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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2004

Alternativas: Por una sociedad ahorrativa y solidaria

Jean-Marie Harribey
Le Monde Diplomatique



Frente a la lgica capitalista del lucro, que asocia desarrollo con crecimiento, quienes promueven el decrecimiento como fin en s mismo contra el dominio occidental parten de la misma asociacin. Se impone elaborar una nocin de desarrollo que permita satisfacer las necesidades bsicas de los pases pobres y respetar el medio ambiente.

Se supone que el "desarrollo duradero" o "sustentable", doctrina oficial de Naciones Unidas, puede garantizar el bienestar de las generaciones presentes sin comprometer el de las futuras (1). Es un salvavidas al que se aferran todos los gobiernos partidarios fervientes y practicantes de la agricultura intensiva y los directivos de empresas multinacionales que despilfarran los recursos, vierten sin vergenza sus desechos en el medio ambiente y fletan barcos "tachos de basura", mientras las organizaciones no gubernamentales ya no saben ms qu hacer y la mayora de los economistas son culpables del flagrante delito de ignorar las restricciones naturales.

Sin embargo, el programa de desarrollo duradero tiene la mancha de un vicio fundamental: la suposicin de que proseguir con un crecimiento econmico infinito es compatible con el mantenimiento de los equilibrios naturales y la resolucin de los problemas sociales. "Lo que necesitamos es una nueva era de crecimiento, un crecimiento vigoroso y, al mismo tiempo, social y medioambientalmente sustentable", enunciaba el informe Brundtland (2).

Este postulado est basado en dos afirmaciones muy frgiles. La primera es de orden ecolgico: el crecimiento podra continuar porque la cantidad de recursos naturales requerida por unidad de producto disminuye con el progreso tcnico. Se podra, entonces, producir ms con menos materias primas y energa. Pero por desgracia la menor utilizacin de recursos naturales est ms que compensada por el aumento general de la produccin; as, la extraccin de los recursos y la polucin continan aumentando, como reconoce el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): "Desde hace algunos aos, en todo el mundo los procesos de produccin se han vuelto ms ahorrativos en energa. Sin embargo, dado el aumento de los volmenes producidos, esos progresos son claramente insuficientes para reducir las emisiones de dixido de carbono a escala mundial" (3).

La Agencia Internacional de Energa (AIE) se alarma por la desaceleracin de los progresos logrados en materia de intensidad energtica (4): entre 1973 y 1982, esa intensidad haba disminuido en promedio el 2,5% anual en los pases representados en la AIE; luego disminuy slo el 1,5% anual entre 1983 y 1990; y desde 1991 el 0,7% anual (5).

La segunda afirmacin cuestionable se sita en el nivel social: el crecimiento econmico sera capaz de reducir la pobreza y las desigualdades y de reforzar la cohesin social. Pero el crecimiento capitalista es necesariamente desigual, tan destructor como creador, y se alimenta de las desigualdades para suscitar permanentes frustraciones y nuevas necesidades. En los ltimos cuarenta aos, y a pesar del considerable crecimiento de la riqueza producida en el mundo, las desigualdades han explotado: la brecha entre el 20% de los ms pobres y el 20% de los ms ricos era de 1 a 30 en 1960; hoy es de 1 a 80. Esto no debe extraar, ya que el paso a un rgimen de acumulacin financiera puso patas para arriba los mecanismos de distribucin del valor de lo producido. En efecto, el aumento de la exigencia de remuneracin de las clases capitalistas, especialmente por la va del crecimiento de los dividendos, conden a decrecer la parte del valor agregado correspondiente a los asalariados, tanto bajo la forma de salarios directos como de prestaciones sociales.

El propio Banco Mundial confiesa que no se alcanzar el objetivo de reducir a la mitad la cantidad de personas que viven en la pobreza absoluta de aqu al ao 2015 (6), ya que ms de 1.100 millones viven todava con el equivalente a menos de un dlar diario. El ltimo informe de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) establece que los pases pobres menos abiertos a la mundializacin son los que ms han progresado en trminos de ingreso por habitante, al revs de los pases ms abiertos (7).

