Portada :: Espaa :: Proceso en Euskal Herria
(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2006

Nueve meses desde que ETA hiciera pblica su declaracin de alto el fuego permanente
El proceso de Kafka

Eneko Herran Lekunberri
Gara


Se han cumplido ya nueve meses desde que ETA hiciera pblica su declaracin de alto el fuego permanente. Haca ya algn tiempo que desde diversos mbitos se vena diciendo que tal era la condicin previa e indispensable para la apertura de un proceso encaminado a la bsqueda de una solucin al conflicto poltico existente. Se deca tambin que, una vez cumplida esta premisa, se iba a poder hablar de todo y entre todos para tratar de llegar a un acuerdo (ms o menos comn) sobre cmo encauzar por vas democrticas una metodologa de resolucin. Se decan tantas cosas.

Lo cierto es que se nos termina el ao y seguimos como empezamos esta historia, all por el mes de febrero. Transcurrido este tiempo, dicho alto el fuego contina siendo el nico activo (al menos conocido) puesto sobre el tapete a la hora de abordar un proceso que, para ser tal, debe comprender algo ms que palabras y declaraciones de intenciones en su discurrir, y ello por muy buenas que sean estas ltimas.

Palabras. Eso es todo cuanto nos recuerda a diario que, al menos supuestamente, nos hallamos inmersos en un proceso que unos llaman de paz y otros de resolucin. Palabras y ms palabras para que politlogos profesionales se entretengan en confeccionar anlisis para el optimismo o el pesimismo. Mientras, la sociedad bascula en una escala de diseo estadstico entre una mayor o menor esperanza codificada en las encuestas y una cada vez mayor desesperacin-frustracin palpable en la calle.

Ya desde un principio, ese adalid de la sonrisa y buen talante que gobierna el imperio nos lo advirti, con esa seguridad de la que slo pueden hacer gala quienes son capaces de generar profecas autocumplidas. El proceso ser largo y difcil, asever en tono solemne. La verdad, al paso en que lo han comenzado, si es que como un primer paso se puede considerar la declaracin en el Congreso (ms palabras, no en vano es un Parlamento), ms que largo parece orientarse con vocacin de infinito. Y ms que difcil se antoja como imposible cuando no se encuentra un modo, no ya para llevarlo a buen puerto, sino incluso para ponerlo simplemente en marcha. Y es que, en definitiva, el Gobierno que preside no ha puesto ms activo que una retahla de declaraciones voluntaristas que van perdiendo su significado con el propio paso del tiempo. Sus mensajes de firme determinacin para encarar el proceso empiezan ya a resultar aburridos. Palabras, palabras y ms palabras.

Pero el poder de un Estado no slo est representado por el Ejecutivo, y otros poderes del mismo s que han actuado. La labor del poder judicial, con actuaciones que directamente inciden en la creacin de un clima de (des)confianza, o al menos de distensin, ayudando con la soga al cuello que dira el otro, hacen an ms incomprensible la indolencia del Gobierno. No se debe olvidar que la doctrina Parot se la sacaron de la manga con la declaracin de alto el fuego ya vigente, y todo para impedir la salida de la crcel de presos con la condena ntegra cumplida. Y luego lo de Iaki De Juana, con 12 aos de condena por dos artculos publicados en un diario. Toma libertad de opinin! Las mltiples trabas judiciales (encausamientos, diligencias) para el inicio de un dilogo entre formaciones polticas. Pro- hibiciones de manifestaciones y actos polticos al albor de una ley infame que no muestran la mnima intencin de derogar. El gran invento que les deba servir para acabar con el terrorismo, la tan cacareada fortaleza del Estado de Derecho, se dise como una maquinaria precisa de represin, repleta de restricciones en las libertades tanto individuales como colectivas. As, y como no poda ser de otra forma, lo que uno termina por encontrarse es un entramado legal que penaliza cualquier tipo de contacto con el diferente, ya abiertamente constituido en enemigo de pleno derecho. Y si a ello le sumamos que estamos hablando de un Estado en que lo judicial se instrumentaliza bsicamente por medio de un tribunal de excepcin, legatario directo de un rgimen dictatorial; si aadimos que lo hace por medio de un puado de jueces que han hecho de la arbitrariedad ms absoluta motivo de jurisprudencia, y ello sin verse relegados de sus funciones, sino, muy al contrario, convertidos en autnticas estrellas mediticas pues qu otra cosa se poda esperar cuando se les ha ido alimentando en base a recortes de derechos y rebajas en garantas procedimentales?

Y, mientras tanto, el Gobierno qu...? Pues nada, escudarse en la separacin de poderes. Como si ellos no hubiesen tomado parte en la alimentacin del engendro. Eso s, nada de poner en marcha algn tipo de medida que, en aras de la distensin, pudiera contrarrestar estas acciones. En realidad, nada de nada. Bueno, s, palabras y ms palabras.
Seguimos verificando la intencin de ETA para el abandono de las armas. Bien, siempre es conveniente ponderar la intencin y voluntad de la otra parte para llegar a un arreglo. Pero no ser ms bien que lo que no tienen claro es su propia intencin o voluntad?

Pero no es el Gobierno el nico actor que participa en esta obra, aunque s (se supone) uno de los principales protagonistas. El resto de fuerzas polticas, y principalmente las que representan de una forma ms directa a la sociedad vasca, tambin tienen papeles importantes. Creo que en estos nueve meses ninguno ha estado a la altura de las circunstancias, aunque a stos las escenas ms relevantes les llegarn cuando los principales abran el baile (si es que de una vez por todas permiten que suene la orquesta en vez de empearse en no permitirle ni afinar). Slo el PP est jugando a su nivel, pero, claro, el papel de saboteador de la obra comenz ya en el mismo momento de su publicitacin.
Quedan mil cosas en el tintero, pero, por ir concluyendo, decir que tras nueve meses va creciendo la impresin de que, para algunos, el proceso consiste precisamente en hablar del proceso. Es como en el libro de Kafka, que sabemos que hay abierto un proceso porque continuamente se alude a l, no por otra cosa. Esperemos que el PSOE no haya puesto el cartel de la obra sin ninguna intencin de representarla, con el mero propsito de que su presencia bajo el rtulo que anuncia prximamente nos reconforte una temporada y, despus, con un poco de suerte y el paso del tiempo, se instale en el inconsciente colectivo la percepcin de que la obra ya fue representada. Y entonces retiren el cartel. Esperemos que ms pronto que tarde venzan el miedo escnico (si es que se trata slo de eso) y se animen a pisar las tablas.

P.D.: La pelota s est en el tejado (pesados!), pero ya es hora de que, en vez de preguntarse a quin pertenece ese tejado, alguien suba a por ella y se juegue el partido. Si no, ponemos entre todos un escote y se compra otra pelota, que ya est bien!

* Eneko Herran Lekunberri es Licenciado en Sociologa



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter