Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2006

Antologa de textos de Manuel Sacristn sobre la Escuela de Frankfurt

Salvador Lpez Arnal
Rebelin




Yo lo que haca era intentar dar un marxismo complicado por as decirlo: Adorno, W. Benjamin, Lukcs. Autores que no fueran muy esquemticos y que no fueran slo la cultura marxista elemental. Y clsicos. Siempre aspire a clsicos ya que una de las cosas peores de la literatura marxista es que, como la obra de Marx fue editada por el propio autor en forma de borradores en su mayor parte, se lee muy poco por ser una tarea bastante pesada y laboriosa.
Manuel Sacristn (1982)

La unidad sin anlisis es el vicio del adornismo.
Manuel Sacristn


La irritacin que me produce ya la crtica de la cultura, los hijos de Adorno, es de causas quizs complicadas. Est primero el mito de la sociedad industrial, o sea, el escamoteo del capitalismo. Y este motivo es claro. Pero luego hay otro que no s an si est del todo justificado. Estos escritores parecen dedicarse a una actividad que tiene las mismas pretensiones que la ciencia, pues su modo de revelar realidad no es artstico, y en campos que son cientficos -la sociologa-, pero sin hacer ciencia. Est justificado rechazar eso? No es a-dialctica tranquilidad por mi parte? No lo creo, pero hay que verlo.
Manuel Sacristn


Manuel Sacristn (1925-1985) no dedic ningn trabajo largo a los filsofos de la escuela de Frankfurt, ni a la propia Escuela, pero s tradujo obras de autores frankfurtianos. En 1962, por ejemplo, Ariel public sus traducciones de dos obras de Adorno: Prismas y Notas de literatura; en 1968, tradujo, tambin para Ariel, El final de la utopa de Marcuse, y dos aos ms tarde, para la Martnez Roca, Ontologa de Hegel y teora de la historicidad. Igualmente, en 1969, para Anagrama, Sacristn haba traducido un libro coordinado por Jrgen Habermas: Respuestas a Marcuse, ensayo que tambin present y anot.
El estilo de Adorno, la amplitud de sus conocimientos, fueron claramente admirados por Sacristn, a pesar de considerar un error creer que Adorno estaba implicado, a partir de un cierto momento de su biografa, en la tradicin marxista revolucionaria. A ello se refiri crticamente, por ejemplo, en su conferencia Sobre Lukcs de 1985 (ahora en M. Sacristn, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005).
De Herbert Marcuse, del que consider positivamente algunas fases de su compromiso poltico, le separ su marxismo-heideggeriano y sus precipitadas consideraciones sobre el conocimiento cientfico y la tcnica en general. Algunas aristas crticas de ello pueden verse en una conferencia de 1969, impartida en la Universidad de Valencia, sobre determinadas actitudes ideolgicas antes la ciencia contempornea, intervencin a la que Castilla del Pino haca referencia en Casa del olivo, el primer tomo de sus memorias.
Sobre Habermas, Sacristn formul breves pero interesantes comentarios en entrevistas y trabaj, con detalle crtico, algunas de sus obras.
Walter Benjamin fue, sin duda, el autor frankfurtiano que le fue ms cercano y al que ms admir: por su vida, por su compromiso, por su estilo filosfico y literario, por sus interesantes comentarios sobre traduccin... Huellas de ese inters pueden verse en discpulos suyos como Juan-Ramn Capella o Francisco Fernndez Buey. Como se ver, Sacristn lleg a proponer a la editorial Ariel, en 1969, la traduccin de las obras completas de Benjamn, en aos el que el autor de las tesis sobre filosofa de la historia apenas haba sido publicado en Espaa.
Como en las anteriores ocasiones, mis anotaciones vienen indicadas por Notas SLA.
*

1. La parentesco escolar frankfurtiano.
La crtica que la mayora de los autores de este volumen [Respuestas a Herbert Marcuse] ejerce sobre el pensamiento de Herbert Marcuse es aguda, de fundamento y bastante completa. Los dos ejes del anlisis ofrecido por Haug, por ejemplo, centran dos series de consideraciones que casi agotan el campo crtico posible: Haug critica metodolgicamente la marcha general del pensamiento de Marcuse, mostrando su carcter metafrico, y pone tambin de manifiesto, en el curso de una exposicin que es tal vez lo mejor del libro, las decisivas concesiones de Marcuse al capitalismo (la identificacin de ste con la sociedad industrial como tal y la admisin de su racionalidad sistemtica o global), as como el error bsico sobre dicho rgimen en el que arraigan aquellas concesiones. Haug recuerda cmo Marcuse reconoce al capitalismo racionalidad, eficacia, estabilidad, orden, libertad, satisfaccin de las necesidades; y luego concluye su anlisis, lapidario y un tanto hastiado (como si l, que tiene ahora 33 aos, fuera el veterano, y Marcuse el nonato): El capitalismo, es, como ya lo era antes, todo eso en parte, y en su totalidad sigue siento todo lo contrario. No menos acertado y verdaderamente iluminador est Schmidt cuando demuestra el equvoco heideggeriano del marxismo de Marcuse, su orientacin, nada marxiana ni marxista, a construirse como filsofo positivista. O Claus Offe, cuando subraya el parentesco del anlisis marcusiano con el de los socilogos conservadores alemanes (y conservadores es para algunos de ellos, como Freyer, un eufemismo que resulta verdaderamente excesivo para gentes menos bien educadas y menos dadas al understatement, como somos los latinos).
Pero aunque todo eso [los comentarios crticos de Haug, Schmidt y Offe] es valioso e interesante, no es el por qu de esta traduccin, que aqu se trata de declarar. El especial inters de esta publicacin consiste, ms precisamente, en que los crticos de Marcuse que aqu se manifiestan proceden de la misma tradicin intelectual y poltica que Marcuse: no son socialistas de la II Internacional, ni comunistas de la III, ni trotskistas, ni anarquistas. Son frankfurtianos, como su mentor Habermas. El parentesco se les nota. Haug mismo, que tan instructiva crtica epistemolgica dirige a Marcuse, no tiene reparo en echar por la borda o ignorar, muy la Frankfurt, las pocas cosas slidas que hay en filosofa de la ciencia, y as habla, por ejemplo, como Marcuse mismo, de teora descriptiva y de alguna otra imposibilidad metodolgica. No menos laxamente usa el concepto teora Jrgen Habermas, por lo dems. Y Haug acepta, nada distinto de Marcuse en esto, el carcter escatolgico del socialismo. Hasta habla de recuerdo [Erinnerung] de lo negado por el sistema capitalista, lo cual es una contaminacin de pensamiento metafrico, o -de no ser metfora- referencia a valores feudales, o -si ni lo uno ni lo otro- platonismo puro.
El parentesco intelectual entre Marcuse y estos crticos suyos se revela de un modo llamativo en un curioso paso involuntariamente bblico de A. Schmidt. ste, analizando el pensamiento heideggeriano matriz del de Marcuse, observa crticamente contra Heidegger que en el plano de abstraccin de este filsofo el que inevitablemente tengamos que morir es ms un hecho histrico. (Para una vez que Heidegger se decida por la fisiologa, en vez de por la mstica...) Slo para la Biblia, que sepamos, es la muerte un hecho histrico en sentido pleno, originado por accin del hombre y en fecha determinada, por aquello de la manzana.
Semejantes exageraciones anti-positivistas emparentan los textos de los crticos aqu presentados con el pensamiento de Marcuse. Mas se no es el nico vnculo. Tambin vale la pena registrar la larga analoga prctica o situacional... La generacin alemana de nuestros jvenes crticos frankfurtianos se ha forjado polticamente -digamos tambin para abreviar- vitoreando a John F. Kennedy en conmemoracin del puente areo de Berln.
Pues bien: con toda esa afinidad intelectual y prctica, los autores presentados en este volumen -sin duda con la excepcin beata del ltimo, Breines- realizan una crtica del pensamiento de Marcuse bastante ms iluminadora que la generalmente producida en los ambientes de tradicin marxista clsica, en principio mejor situada metodolgicamente. La calidad de esta crtica, nacida del mismo tronco de lo criticado, es una buena pieza de evidencia que oponer a la sobrestimacin mecnica de las ortodoxias. Pero, en sentido opuesto, y complementario, su eficacia la hace muy valiosa para superar tambin la moda sobrestimadora de la gesticulacin heterodoxa pseudoterica. Las dos cosas juntas dan el por qu de la edicin castellana de este volumen.

1. Apostilla a la edicin castellana de Habermas, ed., Respuestas a Herbert Marcuse, Papeles de filosofa, op. cit, pp. 419-421.

Nota SLA:
Sobre la adscripcin marxista de la Escuela de Frankfurt, este paso del coloquio de la conferencia Sobre Lukcs de 1985 (ahora en M. Sacristn, Seis conferencias, op. cit). Comentaba aqu Sacristn: Yo no s por qu se sigue siendo tan generoso en meter la escuela de Frankfurt ah, no hay porqu. Son otros, la escuela de Frankfurt son otros, son unos socilogos dialcticos idealistas; Marcuse es otra caso claro, hay que separarlo del resto. Pero Adorno, Horkheimer, Habermas, ninguno de ellos, ni siquiera ellos, dicen que han sido marxistas.

Igualmente, de una de las carpetas de resmenes depositada en Reserva de la UB, estas sucintas anotaciones a Antworten auf Herbert Marcuse [Respuestas a H. Marcuse]. Sacristn cita por la edicin alemana de Suhrkamp Verlag de 1968.
A. Jurgen Habermas Presentacin.
1. p. 10. Tambin Habermas usa laxamente Theorie. Por ejemplo: (...) la teora del hombre unidimensional (p. 10).

B. Alfred Schmidt, Ontologa existencial y materialismo histrico en los escritos de Herbert Marcuse.
1. Un notable ejemplo de exageracin anti-positivista: En el plano de abstraccin escogido por Heidegger, el que inevitablemente tengamos que morir es ms un hecho biolgico que un dato histrico (pp. 23-24 ed. alemana; p. 25 edic. cast.). Slo para la Biblia es la muerte un hecho literalmente histrico: se origin en tal fecha por lo de la manzana.
2. Una valiosa aclaracin del elemento comn de Sartre-Merleau-Marcuse, etc.. Schmidt nota que (pp. 24-25; p. 26). [Desde Marcuse entiende primariamente el marxismo como filosofa positiva que da respuesta a la cuestin fundamental... hasta ...exgesis que est orientada por Sein und Zeit].
Toda esa gente ha buscado la autenticidad, empezando por Lukcs, que es anterior a Heidegger y, por lo tanto, ms tradicionalmente escatolgico, como muy bien dice Schmidt. Eso es lo que pasa por fundar el marxismo en filosofa en vez de hacerlo en el movimiento obrero. El filistesmo final de Lukcs es la cursilera del beato que ya sabe que la mstica no se realiza.
El problema que queda cuando se ha visto que eso es marxismo burgus consiste en no caer en obrerismo espontanesta.
Todo este tema permitira un largo ensayo sobre La intelectualidad burguesa en el marxismo. La primera parte (siglo XIX) sera la lectura econmica burguesa del marxismo por la socialdemocracia. Incapacidad de ver filosofa, fundamentacin en la economa. La segunda parte tratara la perspectiva burguesa filosfica, incapacidad de ver economa. Un final fundamentara en el movimiento obrero.
3. El mismo Schmidt tiene una expresin que revela la extraeza de todos los frankfurtianos respecto de la ciencia, incluso los que critican a Marcuse. Est criticando la nocin de ideologa de ste en los Beitrge [Contribucin] y slo se le ocurre que es una nocin muy formal, cuando lo que tiene de ms caractersticamente irracionalista es que identifica toda la sobreestructura nocional con la ideologa (p. 45; pp. 45-46).