La incapacidad para pensar el futuro fuera del paradigma del crecimiento econmico permanente es, sin duda, la falla principal del discurso oficial sobre el desarrollo duradero. A pesar de sus estragos sociales y ecolgicos, el crecimiento, del cual ningn responsable poltico o econmico quiere disociar el desarrollo, funciona como una droga dura. Cuando es fuerte, se mantiene la ilusin de que puede resolver los problemas -que en gran parte ha generado- y que cuanto ms fuerte sea la dosis, mejor estar el cuerpo social. Cuando es dbil, se hace sentir su falta, y resulta mucho ms dolorosa por el hecho de no haberse previsto ninguna desintoxicacin.

As, detrs de la "anemia" actual del crecimiento, se esconde una "anomia" (8) creciente en las sociedades minadas por el capitalismo liberal, que se muestra incapaz de dar un sentido a la vida en sociedad que no sea el consumismo, el despilfarro, el acaparamiento de los recursos naturales y de los ingresos provenientes de la actividad econmica y, a fin de cuentas, el aumento de las desigualdades. El primer captulo de El Capital (1863), de Karl Marx, es premonitorio cuando critica a la mercanca: el crecimiento se transforma en el nuevo opio de los pueblos, cuyos puntos de referencia culturales y solidaridades colectivas son quebrados para que se hundan en el abismo sin fondo de la mercantilizacin.

El dogma dominante ha sido bien traducido por Jacques Attali que, como buen profeta, cree haber detectado a comienzos del ao 2004 "una agenda de crecimiento fabuloso" que slo "contingencias no econmicas, por ejemplo, un resurgimiento del SARS," (9) podran de hacer fracasar. Para todos los idelogos del crecimiento afectados de ceguera, la ecologa, es decir, la toma en consideracin de las relaciones del ser humano con la naturaleza, no existe: la actividad econmica se desarrolla in abstracto, fuera de la biosfera.

Es hacer poco caso del carcter entrpico (10) de las actividades econmicas. Aunque la Tierra sea un sistema abierto que recibe la energa solar, forma un conjunto dentro del cual el hombre no puede superar los lmites de sus recursos y de su espacio. Ahora bien, la "presin ecolgica", es decir, la superficie necesaria para todas las actividades humanas sin destruir los equilibrios ecolgicos, alcanza ya al 120% del planeta. As, seran necesarios cuatro o cinco planetas si toda la poblacin mundial consumiera y vertiera tantos desechos como los habitantes de Estados Unidos (11).

LA TEORA DEL DECRECIMIENTO

En estas condiciones, la idea de "decrecimiento", lanzada por Nicholas Georgescu-Roegen (12), encuentra un eco favorable en un sector de ecologistas y altermundialistas. Llevando ms lejos el enfoque terico, algunos autores instan a renunciar al desarrollo, que segn ellos no puede disociarse de un crecimiento mortfero. Rechazan cualquier calificativo dirigido a rehabilitar el desarrollo que conocemos -ya sea humano, duradero o sustentable- porque no puede ser otra cosa que lo que ha sido, es decir, el vector de la dominacin occidental en el mundo. As, Gilbert Rist denuncia al desarrollo como una "palabra fetiche" (13), y Serge Latouche condena al desarrollo duradero por ser un "oxmoron" (14). Por qu, entonces, aunque criticamos como ellos el productivismo que implica el reinado de la produccin de mercado, no nos convence su rechazo del desarrollo?

En el plano poltico, no sera justo disponer de manera uniforme el decrecimiento de los que nadan en la abundancia y de aquellos a quienes les falta lo esencial. Las poblaciones pobres tienen derecho a un tiempo de crecimiento econmico y es inaceptable la idea de que la pobreza extrema remite a una simple proyeccin de los valores occidentales, o a un puro imaginario. Habr que construir escuelas para suprimir el analfabetismo y centros de salud para permitir que la poblacin se cuide, y habr que crear redes para llevar el agua potable a todas partes y para todos.

Entonces es perfectamente legtimo continuar llamando "desarrollo" a la posibilidad, para todos los habitantes de la Tierra, de acceder al agua potable, a una alimentacin equilibrada, a la atencin mdica, a la educacin y a la democracia. Definir las necesidades esenciales como derechos universales no equivale a avalar la dominacin de la cultura occidental ni a adherir a la creencia liberal en derechos naturales como el de la propiedad privada. En efecto, los derechos universales son una construccin social que resulta de un proyecto poltico de emancipacin, que permite la instalacin de un nuevo imaginario sin quedar reducido al "imaginario universalista de los derechos naturales" que criticaba Cornelius Castoriadis (15).

