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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2006

Radiografa de la dominacin en Mxico I/III
La disputa de arriba

Enrique Pineda
Rebelin



Los movimientos antisistmicos necesitamos de una clara comprensin de la disputa que vivimos en Mxico. Un paso en falso en esta coyuntura puede determinar lo que suceder ms adelante. Este ensayo es un intento de generar esa comprensin de manera integral. Sostendremos en esta primera parte del ensayo tres hiptesis: a) que vivimos una fase de desintegracin y disputa de las clases dominantes en Mxico, que no permite contar con la hegemona de ninguna faccin; b) que los nuevos grupos polticos en disputa fueron incorporados como mecanismo para sostener al sistema poltico en su conjunto y c) que la crisis general abre un intervalo de debilidad sistmica que podra permitir una bifurcacin que bien pueda generar una reforma y reordenamiento de las clases dominantes o bien, la desintegracin total del sistema.

I. Adis a la vieja hegemona

La crisis poltica actual es producto de la desestructuracin del rgimen posrevolucionario que vivimos poco ms de 70 aos. El rgimen prista, era una red de poder mltiple, jerarquizada y legitimada que comenz a erosionarse en las ltimas cuatro dcadas. La forma de relacin poltica del sistema se estableca en la subordinacin de la sociedad civil al rgimen, que se explicaba por los beneficios que otorgaba el Estado a cambio de la lealtad y docilidad poltica de la poblacin. Esta relacin casi simbitica mantena la hegemona del grupo en el poder, que no slo gobernaba sino que mantena el consenso de la mayor parte de los gobernados.[2]

A diferencia de otros regmenes que en diversas partes del mundo colapsaron en un periodo muy breve, el rgimen mexicano se erosion lentamente a causa de fuerzas centrfugas que desgastaron su poder al mximo y lo obligaron a reformarse hasta perder su capacidad de dominio y estabilidad.

El primer factor determinante fue el agotamiento del modelo de reproduccin econmica de sustitucin de importaciones. Frente a los signos de dicho agotamiento a finales de la dcada de los 60, dos corrientes al interior del rgimen comenzaron a tener diferencias sobre la conduccin del modelo econmico. Estas diferencias fueron irreconciliables por la influencia global y creciente del neoliberalismo y tambin por la contingencia de las crisis econmicas sexenales. El grupo de tecncratas al final obtuvo la conduccin por esas dos causas y por primera vez en la historia del rgimen, una disputa terminara con el poder total de una de las corrientes. Ello implicara, a la postre, el debilitamiento del grupo en el poder, que por primera vez no tena consenso interno sobre la conduccin de la reproduccin econmica dominante. Era pues, una divisin interna. Sin embargo, las reformas neoliberales, como todos sabemos, avanzaron, y en el largo plazo, el neoliberalismo significara una poderosa fuerza centrfuga, desarticuladora del poder de la vieja hegemona.

Las polticas de contraccin del Estado en sus funciones sociales atacaron directamente al sistema circulatorio del rgimen que permita mantener a raya cualquier disidencia. Al ir perdiendo paulatinamente su capacidad de intervencin social, el Estado se mostraba slo como un esqueleto represor y de control poltico. Su capacidad para mantener la estabilidad y el consenso fue decreciendo. Podemos, en resumen, considerar que la llegada de los tecncratas neoliberales al rgimen abri una bifurcacin en la forma en que ste se haba reproducido durante dcadas, debilitando la cohesin de la elite dominante y provocando una disputa interna por la direccin de la conduccin hegemnica.

Una segunda fuerza centrfuga, son los movimientos democratizadores y antisistmicos, que durante tres dcadas y media enfrentaron al rgimen. Desde el movimiento de 1968 hasta el alzamiento zapatista, pasando por la insurgencia obrera en los 70, las guerrillas y el movimiento cardenista en 1988.

Estos movimientos, slo despus de 1968, tuvieron la oportunidad de enfrentar al rgimen y obligarlo a dar un paso atrs. Expliqumonos. Antes de 68 tambin existieron movimientos disidentes, pero que chocaron frente al muro de consenso, represin y estabilidad que formaban al sistema. En ese muro, sin embargo se abri una grieta con el movimiento estudiantil del 68 y se seguira ensanchando con cada golpe de los movimientos que atacaron su autoritarismo. La elite dominante entendi en cada batalla con esos movimientos que su legitimidad y reproduccin estaban cuestionadas, por lo que de vez en vez -adems de la represin- impuls reformas que como vlvulas de escape permitieran que la estabilidad del rgimen perdurara. Todas las reformas electorales fueron producto del temor de las elites polticas mexicanas en momentos de incertidumbre sistmica que amenazaba al rgimen.[3] Estas decisiones lograron sortear cada crisis coyuntural, pero lentamente minaron la capacidad de las elites de mantener las disputas de direccin DENTRO de un solo partido.

La forma social de reproduccin corporativa, esa red capilar de control, estabilidad, subordinacin y concesiones que se calificaba como la dictadura perfecta se fue desarticulando, haciendo perder la hegemona al grupo en el poder.

