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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2004

Famlica Colombia

Juan C. Morales
Rebelin


Pocas cosas existen que puedan superar en patetismo el cnico asombro de que hacen gala los poderosos. Especialmente cuando descubren que ms all de su mezquino horizonte se abre un pilago inmenso de miseria e injusticia en cuya gnesis, juran ellos, nada tienen que ver.

Semejante estupor repugna ms si quienes lo exhiben integran las burguesas locales del tercer mundo. Unas elites que son, en esencia, expertas saqueadoras, falsamente cultas, verdicamente antidemocrticas, y servilmente genuflexas a los intereses transnacionales.

Un ejemplo de lo dicho tuvo lugar el pasado 18 de agosto. En la emisin nocturna de Citynoticias (1), dicho informativo revel al pas su ltimo hallazgo: una familia del sur bogotano que para poder engaar al hambre consume papel peridico con agua de panela (2).

Raudamente, todo el aparto meditico se dio a la tarea de instrumentalizar esa noticia en aras de incrementar la sintona de sus televidentes, organizar recolectas (bastante publicitadas, por cierto) para auxiliar a la familia afectada, y versar superficialmente sobre la problemtica del hambre en Colombia.

Al final la opinin pblica qued convencida de que el hambre es un fenmeno minoritario, circunstancial y superable con la caridad de unos pocos.

Empero, la realidad de esta calamidad en Colombia es un opaco sol que no puede ocultar el establecimiento ni con todos sus dedos juntos. Lo dicho por los medios es un plido reflejo de la situacin de pobreza del pas y, especialmente, del hambre que cual incansable sombra persigue, asedia y aniquila, a gran parte de sus pobladores.

En ese sentido el hambre de Colombia, obviamente, se circunscribe dentro de un entorno multifactico de miseria que nos es necesario comentar.

CONTEXTO

Si alguien quisiera reconstruir la historia de la pobreza en la Colombia republicana, tendra que comenzar por remontarse al propio surgimiento de ella; justo al momento en que tras el triunfo de la gesta libertaria, el poder y el control del Estado quedaron en manos de una reducida minora.

En efecto, usurpado el sueo de Bolvar, el comn de la gente tuvo que asimilar el hecho de que semejante lucha diera apenas por resultado un cambio en los detentadores de la propiedad y la riqueza. Los excluidos de aquel tiempo fueron precisamente aquellos que como carne de can combatieron por una causa de la que se les despoj sin casi darse cuenta.

Luego, de colonia a neocolonia, nuestro pas no pudo escapar del lugar perifrico que le correspondi en un mundo donde el capitalismo se consolidaba da a da. Destino trgico compartido por la Amrica Latina entera y la mayora de la humanidad.

Desde entonces las elites de siempre se han encargado con relativo xito de que se sino contine inalterable; como lo desearon y lo desean los poderes imperiales de ayer y de hoy.

En tiempo ms reciente, por ejemplo, la oligarqua local se empe en arrojar al pas a la vorgine neoliberal. Tal propsito que no cesa y que por el contrario se acelera desde hace dos aos, profundiz las ya vergonzosas condiciones de pobreza y de inequidad de la nacin colombiana.

Apoyado en el falaz argumento postmoderno (como mendaz es todo lo suyo) de un supuesto fin de la historia, al pueblo colombiano le fue recetado humillarse al dios del mercado. Una deidad que ni siquiera es autnoma, como quieren hacernos creer, sino que por el contrario es manipulada a travs de finos hilos por unos poderes que trascienden nuestras fronteras.

Y cul es el resultado de ese paraso recuperado (que me perdone John Milton)?; veamos:

Si en 1991 el 10% de los colombianos ms ricos se adueaba del 52% de los ingresos, en el 2000 y tras una dcada de ofensiva neoliberal lo hacan con el 78.4% de los mismos. La concentracin se ha dado de tal forma que el Coeficiente de Gini por personas pas de 0.54 a 0.57 en los aos referenciados (3).

Si procesamos algunos datos de la Contralora General de la Repblica (4), eso se traduce en que el nmero de pobres aument en forma dramtica desde un 53.8% de la poblacin total en 1991 (19.2 millones de personas) a un 64.3% en el 2003 (28 millones); es decir, casi 9 millones de nuevos colombianos depauperados.

Obviamente el impacto de semejante situacin sobrepasa la frialdad de las cifras y afecta todas las esferas vitales que, en teora, deberan otorgarle a cada persona la posibilidad de vivir dignamente.