C. Wolfgang Fritz Haug, El Todo y lo completamente Otro. Contribucin a la crtica de la trascendencia revolucionaria pura.
1. pp. 54-55 (edic. alem.; edic cast) [Desde La descripcin habla el lenguaje de las apariencias, pero pretende enunciar la esencia... hasta (...) El conocimiento desde fuera exige una nueva inmediatez que revele la esencia de un modo directo y sin atender a los detalles] y todo lo que sigue sobre el lenguaje metafrico y mtico de Marcuse es excelente. Al final de la pgina 55 queda ensombrecido porque el autor lo aprecia un poco a causa de su valor demaggico en sentido estricto.
2. En la pg. 57, excelente desarrollo de una implicacin del lenguaje marcusiano: es lenguaje de la derrota y la desesperacin.
3. En la pg. 58 esplndida exposicin de la concepcin principal de Marcuse al capitalismo, con sus dos caras: concesin de ser la sociedad industrial progresada como tal, y la de tener racionalidad, eficacia, estabilidad, orden, libertad, satisfaccin de las necesidades. Comenta: El capitalismo sigue siendo -como antes-- parcialmente esas cosas, y globalmente todo lo contrario. Cursiva yo.
4. Las contaminaciones del autor por este pensamiento: tras condenar el romanticismo declara que el movimiento contrario es mortal para la protesta (y qu? se trata de la revolucin, no de la protesta), y aade: La disolucin del recuerdo de lo negado por el sistema capitalista destruye tambin la crtica (p. 62). O es metfora. O se refiere a valores medievales. O es platonismo. En cualquier caso, es lo mismo que Marcuse.
5. Lo mismo su afirmacin del escatologismo del socialismo (p. 69).
6. En la pgina 71 (pg. 70 edicin castellana) la cuestin de la reminiscencia platnica cobra el contexto de la felicidad, lo cual nos lleva ya directamente a la Biblia.

D. Claus Offe, Tcnica y unidimensionalidad.
Seala el parentesco con los autores conservadores alemanes (p. 81) del anlisis marcusiano.

E. Joachim Bergmann, Racionalidad tecnolgica y economa del capitalismo tardo.
1. Subraya el heideggerianismo epistemolgico de El hombre unidimensional (p. 93, por ejemplo).
2. Pero tambin este autor hace concesiones a la forma mentis del cretinismo marcusiano, aceptndole la idiotez de la forma tecnolgica de la ciencia de la naturaleza (p. 96)

F. Paul Breines, Marcuse y la nueva izquierda en Norteamrica.
1. Al final de la primera pgina (p. 130), revelacin de que antes de Vietnam, para estos pollos, las instituciones establecidas en Norteamrica eran sanas y legtimas.
2. Esto es tercera fuerza y burguesa proclamada, y parte de la tesis reaccionaria clsica del anacronismo del marxismo (pp. 136-137).
3. El principio monstico: La nueva izquierda intenta cada vez ms conscientemente anticipar en esta vida dentro del orden existente la sociedad que espera crear (p. 147, p. 144)
4. De lo que se trata es de probar La verdad de la oposicin (p. 149, p. 146). Es otra vez la cuestin de la autenticidad.

Finalmente, estas notas de traductor de Respuestas a Marcuse:
1. J. Habermas: Marcuse no ha enseado nunca en Alemania (Hoy basta con decir el apellido, porque ya nadie le confunde con Ludwig) (p. 11).
MSL: Ludwig Marcuse, escritor y crtico literario contemporneo de tendencia socialista. Ha publicado recientemente un libro de memorias muy bien acogido.
2. J. H. La gran negacin es metfora expresiva de una actitud; no es per se inteleccin. (p. 15).
MSL. Die grosse Weigerung se podra traducir tambin por la gran recusacin o con el galicismo de moda contestacin.
3. Alfred Schmidt: El que se produjera el problema del historicismo es para Heidegger la ms inequvoca seal de que la ciencia histrica intenta arrebatar el estar a su propia historicidad (p. 22).
Estar (sustantivado) traduce Oasein slo en cuanto terminus technicus heideggeriano.
4. AS: sino que se encuentra detrs de ellas como actividad impropia (p. 28).
MSL: El trmino tcnico heideggeriano uneigentlich, frecuente e inadecuadamente traducido por inautntico.
5. AS: Desde la accin por la accin expresionista hasta la irrupcin nacional del realismo heroico de los Baeumler y Krieck (p. 30).
MSL: El realismo heroico fue la doctrina esttica del rgimen nazi. Baeumler y Krieck principalmente el primero, los crticos y tericos nazis ms destacados.
6. Wolfgang Fritz Haug: Es verdad que no se puede hacer justicia al valor posicional de esos conceptos en el texto de Marcuse ms que si se los enlaza con el concepto finalstico de concienciacin (p. 60).
MSL: Como los marcusianos de lengua castellana gustan de utilizar ese trmino, no parece particular injusticia traducir con l la Bewusstwerdung de Herbet Marcuse.
7. WFH: Lo que est en juego es la idea de una nueva antropologa, no slo como teora, sino como modo de existencia, la gnesis y el desarrollo de necesidades vitales de libertad, las necesidades vitales de la libertad (p. 60).
MSL: En este clebre texto de Marcuse (a menudo mal traducido al castellano), el primer genitivo es objetivo, y el segundo es subjetivo.
8. Joachim Bermann: Esta es la causa de las incoherencias del concepto de surplus de Baran (p. 98, nota 31).
MSL: Entre numerosos economistas est difundida la idea de que no es posible atribuir a Baran todo lo publicado por Sweezy bajo el nombre de aqul y el suyo propio, tras la muerte del primero.
9. Paul Breines: Pero queda por ver si la Nueva Izquierda puede llegar a ser fr sich lo que ya es an sich (p. 134).
MSL: an sich = en s, objetivamente; fr sich = para si, autoconscientemente. Tecnicismos hegelianos.
10. PB: Por ltimo, sta es una de las pocas crticas a las que ha contestado Marcuse, aunque (*) su respuesta se examinarᅔ (p. 137)
MSL: Estas peculiaridades sintcticas y estilsticas son del autor y recurre tan frecuentemente que una traduccin normal no puede proponerse su correccin.
11. PB: Se puede decir de la obra de Marcuse lo que l ha dicho del 18 Brumario de Marx (p. 148).
MSL: En alemn en el original, que es el nico texto ingls de este volumen. Las palabras alemanas de Marcuse citadas por el autor dicen: Por todas partes sigue habiendo quien protesta [] Hasta en la sociedad de la opulencia se encuentran los que no se han olvidado de ver, or y pensar, los que no han abdicado todava.
*

2. Theodor Wiesengrund Adorno (1903-1969)

I. Theodor W. Adorno, catedrtico de Filosofa y Sociologa de la Universidad de Frankfurt, es uno de los grandes pensadores alemanes contemporneos. Su obra abarca una gran cantidad de materias, desde la msica hasta la filosofa, desde la crtica literaria, hasta la sociologa, sujetndose siempre a un extremo rigor que revaloriza y da nueva vigencia al concepto de humanista.

II. Hay dos autores que me alegra mucho de haber traducido al castellano: Adorno, en ciencias sociales, y Quine, en el campo de la lgica y la teora de la ciencia y, quizs ms tarde, gnes Heller

III. Hay que sealar, por ltimo, la produccin de filsofos que, sin que se les pueda considerar marxistas, han crecido intelectualmente ya en la lectura del mismo Marx, ya en el cultivo de temas de origen hegeliano tambin presentes en los clsicos del marxismo. La influencia de stos es ms o menos visible en aqullos: Theodor Wiesengrund Adorno, crtico, musiclogo y filsofo es seguramente el pensador ms influyente de este grupo.

IV. La nostalgia medievalizante tiene siempre dos caras, como toda utopa: puede ser crtica del presente, pero tambin y al mismo tiempo, negativa disfrazada a intentar transformar el presente, apoyndose en las regularidades de su propia dialctica, en sus grmenes de futuro (Hoy es til subrayar que la utopa puede ser reaccionaria y, sobre todo, que lo es indefectiblemente cuando la proclaman no hambrientos semianalfabetos iluminados, sino caballeros letrados instalados confortablemente en este topos, en esta sociedad, y cautos en sumo grado en cuanto a tomar riesgos por cambiarla. Thomas Mnzer perdi la vida por su utopa; Th. W. Adorno -y es un ejemplo particularmente digno- gan con la suya ctedra e instituto).

V. Este exquisito escritor [Th. W. Adorno] se sinti probablemente afectado por la crtica de Lukcs, el cual, aunque no se ocupa de l en El asalto a la razn, percibe y afirma rotundamente el carcter reaccionario del utopismo irracional -y totalmente pasivo en la lucha de clases- que es la tradicin del sutil inconformista tan slidamente instalado en su ctedra de Frankfurt. Quiz valga la pena recordar el tenor literal del exabrupto de Adorno, sobre todo porque su argumentacin estaba ya previa y agudamente destruida por Lukcs en la pgina y media de El asalto a la razn que dedica a la apologtica indirecta del capitalismo. Adorno, pues, escribi acerca de esta obra: Del modo ms craso, probablemente, se manifest en el libro La destruccin de la razn la de la del propio Lukcs. Muy poco dialcticamente, el dialctico patentado pone todas las corrientes irracionalistas de la filosofa moderna en el haber de la reaccin y del fascismo, sin detenerse mucho a pensar, al hacer as tabla rasa, en el hecho de que, en aquellas corrientes y frente a idealismo acadmico, el pensamiento se sublevaba tambin precisamente contra la cosificacin de la existencia y del pensamiento, cuya crtica haba sido tarea propia de Lukcs (...). Bajo la capa de una crtica radical de la sociedad, [Lukcs] reintrodujo de contrabando los ms mseros clichs de aquel conformismo contra el cual se haba dirigido en otro tiempo la crtica social(...) Es notable que Lukcs haya contestado por anticipado a la crtica de los utpicos. En el paso antes aludido de El asalto a la razn puede leerse este logrado retrato de Adorno (y de tantos otros): En el terreno de la moral, la apologtica indirecta [del capitalismo] difama, ante todo, la actuacin social en su conjunto y, muy especialmente, toda tendencia encaminada a transformar la sociedad. Y consigue lo que se propone mediante el aislamiento del individuo y la proclamacin de ideales ticos tan altos que ante su sublimidad parece palidecer y esfumarse en la nada la mezquindad de todas las aspiraciones sociales. Ahora bien, para que esta clase de tica llegue a adquirir una influencia real, extensa y profunda, no basta con que proclame ese ideal sublime, sino que es necesario, adems, que dispense a los hombres del deber de abrazarlo (recurriendo tambin, para ello, a la ayuda de argumentos ticos sublimes). Pues, de otro modo la realizacin de aquel ideal podra colocar al individuo burgus decadente ante una misin que se le antojara, personalmente, tan difcil como la misma actuacin social. Y esto convertira en problemtica la influencia de la funcin desviadora de la apologtico indirecta. El burgus decadente y, sobre todo, el intelectual decadente, necesita que se le predique una elevacin aristocrtica moral que no le obligue a nada y quiere adems -al tiempo que disfruta de hecho de todos los privilegios del ser burgus-, para realizar ese goce, experimentar el sentimiento alagador de la excepcin y hasta de la rebelda, de la excepcin no conformista (pg. 247).

VI. Adorno (...) basndose en la obvia falsedad de esa cancin como cancin popular, cree que la adopcin de la misma por la gente en Alemania se debe a un hecho grotesco de la poltica cultural nazi: en los cancioneros populares publicados durante el nazismo se imprima la Loreley de Heine sin el nombre del poeta, y la cancin se daba como annima (poeta desconocido). Pero si la cancin no hubiera estado en boca de las gentes, si la gente no la hubiera cantado como annima, como propia, sin duda la censura nazi habra optado por la solucin ms cmoda de prohibirla, como prohibi el grueso de la obra del poeta. Con esto no se trata de negar que la cancin sea falsa como cancin popular. El verdadero e interesante problema cultural es aqu ms bien otro, al que no alude Adorno: Por qu desde el Romanticismo los pueblos caen tan fcilmente en la trampa y acogen como espontaneidad propia las perlas falsas publicadas por cualquier habilidoso, y no ya slo por un grande como Heine? Y aunque el problema est sin duda relacionado casualmente con la constitucin del mercado literario -en cuyos comienzos precisamente se halla, como queda dicho, la obra de Heine- eso no lo agota ni lo aclara suficientemente.