El neoliberalismo abri una disputa interna entre la elite, debilit los mecanismos corporativos que sostenan al rgimen y aceler las condiciones sociales que son caldo de cultivo de movimientos democrticos y antisistmicos.

Estos movimientos, disidencias, resistencias y luchas tuvieron entonces la oportunidad de crecer e ir ganando terreno. La hegemona y el poder del rgimen empezaron a tener fisuras por doquier. No slo en las universidades, sino tambin, lentamente, en sendas capas obreras, campesinas y populares: los pilares organizativos del poder clientelar.

Este proceso de erosin provocado por las fuerzas que describimos fue REORDENANDO los campos de las elites dominantes. La forma de reproduccin poltica, pero tambin la forma de relacin gobierno-sociedad ha desaparecido paulatinamente por la fuerza insurgente y organizada de decenas de movimientos y por las contradicciones al interior de la clase dominante. El grupo en el poder perdi la cohesin que permita la estabilidad. La forma del estado posrevolucionario permita la unidad de la clase dominante. Al romperse esta unidad, la disputa por cada parcela de poder es enorme. Como si el poder posrevolucionario hubiera sido una piata, al romperse, la clase poltica se abalanza sobre cada pedazo y su contenido. La descomposicin de la clase poltica toda, se debe entre otros factores a esta ruptura de las reglas por la disputa del poder. El espectculo de corrupcin, ridiculez y pragmatismo de la clase poltica que hemos visto estos seis aos es producto de la ruptura del viejo sistema y sus reglas.

As, los campos de las elites se reordenan porque estamos en un proceso de formacin de un nuevo grupo dominante, de un nuevo rgimen. No estamos transitando a democracia alguna. Estamos en el trnsito de reordenamiento de las elites dominantes. Lo que vivimos es la disputa entre la(s) clase(s) dominante(s) por conformar una nueva hegemona y la ltima fase de desintegracin y descomposicin del viejo rgimen.

II. Los nuevos poderes polticos en disputa.

La estabilidad de la vieja hegemona dependa de su unidad interna y de su poder de consenso y legitimidad que corra a travs de la red de corporativismo por todo el pas. Pero dependa tambin del arte de utilizar la cooptacin y la represin en las dosis necesarias para mantener ese consenso y por tanto, la hegemona.

El viejo rgimen alarg su vida y su estabilidad gracias a que una y otra vez utiliz una doble maniobra cuasi perfecta de los recursos de los que goza el Estado para mantener la gobernabilidad. El viejo grupo hegemnico era un experto en gobernabilidad.

Frente al movimiento del 68 y su posterior radicalizacin en una plyade de movimientos populares, sindicales y armados utiliz terribles dosis de represin que todos conocemos, pero tambin opt por dosis controladas de cooptacin que como vlvulas de escape permitieran respirar al sistema en su conjunto, y con ello mantener la estabilidad....y el poder.

En los aos 70 acudieron a una estrategia de cooptacin de cuadros de la izquierda que trataron de transformar al sistema desde adentro y que fue acompaada por una reforma que legaliz al partido comunista.

Esta estrategia muchas veces utilizada neutraliz aunque sea momentneamente- el descontento. Mientras unos reciban puestos y becas, otros enfrentaban la tortura y la desaparicin. Pero hay dos momentos claves para entender a las nuevas fuerzas en disputa por la hegemona en Mxico.

En 1988 el cardenismo se ali a la pequea izquierda partidaria y se gener un fenmeno de movilizacin del descontento y la disidencia nunca visto desde 1968. A pesar de que el movimiento representaba un nacionalismo progresista moderado, para el rgimen representaba una afrenta porque surga de una disidencia interna (la corriente democrtica), porque llegaba en un momento de inestabilidad econmica (despus del crack de la bolsa en 1987), porque se aliaba al movimiento estudiantil que haba puesto en evidencia al rgimen (el movimiento universitario 1986-1987); porque encausaba el descontento popular en la Ciudad de Mxico por la incapacidad gubernamental frente al sismo de 1985 (a travs del movimiento urbano popular); y porque encausaba el descontento campesino, afectado ya por las reformas del modelo econmico. Pero sobre todo, cuestionaba la legalidad y legitimidad del rgimen como consecuencia del fraude electoral. Todos esos elementos hacan que el grupo en el poder tuviera que reaccionar y enfrentar el peligro de inestabilidad sistmica.

