Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2006

Manuel Sacristn como filsofo (y poltico) de la ciencia

Salvador Lpez Arnal
Gaceta sindical


No hay antagonismo entre tecnologa (en el sentido de tcnicas de base cientfico-terica) y ecologismo, sino entre tecnologas destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologas favorables a largo plazo a sta. Creo que as hay que plantear las cosas, no con una mala mstica de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quiz gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmsfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxgeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en s, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como est es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnologa es un cambio de modo de produccin y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolucin; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnolgico revolucionario consciente e intencionadamente.

Manuel Sacristn (1983), Entrevista con Naturaleza



En la poblada mochila vital e intelectual de Manuel Sacristn (1925-1985), pueden hallarse multitud de haceres y de haberes intelectuales y, desde luego, no todos ostentan atributos metacientficos. Sin duda. Pero el autor de Karl Marx como socilogo de la ciencia, adems de ser un recordado profesor de metodologa de las ciencias y autor de un libro tan decisivo como Introduccin a la lgica y al anlisis formal, fue tambin un informado, singular y agudo filsofo de la ciencia con intereses centrales en los mbitos anexos de la sociologa y de la poltica de la ciencia. Pretendo justificar estas afirmaciones, recordando que la simple revisin de Introduccin a la lgica permite encontrar magnficos ejercicios de reflexin epistemolgica y no slo en los cuatro primeros captulos o en los apartados finales del volumen. Las pginas que Sacristn dedic a la significacin del teorema de incompletud de Gdel para la teora de la ciencia y a su consistencia con el programa metamatemtico de Hilbert siguen siendo modlicas.

Lo primero que puede afirmarse, sin riesgo de error, es que Sacristn fue un epistemlogo libre, muy libre, que ley de una forma nada usual a los clsicos de la gran filosofa de la ciencia del siglo XX: a Russell, a Wittgenstein, a Carnap, al gran Otto Neurath, a Kuhn, a Popper, a Quine, a Feyerabend, a Suppe, a Bunge, a los estructuralistas, a Lvi-Strauss, a Scholz, a Holton, a Georgescu Roegen, etctera no vaco1 . No es de extraar: este estilo intelectual, esta ausencia de papanatismo, es netamente consistente con la forma no cegada ni repetitiva con la que siempre cultiv su propia tradicin poltico-filosfica. Basta trazar un arco, un amplio arco, entre uno de sus primeros escritos marxistas, de 1956 -Para leer el Manifiesto del Partido Comunista2 , papel que circul bsicamente entre los heroicos militantes del PSUC-PCE de aquellos difciles aos-, y el que fuera su ltimo artculo publicado en vida, en mayo de 1985, su sentida presentacin a la traduccin del undcimo Cuaderno de la Crcel de Gramsci3 , para admitir sin reservas que los numerosos y muy variados puntos del dibujo trazado corroboran sin dudas razonables la anterior afirmacin.

Esta libertad de pensamiento, de interpretacin, puede tambin observarse en otra cuestin que preocup centralmente a Sacristn en los aos setenta y ochenta, y que enlaza con sus anteriores inquietudes sobre el irracionalismo anti-cientfico contemporneo. Fue en la segunda semana de enero de 1982 cuando Sacristn se reincorpor al curso de metodologa de las ciencias sociales que entonces imparta en la Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad de Barcelona. Antes, hacia mediados de noviembre de 1981, Sacristn haba viajado a Mxico para impartir un seminario en un curso de estudios bsicos de la Facultad de Ciencias Polticas de la UNAM e intervenir en Guanajuato, en un Congreso Iberoamericano de Filosofa, con una comunicacin, posteriormente publicada en mientras tanto y recogida como magnfico broche final en Papeles de Filosofa4, que llevaba por ttulo Sobre los problemas presentemente percibidos en la relacin entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofa de las ciencias sociales. Un esquema de discusin. Dialctica, una revista mexicana dirigida por Gabriel Vargas y Juan Mora Rubio, public en 1982 este mismo texto con un ttulo ms compendioso: Sociedad, naturaleza y ciencias sociales. Un esquema de discusin5 .

En los compases iniciales de esta comunicacin, Sacristn formul un argumento, bsico en sus ltimas reflexiones, contra las epistemologas emparentadas con el segundo Heidegger o con las tesis -de menor exquisitez acadmica pero acaso con mayor realidad social- de la filosofa contracultural que en aquel entonces tena en los ensayos y artculos de Theodor Roszak un socorrido punto de engarce, corrientes ambas que Sacristn designaba con la denominacin de filosofas de la ciencia de inspiracin romntica.