VII. El lector encontrar en Prismas doce estudios cuya temtica abarca los campos ms diversos, si bien se trata siempre de temas candentes sobre los que el hombre de nuestra poca discute sin cesar. Adorno pretende, a lo largo de su obra, destacar el carcter doble de la cultura. El crtico dialctico de la cultura -afirma- debe a la vez sentirse y no sentirse parte de ella. Slo entonces puede obtener una idea justa sobre el asunto que trata y sobre s mismo. Adorno quiere dotar a la crtica cultural de un giro dialctico en el que la aportacin crtica llegue a elevar el concepto mismo de la cultura.
A la luz fragmentada del prisma son sometidas diferentes posiciones de la investigacin social y cultural, as como fenmenos caractersticos de la msica contempornea, de la poesa y de la literatura en general.
El libro huye sistemticamente de relaciones fciles, encaminadas a deslumbrar al lector. A travs de su estructura se percibe una filosofa que jams quiere evadirse a la contemplacin exclusiva de s misma.
Esta traduccin de Prismas, obra madura y fundamental de uno de los primeros pensadores europeos, viene a satisfacer los deseos de cuantos conocen la importancia de su autor, y a divulgar su nombre entre el gran pblico de habla espaola que no lo conoca an.

VIII. Notas de literatura.
A. Theodor W. Adorno, catedrtico de Filosofa y Sociologa de la Universidad de Frankfurt, es uno de los grandes pensadores alemanes contemporneos. Traducido a todas las lenguas cultas, su obra, sin embargo, slo era conocida en Espaa, parcialmente, gracias a la edicin que de su libro Prismas. La crtica de la cultura y la sociedad, se public en fecha todava reciente, en esta misma coleccin.
Hoy, Ediciones Ariel, se complace en corresponder al inters demostrado por los crculos intelectuales espaoles por la obra de Adorno, con la publicacin de otro libro, Notas de Literatura, que ha de merecer, sin duda, idntico favor.
La dedicacin del pensamiento de Adorno a la concrecin de la vida humana y de sus productos, encuentra en el primer estudio de este libro -"El ensayo como forma"- una fundamentacin terica: el ensayo, la forma de pensamiento atenida, por su propia estructura al tema concreto, es la manifestacin propia de la libertad crtica.
Todos los dems trabajos reunidos en el libro se ocupan de hechos literarios concretos o de hechos lingsticos no menos palpables: la "ingenuidad pica", la posicin del narrador contemporneo, la representatividad social y cultural del artista, la significatividad de los signos de puntuacin por encima de su funcin sintctica. Dos ensayos tienen por objeto escritores muy problemticos -Eichendorff y Heine-, otro es una retrospectiva sobre el surrealismo.
El "Discurso sobre lrica y la sociedad" forma, junto con el primer estudio sobre la forma ensayo el ncleo del libro. Su idea bsica es que la significacin social de la lrica debe buscarse precisamente en sus rasgos que no son obviamente sociales.
A propsito del ttulo del volumen ha escrito el crtico alemn H. Hennecke: "Se trata de un ttulo casi provocativamente modesto para un libro extraordinario".

B. Los ensayos incluidos en este volumen contienen varios anlisis de textos poticos alemanes para cuya comprensin importa atender a las palabras alemanas mismas. Por eso he seguido la conducta de dar siempre los poemas o versos en alemn, ofreciendo en nota a pie de pgina no una traduccin de los mismos, sino una versin literal no ordenada, en lo posible palabra por palabra, como las que suelen usar los principiantes en lenguas clsicas. Con este expediente intento conseguir que incluso el lector que no tenga ningn conocimiento de alemn pueda identificar la palabra comentada en cada caso por el autor.

2. I. Solapa de la traduccin castellana (1962) de Prismas. 2. II La traduccin como oficio y como experiencia, La Vanguardia (1981), p. 39. 2.III.Corrientes principales del pensamiento filosfico (1968), Papeles de filosofa, op. cit, p. 399. 2.IV. La Universidad y la divisin del trabajo (1970), Intervenciones polticas, op. cit, p.106. 2.V.Sobre el uso de las nociones de razn e irracionalismo por G. Lukcs (1967), Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 87-88. 2.VI. Heine, la consciencia vencida (1964), Lecturas, op. cit,, p.141. 2.VII. Solapa de la traduccin castellana (1962) de Prismas. 2.VIII. A. Solapa de la traduccin castellana (1962) de Notas de Literatura. 2.VIII. B Ibidem, p. 9.

Nota SLA:
En Sobre Lukcs (en M. Sacristn, Seis conferencias, op. cit), a propsito de un comentario a la crtica de Gyorgy Lukcs del utopismo irracionalista, Sacristn hizo un comentario sobre Th. W. Adorno, a quien tradujo y de quien siempre admir su estilo intelectual y su inmensa erudicin marxiana. Sealo que Lukcs, en El asalto a la razn, haba criticado la ideologa de los pensadores, supuestamente de izquierda, que practicaban el pesimismo histrico. En su opinin, el filsofo hngaro se estaba refiriendo claramente a Adorno. A lo que aadi:
Otro de esos pensadores de contrabando que mucha gente que se cree de izquierda lo tiene como autor de cabecera y de izquierda no tiene nada, ms que el saberse a Marx, se sabe a Marx muy bien. Adorno se saba a Marx as... Yo muchas veces he admirado como se saba Adorno a Marx. Slo que, como Gramsci dijo muy bien, segn se lea El Capital puede ser un libro de cabecera de burgueses, como ocurri en la Rusia anterior a la revolucin y se es el caso de Adorno manifiestamente. No digo en su juventud; en su juventud, Adorno era un marxista idealista, por as decirlo, pero con muchos elementos de marxismo. Despus de su largo exilio en Estados Unidos, porque era judo y tuvo que huir de Alemania, cuando volvi, era un conservador.
Cuando el 68, sus estudiantes -entre otros, individuos de tanto talento como Dutschke, Hermann Ckark, que fue uno que se mat en un accidente de automvil, en el 68 mismo, corriendo de Hamburgo a Berln a una manifestacin se peg un trastazo que muri en las puertas de Berln-, cuando estos estudiantes de Adorno decidieron que haba llegado el momento de hacer algo, de hacer algo en la prctica, Adorno -y disculpar este parntesis pero es que vale la pena porque son cosas importantes no slo para la historia de Europa, sino tambin para las precauciones ideolgicas que debe tener uno- contest que la revolucin nunca, que de ninguna manera la revolucin. Como ellos insistieron se march a su casa, volvi al cabo de un par de semanas, confiando en que ya no estaran los revolucionarios, los cuales no estaban, pero estaban las chicas feministas que se haban quedado. Entonces las chicas feministas le hicieron un espectculo terrible, bastante cruel. Adorno, no s si habis visto una figura suya, era un hombre gordo, bajito, casi redondito, muy... as, muy blandito, un poco fofo, entonces las chicas se desnudaron de cintura para arriba y empezaron a decir Adorno es un oso de peluche, que era una burla muy cruel, muy terrible. El hombre se march desesperado a su casa y muri 48 horas despus...Yo creo que muri de muerte psquica.
Las muertes psquicas son ms frecuentes de lo que podis pensar siendo jvenes. Este hombre se encontr con que lo que era la raz de su vida, que era un enorme prestigio entre los estudiantes de izquierda, se hundi de la noche a la maana, cuando se encontr con la prctica, cuando no bastaba con decir frases muy crticas de la cultura burguesa mientras se reciba dineros de la fundacin sta y de la fundacin otra, y perdonad la brutalidad con que hablo. Hablar mucho contra la cultura burguesa mientras estaba sirviendo a la economa burguesa y a la poltica burguesa. Su maestro y colega Horkheimer era consejero personal de Adenauer y resulta que ahora me lo presentan como marxista. Y [la editorial] Taurus lo publica como un gran marxista muy importante. Ese s que no era dogmtico, qu iba a ser dogmtico! Era todo lo contrario claro, era un consejero personal de Adenauer. Menos dogmtico que eso...
*

3. Walter Benjamin (1892-1940)

I. Gramsci ha explicado que la diferencia ms visible entre los socialistas utpicos y Marx se presenta en este punto: los utpicos construyen acrticamente proyectos de organizacin detallada de la sociedad, los cuales fracasan porque se basan en un error de lgica, a saber, el de creer que todos los datos suficientes para la construccin son anticipables. Marx, en cambio, reacio a hablar constructiva o positivamente del detalle futuro, describe principios de la sociedad socialista no las instituciones de sta. Walter Benjamin llegara tambin, en su reflexin an ms solitaria que la de Gramsci, a la misma conviccin de mtodo, y precisamente a propsito de la universidad: El nico camino para tratar la posicin histrica del estudiantado y de la universidad es el sistemtico. Mientras faltan tantas condiciones para ello, lo nico que se puede hacer es reconocer lo futuro en las retorcedoras formas de lo presente y liberarlo de ellas.

II. Yo, personalmente, prefiero ser lo ms fiel posible, incluso en el libro muy artstico. Por ejemplo, a medida que se hace cada vez ms artstico, ms potico, digamos, a m me va pareciendo cada vez ms desesperado traducir. Walter Benjamin, el filsofo que haba publicado bastante sobre la traduccin -y muy agudamente-, escribi lo siguiente: la traduccin perfecta es la versin interlineal de la Biblia. No s si habis visto alguna vez -ahora no s si se usa en el bachillerato- unos libritos que editaban textos clsicos (Cicern, Csar,...) que dan una falsa traduccin. Las lneas, los renglones, se separaban mucho y debajo de cada palabra latina se pona el equivalente castellano siguiendo un viejo modelo de traduccin interlineal, de ah su nombre. No era ciertamente una traduccin sino simplemente poner debajo de cada palabra el equivalente, un equivalente selecto claro -en ese sentido s es traduccin- pero sin reconstruir la frase. Por qu deca eso Walter Benjamin? Seguramente por la imposibilidad de traducir de verdad un texto altamente potico.
Se pueden hacer dos cosas puestos a ser extremistas: o lo que dice Benjamin (dar la versin lineal) o bien poner en tu lengua un poema que ms o menos evoque al otro sin pretender que sea su traduccin, frmula que usan muchos poetas traductores. Construyen otro poema y lo dan como traduccin, aunque eso no es una traduccin, es un poema que evoca al otro. Yo, personalmente, para comprometerme prefiero la literalidad y, si tengo que elegir entre los dos extremos, me decanto por lo que dice Benjamin. Cuando he tenido que traducir a algn poeta -en muy pocas ocasiones- he dado una versin literal y he puesto a pie de pgina el texto original.

3. I.La Universidad y la divisin del trabajo (1969), Intervenciones polticas, op. cit, pp. 137-138. 3.II.Hablando con Manuel Sacristn sobre la traduccin (1982), Acerca de Manuel Sacristn, op. cit, pp. 165-166.