Y lo hicieron. Una vez ms con una estrategia de cooptacin y represin. La represin fue feroz durante seis aos con la naciente izquierda institucional. Ms de 600 asesinatos, mltiples fraudes electorales en elecciones estatales y municipales y el aislamiento en los medios de comunicacin surtieron efecto. El joven Partido de la Revolucin Democrtica en las elecciones intermedias de 1991 llegaba con un escaso 11% de la votacin cuando el movimiento cardenista con el Frente Democrtico Nacional en 88 tena poco ms del 35% de los votos reconocidos oficialmente. Mientras unos reciban asesinatos, fraude y aislamiento, otros reciban las mieles del Estado. El Partido Accin Nacional, hoy en el poder, recibi el reconocimiento oficial de la victoria en algunas gubernaturas. Con ello, se reconoca el acceso al Estado de la vieja disidencia de derecha representada en ese partido. Desde entonces y hasta ahora, en numerosas ocasiones el PAN fue el mejor aliado del prismo con abiertas y escandalosas alianzas en las distintas cmaras. Esta historia es conocida. La intervencin estatal del rgimen, la incorporacin real del PAN al Estado, la necesidad obligada de compartir el poder y otorgar concesiones en favor de la estabilidad y gobernabilidad general le abrieron el sendero del poder a la derecha, hasta entonces arrinconada como una disidencia marginal. El panismo vena creciendo conforme el poder del rgimen se erosionaba lentamente. Pero el acceso al Estado y al poder real le dieron el impulso que consolidara su crecimiento. El rgimen en ese momento requera de una oposicin a modo con la cual fortalecer la gobernabilidad y su legitimidad. Una oposicin a modo que adems apuntalara sus nuevas reformas econmicas. Un aliado que le permitiera adems aislar a la disidencia. El rgimen le haba abierto la puerta del poder a un nuevo grupo que ms tarde ganara la eleccin presidencial.

Pero si bien esta historia es conocida, lo que nos interesa es resaltar el patrn del viejo rgimen para conservar su hegemona: represin, cooptacin y de vez, en vez reformas al sistema. Nos interesa resaltar que el segundo nuevo grupo de poder en disputa surgi tambin por medio de una de las concesiones del viejo rgimen.

En 1994 y 1996 se realizaron nuevas y mucho ms importantes reformas electorales que permitieron que los partidos polticos tuvieran esencialmente dos cosas primordiales: verdaderos recursos econmicos y verdadero acceso a los medios de comunicacin. Pero adems, se entregaba el control del proceso electoral a un rgano autnomo. porqu el rgimen permita reformas que a la larga facilitaran que perdieran el poder? porqu permitan reformas que le daban aliento, recursos y poder a sus oponentes? porqu si el PRD haba sido neutralizado y prcticamente eliminado de la contienda, ahora se reformaba al sistema en su conjunto permitiendo que esa oposicin creciera?. porqu si el PAN era una oposicin cmoda y manejable se le daba ms aliento con las reformas?

El rgimen en el periodo de 1994-1996 estuvo de nueva cuenta obligado a otorgar concesiones en favor de la estabilidad y la gobernabilidad que aseguraran la cohesin del sistema poltico en su conjunto y por tanto la hegemona del todava grupo en el poder. El rgimen estuvo obligado de nueva cuenta por una convergencia de coyunturas desfavorables que, reunidas, significaban la debilidad momentnea del Estado. La primera de ellas fue la disputa interna por la sucesin presidencial que termin con dos magnicidios al interior del otrora partido oficial. La segunda coyuntura desfavorable fue la enorme crisis econmica de 94-95 que desestabiliz al pas, al sistema poltico y sus alianzas con la cpula econmica. La tercera y definitiva coyuntura que determinara adems la estrategia del rgimen frente a la izquierda, fue sin lugar a dudas el alzamiento indgena del Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional.

El rgimen, que con mucho esfuerzo haba sorteado el peligro cardenista, tena ahora enfrente un alzamiento armado en medio de condiciones poltico-econmicas que acrecentaban su peligrosidad. La coyuntura oblig a que el rgimen optara nuevamente, por una estrategia de cooptacin y represin. Contener, aislar, neutralizar y si era posible exterminar al movimiento rebelde era una prioridad del rgimen. Pero esto no era posible en medio de la contienda electoral, de la disputa interna del prismo y los signos ya evidentes de debilidad econmica. La estrategia de exterminio y desarticulacin del movimiento zapatista se puso en juego a partir del 9 de febrero de 1995 y el avance militar. Desde entonces y hasta poco antes de la eleccin del ao 2000 est claro que la decisin del rgimen fue la destruccin del movimiento rebelde. Esta estrategia fracas parcialmente. El objetivo de desarticular y exterminar al movimiento no fue posible debido a la enorme y masiva capacidad organizativa y de resistencia zapatista, a su intensa capacidad meditica, y al apoyo internacional y nacional que se haba creado alrededor del zapatismo. Pero la estrategia funcion en un aspecto: aislar y marginar su influencia sobre el sistema consolidando lo que podramos llamar un pacto de las fuerzas moderadas de la clase poltica.

Esto se logr con una estrategia de incorporacin de la izquierda aceptable para el sistema poltico. Apenas unos aos antes el rgimen combati con toda su fuerza a la izquierda institucional. En 1996 sin embargo, los llamaba al dilogo y la negociacin. Mientras en San Andrs el rgimen simulaba el dilogo con los rebeldes para una reforma radical y estructural del Estado, en las calles de Bucareli, se negociaba el pacto para que las fuerzas polticas tuvieran las condiciones para acceder al Estado. Un ao despus de esas negociaciones y de una nueva reforma electoral, el Partido de la Revolucin Democrtica, por primera vez con recursos suficientes para enfrentar al partido oficial y por primera vez con acceso a medios electrnicos y masivos de comunicacin, ganaba la eleccin a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Era un momento de euforia para la izquierda aglutinada en ese partido. Muchos de ellos y ellas haban enfrentado al rgimen y luchado por el poder por 5, 10, 20 o hasta 30 aos. Mientras en la Ciudad de Mxico haba abrazos y festejos, reparticin de puestos y designaciones de asesores, en Chiapas, muy lejos de ah, se preparaba la masacre de Acteal y el terror de la muerte y el exterminio con la guerra de baja intensidad.