Su punto de vista crtico podra formularse en los siguientes trminos: los peligros de la relativamente creciente y grave desorganizacin de la relacin entre la especie humana y la naturaleza -y esto, antes, mucho antes, del Katrina y del Rita, y de las certeras previsiones de Mark Fischetti, publicadas en Scientific American ya en 2001-, relacin fuertemente mediada por saberes y haceres cientfico-tecnolgicos, haban facilitado un renacimiento de esas concepciones que, como sealaba, l agrupaba bajo el rtulo de filosofas romnticas de la ciencia. Apreciando algunas emociones que subyacan en su crtica, y aun reconociendo el valor terico-poltico de algunos de sus anlisis y descripciones, Sacristn rechazaba, por una parte, su negativa valoracin e incluso menosprecio del mero conocimiento operativo e instrumental, y sostena, por otra parte, que no representaban ni podan representar un transitable sendero que permitiera salir del espeso bosque contaminado en el que nos encontrbamos inmersos, entre otras razones por el peligro de impostura intelectual que en ocasiones les afectaba: disertaban y sentenciaban, sobre todo sentenciaban, sobre el conocimiento positivo hablando de asuntos y desde perspectivas que apenas recogan la prctica cientfica realmente existente en cualquiera de sus variantes, ni manejaban informacin mnimamente veraz sobre los resultados conseguidos por las diversas disciplinas cientficas.

En trminos parecidos se haba manifestado Sacristn en las pginas que dedic en Las ideas gnoseolgicas de Heidegger a Hebel der Hausfreund6 . El ex-rector de Friburgo sostena en este ensayo de 1957 que la humanidad sigue errando por una casa del mundo a la que falta el Amigo del Hogar, un personaje a caballo de los mritos racionales y de la poesa esencial suprarracional, un individuo que se inclina de igual modo y con igual fuerza ante el edificio del mundo construido por la tcnica y ante el mundo como casa de un habitar ms esencial, aquel Ser -sin duda con maysculas- que, en definitiva, conseguir -Sacristn cita ahora a Heidegger- volver a cobijar la calculabilidad y la tcnica de la naturaleza en el abierto misterio de una naturalidad nuevamente vivida de la naturaleza7 .

Ante este punto de vista, el pensador racional que fue Sacristn sealaba, en primer lugar, que la armoniosa proclama de Heidegger era sumamente demaggica ya que pasaba por alto inevitables consecuencias del pensamiento esencial que, con toda probabilidad, determinaran una poltica cultural mucho menos equilibrada que la armona proclamada, y, en segundo lugar, que el pensamiento racional debera responder a Heidegger, y a sus afines, que de hecho todo intento que, como ocurre en su caso, reduzca la razn a un mun empobrecido al que se contrapone, como figura opuesta, la naturaleza, la realidad, la vida, la poesa, la esencia, ha hecho ya imposible incluso una aproximacin correcta al problema, porque -como apunta Sacristn- operar sobre una razn en la que el pensamiento racional no se ver representando.

Ms an, estas posiciones metacientficas neorromnticas estaban de hecho afectadas por un notable paralogismo que daaba su comprensin de la situacin al confundir el plano de la bondad o maldad poltica, moral, social, con el de la correccin o incorreccin epistmica. No era un error trivial. Era precisamente la potencial peligrosidad prctica de la tecnociencia contempornea la que estaba directamente relacionada con su bondad cognoscitiva. La trgica maldad poltica de la bomba atmica haba sido netamente dependiente de la calidad gnoseolgica de los saberes fsicos que le subyacan: si los fsicos del proyecto Manhattan, si el gran Oppenheimer hubiera dirigido a un conjunto de simples idelogos obnubilados, incapaces de pensar correctamente, no estaramos hoy justificadamente preocupados por los peligros de la energa atmica ni por las terrorficas (y conocidas) consecuencias de las armas nucleares.

Finalmente, nuevo plano de crtica de Sacristn, en el supuesto no admitido de que existiera, tal como estas corrientes filosficas parecan defender, un saber gnoseolgicamente superior y alternativo al inesencial y cosificador conocimiento positivo, los peligros sealados no slo no se disolveran sino que se incrementaran exponencialmente por la mayor exquisitez epistmica de ese supuesto saber emergente. Recordando la versin kantiana del mito del Gnesis sobre el rbol de la ciencia, insista Sacristn en que era precisamente el buen conocimiento el que era peligroso moral, prcticamente, y, con toda probabilidad, tanto ms amenazador cuanto mejor fuera epistmicamente. Las concepciones criticadas caan, interseccionaban o se aproximaban a las peligrosas aguas de la falacia naturalista: si la bondad terica no llevaba forzosamente implcita ninguna bondad prctica, la maldad moral no llevaba inexorablemente adherida la etiqueta de la invalidez terica. No era, pues, inmediato aceptar la sentencia bblica sobre verdad y libertad, no era una simple tautologa que la verdad nos haga inexorablemente libres, no es ningn postulado more geometrico que del acierto terico emanen con fuerza deductiva, sin ms mediaciones, la libertad humana y la adecuacin en nuestro hacer.

As, pues, esta consideracin crtica de las filosofas romnticas de la ciencia, sin discontinuidad perceptible con posiciones anteriores, fue uno de los ejes bsicos de los escritos y conferencias de Sacristn en sus ltimos aos. La presencia de corolarios polticos, de esta atmsfera moral-poltica anexa, lateral si se quiere pero no inesencial, no fue un caso extraordinario. Sacristn, en las clases de Metodologa de las ciencias sociales de enero de 19828 , al describir las posiciones de rechazo global o de aceptacin entusiasta de la ciencia sin sombra de duda, sin temblor alguno, y de advertir que casos puros de esta naturaleza eran muy infrecuentes, apunt dos ejemplos notables. En el ejemplo de entusiasmo puro situ a Condorcet; el segundo ejemplo, en este caso de anticientificismo, de regresismo en materia cientfica, fue el Frankenstein de Mary Shelley, de 1818, que representaba una de las primeras manifestaciones del sentimiento de rechazo vital de la ciencia en funcin de sus temidas consecuencias prcticas.