Nota SLA: .
Tres notas, depositadas en Reserva de la UB, fueran escritas por Sacristn para la editorial Ariel, a propsito de la edicin de las obras de Walter Benjamn cuando la obra de este ltimo an no haba sido traducida por Jess Aguirre, duque de Alba, para Taurus.
La primera (Edicin de Walter Benjamin) est fechada en junio de 1969. Dice as:
- Al estudiar la situacin de los escritos de Benjamin se llega a la conclusin de que una edicin de esos textos no se puede hoy anunciar como completa, a menos que una negociacin con Suhrkamp obtenga:
. un informe fidedigno y exacto acerca de los textos inditos en poder de la editorial, de Adorno o de algn otro.
. Fotocopias de todos ellos,
(Incluso renunciando a llamar completa a la edicin har falta procurarse piezas de anticuariado).
- En el supuesto de que esa gestin d resultado negativo, o en el de que Ariel no desee realizarla, lo ms oportuno parece renunciar a una edicin completa, pero no al proyecto de conseguirla un da. Pues Suhrkamp puede en algn momento decidirse a hacerla.
- Por eso, lo ms aconsejable me parece una serie titulada vagamente escritos de Walter Benjamin
- La propuesta de un plan concreto de edicin depende de la respuesta de Ariel a esta nota.
- En cualquier caso necesito para trabajar una edicin vieja que no tenemos: Walter Benjamin, Schriften, 2 vols., Suhrkamp, 1955.
El inters que tiene esa vieja edicin es que la dirigi Adorno, no los textos que contiene (los tenemos prcticamente todos en otras ediciones). Si no se puede comprar porque est agotada y no se encuentra en anticuariado, se podra pedir prestada a Suhrkamp por un mes.

La segunda nota lleva fecha de 17 de julio de 1969. Dice as:
-El panorama, finalmente conocido, de la dispersin de los derechos sobre las obras de Benjamin en el rea de la lengua castellana asusta a primera vista. La editorial caraquea [Monte Avila] citada en la carta del agente de 14-VII-1969 tiene un par de cosas importantes. Y [Editorial] Sur lo tiene casi todo. No se comprende como, una vez situada en esa posicin contractual, Sur ha perdido dos piezas tan decisivas como el ensayo sobre la tragedia alemana y el escrito sobre la reproducibilidad tcnica de la obra de arte.
-Pero, pensando sobre esa situacin, sorprende en seguida que no haya prcticamente en el mercado nada de Benjamin. Como le ocurri a Taurus con el ensayo sobre la tragedia alemana, me parece claro que las dos editoriales suramericanas no consiguen salir adelante eficazmente. Por eso creo que si tomamos medidas para hacer frente al riesgo de que a pesar de todo publicaran alguna traduccin decente antes de que pudiera salir nuestro primer volumen o durante nuestra edicin, podemos proceder con bastante confianza. Las medidas a que me refiero, y que propongo en serio, son:
-PRIMERA: contratar lo antes posible y hacerse con
(a) el plan de edicin detallado de Suhrkamp
(b) todos los textos disponibles, sin esperar la aparicin de los volmenes de Suhrkamp. (Por mi experiencia con Grijalbo, estoy convencido de que nosotros iremos ms deprisa).
(c) una informacin de Suhrkamp acerca de su ritmo de edicin
(d) material biogrfico sobre Benjamin, del que probablemente dispone Suhrkamp.
(e) la vieja edicin dirigida por Adorno y mencionada en mi Nota 1
Sera muy de desear que, si alguien de Ariel va en octubre a Frankfurt, hiciera estas gestiones personalmente o las remachara si ya se hubieran hecho por carta.
Para animar a Suhrkamp se le puede prometer que el primer volumen de nuestras Obras Completas estar a la venta el 1-XII-1970.
-SEGUNDA. Planear la edicin de tal modo que sea tanto o ms barata que las ediciones de obras sueltas por las dos editoras suramericanas. Hacer normalmente volmenes de 200-250 pginas, en una serie especial (ni Zetein ni ninguna otra coleccin) titulada simplemente WALTER BENJAMIN. OBRAS COMPLETAS", en rstica y con papel barato. No desdear publicar (si eso nos ayuda a defendernos) volmenes de hasta menos de 100 pginas (esas ms o menos tiene el ensayo sobre la obra de arte en la poca de su reproducibilidad tcnica).
Nota: Para refresco de la memoria de todos, sera conveniente que Ariel contestara por escrito a mis notas.

El tercer escrito (Nota sobre un volumen breve de Benjamin para Ariel Quincenal) lleva fecha de 7 de octubre de 1969.
1. La solucin en que primero se podra pensar sera publicar el libro relativamente largo y temticamente unitario Ursprung des deutschen Trauerspiel (Origen del drama alemn). Tiene la ventaja de ser propiamente un "libro, cuando el autor presenta pocas ocasiones de afirmar una cosa as. Tiene el inconveniente de ser difcil y temticamente (es de presumir) poco o nada atractivo para un pblico general (Extensin: 270 holandesas apr.)
2. La solucin contraria supone construir ura antologa interesante y menos difcil. He aqu un intento:
-Das Leben der Studenten (La vida de los estudiantes).............................. 20 holandesas
-Traumkitsch (Kitsch onrico)..................................................................................... 4
-Der Surrealismus..................................................................................................... 16
-Was ist das epische Theater? (Qu es el teatro pico)............................................ . 9
-Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit (La obra de arte en la
poca de su reproducibilidad tcnica) .......................................................................60
-ber die Sprache (Sobre el lenguaje).......................................................................35
-Geschichtsphilosophische Thesen (Tesis de filosofa de la historia)............................20
-ber das Program der kommenden Philosophie (Sobre el programa de la filosofa
futura) ........................................................................................................................28
-Zur Kritik der Gewalt (Para la crtica de la violencia)....................................................40
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3. Como sera un volumen apreciable, probablemente esa eleccin soportara prohibiciones de censura sin tener que alterar el plan: haramos un volumen ms delgado de lo previsto.
4. Habra que contar dos o tres holandesas de nota ma.
5. Me parece de inters la sugestin hecha por XF [Xavier Folch] de que el volumen se vea favorecido por alguna otra circunstancia extraordinaria (nmero 100 de la coleccin)...
Observacin: si se decide hacer el Ursprung des deutschen Trauerspiel hay que asegurarse de que Taurus no siga con los derechos.
Sobre el tema de las traducciones de Benjamin, sobre los paralelismos entre uno y otro, tienen enorme inters las declaraciones de Albert Domingo Curto en Integral Sacristn de Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2007).

Tambin estas breves anotaciones de Sacristn, de una de las carpetas de resmenes depositadas en Reserva de la UB, sobre Walter Benjamin, Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit [La obra de arte en la poca de su reproducibilidad tcnica]. Suhrkamp, Frankfurt, 1963:
1. Eliminacin por el anlisis marxista de conceptos tradicionales, como creacin, genialidad, valor eterno, y misterio, cuya aplicacin incontrolada (y por el momento muy difcil de controlar) desemboque en la manipulacin del material fctico en sentido fascista (p. 10).
2. La destruccin del aura (p. 18) es sensibilidad para con lo igual en el mundo, incluso en lo nico (p. 19).
3. Pero en el momento en que fracasa el criterio de la autenticidad en su aplicabilidad a la produccin de arte, se transforma la entera funcin de ste. En el lugar de su fundamentacin en el ritual aparece su fundamentacin en otra prctica, a saber, su fundamentacin en la poltica (p. 21).
No da valor de conocimiento.

Finalmente, este paso de las clases de Metodologa de las ciencias sociales de 1981-1982. La categora crisis de legitimacin, seal Sacristn, era usada por J. Habermas para referirse no a la ciencia, ste era el mbito en el que l usaba la expresin, sino al Estado. El hecho, al que posteriormente el mismo Sacristn har referencia, ya haba sido observado por otros miembros de la Escuela que l caracteriza del modo siguiente:
(...) El mismo Marcuse sali de la Escuela de Frankfurt. A Benjamin lo separo, porque aparte de que muri mucho antes, muri en Port Bou, presuntamente suicidado, huyendo de los nazis, aunque naci de la misma matriz, es un pensamiento muy distinto, mucho ms filosfico, potico y literario, mientras que el resto de la Escuela es una escuela de sociologa, pero de sociologa filosfica, bastante poco amiga de la investigacin emprica positiva, aunque hay algunas investigaciones de importancia debidas a ellos. Principalmente un estudio sobre el autoritarismo en Norteamrica hecho durante la poca en que Horkheimer y Adorno estuvieron viviendo en los Estados Unidos.
*

4. Jrgen Habermas (n. 1929)
I. La misma crisis de legitimacin de la ciencia est asimismo contribuyendo a la fortuna de una filosofa que, aun procediendo tambin de orgenes romnticos (hegelianos), realiza un interesante esfuerzo de equilibrio para no compartir el anticientificismo de su tradicin, aunque, de todos modos, sigue siendo un filosofar poco afn a las tradiciones ms frontales de lo que con mayor o menor seguridad se llama comnmente mtodo cientfico: se trata de la filosofa de Jrgen Habermas. Algunas componentes de las corrientes contraculturales -en particular, el aprecio de formas de sabidura orientales o, en general, de origen no greco-europeo- reciben tambin refuerzo de los problemas aludidos, y en bastante medida coinciden con la filosofa romntica de la ciencia.

II. No comparto ni la insercin del pensamiento de Marx en la concepcin heideggeriana del destino de la metafsica (esencia de la visin crtica de Axelos) ni la para m extraa especulacin de Habermas que, adems de considerar la tesis que considero impracticable de un bloqueo del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, separa el orden del trabajo del orden de la comunicacin, con la caracterstica capacidad que tiene el filsofo tradicional de ignorar los hechos ms visibles: no hay trabajo sin comunicacin y quiz la comunicacin ms caracterstica de la especie humana, el lenguaje articulado, haya nacido precisamente en el trabajo, como sugiri, por cierto, Marx en La ideologa alemana.

4. I. Sobre los problemas presentemente percibidos... (1981), Papeles de filosofa, op. cit, p. 454. 4.II. Entrevista con Manuel Sacristn (1983), Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, op. cit., p. 109.

Notas SLA:
En el curso de 1981-1982 de Metodologa de las ciencias sociales, Sacristn hizo referencia a la nocin habermasiana de crisis de legitimacin. Esta expresin, seal, se deba a los filsofos y socilogos de la Escuela de Frankfurt, cuyos miembros ms destacados son Horkheimer, Adorno y el nico que ahora vive de los ms conocidos, Habermas. Advirti que l usaba la frase, literalmente, en sentido inverso a cmo la usaban en la Escuela, pero de un modo no excluyente. Habermas usaba crisis de legitimacin, refirindose al Estado, para significar que mientras que en pocas anteriores el consenso bsico de la sociedad con las autoridades, con la organizacin social y con el Estado, se ha fundado en contenidos culturales, religiosos o ticos, esa base de consenso social, est agotada, est acabada, y que a partir el siglo XIX, y a lo largo de todo este siglo y del XX, la ciencia, el saber cientfico, se constituye en lo que podra llamarse una especie de cemento sucedneo del consenso.
Sacristn adverta de la alteracin sustancial de significado en su propuesta: Mientras que aqu casi se invierte lo que expresa la frase. En el tema este hablamos de crisis de legitimacin, no del Estado, el cual buscara su legitimacin en la ciencia, sino crisis de legitimacin de la ciencia misma.
Es esta ltima consideracin contradictoria con la tesis de Habermas? Sacristn responda negativamente. Se poda admitir esta tesis frankfurtiana segn la cual los viejos motores del consenso se han agotado y la ciencia est funcionando como elemento de consenso social y poltico respecto de capas muy numerosas de poblacin. Por ejemplo, las capas populares del Tercer Mundo, en tantsima parte ilusionadas todava con la idea de que sea el avance tecnolgico y cientfico lo que cambie su situacin, y creer, al mismo tiempo, que en otros sectores sociales, principalmente cultas y en pases industrializados, se haba desarrollado, se estaba desarrollando un sentimiento de falta de legitimidad de la ciencia y tcnica modernas.
Insista Sacristn en que los dos fenmenos no eran excluyentes y en que l crea que sociolgicamente se daban ambos simultneamente: Tanto una perduracin de un entusiasmo y de una fe, ms o menos ingenua, en la solucin de los problemas sociales y vitales mediante la ciencia y la tcnica, lo cual confirmara la hiptesis esta frankfurtiana de la ciencia como factor de consenso, como factor legitimador de la sociedad y del Estado, cuanto en otras capas sociales lo contrario. Un comienzo ya bastante desarrollado de prdida de confianza y de respeto, cultural y moral, por el producto tcnico-cientfico.
Sus reflexiones, recurdese, estn fechadas en 1982.

