en la accin de Gobierno.

Realmente deseara que el aumento de votos de IV-EUIA se tradujera en un crecimiento de la influencia de las ideas y proyectos que defienden. Y hay que reconocer que, con toda su moderacin, han llevado a cabo algunas buenas experiencias. Pero tambin es cierto que en algunos casos han sufrido ataques que no han podido frenar (empezando por el cese de su anterior Conseller de Medi Ambient por la presin de los grandes grupos empresariales) o que incluso en algunos casos han acabado internalizando las razones de sus socios (por ejemplo no han planteado un debate serio en el campo de la externalizacin de servicios pblicos). Y menos an estn en condiciones de llevar a cabo un capilar esfuerzo de desarrollo de una sociedad civil alternativa capaz de dotar de profundidad a sus propuestas. Hoy por hoy el voto de IV-EUIA es ms el voto de las capas medias progres que la representacin de un amplio movimiento social. En su descargo hay que indicar que tampoco a su izquierda hay muchas fuerzas, y las pocas que hay a menudo estn ms empeadas en organizar batallas sectarias que en entablar un proceso dialctico, sin duda no exento de tensiones, entre la intervencin institucional y la movilizacin social. Faltan energas y faltan cabezas. El reto para la izquierda es que esta nueva etapa de Gobierno no se convierta en otro perodo de frustracin. Evitarlo pasa por empezar siendo conscientes de los riesgos y las debilidades. Porque si en algo estamos en sintona con el mismo Montilla es en que no nos podemos permitir otro fracaso.



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