La complejidad del cuadro cultural, intelectual, filosfico, en que se enmarcaba esta reaccin, estaba perfectamente ilustrado por la personalidad de Mary Shelley y por su libro. Shelley, comentaba Sacristn, era la esposa de Shelley, el poeta, y se poda estar casi seguro de que tambin l coincida con las reflexiones de la novela. Entre otras cosas, seal, porque Mary Shelley la haba escrito en Roma, en uno de esos encuentros en los que estaban los Shelley, los Keats, esa primera divisin -la expresin es del propio Sacristn- de la poesa inglesa de la poca. Era inverosmil, prosegua, que no estuvieran todos ellos de acuerdo con lo que all estaba escribiendo Mary Shelley. Pues bien, este libro, que ledo por una persona ingenua, por un progresista sin matices de la segunda mitad del XX, parecera fruto de una mentalidad tradicionalista o reaccionaria, provena de un ambiente que era, prcticamente, el de la extrema izquierda intelectual de la poca. Shelley era seguramente el poeta ms de izquierda de la tradicin romntica inglesa, hasta extremos conmovedores, aadi Sacristn: una vez al bajar a unos calabozos de la Jefatura Superior de Polica de Barcelona, al cabo de un rato de estar all, coment Sacristn, me di cuenta que en una de las paredes algn preso haba araado, con las uas, un verso de Shelley, precisamente, y en ingls. No s qu raro preso sera ste pero el hecho es que all estaba. No s si con la democracia lo habrn quitado cuando habra habido que ponerle un marco.

Los versos araados, en traduccin del propio Sacristn, dicen as:


La luz del da,

despus de un estallido,

penetrar

al fin

en esta oscuridad


No estoy seguro que el poema sea realmente de Shelley (el mismo Sacristn tuvo dudas finalmente sobre la autora), pero, en todo caso, como es fcil suponer, no ha habido marco ni poema ni reconocimiento alguno.

Por lo dems, el giro temtico de la exposicin de Sacristn fue netamente inesperado. No era previsible que una de las primeras derivadas de un comentario sobre Frankenstein nos llevara a calabozos de presos polticos y a la poesa de Shelley. Algunos nos movamos en aquel entonces en una atmsfera densa, estricta y casi puramente analtico-metacientfica, y es razonable afirmar que las preocupaciones sustantivas de orden poltico-moral no eran alimento asiduo de la mayora de los componentes de aquel poblado y agradable conjunto. Era infrecuente que un epistemlogo hiciera calas de este orden, o tuviera su mirada atenta a consecuencias de orden normativo o de crtica poltica como en el caso de su comunicacin al congreso de Guanajuato de finales de 1981.

La prioridad del enfoque ontolgico, y su corolario poltico, en asuntos de filosofa de la ciencia era argumentada por Sacristn en los siguientes trminos: el filosofar metacientfico haba discurrido bsicamente por dos vas diferenciadas si bien no siempre excluyentes: la primera perspectiva se haba centrado en las relaciones entre ciencia y cultura, entre el conocer cientfico y la comprensin global del mundo y de la vida. A este tipo de consideraciones, las enmarcaba con el rtulo de planteamiento o problemtica epistemolgica. Exista, sin embargo, otra lnea de reflexin, cuyos antecedentes situaba Sacristn en el idealismo alemn o incluso en Leibniz, que propona considerar la relacin entre lo cientfico y lo metafsico en trminos mucho ms ontolgicos9 . Heidegger era un representante destacado de esta segunda lnea. Consideraba Sacristn que el primer planteamiento era una lnea que filosficamente siempre estara viva por la propia definicin y autoconciencia del pensar cientfico, que se sabe, o debera saberse, inseguro, revisable y limitado, sin embargo, aun admitiendo que estas cuestiones fueran inextinguibles, l pensaba que tenan una importancia secundaria, y que deban perder peso ya entonces, en los aos ochenta del siglo XX, respecto a los temas enmarcables en la metaciencia ontolgica, fundamentalmente, y este es el punto central de su posicin, por la potencial peligrosidad de muchas lneas de investigacin de la tecnociencia actual.

Fue, precisamente, en una conferencia impartida en la escuela de Ingenieros de Barcelona10 , donde Sacristn empez a referirse a la crisis que, en su opinin, acechaba tanto a la filosofa clsica de la ciencia como a las polticas cientficas de carcter meramente progresista o desarrollista, defendidas por entonces con aquiescencia casi unnime. Esta situacin de perplejidad creciente afectaba directamente al corazn del progresismo clsico, a la creencia de que toda acumulacin cientfica y todo avance tecnolgico eran buenos en s mismos. No haba duda de que la situacin era netamente dependiente del carcter operacionalista de la ciencia moderna, del estrecho hermanamiento, cuando no identificacin, entre la aventura de la ciencia y la empresa de la tcnica, empero Sacristn nunca sostuvo que fuera razonable una solucin que defendiera, sin ms matices, una desvinculacin de ambas y una consideracin del ideal cientfico con helnica mirada contemplativa y separado drsticamente del mbito tecnolgico, y no slo, aunque tambin, por lo que esta renuncia pudiera tener de irreal, sino porque, en su concepcin gnoseolgica, la prctica tecnolgica era una parte imprescindible del avance cientfico ya que esa prctica era la que daba, en ltima instancia, intimidad al conocer.