Una vez ms, el rgimen pero por ltima vez- lograba sortear la crisis temporalmente con una estrategia de represin y cooptacin. Para unos, acceso al Estado, al Congreso, a recursos econmicos. Para los otros, una estrategia de exterminio que dej un caudal de muertos y perseguidos.

Sin embargo, la del rgimen era una victoria temporal. Haba creado las condiciones que aseguraban la estabilidad del sistema poltico en su conjunto, pero tambin haba permitido que dos grupos, que dos facciones que haban estado fuera de la estructura del poder entraran al Estado. Lograba sin embargo, atraer a la izquierda a las reglas del sistema democrtico liberal con todos sus beneficios, pero tambin con todas sus limitantes. La victoria real del rgimen fue integrar al PRD al sistema institucional y que paulatinamente se fuera alejando de las clases y movimientos verdaderamente peligrosos, obligndolos a someterse al marco institucional liberal-democrtico y con ello alargando la vida del sistema poltico y permitiendo su estabilidad as como un reordenamiento de las elites DENTRO de un marco cupular, alejando las posibilidades de una fractura sistmica que permitiera que otras fuerzas ms peligrosas para ellos actuaran. La dirigencia del PRD en su conjunto acudi gustosa a esa inclusin y junta con ella una oleada de dirigentes de organizaciones y movimientos sociales que corrieron a insertarse en el recin abierto Estado abandonando a su suerte a las lucha de abajo y aislando a TODO lo que quedara fuera del pacto de los moderados de los tres partidos que integran al sistema. El PRD convencido de una transicin pactada, acudi al acuerdo sistmico de incorporacin al Estado y con ello sell la ltima etapa del viejo rgimen que haba optado por incorporar a la derecha y a la izquierda institucionales. Estos dos nuevos grupos no tardaran en volverse poderosas elites polticas que buscaran a toda costa volverse hegemnicos. Se lograba con ello consolidar que la disputa poltica se diera entre las cpulas partidarias y no entre los movimientos antisistmicos y la elite. Se formaba, por as decirlo una relacin central al interior de las elites y marginalizaba al resto de los movimientos, condenndolos a una relacin que podramos llamar perifrica. Digmoslo en pocas palabras: se pusieron de acuerdo ellos traicionando y dejando afuera a todos los dems. A eso le llamaron transicin a la democracia.

Las otras cpulas polticas recin incorporadas al Estado, no slo se convirtieron rpidamente en poderosas elites burocrticas sino en jugosas redes de acceso al poder econmico estatal. Partidos y gobiernos de derecha e izquierda son fuentes de control piramidal de una gigantesca red jerrquica burocrtica pero tambin una red transversal para que el poder econmico se reproduzca. Si antes el rgimen era una red piramidal y jerrquica, ordenada, que aseguraba la estabilidad integrando y ordenando a las elites econmicas y polticas en disputa, hoy el sistema poltico es una multiplicidad de redes igual de jerrquicas, y piramidales- en competencia.

La batalla no slo es entre facciones en disputa sino tambin al interior de ellas. La nueva derecha y la nueva izquierda institucionales, as como el partido del rgimen en retirada tienen profundas divisiones internas. Creer que estas son disputas doctrinarias o ideolgicas es lo menos de decir, estpido. Son batallas de poder, por articularse al grupo que pueda consolidar una nueva hegemona.

El candidato de la izquierda utiliz al mximo esta batalla de corrientes y facciones entre la elite poltica y uno de los factores que influy en el caudal de votos en la eleccin de julio a favor de Lpez Obrador es haber tejido minuciosamente una red de desprendimientos del viejo rgimen, haber utilizado la divisin entre salinistas y zedillistas, (Camacho, Monreal, De la Fuente) haberse aliado con sectores descontentos del prismo en bsqueda de poder (Zeferino Torreblanca, Jaime Sabines, Vega Galina, Guadarrama) y sectores minoritarios de poder que deseaban crecer (convergencia por la democracia). Al parecer, la estrategia fue exitosa pero no suficiente para consolidar un grupo que ganara las elecciones. Esa integracin, sin embargo, era una coalicin de inters por el poder. Sin el elemento aglutinador la presidencia- muy pronto todos sus aliados han comenzado a desarticularse y acomodarse en la nueva conduccin calderonista. La batalla de arriba deja ms dbil de lo que se piensa a la izquierda institucional, deja cuestionada a la derecha gobernante y a la defensiva al partido del viejo rgimen. Divididos, cuestionados entre s y en batalla permanente por lograr la hegemona y ms espacios de poder estatal. Esa es la disputa de arriba al interior de la clase poltica.