Por otra parte, estas anotaciones de Sacristn, de un fichero de resmenes depositado en Reserva de la UB, sobre Jrgen Habermas, Technik und Wissenschaft als Ideologie [Tcnica y ciencia como ideologa], a partir de la edicin alemana de 1968 (De una fotocopia).
1.El crecimiento de las fuerzas productivas institucionalizado con el progreso cientfico-tcnico revienta todas las proporciones histricas. De ah obtiene sus posibilidades de legitimacin el marco institucional (p. 51).
La persistencia de esa situacin marxiana -que Habermas probablemente no considera tal- quita pertinencia a toda su construccin para el problema actual. Porque esa constatacin es la base de toda su tesis, como modificacin de la de Marcuse.
2. (...) die Unschuld [inocencia] einer reinen Produktivfraft (...) (p. 53).
Aunque lo dice exponiendo a Bloch, es idea presente en l. Y lo que hoy vemos es que no hay ni inocencia ni pureza en las fuerzas productivas ni en nada.
3. Concebida y dominada cientficamente, la naturaleza aparece de nuevo en el aparato tcnico de produccin y destruccin que mantiene y mejora la vida de los individuos y al mismo tiempo somete a stos a los seores del aparato (p. 54).
Eso es ya slo una parte de la verdad, y no la que obliga a revisar, porque, globalmente, eso es ya falso.
4. Hay que proponer [a Marcuse] que la ciencia de la Edad Moderna slo se podra entender como un proyecto histricamente localizado si fuera imaginable por lo menos un proyecto alternativo. Adems, una ciencia nueva alternativa tendra que incluir la definicin de una nueva tcnica. Esta consideracin hace ms sobrios, porque si realmente arranca de un proyecto, es evidente que la tcnica no puede reconducir ms que a un proyecto de gnero humano entero, y no a un proyecto histricamente rebasable (p. 55).
Esta tesis verdadera, al estar entendida con ingenuidad caracterstica de filsofo, le va a hacer ignorar las importantes diferencias entre tcnicas, diferencias que, a pesar de serlo dentro de la Tcnica, son hoy decisivas.
5. pp. 56-57 [Desde Si se tiene presente que el desarrollo tcnico sigue una lgica que corresponde a la estructura de la accin racional... hasta ...y con la ayuda de medios substitutivos del trabajo]. Nuestra tcnica es un concepto demasiado amplio y especulativo para que H. pueda tener en cuenta los problemas hoy importantes. l lleva razn -cum grano salis- ms respecto de la ciencia fundamentadora de las tcnicas que respecto de stas. Es un buen ejemplo -el de l y el de Gehlen- de los peligros del punto de vista abstracto y especulativo.
6. pp. 57-58 [Desde La alternativa a la tcnica existente, la proyeccin de la naturaleza como interlocutor capaz en vez de como objeto... hasta ...tampoco para su funcin, como para el progreso cientfico-tcnico como tal, hay ningn substituto ms humano].
H. parte de la verdad (relativa) de la ciencia y del fundamento cientfico de la tcnica, es decir, de la Tcnica, del conocimiento utilizable econmicamente, da por supuesto que la humanidad o inhumanidad (es decir, la deseabilidad o indeseabilidad respecto de ciertos valores) est dada en acto por el saber mismo, y acaba en una apologa potencial de cualquier tcnica con minscula. La altura especulativa es en este caso ignoratio elenchi.
El final apologtico est muy facilitado -como tantas veces- por la construccin especulativa de una esfera del bien puro, la de la comunicacin simblica
pp. 58-59 [Desde La peculiar racionalidad de ciencia y tcnica que, por una parte, caracteriza un potencial creciente... hasta ...ni por modelo del pecado original ni por el de la inocencia del progreso cientfico-tcnico].
Yo creo que el modelo del pecado original es el bueno, como lo vio Kant. Hasta este siglo, el sudor de nuestra frente era slo la angustia del cambio de mundo mental. Ahora el castigo es el infierno material.
7. pp. 63-65 [Desde Parto de la distincin fundamental entre trabajo e interaccin... hasta (...) Desde luego que la garanta de que esas acciones observaran con suficiente probabilidad determinadas reglas tcnicas y las estrategias esperadas no se puede conseguir nunca ms que por institucionalizacin].
Aunque esto ltimo parece permitir evitarlo, yo creo que la sustitucin de los dos conceptos marxianos por este par idealiza las relaciones de produccin. Pues stas imponen no slo sostenimiento de instituciones sino tambin posicin de fines. De fines estratgicos que el esquema de H. parece poner como institucionalmente neutrales. Aunque la finalidad explcita del esquema es reformular el concepto de racionalizacin de Weber (cfr. s. 65), sin embargo, luego dice que suple el esquema marxiano aludido. Lo suple eliminando las clases y la naturaleza de clase de los fines estratgicos. En todo ello parece movido por una abstracta defensa de la ciencia-tcnica.
Por otra parte, en su nota 10 (s. 62), dice. Para el contexto histrico-filosfico de estos conceptos, cfr. mi contribucin a la Lowith-Festschrift: Arbeit und Interaktion, Bemerkungen zu Hegels Jenenser Philosophie des Geistes, in diesem Band, S. 9 ss.
Volviendo a la sustancia: esa ltima seccin horizontal por la que, segn l dice introduce la distincin, es precisamente la que alude a la relacin entre desarrollo de las fuerzas productivas y socialismo. Como quiere replantear la tesis marxiana, cambia sus conceptos bsicos (No todos: slo relaciones de produccin, sustituido por comunicacin; pues trabajo no es muy diferente de fuerzas productivas).
8. p. 68 [Desde El umbral entre la sociedad tradicional y la sociedad que entra en el proceso de modernizacin no se caracteriza... hasta (...) pone en discusin la forma de legitimacin del dominio mediante interpretaciones cosmolgicas del mundo, propia de las culturas superiores]. Hay, por otra parte, la aceptacin del esquema marxiano sin clases. Por otro, una expansin del trabajo que no choca directamente con el marco institucional, segn parece, sino con su legitimacin, y la corroe.
El texto sigue (pp. 68-69) [Desde Esas imgenes mticas, religiosas y metafsicas del mundo obedecen a la lgica de conexiones de la interaccin... hasta ....En cuanto que se puede llegar a esta confrontacin, empieza el final de la sociedad tradicional: falla la forma de la legitimacin del dominio].
Sin duda, toma mucho de Marx, y la misma idea de expansin de los subsistemas del trabajo es elaboracin de la idea de capitalismo de Marx (por lo que modernidad: capitalismo). Pero hay una diferencia esencial en la naturaleza de la crisis: no es nada econmico bsico, sino cuestin de legitimacin de un dominio neutral desde el punto de vista de las clases. Por supuesto que tiene inters la consideracin del dominio en s, de su legitimacin y de los cambios de sta. Pero tambin lo tienen los sujetos que lo ejercen.
9. El texto sigue:
El capitalismo se define por un modo de produccin que no slo plantea ese problema, sino que, adems, lo resuelve. Ofrece una legitimacin del dominio que no se obtiene ya del cielo de la tradicin cultural, sino que se puede tomar de la base del trabajo social (p. 70).
Lo mismo podra decir Marx de todos los modos de produccin, porque para l es la tradicin mismo y su cielo la que se toma de la base del trabajo social. Por lo dems, este desarrollo central de H. no es lo esencial hoy en el asunto de la ciencia y de la tcnica; y, porque no lo es, empieza a no ser verdad: lo que empieza a haber hoy es una crisis de legitimacin de la tcnica y la ciencia.
10. pp. 75-76 [Desde La ideologa bsica del intercambio justo, que Marx haba desenmascarado teorticamente, se hundi en la prctica.. hasta (...) y no haya que entender sta, al revs, como una funcin de la actividad del estado y de conflictos polticamente dirimidos]. Sin despreciar el aumento de la funcin econmica del Estado en el perodo keynesiano y de las economas de guerra, o en los pases del Este, parece inadmisible pensar que la poltica econmica no sea economa. H. parece creer que realmente hubo alguna vez una mano oculta. Y tambin parece creer que la mano visible es siempre del estado: que piense en la poltica energtica y la crisis del petrleo.
11. El texto sigue:
De acuerdo con Marx, crtica de la economa poltica era teora de la sociedad burguesa slo en cuanto crtica de la ideologa. Pero cuando se descompone la ideologa del intercambio justo, el sistema de dominio no se puede ya criticar directamente por las relaciones de produccin [MSL: En primer lugar, ese ideologismo era del Marx joven slo. En segundo lugar, las relaciones de produccin no son ideologa]. Tras la descomposicin de aquella ideologa, el dominio poltico requiere una nueva legitimacin. Mas como el poder indirectamente ejercido a travs del proceso de cambio est controlado a su vez por un dominio organizado pre-estatalmente e institucionalizado estatalmente, la legitimacin no se puede derivar de un orden apoltico, de las relaciones de produccin [MSL: nunca fueron ellas las legitimadoras, sino las legitimadas por el mito etc. Esta argumentacin de H es confussima]. En esta medida se renueva la necesidad de legitimacin directa existente en las sociedades precapitalistas. Por otra parte, la restauracin de un dominio poltico directo (en una forma tradicional de legitimacin, sobre la base de la tradicin cultural) se ha hecho imposible. Por una parte, las tradiciones han perdido su fuerza; y por otra parte, en las sociedades industriales los resultados de la emancipacin respecto del dominio poltico directo (los derechos fundamentales y el mecanismo de las elecciones generales) no se pueden ignorar del todo ms que en perodos de reaccin. El dominio democrtico-formal en los sistemas de capitalismo estatalmente regulado se encuentra bajo una exigencia de legitimacin que no se puede ya satisfacer mediante apelaciones a la forma preburguesa de legitimacin...eso en el lugar de la ideologa del intercambio libre aparece una programtica sucednea que se orienta por las consecuencias sociales no de la institucin del mercado, sino de una actividad estatal que compensa las disfunciones del intercambio libre [MSL: todo sin lucha de clases: como si las disfunciones fueran subsanadas por amor al prjimo].
Esta programtica combina el momento de la ideologa burguesa del rendimiento (desplazando, sin duda, la adjudicacin de estatus segn el rendimiento individual del mercado al sistema escolar) con la garanta de mnimos de bienestar, de la perspectiva de seguridad del puesto de trabajo y de la estabilidad de los ingresos [MSL: ya no hay crisis, aunque l de vez en cuando se cubre recordndolas]. Esta programtica sucednea [MSL: que si se cumpliera, querido amigo, no sera ideologa legitimadora, sino legitimacin por la prctica] obliga al sistema de dominacin a mantener las condiciones de estabilidad de un sistema global que facilita la seguridad social y posibilidades de ascenso individual, y a prevenir riesgos del crecimiento. Eso exige un margen de manipulacin para las intervenciones estatales, las cuales aseguran la forma privada de valorizacin del capital, al precio de una limitacin de las instituciones de derecho privado, y vinculan la lealtad de las masas a esa forma" (pp. 76-77).
11. La programtica sucednea legitimadora del dominio deja insatisfecha una decisiva necesidad de legitimacin: cmo se hace plausible para las masas mismas su despolitizacin? Marcuse pudo contestar a eso: por el hecho de que la tcnica y la ciencia asumen tambin la funcin de una ideologa (p. 79).
Es curioso que eso parece hablar del siglo XIX, cuando no haba tal necesidad de programtica sucednea. Hoy lo que se tiene que legitimar es la ciencia y la tcnica. Y hoy como ayer la legitimacin objetiva se busca por parte del poder en la economa, no en la fsica. Y no slo por parte de los neoliberales, que lo hacen exactamente como a principios del XIX.
12. As la tcnica y la ciencia se convierten en la primera fuerza productiva, con lo que desaparecen las condiciones de aplicacin de la teora del valor trabajo de Marx. Deja de tener sentido calcular los capitales para inversiones en investigacin y desarrollo sobre la base del valor de la fuerza de trabajo no calificada (simple), cuando el progreso cientfico-tcnico se ha convertido en una fuente de plusvala independiente, frente a la cual la nica fuente de plusvala considerada por Marx, la fuerza de trabajo de los productores inmediatos, pesa cada vez menos" (pp. 79-80).
Por lo menos debera haber examinado el tratamiento por Marx de la tcnica.
13. "La detenida dialctica de la tica engendra la peculiar apariencia de la post-historia. La razn es que un crecimiento relativo de las fuerzas productivas no representa ya eo ipso un potencial excedente rico en consecuencias emancipatorias, en choque con el cual se resquebrajen las legitimaciones de un orden de dominacin existente. Pues ahora la primera fuerza productiva, el progreso cientfico-tcnico regulado, se ha convertido l mismo en fundamento de legitimacin. Esta nueva forma de legitimacin ha perdido, desde luego, la vieja figura de ideologa (p. 88).
Mis diferencias: el crecimiento de las fuerzas productivas sigue resquebrajando las relaciones de produccin, aparte de que resquebraje o no las legitimaciones (que tambin: hundimiento del mito parlamentario ante la tecnicidad de decisiones polticas, p.e., energticas). Pero es verdad que el resultado puede no ser nada emancipatorio. La posthistoria es !a situacin de rebasamiento de la imaginacin de los clsicos, utpicos o no, es decir, desde Saint-Simon hasta Lenin o Trotski. Por ltimo, la cuestin de la legitimacin es secundaria (de verdad crea el siervo todo lo que le contaban para que trabajara?) y, sobre todo, su planteamiento por H. es ya falso: ciencia y tecnologa pierden legitimacin, y de eso se trata.
14. p. 91 [Desde La despolitizacin de la masa de la poblacin, legitimada por una consciencia tecnocrtica... hasta ...El ncleo ideolgico de esa consciencia es la eliminacin de la diferencia entre prctica y tcnica, reflejo, pero no concepto, de la nueva constelacin entre el marco institucional desposedo y los sistemas independizados de accin racional orientada a fines].
El marco institucional est para H. desposedo, porque para l se reduca al derecho privado burgus.
15. p. 92 [Desde Si se relativiza el campo de aplicacin del concepto de ideologa... hasta ... sistema de referencia desarrollado sobre la relacin, etc, se presta mejor para reconstruir el umbral sociocultural de la historia de la humanidad]. En el sentido de Marx, siempre son liberadoras de algo. Pero ese algo no nos interesa, esa liberacin puede no ser buena segn nuestros valores. En particular, no se avecina el cambio en que pensaba Marx. Tambin puede ser que esto sea una autoinmunizacin, y que falle el modelo. Pero H. lo admite. 16. Cita a Hermann Kahn, Toward the Year 2000, en Daedalus, verano de 1967: entre las 50 primeras innovaciones que prev Kahn abundan las de intervencin en el comportamiento humano. Y H comenta: "No digo que ese sueo ciberntico de una autoestabilizacin de las sociedades anloga al instinto se est realizando, ni siquiera que sea realizable. Pero creo que lleva hasta el final, de un modo negativamente utpico, vagos supuestos bsicos, de la consciencia tecnocrtica, y de este modo caracteriza una lnea de desarrollo que se est perfilando bajo el suave dominio de la tcnica y la ciencia como ideologa (pp. 97-98).
Pero eso no es ciencia y tcnica como ideologa, sino como prctica. El texto sigue:
"Queda ante todo claro en este punto que hay que distinguir entre dos conceptos de racionalizacin. En el plano de los subsistemas de accin racional orientada a fines el progreso cientfico-tcnico ha impuesto ya la reorganizacin de instituciones sociales y mbitos parciales, y la hace necesaria a escala an mayor. Pero este proceso de despliegue de las fuerzas productivas no puede ser un potencial de liberacin ms que si no sustituye la racionalizacin en otro plano. La racionalizacin en el plano del marco institucional no se puede consumar ms que en el medio de la interaccin lingsticamente mediada misma, a saber, mediante una deslimitacin de la comunicacin [MSL: o sea, mediante democratizacin]. La discusin pblica, sin trabas y libre de dominacin acerca de la adecuacin y la deseabilidad de los principios y las formas que orientan la accin a la luz de las retroacciones socioculturales de los progresivos subsistemas de accin racional orientada a fines, una comunicacin de este tipo en todos los planos de los procesos de formacin de voluntad poltica, ellos mismos de nuevo polticos,... (p. 98).
Estoy de acuerdo con el programa, que es una buena muestra del consenso casi universal en la izquierda relativamente no dogmtica acerca de estas cuestiones, pero sigue sin satisfacerme la fundamentacin terica y sus innovaciones. Primero supone tericamente independencia de los dos campos, el trabajo y la comunicacin, para luego proponer justamente la intervencin del segundo mbito en el primero. Pero, por una parte, la comunicacin librrima puede llevar igual a la catstrofe, porque eso quiera la gente. Uno no se define por la forma democrtica -aunque la aprecie- sino por los fines. De lo que se trata es de saber si las fuerzas productivo-destructivas son indominables o no: y en ese sentido concreto hay que revisar a Marx. Se puede aceptar de l que las fuerzas productivas estn rompiendo las actuales relaciones de produccin. No se puede estar de acuerdo con l en que lo harn de un modo determinado. Ah est todo. Hay que intervenir sobre ellas, si es posible (Este ltimo es el problema cientfico) . Y es til para esa poltica distinguir mucho entre ciencia y tcnica, con la consiguiente repercusin en la poltica de la ciencia y tcnica: con la dificultad, est claro, de su unin moderna. Por lo dems, tambin el concepto de racionalizacin es malo. Metafsica de la razn. Es mucho mejor "modo de produccin postcapitalista, socialista. Ya Weber llamaba racionalizacin al paso al capitalismo.
17. El crecimiento de las fuerzas productivas no coincide con la intencin de la "vida buena"; a lo sumo puede servirle a sta. MSL: El texto sigue: [El consenso]
Ni siquiera creo que siga siendo adecuada para el capitalismo estatalmente regulado el esquema mental del potencial tecnolgico excedente que no se agota dentro de un marco institucional mantenido represivamente (Marx habla de fuerzas productivas encadenadas). La mejor utilizacin de un potencial no realizado lleva al perfeccionamiento de un aparato econmico-industrial, pero hoy no lleva ya eo ipso a un cambio del marco institucional con consecuencias emancipatorias. La cuestin no consiste en que agotemos un potencial disponible o por desarrollar, sino en que elijamos aquel que podamos querer para fines de la pacificacin y satisfaccin de la existencia (p. 99).
Consenso. Pero su desarrollo, como el de Gorz hoy a) no tiene en cuenta un cambio de tcnicas, b) ni de clases sociales. Se trata slo de democratizar el marco institucional. Y ni se pregunta si eso es posible.