No puede sorprender por ello que, aun admitida esta peculiaridad, esta mirada informada y atenta a la filosofa acadmica de la ciencia pero tambin, y a un tiempo, a las derivadas polticas y sociales anexas, pueda situarse destacadamente a Sacristn en el mbito hispnico de la filosofa de la ciencia, aunque fuera tambin muchas otras cosas: el autor de una tesis doctoral sobre, recuerden, la gnoseologa de Heidegger, ensayo que Lled ha considerado el mejor trabajo de Sacristn y uno de los mejores escritos hispnicos sobre el ex-rector de Friburgo11 ; el laborioso y obligado traductor de clsicos de la filosofa analtica (Quine es el ejemplo ms sobresaliente, pero tambin Hasenjger, Hull o Schumpeter) o de la historia de la ciencia (recurdese su traduccin de los tres primeros volmenes de la Historia general de las ciencias de Ren Taton); un decisivo colaborador editorial en la Barcelona de los aos sesenta y setenta (pensemos, por ejemplo, en SIGMA, en el proyecto de obras completas de G. Lukcs o en el proyecto OME para Crtica); el director o colaborador de varias revistas de calado en la cultura barcelonesa y espaola (Qvadrante, Laye, Nous Horitzons, Materiales, mientras tanto) y de varias colecciones inolvidables (Hiptesis, por ejemplo); un lgico y metalgico de importancia central en la reintroduccin de la disciplina en nuestro pas, como Luis Vega Ren, Paula Olmos o Christian Martn12 han probado y demostrado; un crtico literario y teatral que habl en el erial cultural de los aos cuarenta y cincuenta, y en aos posteriores, de Wilder, de ONeill, pero tambin de Moravia, de Menotti, de Snchez Ferlosio, de Vitoria, de Mozart, de Heine, Goethe o Brossa; un joven letraherido que, junto a Gabriel Ferrater, escriba esplndidas reseas de obras de Simone Weil para Laye; un metafilsofo realista y con programa institucional anexo; un marxista sin parangn; un dirigente poltico no slo de gran altura prctica sino de elaboracin terica destacadsima y, me atrevo a decir, nica, etctera. Si Putnam seal las mil caras del realismo, no muchos menos rostros tuvo el materialista y realista Sacristn.

No hay aqu inconsistencia observable. No era, no es contradictorio que un marxista, que amaba a Goethe, a Heine o a Brecht, fuera tambin un exquisito epistemlogo y un lgico destacado. Pero, por si fuera necesaria alguna confirmacin biogrfica sobre este punto, cabe recordar la carta que Sacristn dirigi a Flix Novales, entonces preso poltico en la crcel de Soria, el 24 de agosto de 1985, pocos das antes de su fallecimiento.

En ella, despus de aceptar crticamente el irrealismo y sectarismo de las izquierdas espaolas, argumentando eso s que entre el irrealismo y el enlodado el segundo era de ms difcil superacin (como los tiempos posteriores confirmaron de forma probatoria), Sacristn acababa sealando:

Tu mencin del problema bibliogrfico en la crcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fcil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algn nmero de la revista que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen ms: dilo. Por ltimo, si pasas a trabajar en filosofa, ah te puedo ser til, porque es mi campo (propiamente, filosofa de la ciencia, y lgica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).

 

Hay que recordar adems que el inters de Sacristn por temas de filosofa o de sociologa y poltica de la ciencia no fue tardo. Y no slo porque l ya haba sido, antes de su expulsin de la Universidad de Barcelona en 1965, un profesor de Fundamentos de Filosofa, con neta y destacada preocupacin epistemolgica, o de metodologa de las ciencias sociales en la Facultad de Econmicas sino porque si recordamos rpidamente algunas de sus conferencias, traducciones o presentaciones es inmediato deducir el inters de Sacristn por estos temas desde su estancia en la Universidad de Mnster, o incluso antes. Dar aqu algunos ejemplos: si se relee el apartado final de su tesis doctoral sobre la gnoseologa de Heidegger puede verse en la prctica a un epistemlogo que, con la mirada puesta en la defensa documentada de la racionalidad cientfica, se enfrenta al pensamiento irracionalista ms importante del momento; si se repasa el comentario que Sacristn hizo en 1967 de El asalto a la razn de Lukcs, se ver en accin no slo a un marxista que se enfrenta abiertamente a la propia tradicin sino a un cuidadoso epistemlogo que no deja pasar ni una a su admirado autor de Historia y consciencia de clase, sobre todo cuando ste habla desde abismos insondables de desconocimiento sobre logicidad o lgica formal; incluso tambin en un escrito de filosofa ms clsica o tradicional, como fue aquel artculo suyo de 1953 sobre Verdad: desvelacin y ley, puede verse con agrado y sorpresa el atrevimiento de sus comparaciones finales de aspectos de la semntica heideggeriana con tesis gnoseolgicas de Russell o de Reichenbach, o con el principio de incertidumbre de la mecnica cuntica. A ello podan sumarse algunas de sus recordadas conferencias como El hombre y la ciudad (una consideracin del humanismo, para uso de urbanistas), de 1959; una intervencin ante la Asociacin Humanidades Mdicas, en 1966; la leccin que imparti en una semana de Renovacin cientfica organizada por el Sindicato Democrtico de la Universidad valenciana, en 1968, y que ha recordado Castilla del Pino en el segundo tomo de sus memorias, sobre Algunas actitudes ideolgicas contemporneas ante la ciencia, o sus varias intervenciones de los aos sesenta sobre Bruno y Galileo, sobre el saber y el creer.