As, por ejemplo, el 16% de los colombianos y las colombianas entre los 5 y 17 aos se les viola hoy el derecho a la educacin. Por si fuera poco, aquellos que s pueden acudir a un centro educativo (especialmente si proceden de los estratos bajos) estn expuestos a recibir una formacin mediocre dado el deliberado abandono y persecucin estatal en contra de los maestros e instituciones del sector pblico (5).

De otra parte, 18.5 millones de colombianos (42% de la poblacin) no estn afiliados al Sistema General de Seguridad Social y, por ende, carecen de cualquier oportunidad de atencin en salud (6). La poblacin pobre que puede hacerlo a travs del rgimen subsidiado es implacablemente discriminada por el sistema mdico-institucional, alejados de tratamientos y tecnologas costosos y no rentables, y constantemente vctima de iatrogenia.

Lo descrito en gran parte es consecuencia tanto de los preceptos neoliberales sugeridos por el FMI orientados a la privatizacin del sector pblico (educacin, salud, telecomunicaciones, energtico, etc.) y la disminucin del gasto social, como del inters del actual gobierno (7) por desviar los recursos del pas hacia el conflicto blico al tiempo que prohija sospechosamente una negociaciones de paz con el narcoparamilitarismo que, desde hace tres aos, se ha hecho con el control del 40% (aproximadamente 400 millones de USD) de los recursos destinados a las Administradoras del Rgimen Subsidiado (8).

Respecto al problema de la vivienda, los modestos clculos de Planeacin Nacional sealan que existe un dficit superior a los 2.3 millones de techos. Fenmeno agravado ltimamente por el desplazamiento forzoso de que son vctimas cientos de miles de colombianos.

La respuesta gubernamental a esa carencia no deja de ser vergonzosa. Mientras que por un lado se ha disparado la construccin de vivienda para las clases altas (gracias a la ampliacin y benevolencia de los crditos para tales estratos) al tiempo que se sobrecondicionan y restringen los dados al resto de la poblacin; por el otro, se propicia mediante un decreto de agosto del 2004 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo, una poltica de hacinamiento legalizado de los colombianos con menores recursos. En efecto, desde esa entidad fue ordenada la reduccin del rea mnima para la construccin de viviendas de inters social a 35 m.

Entretanto, los puentes, parques y alcantarillas siguen siendo la nica alternativa de abrigo de los que ni siquiera pueden soar con estos reclusorios.

Frente a toda esta emergencia social es posible que el ciudadano empobrecido sobreviva honradamente? La respuesta es bastante pesimista.

De hecho, gracias al modelo neoliberal Colombia perdi un milln de puestos de trabajo en el periodo 1998-2000, lo que acrecent la tasa de desempleo abierto a un 21% y de trabajo informal a un 60% (9). Estos nmeros desnudan la hipcrita soflama que el presidente lanza a los colombianos: hay que trabajar, trabajar y trabajar.

Por obvias razones los sectores sindicales han tratado, infructuosamente, de sostener la lucha en aras de conservar los derechos que los asisten recibiendo, en contraprestacin, todo el rigor del terrorismo de estado. As las cosas, entre 1995 y el 2002, 1925 sindicalistas fueron asesinados (aproximadamente uno cada dos das) principalmente por las fuerzas paraestatales (10).

Terrible futuro el de este pueblo lanzado as a la miseria. Y deleznables, por tanto, las demostraciones de asombro de los gobernantes en relacin al hambre de la nacin; otra carencia ms que merece un mejor anlisis.

LA VORAZ HAMBRE

Resultado necesario del contexto de pobreza ya descrito, Colombia se halla en una crtica situacin de inseguridad alimentaria. Como ocurre con aqulla, hay irrebatibles determinantes estructurales en el hambre del pas que impiden su erradicacin con las publicitadas recolectas de los medios y, mucho menos, con papel peridico y agua de panela.

Tal despojo de los mnimos vitales para la sobrevivencia de la mayora en favor de la oligarqua de siempre, fue acelerado, como ya se dijo, por la subordinacin del pas al modelo neoliberal.

La imposibilidad de tanta gente para acceder a alimentos suficientes y dignos, se ve agravada an ms por el problema del narcotrfico y la violencia generalizada. Una violencia que no slo es poltica sino, tambin, social, cultural y econmica.

As las cosas, se calcula que en este momento el narcoparamilitarismo se ha apropiado de 6 millones de hectreas de las mejores tierras del pas (11), en un continuum que supera con creces los 4 y 5 millones que se calcula ya posean hacia 1997 y 1998, respectivamente (12).