Por otro lado, no es razonable oponer al crecimiento econmico -elevado por el capitalismo al rango de objetivo en s mismo- el decrecimiento -a su vez erigido por los anti-desarrollistas en objetivo en s mismo- (16). En efecto, se trata de dos escollos simtricos: el crecimiento quiere desplegar la produccin hacia el infinito; y el decrecimiento no puede, con toda lgica y si no se pone algn lmite, ms que hacerla tender a cero.

El principal terico del decrecimiento en Francia, Serge Latouche, parece ser consciente de ello cuando escribe: "La consigna de decrecimiento tiene como objeto primordial marcar fuertemente el abandono del insensato objetivo del crecimiento por el crecimiento, objetivo cuyo motor no es otro que la bsqueda desenfrenada de ganancias para los poseedores del capital. Evidentemente, no apunta hacia un cambio caricaturesco que consistira en promover el decrecimiento por el decrecimiento. En particular, el decrecimiento no es crecimiento negativo, expresin antinmica y absurda que traduce el dominio del imaginario del crecimiento" (17).

Pero que significara un decrecimiento que no fuera una disminucin de la produccin? Serge Latouche trata de escapar a esa trampa diciendo que quiere "salir de la economa de crecimiento y entrar en una sociedad de decrecimiento". Continuara creciendo la produccin? Entonces ya no se entendera el trmino decrecimiento. O bien se la controlara, y entonces desaparecera el desacuerdo? Por otra parte, Serge Latouche termina admitiendo que la consigna de decrecimiento para todos los habitantes de la tierra es inadecuada: "En lo que se refiere a las sociedades del Sur, este objetivo no forma verdaderamente parte de la agenda: aun cuando estn atravesadas por la ideologa del crecimiento, en su mayora no son verdaderamente sociedades de crecimiento" (18). Pero subsiste una terrible ambigedad: pueden los pueblos pobres incrementar su produccin o las sociedades de "no crecimiento" deberan seguir siendo pobres? Los anti-desarrollistas atribuyen el fracaso de las estrategias del desarrollo al supuesto vicio fundamental de todo desarrollo; nunca a las relaciones de fuerza sociales que, por ejemplo, impiden a los campesinos tener acceso a la tierra a causa de estructuras de propiedad desiguales. De all el elogio sin matices de la economa informal, olvidando que sta vive con frecuencia sobre los restos de la economa oficial. Y de all la definicin de salida del desarrollo como salida de la economa, porque sta no podra ser diferente de la construida por el capitalismo. La racionalidad de la "economa", en el sentido de economizar los esfuerzos del hombre que trabaja y los recursos naturales utilizados para producir, se coloca en el mismo plano que la racionalidad de la rentabilidad, es decir de la ganancia. Cualquier mejora de la productividad del trabajo se encuentra as asimilada al productivismo.

En resumen, se nos dice que la cosa econmica no existira fuera del imaginario occidental que la ha creado, con el pretexto de que algunas culturas no conocen las palabras "economa" y "desarrollo", cuyo uso nos resulta familiar. Pero aunque las palabras no sean esas, la realidad material, es decir, la produccin de los medios para la existencia, s est all. La produccin es una categora antropolgica, aun cuando el marco y las relaciones en las cuales se realice sean sociales. Resulta de esta confusin -que equivale a volver a hacer del capitalismo un dato universal y no histrico, lo que recuerda curiosamente al dogma liberal- una incapacidad para pensar simultneamente la crtica del productivismo y la del capitalismo: slo la primera se realiza, pero sin vincularla con la de las relaciones sociales dominantes. Querer "salir de la economa" (19) al mismo tiempo que se pretende volver a insertar "lo econmico en lo social" (20) resulta, por lo menos, curioso.

En el plano terico, o bien se considera que existe alguna diferencia entre crecimiento y desarrollo, o bien se ve en ambos fenmenos una misma lgica de extensin perpetua, lo que lleva a un callejn sin salida. La segunda posicin es fcilmente identificable ya que es la de los partidarios del decrecimiento, que al mismo tiempo son anti-desarrollistas; pero la primera posicin es reivindicada tanto por economistas liberales como antiliberales.

Los liberales afirman perseguir objetivos cualitativos que no se reducen al crecimiento material, sobre todo desde el fracaso social de los planes de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial. Pero esta distincin entre crecimiento (cuantitativo) y desarrollo (cualitativo) representa una impostura en la lgica liberal desde el momento en que el crecimiento es considerado como una condicin necesaria y suficiente del desarrollo, y adems eternamente posible.