A todo ello, y aparte de una recordada conferencia de mediados de los sesenta -de la que no poseemos ninguna grabacin ni transcripcin pero s un detallado esquema con fichas anotadas- que lleva por ttulo En torno a una medicin de Galileo, hay que sumar numerosos cursos y escritos de sus ltimos aos, especialmente dos textos que en mi opinin no slo estn entre los mejores trabajos de marxologa publicados en tierras hispnicas sino que son adems, y sin inconsistencia alguna, dos magnficos escritos de filosofa y sociologa de la ciencia. Me refiero a El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia, coloquio incluido13 , y el que fue inicialmente un curso de doctorado en Econmicas, ms tarde un curso de posgrado en la UNAM y, finalmente, un largo artculo publicado en Mxico como opsculo con el ttulo Karl Marx como socilogo de la ciencia, sin olvidar, como deca, sus cursos de metodologa de la ciencia, o sus seminarios de doctorado sobre Popper, Kuhn, Lakatos, sobre el estructuralismo cientfico, sobre Mill y la induccin, sobre Bunge, de quien tradujo como es sabido La investigacin cientfica, o sus conferencias, algo ms tcnicas, sobre lgicas dialcticas o paraconsistentes de finales de los setenta, que prueban que su informacin sobre estas investigaciones lgicas no estaba tan desfasada como a veces se ha indicado, o como a veces, acaso por modestia, l mismo seal

Cuatro consideraciones finales pueden justificar algo ms lo anteriormente apuntado. La primera de ellas: la sensatez e informacin con la que Sacristn se aproxim al tema de la dialctica evit que muchos marxistas hispnicos se extraviaran por senderos que, en cambio, fueron recorridos por marxistas europeos, muy celebrados en aquellos aos, con resultados desrticos o, an peor, con neto y confundido extravo lgico. Cualquier historia, breve o no, del marxismo espaol debera situar destacadamente esta contribucin en el haber de Sacristn.

Un ejemplo. En 1968, un colectivo de cientficos sociales invit a Sacristn a sumarse a un proyecto cuya finalidad era la constitucin de una Escuela (dialctica) de Sociologa en Barcelona. En una carta a l dirigida (Manresa, 2 de agosto de 1968), por Luis Maruny apuntaba que haba dos tipos de sociologa, una, la tradicional, tena su marco adecuado en la Universidad; la otra, una sociologa dialctica, por el contrario, no. Para conseguir socilogos del segundo tipo caban dos posibilidades: o esperar que salgan del marco de un centro universitario, supuesto prcticamente imposible, o crear un marco genuino en el que pudieran prepararse sin tener que pasar por la formacin clsica en sociologa de la Universidad, ahorrando con ello esfuerzos y obstculos.

En su larga respuesta, fechada los das 11 y 12 de agosto de 196814 , Sacristn sealaba cosas del siguiente tenor:

(...) El giro ideolgico al que me refiero (yo uso siempre ideologa en el mal sentido en que la usaba Marx, como aproximado sinnimo de falsa consciencia) se apoya en una inferencia injustificada, muy propia de la moda neo-romntica que est, desgraciadamente, padeciendo el pensamiento revolucionario. La inferencia injustificada consiste en identificar esa sociologa que responde a las necesidades objetivas del capitalismo organizado con la investigacin del especialista en cuanto especialista y con la teora micro-sociolgica. ste es el sentido de la afirmacin de tu carta segn la cual esta sociologa se aplica nicamente, en general, a ncleos reducidos entendidos como elementos aislados de un sistema en el cual se deben integrar y al cual, como mximo, deben mejorar . Debajo de esta actitud est la condena de toda investigacin especializada y positiva -en otro lugar hablas explcita y condenatoriamente de microsociologa- por el hecho de que toda investigacin de ese tipo es sometida a los principios generales de funcionamiento del sistema. Lo cual es, por supuesto, verdad. Pero eso es igualmente verdad (en cada momento) del trabajo manual y de cualquier otra actividad que no sea el acto (hipottico y abstracto) destructivo del sistema. Y no por eso se puede negar que el trabajo manual en el capitalismo produce algo ms que enajenacin, a saber, riqueza. Anlogamente, la investigacin sectorial, la microsociologa, la microeconoma, etc. por no hablar ya de las ciencias de la naturaleza, slo son de verdad tiles como ciencias al sistema cuando producen verdad. Es la verdad misma la que es absorbible y aprovechable por el sistema. Mientras se ignore esto, uno seguir siendo un idelogo, una vctima de la falsa consciencia, por revolucionaria que sea su inspiracin, y estar doctrinalmente muy por debajo de Engels, el cual hace ya cien aos, saba muy bien que la teora cientfica autntica est de la parte de la clase dominante, mientras sta es capaz de dominar. Contraponer a la investigacin microsociolgica o microeconmica, etc., otra sociologa o economa, etc., que, por el mismo hecho de la contraposicin, queda puesta en el mismo plano (microplano, por as decirlo) de la primera, es ignorar que sta slo puede responder a necesidades objetivas del capitalismo organizado, a necesidades objetivas en la medida en que descubra y/o aplique verdad; por lo tanto, toda otra disciplina que se le contraponga dir falsedades. Ejemplo: la biologa dialctica de los rusos en los aos 30-40, o su economa en lo que se contrapona, negndola, a la microeconoma matemtica entonces en desarrollo en los pases capitalistas.