Dicho pillaje se explica por la necesidad de ampliar las reas de cultivos ilcitos, reinvertir las ganancias producto del trfico de estupefacientes, y saciar la vieja pretensin de prestigio y poder asociada con la gran propiedad (13) que tipifica la conducta de la tradicional oligarqua terrateniente y los barones de la droga.

Por supuesto, el saqueo ocurre a costa, principalmente, del pequeo campesino al que adems de despojrsele de la posibilidad de acceder a los alimentos que cultivaba, tambin le es sustrado los propios medios de produccin (tierra, herramientas, simientes, animales). Eso sin contar que gracias a ese robo masivo, al trabajador agrcola se le hace prcticamente imposible hacer uso legal de lo nico que le queda y puede vender para alimentarse: su fuerza de trabajo.

El mecanismo idneo utilizado por el narcoparamilitarismo para cumplimentar sus propsitos es la masacre, la amenaza y el desplazamiento del campesinado en verdaderos ros humanos (14). Aquellos que se salvan de la muerte, la mutilacin o la defenestracin, son absorbidos como mano de obra barata por lo grandes hacendados o como cultivadores de coca, amapola y marihuana.

Cabe resaltar que ante el abandono estatal del campo y la subestimacin de la produccin local de alimentos, el emplearse como recolector de coca por 25000 pesos/da (aproximadamente 10 USD) le brinda mayores posibilidades de sobrevivencia al trabajador rural y a su familia.

Esta situacin, en trminos generales, contrasta con aquella de los territorios donde la guerrilla tiene presencia; all, al contrario de los controlados por el paramilitarismo, los cultivadores de plantas ilcitas son perseguidos con mayor crueldad y condenados, en ocasiones, a verdaderos regimenes de hambre (15).

Hay que resaltar, adems, que el narcotrfico y la lucha contra l, han alterado los equilibrios ambientales que le daban sustento al sueo estratgico de una autosuficiencia nacional alimentaria. Valga como ejemplo de lo expresado que a pesar de los millones de litros de glifosato esparcidos, los cultivos ilcitos no cesan y, por el contrario, buscan nuevas zonas de ubicacin a expensas de la destruccin de las selvas y territorios vrgenes del pas.

Nadie debe extraarse, entonces, que ante la conjuncin de inequidad estructural, violencia poltica, represin estatal, latrocinio neoliberal y narcoparamilitarismo, Colombia sufra de hambre.

Las cifras y hechos por contundentes son escalofriantes. Y ms graves de lo que la estulticia folicularia quiere hacer ver.

Segn el Departamento Nacional de Estadstica (DANE) (16), en el periodo 1981-2000 murieron anualmente por desnutricin un promedio de 1830 personas. Ms del 70% de los decesos (ao 2000) fueron en la poblacin ms vulnerable (menores de 4 y mayores de 70 aos).

Ahora bien, al cotejar, procesar y analizar los ltimos datos de la FAO (17), encontramos que el nmero de hambrientos en Colombia viene en franco ascenso: alrededor de 5.7 millones para el ao 2000; es decir, 700000 ms que en 1996 y a razn de un incremento en la desnutricin del 14% para igual periodo.

Teniendo en cuenta los mismos parmetros y variables se devela que el crecimiento del hambre colombiana es mayor de lo que ese fenmeno se ha manifestado en toda Suramrica, Asia y el Pacfico, y la propia frica Subsahariana! (1.9%, 1.7%, 2.9%; respectivamente). Es ms, supera el promedio de todos los pases subdesarrollados (2.3%).

Del total de nuevos hambrientos en el mundo atrasado entre 1996 y el 2000 (18.2 millones de personas), Colombia contribuy con el 3.8% de ellos (!) o, lo que es lo mismo, 21 veces ms que el incremento promedio general.

Ya en el mbito local, el pueblo colombiano es otra oveja negra en el concierto suramericano. Mientras que el continente reduca, en igual lapso, el nmero total de hambrientos en casi 2 millones de personas, aqu lo incrementbamos a una media de 175000 por ao. Esto quiere decir que de haberse mantenido esa tendencia, al da de hoy habra en el pas no menos de 6.4 millones de hambrientos; cifra que infravalora la realidad presente en la medida que los dos ltimos aos han significado para Colombia, una catstrofe social sin parangn histrico alguno.

El problema se manifiesta con mayor agudeza en sus zonas ms lejanas y marginadas, aun cuando los grandes centros urbanos no escapan al hambre. Tal es el caso, por solo citar uno, de la capital. All, el programa de la Alcalda Bogot sin Hambre intenta llevar alimentos a ms de 860000 personas que son el 24% de la poblacin pobre estimada para la ciudad, y el 15% de todos los colombianos hambrientos reportados por la FAO.