Por su parte, viendo los estragos sociales y ecolgicos de un modo de desarrollo que parece indisociablemente ligado al crecimiento, los economistas antiliberales, provenientes del marxismo, del estructuralismo o del tercermundismo de los aos 1960-1970, tienen muchas dificultades para hacer que se puedan distinguir ambas nociones. A los adversarios de cualquier desarrollo, en cambio, les resulta fcil recusar el crecimiento y el desarrollo, negando toda posibilidad de disociarlos.

OBJETIVO: DESACELARACIN

Se puede superar esta contradiccin? El capitalismo tiene inters en hacer creer que crecimiento y desarrollo van siempre juntos, ya que la mejora del bienestar humano slo puede pasar por el crecimiento perpetuo de la cantidad de mercancas. Debemos entonces fundamentar para el futuro -porque hoy en da verdaderamente no existe- una distincin radical entre ambos conceptos: la mejora del bienestar y el logro del pleno desarrollo de las potencialidades humanas es algo que se realiza fuera del camino del crecimiento infinito de las cantidades producidas y consumidas, fuera del camino de la mercanca y del valor de cambio (21). Se realiza en el camino del valor de uso y de la calidad del tejido social que puede nacer a su alrededor.

Si se aplicara indistintamente a todos los pueblos y para todo tipo de produccin, la consigna de decrecimiento sera injusta e inoperante. En primer lugar, porque el capitalismo nos impone actualmente un cierto decrecimiento, sobre todo en los bienes y servicios de los que tenemos socialmente ms necesidad: transporte colectivo, salud, educacin, ayuda a las personas de edad, etc. Y luego, porque no toda la produccin es forzosamente contaminante y degradante. El Producto Interno Bruto (PIB), valuado monetariamente, registra el crecimiento de las actividades de servicios -incluso los no mercantiles- cuya presin sobre los ecosistemas no es comparable a la de la industria y la agricultura. La naturaleza del crecimiento importa entonces por lo menos tanto como su amplitud. La urgente necesidad de disminuir la presin ecolgica no implica el decrecimiento de todas las producciones sin distincin entre ellas ni entre aquellos a los estn destinadas.

La utilizacin planetaria de los recursos debe organizarse de manera tal que los pases pobres puedan lograr el crecimiento necesario para la satisfaccin de sus necesidades esenciales y que los ms ricos se vuelvan ahorrativos. En lo referido a los pases pobres, cualquiera sea el modelo que se les imponga slo podr ser destructor de sus races culturales y constituir un obstculo para un desarrollo realmente emancipador. Dentro de los pases ricos, conviene pensar las polticas en funcin de la transicin que se debe garantizar: la separacin progresiva del crecimiento y el desarrollo.

Todo lo cual no pasa por un decrecimiento ciego, inaceptable para la mayora de los ciudadanos, sino por el objetivo de una desaceleracin que permita engranar la transformacin de los procesos productivos y tambin la de las representaciones culturales: la desaceleracin del crecimiento, como una primera etapa antes de emprender el decrecimiento selectivo, comenzando por las actividades dainas, para una economa reorientada hacia la calidad de los productos y de los servicios colectivos, una distribucin primaria de los ingresos ms igualitaria y una cada regular del tiempo de trabajo a medida que se logran incrementos de productividad, nica manera de promover el empleo fuera del crecimiento. Sabiendo que cualquier cuestionamiento del modelo de desarrollo actual no ser realista si no se cuestionan simultneamente las relaciones sociales capitalistas, que son su soporte (22).

Definir el desarrollo como la evolucin de una sociedad que utilice sus incrementos de productividad no para aumentar indefinidamente una produccin generadora de polucin, de degradaciones del medio ambiente, de insatisfacciones, de deseos inhibidos, de desigualdades y de injusticias, sino para disminuir el tiempo de trabajo de todos, compartiendo ms equitativamente los ingresos de la actividad, no constituye una vuelta atrs con relacin a la crtica del desarrollo actual. Eso no nos condena a quedar dentro del paradigma utilitarista, a condicin de que los incrementos de productividad se logren sin degradar las condiciones de trabajo ni la naturaleza.