La segunda consideracin tiene que ver con Gramsci y con Thomas S. Kuhn, y es un paso de su prlogo El undcimo cuaderno de Crcel de Gramsci15 , texto sobre el que ya han llamado la atencin Antoni Domnech y Francisco Fernndez Buey. Aqu, Sacristn, despus de recordar que no fue Gramsci el nico ni el primer marxista que destac la importancia de la evolucin histrica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia, el denostado Bujarin visit los mismos parajes, sealaba que la misma orientacin histrica y sociolgica de la mirada que a veces haca caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permita tambin formular criterios que luego han aparecido en la filosofa de la ciencia acadmica de la cultura capitalista, sobre todo a partir de La estructura de las revoluciones cientficas de Kuhn, y continuaba apuntando:

[Gramsci] lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con ms planos de pensamiento que el internalista kuhnismo vulgar gracias a la prctica dialctica de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolucin de las ideologas sociales:

La forma racional, lgicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ningn argumento positivo o negativo que tenga algn peso, posee su importancia, pero est muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuestin se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todava no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y cientficos

Kuhn -comenta Sacristn- no dijo mucho ms (filosficamente) en su best-seller acadmico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por as decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir tambin explicaciones un poco ms penetrantes.


Es inmediato ver en este comentario algunas de los componentes a los que se ha hecho referencia: buen conocimiento de la epistemologa acadmica, mirada atenta en asuntos prximos de sociologa de la ciencia y afilada crtica normativa. Tres en uno, y sin mezcla apresurada.

Tercera consideracin. En el coloquio de una conferencia de 1981 sobre La funcin social de la ciencia en la sociedad contempornea16 se le pregunt a Sacristn por la posibilidad de que la filosofa o la ciencia salieran ms a la calle, de que se situaran al alcance del ciudadano medio, generando una situacin que favoreciese la difusin de una mayor y ms completa racionalidad entre la poblacin. En su opinin, no haba atisbo posible de duda: a eso no se le puede contestar ms que afirmativamente, sin ocultarse los grandes problemas que tiene. Dar a conocer la filosofa, hacer pblico los supuestos saberes filosficos, era relativamente fcil, pero difundir una informacin de calidad acerca de la fsica nuclear o de la ingeniera gentica resultaba bastante ms complicado, dado que incluso las personas con estudios, pero con otro tipo de estudios, no tenemos muchas veces buena informacin acerca de esas cosas; es decir, sobre un reactor nuclear, los que no somos fsicos, toda la informacin que tenemos proviene de los fsicos (...) No hay ninguna duda de que eso les da un poder muy especial a determinados cientficos.... Empero, la realista consideracin anterior no restaba un tomo de verdad a la sugerencia: en estos asuntos haba un problema muy importante de informacin, que no lo resolvera todo porque hay adems un problema de moral, de valores y social, pero que slo as se permitira plantear el problema de valores .

En su propuesta de racionalidad pblica completa, Sacristn inclua como eje central el control democrtico, social, sobre el desarrollo la ciencia. Si se construyera una fraccin razn que arrojara la tasa de dominio de la ciudadana sobre la ciencia en nuestras sociedades, su valor sera irrisoria y trgicamente mnimo. No siempre haba sido as. En otras culturas, en la antigua civilizacin china por ejemplo, se habra obtenido seguramente un buen resultado, entre otras cosas, justo era reconocerlo, porque el denominador, la potencia cientfica de esa cultura, era bajo y el poder social sobre la ciencia era intenso. En la actualidad incrementar esa razn ya no iba a ser posible reduciendo el denominador, disminuyendo la fuerza de los saberes tecno-cientficos. La nica solucin razonable pasa por aumentar el numerador, la fuerza de la ciudadana, el poder social. De ah, la importancia de la funcin educativa y del primado de la asignacin de recursos a este mbito en la propuesta programtica defendida por Sacristn, sin negar que esa tarea no era un camino fcil dada la creciente complejidad y especializacin de los saberes cientficos contemporneos, y admitiendo que no hay ningn tipo de control externo que pueda suplir el autocontrol de los cientficos y tecnlogos conscientes de su responsabilidad moral y social.

