Portada :: Mundo :: Chechenia, la guerra ignorada
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2004

Una glosa chechena

Carlos Taibo
Rebelin


He escuchado varias veces, en las ltimas horas, un comentario, respetable, relativo a la accin acometida por tropas rusas para hacer frente a la ocupacin de una escuela en Osetia del Norte. El comentario aplaude, sin ms, la intervencin por cuanto entiende que configura un saludable aviso sobre lo que espera a los terroristas de redundar en acciones de ese cariz. El argumento no puede ser ms ingenuo, toda vez que da por descontado que una suerte de aprendizaje ensayo-error es lo que gua la conducta de los integrantes de estos comandos. Ms all de ello, parece ignorar que el comportamiento de estas gentes obedece a hechos precisos que hay que tener, siempre, presentes. Conviene que el lector se pregunte qu es lo que viene a explicar, en Chechenia como en Cisjordania, que una joven de 22 aos decida autoinmolarse, y llevarse las vidas de unas cuantas personas. La simple invocacin, casi ritual, del fanatismo religioso es ostentosamente insuficiente: habra que dar cuenta de por qu tal fanatismo cala tan rpidamente en determinados escenarios.

A lo que voy es al hecho palpable de que para explicar --que no para justificar-- el comportamiento de un comando como el que oper en Besln es preciso volver la vista a su presunto lugar de origen: Chechenia. Y hacerlo de tal suerte que, a quienes se aferran al argumento de la ejemplaridad de la accin de las tropas rusas, se les obligue a meditar sobre unas cuantas medidas ms que, cabe suponer, algn efecto mitigador tendran sobre los responsables de hechos de terror: mencionemos entre ellas las encaminadas a someter a control exhaustivo las acciones del ejrcito ruso en Chechenia, a garantizar un escrupuloso respeto de los derechos humanos y a hilvanar procesos polticos que no configuren genuinas farsas.

Nada de esto parece, sin embargo, en el horizonte mental del presidente Putin, encandilado por esa formidable superchera que le invita a sostener, inopinadamente, que toda la resistencia chechena es terrorista e islamista desbocada. Ni siquiera hay ningn motivo slido para concluir que a Putin le preocupan en serio los rehenes del teatro Dubrovka o de la escuela de Besln. Hasta hoy el presidente ruso ha sacado tajada permanente de esos hechos, de tal suerte que no podramos explicar su propio poder sin la afinadsima catapulta que Chechenia le ha proporcionado en virtud, claro, de procedimientos impresentables.

La disputa que nos ocupa tiene, con todo, un cariz ms general. Por momentos arrecia en todo el planeta un discurso, hiperconservador y ultramontano, que estima que detrs de todo hecho de terror hay una trama internacional que mueve los hilos. Las consecuencuias de semejante manera de razonar son nefastas. Una de ellas nos recuerda que se olvidan por completo las claves locales de los conflictos: para qu escudriar lo que ocurre en Chechenia si --se nos viene a decir-- ya sabemos qu es Al Qaida la que se encuentra por detrs de todas las tramas de terror. La segunda de las consecuencias es una impresentable defensa del todo vale. Habra que preguntarles a los postuladores de estas tesis qu es lo que piensan cuando el presidente ruso --qu curioso adalid, por cierto, del Estado de derecho-- afirma que con los terroristas no se negocia: lo nico que corresponde hacer ese exterminarlos.

Si todo lo anterior invita poco al optimismo, los hechos en Chechenia, tozudos, se mueven por el mismo camino y anuncian, por desgracia, que acontecimientos como los que hoy no ocupan estn llamados a repetirse. El conflicto checheno, enquistado, se caracteriza por la permanente presin de una maquinaria de terror, el ejrcito ruso, que opera con absoluta impunidad, por una farsa de gestacin de nuevas instituciones que --se diga lo que se diga-- disfruta de un apoyo popular menor y por un dramtico acogimiento de las potencias externas al doble rasero, al todo vale, de nuevo, y a la defensa de los intereses ms obscenos. La miseria ingente que se ha instalado entre nosotros desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 nos exige reacciones rpidas y contundentes: no hay peor camino para combatir el terror que el que pasa por esquivar la condena del terror de Estado y por rerle las gracias a quien lo protagoniza.

Hace unos meses, y en Madrid, al ensayista ingls, de origen paquistan, Tarek Al le preguntaron, con cierta acritud, si no era verdad que en Iraq operaban numerosos terroristas internacionales. Al, con irona, replic que era cierto, que haba unos 160.000, en su mayora norteamericanos, pero tambin britnicos, australianos y de otras procedencias... Aplique el lector el cuento a la realidad chechena de estas horas.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Autnoma de Madrid y colaborador de Bakeaz.




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