A partir del momento en que se admita que la humanidad no volver a la situacin anterior al desarrollo y que, por eso mismo, los incrementos de productividad existen y existirn, su uso debe ser pensado y compatibilizado con la reproduccin de los sistemas vivos. Se puede hacer la hiptesis de que la disminucin del tiempo de trabajo puede contribuir a despejar nuestro imaginario de la fantasa de tener siempre ms para ser mejor, y de que la extensin de los servicios colectivos, de la proteccin social y de la cultura, sustrados al apetito del capital, es fuente de una riqueza inconmensurable respecto de la que privilegia el mercado. Detrs de la cuestin del desarrollo estn en juego las finalidades del trabajo y, por lo tanto, el camino hacia una sociedad ahorrativa y solidaria.

* Profesor auxiliar en la Universidad de Bordeaux IV, miembro del Consejo Cientfico de Attac, coordinador del libro "Le dveloppement a-t-il un avenir? Pour une socit solidaire et conome", Mille et une Nuits, Pars, 2004.


Notas

1) Gro Harlem Brundtland, Notre avenir tous, Informe de la Comisin Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, Editorial du Fleuve, Montreal, 1987. Este informe sirvi de base para la Conferencia de Naciones Unidas de Ro de Janeiro de 1992.

2) Ibid.

3) Rapport mondial sur le dveloppement humain 2002, De Boeck, Bruselas, 2002.

4) La intensidad energtica (y ms generalmente la intensidad en recursos naturales) de la produccin es la cantidad de energa (o de recursos naturales) necesaria para producir un euro de PIB.

5) AIE, Oil crises and climate challenges: 30 years of energy use in IEA countries, 2004, http://www.iea.org.

6) Declaracin de su presidente Jim Wolfensohn, citada por Babette Stern, "Les objectifs de rduction de la pauvret ne seront pas atteints", Le Monde, Pars, 24-4-04.

7) UNCTAD, Informe sobre los pases menos avanzados, 2004, citado por Babette Stern, "Pour les pays les moins avancs, la libralisation commerciale ne suffit pas reduire la pauvret", Le Monde, Pars, 29-5-04.

8) Durkheim defina la anomia como la ausencia o la desaparicin de los valores comunitarios y de las reglas sociales.

9) Jacques Attali, "Un agenda de croissance fabuleux", y "2004, lanne du rebond", Le Monde, Pars, 4 y 5 -1-04.

10) Entropa: degradacin energtica.

11) Redefining Progress, http://www.rprogress.org.

12) Nicholas Georgescu-Roegen, La dcroissance: Entropie-Ecologie-Economie, Sang de la terre, Pars, 1995.

13) Gilbert Rist, Le "dveloppement": la violence symbolique dune croyance", en Christian Comeliau (dir.), Brouillons pour lavenir, Contribution au dbat sur les alternatives, Les Nouveaux Cahiers de lIUED, Ginebra, PUF, Pars, 2003.

14) Serge Latouche, "Les mirages de loccidentalisation du monde: en finir, une fois pour toutes, avec le dveloppement", Le Monde diplomatique, Pars, mayo de 2001. Un oxmoron es la yuxtaposicin de dos trminos contradictorios.

15) Cornlius Castoriadis, Le monde morcel, Les carrefours du labyrinthe 3, Seuil, Pars, 1990.

16) Silence, Objectif dcroissance, Vers une socit harmonieuse, Parangon, Pars, 2003.

17) Serge Latouche, "Il faut jeter le bb plutt que leau du bain", en Christian Comeliau (dir.), op. cit.

18) Serge Latouche, "Pour une socit de dcroissance", Le Monde diplomatique, Pars, noviembre de 2003.

19) Serge Latouche, Justice sans limites, le dfi de lthique dans une conomie mondialise, Fayard, Pars, 2003.

20) Serge Latouche, Justice sans limites, op. cit.

21) El valor de uso es la utilidad de un bien o de un servicio, nocin cualitativa no mensurable e irreductible a un valor de cambio monetario. Esta ltima nocin es la relacin en la cual dos mercancas se cambian entre s mediante la moneda. Sealar esta distincin no significa el rechazo a que todo sea mercantilizado.

22) Lconomie conome, le dveloppement soutenable par la rduction du temps de travail, LHarmattan, Pars, 1997; La dmence snile du capital, Fragments dconomie, Ed. du Passant, Bgles, 2004.

 



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