Empero, la dificultad admitida no implica que la finalidad propuesta fuera una simple ensoacin de Sacristn. En una destacable reflexin sobre Ciencia y anticiencia17 , Gerald Holton expona un ejemplo revelador de la decisiva importancia de la participacin ciudadana en asuntos de poltica de la ciencia. En un experimento piloto iniciado en 1980 por la Public Agenda Foundation de EE.UU., fueron convocados seis grupos, de entre 9 y 14 personas, representativos del conjunto de la ciudadana norteamericana, con la finalidad de que mediante documentados y adecuados debates tomaran decisiones fundamentadas sobre problemas normativos tico-polticos cuya evaluacin pareca en principio requerir sofisticados conocimientos cientfico-tcnicos tan slo accesibles a una reducidsima minora de miembros prominentes de determinadas comunidades acadmicas. Los dos ejemplos citados por Holton eran la pertinencia o no de fomentar la produccin de istopos de material fisionable y, en un orden muy distinto, la de primar o no la investigacin agresiva del proceso de envejecimiento.

Al inicio de cada sesin, cada uno de los grupos participantes, sin preparacin ni discusin previa, ofreca una respuesta bastante previsible y que reflejaba el grado habitual de desconocimiento o de imprecisin en asuntos tecno-cientficos que suele en general traslucirse en gran parte de las encuestas o estudios realizados. Empero, al final de cada jornada de trabajo, despus de que se hubiera indicado al grupo de debate la necesidad de informarse, de estudiar y discutir acerca de los aspectos cientficos y tcnicos del tema en cuestin con la ayuda de materiales explicativos y asequibles puestos a su disposicin y, tras haber dialogado unos con otros sin urgencias ni precipitaciones, se volvan a pronunciar sobre el mismo asunto. Pudo entonces observarse que el resultado de esta segunda votacin, la realizada despus de sus prolongadas y nada fciles discusiones, era muy diferente del primero y que se aproximaba en gran medida al obtenido independientemente por destacados grupos de cientficos profesionales que haban abordado las mismas cuestiones.

Caba entonces concluir, apunta Holton, que con los recursos necesarios y con condiciones sociales y culturales que posibiliten la intervencin informada de las poblaciones determinadas cuestiones cientficas o tecnolgicas, con netas y decisivas aplicaciones econmicas y polticas, podran ser dilucidadas con racionalidad y mesura, incluso en plazos relativamente breves, con la activa participacin de personas no necesariamente expertas en las materias objeto de discusin.

Finalmente, la ltima consideracin, tiene que ver con la misma nocin de ciencia. Sacristn seal reiteradamente18 que incluso sin salirnos de la tradicin cultural de la ciencia greco-europea, la palabra ciencia -o las palabras que se suelen traducir por ciencia en otras lenguas- haba significado cosas muy distintas a lo largo de sus 2.500 de desarrollo. Acaso era necesario alumbrar una nueva nocin a la altura de los desarrollos actuales. Sus ltimas posiciones sobre este punto pueden verse en un texto de 1973, indito hasta la fecha, que puede consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, y que lleva por ttulo Nota de conjunto para A.R.H19 . Sus nueve consideraciones de epistemologa y sociologa de la ciencia son las siguientes:

1. La ciencia en concreto -el fenmeno global de una determinada prctica, que es lo que realmente existe- es parcialmente bsica (es una fuerza productiva) y parcialmente sobreestructural (es un campo en el que se dirimen las luchas de clase).

2. En ambos campos la ciencia est determinada por la base de la formacin en su conjunto. Entiendo por determinacin, fundamentacin real. O sea, posibilitacin: una base hace posible, no inevitable, la actuacin de una fuerza productiva o el desarrollo de un contenido sobreestructural (poltico o ideolgico). Lo activo no son las estructuras, sino los individuos (hoy divididos-agrupados en clases).

3. Por tanto, la gnesis de la ciencia como realidad concreta es histrica. En este sentido es correcto usar las expresiones usadas incorrectamente por el stalinismo-zdanovismo: ciencia esclavista, ciencia feudal", ciencia capitalista, etc. Es preferible usar el adjetivo que indica el sistema social que el adjetivo que indica la clase dominante (mejor ciencia capitalista que ciencia burguesa, p.e.). Porque, en mi opinin, as se alude mejor a la base posibilitadora de una determinada ciencia.

4. La experiencia histrica muestra que hay que distinguir de la cuestin de la gnesis la cuestin de la validez: porque productos o elementos de la ciencia esclavista, por ejemplo, siguen valiendo hoy.

5. Pero la distincin gnesis / validez o vigencia no afecta a la globalidad concreta del fenmeno ciencia, sino slo a partes o elementos suyos.