Este esfuerzo contrasta con la desidia del gobierno nacional. Ms empeado en la guerra, la profundizacin del modelo neoliberal, la integracin al Tratado de Libre Comercio y sus propias ambiciones de poder, Uribe Vlez nunca ha considerado el combate del hambre como un objetivo fundamental de su gestin. A lo sumo, a travs del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), promociona como proyecto bandera un programa denominado Desayunos Escolares que cuenta con pocos recursos y cobertura aunque lucra a una compaa de alimentos (Cooperativa Colanta Ltda.) que, al igual que la directora del ICBF, el presidente de la repblica y la mayora de sus colaboradores, es de la regin colombiana de Antioquia. Valga acotar que en varias zonas del territorio nacional dicho programa es controlado por los grupos narcoparamilitares, quienes administran a su conveniencia la distribucin de esa ayuda al tiempo que, como ocurriera durante la campaa presidencial del 2000, hacen proselitismo poltico a favor del actual presidente (18).

Si segn clculos de la alcalda de Bogot el apoyo nutricional a cada nio le significa un promedio de 520 USD/ao (cifra similar a lo que le costaba al jefe paramilitar Carlos Castao la manutencin de cada uno de sus hombres en el 2002) (19), por qu no se acomete desde el Estado una suficiente ayuda alimentaria a los hambrientos del pas? Supngase que los 5.7 millones de colombianos desnutridos requirieran, para escapar de las garras del hambre, 1000 USD/persona/ao. No se podra con los 7558 millones de USD, inicialmente estimados para el Plan Colombia, haber alimentado a casi una vez y media aquella poblacin?

Acaso con los 40 millones de dlares que costar el nuevo avin del presidente no se nutriran 77000 de los nios peor afectados por el hambre?

Cuntos ms deben morir para que la elite gobernante contine impasible e impune en este malhadado pas?

Tras haber descrito tan lgubre, verdico y cotidiano panorama, no deja, repetimos, de repugnar el asombro de la oligarqua local ante la situacin de hambre en Colombia. Todava ms la manipulacin meditica de semejante descubrimiento.

No sobra recordarles (y la historia est llena de ejemplos) que por ms cinismo y fingida ceguera, que por ms polticas represivas sean adoptadas, que por ms se entregue la soberana y las riquezas nacionales a intereses y poderes extranjeros, el pueblo hambriento tiene un lmite a su angustia. De cuando en cuando los famlicos del mundo convulsionan la historia.

Rememoren la Francia de finales del S. XVIII, la Amrica Latina de principios del XIX, la Cuba de 1959, la Venezuela de hoy.

Mientras el tiempo siempre va hacia delante, su reloj, seores, no deja de marchar hacia atrs..y la cuenta regresiva contina.

* Investigador independiente

NOTAS Y FUENTES

(1) Pertenece al canal privado de televisin City T.V. que, junto con la Casa Editorial El Tiempo, son patrimonio de la acaudalada familia Santos. Duea del peridico colombiano de mayor tiraje (El Tiempo), el clan de los Santos nunca ha sido ajeno al poder; de hecho, varios de sus miembros han sido o son padres de la patria: Eduardo Santos (presidente, 1938-1942); Juan Manuel Santos (ex ministro de hacienda), enemigo pblico nmero uno del proceso bolivariano en Venezuela; y Francisco Santos (actual vicepresidente de la repblica).

(2) Extracto de melaza solidificado en bloques y fcilmente diluible en agua. El agua de panela es una bebida de alto aporte energtico pero poco valor nutricional muy consumida por las clases menos favorecidas.

(3) Fenmeno terriblemente escandaloso en el rea rural (de 0.504 en 1991 a 0.552 en el 2000) si se le compara con las ya desapacibles cifras de las zonas urbanas (0.527 a 0.539). La desproporcin se explica por el continuo despojo de que ha sido vctima el pequeo campesino por parte del narcoparamilitarismo y la oligarqua agraria tradicional, la cual, tiene fuertes nexos con la ultraderecha armada y un inveterado control sobre el poder del Estado. Para las cifras ver: Sarmiento Anzola, Libardo. Conflicto, intervencin y economa poltica de la guerra. En: Estrada lvarez, Jairo (editor). Plan Colombia. Ensayos crticos. Editorial Unibiblos. Universidad Nacional de Colombia. Bogot. 2001. pp: 67-69.

(4) Citados por: Guevara Gil, Jacqueline; Hernndez, Amilkar. Los grandes costos de la pobreza. En: El Tiempo. Bogot. 8/VIII/04. Seccin: 1, p: 8.