Finalmente, de otra carpeta de resmenes depositada en Reserva de la UB, observaciones de Sacristn en torno al trabajo de Urea, La teora crtica de la sociedad en Habermas. La crisis de la sociedad industrializada, Tecnos, 1978. El papel lleva un ttulo del propio Sacristn: Notas a Urea, Habermas.
1. Pocas cosas tan ridculas como la idea de que la tcnica no es humana. Esa idea evita los reconocimientos. 1, que el riesgo del mal est en lo humano y en la naturaleza misma (reconocer esto sera para estos especuladores renunciar a su vana ilusin de sentido del ser), 2, que ese riesgo se encarna en la accin de grupos con poder especfico que son parte o instrumentos de la clase dominante.
2. Parece claro que las condiciones de posibilidad del conocimiento, lo transcendental, son para Habermas el inters de la emancipacin. En general, por hegelismo, cultiva el objetivismo que condena: la emancipacin es cosa metafsica. Por eso no es asunto de la voluntad, sino del conocimiento.
3. Esto es que la comunicacin no pueda ser manipulativa es disfrazar de ontologa un programa (buen programa, por lo dems).
4. El angelismo es ya ridculo cuando se afirma que al comienzo de la historia los hombres tratan con la Naturaleza para dominarla, pero con los dems hombres para entenderse santa y mutuamente.
5. Es muy probable que el sucedneo fuera muy inferior a la religin. Por qu? Pues porque el sucedneo basado en la estructura de lenguaje, es una normatividad muy inferior a la que se basaba en la estructura del ser o, por lo menos (en culturas menos capaces de abstraccin que la que nos legaron los griegos), en la estructura del mundo. El que Habermas no vea eso se debe a su idealismo (ignorancia de mundo) y a su pragmatismo (desprecio o ignorancia de la contemplacin, de la teora en sentido propio). No es casual que la contemplacin sea un elemento importante de la religin.
*

5. Herbert Marcuse (1898-1979)
I. Marcuse, como Adorno o Horkheimer (pero no como Benjamin, hecho muy importante para estimar a este ltimo), son autores de izquierdas que no tuvieron aparentemente nada que cambiar en su situacin de pacficos docentes universitarios de los USA cuando all culmin la guerra fra y se produjeron -digmoslo as para abreviar- cosas como el asesinato judicial de los Rosenberg.

II. Todo este reino de la razn no-demostrativa es filosfico y poltico, no terico en ningn sentido serio de teora sino slo en el de la literatura arcaica, o en el de la literatura pseudo-marxista de tradicin reaccionaria -diltheyana (el joven Lukcs) o heideggeriana (el joven y el viejo Marcuse, Sartre, etc)- o en el de la flojera de la epistemologa francesa (flojera presente en casi todos los estructuralistas, salvo en los de escuela ms anglosajona, como Lvi-Strauss mismo).
Nunca es posible decirlo todo y, por tanto, siempre se falsea uno ms o menos a s mismo. Pero esta vez me falseara demasiado si no aadiera lo siguiente: mi anterior argumentacin no es una defensa de la interpretacin filosfica del marxismo, ni menos una defensa de su interpretacin como antropologa filosfica. Eso es marcusianismo, no marxismo. Mi manera de pensar (...) es opuesta a esa tradicin antropolgica.

III. Lxico.
A. Concienciacin (1969)
Como los marcusianos de lengua castellana gustan de utilizar ese trmino, no parece particular injusticia traducir con l la Bewusstwerdung de Herbert Marcuse.
B. Eigentlich, echt (1970)
eigentliche Ursprnglichkeit. Traduzco eigentlich por propio, reservado autntico para echt, segn un criterio que he usado sistemticamente para la traduccin de Heidegger, cuyo lenguaje filosfico utiliza el autor.
C. Gestalt (1970)
Por figura se traduce Gestalt , como trmino tcnico hegeliano, con objeto de dejar forma sin adscribir a Hegel.
Anteriormente en este mismo prrafo, realizando traduce realisierten . Pero en esta exposicin de Hegel, como en otros usos ms derivados de Heidegger, Marcuse utiliza profundamente la posibilidad adicional que le ofrecen los trminos germnicos correspondientes (verwircklichen, Wirklichkeit). No es posible una distincin sistemtica en la traduccin. Cuando sea necesario, se anotar el paso.
D. Aufheben (1970)
Levantar traduce aufheben como trmino tcnico hegeliano. Marcuse utiliza mucho berwinden , lo que da una razn ms (aparte de otras muchas) para no traducir aufheben por superar, como casi es inevitable cuando se quiere un texto castellano que parezca no-tcnico.
E. Percibir (1970)
Percibir viene de capio, tomar, coger, como se aprecia en el uso perceptor de impuestos. En general, Hegel y Heidegger son dos pensadores que juegan mucho con las etimologas (no slo con las slidamente establecidas por los lingistas). Marcuse -mxime comentando a Hegel- recibe esa tradicin etimologizante por dos lados a la vez. Tambin imaginar, imaginacin ha de tomarse en un sentido material, como hacer imagen, construir imagen. La palabra traducida por per-cibir es ver-nehmen. Por imaginar-se se traduce sich-einbilden.
F. Ser-otro (1970)
Literalmente: ser-diferentemente. Pero la idea de otro se debe mantener en la traduccin por su importancia en el lxico hegeliano.
G. Ur-teilung (1970)
1. Proto-discriminacin traduce Ur-teilung, juego etimologizante entre Ur (proto), Teilung (particin) y Urteil, juicio.
2. Juego etimologizante: Urteil; juicio; ur; proto; Teil, parte; teilung; divisin (Traducido por: discriminacin); Urteilung: proto-discriminacin. La ambigedad juega con juzgar y dividir. En esa ambigedad se cruza el estilo etimologizante con una alusin a la filosofa griega, particularmente a Aristteles.
H. Persencia, persencialidad (1970)
Persencia y persencialidad no son erratas por presencia y presencialidad. Traducen Gewesenheit segn los contextos y el prefijo per se ha de entender en su significacin de refuerzo y tambin por asociacin, como indicacin de persistencia, hasta el extremo de la atemporalidad. La misma vaga arbitrariedad que el lector espaol se ve obligado a admitir impera en el lxico traducido.
I. Zuflligkeit, fall (1970)
Recurdese que casualidad y cada estn emparentados etimolgicamente. Los trminos alemanes traducidos son, respectivamente, Zuflligkeit y Fall, que tienen el mismo parentesco.