III. el poder econmico dominante en disputa

El ltimo elemento que mantena la cohesin de la vieja hegemona era su capacidad estratgica para complacer a la burguesa nacional a la vez que esta se mantena aliada de la elite burocrtica que diriga al pas. Esto era posible por el momento mundial que se vivi a lo largo de 50 aos hacia el desarrollo endgeno, la guerra fra, y los estados de bienestar. Era posible adems porque el poder econmico nativo mexicano era lo suficientemente grande para obligar a la burocracia gobernante a darle concesiones, pero lo suficientemente dbil para no insubordinarse ante la elite burocrtica representada en el viejo partido-Estado. Por lo dems, durante varias dcadas el poder econmico no tuvo objeciones graves a la conduccin que le aseguraba su crecimiento. La estabilidad se lograba por las concesiones populares a las masas controlada por el Estado pero tambin por la alianza de la elite burocrtica con el desarrollo capitalista mexicano que nunca se detuvo. Con una mano se daban concesiones masivas y con la otra se aseguraba la reproduccin y la acumulacin capitalista.

Pero estas condiciones se desestructuraron, desarticularon y erosionaron a partir de la dcada de los 70, confluyendo con el crecimiento de los movimientos democratizadores y antisistmicos en Mxico y con la llegada del neoliberalismo.

Primero, las condiciones de acumulacin capitalista cambiaron globalmente. Despus el rgimen dio seales confusas sobre su relacin hasta ese momento armnicas con los poderes econmicos locales (la nacionalizacin de la banca, las crisis econmicas consecutivas). Pero quiz lo ms importante es que las empresas dominantes haban comenzado un acelerado proceso de crecimiento que durante los 80 y 90 se consolidara gracias a las reformas estructurales neoliberales. La elite econmica se transnacionaliz y construy imperios oligoplicos que le dieron un poder sin precedentes. [4]

Si antes la elite guardaba silencio y era precavida en su actuacin poltica, el poder que hoy tienen los hiperpoderes econmicos dominantes les permiten ser un actor que no quiere ni tiene porqu subordinarse al poder poltico. Ms bien hoy tienen el tamao para subordinar al poder poltico a sus intereses. Los grupos econmicos dominantes empezaron a jugar desde hace tiempo polticamente, pero al contrario de lo que asegura la propaganda de la izquierda institucional el poder econmico en Mxico no es un bloque homogneo. Con la erosin del viejo rgimen y con el creciente poder de la elite empresarial, existen al menos tres contradicciones al interior de la burguesa nacional.

La primera de ellas es la posicin en la pirmide de la acumulacin que juega cada grupo econmico. El neoliberalismo enriquece enloquecidamente a una elite, pero los damnificados no son slo las clases populares sino tambin los medianos empresarios, muchos de ellos arrasados por la apertura comercial y otros disminuidos en su capacidad y poder. Estas franjas descontentas por supuesto quieren escalar en la pirmide de la acumulacin y juegan local, regional y nacionalmente frente a las facciones polticas en disputa por una nueva hegemona. Y no juegan de slo un lado de lageometra poltica de la clase poltica sino con todas las facciones en disputa incluyendo a la llamada izquierda institucional porque esta ya es parte del Estado y gobierna un enorme segmento del pas. Hay entonces una divisin entre el empresariado dominante y aquel que anhela serlo, este ltimo, vido de ser beneficiado por las estructuras partidarias de todos los colores y por los gobiernos locales y estatales de todos los partidos en todas sus necesidades publicitarias, de infraestructura, de abastecimiento. As, este empresariado en ascenso busca a las clases polticas todas y es probable que para muchos de ellos su campo de accin sea el mercado interno, porque todava no tienen el tamao global de la elite econmica en Mxico. El caso Ahumada representa esta vinculacin ntima entre el empresariado en crecimiento y la clase poltica, que en este caso fue la izquierda. Ahumada[5] es la regla y no la excepcin en toda la clase poltica incluyendo a la izquierda partidaria.

La segunda disputa es la disputa capitalista tradicional. Es decir, una disputa por los mercados o por acaparar monoplicamente un servicio, un sector o un producto. Es decir, la competencia, muchas veces, regulada por el Estado. La disputa que hemos visto en Mxico en los medios de comunicacin en contra de los monopolios, no es una cruzada por el libre mercado, ni contra los privilegios de la elite econmica. Es una disputa comercial que es llevada al mbito poltico. Los grupos que desean abrir un mercado atacan al grupo econmico dominante tratando de modificar la estructura legal que le permite su crecimiento y su acumulacin sin freno. Los grupos dominantes se resisten a perder su poder y tambin juegan polticamente. Esta es una disputa no por ser favorecidos por las clases poltica sino por controlar a las facciones polticas para cambiar, mantener o acelerar las reglas estatales que favorecen la acumulacin de unos y no de otros. A esto debemos sumarle la disputa de burguesas no mexicanas y la presin de sus gobiernos por modificar las reglas estatales. La guerra verbal entre el titular del Banco de Mxico y el magnate Carlos Slim representa esta disputa de mercados y reglas institucionales para la acumulacin. [6]