6. Eso determina la gnesis de la idea de ciencia pura, extrapolacin, con tendencia formalista, de la experiencia de los contenidos vlidos ms all de la formacin social en que tuvieron su gnesis, o sea, extrapolacin, en suma, de la idea de validez. Se puede decir que esta idea de validez, y la de ciencia pura, tienen su origen en la clase dominante-helnica de los siglos VI-IV, que construy la nocin de demostracin en sentido estricto, de prueba universalmente vlida.

7. Es de suponer una componente ideolgica en la ciencia concreta -en el fenmeno global de cada momento histrico-, sin perjuicio de la posible validez de algunos de sus componentes para momentos y hasta formaciones e incluso sistemas sociales ulteriores o, en general, diferentes.

8. Numerosos elementos vlidos son incorporables a ideologas contemporneas diferentes, o incluso antagnicas (ejemplo de cajn: la evolucin biolgica). Esos elementos, pues, realizan implcitamente el ideal de 'verdad objetiva" (que es histricamente relativo), pero precisamente a travs de ideologas, no al margen de ellas, como creen los formalistas. El concepto de verdad objetiva es histricamente relativo.

9. La afirmacin de que la objetividad o validez universal o neutralidad de elementos cientficos -y ms de la ciencia- es un dato, y no una simple idea reguladora, es ideolgica y apologtica. Hay una posibilidad de que no sea directamente apologtica: que se afirme slo formalmente, de la Ciencia no concretamente, tal como existe, sino como construccin en s, sin valor real, como juego (ajedrez). Pero entonces ser ideolgico y secundariamente apologtico la afirmacin de que la ciencia "es" o "no es ms que esa formalidad cerrada de la naturaleza de los juegos.


Por debajo, un programa, una concepcin equilibrada sobre la racionalidad cientfica y sobre el papel social y poltico de la tecnociencia contempornea que cabe formular con sus propias palabras: La intencin es buena y fundada: es la tendencia a restaurar la contemplacin y preservar el ser, la naturaleza. Pero hay que saber que no puede uno ponerse a contemplar por debajo de la fuerza de sus ojos, y que el arte de acariciar no puede basarse sino en la misma tcnica que posibilita la tirana de violar y destruir.



Bibliografa


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1 Notas y reflexiones de lectura sobre ensayos de estos autores pueden verse en numerosos cuadernos de trabajo de Sacristn hoy depositados en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Manuel Sacristn Luzn (RUB-FMSL).

2 El trabajo fue reeditado en 1972 por el comit ejecutivo del PSUC. Permanece indito.

3 Manuel Sacristn, El undcimo cuaderno de Gramsci en la crcel, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987 (edicin de Juan-Ramn Capella), pp. 184-206.

4 Manuel Sacristn, Papeles de filosofa. Panfletos y materiales II, Barcelona, Icaria, 1984, pp. 453-467

5 Manuel Sacristn, Sociedad, naturaleza y ciencias sociales, Dialctica, ao VII, n 1 12, septiembre 1982, pp. 49-62.

6 Manuel Sacristn, Las ideas gnoseolgicas de Heidegger, Crtica, Barcelona, 1996 (edicin de Francisco Fernndez Buey), pp. 228-231.

7 Ibdem, p. 229.

8 M. Sacristn Metodologa de las ciencias sociales. Curso 1981-1982 (transcripcin). RUB-FMSL.

9 Un desarrollo detallado en la transcripcin de la conferencia de Sacristn sobre poltica socialista de la ciencia que se incluye en este volumen.

10 De la filosofa de la ciencia a la poltica de la ciencia . El 3 de noviembre de 1976 Sacristn imparti una conferencia con este ttulo en la Facultad de Ingenieros Superiores de la Universidad de Barcelona, dentro de un ciclo en el que tambin participaron Jess Mostern y Javier Muguerza. Una segunda versin de esta conferencia fue dictada, con pequeas variaciones, el 14 de diciembre de 1977 en la Universidad de Salamanca, esta vez con el ttulo. Filosofa de la ciencia y poltica de la ciencia hoy. Se conserva una grabacin de su intervencin en ETSIB que puede consultarse en RUB-FMSL.

11 Entrevista a Emilio Lled por Xavier Juncosa para sus documentales sobre la vida y obra de Manuel Sacristn

12 Pueden verse algunas de sus aproximaciones en AA. VV., Donde no habita el olvido, Montesinos, Barcelona, 2005

13 La conferencia est recogida en Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983, pp. 317-367, y el interesante coloquio que sigui a su intervencin central en M. Sacristn, Escritos sobre El Capital (y textos afines), El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 307-326.

14 Puede consultarse en una carpeta de correspondencia depositada en RUB-FMSL.

15 M. Sacristn, Pacifismo, ecologismo y poltica alternativa, op. cit, pp. 205-206.

16 Puede consultarse en RUB-FMSL. Est anunciada su publicacin en El Viejo Topo en un volumen titulado Escritos de filosofa y poltica de la ciencia, presentado por Guillermo Lusa y con eplogo de Joan Benach y Carles Muntaner.

17 Holton, Gerald, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traduccin de Juan Luis Chulilla y Jos Manuel Lozano-Gotor.

18 Por ejemplo, en sus clases de metodologa de las ciencias sociales de 1983-1984 (RUB-FMSL). Transcripcin de Joan Benach

19 Puede consultarse en RUB-FMSL.

 


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