5.I. Apostilla a la edicin castellana de Habermas ed. Respuesta a Herbert Marcuse, Papeles de filosofa, op. cit, p. 421. 5.II. Checoeslovaquia y la construccin del socialismo(1968), Intervenciones polticas, op. cit, p. 248. 5.III.A. Notas a la edicin castellana de J. Habermas, Respuestas a Marcuse, Anagrama, Barcelona 1969, p. 60. 5.III.B. Nota de la traduccin castellana de Ontologa de Hegel y teora de la historicidad(1970), p. 11. 5.III.C.Ibid., p. 13. 5.III.D.Ibid., p. 13. 5.III.E.Ibid., p. 43. 5.III.F.Ibid., p. 46. 5.III.G.1.Ibid. p. 57. 5.III.G.2.Ibid,, p. 130. 5.III.H. Ibi, p. 75. 5.III.I.Ibid, p. 150.

Nota SLA:
En la contraportada de El final de la utopa figuraba el siguiente texto que acaso pueda atribuirse a Sacristn:
El final de la utopa significa que hoy es posible ya tcnicamente eliminar la opresin y la miseria, y el nico obstculo que se opone a convertir en realidad esa vieja utopa es, segn Marcuse, la actual organizacin sociopoltica del mundo.
Herbert Marcuse exppne aqu las ideas polticas que le han dado autoridad moral entre los jvenes rebeldes de Europa y Amrica. El presente volumen comprende dos conferencias pronunciadas por el autor en la Universidad de Berln (El final de la utopa y El problema de la violencia en la oposicin), y recoge, adems, los textos de dos coloquios celebrados en la misma Universidad (Moral y poltica en la sociedad opulenta y Vietnam: el Tercer Mundo y la oposicin en las metrpolis), en los que participaron, junto con Marcuse, los profesores Lwenthal , Shwan y Claessens y los estudiantes Rudi Dutschke y Wolfgang Lefvre.
Tambin estas notas de traductor:
1. a participar en una discusin racional con conclusiones vinculatorias sobre una estupidez tan evidente como es la cuestin de la exmatriculacin forzosa (pp. 138-139).
MSL: Medida tomada en el marco de una reforma tecnocrtica de la universidad alemana para aumentar la rentabilidad de la misma; consiste en prohibir -contra la tradicin de la universidad liberal burguesa- la continuacin del perodo de estudio y preparacin al cabo de cierto nmero de cursos. Con ello se suprime el viejo principio liberal alemn que pone en manos del estudiante la decisin acerca de su curriculum
2. .. que mientras pedimos medicamentos no se trataba, al dar, de ninguna negacin determinada, sino de un mero reflejo invertido de la poltica del Helgoland (p. 176).
MSL: Alusin a la poltica del gobierno de l Alemana occidental. El Helgoland es un buque hospital enviado por el gobierno de Alemania occidental al gobierno ttere de Saign.

Por otra parte, en una conferencia de 1969 que lleva por nombre Algunas actitudes ideolgicas contemporneas ante la ciencia, impartida en la facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia, Sacristn coment la actitud crtica de algunos grupos de intelectuales y de estudiantes universitarios ante el conocimiento cientfico. El grupo contestatario era muy heterogneo. Algunos de estos sectores crticos, olvidaban, en su opinin, la naturaleza filosfica de la ciencia, la importancia de este saber para los niveles filosficos de la vida, para la conducta, para la estimacin de las finalidades de cada individuo.
Para justificar su afirmacin, Sacristn cit un pasaje de El hombre unidimensional de Marcuse donde, en su opinin, quedaba patente el desconocimiento de la importancia de la ciencia para el pensamiento filosfico de carcter ms general. Sacristn lo present como ejemplo de la aparicin de corrientes de inspiracin transformadora, pero que mantienen a un tiempo una relacin muy deteriorada con la ciencia, reducindola a mera tecnologa. Sea, a ttulo de ejemplo, el paso siguiente:
El conocimiento cientfico tiene un carcter ntimamente instrumental, parece haber una relacin muy estrecha entre el pensamiento cientfico natural y su aplicacin, entre el universo del discurso cientfico natural y el lenguaje y el comportamiento cotidiano, una relacin en la cual ambos se mueven bajo la misma lgica irracionalidad del dominio (H. Marcuse).
Seal Sacristn que en este texto el pensamiento cientfico, en la forma de mtodo cientfico, est caracterizado como algo ntimamente instrumental que, adems, est determinado por una lgica irracionalidad, que no es la irracionalidad de la bsqueda de la verdad, sino la irracionalidad de la bsqueda de dominio. Sacristn no discrepa del carcter instrumental, por instrumentalizable, y del carcter de bsqueda de dominio que tiene la ciencia moderna (e incluso algunos aspectos de la ciencia clsica), dado que son objetivos importantes de la ciencia en la modernidad y de la ciencia en general, pero no es tan claro -sino que ms bien es fruto de una concepcin unilateral- la reduccin de toda actividad cientfica a simple instrumento y a tenaz y peligrosa bsqueda de dominio. Ms an, en su opinin, la historia de la ciencia, sin que vaya a hacer un recorrido histrico, ms bien ensea que reducir la ciencia a instrumentalidad y a bsqueda de dominio, puede incluso, a la larga, comportar peligros para la misma bsqueda de dominio, paradjicamente. Quiero decir que con una ciencia o un trabajo cientfico unilateralmente orientado a los aspectos tecnolgicos podra acarrear muy fcilmente al cabo de pocos aos, una esterilidad tecnolgica en la misma.
La tcnica, en cuanto a operacin de detalle, segua diciendo MSL, puede ir avanzando sin espritu terico, pero la misma ciencia, incluso la tcnica como reconstructora del ambiente humano, difcilmente puede vivir mucho tiempo sin inspiracin terica desinteresada, es decir, sin proponerse directamente la aplicacin tecnolgica, sino ideales, que pueden llamarse, en su forma clsica, bsqueda de la verdad.
Lo anterior no quita que Marcuse se contradiga agradablemente, entendida esa contradiccin, en opinin de Sacristn, no como reproche sino como elogio. En otro de sus publicaciones -El final de la utopa, que como dijimos el mismo Sacristn tradujo al castellano-, Marcuse arranca de la tesis de que la ciencia es capaz de cambiar tambin las perspectivas vitales, no slo tecnolgicamente, sino, tambin, crticamente.
Seal Sacristn, por otra parte, una coincidencia terminolgica entre autores tan distintos polticamente como Marcuse y Heidegger (recordaba Sacristn, por ejemplo, que cuando este ltimo lleg al rectorado, con Hitler en el poder, aqul tuvo que exiliarse). El mismo Marcuse cita, en El hombre unidimensional, un texto de Heidegger en el que ste sostiene que la conciencia cientfica es pura hybris, soberbia en la tradicin cristiana. No hay sin embargo identidad de planteamientos, no hay en Marcuse un rechazo de toda la empresa cientfica, sino una reduccin de sta al plano de la tcnica.
De ah la posible inferencia de posiciones polticas que suponen un divorcio del movimiento obrero con la ciencia, alianza que haba sido cultivada, como mnimo, por tres tendencias de las tradiciones polticas de izquierda en Europa Occidental: la socialista, la socialdemcrata y la leninista, siguiendo la vieja frmula de Heine. As, recuerda Sacristn, en El final de la utopa pueden encontrarse textos del siguiente tenor: (...) hemos de concebir al menos la idea de un camino al socialismo desde la ciencia hasta la utopa, y no, como an crey Engels, desde la utopa hasta la ciencia. Curiosamente, aqu entre nosotros, Pep Subirs, tan apreciado por Sacristn, public algunos trabajos con ese ttulo, con esa inversin del trabajo de Engels.
En este texto, desde una cierta condena de la conciencia cientfica, se propone un socialismo premarxiano, desligado de consideraciones cientficas, estrictamente voluntarista, hecho a golpes de voluntad, independientemente de lo que la ciencia nos puede ensear acerca de la sociedad o de la naturaleza. Comentario que no impide finalmente a Sacristn, un matiz de buen lector: Observen, para no ser injustos con un pensador de tanta importancia, que las formulaciones, de todos modos, cambian. Dice: Hemos de concebir al menos, no propone abiertamente, que se formule la idea de un socialismo acientfico, pero de todos modos, hay una posibilidad, que l abre.