(5) La privatizacin de la enseanza en Colombia es tan grave, que el 30% de los cupos de primaria, el 45% de secundaria y el 75% de los de educacin superior, estn en manos privadas. Ver: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. El embrujo autoritario. Primer ao de gobierno de lvaro Uribe Vlez. Editorial Antropos Ltda. Bogot. 2003. pp: 50, 55.

(6) Ibid. p: 64.

(7) lvaro Uribe Vlez fue uno de los adalides de la Ley 100 de 1993; verdadero engendro que puso en manos privadas nacionales y transnacionales, la seguridad social de los colombianos. Hoy da y con desparpajo, el gobierno nacional da de baja hospitales, centros de salud y dems instituciones hospitalarias como si de terroristas se tratase.

(8) Clculos realizados con base en datos suministrados por: El expediente secreto de las ARS. En: El Tiempo. Bogot.27/VII/04. Seccin: 1, p: 7.

(9) Ver: Sarmiento Anzola, Libardo. Op. cit. No. 3. p: 67; y, del mismo libro, Libreros Caicedo, Daniel. Nuevo modelo de dominacin global. p: 98.

(10) Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. Op. cit. No. 5. p: 154.

(11) Dato suministrado por el representante Gustavo Petro (28/VII/04) inmediatamente despus de la comparecencia que, ante el Congreso Nacional y a instancias del gobierno, hicieran tres de los mximos jefes del narcoparamilitarismo.

(12) Romero, Marco Alberto. La nueva internacionalizacin del conflicto y los procesos de paz. En: Estrada lvarez, Jairo. Op. cit. No. 3. p: 255 (infra).

(13) Reyes P., Alejandro. La compra de tierras por narcotraficantes. En: Anlisis Poltico. Instituto de Estudios Polticos y Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Colombia. Bogot. No. 22, mayo/agosto 1994. p: 5; y, del mismo autor, El narcofeudalismo armado. En: Estrategia Econmica y Financiera. Bogot. No. 242, agosto 31 1996. pp: 36-38.

(14) El desplazamiento forzoso por cuenta de la amenaza estatal y paraestatal se da sobre las poblaciones campesinas que habitan territorios considerados bajo dominio guerrillero. En trminos globales, durante los ltimos 13 aos han sido arrojados de su tierra 3 millones de colombianos, lo cual, presupone el 12% del total de desplazados en el mundo (!). De aquellos, ms de un 80% no asiste a un centro educativo y no tiene acceso a servicios de salud. En: Morales, Juan Carlos. Colombia: desplazamiento forzoso y refugiados de guerra. Atisbos a una calamidad. La Habana. Febrero 2003. (Indito); y, Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. Op. cit. No. 5. p: 126.

(15) En su desesperacin por alimentar a su familia durante una semana, los campesinos llegan a cambiar 3 gramos de coca (de la que lograron esconder) por un par de botellas de leche y unos pocos pltanos. Ver: Bedoya Lima, Jineth. Hambre tras el boom de la coca. En: El Tiempo. Bogot. 27/VIII/04. Seccin: 1, p: 4.

(16) Citado en: 5.7 millones de colombianos se alimenta mal. En: El Tiempo. Bogot. (Edicin digital) 26/VIII/04.

(17) Los documentos base son los informes titulados El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo, de los aos 1999 (editado en 1999; pp: 29-30), 2000 (2000; 27-28), 2001 (2001; 51-52), 2002 (2002; 31-33) y 2003 (2003; 31-35); todos, impresos en Roma.

Es importante aclarar que comparto el criterio de muchos expertos en el sentido de que las estadsticas de la FAO subestiman la magnitud de la desnutricin en el mundo. Ello debido a inconsistencias metodolgicas prcticas en la forma de evaluar el problema, la poca fiabilidad en los sistemas estadsticos-epidemiolgicos nacionales, y a la intencionalidad poltica tras las cifras reportadas por los distintos pases. Adems, estas cifras no cuantifican los otros millones de colombianos que, sin ser catalogados como hambrientos, sufren de todo un espectro de carencias nutricionales (malnutricin) que limitan sus desempeos vitales.

(18) Esta denuncia tambin fue hecha ante el Congreso por el representante Petro durante el debate parlamentario acerca de la irresponsable poltica social del gobierno. Las intervenciones ministeriales as como la de ste y otros congresistas, fueron transmitidas en vivo y en directo por el Canal Institucional de la televisin colombiana durante el final de la tarde y la noche del 1/IX/04.

(19) Ver: Sector para pide cumbre. En: El Tiempo. Bogot. 2/VII/02. Seccin: 1, p: 8.



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