Pero en la guerra por lo mercados han aparecido lo que yo denominara empresarios radicales en ascenso. Este segmento de nuevos empresarios radicales en ascenso disputan sus diferencias con armas. Son la ultra del empresariado. Es el narcotrfico. Ms que buscar concesiones de los gobiernos o controlar las reglas institucionales que controlan los mercados, estos empresarios radicales necesitan comprar la proteccin que asegure la reproduccin y acumulacin de sus empresas. Es decir, tienen una estrategia una tanto distinta al de empresarios en ascenso y al de los poderes econmicos dominantes. Este segmento necesita comprar la proteccin de mandos medios y bajos de TODAS las policas donde sus empresas se desarrollan. As que requieren jugar polticamente con las facciones polticas en disputa de forma local, porque unas u otras son ms fciles de controlar en una zona, en un municipio, en un estado y otras en otros lugares. As, el narcotrfico trata de controlar e infiltrarse en capas bajas, locales y regionales de la clase poltica toda. Y hasta ahora lo ha logrado con gran xito. Sin embargo como cualquier capitalista los narcotraficantes buscan controlar cada vez ms mercados y esto lo hacen a balazos. En Mxico esta disputa ha dejado ms de 2000 muertos durante 2006 mientras municipios, regiones y estados gobernados por todas los partidos se cruzan de brazos porque sus mandos policiacos ya han sido comprados para que las empresas que comercian estupefacientes logren impunidad total. La narcopoltica es una necesidad del mercado.

Por ltimo, la tercera divisin es el tipo de relacin ideolgica del empresariado dominante con las facciones polticas en disputa. Hay dos tendencias entre el empresariado. Algunos de ellos son fieles a sus alianzas con algn partido o grupo poltico particular. (por ejemplo el grupo MASECA con su larga lealtad al PRI y su ambigua relacin con los Salinas, o el grupo Industrial Alfa, ligado a los legionarios de Cristo y al Partido Accin Nacional). Pero hay una segunda tendencia entre el empresariado, ms flexible, que trata de estar por encima de las facciones polticas, incidiendo en cada una de ellas y permitiendo que gobierne uno u otro porque saben que tiene el poder suficiente para arrodillar a cualquier gobernante. Por eso es que Lorenzo Zambrano, el segundo empresario ms poderoso en Mxico[7] se pudo dar el lujo de declarar durante el proceso electoral que Lpez Obrador ser un reto si se convierte en presidente...pero no una tragedia. Por eso Carlos Slim apoy la campaa del candidato de la izquierda con una aportacin de 94 mil dlares, pero entreg una cantidad similar al resto de los candidatos. Por ello Emilio Azcrraga declar que la democracia vende bien y hay que apostar por ella, (porque) la democracia...es un gran cliente para la televisin.

El candidato de los pobres sabiendo que no se puede gobernar sin estos ricos, impuls toda una estrategia para utilizar estas divisiones y asegurar si no el apoyo, al menos la anuencia del poder econmico en Mxico. Para construir una nueva hegemona no basta el voto de sectores populares y clases medias, se requiere necesariamente de un segmento del poder econmico dominante. Andrs Manuel Lpez Obrador saba desde hace mucho esto y trat de aprovechar todas las divisiones al interior de las facciones polticas en disputa y los grupos econmicos en guerra por mercados, reglas estatales y favores gubernamentales impulsando toda una estrategia de acercamiento al poder econmico. Les envo ms de 400 cartas personales a la elite econmica asegurndoles que mantendra la estabilidad macroeconmica y que no afectara sus intereses. Impuls varias reuniones a puerta cerrada con muchos de ellos. En una veintena de ocasiones durante su campaa asegur que no estaba contra los empresarios honestos. Y hasta en su programa alternativo de nacin hizo afirmaciones enteramente dirigidas al poder econmico: no sera sensato alterar el orden macroeconmico: debe haber disciplina en el manejo de la inflacin, el dficit pblico y las deudas interna y externa, as como mantener estabilidad en otras variables(ya que) la nueva estrategia econmica debiera considerar, antes que cualquier otra cosa, el manejo tcnico, no ideolgico, de la poltica econmica.[8] Incluso para aquellos que buscan abrir al mercado energtico, en su programa, les envi un guio: pero tampoco deberamos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos transparentes de asociacin entre el sector pblico y el privado participen en la expansin y modernizacin del sector energtico. [9] Desde el gobierno del Distrito Federal trat de aliarse con la industria de la construccin, con el sector turismo y otros sectores medios y altos del poder econmico. Todo su gobierno fue una gran campaa electoral. Todas sus acciones de gobierno estuvieron encaminadas a lograr el beneplcito del poder econmico. Inclusive las populares tarjetas electrnicas destinadas a ancianos y madres solteras terminan beneficiando a las empresas de autoservicio, que son parte de la cpula del poder econmico en Mxico.