La citada conferencia tena el siguiente esquema:
I. Esquema
0.1. Observacin sobre la frmula de la conferencia, con alusin a anterior estancia aqu.
0.2. La nica justificacin posible de esa frmula es acaso la artstica
0.3. De no ser esa la finalidad, lo serio es sustituirla por la frmula ponencia, propuesta de tema a discusin, con tesis o sin ella.
0.4. Eso se trata de hacer ahora: presentar una ponencia a propsito de un objeto de preocupacin en la actual situacin de las ideas socioculturales.
1. Descripcin.
1.1. El tema es la degradacin de la relacin con lo cientfico y lo terico en las creencias dominantes en sectores de mucha importancia para el plano sobrestructural de las pugnas sociales de la poca.
1.1.1. Esos sectores son los intelectuales (incluyendo estudiantes) de tendencias anticapitalistas.
1.1.1. Aunque tambin ocurre en ambientes de los pases socialistas.
1.1.2. Sera importante saber, por lo que hace a los pases capitalistas, en qu medida el fenmeno llega a las clases trabajadoras. Pero incluso con la limitacin vista el tema es complicado e importante.
1.2. En unos casos se trata de prdida de la naturaleza filosfica de la ciencia, junto, o no, con un desprecio o una condena de la civilizacin cientfica.
1.2.1. Marcuse: la afirmacin de las posibilidades utpicas de la ciencia (propiamente, de la tcnica) va acompaada por la postulacin de una actitud cultural que la hara imposible.
(...) El carcter ntimamente instrumental del mtodo cientfico-natural (...) Parece haber una relacin muy estrecha entre el pensamiento cientfico- natural y su aplicacin, entre el universo del discurso cientfico-natural y el lenguaje y el comportamiento cotidianos, una relacin en la cual ambos se mueven bajo la misma lgica y racionalidad del dominio Marcuse, Der eindimensionale Mensch [El hombre unidimensional],169.
1.2.1.1. Inciso: contradictoriedad incluso en su contexto:dominio" heideggeriano o posibilitacin de la utopa"?
1.2.1.2. A ese error sobre la ciencia se suma luego la condena mstica, esta vez resueltamente a lo Heidegger, y hasta citndolo.
Marcuse, Sobre la ciencia y la fenomenologa, en Critica della societ repressiva 68. Recoge, como en Der eindimensionale Mensch, la crtica heideggeriana de la ciencia y habla de hybris de sta.
1.2.1.3. De lo que se desprende la vuelta a una nocin premarxiana de progreso y revolucin, de socialismo.
(...) hemos de concebir al menos la idea de un camino del socialismo desde la ciencia hasta la utopa, y no, como an crey Engels, de la utopa a la ciencia. Marcuse, Das Ende der Utopie [El final de la utopa],12.
1.2.2. La interpretacin puramente instrumental de la ciencia es la actitud de un mero idelogo como Pauwels en Le Matin des Magiciens [La maana de los magos] y luego en Plante: aadir incoherentemente a la ciencia como instrumento actitudes irracionalistas, abiertamente mgicas.
1.2.3. Una orientacin coincidente con esos resultados se encuentra en una corriente de pensamiento que las contraposiciones de moda sitan a la mayor distancia de corrientes como la marcusiana: el estructuralismo francs.
1.2.3.1. Probablemente es necesario exceptuar a Lvi-Strauss mismo, cuya permanente vacilacin filosfica indican una considerable problematicidad que sera indecente simplificar.
1.2.3.2. Pero a veces en sus mismos textos y a menudo en los de seguidores suyos se encuentra una yuxtaposicin de sectaria e irreal cientificidad formal en cuestiones no formales con la negacin de irrelevancia de la ciencia para la verdad.
1.2.3.2.1. En la degeneracin divulgadora y periodstica eso llega a lo grotesco.
(...) el parque (nacional Xingu, del Brasil) acoge una docena de tribus que viven en la dulce obsesin de sus ritos de la edad de piedra, fabricando con sus manos refinados objetos, pintndose el cuerpo y alimentando un fuego eterno Reportaje del Sunday Times Magazine y LExpress, Le massacre systmatique des indiens[La masacre sistemtica de los indios], por Norman Lewis, LExpress, 927,14-20 abril de 1969. Tiene este subtitulo (entre varios). Ils vivaient conscients de leur place dans luniverse [Ellos viven conscientes de su lugar en el universo]
1.2.4. La actitud se encuentra tambin en movimientos sociales importantes, principalmente en el movimiento estudiantil norteamericano. Y en el europeo.
1.2.4.1. La condena de la investigacin pura por los estudiantes de Pava.
1.2.4.2. El artculo de Ugo Farinelli en el Contemporaneo del 28-III-1969 ("Contestazione e ricerca scientifica" [Protesta e investigacin cientfica]).
1.2.4.3 Ejemplo tal vez extremo [Michael Rossman; Benjamin de Mott, The Age of Overkill, The New York Times Magazine, 122 de mayo de 1968, p.104]
1.2.5. Por el contrario que sea a sus intenciones, la orientacin vista es positivista, como lo fue el positivismo mstico. Es reaccionaria y positivista por desconocimiento del valor filosfico (= inspirador de la conducta) del conocimiento, y por capitulacin ante la deformacin capitalista de la vida social de la ciencia. Es reaccin por rendicin y cansancio en el esfuerzo civilizatorio, con refugio en un Paraso Perdido.
1.3. En otros casos se trata, por el contrario, de desconocimiento de la naturaleza formal de la teora, de la ciencia in statu perfectionis, como decan los antiguos, y de su positividad, de su factualidad. As se llega a una falacia naturalista invertida.
1.3.1. Presente en el poco coherente Marcuse.
Lo que est en juego es la idea de una nueva antropologa, no slo como teora, sino tambin como modo de existencia (...) Marcuse, Das Ende der Utopie, 15
1.3.2. En el movimiento estudiantil alemn e italiano, a pesar de su evidente superioridad intelectual sobre franceses, americanos, espaoles
El MST subraya el peligro de la produccin universitaria sistemtica de socilogos reducidos a tecno-burcratas, a especialistas de la investigacin emprica, apenas dotados de un genrico plafond cultural. De ese modo, se planificara la alternativa teora-investigacin en un sentido dicotmico, cuya recomposicin no podra obtenerse sino a posteriori, y en el mero sentido de una yuxtaposicin injustificada. Marco Boato: informe sobre Instituto Universitario de Ciencias Sociales de Trento, en Documenti della rivolta universitaria, 10,11.
(...) ...cmo es que las seguras ciencias exactas resultaron impotentes, pasivas o hasta condescendientes ante el racismo?
La dimensin tcnica, instrumental, de la ciencia, que en la segunda mitad del siglo diecinueve determin tambin las ciencias universitarias, es un producto de la sociedad burguesa establecida, ya desprovista de su liberalidad
Wolfgang Lefvre, Rebellion der Studenten [La rebelin de los estudiantes], 97 y 110/111
1.3.3. No se puede hablar aqu pura y simplemente de reaccin desde el punto de vista cultural y civilizatorio, porque en esos campos es posible un avance, como hasta ahora, ideolgicamente obnubilado.
1.3.3.1. Pero s se puede hablar de reaccin epistemolgica por ideologismo.
1.3.3.1.1. Con sus riesgos (Zdanov)
1.4. Ambas corrientes, desde sus contrapuestas falsedades acerca de la naturaleza del conocimiento cientfico, redundan en paralizadora sustitucin de la idea de conocimiento por la idea de sabidura (la consciencia de los salvajes).
2. Explicacin
2.1. El desprecio o la hostilidad para con la ciencia por parte de ancianos pensadores que recuperan as -Marcuse- el irracionalismo culturalista de fines del siglo XIX, en el cual crecieron, o por parte de los jvenes, tiene explicaciones ideolgicas de importancia.
2.2. La perspectiva de superacin de la obnubilacin ideolgica, abierta por Marx en su crtica de la filosofa de Hegel, ha sido ideologizada por la apologtica capitalista:
2.2.1. Bell.
Pocos espritus serios siguen creyendo que se pueden hacer planes y producir, mediante la ingeniera social, una nueva utopa de armona social. Al mismo tiempo, las viejas contracreencias han perdido tambin su fuerza intelectual (...) Por lo tanto, en el mundo occidental hay hoy da un acuerdo aproximado entre los intelectuales acerca de las cuestiones polticas: la aceptacin del estado del bienestar, la deseabilidad de la descentralizacin del poder, un sistema de economa mixta y de pluralismo poltico (...) Ha terminado la edad ideolgica Daniel Bell, The End of Ideology [El fin de la ideologa], 373.
2.2.2. Christopher Lasch sobre Encounter2.
Tal vez dejemos de ser acosados por la retrica de una arrogancia mesinica del espritu que ha perpetuado alegremente tantos repugnantes crmenes contra la carne Ch. Lash, After the Apocalypse [Despus del Apocalipsis],Encounter, octubre de 1953, pg.1.The Agony of the American Left [La agona de la izquierda americana], 171/172
2.3. La tradicin revolucionaria cientfica, racional, se bloque.
2.3.1. En el Este, dominante, con una catstrofe terica (consecuencia de la ideologizacin de las dificultades poltico-sociales) cuya gravedad es an difcil estimar.
2.3.1.1. No slo los casos Lysenko. Nivel Meliujin.
Dentro del mtodo metafsico de pensamiento, esas contradicciones (aporas de Zenn) son irresolubles y se presentan como una prueba de la supuesta impotencia de la mente humana, de su incapacidad para penetrar en la esencia de los fenmenos. La filosofa del materialismo dialctico dio, por primera vez, una solucin consecuente a tales contradicciones
(...) el movimiento es posible y real debido precisamente a que el cuerpo en movimiento, en cada momento dado, se encuentra y no se encuentra en cierto punto del espacio
Dentro del mtodo metafsico de pensamiento, esas contradicciones (aporas de Zenn) son irresolubles y se presentan como una prueba de la supuesta impotencia de la mente humana, de su incapacidad para penetrar en la esencia de los fenmenos. La filosofa del materialismo dialctico dio, por primea vez, una solucin consecuente a tales contradicciones S. Meliujin, El problema de lo finito y lo infinito, 23,23 y 25.
2.3.1.2. Ellos son muy causantes de que no se haya podido terminar con la obnubilacin ideolgica y de que sta rebrote.
2.3.2. En el oeste, se cubri al este.
2.4. La utilizacin positivista del cientificismo, de la ciencia como ideologa, versin conservadora de la falacia naturalista.
2.5. La putrefaccin de la cultura y la civilizacin burguesas.
2.5.1. Ciencia militarizada.
2.5.2. Crisis de la civilizacin urbana
2.6. Una reflexin sobre el reflejo ideolgico de esa podredumbre enlaza los dos lados de la grave situacin: la putrefaccin de aquella cultura y la degradacin de la teora revolucionaria.
3. Las consecuencias para la prctica.
3.1. Aparente alternativa
3.1.1. O destructiva victoria de un pensamiento revolucionario irracionalista que tendra que repetirlo todo desde el Renacimiento o tendra que reprimir con polica e iglesia la nostalgia copernicana.
3.1.2. O derrota ridcula y siniestra.
3.2. Incluso en el caso de catstrofe civilizatoria, la segunda posibilidad es la nica clara.
3.2.1. Aunque no sea ms que porque el irracionalismo revolucionario es incoherente con las necesidades de los pueblos atrasados, con el ms alto potencial revolucionario.
3.3. Es de mucho inters notar que los movimientos y las corrientes ideolgicas aludidas muestran ya una prctica que refleja una percepcin de su derrota inevitable.
3.3.1. Marcuse se guarda muy bien de meterse en nada, y lo declara.
3.3.2. Adorno llega a limpiarse de toda sospecha de prctica.
3.3.3. En los estudiantes americanos (y algunos otros), autosatisfaccin masoquista y narcisista de derrotados a priori.
Al decir resistencia, escribe un graduate student de Berkeley, queremos decir exactamente lo que decimos: queremos conseguir cerrar los centros de instruccin, detener los trenes militares, echar del campus a los reclutas, y, en general, destruir la mquina blica. l y sus amigos, empero, no se hacen ilusiones acerca del resultado de la resistencia. La resistencia ser aplastada. As pues, la resistencia se convierte en un acto de desesperacin. Lasch,The Agony of the American Left, 181.182.
Habla un estudiante anarquista: Irn saliendo del metro en cuanto que empiece. Nos aplastarn. Pero antes haremos polvo las calles. Nos pegarn, pero antes pegaremos a la bofia... Ser sangriento, pero la sangre vuelve locos a los liberales. Y hemos de conseguir que se vuelvan locos (Lasch, op. cit., 182-183).
3.3.4. En otros, expectativa eufrica megalomanaca (la estudiante de arquitectura).
3.4 Qu hacer? A primera vista, se trata de recuperar la cientificidad para la revolucin y la revolucin para la cientificidad.
3.5. Pero si la deteriorizacin ideolgica es real, eso presupone un qu pensar?
3.5.1. Para averiguar por qu se esteriliz (prctica y tericamente) la herencia revolucionaria cientfica.
3.5.2.1. Marx busca un socialismo cientfico, pero sin falacia naturalista ni especulativa.
3.5.2. Lo que implica aclarar la relacin base-ciencia-sobrestructura.
3.5.2.1. Es primitivo (unilateral, no falso) contentarse con decir que la ciencia es una fuerza de produccin. Lo es, pero es tambin sobrestructura.
3.5.2.2. Luego sobrestructura puede tener valores persistentes. Las siliconas, la geometra eucldea.
Ser libre de obnubilacin ideolgica no quiere decir, hoy, ser libre de ideologa, sino saber que se est preso en ella en mayor o menor medida y ser as, en principio, capaz de criticar la propia prisin.
3.5.2.3. Capas de significacin de ciencia":
3.5.2.3.1. Concrecin social de una prctica (historicidad)
3.5.2.3.2 Teora formalizable.
3.5.2.3.3. Halo de la teora
3.5.2.3.4. Mtodos.
Elementos ideolgicos de cada capa: cada capa tiene elementos ideolgicos, no slo la primera o ms global. Porque las capas abstradas no existen solas.
La unidad del individuo hoy posible. No del sistema cientfico.




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