Esta agresiva estrategia, tuvo xito. Un par de meses antes de la eleccin los empresarios ya comenzaban los acercamientos con el prximo presidente de izquierda y muchos se resignaban sabiendo que podan sortear esta conduccin poltica bien porque tienen el suficiente poder para imponerse o bien porque el propio candidato y su programa NO SIGNIFICAN ningn peligro para su reproduccin econmica. Sin embargo, el candidato conservador, Felipe Caldern, articul a los segmentos duros (que tienen lealtad poltica) e impuls una agresiva campaa que argumentaba lo contrario. Ensoberbecido por el inminente triunfo, Lpez Obrador no aceler sus alianzas con sectores empresariales dudosos. Su larga estrategia de alianza con los poderes dominantes se debilit y fue insuficiente. Caldern supo aprovechar esa debilidad. Una vez que Caldern es presidente oficial, los sectores que siempre guardaron lealtad a la derecha brindan por su triunfo y los sectores flexibles que no vean con malos ojos a Lpez Obrador e incluso algunos que le dieron su apoyo corren a acomodarse con el nuevo grupo en el poder, incluyendo a todos los gobernadores del PRD. El poder econmico se acomoda con todos los gobernantes, de cualquier ideologa siempre y cuando no sean un obstculo para la acumulacin. Creer que las disputas entre los empresarios pueden ser una alianza para la izquierda es una posicin pragmtica pero tambin ineficaz. No hay empresarios progresistas. Creer en el acuerdo y la alianza con ellos desde la izquierda es, lo menos de decir, ingenuo y tambin, estpido. EL PRD y el candidato de los pobres centraron su estrategia de crecimiento en organizar un electorado de centro basado en las disputas entre las facciones polticas y los grupos econmicos. Al perder la cohesin de la posibilidad del poder presidencial, ese electorado de centro, sumamente moderado, le da la espalda a Lpez Obrador y se acomoda con calderonistas, pristas y perredistas que ya gobiernan.

IV. La disputa en el ncleo del sistema.

Tenemos entonces que numerosos grupos de poder han entrado en una batalla a muerte por la reproduccin, conduccin y hegemonizacin del sistema poltico y econmico en Mxico. Esta batalla, una vez desarticuladas y erosionadas las reglas del viejo rgimen posrevolucionario, se somete a unas dbiles reglas institucionales de la democracia liberal. Esta disputa por una nueva hegemona mantiene inestable al sistema en su conjunto. Esta disputa tiene efectos y tiene dos posibles salidas.

El efecto primordial de la batalla es que esta es una disputa que est destruyendo lo que queda de Estado y de Nacin. Es una batalla depredadora por mercados y fracciones del poder estatal. Esa guerra, por poder y por dinero, como cualquier guerra, destruye todo a su paso, excepto el poder de la elite. Porque esta batalla puede reordenar a las facciones en disputa pero NO AFECTA la reproduccin general sistmica, es decir al sistema de depredacin capitalista. Mientras la batalla de arriba se realiza, el modelo de explotacin, represin, desprecio y despojo contina. Esta batalla entre unos y otros puede resultar de una manera u otra, pero el sistema de dominacin contina sin freno destruyendo pueblos, comunidades, ecosistemas y culturas. Esta guerra se desarrolla al interior del ncleo del sistema y en la cspide de las clases polticas y econmicas. Es, dicindolo ortodoxamente una lucha intra-burguesa. Poco importa si una o varias cuentan con apoyo popular. No sera la primera vez en la historia de Mxico que masivamente se apoyara a elites que no necesariamente representan a los de abajo, con tan malas experiencias y resultados histricos. Creer que esa batalla es la nuestra, es un sinsentido. Todos los que lo creen, slo orbitan alrededor del ncleo del sistema, a la cola de una disputa a la que no estn invitados.

Esta disputa irracional, destructiva, es la prioridad de los de arriba. Para ellos dominar y controlar y ganar en la batalla de arriba es su mxima prioridad. La de todas las facciones y grupos. Consolidar una nueva hegemona, una nueva dominacin y por tanto nuevas reglas de reproduccin poltica y econmica es su necesidad ms urgente. Le temen a las luchas que desde la periferia del sistema y desde abajo se vuelven cada vez ms peligrosas. Pero en su balance estos son peligros secundarios, al menos por ahora. Por eso, el desprecio y la soberbia con que desde arriba se mira a las luchas de abajo. Por eso, al menos por ahora, la batalla no es frente a frente entre los de abajo y las elites. Esta guerra de arriba, sin freno alguno, deslegitima, erosiona y golpea las propias reglas que segn ellos son la forma de dirimir sus conflictos. Es decir, las reglas del liberalismo poltico al que todas las facciones polticas dicen supeditarse y al que todos los grupos econmicos dicen subordinarse. Erosionan por tanto la legitimidad y la legalidad de lo que queda del Estado. Y si a eso sumamos que las reglas formales del viejo rgimen no se han ido del todo en el aparato estatal, ello provoca la peor crisis poltica en Mxico desde hace 100 aos. A esta batalla los de arriba y sus voceros le llaman democracia. Nosotros le llamamos crisis de la hegemona dominante.

Esa crisis tiene dos salidas: la primera de ellas, quiz la ms factible, es que las elites logren ordenar un nuevo grupo dominante, con pequeas reformas que estabilicen al sistema en su conjunto. Reformas lo suficientemente grandes para cohesionar y consolidar a las elites a travs de reglas liberales democrticas (los intelectuales diran democracias consolidadas), pero lo suficientemente pequeas para no poner en riesgo la reproduccin del sistema poltico y econmico.

Por eso, los locutores, los intelectuales, los medios de comunicacin, los partidos polticos, los empresarios, todos, hablan de reformas electorales y de otras modificaciones que permitan sobrevivir al sistema poltico dominante. Todos gritan y vociferan por volver a la estabilidad porque saben del peligro que significa que el sistema se debilite an ms. Por eso esa fuerza centrpeta es enorme y atrae ya, a casi todo el aparato de la izquierda partidaria. Toda ideologa de la obediencia a ese sistema poltico y econmico dominado por las elites slo ayuda a fortalecerlo. (y de ello hablaremos en la siguiente parte de este texto). Toda accin que busque reformas a ese sistema (el de ellos) puede, en efecto, lograr ciertas mejoras generales, a riesgo siempre, de perpetuar, alargar y legitimar al sistema dominante, cuyos dueos estn en disputa, divididos, sin consenso y sin hegemona.

Pero hay una segunda posibilidad. Mucho ms lejana, difcil y riesgosa. A pesar de que como nunca en la historia las elites tienen ms poder y dinero, quiz nunca como antes estuvieron tan divididas entre ellas que es lo que hemos explicado en este texto- . La divisin hace que su propia ideologa dominante se debilite. Y he aqu que en los ltimos 15 aos los movimientos antisistmicos y democratizadores han venido creciendo, madurando. Muchas veces silenciosamente. Muchas veces a contracorriente. La coyuntura temporalmente- ofrece una oportunidad, un breve intervalo de unos aos en el que las elites se encuentran ms divididas que nunca.

Construir la(s) fuerza(s) que desde la periferia del sistema y desde abajo puedan desarticular la batalla de arriba y sus reglas, desarticulando su poder de dominacin es una segunda posible salida a la crisis. Por eso es la hora de las definiciones y las estrategias se bifurcan de forma irreconciliable. Concentrar nuestra energa, nuestra fuerza, nuestra accin en una salida desde arriba que estabilice al sistema, y a la dominacin o intentar construir desde abajo y a la izquierda y desde la periferia del sistema.

Hay que desarticular al poder dominante tanto poltico como econmico, no pactar con l. No desde una visin ideolgica o una estrategia antisistmica preestablecida. Estoy seguro que la nica salida para la sobrevivencia de los pueblos, del mundo y de la naturaleza es arrasar con el poder dominante, a pesar de que hoy todo nos indique que eso no es posible. Desestructurar la dominacin y no hacerla ms vivible para las clases medias- son las opciones que hay para elegir. Todo anlisis de lo posible y de lo inmediato es en realidad una ideologa de la estabilidad y de la conservacin. Hacer todo lo que sea posible para acercarnos a ese objetivo, por ms lejano que parezca es una decisin que muchos hemos tomado a pesar que corremos el riesgo de fracasar y postergar por mucho tiempo cualquier posibilidad de emancipacin.

Para muchos, el camino est claro. Es abajo y a la izquierda. El camino es desmontar la explotacin, el desprecio, el despojo y la represin pero tambin al sistema poltico que lo hace posible. Desarticular al poder dominante pero tambin la ideologa que permite su poder y su cohesin. La alternativa es abajo y a la izquierda.

Diciembre 2006.










[1] Enrique Pineda es egresado de la carrera de sociologa, integrante de jvenes en resistencia alternativa. Organizacin adherente a la Sexta Declaracin de la Selva Lacandona e integrante de la Otra Campaa iniciativa del EZLN.
[2] Hablamos aqu de hegemona en la vertiente de Antonio Gramsci, no slo como la capacidad de dominacin sino tambin por la capacidad de convencer, de establecer consensos y de generalizar la propia concepcin del mundo.
[3] Vase el trabajo de Guillermo Trejo, investigador del CIDE, Las Calles, las montaas, las urnas: notas sobre la participacin social y la transicin a la Democracia.
[4] Los 10 grupos econmicos dominantes en Mxico son esencialmente empresarios mexicanos que han impulsado una agresiva estrategia de trasnacionalizacin y de monopolizacin en cada sector que actan.
[5] Carlos Ahumada recibi obras del Gobierno del Distrito Federal, y entreg miles de dlares en la mano a varios colaboradores cercanos a Lpez Obrador, que fueron grabados por l mismo y luego entregados a los medios masivos de comunicacin en lo que se conoce como videoescndalos durante 2004.
[6] La reciente disputa entre el Director del Banco de Mxico, el empresario Carlos Slim y hasta el saliente secretario de hacienda Gil Daz, apareci en todos los medios de comunicacin en Mxico.
[7] Accionista mayoritario de CEMEX, una empresa cementera que primero se adueo de una buena parte de las productoras mexicanas, para luego saltar a una expansin dominante en Latinoamrica, Europa y Estados Unidos con una acelerada renovacin tecnolgica.
[8] Lpez Obrador Andrs Manuel. Un proyecto alternativo de nacin. Pag. 30.
[9] Ibidem (pag. 42)


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